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El amor de María Virginia Estenssoro



El amor de María Virginia Estenssoro
Por: Óscar E. Jordán Arandia

Esta historia es real, pero tiene mucho de especulación. Empieza con un encuentro y le siguen un asombro y una develación. Tiene lugar en una biblioteca de la cual, en algún momento, estaba a cargo, y está relacionada con un libro: El occiso, de María Virginia Estenssoro.

En ese libro, la autora confiesa un amor prohibido. Y el relato es desgarrador. En esa época, finales de la década de 1930, causó un gran escándalo. La historia, como de costumbre en estos lares, nunca ha sido lo suficientemente justa para con la magnitud de la obra, la confesión y el misterio.

El encuentro

En uno de los anaqueles de la biblioteca me esperaba El occiso. Estaba ahí, a punto de hacer contacto, de nuevo, con la vida. Un libro calla si se cierra y nadie lo lee. Esta versión que estaba en mis manos tenía mucha historia por contar y muchas hipocresías por desenmascarar.

El occiso que tenía en mis manos se había publicado en La Paz en abril de 1937. Era la primera edición y, por su rareza, se constituía en un gran “hallazgo”. Resulta que la publicación más conocida del libro -en realidad, la única a la que se tiene acceso- es la de 1971, editada por Los Amigos del Libro.

En esta segunda versión el relato de María Virginia Estenssoro tiene tres partes: El occiso, El cascote y El hijo que nunca fue, todos ellos escritos en prosa poética.

Fueron sus hijos, Guido Vallentsits Estenssoro e Irene Cusicanqui Estenssoro quienes, inmediatamente después de la muerte de su madre (septiembre de 1970), reeditaron este libro y publicaron otros textos inéditos póstumos.

Al revisar esta primera edición me di cuenta de que en la publicación de 1971 se incluyen dos capítulos que no aparecían en la de 1937 y que carecen de la calidad magistral que tiene la versión original.

Además, en esta segunda versión se omiten algunos signos de puntuación, frases y otros detalles que cambian el ritmo semántico y fonético del texto; afectando, incluso, al sentido original.

Es el primer libro el que nos interesa analizar.

Una mujer de hierro

María Virginia Estenssoro nació en La Paz en 1903. Era una destacada poeta, narradora, escritora, periodista y profesora. Escribía para El Diario, La Nación y La Razón, y trabajó como docente del Conservatorio Nacional de Música y de directora de la Biblioteca del Congreso.

Según Blanca Wiethüchter y Alba María Paz-Soldán en el libro Hacia una historia crítica de la literatura en Bolivia, Tomo II, Estenssoro se casó en 1929 con Juan Antonio de Vallentsits, un europeo noble con quien viajó alrededor del mundo.

Cuando volvió a La Paz estaba separada y tenía un hijo. La grotesca y mojigata moral de entonces la condenó por su audacia: ¿una mujer separada y con hijo? ¡Habrase visto!

Pero la historia apenas comenzaba.

Entre 1933 y 1936 -de acuerdo a los datos de Wiethüchter y Paz-Soldán- Estenssoro convivió con Enrique Ruiz Barragán, quien murió trágicamente. Un año después se casó con Andrés Cusicanqui, un afamado escultor, con quien luego tuvo una hija.

Cuando María Virginia Estenssoro publicó El occiso, el libro se vendió de manera “inmediata y total”, provocando rechazo y una especie de censura social.

El libro era una confesión, eso estaba claro y no había por dónde perderse.

Esa fue su única publicación hasta la muerte de la autora, en Sao Paulo, Brasil, en 1970.

Entre líneas

Como dijimos, El occiso tiene tres partes. En la primera se relata el despertar de un cadáver dentro de su tumba, el cual tiene conciencia de todo su proceso de putrefacción hasta la desaparición de su propia conciencia. En la segunda se narra una relación amorosa basada en el erotismo; y en la última se describe un aborto voluntario. Los tres relatos se relacionan entre sí, no sólo porque son los mismos personajes (Ernesto y Magdalena) sino porque las historias se complementan.

Todo, en esa primera edición, tiene un mensaje muy evidente para quien sepa leer entre líneas.

En la primera página dice: “Este libro es una crucifixión y un INRI”. Crucifixión es el acto de clavarse en la cruz, y el INRI es la inscripción que se hace en la cruz del porqué alguien ha sido crucificado. Es decir que con este libro la autora se clava en la cruz y al mismo tiempo señala la razón por la que se crucifica.

En la segunda página: “A la memoria de Enrique Ruiz Barragán”, se dedica este poema:

En la desolación de mi vida;
en la soledad de mi corazón,
se ha engarfiado el dolor
como un áncora, en el fondo del mar.

Y en la tercera página aparece una fecha exacta: “11 de abril de 1937”. Fecha de la muerte de Ruiz.

El occiso no es cualquier muerto, es aquel a quien se le arrebata la vida súbitamente, violentamente.

Por tanto, se habla de un fallecido de modo violento, de nombre Enrique Ruiz Barragán, y de la fecha en la que fallece (11 de abril de 1937). Se dice, además, que la autora lo amaba profundamente.

Ahora bien, es obvio que tratándose de una obra literaria, catalogada como “relato”, no podemos tener certeza de la veracidad de lo que en ella aparece. Pero especular sobre ello es válido en tanto uno se aferre a los datos incluidos en el texto y haga asociaciones con lo que sabemos de la vida personal de la autora.

Gracias a la investigación de Wiethüchter y Paz-Soldán sabemos con testimonios de amigos muy cercanos a la autora que la publicación de El occiso causó un escándalo, debido fundamentalmente a la postura moral de una sociedad anticuada.

En la primera edición está incluido un anexo, escrito por el futuro segundo marido de Estenssoro, Andrés Cusicanqui. Él no sólo corrobora la existencia de Enrique Ruiz Barragán, sino que da cuenta de la relación amorosa -acaso prohibida- con la autora.

En muchas partes del relato El cascote Estenssoro habla de que los dos amantes (Ernesto y Magdalena) deben esconder su pasión y, además, lidiar con los rumores, los chismes y las miradas acusadoras.

Saber lo que en verdad ocurrió es imposible. Pero la existencia de este misterio alienta y mejora la lectura del libro de Estenssoro.

Fuente: Ideas



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