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Elogio de la pérdida



Elogio de la pérdida
Por: Iván Gutiérrez M.

Existe una extraña sensación de vacío cuando estamos a punto de perder algo. El sentimiento de pérdida, se potencializa a partir de esas sensaciones de vértigo de los minutos previos al impacto de la pérdida. Cohabitamos nuestra historia personal con distintos tejidos de derrotas y extravíos. Hay pérdidas inconscientes, que se elaboran por la distracción, el momento más alto de su significado proviene en el posterior, cuando nos percatamos de que hemos perdido algo, que de repente sino es esencialmente trascendental para nuestra vida, por lo menos en la funcionalidad del presente resultaba siendo importante; como los lápices amarillos Faber HB que solíamos dejar tirados en la banca de la escuela. Hay pérdidas que están compuestas por un huracán previo, sintonizan con la presencia de lo premonitorio, de la intuición, del sabor agrio espumoso, casi vomitivo de saber que estamos a punto de perder algo; como el tinkazo de tener que escoger otra calle en vez de la que hemos elegido para llegar tarde a casa y así evitar un accidente fortuito. Hay pérdidas que implican trabajo y son las que están forradas de la piel del transcurso del tiempo, son las que se componen por la resistencia a un final inminente; son traumáticas porque corresponden al vértigo del dolor de asumir una despedida hacia algo o alguien; como decirle adiós al convaleciente, al que de a poco nos ha advertido que se muere, que se va, que inevitablemente; se aleja y después de lo que le pase no volveremos a ser iguales.

Cada tejido de las pérdidas en forma proporcionalmente diferente, nos enseña a que la palabra extrañar, sea entrañable. Es decir que toda pérdida más allá de su repercusión nos expone a nuestra frágil condición de requerir el abrazo del mundo en ese, o eso amigable, y de repudiar la traición de ese otro que se vuelve ajeno. A través de la desaparición o la permanencia; el perder nos hace conscientes de esos dos terrenos antagónicos, que son separados por una delgada línea de segundos, que constantemente nos están demandando domiciliarnos en uno u otro lado. Pero más concretamente nuestras pérdidas nos conducen a esos pequeños establos en los que entendemos la imposibilidad y la incertidumbre de un proyecto; en esa medida nos ajena y nos obliga a pensar en el conflicto de sobrevivir sin lo que ya no contamos.

La escritora española Rosa Montero inicia su reciente novela La carne1 afirmando: “La vida es un pequeño espacio de luz entre dos nostalgias: la de lo que aún no has vivido y la de lo que ya no vas a poder vivir. Y el momento justo de la acción es tan confuso, tan resbaladizo y tan efímero que lo desperdicias mirando con aturdimiento alrededor.” En las palabras de Montero no hacemos otra cosa más que reconocer el conflicto de nuestras pérdidas y cómo finalmente terminamos definiéndonos entre esas mutilaciones que el tiempo nos hace y que terminan definiendo lo que somos.

Reflexionar acerca de la literatura boliviana actual demanda tener una posición y ser conscientes de la importancia de la pérdida. Leer lo último que se está publicando se podría bien identificar y articular a un deseo de buscar movimiento que responda a esta esencial naturaleza de lo humano de enfrentarse al hecho de perder. Lo que hace que una característica importante sea superar el acto contemplativo; que era un rasgo determinante para entender el surgimiento de una generación nueva importantísima para la narrativa, me refiero al gran aporte de escritores como; Rodrigo Hasbún y Maximiliano Barrientos.
El enfrentarse a la pérdida es un motor de arranque, o un detonante de movimiento que caracteriza tres de los mejores libros de cuentos que han sido publicados en estos últimos siete años: Billie Ruth de Edmundo Paz Soldán, Asma de Aldo Medinaceli e Iluminación de Sebastián Antezana.

1

El libro de cuentos de Paz Soldán fue publicado el año 2012 por la editorial Nuevo Milenio2 y marca una perspectiva de tener una intención diferente de motivación de escritura. Se pierde lo esencialmente anecdótico que por un momento reinó la nueva narrativa boliviana, aunque no es eliminado totalmente. La presencia del autor tiene un carisma prudente como un centinela que toma distancia para resguardar la cuadra, sosteniendo aún en pequeñas proporciones la sensación de autobiografía, apenas acariciando la ficción. Lo que cambia es que hay una pérdida de esa contemplación exagerada del interior del personaje-autor; por solamente una sugerencia de que podría haber sido efectivamente el personaje-autor el real sujeto de lo narrado pero que ya no es primordial, dejando de tomar incluso el tono diarístico característico del inicio de lo que se consideró la “nueva narrativa intimista”; En cambio en Billie Ruth la sensación real radica ya no en esa interioridad amplificada, sino al contrario en la acción a veces lacerante de la particularidad independiente de cada personaje. Si bien existe la pérdida de una subjetividad tan compleja como la que caracteriza “el intimismo”. Existe una propuesta compuesta por lo corporal en movimiento; el cuerpo ya no es un elemento de reflexión de la imposibilidad de ser o no ser. Al contrario el cuerpo es detonante; Peleadores, Jugadores de fútbol, exploradores, adolescentes fascinados por vivir y no por cuestionarse sobre sus imposibilidades, niños que acusan a sus padres, niños que roban y que no creen en la palabra de sus padres.

