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Rodrigo Hasbún: ‘La realidad es también una suerte de ficción’



Rodrigo Hasbún: ‘La realidad es también una suerte de ficción’
Por: Naira de la Zerda

Los años invisibles es una novela que se escribió casi como si tuviera voluntad propia. Lejos de los planes de su autor, la obra apareció con un impulso vital muy fuerte, que el escritor cochabambino Rodrigo Hasbún no pudo ignorar. La novela se presentará el 6 de noviembre, junto a la Editorial El Cuervo y Penguin Random House.

¿Cuál es la trama de ‘Los años invisibles’?

La novela trata sobre un par de semanas decisivas en la vida de un grupo de muchachitos de último año de colegio, para los que todo será distinto a partir de entonces. En esas semanas, Andrea descubre que está embarazada y Ladislao se involucra con la nueva profe de inglés, y todo se les termina saliendo de las manos. Pero no solo me interesaba indagar en esas semanas, sino también en cómo éstas terminaron afectando el rumbo de los personajes, a los que volvemos a encontrar cuando ya están acercándose a los cuarenta. Los años invisibles sucede entre esos dos tiempos, entre esas dos etapas tan distintas. En medio está la vida, con todas sus sorpresas y crueldades, con su luminosidad y sus grietas.

¿Qué estímulos creativos lo motivaron a escribirla?

Las historias de estos personajes me persiguen hace tiempo. Después de publicar Los afectos, mi novela anterior, mientras intentaba empezar algo nuevo, esas historias un poco se impusieron. Con esto quiero que decir que Los años invisibles no es la novela que quería escribir —los proyectos que tenía en mente eran abismalmente diferentes—, pero apenas comencé ya no pude parar hasta terminarla.

¿Cómo fue el proceso de creación?

Esta novela tiene una historia larga. Escribí una primera versión hace 12 años, a principios de 2007, pero no me convencía y la terminé archivando. En ese tiempo tenía veintitantos y ahora tengo casi cuarenta, y creo que esa diferencia me ayudó a volver a la novela desde un lugar muy diferente. Siguen estando ahí el amorío imposible de Ladislao y el embarazo no deseado de Andrea, pero lo que en verdad importa ahora es algo más difuso, algo que tiene que ver con cómo nos vamos transformando a lo largo de los años y con cómo nuestros cuerpos y nuestra memoria también se va transformando. No solo el presente es un lugar incierto. El pasado también lo es.

¿Cómo funciona aquí la relación entre ficción y realidad?

Es una relación ambigua y a menudo tensa, de límites difusos, entre otras cosas porque la realidad es también una suerte de ficción. Esa ficción que llamamos realidad a veces es compartida por todos o casi todos, pero muchas otras veces no, y en esos casos se evidencia cuán frágil puede ser. Ahora mismo estamos atravesando una época en la que atestiguamos esa fragilidad todo el tiempo. Una persona dice que una pared es roja y otra dice que es azul y en los momentos de mayor complejidad sucede a veces que los dos tienen razón, que la pared es roja y también azul, sobre todo, si tomamos en cuenta la dimensión subjetiva de quienes así lo perciben. La literatura indaga en esas diferencias, en ese cruce de miradas y voces, y se enriquece a partir de ellas.

Después de que ha experimentado ya con cuentos y ensayos, ¿por qué ha elegido volver a la novela?

En verdad no creo que sea un asunto que uno elija. Cada historia, cada impulso de contar algo, de compartir una experiencia, de buscarle un sentido posible a las cosas, suele venir atado a una forma y a un ritmo. Los géneros son una convención y están contagiados unos de otros, pero aun así creo que tienen posibilidades singulares. En el caso de la novela, es un género que te permite ahondar en los personajes, acercarte a ellos en serio y eso es algo que me interesaba hacer en Los años invisibles. Algunos de los personajes de esta novela ya han aparecido en varios de mis cuentos, pero siento que ahora tienen más espacio para moverse y para evidenciar de qué están hechos.

¿De dónde viene esa necesidad de circular por diferentes géneros?

No lo sé. Pero al final lo importante es algo que comparten todos los géneros por igual, eso que mencionaba antes: el impulso de encontrarle un sentido a las cosas y la convicción de que las historias nos son imprescindibles, de que necesitamos de ellas para ensanchar nuestro entendimiento y nuestra sensibilidad, para cuestionar los límites de nuestra imaginación, para multiplicar por dentro nuestras vidas. Yo creo mucho en la literatura en ese sentido.

¿Qué piensa del momento que está pasando la literatura boliviana?

Es un momento interesante, que estos últimos años ha dado ya algunos libros valiosos. Ojalá sigan llegando, aunque los escritores de nuestro país tengan todo en contra y aunque no cuenten con ningún apoyo institucional, y ojalá sean cada vez más rigurosos y ambiciosos.

Fuente: Tendencias



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