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	<title>Ecdotica &#187; Carta</title>
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	<description>Noticias literarias, descarga de libros gratuitos, selección de cuentos de manera mensual</description>
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		<title>Carta al Tío de la mina escrita por Víctor Montoya</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Mar 2010 14:43:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Carta]]></category>

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		<description><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/03/El-Tío-foto-de-Stanislas-de-Lafon1.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/03/El-Tío-foto-de-Stanislas-de-Lafon1.jpg" alt="" title="El Tío, foto de Stanislas de Lafon" width="402" height="273" class="aligncenter size-full wp-image-2734" /></a></center><br />
<strong>El Tío de la mina<br />
Por: Víctor Montoya </strong></p>
<p>Querido Tío:</p>
<p>En esta fotografía, captada en el interior de la mina, destaca tu estatuilla de greda en medio de las ofrendas que te dejaron los mineros, quienes, sentados en los <em>callapos*</em> de la galería, <em>pijcharon</em> en tu presencia, suplicándote que les concedas el filón más rico de estaño y les protejas de las enfermedades y los peligros. Las botellas de aguardiente son para aplacar tu sed y rendirte culto, pero también para <em>ch’allar</em> en honor a la Pachamama, la divinidad andina que no se ve pero que guarda las riquezas en sus entrañas. </p>
<p>Si te miro de cerca, escrutando los detalles de tu imagen, veo que tienes la nariz y la boca ennegrecidas por el humo de los <em>k’uyunas</em>, los ojos redondos como canicas de cristal, los brazos ligeramente flexionados y el cuerpo cubierto con confetis y serpentinas. En realidad, si hablamos con propiedad, diríamos que tienes el rostro más desfigurado que <strong><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/El_fantasma_de_la_opera">El Fantasma de la Opera</a></strong> y el cuerpo más contrahecho que un monstruo con cola y cuernos. Quizás por eso vives desterrado en la zona más sombría y profunda de la mina, cuyas galerías no son el reino de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Hades">Hades</a> ni el infierno de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Dante">Dante</a>, sino un recinto tenebroso sólo conocido por los trabajadores del subsuelo, donde los devotos te temen más que a Dios y los supersticiosos te veneran más que a la Virgen del Socavón.</p>
<p>Por otro lado, según la versión católica, eres el ángel celestial que, por haberte rebelado contra la voluntad suprema de tu Creador, fuiste condenado a sufrir un castigo eterno entre las llamas del infierno. Pero tú, generador de beneficios y maleficios, no llegaste ni siquiera hasta las puertas del purgatorio; preferiste amalgamarte con el <em>Huari</em> y el <em>Supay</em> de la mitología andina, hacerte llamar <em>Thiula</em> y meterte en los socavones de la mina, en cuyas tinieblas instalaste tu trono y tu reino. Desde entonces eres el dueño de los minerales y el amo de los mineros, quienes, en actitud de sumisa veneración, te rinden pleitesía al entrar y al salir de la mina, tributándote hojas de coca, <em>k’uyunas</em> y botellas de aguardiente, sin más intención que manifestarte su fe y cariño, y pactar contigo en una suerte de ritual milagroso. Aunque eres un ser ambivalente, mezcla del Bien y del Mal, ejerces una influencia decisiva sobre la vida de los habitantes del altiplano, donde te atreviste a medir tus fuerzas satánicas con las fuerzas divinas de Dios.</p>