Los personajes tienen metas, han vivido y en el amplio de los casos han disfrutado sus vidas. No se mantienen en una bruma constante del peligro de la introspección, sino tienen una historia con derrotas y logros, han tomado buenas decisiones y también las peores, y lo más importante, se sienten comprometidos con sus pérdidas y con la importancia de hacerse cargo de ellas.

El cuento “Extraños en la noche” narra el ingreso de unos ladrones a la casa de una pareja de esposos. El marido evalúa la situación desde una distancia prudente con una pistola que no sabe usar y reafirma en la desgracia del robo la posibilidad de reestructurar la sobrecargada sala de la casa. “La ausencia de muebles agrandaría la casa y le daría un rostro vertiginoso al vacío” (Paz Soldán 2012: 24). Pero este impulso de introspección es detenido bruscamente y el escritor nos propone un detonante de acción. Haciendo que lo que comenzaba a volverse un cuento que parecía retratar el vacío de la pareja, cobra una nueva situación a partir de diálogo constante. La pérdida de la reflexión, posibilita llegar al mismo punto pero desde una sensación diferente, más volátil.

Las luces se encendieron y dos pistolas lo encañonaron.
-Así que el amigo quería sorprendernos -dijo un hombre de voz gangosa, la camisa impecablemente blanca.
-¡Ta ta ta chín tachín, cazador cazado! -dijo un enano pecoso. (Paz Soldán 2012: 24)

Montero en la afirmación que hacía al inicio de su novela se concentra en la palabra aturdimiento como esa imposibilidad de tomar una decisión en los momentos complejos de nuestras pérdidas.

Aturdir
A Dejar a una persona o un animal momentáneamente sin capacidad para actuar o comportarse de forma coordinada y normal, especialmente mediante un golpe, una impresión fuerte, etc.3

Desde la definición el quedarse sin la capacidad de actuar; no es otra cosa que la apelación al silencio. Pero con una instancia de poder que permite reaccionar descoordinadamente posterior al golpe. En ese sentido los cuentos de Billie Ruth logran aturdir por las decisiones mayormente erradas de los personajes; pero que se van acumulando, suelen iniciar en una pérdida ligera, que despierta una intuición en el lector y finalmente a traviesan esos adioses trascendentales.

Cuando se entere, mamá estará muy molesta conmigo. Tu papá es tu papá, sangre de tu sangre. Sólo espero que a la larga me comprenda. Y si no lo hace, sería comprensible.
Porque yo tampoco sé si comprendo. (Cuento: Díler)

La rutina de la realidad era tan fuerte que a veces costaba mucho notar cambios leves, trastornos en el orden de las cosas. Ahora sí, Fran estaba seguro de que, como su papá, Eric y Joaquín eran otros, unos impostores. (Cuento: Los otros)

-No hice nada malo, hijito –dice ella acariciándole la cabeza, mirándote a los ojos-. Tienes que creerme.
Le dices que sí, que le crees. Y te dices, admirado, orgulloso, feliz, que no le crees. (Cuento: El ladrón de navidad)

Miré a Roby. Eran sus cicatrices las que me sacaban de quicio en ese momento. Se abrían y por ellas salía un río de agua enrojecida y furiosa en el que flotaban mis guppys y escalares, muertos. (Cuento: Roby)

Me consolaba pensando que las experiencias de un individuo jamás se parecían a las que se proyectaban en la literatura o el cine. Yo tenía mi propio Sur; patético y todo, eso era lo que contaba. (Cuento: Billie Ruth)

Dígame, ¿ha visto algo más triste que un ex futbolista? Usted debe andar por los treinta y cinco, si no me equivoco. Treinta y cuatro, qué le dije. Y está recién comenzando a ser conocido… Nosotros, a esa edad, estamos jubilándonos. Y tenemos media vida por delante para vivir de recuerdos. (Cuento: Como la vida misma)

2

Asma de Aldo Medinaceli es un libro de cuentos publicado por la editorial Nuevo Milenio el año 2015. A diferencia de Billie Ruth y de Iluminación que más adelante comentaremos, este libro tiene una voz y espíritu más inicial; pero no por eso se subordina a la propuesta de los anteriores libros. Al contrario en el desenfado por la escritura y el manejo de la narración de cada cuento. Termina siendo un libro que atrapa al lector por una sensación de asfixia. Todo en este libro está diseñado para que los personajes sean víctimas de la derrota, pero a la vez esa derrota no implica nada, incluso en algunos casos los convierte en afortunados. En este caso la pérdida no es una instancia del destino de cada sujeto que habita las páginas de Asma, sino al contrario la pérdida es como que la única posibilidad de salvación que tienen los personajes, para que exista algo increíble para contar sobre ellos.

