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Halloween

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Halloween
Por: Miguel Roca V.

¿Sabía usted que Hallowen era un festival que celebraban los celtas? Sociedad controlada por sacerdotes druidas que vivían en las regiones de Irlanda, Inglaterra y parte de Francia. Estas sociedades druidas adoraban y servían a Samhaim, dios de la muerte. El origen de esta celebración está cargada de supersticiones, leyenda, paganismo, ocultismo, brujería, y todo tipo de actividades del mundo de las tinieblas. ¿Qué hacían esa noche? Los druidas se vestían con cuernos y cabezas de animales, disfrazados de fantasmas, espíritus y brujas. Iban por todo el vecindario recogiendo ofrendas para el dios de la muerte y las tinieblas, Samhaim, para brindarle su honor y sacrificio. Si los sacerdotes no quedaban conforme o a gusto con los obsequios, ellos le hacían el tric o truco a la familia de la casa, quemándole su terreno, llevándose a la doncella, matando su ganado o provocando enfermedades a la familia; éste es el origen de la frase trico tric. Al haber recogido y reunido todas las ofrendas, los sacerdotes druidas hacían grandes fogatas, ofreciendo sacrificios humanos o animales para adorar a su dios. Además ese día los druidas llevaban consigo un nabo hueco por dentro y una cara grabada en la parte frontal que representa a un espíritu diabólico. El nabo estaba iluminado por una vela dentro y era usado como linterna por los druidas cuando iban de casa en casa por la noche. Cuando esta práctica llegó a América, los nabos no eran tan abundantes, pero sí tuvieron un vegetal nativo que pronto los sustituyó: la calabaza. Estas fiestas se fueron incorporando poco a poco en nuestras festividades hasta convertirse en populares, teniendo su mayor auge en los Estados Unidos y países de América Latina, introduciendo de forma velada o inocente estos días de ritos y costumbres derivados del culto a Satanás. Es un hecho comprobado que la noche del 31 de octubre en los Estados Unidos, Francia, Irlanda, y en muchos otros países se realizan misas negras con sacrificios humanos y otras reuniones relacionadas con el mal. Es también un dato conocido que el 31 de octubre es la fecha más importante del calendario satanista. Hoy, la noche de Hallowen es reconocida por todos los satánicos, ocultistas, y seguidores del diablo como la noche del año nuevo para las brujas y brujos. En los Estados Unidos y otros países del mundo, ése es el día en que más niños desaparecen, también se han reportado numerosos crímenes de personas inescrupulosas que esconden solapadamente afiladas cuchillas dentro de las frutas, también regalan caramelos envenenados y hasta agujas usadas para drogas.
Escuche lo que dice la palabra de Dios en Deuteronomio 18.9-12: “Cuando hayan entrado ustedes en el país que el Señor su Dios les va a dar, no imiten las horribles costumbres de esas naciones, que nadie de ustedes ofrezca en sacrificio a su hijo haciéndolo pasar por el fuego, ni practique la adivinación, ni pretenda predecir el futuro, ni se dedique a la hechicería, ni a los encantamientos, ni consulte a los adivinos y a los que invocan a los espíritus, porque al Señor le repugnan los que hacen estas cosas”.

Fuente: El Deber


Temas, personajes y facetas bolivianas en las obras de autores internacionales

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Temas, personajes y facetas bolivianas en las obras de autores internacionales
Por:Martín Zelaya Sánchez

(La revista Correveidile dedica su nuevo número a relatos de escritores extranjeros sobre Bolivia, bello pretexto para reflexionar sobre este asunto con ejemplos y tendencias)

Sacó a tientas una postal de su bolsillo interno, que parecía una especie de depósito, y la empujó sobre la mesa. Tenía impreso lo siguiente: Choza de indios. Beni, Bolivia. Todos concentraron su atención sobre la escena reproducida: un grupo de mujeres salvajes con taparrabos rayados, en cuclillas parpadeando, amamantando, arrugando el entrecejo, durmiendo entre un enjambre de chiquillos…”.

Pese a que el nombre Bolivia es mencionado muy de pasada en Ulises de James Joyce, para muchos la mejor novela de la literatura moderna, en general Bolivia, los bolivianos y las temáticas o sucesos inherentes a éstos son de muy poco interés en el contexto de la literatura —narrativa, poética, ficción, ensayo— mundial.

