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El tiempo pasa

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El tiempo pasa… Añoranzas
Por: Claudio Ferrufino-Coqueugniot

La tecnología ha avanzado con desenfreno. También el arte. Si pienso en la música, creo que me volví obsoleto. Pareciera que la aparición de artistas con trazas de cambiar la historia ya se acabó. Posiblemente es un prejuicio de la edad que crea cánones a veces ya insalvables.
Me creo moderno en cuanto a música y sin embargo mis alcances no avanzan más lejos de Nirvana y Pearl Jam. ¿Y hace cuánto que murió Kurt Cobain? Catorce años: todo un espacio.
Por las mañanas, mientras manejo, escucho un programa llamado Breakfast with the Beatles. Un desayuno muy antiguo diría yo. Cruzando la avenida Habana tocaban en la radio My sweet Lord, de George Harrison. Aumenté el volumen, y en el signo de pare un grupo de colegiales me miró como algo antediluviano. Pensarían qué mierda son Hare Krishna y el dulce Señor. Con los pantalones en medio del ano se alejaron, caminando apenas porque debe de ser difícil caminar vestido así.
En 1975 traje de Córdoba, Argentina, un casete de los Doors. Tenía 15 años y aquello era nuevo. Lector de Pelo, conocía la historia nebulosa del cantante Jim Morrison. Entonces escuchábamos sobre todo a los Beatles, a Crosby, Stills, Nash & Young (mi madre trajo un disco del cuarteto desde el centro del KKK en Alabama: Tuscaloosa), Pink Floyd y, en las fiestas, bailábamos Chico Puntual de Deep Purple o guardábamos copias de Uriah Heep o Ten Years After. En otros lados ya había explosionado el punk, pero a Bolivia llegó cuando perecía, exceptuando quizá una canción de los Clash.
La música, como la literatura, en términos de novedad, llegó tarde a nuestra juventud. Quizá por ello nos formamos con los clásicos. Aún hoy cuesta ponerse al día con los libros. Esporádicamente recurro a algún novísimo pero mis lecturas trashuman todavía por los años cincuenta (Christopher Isherwood) o, detrás aún, por las bellas novelas de Joseph Roth en los campos de guerra de la Ucrania revolucionaria.
Las miles de canciones incluyen un máximo cronológico que señalaría a Violent Femmes. Anhelo todavía llenar el vacío de mi ignorancia de lo que se produce hoy… En parte lo debo a que en el exilio voluntario de los Estados Unidos, tal vez por la distancia pero más por la diversidad encontrada, me incliné con fervor hacia la música de América Latina y, en menor grado pero con igual expectativa, a cualquier tipo de música ‘étnica’ que me privó de seguir el tranco violento del rock and roll.
No era raro que manejáramos ebrios por el Distrito de Columbia, con Fernando Vargas en un viejo y grande V8 Cadillac. Atronábamos la mañana entonces con Born to be wild o, cuando llegaba el tiempo de reflexión y el crepúsculo se ceñía a las adustas hojas de los plátanos de la ciudad, cambiamos el estruendo de Steppenwolf por las líneas de Leonard Cohen. Pero luego de aquellos años de Hotel Chelsea #10, donde Cohen le canta con nostalgia al espectro de Janis Joplin, aparecieron Rubén Blades, Aymara, Los Fronterizos, que se embriagaron con los amigos en casa. El rock se estancó. Luego, ya ido yo de la comunidad boliviana -andaba en amores con Norteamérica en piel y en cultura- me arrimé a los últimos resabios del punk, no sólo en sus nombres ilustres sino en el punk local que funcionó como una gigantesca base redentora de la música moderna en el país. Pete Townshend -de los Who- decía que el punk había salvado al rock. Murió Ian Curtis, vocalista de Joy Division, y quienes le sobrevivieron crearon New Order: había nacido el New Wave, antecesor del rock alternativo que hoy, primera década del siglo XXI, aún aletea en simulacros de vida. El epitafio de Ian Curtis reza: “Love will tear us apart”, tal vez premonitorio, una secuela al fin del Flower Power que terminó en Altamont.
Había cerveza negra, en vasos de pinta, en El Gallo Negro, bar seudo-punk donde no sólo la cerveza era oscura: también los trajes de las muchachas. Buzzcocks, las sesiones Peel de The Cure, The Gang of Four, los recién aparecidos Mekons, The Pogues, The Pixies. Y siempre retornaba al Rey, Elvis, aunque ahora me gusta descubrir las canciones que cantaba y que eran composiciones de otros ni tan famosos del añejo R&B, sin quitarle mérito a Presley. También lo hicieron -esta suerte de copia- los Beatles y los Stones y de allí nació Bob Dylan, de la gran herencia negra, entre las muchas cosas que su talento cargaba.
Corté la lectura de Rolling Stone, que no sólo es una magnífica revista de música. El tiempo avasalla y resulta imposible perseguir ningún sueño de erudición en campo alguno. No sé siquiera si otra revista excelente del mismo estilo, Spin, sobrevivió al tiempo. La dirigía el hijo de Bob Guccione, de Penthouse y fracasos célebres como Calígula, pero hermosas e inolvidables mujeres: Janine Lindemulder, Leslie Glass que fue arrebatada de su desnudez y de su existencia por el cáncer. Spin denunció los crímenes de Roberto D’Abuisson cuando aún la guerra civil destrozaba a El Salvador.
El avance inexorable de la música moderna se diluye en los entreactos de un cambio de ritmo a otro: Blues, R&B, rock and roll, la música progresiva, el rock metálico, el Punk, el New wave, Alternative, y también las fechas de la historia personal con sus dosis de trabajo, de amor, de concentración, de sexo y de cansancio.
Fuente: www.eldeber.com.bo


