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Tres tristes libros (buena literatura para principiantes)



Tres tristes libros (Buena literatura para principiantes)
Por: Luis Carlos Sanabria

Todo lector ‒o por lo menos la mayoría‒ inicia su aproximación a la lectura en la infancia. Es innegable el vínculo entre el sujeto que aprende a leer, a vivir otras vidas y los textos que le proporcionaron esa experiencia inefable. Mario Vargas Llosa, en la apología de la ficción que realiza en su discurso de aceptación del Premio Nóbel se detiene largamente en las historias de aventuras que estimularon su imaginación creadora en esa infancia definitiva para la formación, la vivida en sus primeros años en el colegio La Salle de Cochabamba. El peruano comenta como el viaje del Capitán Nemo, en Veinte mil leguas de viaje submarino, las aventuras de Los tres mosqueteros, o el drama de Los miserables configurarón su primera aproximación a la literatura a partir de ese acto maravilloso que es leer. La cosa más importante que me ha pasado en la vida, señala en su discurso.

Con el avance del tiempo los lectores enfrentan dos problemas: los múltiples factores que, utilizados de mala manera, pueden causar gran distracción, como la televisión, los celulares, internet, etc; y una oferta de lecturas ampliada pero mercantilizada que prioriza conceptos comerciales antes que literarios (y que algunos reseñan con entusiasmo). Los jóvenes lectores tienen una gran oferta y, entre cosas de variopinta calidad, hay ‒más bien‒ una oferta diversa en la literatura infantil/juvenil.

A continuación recomendaré tres libros bolivianos que, considero, son un buen paso de inicio en ficciones de largo aliento y con personajes complejos. Son libros cuyo público ideal son niños/adolescentes, pero que todo adulto puede disfrutar también.

Tan cerca de la luna, de Brayan Mamani Magne

Esta novela, publicada por alfaguara el 2012, fue la ganadora de Premio Nacional de Literatura infantil de ese año.

El público al que apunta el libro es a lectores de diez años y es, sin duda, una novela de iniciación en varios sentidos. Por un lado, una buena puerta de entrada para niños/jóvenes en el texto de largo aliento, en una literatura con trama y ramificaciones, muchos y bien compuestos personajes e historias dentro de historias. Por otro, iniciación clásica del pequeño héroe en grandes peripe finalmente, de fondo y latiendo, la puesta en escena del deseo y su relación siempre compleja con la posibilidad.

Alguien quiere una pelota. Alguien quiere acercarse a la luna. Alguien quiere tocar en una banda. Alguien quiere recuperar el amor de alguien, escribir un libro, conquistar el Lomo del Dinosaurio Dormido.

Desde un realismo claro, que arranca en lo barrial, se da rienda, por medio de lo pequeño y cotidiano, al surgimiento de los grandes temas: el amor, la soledad, la muerte, la amistad y la locura, que aparecen aquí y allá enmarcados dentro del gran impulso, del gran aliento, que es la aventura. Novela de iniciación y de aventuras. En todo rito de paso encontramos el vértigo, el abismo, que aquí está simbolizado en una caída en la luna, un particular alunizaje que podemos pensar también como el paso de la niñez a la adolescencia.

Enfrenta a los lectores ‒pequeños, grandes‒ con la posibilidad real del fracaso en las metas, a pesar de que le pongas todo el empeño posible. ¿Y qué es la vida, y claro, la literatura, sino una larga colección de fracasos? Este no es un libro que pretende “enseñar a volar”, pero quizás, en su lectura, se pueda aprender a “caer con estilo” ‒en palabras de Buzz Ligthyear‒, en esa “magnífica desolación” ‒en palabras de Buzz Aldrin‒ del paisaje lunar.

Offline. Rastros de ausencia de Marcelo Martínez

Esta novela, publicada por Loqueleo ‒nuevo sello para literatura ficcional de Santillana‒ resultó ganadora del III Premio Nacional de Litera Juvenil el 2015 y fue publicada el 2016. Está dirigida lectores a partir de los doce años.

La novela trata, sin maniqueísmos, de temas intensos en la vida adolescente a partir de la búsqueda del personaje. Una iniciación en los relatos de corte policial en el que acompañamos a Marcelo a través de sus indagaciones queriendo resolver la repentina desaparición de Fernando, su hermano menor.

El viaje principal, sin embargo, señala la complicidad fraterna para arrostrar los problemas de la vida adulta que empiezan a perfilar en los personajes. No es un tema menor, y tampoco poco cotidiano: tienen que sobrellevar el evidente fracaso matrimonial de sus padres.

La novela usa un lenguaje fresco, con un aditivo: se sirve también del lenguaje tecnológico, el de las redes sociales, tan común en nuestros días, que resulta lógico que la literatura se sirva de este tipo de recursos de comunicación en los que vemos, incluso, un lenguaje mutante.

La villa, de Diego Mattos

Esta novela, publicada por la Editorial 3600 el 2015, está dirigida a lectores a partir de los catorce años.

La villa es un clásico Bildungsroman, es decir, una novela de iniciación, de aprendizaje, de construcción de personaje. El Choclo es un muchacho, vecino de la villa ‒Villa Fátima, en La Paz‒, que se enamora de una jovencita llamada July. Para ganar su amor debe ser aceptado por una pandilla y traicionar, en cierta manera, al “Mercus”, su mejor amigo. Cuando parece que aquel primer amor que todos tenemos idealizado está por concretarse ‒luego de eventos que, a los ojos de los adolescentes enamorados son siempre increíbles‒, se choca con la realidad de que no sólo ha sido engañado y utilizado, sino que ha hecho muchas cosas que jamás pensó que haría, bajo la idea ingenua de estar haciéndolas por amor.

Los monólogos de duda constante del personaje nos recuerdan a nuestras constantes reflexiones adolescentes ante el amor, la mistad y la familia. Nos recuerdan a ese paso entre querer jugar fulbito todo el tiempo, a hacer todo lo posible para conquistar una chica.

Como todo primer amor infantil, este, es decir, el del Choclo, es también un fracaso.

Una cosa más que enriquece esta historia de (des)amor: es una parodia clara y directa de Romeo y Julieta. Tanto en estructura, escenarios y nombres de los personajes. Esta la July por Julieta, el amor idealizado. O el Mercus, por Mercurio, el mejor amigo de este Romeo criollo. Incluso es memorable la escena que se da en “El Balcón”, una pulpería en Villa El Carmen, perteneciente a la familia de la July.

El final, es distinto al clásico de Shakespeare ‒en el sentido menos trágico del asunto, claro ‒y, como en la gran literatura, sorpresivo.

Fuente: La Ramona



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