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Los días de la peste posee una prosa ajustada a lo que sugiere el título del libro



Somos pesadilla
Por: Juan Ángel Juristo

Edmundo Paz Soldan (Cochabamba, Bolivia, 1967), una de las voces más representativas de la actual narrativa latinoamericana y que perteneció de pleno derecho a la generación conocida como McOndo, de claras connotaciones irónicas con el tipo de literatura llamada del realismo mágico, después de éxitos sonados como Norte o Iris, una memorable incursión en la ciencia ficción, llega a las librerías españolas con una nueva novela, Los días de la peste, que se publica entre nosotros antes que en Latinoamérica. Pertenece esta narración de pleno derecho a este tipo de litera­ tura de ambiente cerrado que ha da­do libros memorables, desde La peste, de Albert Camus a La mujer de la are­na, de Kobo Abe o Los testigos y, si se apura, El gato, de Simenon; narraciones donde el mundo es metáfora de una cárcel, ya sea con la descripción de una casa aislada, de una isla, del ambiente morboso de un matrimonio entrado en años y que poseen a un gato como arma arrojadiza o de la cárcel misma, que es lo que hace Paz Soldán en esta apasionante narración.

Para la realización del libro se ha inspirado en la cárcel de San Pedro, en La Paz, donde es característico que los presos convivan con las familias, además de otras del continente, como elementos prestados de cárceles argentinas, brasileñas, mexicanas y uruguayas. Con ello, Edmundo Paz­ Soldán ha abandonado el terreno de la metáfora pura, así, el de Iris, el de la ciencia ficción, para adentrarse en una narración de denuncia plena, donde se ponen en solfa los resortes del poder, se muestran en toda su crudeza, realizando de esta manera uno de los ejercicios narrativos de más largo alcance de la actual generación de escritores latinoamericanos.

Paz Soldán es autor dotado de una prosa precisa, contundente cuando se precisa, proclive a crear atmósferas de pesadilla. Los días de la peste posee una prosa ajustada a lo que sugiere el título del libro: aquí, en esta sociedad corrupta y corrompible, todo el mundo participa en sus posibilidades. El resultado es estremecedor pues demuestra el modo en que to­dos, de una manera u otra, entramos en ese juego fragmentario del poder, a veces más terrible que el absoluto porque es menos detectable, más difícil de erradicar. Paz Soldán ha escrito una novela notable, insólita.

Fuente: Cultura/La Vanguardia



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