Tras los pasos de Dylan en Sud América

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Tras los pasos de Dylan
Por: Juan Morris

(En Córdoba, Buenos Aires, Rosario y Punta del Este… Un cronista apunta caprichos y exigencias del viejo BOB en el extremo Sur de la escala latina de su Never Ending Tour.)
Un día antes de que Bob Dylan pisara Buenos Aires, sólo tres personas sabían donde iba a alojarse. “Nos van a avisar sobre la hora”, explicaban los responsables de la organización. Mientras tanto, el hotel encargado de hospedar al músico no ponía vallas en la entrada para no alentar a ningún dylonómano y la seguridad se sentía recién atravesando el lobby del Four Season, con el aliento en la nuca de unos muchachotes de traje y auricular en la oreja que fracasaban en su intento de pasar inadvertidos.
Después de visitar Chile y de que su avión privado aterrizara por un rato en Córdoba para tocar en el Orfeo Superdomo, el jueves 13 de marzo Dylan llegó a Buenos Aires y se alojó en la suite presidencial de la Mansión del hotel. El músico no tuvo exigencias porque de haberlas tenido hubiera implicado que se filtrara a la prensa; así que cuando llegó, en su habitación le esperaba un pequeño stock de aguas Perrier, bandejas de frutas constantemente recargadas por un mayordomo y un menú de almohadas entre las que Bob, antes de dormir, podía elegir si más duras o más blandas, si de plumas o antialérgicas.
Casi siempre comió en su suite. El menú: pastas o ensaladas. Sólo cambió el domingo, el día después del show en Buenos Aires, en el que a eso de las siete y media de la tarde hizo sonar el teléfono del room service y con su voz carrasposa pidió una sopa de vegetales, un wok de salmón y bizcochos de grasa. Su única salida fuera de agenda fue el sábado al mediodía, antes del recital, para hacer un poco de ejercicio en el Almagro Boxing Club, un gimnasio en Díaz Vélez y Yatay, con paredes despintadas, fotitos de viejas glorias pasadas y las radio puesta en los 40 principales. Dylan llegó con un gorrito de lana, anteojos negros y conjuntito de gimnasia, acompañado por su personal trainer y el bajista Tony Garnier. En el lugar estabán filmando un documental sobre las nuevas promesas del box, y Bob pidió que pagaran la cámara. Pedido concedido. “Los chicos no tenían ni idea quien era, tienen 17, 18 años. El tipo vino con su entrenador y otro más, y estuvo mirando un rato las fotos, mirando cómo peleaban los pibes, y después hizo guantes y bolsa. No habló con nadie”, cuenta Fernando Albelo, entrenador del lugar. Así que el viejo Bob, mientras le pegaba a la bolsa, pudo disfrutar de eso que tanto le gusta y, según ha dicho, ya no recordaba cómo era: que nadie le reconozca.
El martes decidió ir por tierra hasta Rosario, para poder ver algo del paisaje local, tocó en el Hipódromo de la ciudad, volvió y el miércoles, bien temprano, dejó el Four Seasons para seguir con su Never Ending Tour en el Hotel Conrad de Punta del Este. Todos esperaban que se alojara allí mismo, en el Conrad (incluso la gente del hotel), pero Bob prefirió quedarse en un lugar donde no fuera localizable. Durmió en el Aqua, un lugar cerca de la playa Mansa, muy onda desing, con pileta panorámica y cañas de bambú, al que no es fácil acceder. Para el camarín pidió comida orgánica y café Starbucks, pero tuvieron que explicarle que no, que su cadena favorita todavía no abrió ninguna sucursal en América Latina (explicación que ya le habían dado en Argentina). Después, distintas fuentes aseguraron que salió a andar en bicicleta por Punta del Este vestido de mujer, aunque resulte incomprobable y, además, qué necesidad: con una gorra y lentes oscuros alcanzaba. Es más fácil imaginárselo dentro de un auto con vidrios polarizados, yendo por la ruta que bordea el mar, con alguna canción sonando en el estéreo, alejándose sin dejar rastros, sin ninguna dirección.
Fuente: Rolling Stone. 10 años. Abril 2008. Año 11. Número 121.