El literato Luis “Cachín” Antezana dice: “Somos, en general, el país más lejano del ‘extremo occidente’ donde, a menudo, nos sitúan. Obviamente, los países sudamericanos nos entienden mejor, pero no faltan ironías y rasgos de paternalismo”.

La semana pasada se presentó en La Paz Así nos ven (cuatro autores latinoamericanos), el número 3 de una serie especial de la revista de cuento Correveidile, en el que se incluyen cuatro relatos de dos chilenos, Luis Sepúlveda y Jorge Guzmán; un dominicano, Juan Bosch, y un uruguayo, Mario Benedetti, además de algunos otros fragmentos centrados en personas o hechos ligados con Bolivia.

Además de reproducir algunos de los más sabrosos párrafos de estas obras, tres autores, críticos y periodistas analizan este poco frecuente pero harto interesante hecho, y repasan más ejemplos, muchos al alcance de librerías y bibliotecas.

Temas

Benedetti, en Así nos ven, habla de la eterna nostalgia del boliviano por el mar; Bosch, de un indio inocente y mártir; el chileno Sepúlveda, de la guerrilla de Teoponte, y Guzmán, de un forajido que recorre las riberas del río Mamoré.

¿Qué es lo que más se habla de Bolivia en las literaturas de otros países? ¿Qué les interesa más analizar de nuestro entorno e historia? Según el autor Víctor Montoya, paceño residente hace tres décadas en Suecia, “Bolivia, por su propia naturaleza histórica y socioeconómica, ha sido conocida desde siempre como país minero y campesino, por eso, uno de los ejes temáticos que siguen llamando la atención es el relacionado con el ambiente minero y agrario; tal vez ahora más que nunca, debido a que el proceso político cuenta con un presidente de ascendencia indígena”.

Antezana, al respecto, dice: “En general, cuando se habla de Bolivia en cualquier medio exterior, la balanza se inclina bastante hacia sus problemas sociales y la pobreza (y, en los últimos tiempos, el narcotráfico). Nuestra imagen global es bastante peyorativa. Porque motivó un ensayo de Vargas Llosa defendiendo Bolivia, recuerdo una declaración de Berlusconi (el primer ministro italiano) que, al tratar problemas de su país, aseveró: ‘Italia no es Bolivia’”.

Unos pocos casos más

Además de los citados trabajos, los editores de Correveidile —Manuel Vargas, Germán Araúz y Víctor Hugo Romero, autor este último de los dibujos que ilustran el texto y estas páginas— recuerdan otros que no pudieron entrar:

Fragmentos de El Congreso de Jorge Luis Borges; Ojos bonitos, cuadros feos, de Vargas Llosa; El gran arte, de Rubem Fonseca; versos de César Fernández Moreno en Buenos Aires me vas a matar; de Robert Lowell, sobre la lavandería donde descansó el Che en Vallegrande, y Sobre héroes y tumbas de Ernesto Sábato.

Este equipo cierra su libro con piezas sobre Bolivia y los bolivianos de David Hall (¿Quién es Arce?) y del peruano residente en Cochabamba Enrique Congrains Nieto, Sombrero de saó, además del citado Ulises de Joyce. Más ejemplos los da “Cachín” en un recuadro en estas páginas.

¿Cómo nos ven, qué interesa más de nuestras letras?

—¿Hay suficientes trabajos de autores no bolivianos sobre la literatura de este país? ¿Cómo nos ven los especialistas y críticos literarios?

—Luis Antezana: Nuestra literatura es bastante desconocida (aun dentro del propio país, dicho sea de paso). Nuestros mejores expertos afuera son, sobre todo, bolivianos que trabajan en otros países. Hay algunos trabajos pequeños (ensayos) muy buenos de autores extranjeros, pero poco o nada de largo aliento (en contraste con la historia, la sociología o la antropología donde, ahí sí, hay excelentes trabajos amplios por autores no bolivianos).

Arguedas y Jaimes Freyre, en su momento, fueron objetos de estudio frecuente, este último, sobre todo, por su presencia en Argentina, y el primero porque, por décadas, fue el más internacional de nuestros escritores (hasta Unamuno le dedicó un par de ensayos y no hay libro sobre el indigenismo en América Latina que, de una u otra manera, no trate Raza de bronce).

—Víctor Montoya: Los estudios y compendios sobre nuestra literatura, realizados por autores no bolivianos, siguen siendo escasos en el ámbito internacional; esto implica que seguimos siendo un país rezagado en el contexto de la literatura hispanoamericana.

