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En el cuerpo una voz



En el cuerpo una voz
Por: Manuel Crespo

Las primeras páginas no dan respiro. Dos hermanos escapan de un general desquiciado en una Bolivia arrasada, sumida en la guerra civil y la antropofagia. El “presidente indio” acaba de ser asesinado, el paisaje es yermo y la violencia, omnipresente. Uno de los hermanos está herido de bala. Para cuando el auto se les queda sin combustible y se ocultan en la carcasa de un avión estrellado, el lector ni siquiera llegó al primer cuarto del libro y ya está dispuesto para la encerrona, el enfrentamiento final, la purga de la tensión acumulada. Y entonces la narración cambia de frente.

En el cuerpo una voz es una novela engañosa: nace al amparo de un género y una influencia visibles y después descarta uno y otra para ir en busca de algo más. Barrientos cuenta acciones, retacea los adjetivos y destila los diálogos para que transporten sólo información medular. La dureza de la trama y la precisión del lenguaje remiten al western moderno de Cormac McCarthy. Hay parentesco con la efectista La carretera y con la sublime Meridiano de sangre, cuyo Juez —personaje elusivo e inolvidable— podría pensarse como modelo para la talladura del general.

Pero las comparaciones se vuelven inútiles no bien la novela retoma el hilo desde otro punto de vista. Barrientos apela a testigos de la barbarie, al testimonio de caníbales arrepentidos, a las últimas visiones que registra un cerebro que se apaga. La trama da un salto hacia el futuro, hacia tiempos supuestamente mejores, revisionistas. Se podría discutir si hay margen para una lectura política, para una mirada sobre las secuelas de los horrores latinoamericanos de décadas pasadas. Lo que sí es evidente es que la arquitectura de En el cuerpo una voz privilegia menos una descripción del mal que de sus efectos. No se sobrevive al mal ni aun sobreviviéndolo. En ocasiones, parece afirmar el autor, las víctimas incluso terminan deviniendo un envase para un mal nuevo, fortalecido y transformado.

Con excepción del epílogo, donde la acción tal vez dé alguna vuelta de más, la intención detrás de las palabras alcanza no sólo solidez, sino también universalidad. Novelas como la de Barrientos evidencian que “western” es apenas una palabra que los norteamericanos usan para definir algo que ocurre de muchas maneras y en todos lados. Tanto el derrame de sangre como su expiación son facetas contradictorias de una disputa ubicua y atemporal, tan ajena como propia, tenga lugar en la frontera con México, en el páramo boliviano o en cualquier otra parte.

Fuente: revistaotraparte.com/



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