You Tube: el tesoro del pirata

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You Tube: el tesoro del pirata. Mannish Boy
Por: Bartolomé Leal

Navegando por la red con el fin de apoyar un artículo que escribo (para La Ramona) sobre Richard Wright, el monumental narrador afroamericano; más concretamente, buscando la interpretación de Mannish Boy que hiciera célebre Muddy Waters, me fui a You Tube. ¡Maravilla! Allí estaba justamente la versión que yo había disfrutado, la de la película The Last Waltz, dirigida por Martin Scorsese, acerca del último concierto (25 de noviembre de 1976) de The Band, la agrupación que cambió la historia de la música al asociarse con Bob Dylan. En ese concierto actuaron muchos grandes del rock y del blues. No puedo dejar de mencionar, aparte de Muddy Waters, a Eric Clapton, a Dr. John, al propio Bob Dylan, a Neil Young, al poeta Lawrence Ferlinghetti…
Pero encontré mucho más, como por ejemplo la versión que en 1981 el mismo Waters hizo con los Rolling Stones de esta canción, que contiene el verso I’m a Rolling Stone, que dio el nombre al grupo. Los intercambios entre Muddy Waters y Mick Jagger mientras cantan, son de un sutil humor. También disfruté allí de una grabación de 1960, en el Festival de Newport, con Waters cantando Rolling Stone, un blues que prefigura a Mannish Boy en espíritu y letra. Sin embargo, no fue el sólido Muddy Waters el primero en lanzar este tema, sino Bo Didley, el mítico rocanrolero de los 50, que lo hizo con el título de I’m a Man. En You Tube se puede escuchar el registro original y ver el número que Didley creó en 1989, en Locarno. Este a ratos olvidado precursor del punk y del metal toca siempre con alguna de sus famosas guitarras de latón, instrumento casero de tantos cantantes negros pobres, muchos de ellos delincuentes. Bo Didley fue uno de los primeros también en apuntar con su guitarra al público, en fálica provocación. Y él es quien difundió la original canción You Can’t Judge a Book by its Cover, de 1965, todo un manifiesto. Tal como su gesto característico de saludar con el puño izquierdo en alto.
Hay más. Muddy Watters ha popularizado otro blues titulado Hoochie Coochie Man, que es de alguna manera una recreación de Mannish Boy, y también deriva de una frase de este último tema. En You Tube se puede ver las interpretaciones en vivo que Waters hizo en los Festivales de Newport de 1960 y 1970. La búsqueda me llevó a una versión de 1989, donde Waters es acompañado de Willie Dixon, el prolífico compositor de éste y otros clásicos del blues de Chicago. Pero tal vez lo más extraordinario es un video, aparentemente grabado en Alemania a mediados de los 50, donde Muddy Waters toca, acompañado por Sonny Boy Williamson II en armónica, el pegajoso tema Got my mojo workin’. Es interesante comparar esta interpretación de Waters con otra suya de los años 60, también disponible en You Tube, esta vez con el entonces joven Paul Oscher, un blanco que toca la armónica de blues como los dioses.
En otro clip se puede ver a Eric Clapton cantando Hoochie Coochie Man en vivo hace poco, el 2004 en New York, con su estilo elegante, cool y pulido, la negritud bastante ausente pero no así la musicalidad del exquisito guitarrista inglés. La interpretación agarra bastante vuelo hacia el final, en todo caso. Una curiosidad: un usuario de You Tube subió una interpretación alucinante del tema Hoochie Coochie Man, nada menos que por Steppenwolf, grabada en el 2003 en Canadá. Por cierto, John Kay, su líder y único sobreviviente de la banda, se luce con la armónica en esta grabación. No es la banda poderosa de los años 60 y 70, pero Kay sabe lo suyo. Y si nos quedamos con Steppenwolf, se pueden disfrutar en You Tube los temas Rock me Baby, The Pusher, Sookie Sookie (un video de la revista Playboy donde aparecen Mr. H.H. y varias de sus nenas, meneándose estilo 1968), For Ladies Only y otras piezas clásicas. Impagable es el clip de Born to Be Wild, que combina una grabación de estudio con imágenes de la película Easy Rider. Se ve aquí con claridad la disciplina de este grupo, compuesta por músicos de origen alemán, una de las más eficaces máquinas rítmicas de la historia del rock. Hay otro video de fines de los 60, hecho en Alemania con el mismo tema, donde destaca un magnífico solo de órgano. Y no se pierdan el notable video sicodélico de uno de los potentes hits de Steppenwolf, Magic Carpet Ride, de 1968.
[Fuente: www.ecdotica.com]