La literatura boliviana más conocida y estudiada en el extranjero es aquella que nos identifica como a país minero y campesino, independientemente de lo que sostengan los “urbanistas” en La Paz, Cochabamba o Santa Cruz.

No es casual que a uno de los críticos más importante de Suecia, como fue Artur Lundkvist, miembro de número de la Real Academia Sueca, le haya llamado la atención la novela Hombres sin tierra, de Mario Guzmán Aspiazu, que gira en torno a las luchas campesinas y la reforma agraria de los años 50. Otro ejemplo es el caso del Metal del Diablo, de Augusto Céspedes, que aborda la temática minera y que hasta ahora es la única obra de autor boliviano publicada en sueco.

Ahora bien, es oportuno aclarar que los estudiosos extranjeros de nuestra literatura saben intuitivamente que el futuro de nuestra literatura está en la contextualización de nuestro pasado y presente. Es decir, la gran literatura boliviana del futuro está todavía anclada en nuestro pasado histórico, por mucho que algunos críticos nacionales de la literatura minera y rural se empeñen en demostrar que los autores actuales, sobre todo los más jóvenes, están más en sintonía con los procesos de globalización y transculturación.

Algunos fragmentos de obras extranjeras sobre Bolivia

El indio Manuel Sicuri

Juan Bosch *

Manuel Sicuri, indio aimara, era de corazón ingenuo como un niño; y de no haber sido así, no se habrían dado los hechos que le llevaron a la cárcel en La Paz. Pero además Manuel Sicuri podía seguir las huellas de un hombre hasta en las pétreas vertientes de los Andes y esa noche hubo luna llena, cosas ambas que contribuyeron al desarrollo de los hechos.

El factor más importante, desde luego, fue que el cholo Jacinto Muñiz tuviera que huir del Perú y entrara a Bolivia por el Desaguadero, lo cual lo llevó a irse corriendo, como un animal asustado, por el confín del altiplano, obsedido por la visión de un paisaje que le daba la impresión de no avanzar jamás…

* República Dominicana (1909). Tomado por Correveidile de “Cuentos en el exilio”, Alfa y Omega (1984)

Un boliviano con salida al mar

Mario Benedetti *

Nunca he podido confirmarlo, pero dicen que en plena Guerra de Las Malvinas le preguntaron a Borges qué solución se le ocurría para el conflicto, y él, con su sorna metafísica de siempre, contestó: “Creó que Argentina y Gran Bretaña tendrían que ponerse de acuerdo y adjudicar Las Malvinas a Bolivia, para que este país logre por fin su salida al mar”.

En realidad, la ironía de Borges (siempre que la cita sea verdadera) se basaba en una obsesión que está presente en todo boliviano, ese alguien que siempre parece estar acechando el horizonte en busca del esquivo mar que le fue negado. Tiene el Titicaca, por supuesto, pero el enorme lago sólo les sirve para que crezca su frustración, ya que en vez de conducirlo a otros mundos, sólo lo conduce a sí mismo.

* Uruguay (1920). Tomado por Correveidile de “La sirena viuda y otros cuentos” (1999)

El campeón

Luis Sepúlveda*

Pasaban los meses y de Bolivia llegaban noticias cada vez más alentadoras. El grito de “A las montañas volveremos”, lanzado luego de la muerte del Che, encontraba más y más eco entre los campesinos, entre los mineros y los estudiantes. Así lo decían los comunicados. Ahora sí que Bolivia sería el corazón del continente. Lo aseguraban los comunicados de la organización, que también se referían a un contingente argentino, a otro uruguayo, peruano, colombiano, que se sumarían a la lucha en las montañas y selvas bolivianas (…).

El tiempo avanzaba y la fecha de salida parecía cada vez más cercana. La radio entregaba informaciones sobre actividades guerrilleras en las proximidades de Santa Cruz, y el Gobierno boliviano ponía precio a la cabeza de “Inti” Peredo. “La cosa arde arriba”, se decía. “La cosa arde arriba”, repetían los comunicados.

* Chile (1949). Tomado por Correveidile de “Desencuentros” (2002)

Los textos ajenos sobre nuestra gente

Germán Araúz Crespo *

Acabo de leer la edición III especial de Correveidile, la revista que desde hace algo más de 12 años nos ha llevado por los diversos caminos que ha recorrido el cuento boliviano. Esta vez la revista ha resuelto mostrarnos aquellos textos que están ambientados en Bolivia o que de alguna manera se refieren a nuestro país, cuyos autores han nacido en diversos países de Latinoamérica o más allá, de allí el título de la edición, Así nos ven. Cabe una aclaración, aun cuando mi nombre figura en el Consejo de Redacción, esta vez no intervine en la elaboración del Correveidile.