Si con Billie Ruth nos referíamos a la pérdida desde ese cambio de actitud para encarar la escritura; con Asma el perder, se vuelve el sostén de la narrativa. Aunque lo determinante es que el entendimiento de la pérdida no es un conflicto existencial, sino al contrario, los personajes no se inmutan a la posibilidad de fracaso, haciendo que no exista una comprensión real de la situación en la que se encuentran y solamente prime, el ánimo de hacer algo. La búsqueda de movimiento es más importante que la reflexión de lo que pasa concretamente en cada mundo.

Los cuentos Casa museo y Reina de Corazones resultan siendo fascinantes por el concepto de abandono que sostiene el relato. Si con Billie Ruth nos referíamos a la pérdida desde ese cambio de actitud para encarar la escritura; con Asma el perder, más que todo en los dos cuentos que cito se vuelve el sostén de la narrativa. Aunque lo determinante es que el entendimiento de la pérdida no es un conflicto existencial, sino al contrario, los personajes no se inmutan a la posibilidad de fracaso, haciendo que no exista una comprensión real de la situación en la que se encuentran y solamente prime, el ánimo de hacer algo. La búsqueda de movimiento es más importante que la reflexión de lo que pasa concretamente en cada mundo.

En el cuento Casa museo el personaje es acechado constantemente por la idea de perder; desde las simples ganas de un trasnoche, la motivación de la vida, concluyendo en el abandono de su novia. En cada situación existe una total apatía, o para ser más exacta la característica del personaje es la total desvinculación real con el mundo. Haciendo que finalmente lo esencial en el cuento es que se trate de una narración de un sujeto extraviado, en una ciudad que no lo corresponde y con una mujer que en términos más concretos tampoco le es suya. Casa museo paradójicamente nos incita a pensar en el tiempo estático en la posibilidad del recuerdo y de una vinculación de hogar, el personaje sin embargo lo último que tiene es algún tipo de estabilidad, es en sí mismo un ser perdido.

Jan no había oído hablar demasiado de Sudamérica, le expliqué que llegué a Europa para tomar clases de fotografía, pero que no sacaba ni una sola foto desde hacía mucho tiempo, que ahora preferiría solamente ver las cosas, eso, ver las cosas. Le fui contando acerca de los sitios donde trabajé. Revistas, estudios, pero que luego todo se complicó, varias agencias cerraron, me negaron los papeles.
Me quedé sin saber a dónde ir, le dije (Medinaceli 2015: 40).

Johana se obligaba y me obligaba a pasar buenos ratos junto a ella mientras él había estado siempre entre nosotros, todo el tiempo, como un fantasma. Así ella intentara convencerse de que lo ocurrido anoche no significaba nada, así riera y bromeara a nuestra costa. Las cosas jamás serían iguales (Medinaceli 2015: 43).

Voy a quedarme, dijo Johana (Medinaceli 2015: 44).

Johana me pidió que al llegar a Barcelona alimentara a los peces, si tenía tiempo. Le dije que fueran a la casa museo en cuanto estuviera restaurada. Me dijo que ella regresaría en unas semanas, en un mes tal vez, que no sabía. En verdad no había mucho que decir. Las personas entraban y salían por las puertas del aeropuerto (Medinaceli 2015: 45).

En Reina de corazones; existe la misma sensación que en el cuento anterior y comparten estructuras de la historia como ser; personas que están lejos de casas. Ese permanecer afuera dé: genera un conflicto de asfixia, de pérdida de sentido y de una búsqueda lacerante de sobrevivir sin saber concretamente a qué sostenerse.

El viaje a Palermo es largo. Tomo el autobús, o el bondi, como le dicen acá.
Poco a poco esas palabras se me han ido pegando. No digo chica sino mina. No digo niño sino pibe. A la plata le digo guita y a las salchichas panchitos. Las cervezas son birras, lo zapatos tamango, las tiendas de cosas usadas cambalaches. Las fiestas de cumbia son bailantas. Los charlatanes, otarios y las armas de fuego, los fierros. Algunas nenas son unas yeguas y a quienes llevan la mala suerte sobre la espalda como yo se les dice yetas. Mi castellano se ha ido transformando desde que decidí emigrar (Medinaceli 2015: 83 – 84).