Dylan en los institutos británicos

Bob Dylan, junto a Shakespeare en los institutos británicos
Por Ignacio Serrano Ruiz Madrid.

Michelle Pfeiffer, en la película «Mentes Peligrosas», proponía a un grupo de ingobernables alumnos una particular lección: poesía de Bob Dylan. Esta escena, en la que la profesora conseguía atraer la atención de sus atónitos pupilos con sólo nombrar al poeta del rock, dejará de ser únicamente cinematográfica. Y ya era hora.
Después de que críticos musicales y literarios alabasen su obra filarmónica y poética, y de que cientos de pensadores y periodistas reconociesen su colosal influencia en la cultura del siglo XX, Bob Dylan, como Shakespeare o Milton, será materia de estudio en los institutos de toda Gran Bretaña.
Aunque no ha trascendido la opinión del creador de «Blowin´ In The Wind», probablemente se habrá sentido halagado, pues ha sido un devorador de libros de poesía desde su juventud. No en vano, adoptó su nombre artístico -nació como Robert Allen Zimmerman- en homenaje a uno de sus escritores favoritos: Dylan Thomas.
Las autoridades británicas han puesto en marcha el denominado «Bob Dylan Education Pack», un plan pedagógico cuyo nombre hubiera hecho temblar a los padres de los jóvenes que soltaron su melena durante el verano del amor, pero que ahora sólo unos pocos puristas de la poesía rechazan. Algunas de las canciones más elaboradas -líricamente- por Dylan, como «I Dreamed I Saw St. Augustine», «A Hard Rain´s A-Gonna Fall» o «Three Angels» serán analizadas y comentadas en todos los institutos británicos, seguramente con más disciplina que en los acid-tests y demás reuniones de la tropa beatnik y hippy, que ya hace cuarenta años practicaba con fruición el estudio de éste y otros cantautores de la cresta de la ola artística de los sesenta.
Estudiar e imitar
Según la web anglosajona «Music-News», los profesores han sido instados a proponer en clase la realización de una composición musical -tipo balada, quizá temerosos de que aquello acabe en juerga generalizada- basada en el estilo dylaniano como colofón de las actividades planteadas con motivo del Día Nacional de la Poesía.
Algunos británicos se han tomado a broma la iniciativa, y se han declarado totalmente en su contra. Haciendo gala de su gran intelecto, afirman que es «un intento vano de hacer divertida la poesía». Otros consideran que los motivos para rechazar el protagonismo del legendario músico estadounidense en esta jornada de homenaje a la poesía -que se celebrará el próximo 4 de octubre- residen simplemente en que «no es la elección adecuada, pues Dylan no es realmente un poeta». Sin embargo, esta sorprendente idea de la administración también cuenta con apoyos procedentes del establishment literario. Uno de los poetas más reputados de Gran Bretaña, Andrew Motion, ha recibido con entusiasmo la propuesta, y ha declarado que «estudiar las letras de Bob Dylan podría ayudar a esa gente que encuentra la poesía difícil, desfasada o irrelevante». Para Motion, «Dylan es único en esa extraordinaria combinación de maravillosas melodías envueltas en letras muy interesantes».