<p>En vísperas del <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Carnaval_de_oruro">Carnaval</a>, los mineros <em>ch’allan</em> tu cueva, adornan tu cuello con serpentinas y arrojan puñados de confetis y confites alrededor de tu trono, donde tú estás sentado, viendo cómo te miran el pene largo, grueso y erecto. Después te disfrazas de Lucifer y sales de la mina, con la alegría de bailar en la fraternidad de los diablos, bebiendo los tragos que te ofrece la gente y enamorándote de las doncellas más hermosas que, en honor a tu esposa perversa (la <em>Chinasupay</em>), se disfrazan de diablesas; botines de tacos altos, polleras cortas, blusas vaporosas y chaquetas drapeadas con saurios, arácnidos y batracios. Las diablesas tienen la máscara con ojos saltones y pestañas largas, pómulos de granate y labios sensuales, tan sensuales que, además de esbozar una sonrisa tentadora, dejan entrever una hilera de dientes engastados con piedras preciosas. </p>
<p>Tú bailas al compás de la música de tamboreros, platilleros y <em>lataphukus</em>, arrastrando el aire con tu capa de terciopelo y tu cetro de mando, mientras las diablesas, acosadas por los <em>jukumaris</em> y <em>mallkus</em>, coquetean alrededor del arcángel San Miguel, enseñándole el contorno de las piernas y cubriéndose las tetas con sus cabelleras recogidas en trenzas. Tu traje de Lucifer, que parece hecho de luces y de sueños, es uno de los indumentos más envidiables del Carnaval orureño, donde todos te miran y admiran desde el fondo del espanto. Tu capa de terciopelo, lujosamente bordada con hilos de oro y plata, está adornada con víboras, lagartos y dragones; en cambio tu faldellín y tu pechera, salpicados de botones, lentejuelas y cristales, tienen figuras ornamentadas con relumbrante pedrería; tus botas y tus guantes lucen relieves de sapos, arañas y alacranes; mientras los pañolones que llevas al cuello, confundiéndose con tu larga cabellera, son adornos que flotan al aire como ramilletes de flores; tu máscara, deformada hasta el límite del horror, tiene la nariz estallada, las orejas puntiagudas y los dientes feroces; tus ojos, grandes y rotativos como los de un camaleón, desprenden colores vivos en el día y luces fosforescentes en la noche. Y para infundir miedo y respeto entre tus súbditos, llevas una serpiente de tres cabezas entre los cuernos alambicados de tu frente.  </p>
<p>Pasado el Carnaval, en cuyo ámbito maravilloso te entregas por completo al baile, al amor y al alcohol, vuelves a entrar en las tinieblas de la mina, donde no eres más el Lucifer sino el Tío protector de los mineros. Ellos te consideran el sincretismo cultural entre la religión católica y el paganismo ancestral, no sólo porque formas parte de una leyenda que gira en torno a la mina y sus asuntos, sino también porque eres un ser mítico capaz de esclavizar y liberar a los hombres con tus poderes mágicos.</p>
<p>Por lo demás, ahora que vuelvo a mirar tu imagen, tengo la horrible sensación de que me persigues como si fueras mi propia sombra; a veces estás más cerca de mí que <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Mefistofeles">Mefistófeles</a> de<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Fausto"> Fausto</a> y siento que quieres hacerme caer en la tentación, induciéndome a cometer pecados horrorosos de los que no me salvaría ni la muerte. Asimismo, en el misterioso laberinto de los sueños, asumo tu imagen para hablar con voz de diablo, como si de veras existieras en la realidad y no sólo en la fantasía de quienes, acosados por el miedo y la superstición, te imaginan más peligroso que el dragón y más feroz que el Minotauro, mitad bestia y mitad humano.</p>
<p><strong>Glosario</strong><br />
Callapos: <em>Troncos de árbol. Escalón de mina.</em><br />
Ch’allan: <em>Celebran un acontecimiento rociando con alcohol, chicha o cerveza. Ofrenda o sacrificio en honor al Tío.</em><br />
Chinasupay: <em>Diablesa. Deidad y esposa del Tío.</em><br />
Huari: <em>Deidad mitológica en la civilización de los urus, protector de los auquénidos y personaje simbolizado por el Tío de la mina. </em><br />
Jukumaris: <em>Osos. Simbolizan la fuerza del pueblo andino, pero también la penetración europea en el territorio de los urus.</em><br />
K’uyunas: <em>Cigarrillos con envoltura rústica.</em><br />