Así nos ven nos trae cuatro textos, uno de ellos del dominicano Juan Bosch, quien fuera el primer presidente de la República Dominicana elegido tras la larga noche de la dictadura trujillista. Bosch vivió en nuestro país durante mucho tiempo y, tras la lectura de El indio Manuel Sicuri, se puede colegir que llegó a conocer profundamente a nuestra gente. Más allá de una descripción adecuada del paisaje y sus habitantes, el texto es una mirada psicológica muy profunda en torno al aymara pocas veces encontradas en otros autores aún bolivianos.

Un boliviano con salida al mar, del maestro Mario Benedetti, nos habla de un paisano cuyo destino le permite conocer y crecer cerca del mar. Es una mirada algo soñadora que presupone que el paisaje marino nos deslumbra a los bolivianos así no lo hubiéramos visto. El capanga, del chileno Jorge Guzmán, es un texto ambientado en el Beni que, lo mismo que el de Bosch, demuestra un profundo conocimiento del paisaje y la gente que lo habita. Pocos textos nos han mostrado aquel paisaje en todo su esplendor como lo hace Guzmán, quien seguramente también ha vivido muchos años por allí.

El campeón, de Luis Sepúlveda, nos lleva a la época de las guerrillas a través de un joven boxeador que retorna a su ciudad natal tras un intento de integrar un grupo guerrillero en nuestro país. El Correveidile nos muestra fragmentos de otros textos como Ulises de James Joyce, que habla de una postal de Beni; otro texto de David C. Hall que rememora el auge de la cocaína y Luis Arce Gómez; también hay un homenaje a la letra del taquirari El sombrero de saó que escribe Enrique Congrains Martin.

En la presentación de la edición, Manuel Vargas menciona otros textos que hablan de nuestro país de autores como Borges o Manuel Mujica Laínez. Olvida, sin embargo, a Augusto Monterroso, quien residió algunos años en Bolivia en los años 50 y, aunque no existe una referencia a Bolivia en su obra, su cuento La vaca fue inspirado en un viaje en tren de Oruro a La Paz, en el que al contemplar el paisaje del altiplano descubrió el cadáver de una vaca en medio de la pampa.

Linda tarea la del Correveidile, buscar las cosas que algunos literatos han escrito sobre nuestro país.

* Periodista y escritor

Algunos ejemplos, entre muchos otros

Luis H. Antezana J.

Elías Blanco publicó alguna vez una larga lista —que es o iba a ser un libro o diccionario de autores— de todos los escritores vinculados, de una u otra manera, con el tema Bolivia.

Ahí estaban, recuerdo, los chilenos Andrés Ajens (poesía) y Bartolomé Leal (novela: Morir en La Paz), por ejemplo, entre muchos otros (como Ernst Gomringer, suizo, nacido en Santa Ana de Yacuma; cabecilla de la “poesía concreta” en Europa).

No recuerdo si estaba Drieu de la Rochelle, francés, quien escribió la novela El hombre a caballo, basada en la vida de Melgarejo. Ahora que menciono a De la Rochelle, no habría que olvidar que toda la obra de Costa du Rels se escribió primero en francés y para una audiencia francesa (las traducciones locales son siempre posteriores).

Lateralmente incluiría al uruguayo Hiber Conteris en cuya novela Cono Sur todo el rato se habla de Bolivia, ya que el personaje principal está basado en René Zavaleta Mercado cuando él vivía en Montevideo. En esta vena, la de personajes bolivianos en otros lugares del mundo como protagonistas de la historia contada, obviamente no hay que olvidar La tía Julia y el escribidor de Vargas Llosa, o la problemática (por su nivel de plagio) Bolivia construcciones. Un poco lejos, pero no tanto, hay cualquier cantidad de “Bolivia” en las obras dedicadas al Che Guevara.

Entre otros, también incluiría la poesía del italiano Claudio Cinti, el más importante difusor de la literatura boliviana en Italia (no olvidemos que, entre muchos otros, tradujo Felipe Delgado).

