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Crítica a “Los días de la peste” de Edmundo Paz Soldán



Crítica a “Los días de la peste” de Edmundo Paz Soldán
Por: Alexander Torres Astacio

Los días de la peste (2017) de Edmundo Paz Soldán es una novela compleja, complicada, que se adecua a o, mejor dicho, refleja la crisis existencial, política y material (en un sentido amplio) de nuestros tiempos. Pero, por medio de esta crisis, logra adentrarse en las aguas profundas de la simbología humana. Los hechos de la obra tienen lugar en una cárcel-ciudad (parecida a la de San Pedro en La Paz) llamada la Casona, pero va más allá del tema del control institucional que distingue el género carcelario. Tiene una amplia cantidad de personajes cuyas vidas dentro de la prisión se narran en tercera y primera persona de manera breve y sucesiva, generando un mundo penitenciario tridimensional que es el horizonte de la acción narrativa. El mundo creado a partir del súper perspectivismo generado por la narración de las múltiples experiencias hace que en el papel desempeñado por su espacio de enunciación –la Casona– predomine más su valor conceptual que referencial (en el sentido de referentes directos).

Si nos detenemos en esto, nos damos cuenta de ciertos aspectos de este espacio que contribuyen al argumento del relato. Si bien la prisión narrada ofrece evidencia de que existe una correlación entre su mundo y la realidad contemporánea, hay figuras y temas simbólicos que se remontan a los albores de la civilización. Para empezar, la cárcel es un espacio que existe fuera del tiempo o suspendido en él. La referencialidad vaga y general que caracteriza la Casona intensifica esta cualidad. Además, está la figura de la diosa Ma Estrella, también conocida como la Innombrable, divinidad cuyo culto aumenta a lo largo de la obra. En el contexto social de la Casona, ambiente definido por la violencia, la suciedad, la supervivencia y la libido, el culto creciente a Ma Estrella no solo señala una reacción natural a las condiciones sórdidas de la cárcel, sino también el fracaso de todo un ethos caracterizado por los imperativos disciplinarios del capitalismo moderno y el judeocristianismo. Es en este modelo civilizatorio que el ser humano pierde elementos cruciales de su herencia simbólica, observables en el índice de la figura de Ma Estrella. Pues, como sugiere el nombre apelativo de la diosa –la Innombrable–, esta tiene o representa algo que ha sido reprimido. Para ello sirve lo que asevera Joseph Campbell sobre la figura mitológica de la diosa. “La Innombrable”, designación usada para minar el valor creciente de Ma Estrella entre los reclusos cada vez más inquietos, recuerda el término que según Campbell se usaba en el Viejo Testamento para referirse a la diosa cananea, una diosa de la fertilidad: “la Abominación”.

Este rechazo de la diosa cananea, negación de toda divinidad femenina dadora de formas y vida, de acuerdo con las explicaciones del mitólogo norteamericano, produce un cambio en la estructura social, dando lugar, por ejemplo, al nom-du-père que “encarna” las leyes y las prohibiciones sociales, mientras que la función de la dación de formas, vida y renovación proveniente de la mitificación femenina queda relegada a un segundo plano. Siguiendo esta lógica, lo que queda es la ley, el panóptico y, para usar las palabras de Georges Bataille, “un mundo en el que el hombre puede no ser más que una cosa. La pobreza se extiende entonces sobre la vida humana como un nublado sobre el campo”.

Ma Estrella, entonces, queda situada en la posición de liberar a los encarcelados de su mundo sórdido, tanto en el plano material como existencial. A través de ella, para seguir con Bataille, “se intenta abandonar el orden real, la pobreza de las cosas, volver al orden divino; el animal o la planta de que el hombre se sirve … recibe una comunicación sagrada que lo devuelve a su vez a la libertad interior”. Como dice uno de los personajes de la novela: “El nuevo reino sería de insectos y pájaros y humanos en pie de igualdad, porque la primera ley de la Exégesis es clara: Todos los animales tienen la misma perfección”. Es la vida como un continuo, sin diferenciar planos de existencia; un mundo a fin de cuentas henchido de vida.

Los reclusos rescatan lo poco que queda de esto en la cultura moderna occidentalizada: “Una parte del cuerpo de la Innombrable asomaba de la madera. El rostro era de rasgos dulces, con las mejillas redondeadas de una virgen de las iglesias de pueblo, pero el detalle del cuchillo entre los dientes intimidaba. Antuan había tallado en los pies de la diosa los nombres de algunos muertos a causa del virus”. La virgen María, como afirma Campbell, es un remanente de la diosa dadora de formas, madre de cada humano que tiene la capacidad de volver a la plenitud de la vida en cuanto tal. Y esa, en mi opinión, es la idea principal detrás de este texto lúcido y perturbador. Se pregunta un personaje, el Comandante Quisber, enviado a hacerse cargo de la situación en la Casona tras la epidemia que diezma a la población carcelaria, “quién ganaría, si el virus o la Innombrable”. La realidad del virus siempre se resistirá a los intentos humanos de dominarlo y erradicarlo, pero es el Homo simbolicus que devuelve al ser humano a su libertad interior, anterior.

Fuente: Ecdótica



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