I’m not there

Las múltiples caras de Bob Dylan
La Mostra proyecta ‘I’m not there’, un recorrido por la historia de EE UU y la vida del músico de Minnesota
EFE - Venecia - 04/09/2007
La biografía del músico estadounidense Bob Dylan, la historia de un mafioso italiano y la vida de un joven taiwanés, repartida entre el sexo, la depresión y la psicodelia, se han convertido hoy en las películas protagonistas del festival.
El primero de estos filmes, I’m not there, de Todd Haynes, enseña la vida de Dylan a través de múltiples protagonistas, entre ellos Richard Gere, la estrella del día en Venecia. La cinta es un recorrido por la historia de EE UU en el siglo XX.
El personaje de Gere, representa la América tradicional, la apegada a la tierra, la más rural y conservadora. “¿Quién es mi personaje? Es Billy the Kid, pero es un arquetipo. Y es un arquetipo también artístico”, ha explicado Gere en la rueda de prensa de presentación de la película.
Otro protagonista es un niño negro, interpretado por Marcus Franklin, que simboliza el racismo, pero también la aportación musical que esa minoría ha hecho a la historia del país, empezando por el blues, del que a su vez mama Dylan. Y así hasta completar los siete personajes, uno de ellos, el del Dylan de los años 1964 y 1965, interpretado por la actriz Cate Blanchett.
Un expansión sobre Dylan
La caracterización e imitación de la voz del cantautor hacen pasar a Blanchett por el mismo Dylan, lo que sin duda ha sido uno de los aciertos de Haynes. En la rueda de prensa, Haynes ha comentado que la película es “una expansión sobre Bob Dylan y su obra y no una reducción, como han pretendido muchos” y señaló que, quizá por ello, obtuvo permiso de Dylan para esta biografía filmada.
“Es imposible reducir a alguien tan grande y que ha luchado toda su vida por saber quién es”, agregó el director, autor de “Safe” (1994) y “Far from Heaven” (2002). Se trata así de la primera biografía autorizada sobre la vida de Dylan, Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2007.
La segunda película en concurso proyectada hoy es Il dolce e il amaro, que narra la historia del hijo de un mafioso y de cómo, sin darse cuenta él, termina por ser también un miembro de la Cosa Nostra. Como no podía ser de otra forma, el director es italiano, Andrea Porporati.
La tercera película proyectada hoy ha sido la taiwanesa Bangbang wo aishen (Help me eros), de Lee Kang Sheng, y tiene una aspiración más escandalizadora que provocadora, con escenas de alimentos, cocina y sexo que procuran provocar el asco, en medio de la psicodelia de las discotecas de la década de los años 2000. “Es una película autobiográfica”, ha asegurado Kang Sheng en una rueda de prensa en la que explicó que ha querido representar “la juventud de Taiwán y la del mundo entero, que vive bajo una gran presión, sobre todo del tiempo”.