* Escritor y filólogo orureño

Fuente: La Prensa


Ojo de vidrio

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Cuitas de la comunicación digital
Por: Ramón Rocha Monroy

Leí la pasada semana que uno de cada dos bolivianos tiene celular, lo cual daría la friolera de 5 millones de aparatitos que comunican a la gente en todo el territorio, del modo más democrático, pues la carnicera, la verdulera, el plomero, la empleada doméstica, el cocalero, el dirigente sindical, el obrero tienen celulares lo mismo que el gerente, el alto ejecutivo, el empresario o el Presidente de la República.

El culto al celular es una superstición que abre las puertas más seguras. Una práctica fácil para superar el obstáculo de la seguridad en un edificio público o privado es ingresar a paso seguro hablando fuerte por el celular con un imaginario ministro, diputado o gerente: “Sí, señor ministro, en este momento estoy ingresando”. Acabo de llegar, honorable, le traigo los documentos”. “Tengo el cheque, señor gerente, se lo llevo personalmente”.

Un celular sirve para gobernar secretamente el rumbo de una negociación árida, de un diálogo nacional o de un armisticio con el enemigo: si alguno de los delegados es muy suelto de lengua, se le envía un mensaje inmediato: “Mejor callate y no insistas”, o se le sugiere que diga algo: “Dile que no es cierto: es apenas el 8%”.

Recuerdo a un hombre prudente que le pasó un mensaje a su esposa: “No le contestes así. ¡Es mi jefe!”.

Escribí La Casilla Vacía sobre el tema de la angustia de no recibir cartas en el exilio y visitar en vano el correo. Hoy sé es peligroso tejer argumentos tecnológicos porque pronto se vuelven obsoletos. Es triste para los nostalgiosos, pero muchísima gente ha dejado de visitar la oficina de Correos.

Como dice un colega mexicano, buena parte de la trama de la novela y el teatro clásico o casi contemporáneo no tendría razón de ser si hubiera celulares o Internet. Miguel Strogoff no se arriesgaría llevando el correo del zar si pudiera enviar un correo electrónico o incluso chatear. Los Tres Mosqueteros no tendrían que luchar contra los esbirros del Cardenal por la carta comprometedora que escribió la Dama. Al Coronel que no tenía quién le escribiera le bastaría abrir su correo electrónico para por lo menos recibir cadenas, ofertas de viagra, el chiste del día o spam. La Carta Robada, de Edgar Allan Poe, ya no sería la fundación del cuento policial.

Una escena triste, que encontramos en cientos de novelas románticas, es la de la dama que desata el cintillo rosa, relee las cartas del amado que la traicionó y las echa una a una al fuego. O la de la novia despechada que pide al ex novio que le devuelva las cartas que ella le escribió, pues basta abrir el correo electrónico, seleccionar y borrar las cartas que no quiera leer nunca más.

El ejemplo más dramático es el de Julieta, cuyo suicidio aparente ocasiona el suicidio real de Romeo, cuando podía haberle enviado un mensaje diciendo: No tomé veneno es pa despistar call me cuando despierte tqm.

Fuente: Los Tiempos


Warikasaya, cuentos stronguistas

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Los cuentos ATIGRADOS
Por: Gerson Rivero

El fútbol convoca multitudes. Pero esta vez, la convocatoria llegó a un selecto grupo de escritores y escritoras. El pretexto es el centenario del club The Strongest de La Paz.

Alguien puede pensar que se trata de algo sólo para hinchas del ‘Tigre’, pero no, en realidad es una antología para los amantes de la literatura. Warikasaya, cuentos stronguistas es un libro que reúne a 32 narradores en sabrosos relatos y minicuentos, de valor universal, más allá del color de camiseta que uno tenga e incluso, sin ser fanático del fútbol.

De hecho, quienes escriben no son necesariamente stronguistas. Entre los colados figuran personajes como Carlos Mesa, Ramón Rocha Monroy o Gonzalo Lema, que no enarbolan banderas aurinegras, pero que sus dotes literarias son incuestionables.

Lema, por ejemplo, cae en la antología gracias a su novela Si tú encuentras a Mari. Un fragmento incluido en esta obra relata un curioso partido entre Wilstermann y The Strongest.

Claro que también hay hinchas atigrados que además tienen sus virtudes literarias como Manuel Monroy Chazarreta, el popular ‘Papirri’, Juan Claudio Lechín y Homero Carvalho, entre otros.

