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Poetizar la Tierra (Transectos, de J.C. Mac Lean)



Poetizar la Tierra (Transectos, de J.C. Mac Lean)
Por: Christian Miranda Bascopé

Casi siempre la cosa procura ser aprehendida por el intelecto. Ya sea que hablemos de un acelerador de partículas o del collage imaginativo de un poema, nuestra mente moderna anhela, más bien, exige certeza. ¿Y cómo no exigirla? Nada de lo que somos y nada sobre lo que estamos responde a una premisa distinta. Nuestra humanidad se define por esa decisión. Por lo menos “nuestro tipo” de humanidad. Calibramos la realidad a nuestra medida y siempre a nuestra medida, de eso se trata.

Se podrá decir que un poeta, al contrario, se abre a otro tipo de realidad. Una realidad “difusa” que canaliza una verdad más llena de silencios que de claridades. No se trata para nada de una analogía referencial mal trabajada sino de la misma esencia de la cuestión. El hombre moderno crea una “imagen de mundo” al margen de cualquier escucha. A la vez, el “otro pensar” admite sobre todo, sentidos que no se dejan determinar. Es decir, sentidos que nos se dejan formalizar por aprehensiones, sino que se abren en sí mismos

La búsqueda de algunos “pastores del logos” radica en la raepresentatio, la de otros intenta transitar la senda indómita de la alétheia. En este sentido, por mucho que la poesía pareciera ser el hogar natural de la segunda, gran parte de ella “vive” dentro de la representación. O más bien, se la hace vivir bajo esa determinación. Ya sea en su composición o en su aprehensión, lo poético puede mantener su “apertura” o por el contrario puede “cerrarse” a su propia determinación. Lo mágico surge cuando en tal comercio se despliega el juego fértil del mutuo despliegue y muere cuando la miopía vuelve ciega su contraparte fundante

Cuando uno se interna en la senda abierta por Juan Cristóbal Mac Lean, vemos que existe un gesto que prolifera en su intento de renovar dicha magia, dicho juego. Factualmente en su trabajo poético, teóricamente en las mismas temáticas que saca a la luz.

La amplitud de horizontes, la tierra y el cielo, lo sagrado, la historicidad, la perspectiva cósmica, la memoria, el tiempo, el ser y la nada, la finitud, la angustia y la Serenidad (Gelassenheit) son solo algunos de los temas en este sentido. A la vez el diálogo con François Fédier, Jean Beaufret, Goethe, Byron, Nietzsche, Rilke y Hölderlin entre otros inciden en la misma idea. Como se sabe, todo lo anterior insufla inevitablemente un nombre: Martin Heidegger

En Transectos, el nombre de Heidegger adquiere una potencia considerable, literal y transversalmente. Todo el pensar poético de Mac Lean dentro de esta obra, adquiere sin lugar a dudas este aire y esta forma de ver el mundo. Como “disparador” utilizaremos uno de los textos del libro: Nube Común

Pensar en las nubes parece, simplemente, algo si no imposible, al menos fuera de lugar, vano, casi tan sin ningún asidero conceptual y claro como ellas mismas, que aparecen y desaparecen, se forman y deforman, están y no están – al mismo tiempo que embellecen o afligen (nublan) los cielos, los días de la vida. Ni la ciencia meteorológica, pese a los inmensos aportes que puede darle la tecnológica acuidad de observatorios y radares, satelitales fotografías, precisiones matemáticas, parece encontrarse en condiciones de predecir fielmente sus movimientos y masas, direcciones, sorpresas, sequías y desplantes

Al inicio decíamos que el hombre moderno cree que piensa, cuando en realidad lo único que hace es calcular. Mac Lean nos proporciona así, los “dos tipos de pensar” heideggerianos. El pensar meditante o meditativo (das besinnliche Nachdenken) y el pensar calculante (das rechnende Denken)

El pensar calculante “no es un pensar que piense en pos del sentido que impera en todo cuanto es.” El pensar calculante es demasiado práctico para procurar sentidos, o formas en las nubes y mucho menos el entendimiento sobre la aflicción o alegría que algo tan inasible te puede producir.

Por el contrario el pensar meditante (das besinnliche Nachdenken) como su nombre en alemán lo afirma categóricamente, nos entrega sentido (Sinn) nos abre el Ser. Nos deja esperando (warten) a dicha amplitud de sentido. Ese sentido nos es donado, y no es aprehendido por nosotros. La aprehensión objetiviza, la donación entrega y a la vez oculta su verdad. Parafraseando a Mac Lean y las nubes, de alguna manera dicha donación aparece y desaparece, se forma y se deforma.

Mac Lean, maneja ambos lenguajes de una manera estupenda, tanto el calculador como el meditante. En todo el libro existen, porciones entregadas a uno y otro tipo de pensar. Ya sea por fines de una especie de “claroscuro” revelador o por una misma esencia propia de su pensar, Mac Lean no es cegado por la exclusividad de una sola entrega de verdad. Lo que hace que “el juego” poético se esencialice en su propio contrastar

Ahora bien, todo lo anterior podría parecer una verdad de perogrullo, pero en realidad no lo es tanto. Todo acto de poetizar comunmente entendido y aceptado por nuestra mentalidad moderna, peca casi siempre de una relación de sujeto-objeto. No es que eso sea de por si negativo, sino que con esa aceptación se lima cualquier otra sutileza que el mundo nos pueda entregar

Vale decir, no se si “encontrar el alma” de las cosas pase por un abstraer la cosa del mundo y de uno mismo. Como si estuvieramos haciendo una reseña poética de la cosa, como si la estuvieramos relacionando “desde fuera” de ella misma. El gesto de la “propia inclusión” abre el contacto originario. Su abstracción más bien creo que cierra dicho contacto. Por eso Mac Lean nos dice: “Con todo, sin duda que esta computadora no podría referirse a la experiencia de ‘mirar las nubes’, al tesoro entreabierto de las nubes que escoltaron nuestra vida.”

La experiencia se vive, no se contempla. Ahí la verdad de perogrullo, pero un poetizar de la tierra radica justamente en esa diferenciación capital. Y ese poetizar genera una suerte de genuino habitar, o habitar a secas si se quiere. La obra de Mac Lean me parece, apunta a ese tipo de habitar. Podríamos decir que se poetiza desde el habitar y no al revés. La contemplación de un río, una montaña o de una nube, siempre y cuando se alejen de ese habitar, serán eso simplemente. Una contemplación más o menos fecunda.

Fuente: La Ramona



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