Travelling Willburys

Big banda
(Rescate con bonus tracks y una home movie del genial super grupo Travelling Willburys, de bajo perfil y alta performance)
The travelling Willburys fue probablemente el más grande de los supergrupos, pero a diferencia de los dinosaurios que originaron la palabra a fines de los 60, su música era casual y sin pretensiones, y las grandes estrellas que lo integraban se ocultaban tras nombres supuestos. En eso radica precisamente buena parte de su encanto. George Harrison, Bob Dylan, Roy Orbison, Tom Petty y Jeff Lyne (el cerebro de ELO) se juntaron con la intención de grabar un lado B para un single de Harrison que había editado el exitoso Cloud Nine, y el resultado fue “Handle with care”, una canción tan buena que los movió a seguir adelante y completar el álbum. El disco fue compuestyo y grabado a razón de un tema por día, en el estudio casero de Dave Stewart, con los cinco grande (más Jim Keltner en batería) cantando, componiendo, tocando guitarras y produciendo, y tiene una magia difícil de superar. Travellin Wildburys Vol. 1 se editó en 1988, y los hits “Handle with care” y “End of the line” son sólo la frutilla sobre la torta, ya que está repleto de canciones memorables como “Not alone Anymore”, con una gran performance vocal de Orbison (que moriría pocos meses después, justo cuando el álbum estaba en la cima de los charts). Sin desanimarse, George, Bob, Tom y Jeff se reagruparon en 1990 para grabar una secuela, que se edito como Travelling Willburys Vol. 3, un chiste que es también un homenaje a Orbison (quien tendría que haber participado en el inexistente “Volumen 2″). El disco no alcanza el brillo del primero, pero por pocos puntos. Aquí la composición está más dominada por Dylan y Petty, y en consecuencia el trabajo tiene un sabor más rootsy (de raíz), empapado de rock y folk. Entre los clásicos incluidos están el poderoso rocker “She’s my baby” (con solo de Gary Moore) y el delicioso doo-wop “New Blue Moon”. Inexplicablemente, los álbunes están descatalogados durante casi quince años, sin edición oficial en CD. La edición se corrige en Collection, que incluye ambos volúmenes remasterizados (con un par de bonus tracks cada uno, que son tan buenos como las demás canciones) y un DVD que contiene todos los videos y una hermosa home movie, titulada The True History of the Travellin Willburys, que nos permite meternos en el estudio y espiar a estos grandes trabajando y divirtiéndose como chicos.
[Tomado de Rolling Stone. Número 113. Año 10]


Bob Dylan busca dobles

Bob Dylan busca dobles en Internet para rodar un videoclip
El cantautor estadounidense Bob Dylan busca, a través de un anuncio en Internet, dobles suyos de todas las edades para que lo acompañen en el que será su nuevo videoclip, que se empezará a rodar este martes en Nueva York.
El autor de temas como ‘Blowin’ in the Wind’ y ‘Like a Rolling Stone’ ha optado por colgar un anuncio en una de las páginas de anuncios clasificados más famosas de EEUU, http://www.craigslist.org, para encontrar a sus dobles.
‘Buscamos dobles de Bob Dylan, de todas las edades, que midan entre 1,74 y 1,79 metros. Si crees que te pareces Dylan, tienes su mismo estilo o, gracias al coche hippy o la ropa que has guardado, podrías haber vivido en los sesenta, queremos saber de ti’, asegura el anuncio.
El objetivo es localizar en Nueva York a esos clones del premio Príncipe de Asturias de las Artes 2007 y realizar una audición para determinar quiénes aparecerán en la creación musical, que servirá para presentar ‘Dylan’, la gran antología del músico que se publicará el 1 de octubre.
El anuncio, además, alienta a los interesados a llevar consigo cualquier objeto de los sesenta que tengan en sus manos, desde ropa a automóviles, que puedan ser utilizados como atrezzo para la filmación, dice el sitio web.
También se buscan hombres y mujeres de entre 20 y 40 años, que sean seguidores del cantante de Minesota, para que aparezcan en el videoclip, pero deben cumplir la condición de tener un estilo adecuado al de los años sesenta, setenta y ochenta.
‘Hippies, bailadores de música dance o punks’, señala el anuncio, que invita a los interesados a enviar una fotografía actual y su información de contacto a una dirección de correo electrónico creada para la ocasión.


Centinelas y canciones

Cantinelas y canciones

Por Rodrigo Fresán

Desde Barcelona

UNO A veces pasa. A veces una buena noticia se las arregla para taparle la boca y enmudecer al ruido blanco de tanta cantinela. Y así, por unos instantes, se atenúa el fragor de Rajoy/Zapatero y Barça/Real Madrid y Alonso/Hamilton y todo eso (símiles y variaciones atruenan en cada rincón del mundo, cambian los apellidos y los equipos, pero la intención y los resultados son exactamente los mismos) y sólo se oye una voz que sólo se parece a sí misma y que ya desde varias décadas viene montando un sonido delgado y mercurial. Es entonces cuando, por fin, las canciones vencen a las cantinelas.