3

Iluminación es un libro de cuentos de Sebastián Antezana publicado el año 2017, por la editorial El cuervo. Este libro es indudablemente el mejor libro de cuentos recientemente escrito. La repercusión que ha obtenido se debe a que la madurez de la escritura y la fuerza de la narración, hacen de Antezana un escritor que se aleja del código y la estética de sus primeras novelas, para instaurar un libro de mucho movimiento volátil, reflexión y creación fascinante.

Cada cuento de Iluminación se caracteriza por la tensión llevada a un nivel casi desesperante. Existe una pérdida absoluta de sentido a causa de la intriga que se va formando a consecuencia de las situaciones en las que se envuelven los personajes. Lo que hace que el lector se involucre de tal manera, que parece que nos enfrascamos en un callejón sin salida. Finalmente existe una solución que da descanso al ritmo agitado de la narración, logrando que la pérdida de esa intriga, se dé, por la voz del narrador que termina iluminando la acongojada alma de cada personaje.

En ese sentido cada uno de los sujetos que entran en acción en las historias son una especie de mártires sometidos a una situación siempre voraz, excesiva de duda y con poca luz en cuanto a las soluciones de sus conflictos. Los mayores culpables en el fondo son los mismos personajes que se internan en su falta de capacidad por enfrentar lo que sucede y a la vez son pequeños monstruos caprichosos sin la posibilidad de elección objetiva. Sin embargo se internan en susceptibilidades y malas decisiones que esperan de la iluminación final de un narrador. En ese sentido la pérdida de la razón por la emoción violenta que exige la susceptible realidad de cada contexto, es absolutamente determinante para entender la propuesta de Antezana.

El cuento; Viejos que miran porno, es el mejor ejemplo para sintetizar esencialmente la propuesta general de Iluminación:

Entre Ernesto y él existe cierta intimidad, sí, pero le es insuficiente porque la asocia con la fachada de la rutina. La intimidad es desayunar, almorzar y cenar juntos, es hacerse compañía, crear ritmos compartidos, hablar de planes y detalles, de dolencias y recuerdos, mientras la vida se enquista en un núcleo a veces opaco, a veces translúcido. En su lugar, cree, existe algo más precioso, que ha desaparecido entre él y Ernesto y que, de alguna forma, el hombre moderno, el tipo de hombre que él mismo quiere ser, ha convertido en su especialidad , la vida privada […] (Antezana 2017: 36 – 37).

Lucas ve en Ernesto a un hombre complejo, anguloso, privado, y en comparación se siente plano y unidimensional (Antezana 2017: 37).
Luego lo toma de la mano, casi conciliatorio, a punto de decir algo a su vez. ¿Un reconocimiento de sus propias faltas? Es eso o la vejez, un abandono compartido ante la corriente de una vida que les ha ganado a los dos.
No hay mucho más, solo esa tregua. Con los días y las semanas ambos pretenden que comienzan a olvidar, que los hecho son confusos, que ya no recuerdan que alguna vez hubo un chico, un vecino y un conflicto (Antezana 2017: 44).

4

Finalmente entender la literatura boliviana, como entender cualquier otra literatura es entrar en tensión con las respuestas que formulamos al enfrentarnos o decidir la lectura de uno u otro libro; para generar un criterio de valorización. Desde esa perspectiva podemos enfrentarnos a muchas respuestas, y todas, contendrán algo de certeza, como de error. Pero lo que si queda como algo determinante, es que estos tres libros proponen desde diferentes elementos y estrategias narrativas, una forma particular de escribir cuentos; por eso su lectura nos permitirá de alguna manera no entender la literatura boliviana como un concepto estático definible, sino que nos da la posibilidad de interpretar los intereses de una generación que finalmente está sobreviviendo y que seguramente también quedará en el olvido. Lo que sí, la lectura de estos cuentos, nos devuelven al corazón de la vitalidad, de cuando el tiempo se presenta más feroz, pero a la vez más inquietante. Violeta Parra escribe en volver a los diecisiete “Volver a ser de repente tan frágil como un segundo.”4 Estos tres libros se enfrentan a la pérdida y en esa medida a la fragilidad del tiempo describiendo lo que somos desde nuestra habitación, barrio, ciudad, país, labios y rostros.

Notas:
1Ganadora, entre otros, del Premio Primavera de Novela, el Premio Grinzane Cavour, El Premio Qué Leer al Mejor Libro del Año y el Premio de la Crítica de Madrid. Todos estos premios el año 2017.
2Billie Ruth fue publicado el año 2012 por la editorial Páginas de Espuma para el mercado español y el mismo año meses después es publicado por la editorial Nuevo Milenio para la distribución en Bolivia.
3Según la RAE.
4Canción escrita por Violeta Parra el año 1966.

Fuente: Ecdótica



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