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En memoria de Oscar Uzín Fernández



Oscar Uzín Fernández

En memoria de Oscar Uzín Fernández
Por: Samuel Arriarán

(Fragmento del capítulo “La identidad religiosa” en el libro de Samuel Arriarán La representación de la identidad en la literatura boliviana del siglo XX, Editorial UPN, México, 2018.)

El 27 de enero falleció en Cochabamba el escritor Oscar Uzín Fernández. Por medio de Adolfo Cáceres supe que venía trabajando en un libro sobre sus recuerdos. Yo quería hablar con él ya que me interesa mucho el proceso de la memoria y el olvido y más aún si se trata de Bolivia. Días antes de su fallecimiento tuve que viajar. Sólo pude encontrar una novela que publicó hace muchos años y que leí en una maravillosa tarde de verano en mi vieja casa de la Muyurina. Ahí escribí el siguiente texto que me gustaría compartir como homenaje a este escritor tan raro.

La novela El ocaso de Orión de Oscar Uzín Fernández es una interesante búsqueda de la identidad religiosa. Cristóbal el personaje central, quiere encontrar su identidad como sacerdote no a través de una búsqueda racional o de argumentos sino más bien a través de su propia experiencia con los otros. En principio Cristóbal piensa que en algún momento encontrará su fe como producto de sus propias vivencias y su amor por lo divino, pero lo divino nunca aparece y nuestro personaje comienza a desarrollar fuertes dudas sobre su identidad. Entre las principales dudas que le atormentan están la idea de la finitud (que no hay trascendencia y que todo acaba), la de alcanzar su identidad por sí mismo o con los demás. Finalmente si tendrá o no una identidad particular como individuo en cuanto naturaleza sexual.

Estas tres dudas aparecen a medida en que se desarrolla la novela en la ciudad de La Paz, en dos parroquias, la de San Martín y la de Juan XXIII, la primera situada en una periferia de La Paz y la otra en la ciudad de El Alto. En la parroquia de San Martín entabla relaciones con cuatro personajes: René, que tiene simpatías por la guerrilla, Pedro, que está enfermo de cáncer, Bill un estadounidense pragmático, y Juan, un estudiante que sólo se encuentra provisionalmente alojado. En la parroquia de El Alto están Octavio, quien abandonará su celibato, David y Pablo.

La novela también habla de la relación de Cristóbal con tres mujeres: Mercedes, Lucía y Beatriz. Es importante mencionar estas relaciones porque en la vida de Cristóbal como en la vida de los personajes de Niko Kazantzakis se trata de explorar la atracción sexual como búsqueda de la identidad sin renunciar a los valores espirituales . La relación de Cristóbal con Mercedes está narrada a partir del amor que siente la mujer por el sacerdote. No se trata de una relación de reciprocidad por lo que Cristóbal se asusta, corta y huye, incapaz de dar lo que Mercedes le demanda. En la relación con Lucía sucede lo contrario, Cristóbal se enamora pero ella no siente nada por él. Cristóbal no entiende que su pasión es unilateral, lo que le provoca angustia y culpa. Finalmente en su relación con Beatriz hay una reciprocidad, ambos se aman pero no pueden consolidar su relación porque ella está casada y tiene dos hijos, aún así Cristóbal cree que puede seguir amándola sin dejar de ser célibe:

Cristóbal comprendió que lo que Beatriz le estaba pidiendo era más básico que tener fe en sus palabras: era tener fe en sí mismo. Creer en su propio valor, en su bondad primaria, en la verdad de su búsqueda personal; en la belleza austera, silenciosa y enorme de su núcleo interior. Se dio cuenta de que ella lo estaba invitando a dar un salto más fundamental todavía hacia la liberación: creer en sí mismo, confiar en sí mismo, amarse a sí mismo. Sólo así podría creer y confiar en los demás, y amarlos. Sólo así podría entregarse totalmente a los demás, cumpliendo la definición misma de su vida (125). Al sentir el contacto con sus labios, Cristóbal sintió un fuerte estremecimiento. La conciencia de sí mismo como hombre le llenó tan completamente, lo saturó tan violentamente que creyó que iba a estallar (1972: 122).