DOS Y la buena nueva es que a Bob Dylan le han dado el premio Príncipe de Asturias de las Artes y las Letras. Una de esas ocasiones en las que, en realidad, es el histórico premiado quien premia al premio por dignarse entrar en su historia. Y qué decir después de haber dicho tanto sobre el sujeto en cuestión. Mejor, pienso, que diga él. Aquí van, frases sueltas pero unidas por un mismo credo:“Yo no soy lo que importa. Lo que importa son las canciones. Yo soy apenas el cartero. Yo soy el que entrega las canciones.” “La gente podría saber todo sobre mí a través de mis canciones, pero hay que saber dónde buscarlo.” “Mis canciones no son otra cosa que yo hablando conmigo mismo. Tal vez suene egoísta, pero así son las cosas.” “Compuse las canciones porque necesitaba interpretar las canciones. Y estaban escritas en un idioma que yo jamás había oído.” “Si no pueden comprender mis canciones se están perdiendo de algo. Si no pueden entender los relojes verdes, sillas mojadas, lámparas púrpuras o estatuas hostiles, también se están perdiendo de algo.” “Cualquier idiota puede escribir canciones. Si me vieran a mí escribir una canción se darían perfectamente cuenta de lo que quiero decir.” “En realidad no importa de dónde viene una canción. Lo único que importa es a dónde te lleva.”

TRES Dylan como artista y Dylan como leyenda, a sus 65 años de edad biológica, se encuentra en un momento y en un sitio y en un sitial envidiable. No hay colega contemporáneo o sangre joven que no jure por su nombre. Y su público –con quien por momentos compartió una de las relaciones más complejas en el mejor sentido de la palabra– lo sigue donde vaya y esperan y decodifican sus nuevos discos, otra vez, como en los años ’60, con la misma pasión que otros dedicaron al Libro de las Revelaciones. Esa tan épica como graciosa voz en off de locutor solemne que, en el arranque de sus conciertos, intenta en vano resumir la ajetreada trayectoria del “Columbia Recording Artist Bob Dylan” apenas roza la punta del iceberg o, mejor dicho, la superficie del glaciar. Porque Dylan tiene tanto arriba como por debajo de su línea de flotación. Y, a la hora de la verdad, por encima de todo, lo que prima es la inapelable calidad y cantidad de su obra. Para ponerlo en las palabras del cantautor Arlo Guthrie, hijo de Woody, palabras que podrían ser las de todo songwriter nacido y crecido bajo su encandiladora luz y su intimidante sombra: “Escribir canciones es como pescar en un arroyo; arrojas el anzuelo y te sientas a esperar que algo muerda. El problema es que con Dylan pescando corriente arriba nadie atrapa nada aquí abajo”. Palabras que, cuando se las comentaron a Dylan, provocaron una sonrisa y un suspiro y un “Bueno, el secreto está en la carnada”.

CUATRO Y ya es mucho tiempo el que las canciones llevan mordiendo el anzuelo de Dylan para que luego nosotros mordamos esas canciones y quedemos enganchados en y con ellas para siempre.El actor y dramaturgo y compañero de carretera Sam Shepard describió con precisión la imposibilidad de precisar esta fascinación: “Dylan se ha inventado a sí mismo. Se ha creado de la nada. Es decir, a partir de las cosas que tenía a su alrededor y dentro suyo. Dylan es una invención de su propia mente. La cuestión no pasa por comprenderlo sino por asimilarlo… No es el primero en haberse inventado a sí mismo, pero es el primero en haber inventado a Dylan. Nadie lo inventó antes que él. O después”. Y que sigan hablando otros. En su libro Dylan’s Visions of Sin, el académico y ensayista Christopher Ricks se refiere –en una juguetona pirueta espacio-temporal– a William Shakespeare como a “ese escritor dylanesco”. Semejante adjetivo indignará a los puristas pero –si se trata de poner obra contra obra y misterio contra misterio– lo cierto es que no suena fuera de lugar o de proporción. Greil Marcus y el novelista Don DeLillo en una reciente conversación publicada por el mensuario The Believer se ocupan del asunto. “Se creó a sí mismo, como Lawrence de Arabia, como alguien que no era pero aún así sí que lo es. Alguien que se convierte en una figura para la que no pasa el tiempo porque atraviesa las épocas. Alguien que, en su actuación y cambios, nos enseña a ver las diferentes posibilidades de las diferentes eras”, apunta Marcus. Dice allí DeLillo: “La historia de Dylan es la historia de la Identidad Norteamericana… La historia de un sobreviviente… Lo grande de Dylan es que la suya es una historia tan norteamericana y él es un artista tan norteamericano. Dylan es norteamericano de una manera mucho más importante en la que los Beatles o los Stones son ingleses… Dylan es una de esas raras personas que acaba ejemplificando su arte en su persona. Me parece extraordinario que todavía esté donde está luego de más de cuarenta años. Es algo muy difícil de lograr y algo casi imposible de conseguir para un músico de rock. Los escritores lo pueden hacer muy de vez en cuando. ¿Es Dylan la única figura a la que podemos imaginar haciendo esto? ¿Va a seguir haciéndolo?”

