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Martín Castagnet: “Escribo fantasías tecnológicas deformando los objetos que tengo a mano”



Martín Castagnet: “Escribo fantasías tecnológicas deformando los objetos que tengo a mano”
Por: Adhemar Manjón

En la novela Los cuerpos del verano, del escritor argentino Martín F. Castagnet, internet es un lugar donde la gente ‘flota’ cuando se muere. Están ahí, esperando un nuevo cuerpo en el que puedan continuar su vida física. Rama fue uno de los que se mantuvo mucho tiempo en ese espacio, ahora fue ‘quemado’ en la contextura que le perteneció a una mujer y vive con uno de sus hijos y la familia de este, con todos los problemas que ello le pueda traer.

Esta ópera prima de Castagnet, publicada por primera vez en 2013, ahora llega a Bolivia gracias a Dum Dum Editores y se presentará en junio en la feria del libro de Santa Cruz.

¿Cuál fue el origen de Los cuerpos del verano? ¿De dónde sale la idea de los cuerpos que se queman como si fueran los viejos DVD o CD?

Todos los archivos terminan por naufragar más tarde o más temprano, pero los archivos digitales son especialmente paradójicos porque se presuponen más completos y a la vez envejecen más rápido. Me interesaba asociar esa obsolescencia con el cuerpo, como modo de subrayar que todos los aspectos de la vida digital siempre tienen un sustrato material. Redacto estas respuestas en un teclado atado a una computadora. ¿Qué va a sobrevivir más tiempo: las teclas o lo que escribo? ¿Y si el cuerpo fuera el soporte físico de nuestras conexiones digitales?

En alguna reseña leí que la novela era una especie de ciencia ficción del tercer mundo, con todos los problemas que un país como Argentina puede tener con la tecnología, ¿estás de acuerdo?

Las tecnologías imaginadas en Latinoamérica deben ser necesariamente distintas a las de los países desarrollados; imaginarlas iguales sería una pérdida creativa imperdonable. En mi caso, escribo fantasías tecnológicas deformando los aparatos que tengo a mano, y lo que tienen en común es que nunca funcionan del todo bien. De esa imperfección surge la posibilidad de lo impensado.

La novela muestra que el humano es proclive a hacer cosas absurdas con esta tecnología. En ese sentido, ¿considerás a Los cuerpos del verano más cercana a una distopía, si tuviera que etiquetársela?

Considero que una distopía debe ser el peor de los mundos posibles, y yo intento que mis novelas sean tan ambiguas como el mundo en el que vivimos. Para algunos la dinámica social que planteo exalta las relaciones de poder entre los diferentes estratos sociales. Para muchos de mis personajes, el mundo que planteo debe ser una utopía, sobre todo para los que están muertos.

Rama, el protagonista, lleva más de 100 años con vida (muchos de ellos ‘flotando’), pero en un capítulo se queja de que, a pesar de esto, siente que su personalidad no se ha fortalecido. ¿Cómo fue crear este personaje para vos? ¿Qué querías transmitir con él?

Yo quería que mi protagonista fuera mejor de lo que es. Por ejemplo, que se sintiera cómodo en un cuerpo de mujer. Pero luego me di cuenta de que era un error: Rama pertenece a una generación bisagra, a la que nada le resulta fácil o natural. En ese sentido, él también es una de las tecnologías imperfectas de la novela. Vivir entre dos épocas no lo perfecciona: lo marea, pero eso mismo lo conecta con el lector.

Los cuerpos del verano lleva ya un par de ediciones en Argentina, se ha traducido al inglés y al francés, ganó un premio importante. ¿Qué pensabas de tu novela cuando escribías, quiero decir, con qué aspiraciones la escribías y cómo la ves ahora, casi seis años después?

En el 2011 acababa de terminar una novela larga y quise escribir algo más corto y fresco para cambiar de aire. La novela larga y seria nunca se publicó, por suerte, y la novelita pasajera sigue con buena salud. La mayor diferencia es que entonces había muy pocos libros que tematizaran internet, y hoy cada vez están apareciendo más. Espero que se siga distinguiendo, sola o acompañada, gracias a las preguntas que formula.

