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Dos lados de la literatura



Dos lados de la literatura
Por: Fernando Molina

No serán “los” dos lados de la literatura nacional, pero sí al menos dos de los no muchos que ésta tiene.

El pasado martes 27 de junio uno podía visitarlos con sólo trasladarse del MUSEF, donde se ch’alló el libro de Alison Spedding, Miedo y asco en Cambridge, a las siete de la noche, y al Centro Cultural de España en La Paz, donde a las ocho y treinta la escritora Liliana Colanzi presentó la primera producción de su editorial DumDum, la novela Eisejuaz de la “nueva clásica argentina”, Sara Gallardo.

La presentación de la novela de la anglo-boliviana Spedding, que es bien conocida como antropóloga, reunió a un graneado conjunto de literatos underground, muchos de ellos muy jóvenes, que, según dijo uno de ellos -Gilmar González hijo-, “aman” a la autora.

La conversación sobre el libro fue espontánea, desordenada, tachonada de jerga y disparates, interrumpida constantemente por la inquieta autora, que hablaba de forma difícilmente comprensible por su fuerte acento inglés, y estuvo llena de alusiones a la droga, al colocarse o “estar chino”, en fin, a una tradición artística y vital de la que muchos parecían devotos. Hoy “amar” a Spedding funciona, quién lo duda, como una extensión del “amar” a Jaime Saenz, “poeta maldito” de La Paz y líder artístico de una parte de la intelectualidad de esta ciudad.

Había allí una total falta de posturas (nadie quería ser “alguien”) que cabe considerar como una poseen sí misma. El grupo expresaba cierta forma paceña de ser intelectual: antiformalista pero tímida, fuertemente “chola”, que busca los libros como “vía crucis” para llegar a las revelaciones de “la noche”.

Poco después, en la presentación de Colanzi, uno sentía que había salido de los arrabales (aunque, como suele ocurrir, varios de los que estaban en el primer acto también se hicieron presentes en el segundo).

La escritora cruceña y la prologuista de la novela, la crítica Mónica Velásquez, hicieron discursos impecables, claros, entusiastas y sin humor.

Colanzi, como se sabe, es parte del equipo de escritores bolivianos que, estando fuera u orientándose hacia fuera, han dado a nuestra literatura sus últimos logros internacionales.

El internacionalismo es uno de los rasgos que este grupo tiene en común: DumDum comienza su andadura publicando a una escritora argentina y va a publicar a otras extranjeras; la también cruceña Magela Baudoin dirige una colección de escritoras latinoamericanas; la editorial El Cuervo, en la que se publica a Colanzi, simultanea a escritores nacionales con argentinos y chilenos, etc.

Si Spedding es famosa por su intento algo tortuoso de, viniendo de fuera, hacerse profundamente boliviana (aunque esta su última novela es distinta en eso a las otras), motivo por el cual el paceñismo “pico verde” la celebra, Colanzi y su grupo intentan formar parte de las corrientes internacionales, siguiendo la senda abierta en los 90 por Edmundo Paz Soldán.

Dos líneas, dos formas de ver y de “representar” la literatura. No son antagónicas, sin embargo. Reparemos, por ejemplo, en que Spedding presentó una novela sobre Cambridge y Colanzi una sobre la cultura de los indígenas del Chaco.

Había allí una total falta de posturas (nadie quería ser “alguien”) que cabe considerar como una poseen sí misma

Fuente: Letra Siete



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