CINCO La respuesta parece ser sí. El año pasado declaró sentirse “apenas a mitad de camino”. Y buena noticia dentro de la buena noticia: Dylan tendrá que venir –es condición– a recoger el premio en octubre, lo que significa que –como nunca da puntada sin hilo– tendremos nueva gira por estos lados. Allí estaremos, comprobando otra vez aquello que dijo él: “La gente dice que nunca hablo en mis conciertos. ¿Pero qué hay para decir? Esa no es la razón por la que un artista se planta frente al público. Un artista está allí con un propósito diferente… Es algo arriesgado, hombre”. “Yo no tengo un rebaño de astrólogos diciéndome lo que va a suceder. Yo tan sólo me limito a hacer un movimiento y después otro, esto conduce a aquello.” “El destino es la sensación de que sabes algo sobre ti mismo que el resto del mundo ignora. La imagen de ti mismo que tienes en la mente acaba por hacerse realidad. En cierto modo es algo que debes mantener en secreto, porque es un sentimiento frágil, y si lo sacas a la luz, alguien lo destrozará. Más vale guardar todo eso dentro de uno.” “Soy un firme creyente en la idea de que cuanto más vives mejor te pones. Puedes utilizar una canción para hacer cualquier cosa, ¿sabes?”

Sí, lo sabía, lo sabíamos. Y gracias por haberlo hecho y seguir haciéndolo mientras, afuera, soplan y suenan –un poco más bajo– las cantinelas de ese viento idiota.


Bob Dylan obtiene premio Príncipe de Asturias

Bob Dylan obtiene premio Príncipe de Asturias de las Artes 2007Por Blanca RodríguezMADRID (Reuters) - El legendario músico estadounidense Bob Dylan fue galardonado el miércoles con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2007, por ser un “mito viviente en la historia de la música popular y faro de una generación que tuvo el sueño de cambiar el mundo.”Considerado el mayor poeta del rock, Dylan, de 66 años, ha sido reconocido como una de las mayores influencias musicales del siglo XX, además de encarnar el movimiento antibelicista de la década de 1960. Entre sus éxitos destacan temas como “Blowing in the wind” y “Like a rolling stone.”“Austero en las formas y profundo en los mensajes, Dylan conjuga la canción y poesía en una obra que crea escuela y determina la educación sentimental de muchos millones de personas,” dijo José Lladó, presidente del jurado reunido en Oviedo.Dylan, nacido como Robert Zimmerman en una familia judía de clase media en Minnesota, sacó en el 2006 su primer disco en cinco años, “Modern Times.” En su fallo, el jurado subrayó su papel como “fiel reflejo del espíritu de una época que busca respuestas en el viento para los deseos que habitan en el corazón de los seres humanos.”El cantante y compositor, que también es escritor, cineasta y actor, ha cambiado su nombre, religión y estilo musical a lo largo de su extensa carrera, que ha producido casi 50 álbums y cientos de canciones.La Fundación Príncipe de Asturias abrió la semana pasada la temporada de premios con el anuncio de la concesión del galardón de Cooperación Internacional al ex vicepresidente de Estados Unidos Al Gore.Cada año se entregan ocho premios, que están dotados con 50.000 euros y una escultura creada y donada expresamente por Joan Miró.Quedan por entregarse los correspondientes a Comunicación y Humanidades; Investigación Científica y Técnica; Letras; Ciencias Sociales; Deportes y Concordia.La ceremonia de entrega se celebrará en el otoño español en el Teatro Campoamor de Oviedo y estará presidida por los Príncipes de Asturias. 




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