Mallkus: <em>Cóndores. </em><br />
Pachamama: Madre Tierra. Divinidad de los Andes.<br />
Pijcharon: <em>Mascar coca.</em><br />
Lataphukus: <em>Soplalatas, personas que ejecutan instrumentos musicales de viento hechos de metal.</em><br />
Supay: <em>Diablo.</em><br />
Thiula: <em>Tío.</em><br />
Tío: <em>Deidad. Diablo y dios tutelar que habita en el interior de la mina&#8230; Los mineros le temen y le rinden pleitesía, ofrendándole hojas de coca, cigarrillos y aguardiente.</em></p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/03/El-Tío-foto-de-Stanislas-de-Lafon1.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/03/El-Tío-foto-de-Stanislas-de-Lafon1.jpg" alt="" title="El Tío, foto de Stanislas de Lafon" width="402" height="273" class="aligncenter size-full wp-image-2734" /></a></center><br />
<strong>El Tío de la mina<br />
Por: Víctor Montoya </strong></p>
<p>Querido Tío:</p>
<p>En esta fotografía, captada en el interior de la mina, destaca tu estatuilla de greda en medio de las ofrendas que te dejaron los mineros, quienes, sentados en los <em>callapos*</em> de la galería, <em>pijcharon</em> en tu presencia, suplicándote que les concedas el filón más rico de estaño y les protejas de las enfermedades y los peligros. Las botellas de aguardiente son para aplacar tu sed y rendirte culto, pero también para <em>ch’allar</em> en honor a la Pachamama, la divinidad andina que no se ve pero que guarda las riquezas en sus entrañas. </p>
<p>Si te miro de cerca, escrutando los detalles de tu imagen, veo que tienes la nariz y la boca ennegrecidas por el humo de los <em>k’uyunas</em>, los ojos redondos como canicas de cristal, los brazos ligeramente flexionados y el cuerpo cubierto con confetis y serpentinas. En realidad, si hablamos con propiedad, diríamos que tienes el rostro más desfigurado que <strong><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/El_fantasma_de_la_opera">El Fantasma de la Opera</a></strong> y el cuerpo más contrahecho que un monstruo con cola y cuernos. Quizás por eso vives desterrado en la zona más sombría y profunda de la mina, cuyas galerías no son el reino de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Hades">Hades</a> ni el infierno de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Dante">Dante</a>, sino un recinto tenebroso sólo conocido por los trabajadores del subsuelo, donde los devotos te temen más que a Dios y los supersticiosos te veneran más que a la Virgen del Socavón.</p>
<p>Por otro lado, según la versión católica, eres el ángel celestial que, por haberte rebelado contra la voluntad suprema de tu Creador, fuiste condenado a sufrir un castigo eterno entre las llamas del infierno. Pero tú, generador de beneficios y maleficios, no llegaste ni siquiera hasta las puertas del purgatorio; preferiste amalgamarte con el <em>Huari</em> y el <em>Supay</em> de la mitología andina, hacerte llamar <em>Thiula</em> y meterte en los socavones de la mina, en cuyas tinieblas instalaste tu trono y tu reino. Desde entonces eres el dueño de los minerales y el amo de los mineros, quienes, en actitud de sumisa veneración, te rinden pleitesía al entrar y al salir de la mina, tributándote hojas de coca, <em>k’uyunas</em> y botellas de aguardiente, sin más intención que manifestarte su fe y cariño, y pactar contigo en una suerte de ritual milagroso. Aunque eres un ser ambivalente, mezcla del Bien y del Mal, ejerces una influencia decisiva sobre la vida de los habitantes del altiplano, donde te atreviste a medir tus fuerzas satánicas con las fuerzas divinas de Dios.</p>
