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Las raíces de Los Árboles



Las raíces de Los Árboles
Por: Isabel Mercado

No son evidentes las referencias; no se puede encontrar en el texto un hilo conductor que lo anuncie. Sin embargo, los nueve relatos que Claudia Peña reúne en Los Árboles tienen un sello peculiar, de origen.

A diferencia de tantos autores que ponen su sello en el tono literario, en los temas, en los tiempos o en la atmósfera de sus obras, en este caso son detalles más tangibles, ¿terrenales? los que permiten la inferencia.

Olores, texturas, palabras inconfundibles, escenarios… delatan las raíces de esos árboles que Peña ha dispuesto de manera quizás elaborada, quizás casual, uno al lado del otro ,en su último libro.

No es que haya un lugar concreto, aunque se intuyen varios; lo que sucede es que, como transversal a toda la obra, se siente etérea y dispersa la presencia del oriente, del monte, del pueblo, del calor húmedo, de los bichos y los sudores de esos lares.

No intenta Peña, ni siquiera, una referencia, ni un guiño, pero deben ser potentes esas reminiscencias, esas raíces, para que, sin intervenir en las historias ni en los personajes, ni en la escritura, sean tan evidentes.

Es lo maravilloso de la literatura: la interpretación y la sensación libre y abierta que dispensa, y aunque lo telúrico no es más que un telón de fondo imperceptible en los cuentos que conforman Los Árboles, para mí fue como un despertar en el campo (en el llano) con sonidos y aromas inconfundibles.

Pero, no es solamente este retorno a las raíces lo que atrae y magnetiza en esta obra de Claudia Peña. Es también el tono de la voz que narra. Fuerte e intensa.

Los nueve cuentos se congregan para mostrar miradas diversas en todo sentido. No hay un hilo común en los personajes, que son indistintamente mujeres u hombres; incluso animales, como en Lazos, el cuento que se pone en la piel de una perra en celo y describe su periplo nocturno, asediada por machos que no la alcanzan ni la desvían de su personal reflexión.

Es la fuerza de la introspección. En cada uno de los nueve cuentos de Peña se siente, se puede escuchar, una misma voz que recorre cada historia.

Es una voz que no tiene respuestas para nada, pero que parece saber premeditadamente adónde va cada historia. No lo anuncia, pero mientras describe -con una prosa poderosa e impecable-, va dejando en el lector un sentimiento de angustia, impotencia por un destino ya definido que se va haciendo real a medida que evoluciona el relato.

En El destello –cuento ganador del primer lugar del XLIII Concurso Municipal de Literatura Franz Tamayo en 2016– se avizora la muerte desde la primera letra, pero es imposible no dejarse seducir por la descripción de una agonía que deja sin aire hasta el último estertor del personaje.

Lo mismo podría decirse que sucede con Niño, esa tozuda mano que jala hacia abajo a un personaje que no pretende otra cosa que liberarse y ser; y que, en su peregrinar, arrastra al vacío al lector, como si se tratase de un destino fatídico.

En Cosas viven en paralelo las imágenes detalladas y poéticas de la pluma de Peña con la sensación de hartazgo, de asfixia, de pesadilla que toma forma a través de los objetos. Son nuestros objetos, nuestros fetiches que nos persiguen sin pausa.

Incluso el amor, el deseo y el sexo no pueden librarse de esa voz premonitoria y omnipresente en estos cuentos. Mientras ocurre lo siempre inevitable, nos habla de lo que, aunque no queramos oír, está ahí para golpear nuestros sentidos: un hombre al que se desea inexplicablemente, incluso por encima de la cordura, de la sensatez; del amor marital y del duelo. O ese (otro) hombre al que se ama y se teme con la misma intensidad, hasta acabar en el abandono, en un dejarse ir. En todos los casos, la voz predestina un final que el lector persigue confirmar hasta la última letra.

Peña es escritora y poetisa, tiene varias obras publicadas como El Evangelio según Paulina (2004) y Que mamá no nos vea (2005), además de los poemarios Inútil ardor (2006), Con el cielo a mis espaldas (2007) o La furia del río (2010), pero es en Los Árboles donde alcanza una madurez que se siente y disfruta en cada historia. Una lectura altamente recomendable.

Fuente: Letra Siete



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