En este contacto con los labios de Beatriz se da explícitamente la presencia explícita del elemento sexual. Esta experiencia que no le aterra a Cristóbal le lleva a un enfrentamiento total consigo mismo, a la posibilidad de aceptar su propia realidad, su identidad personal.

De la relación con las tres mujeres, la de Beatriz es quizá la que no le deja esperanza alguna para realizar su identidad. Ella deja de verlo para marcharse al exterior con su marido quien ha ganado una beca para realizar estudios. Al perder a Beatriz siente que su identidad personal se derrumba ya que no puede aceptar la condena a vivir en soledad:

Y Cristóbal comenzó a comprender que el celibato no es una realidad capaz de ser explicada y comprendida con un par de silogismos. Que no hay celibato como tal, que lo único que existe son seres humanos que han elegido esa clase de vida, que son célibes. El aspecto de la soledad que Octavio había mencionado se le presentó con todas su brutalidad. Era irónico, hasta cierto punto, que amara a una mujer casada. (193).

Lo que termina por desmoronarlo es la muerte de Pedro a quién acompaña hasta sus últimos momentos de vida. Con la muerte de Pedro siente que asiste a su propia muerte aunque Pedro le asegura que no todo está perdido y hay que tener fe en el más allá.

En cuanto la relación con los otros personajes hay que destacar la relación con Bill quien le recuerda con fría filosofía pragmática que debe abandonar sus sueños románticos. Pero Cristóbal no quiere renunciar a sus sueños y se mantiene en una posición utópica: quiere ser perfecto: “La fe es lo más personal que tiene el hombre. El único Jesús verdadero es el creado por uno mismo. Nuestra vocación no es el dar a los hombres un Jesús prefabricado, para que lo acepten como un producto acabado. Al contrario, es el guiarlos para que ellos hagan su propia creación”(67). En este punto hay que mencionar a René que tiene una filosofía de la liberación y que por eso mismo le dice a Cristóbal que su aspiración a la perfección no es más que una utopía conservadora. Lo que le dice René es que:

Lo que tiene importancia primordial para mí son las injusticias sociales, el sufrimiento de las masas, el pecado clavado en las estructuras humanas. Eso es lo que debemos atacar primero. Después habrá tiempo para procesos de celibato y matrimonio, para construir triángulos, para enfrentar el terror de la muerte (158)… Estoy cansado de predicar un evangelio teórico que sólo promete un cielo intangible. Y de contemplar las enormes injusticias con que el pueblo es aplastado. No; esto es insoportable para mí. La única forma en que puedo comprender y cumplir mi vocación cristiana es promoviendo radicalmente el cambio social (151).

Hay que subrayar que este reproche de René no tiene consistencia ya que Cristóbal no se identifica con la política oficial de la Iglesia que intenta separar los valores de la vida espiritual con los valores de la vida terrenal. Lo que él quiere es desarrollar su autenticidad personal por el camino de la fe con los demás, es decir, contrariamente a los lineamientos eclesiales que sólo conciben la fe en la creencia en una vida celestial para enfrentar el terror a la muerte, lo que aspira Cristóbal es alcanzar su identidad religiosa a través de los seres humanos que le rodean aunque esa búsqueda implique el mayor dolor y sufrimiento: “Lo que Cristóbal sabía con certeza era que, para él, las relaciones humanas estaban en pleno centro de la experiencia vital. La vocación del hombre es llegar a ser yo, pero esto no puede realzarse sino en su enfrentamiento con el tú (146).

No es que Cristóbal huya del compromiso con el pueblo. En cierto momento de su vida trabajó con los campesinos del altiplano sintiendo una gran alegría y una plenitud de su ser. Pero su búsqueda para ser auténtica requiere de la entrega total a un ser individual y concreto ( para ser “yo”, se necesita de un tú”y este “tú” no puede ser una entidad abstracta sobrenatural o una masa social histórica sino un ser individual de carne y hueso). En este sentido adquiere significación el amor recíproco que encuentra en David con quien establece una comunión física y espiritual. Pero los condicionamientos sociales y culturales impiden que esta relación se consolide. A Cristóbal no le queda otra salida que la muerte. La novela acaba cuando sufre un accidente en la carretera de Del Alto y poco a poco se va extinguiendo su memoria, su búsqueda de identidad en el vacío, la oscuridad, el olvido y la nada.

Fuente: Ecdótica



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