El pitazo inicial
“Todo comenzó en una ‘chupa’, para variar”, cuenta Ricardo Bajo, el periodista ‘vasco-paceño’, compilador de esta obra. Luego se pregunta: “¿Por qué en nuestro país todito comienza y termina, se complica y se arregla, con unos tragos de por medio?”.

La ‘chupa’ era en Equinoccio, legendario boliche paceño, y en el escenario cantaba el ‘Papirri’. Bajo, hincha de cuna del Athletic de su natal Bilbao, adoptó las rayas del Tigre de Achumani como su pasión futbolera, al radicarse en Bolivia. Entre el público estaba la Ultra Sur 34, barra brava oficial de The Strongest y extraoficial del Papirri.

Eran finales de 2007 y faltaban pocos meses para que se cumplan los 100 años de la institución. René Villegas, El Gaucho, para los amigos, vicepresidente de la barra se acerca al periodista y le dice: “Vasco, tenemos que hacer algo literario con el centenario del Tigre”. Ésa fue la semilla sembrada, que luego fue germinando con nuevas ‘chupas’ y cafés.

Como todo en Bolivia, no estuvo a tiempo. El centenario del Tigre llegó el 8 de abril, pero el libro no había sido concebido. Se propuso como nuevo plazo el 27 de septiembre, día del hincha atigrado, en honor al natalicio de Raúl ‘Chupa’ Riveros, el fanático más célebre de The Strongest. Sin embargo, no acabó todavía 2008 y de la mano de editorial Gente Común (pese a que uno de sus gerentes, Ariel Mustafá, es bolivarista) vio la luz Warikasaya, que no es otra cosa que el grito de guerra de la hinchada aurinegra.

La gestación tuvo un periodo contranatura de tres meses. Durante ese tiempo se contactó a la treintena de escritores que fueron antologados. Algunos de ellos ya tenían cuentos relacionados con el tema. Otros se dieron a la tarea de crear microrrelatos en honor a su equipo y hasta se apeló a fragmentos de algunos libros, previo permiso de sus autores, claro.

Plantel
Ya quisiera el ‘Tano’ Fontana poder armar un plantel de jugadores como el equipo de escritores que conformaron entre Bajo y Villegas. Resultan curiosos algunos casos como el de Homero Carvalho. Beniano él, no se puede entender en primera instancia su militancia aurinegra. Pues él se encarga de contarlo en un relato autobiográfico titulado La esposa del jugador. Esa señora existió, era efectivamente la mujer de un futbolista atigrado. Carvalho vivió su infancia en La Paz y esta vecina lo llevaba al estadio para ver jugar a su marido. Esta tierna relación infantil devino en su amor hacia el equipo de Achumani.

“En esos años el mundo era muy joven y el estadio de Miraflores era para mí la imagen misma del paraíso. Así me lo imaginaba yo, con mucha gente feliz, en jolgorio permanente, con muchos dulces y sodas y con grandes jugadores a quienes imitar en el patio del conventillo”, dice parte del relato de Carvalho.

Otro camba también hace su aporte. Se trata del cruceño Miguel Lundin Peredo, que escribe desde Suecia. Bajo lo definió como ‘el cuento más loco de esta antología’. Se llama Cuando Thor odiaba los goles de The Strongest, un thriller que involucra a un reportero de policiales, el afiche de Vivian Colombo con la polera del centenario y un jugador de fútbol sueco que pretendía entrar al primer plantel stronguista.

Un microrrelato de Óscar Díaz, dedicado al fallecido ‘Chupa’ Riveros, le da un toque de emotividad: “Y cuando el ‘Chupa’ estaba durmiendo -porque ella sabía los horarios de su sueño- entonces no le quedaba más remedio que rezarle a Dios”.

Refuerzos
Ricardo Bajo, el antologador, se dio a la tarea de buscar a escritoras que quieran contribuir. “Si algo me da bronca es escuchar: el fútbol es cosa de hombres”, asegura. “Si algo me da alegría es ver a chicas en las canchas de fútbol y para que no nos acusaran de misóginos y machistas me puse a la tarea (ardua) de buscar chicas escritoras, futboleras y atigradas. ¡Y las encontramos!”, relata.

De esa búsqueda surgieron Mabel Vargas (premio Tamayo de Cuento 2007), Erika Bruzonic, Francis Schwitzgebel-Torres, Mariana Ruiz, Inés González y Liliana Carrillo.