<p>En vísperas del <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Carnaval_de_oruro">Carnaval</a>, los mineros <em>ch’allan</em> tu cueva, adornan tu cuello con serpentinas y arrojan puñados de confetis y confites alrededor de tu trono, donde tú estás sentado, viendo cómo te miran el pene largo, grueso y erecto. Después te disfrazas de Lucifer y sales de la mina, con la alegría de bailar en la fraternidad de los diablos, bebiendo los tragos que te ofrece la gente y enamorándote de las doncellas más hermosas que, en honor a tu esposa perversa (la <em>Chinasupay</em>), se disfrazan de diablesas; botines de tacos altos, polleras cortas, blusas vaporosas y chaquetas drapeadas con saurios, arácnidos y batracios. Las diablesas tienen la máscara con ojos saltones y pestañas largas, pómulos de granate y labios sensuales, tan sensuales que, además de esbozar una sonrisa tentadora, dejan entrever una hilera de dientes engastados con piedras preciosas. </p>
<p>Tú bailas al compás de la música de tamboreros, platilleros y <em>lataphukus</em>, arrastrando el aire con tu capa de terciopelo y tu cetro de mando, mientras las diablesas, acosadas por los <em>jukumaris</em> y <em>mallkus</em>, coquetean alrededor del arcángel San Miguel, enseñándole el contorno de las piernas y cubriéndose las tetas con sus cabelleras recogidas en trenzas. Tu traje de Lucifer, que parece hecho de luces y de sueños, es uno de los indumentos más envidiables del Carnaval orureño, donde todos te miran y admiran desde el fondo del espanto. Tu capa de terciopelo, lujosamente bordada con hilos de oro y plata, está adornada con víboras, lagartos y dragones; en cambio tu faldellín y tu pechera, salpicados de botones, lentejuelas y cristales, tienen figuras ornamentadas con relumbrante pedrería; tus botas y tus guantes lucen relieves de sapos, arañas y alacranes; mientras los pañolones que llevas al cuello, confundiéndose con tu larga cabellera, son adornos que flotan al aire como ramilletes de flores; tu máscara, deformada hasta el límite del horror, tiene la nariz estallada, las orejas puntiagudas y los dientes feroces; tus ojos, grandes y rotativos como los de un camaleón, desprenden colores vivos en el día y luces fosforescentes en la noche. Y para infundir miedo y respeto entre tus súbditos, llevas una serpiente de tres cabezas entre los cuernos alambicados de tu frente.  </p>
<p>Pasado el Carnaval, en cuyo ámbito maravilloso te entregas por completo al baile, al amor y al alcohol, vuelves a entrar en las tinieblas de la mina, donde no eres más el Lucifer sino el Tío protector de los mineros. Ellos te consideran el sincretismo cultural entre la religión católica y el paganismo ancestral, no sólo porque formas parte de una leyenda que gira en torno a la mina y sus asuntos, sino también porque eres un ser mítico capaz de esclavizar y liberar a los hombres con tus poderes mágicos.</p>
<p>Por lo demás, ahora que vuelvo a mirar tu imagen, tengo la horrible sensación de que me persigues como si fueras mi propia sombra; a veces estás más cerca de mí que <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Mefistofeles">Mefistófeles</a> de<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Fausto"> Fausto</a> y siento que quieres hacerme caer en la tentación, induciéndome a cometer pecados horrorosos de los que no me salvaría ni la muerte. Asimismo, en el misterioso laberinto de los sueños, asumo tu imagen para hablar con voz de diablo, como si de veras existieras en la realidad y no sólo en la fantasía de quienes, acosados por el miedo y la superstición, te imaginan más peligroso que el dragón y más feroz que el Minotauro, mitad bestia y mitad humano.</p>
<p><strong>Glosario</strong><br />
Callapos: <em>Troncos de árbol. Escalón de mina.</em><br />
Ch’allan: <em>Celebran un acontecimiento rociando con alcohol, chicha o cerveza. Ofrenda o sacrificio en honor al Tío.</em><br />
Chinasupay: <em>Diablesa. Deidad y esposa del Tío.</em><br />
Huari: <em>Deidad mitológica en la civilización de los urus, protector de los auquénidos y personaje simbolizado por el Tío de la mina. </em><br />
Jukumaris: <em>Osos. Simbolizan la fuerza del pueblo andino, pero también la penetración europea en el territorio de los urus.</em><br />
K’uyunas: <em>Cigarrillos con envoltura rústica.</em><br />
Mallkus: <em>Cóndores. </em><br />
Pachamama: Madre Tierra. Divinidad de los Andes.<br />
Pijcharon: <em>Mascar coca.</em><br />
