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El occiso de María Virginia Estenssoro: protesta, celebración y memoria



El occiso de María Virginia Estenssoro: protesta, celebración y memoria
Por: Virginia Ayllón

Hace una semana el movimiento #Metoo publicó en las redes sociales un manifiesto de denuncia contra la sub valoración de la obra de escritoras en eventos como la Bienal de Novela Mario Vargas Llosa, que se está verificando en este momento en México.

La protesta es una constante en nuestras vidas y lo seguirá siendo, en las artes y en todos los aspectos de la sociedad. La tenemos asimilada y con ella vamos y con ella también creamos. Pero no somos víctimas de un sistema que si algo lo define es la discriminación. La historia nos muestra más bien paradas, y bien paradas, en el frente de la resistencia y quienes resisten también celebran.

Por ejemplo, hoy es un día de celebración. Tener a María Virginia Estenssoro entre nosotros bien lo vale. No sola, sin embargo, ya que, junto a la reedición de El Occiso, hoy aclamamos a dos escritoras premiadas recientemente; a la uruguaya Ida Vitale, ganadora del Premio Cervantes de Literatura 2019, y a la norteamericana Siri Hustvedt, premio Princesa de Asturias de las Letras 2019. No creo que valga la pena detenerse en la coincidencia de que ambos premios provengan de España. Por ahora basta decir que son dos de los principales premios literarios en Iberoamérica.

Mejor es recordar que Ida Vitale proviene de un Uruguay que ha sido calificado, con justicia, como el país de las poetas. Esta calificación no refiere a la cantidad de mujeres dedicadas al verso, sino a su alta calidad literaria. Pensemos en el potente verso de las tres modernistas María Eugenia Vaz Ferreira, Juana de Ibarborou y Delmira Agustini; o el exquisito existencialismo de la poesía de Sara de Ibáñez, Idea Vilariño y de la propia Ida Vitale; o finalmente en el embriagador erotismo del que la obra de Marossa di Giorgio es heredera y una de las más destacables. Celebremos pues a María Virginia junto a las hermanas uruguayas.

Y la celebremos también con Siri Hustvedt, la norteamericana de ascendencia noruega, que posiblemente hasta hoy fue conocida como la esposa del novelista también norteamericano Paul Auster. Narradora poeta y ensayista, Hustvedt encara en su obra los prejuicios de género en el arte y la ciencia. Su acucioso y hermoso trabajo que examina sea la obra de Goya o el pensamiento de Freud, parece buscar lo que buscaba el Quijote. Me explico. En su discurso de recepción del Premio Cervantes, Ida Vitale dijo que las obsesiones y el ambular del andante de La Mancha tenían como trasfondo la convicción de la existencia de un “mago enemigo que transforma a la sin par Dulcinea en una aldeana fea y olorosa”. Con ese fino humor, Vitale lee el humanismo de El Quijote que no podría ser tal, no podría calificarse de humanista, si dejara de lado no a la amada, sino a ese “mago enemigo” que convierte a la amada en alguien sin valor.

Otear, registrar, acechar al “mago enemigo” que ningunea a las dulcineas, es una de las cifras de la obra de Hustvedt y puede ser también de María Virginia Estenssoro.

No hablaré de El Occiso y no es que esté contagiada por el nuevo miedo global al spoiling, con el que, por supuesto no estoy de acuerdo, porque, como bien dice la cineasta argentina Lucrecia Martel, si una obra de arte, digamos una película, se explica solo por el final, ¡para qué vamos a perder hora y media de nuestro tiempo viendo escenas insustanciales!

Bien, no es por el spoiling, sino más bien para dirigirme o para venir hacia acá, hacia Santa Cruz, para hablar de María Virginia Estenssoro.

El año 2015, William Rojas, director de la Biblioteca Municipal de Santa Cruz, generoso lector y buen amigo, me hizo conocer el preludio que escribió la Estenssoro al libro Tiempos viejos (parece cuento) del cruceño Lorgio Serrate Vaca Díez (1963), ganador el 1er Premio del Concurso Literario Municipal de Cuentos de 1962.