Vargas conmueve con un relato sobre la tragedia de Viloco de 1969, el accidente aéreo en el que falleció casi todo el equipo de The Strongest. Bruzonic aportó con un simpático cuento de un hincha atigrado. Schwitzgebel alude a Goethe en un relato ambientado en Suiza, el país de residencia. Mariana Ruiz rompe el mito de que el fútbol es sólo para hombres con su corto relato.

Chancho colorado es el aporte de González, que cuenta la historia de un pequeño hincha. Y Carrillo cierra el círculo femenino con el cuento Y no había sido choli, que descarga toda su sorna en los hinchas rivales de Bolívar. Liliana también se encargó de la edición final del libro.

Los descuentos
Aunque no estuvo impreso en ninguna de las fechas previstas. Aunque el fervor por el centenario haya sido apagado por la mala campaña del equipo, queda una buena obra literaria que trasciende al Tigre y es un buen aporte a nuestra literatura.

Cruces generacionales como el de Germán Araúz con el joven Javier Badani, la experiencia de ‘Cachín’ Antezana y la lozanía de René Villegas constituyen un rico experimento literario que está a disposición, en las librerías del país, de los amantes de la literatura, de los hinchas del fútbol y del Tigre en particular.

Fuente: El Deber


Río fugitivo circula nuevamente en edición corregida

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Intenso ciclo de difusión cultural inicia Los Tiempos
Por: Michel Zelada Cabrera

Ramón Rocha Monroy y Edmundo Paz Soldán dieron ayer una amena clase de literatura boliviana e hispanoamericana en ocasión de la presentación de la novela Río Fugitivo que, desde ayer, se distribuye por todos los puestos de periódicos de Los Tiempos a Bs 60.

Antes, Fernando Canelas Diez de Medina, gerente comercial de Los Tiempos, anunció que el objetivo del lanzamiento de la novela de Paz Soldán es hacer que la buena literatura boliviana llegue a la población a precio accesible.

“En este nuestro 65 aniversario tenemos la intención de difundir todo lo que es cultura y empezamos con este emprendimiento junto a la editorial Nuevo Milenio”, dijo Canelas.

En tanto, Rocha Monroy elogió el recorrido literario del autor de Río Fugitivo al punto de compararlo con Alcides Arguedas. Dijo que la buena literatura no cae del cielo ni fluye del cuerpo como si fuera sudor, sino que es resultado de un arduo, metódico y sacrificado trabajo de todos los días. Y Paz Soldán y las posteriores generaciones de escritores responden a esa lógica. Aclaró que la fuente de inspiración de estos nuevos narradores no está en el cielo ni en las estrellas, sino en ciberespacio y en la pantalla de un ordenador.

Por su parte, Paz Soldán, respondiendo a los elogios de su colega, dijo que es su amigo y como tal sólo hay que creerle la mitad. Afirmó que le gustaría que el segundo emprendimientos literario de Los Tiempos sea con la obra de Potosí 1600 escrita precisamente por Rocha Monroy.

El también autor de El run run de la calavera recordó que Paz Soldán es uno de los representantes de movimiento Mc Ondo, que cuestionó las bases de la literatura del llamado “boom latinoamericano” para buscar otras temáticas y otra forma de hacer novela.

Río Fugitivo salió en su primera edición en 1998 con Alfaguara con un tiraje de 1.500 ejemplares que se agotó. “Desde hace mucho tiempo tenía el deseo de que la novela circule en Bolivia, pero no se daba la oportunidad”, dijo Paz Soldán.

Novela de la nostalgia

Los amigos y seguidores de la obra literaria de Edmundo Paz Soldán acudieron ayer al auditorio de Los Tiempos para saludar al autor de Río Fugitivo y, por supuesto, llevarse un ejemplar autografiado.

Anoche, en su intervención, Paz Soldán recordó que en su novela reeditada recuerda los años de su adolescencia turbulenta Bolivia de la hiperinflación.

“Me preguntan cuál es la parte verdadera de la novela y les respondo que es mi infancia y la adolescencia. El último año de colegio se quedó como una novela en el recuerdo. Luego tuve que salir fuera de Bolivia a vivir sólo y aprender a cocinar otras cosas. Convertí ese último año en una especie de paraíso perdido”, dijo

Sin embargo Paz Soldán aclaró nuevamente que en su novela Río Fugitivo, el punto de partida puede ser autobiográfico, pero no el punto de llegada.

Fuente: Los Tiempos




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