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Humor y horror en Ornamento



Humor y horror en Ornamento
Por: David Ovando

Juan Cárdenas ha ido consolidando en estos últimos 10 años uno de los conjuntos de obras más sólidas del panorama literario en castellano. Son cuatro las novelas que ha publicado en este periodo: Zumbido, Los Estratos, Ornamento y El diablo de las provincias. En ese sentido, recalco la palabra obra, porque pese a la identidad que posee cada uno de sus libros, estos se van convirtiendo en una parte del todo, del conjunto, que es lo que desarrolla título a título Juan Cárdenas.

Los motivos, los intereses, los rasgos distintivos de su obra son en gran parte transversales a la mayoría de sus novelas. Uno de los rasgos distintivos, y Ornamento –que acaba de ser publicado en Bolivia gracias a la Editorial Dum Dum– no es la excepción, es que el universo de Cárdenas carece de nombres propios; los personajes deambulan sin ser bautizadas por ciudades (latinoamericanas en general, colombianas en particular) anónimas, donde el clima, la humedad del mismo, la arquitectura, la vegetación, los árboles frutales y sus frutos, hacen parte inherente de la trama, afectando corporal y mentalmente el devenir de los personajes.

Ornamento tiene como protagonista a un doctor jefe de un laboratorio farmacéutico que está logrando sintetizar una droga que funciona exclusivamente para mujeres, que endulza en ellas el placer y el gustito, o como lo dice una de las cobayas en las que se prueba los efectos “es una droga peligrosa porque te da lo que necesitas”. La droga como todo en el cosmos de Cárdenas, no tiene nombre propio, pero si mil apodos callejeros, como ser chamusquinas, chiripiorcas o raspacuca; la mencionada droga arrastra otra peculiaridad, es una droga barata, por ende democrática.

Existe otro grupo de personajes que son las conejillas de indias, que son simplemente aludidas como la número 1, 2, 3 y 4. De ahí emerge la 4 como una mujer que trastorna los endebles cimientos personales y emocionales del doctor y de su mujer, un artista afamada en plena crisis existencial

En Ornamento se juegan intereses permanentes en Cárdenas, como:
La interrelación existente entre las diferentes clases sociales, y los comportamientos y pesquisas de las mismas, además de los complejos y los prejuicios, intrínsecos, sobre todo a las clases más acomodadas.

La tremenda vacuidad de la vida burguesa y el zumbido silencioso que existe en las relaciones de parejas que siempre están al borde de temblor o más aún del cataclismo.
La necesidad onírica y corporal de retornar al pasado, a la niñez, para encontrar donde se resquebrajaron los senderos del destino personal, y donde se quedó el paraíso perdido

La influencia de la arquitectura y del arte en el diario vivir de la gente, y como las imágenes, la elegancia o la falta de esta, la aspiración de belleza, la exuberancia, en resumen el ornamento, son parte indisociable de nuestras aspiraciones existenciales

La tensión y lucha permanente de un mundo absurdamente machista, dentro de un discurso literario de la humedad, de la vaginalidad, en concreto de la femineidad.

Por último, también se debe mencionar un rasgo fundamental de la pluma de Cárdenas: el humor, un humor que mezcla la mejor tradición moderna kafkiana con la hermandad humor/horror, y también de la tradición clásica con el grotesco. Esa amalgama humorística funciona como un lubricante perfecto a toda la novela y a la obra, en la que Cárdenas usa en muchas ocasiones historias, cuentos o sueños en una suerte de digresión, para desvelarnos las esencias de sus novelas y hacernos cagar de risa en el intento: la historia de la Santa Panchita en Zumbido, el mito del Diablo de Churupití en Los Estratos, o en Ornamento la versión del Moisés iconoclasta.

Fuente: La Ramona



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