¿Cómo ves la escritura de la ciencia ficción contemporánea en tu país?, ¿cuáles crees que son sus características?, y si podés darme algunos de los referentes actuales, por favor.

Creo que se escribe mucha ciencia ficción, pero sin utilizar ese nombre, y eso es importante porque al no ser técnicamente ciencia ficción tampoco tiene que respetar ninguna regla del género. Esto replica la tradición literaria argentina, que desde siempre abrazó una forma vaga del fantástico. Por eso en el campo de la ciencia ficción nunca hubo ningún referente indiscutible, pero sí hay muchos autores con obras que hoy podrían considerarse parte esencial del género, como Angélica Gorodischer, César Aira, Rafael Pinedo, Luciano Lamberti, Pola Oloixarac, Hernán Vanoli y J.P. Zooey.

Los cuerpos del verano

Les ofrecemos un fragmento de la novela de Martín F. Castagnet que se presentará en la Feria Internacional del Libro de Santa Cruz, que se inicia el 29 de mayo y concluye el 10 de junio:

1.1
Es bueno tener otra vez cuerpo, aunque sea este cuerpo gordo de mujer que nadie más quiere, y salir a caminar por la vereda para sentir la rugosidad del mundo. El calor me satura la piel. Los ojos se entrecierran: hace poco ninguna luz era demasiada para mí. También me gusta toser hasta quedar ronco, regresar al cuarto y oler la ropa usada.

Los nietos de Teo me ayudan a dar mis primeros pasos. Sostienen mi batería, caminan y se ríen mientras giran sobre sí mismos. El trayecto va desde la casa hasta la esquina y de regreso. Llegamos a la meta y festejan. Paso la mano por la cabeza del más pequeño y le digo: “Qué vibrante tenés el pelo”; mi voz me resulta extraña. Teo me hace señas sentado desde los escalones frente a la puerta. Abre la boca pero la
vejez le impide hablar; él también sonríe y mueve la cabeza como diciendo que sí. Tomo la mano de mi hijo, hinchada como una bolsa llena de hielo, pero que aprieta fuerte.

1.2
En medio de la noche quiero bajar hasta la cocina. Los síntomas después de regresar de la flotación son poco sueño y mucha hambre. La esposa de mi nieto me dejó un bol lleno de cereales y frutas que se acabó rápido.

Gales insistió en que durmiera en el cuarto principal, ubicado en la planta baja, pero preferí dormir en el de invitados; el médico lo consintió. Ahora me arrepiento, mientras arrastro la batería con ruedas por la escalera; hace mucho ruido. La luz está apagada. Sudo. Tropiezo con cosas; no debo caerme.

Incluso después de vivir tantos años en flotación, todavía me es natural considerar esta casa como mi hogar. Pero todo está cambiado; regresé a casa como luego de una inundación. La ola que arrasó la superficie de las cosas y movió los electrodomésticos de lugar tiñó las paredes con otros colores y deformó el tamaño de los muebles.

Fuente: Brújula



2 Respuestas »

  1. […] mi ego”, se lee, como una epifanía, en la penúltima línea de Los cuerpos del verano de Martín Felipe Castagnet. Es la voz de un hombre centenario, después de haber habitado cuatro cuerpos, todos distintos […]

  2. […] Jacques Derrida, en Mal de Archivo, planteaba cómo el acceso, el orden y la configuración de la memoria, dependen totalmente del dispositivo en el cual está guardada la información. Esta pregunta, que aparece casi oculta en el texto, se dirige a la llegada de grabaciones audiovisuales y su influencia en la elaboración de museos. Ya en el siglo XXI, con la aparición de internet, la pregunta que se hacía Derrida en los ochenta parece desplazarse hacia la configuración del cuerpo mismo como un software de memoria que puede transportarse a varios contenedores, condición que transforma las condiciones de interacción. Uno de los mundos extrapolados que intentan profundizar más la pregunta por esta relación memoria-cuerpo-sociedad; es la novela Los cuerpos del verano, de Martín Castagnet. […]

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