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Castagnet: “El novelista debe ser ajeno a la moral”



Castagnet: “El novelista debe ser ajeno a la moral”
Entrevista a Martín Felipe Castagnet
Por: Sergio de la Zerda

Imagine usted que, un artificio tecnológico mediante, la muerte dejará de ser la más segura de todas las posibilidades. De ese modo, si alguien “fallece”, podrá ser transferido a internet en un “estado de flotación” y esperar hasta que su familia compre un cuerpo reciclado en el que a continuación volverá “a la vida”. En ese mundo del futuro transcurre Los cuerpos del verano (Dum Dum Editora), novela de Martín Felipe Castagnet (Argentina, 1986).

Así, después de muchísimos años de haber “muerto” y tras peregrinar en la red, Ramiro despierta “quemado” en el cuerpo de una anciana, y comienza una nueva existencia en la que se aboca a saldar cuentas de su pasado amistoso y conyugal, mientras trabaja dando testimonio de vejestorios de los que en ese nuevo tiempo no hay pistas, como los VHS, y tradiciones tan primitivas como dar contraseñas como prueba de amor. En ese nuevo marco se diluye, por supuesto, el tejido social tal y como los conocemos, y Castagnet nos presenta un tan fascinante como lúgubre vistazo de los nuevos dilemas de esa humanidad, algunos ciertamente muy antiguos.

Los cuerpos del verano (2012), a nuestro gusto una suerte de gran capítulo escrito de la conocida serie inglesa Black Mirror, forma este año parte del catálogo de la joven editorial boliviana de la escritora Liliana Colanzi. De su obra nos habla Castagnet, también autor de la novela Los mantras modernos (2017) y seleccionado por el Hay Festival de Colombia como uno de los 39 mejores literatos latinoamericanos menores de 40 años.

Además de su novela, de usted conocemos un cuento publicado en la selección de Bogotá39 (que tuvo una edición boliviana con El Cuervo). El relato tiene igualmente que ver con las nuevas tecnologías. ¿Es y será una preocupación constante en su literatura?

Espero que no: la vida es demasiado corta para preocuparse siempre por las mismas cosas. Pero todavía me quedan preguntas como para uno o dos libros más. Y cada vez que prendo la computadora aparecen nuevas preguntas en el monitor.

“La tecnología no es racional; con suerte, es un caballo desbocado que echa espuma por la boca e intenta desbarrancarse cada vez que puede. Nuestro problema es que la cultura está enganchada a ese caballo”, reflexiona el personaje de su novela. ¿Cree usted que este enganche será perenne?

Todo parece indicar que la tecnología y el hombre van a continuar fundiéndose hasta que cada vez más asimilemos como naturales aspectos que antes nos resultaban artificiales. En esa bisagra hay una historia: la del cambio, la canción de la muerte que no cesa de transformarse.

Su novela se refiere a relaciones amorosas -convencionales y no- rotas, dependencia total de las máquinas, lazos familiares del todo difusos y hasta canibalismo. ¿Es tan pesimista su mirada de las décadas venideras?

La ficción especulativa y el futuro tienen una relación tirante de la que ambos se benefician, pero en muchos sentidos el novelista debe ser ajeno a la moral: optimismo y pesimismo implican un punto de partida fijo, inmutable, del que hay que escapar como sea. Escribo tranquilo: las historias suceden y el futuro nunca será como lo imagino.

En otro pasaje, su personaje asimismo señala que, aunque pase mucho tiempo, “somos los mismo animales primitivos desde que nacemos hasta que morimos”. ¿Usted ve esta condición como ineluctable?

La especie humana es jovencísima en términos biológicos. Si logramos sobrevivir un par de milenios más, cuando ni siquiera los siglos están asegurados, quizás eso pueda cambiar. ¿Quién sabe lo que nos espera? Y si lo supiéramos nos moriríamos de aburrimiento.

El estilo formal de su trabajo parece indicar algo de la influencia de las tecnologías actuales sobre la literatura: concreción, brevedad, separación en pequeños capítulos enumerados a manera de sistemas operativos. ¿Coincide con esta apreciación?

Creo que la forma es indistinguible del contenido, y aquellas veces en las que no coinciden es una variante asimétrica de la misma relación. Escribí Los cuerpos del verano de una forma que fuera orgánica al tono que requería una novela sobre internet. Hoy por suerte hay muchas más obras que prestan oído a la voz insistente de la web, como Nefando de Mónica Ojeda o Kentukis de Samanta Schweblin.

La serie inglesa Black Mirror aborda, como su narrativa, dilemas humanos del futuro. Se nos antoja que Los cuerpos del verano podría ser un gran capítulo de esa producción. ¿Se ha propuesto incursionar en el ámbito de la gran o pequeña pantalla?

No me lo propuse pero espero llegar a la pantalla algún día, como cuando uno anda caminando sin rumbo y llega sin darse cuenta a su casa. La pantalla me ha dado calor y confort desde muy chiquito.

¿Qué significa para usted publicar en Dum Dum, una joven editorial boliviana?

Para mí es un gran orgullo que Liliana Colanzi me haya permitido ser parte de Dum Dum desde su origen. Soy testigo privilegiado de una de las mejores aventuras que puede vivir un autor: el nacimiento de un proyecto editorial.

¿En qué viene trabajando actualmente?

Estoy trabajando en una novela distinta sobre mis obsesiones de siempre: la muerte, la tecnología y los sentidos. Y de vez en cuando ¡zácate! logro atrapar un cuento que andaba dando vueltas por ahí.

Fuente: La Ramona



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