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Adolfo Cáceres Romero: “La historia oficial tiene intereses de orden político”



Adolfo Cáceres Romero: “La historia oficial tiene intereses de orden político”
Por: Andrés Rodríguez R.

El escritor Adolfo Cáceres Romero (Oruro, 1937) paso los últimos ocho años escudriñando en bibliotecas y archivos sobre la contienda del Acre, una serie de conflictos limítrofes entre Bolivia y Brasil, cuyo desenlace afectó también territorios en disputa con el Perú. La contienda bélica tuvo dos fases desarrolladas durante el periodo de 1899 a 1903, en el que se disputó el territorio del Acre, rico en árboles de caucho y yacimientos auríferos. Concluyó con el Tratado de Petrópolis –tratado de paz firmado entre ambas naciones– y la consecuente anexión de los territorios sobre los que Bolivia reclamaba soberanía.

Toda esta labor resultó en la concepción de La Tierra sin Mal. Epopeya del ultimo Colorado en la Guerra del Acre, cuya redacción y corrección le tomaron cuatro años, aproximadamente, según da a conocer el escritor.

Después de visitar los hechos acontecidos durante la Guerra de la Independencia en La saga del esclavo (2006); la Guerra del Chaco en El Charanguista de Boqueron (2009) –obra por la que recibió el Premio Nacional de Novela Marcelo Quiroga Santa Cruz–; los sucesos de la Guerra del Gas en Octubre negro (2007) y la Guerra del Pacifico en La División Errante (1879-1880), el escritor, quien afirma estar dando cierre a su ciclo creativo, rinde un homenaje propio a la figura del Colorado y lo introduce en una odisea hacia el indómito territorio del Acre a finales del siglo XIX.

La Ramona conversó con Cáceres Romero, quien fue investido con el titulo de Doctor Honoris Causa por la Universidad Mayor de San Simón el pasado mayo, sobre el proceso creativo de su nueva obra y su concepción con el aliento de los cantos grecolatinos, asi como de las gestas medievales y baladas épicas del Renacimiento.

¿Cómo nace el tema sobre la historia de La Tierra sin Mal?

Nace como un proyecto que comenzó con mi primera novela histórica La saga del esclavo (2006), inspirada en la Guerra de la Independencia, con el arribo del primer ejército auxiliar argentino a la Villa Imperial de Potosí, en 1810, luego de la batalla de Suipacha; seguidamente continué con Octubre Negro (2007), y la guerra del gas, en El Alto de La Paz (2003) y la caída del Presidente Gonzalo Sánchez de Lozada. Es el primer intento narrativo con ritmo poético, en base al epitafio del poeta Edmundo Camargo, cuyos versos constituyen los seis capítulos de la novela; con El Charanguista de Boquerón (2010), la Guerra del Chaco (1932-1935) me brindó la oportunidad de fabular con los versos de Antonio Ávila Jiménez (Las almas) y Ronsard (¡Oh, muerte!); el 2017, emprendí con la Guerra del Pacífico: La División Errante 1879-1880, abriendo la obra con Patria de sal cautiva, soneto de Oscar Cerruto; para culminar con La Tierra sin Mal. Epopeya del último Colorado en la Guerra del Acre (2019), con varios fragmentos poéticos universales.

Habla de la concepción de esta obra con el aliento de los cantos grecolatinos como las gestas medievales y las baladas del Renacimiento. ¿A qué se debe este retorno a los clásicos universales?

Los clásicos nunca han pasado de moda. Son eternos. No tienen tiempo concreto, raza, lengua ni nacionalidad. Son modelos y siempre lo han sido; entonces, La Tierra sin Mal está inmersa en esa atmósfera de belleza singular, con su paisaje maravilloso, que desgraciadamente los depredadores lo van arrasando hasta dejarlo en cenizas, como una mancha negra.

Dentro de lo que es la epopeya, donde se toma en cuenta el ritmo y la armonía a la par de la ficcionalización de los hechos reales, ¿podríamos decir que esta obra es una versión diferente de la historia oficial?

En primer lugar, me cabe aclarar que la historia oficial tiene intereses de orden político, acomodando hechos y personajes a fines oscuros y espurios; de ahí que nos meten héroes falsos, cuya memoria honramos en calles, plazas, instituciones educativas, culturales, provincias. En toda mi narrativa histórica (cuentos y novelas) he develado la veracidad de los hechos reales. El lenguaje poético de mis obras no afecta la realidad histórica. En la introducción de mis cuentos históricos: Ingavi, por siempre (2018) he explicado esta posición.

Menciona que la lectura de estas novelas cobra un singular relieve al ritmo de melodías orquestadas, especialmente los preludios de los clásicos universales. ¿Qué sonata recomienda para la lectura de la obra?

No hay una sonata en concreto. La música nos ha quedado como una muestra de la sensibilidad modernista; según dice el crítico español Benito Varela, al hablar de las sonatas de Valle Inclán, el ritmo musical: “significa un esfuerzo expresivo, un milagro musical, un juego de sensaciones, una envidiable selección y riqueza de sintagmas nominales”.

Mientras hace la descripción del Acre —frontera nueva— menciona que los personajes y las fuerzas del General Pando se dirigían a enfrentar a un enemigo desconocido. Según nos cuentan diferentes autores, parecería que es una constante en nuestra historia bélica, como país, el enfrentamiento a lo desconocido. ¿Cómo funciona este hecho o motivación dentro del personaje principal frente a sus ideales patrióticos de ir hacia el combate?

Los Colorados constituyen una fuerza emblemática del heroísmo de los guerreros bolivianos. Son únicos en la fidelidad de sus honorables principios. Mi colorado sin nombre es la suma de todos esos valores.

Su obra también presenta una serie de experiencias nuevas de la época, como la descripción del paisaje del Acre, que se convierte en una especie de protagonista. ¿Cómo la creación de estas imágenes aporta en su función para el relato de la historia?

En un clima bélico el paisaje deja de ser pintoresco; en tal sentido, es uno más de los protagonistas que defiende la inviolabilidad de su territorio; aspecto que los políticos en función de Gobierno no supieron apreciar. En mi novela ese paisaje es la Tierra sin Mal, que sólo conocen los nativos que sueñan, viven y la bendicen, con gratitud.

En un pasaje del libro se puede leer el siguiente diálogo: “Mi cura, estamos perdidos. La indiada se ha alzado, ahora la guerra no es de partidos, sino de razas”. Viendo los actos de violencia que se produjeron hace un par de semanas en Santa Cruz de la Sierra, en la casa de campaña del Movimiento al Socialismo, ¿el contexto de nuestra historia ha cambiado en algo?

Lamentablemente no ha cambiado. La confrontación de fuerzas se ha hecho más clara; por un lado están los intereses urbanos, frente a los rurales. En los tiempos de Pando y la revolución de los liberales (1899), las fuerzas insurgentes buscaron la alianza de los indígenas, liderados por el temible Willka Zárate. Ambas fuerzas salieron victoriosas, defenestrando al Presidente Severo Fernández Alonso. Entonces, la pugna por el poder se dio entre los criollos y mestizos de Pando, frente a los indígenas del Willka Zárate. El final lo podemos leer en el célebre libro de Ramiro Condarco Morales: Zárate el ‘temible’ Willka, historia de la rebelión indígena de 1899 (1965).

Fuente: La Ramona



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