En este elogioso texto y a propósito de los cuentos de Serrate, Estenssoro reflexiona sobre el acto de la escritura y, de paso, se pueden encontrar varias claves de su propia escritura. Por ejemplo, el concepto de que en el caso de la literatura no se trata de crear sino de observar o más bien observar para crear:

Objetos y sujetos no han sido creados sino observados por Serrate; como dijera antes, los ha analizado con una lupa y los ha clavado con un alfiler, como muestras raras que perduran de otros tiempos.

Esta concepción del creador como observador o de la creadora como observadora, forma parte de las reflexiones de las escritoras. Virginia Woolf decía que la escritora debe observar y poner en palabra el mundo femenino que quedó ausente de lo que en su época se denominaba literatura universal. En la novela Memorias de Villa Rosa de María Virginia Estenssoro, la narradora es una niña que observa a los habitantes de la Villa, a través de las puertas entreabiertas, y es precisamente el candor y la ingenuidad de esa mirada la que luego detona la ironía.

Leyendo a Serrate, a continuación, Estenssoro se pregunta sobre qué observar:

…las cosas chicas, a su gente provinciana, con sus pequeñas malicias, sus pasioncillas, su pacatería aldeana y su amaneramiento pueblerino.

Estas cosas chicas, pequeñas e insignificantes son las que suelen considerarse socialmente como “cosas de mujeres” y a veces se las asimila al chisme. Nada más repitamos lo que dijo el novelista inglés William Tackeray sobre la obra de la grandiosa Jane Austen: Jane Austen hizo del chisme un arte. Y es precisamente en estas “cosas chicas” en las que las escritoras han asentado sus propuestas escriturales, tan valoradas hoy en la literatura universal y también en nuestra literatura.

Pasa luego Virginia Estenssoro a considerar el cómo poner en palabras esas “cosas chicas”, respondiéndose: “con un derroche de humor y de jovialidad [que aseguran] donaire en el movimiento”. Estenssoro es una maestra de la ironía y es sintomático que aún se escuchan criterios sobre la falta de humor e ironía en la literatura boliviana. Esto no corresponde a la verdad ya que la obra de las escritoras sí ha desarrollado una fina ironía, desde Adela Zamudio, Hilda Mundy y, por supuesto María Virginia Estenssoro.

Por otra parte, el donaire en el movimiento que reclama Estenssoro, sin duda se relaciona con la fuerte presencia de la música en su vida y también en su creación. La comparecencia de la música en El Occiso y en Memorias de Villa Rosa, es un tema, pero también marca el ritmo del lenguaje.

Y ya que terminé hablando de El Occiso, me referiré brevemente no al libro sino al poema, porque creo que se trata de un poema narrativo, siguiendo la tradición de esta forma poética también visitada en Bolivia. El poeta y crítico literario Eduardo Mitre dijo que este es el más enigmático texto de la literatura boliviana, concepción que comparto. Más aún, es un texto base, una piedra fundamental de la poesía existencialista en Bolivia, la que será desarrollada después por el cochabambino Camargo o el paceño Saenz.

Una piedra fundamental he dicho y esa es una buena razón para leer este poema y el libro que toma su título, ahora reeditado por la editorial Dum Dum. Esta reedición es un signo de la recuperación, que junto a la protesta y la celebración nos congrega a las escritoras. Las ninguneadas dulcineas sabemos del valor de recuperar la memoria. Así pues, celebro y siento en la piel esta ofrenda de la editorial Dum Dum, porque como bien dice Siri Hustvedt “lo que no se siente, no se recuerda, porque sin emoción no hay memoria».

Fuente: Puño y Letra



Una Respuesta »

  1. […] ha sido recuperada por la editorial Dum Dum, y digo recuperada porque la edición contempla El occiso, El Cascote y El hijo que nunca fue… como una trinidad custodiada por un elocuente […]

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