Lataphukus: <em>Soplalatas, personas que ejecutan instrumentos musicales de viento hechos de metal.</em><br />
Supay: <em>Diablo.</em><br />
Thiula: <em>Tío.</em><br />
Tío: <em>Deidad. Diablo y dios tutelar que habita en el interior de la mina&#8230; Los mineros le temen y le rinden pleitesía, ofrendándole hojas de coca, cigarrillos y aguardiente.</em></p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
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		<item>
		<title>A Wolfango Montes D.</title>
		<link>http://www.ecdotica.com/2008/11/04/a-wolfango-montes-d/</link>
		<comments>http://www.ecdotica.com/2008/11/04/a-wolfango-montes-d/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 04 Nov 2008 19:54:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Carta]]></category>
		<category><![CDATA[wolfango montes]]></category>

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		<description><![CDATA[<p><center><a href='http://www.ecdotica.com/2008/11/04/a-wolfango-montes-d/1187/' rel='attachment wp-att-1187' title='wolfango-en-santa-cruz.jpg'><img src='http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2008/11/wolfango-en-santa-cruz.thumbnail.jpg' alt='wolfango-en-santa-cruz.jpg' /></a></center><br />
<strong>A Wolfango Montes D. In Memoriam<br />
Por: Wolfango Montes V.</strong></p>
<p>Nuevamente nos despedimos de vos, papá; han pasado muchos años y aún te recordamos, lo que significa que todavía vives en nosotros. Una vida, después de terminada, para sobrevivir entre los que quedamos, necesita del afecto y de la narrativa para pervivir. Existe un concepto moderno, el complejo de Abel, se refiere a aquellas personas como el infeliz Abel de la Biblia, que mueren sin haber vivido, y no lo hicieron porque no tuvieron su historia contada. Hoy quiero recordarme de tu historia, en estas palabras que son conversación con un ausente.</p>
<p>¿En qué se transforma el dolor con los años? Se lo hace en nostalgia y después miramos para atrás y vemos a la persona con más y más realismo, con más y más claridad, y quien tiene que ser admirado recibe este privilegio y quien tiene que ser detestado lo lanzamos al pozo del olvido.</p>
<p>En tu vida testimoniaste todo el espectro de la condición humana: desde las grandezas hasta las villanías y miserias, desde el heroísmo hasta la cobardía y la entrega. Tu generación, en experiencias, fue más privilegiada que la nuestra; con la salvedad de que pocos elaboran tamaña experiencia, la cual es bienvenida a aquel que hará de ella buen provecho. Comencemos desde un hecho: tu generación tuvo la Guerra del Chaco. Afirman que todos en algún tiempo deberíamos tener una guerra para madurar. Qué maduración dolorosa. Por lo que sé, la guerra cayó y escogiste ir para el frente del combate. Existían caminos más fáciles: el certificado médico que te ofrecieron como inhábil, el viaje para estudios fuera del país. Escogiste el bautismo de fuego. Sobreviviste, con tus medallas, con tu graduación de suboficial ganada en el campo de batalla. Esa guerra fue crisol donde se formó una generación de las más ricas de nuestra historia republicana. ¿Por qué ustedes se quedaron con tanta grandeza, con tantos personajes admirables y nos dejaron a nosotros en este mundo en el cual ni con mil lámparas de Diógenes encontraríamos un hombre? Ustedes fueron ricos en líderes, como nosotros somos pobres en fin…</p>
<p>Pero volvió la vida cotidiana, ahí escogiste el derecho como profesión. Recorriste un camino que fue desde el ejercicio privado, la enseñanza la cátedra en la Universidad Gabriel René Moreno, hasta la magistratura: fuiste Fiscal de Partido, de Distrito, Vocal de la Corte Superior, de la cual eras decano, fiscal General de la República. ¿Existe mejor camino para ejercitar el carácter y las virtudes ciudadanas que aquel que escogiste? La justicia, la verdadera, aquélla que realmente iguala a ricos y pobres, a privilegiados y parias sólo reside en las almas rectas y justas. Con orgullo puedo decir: viviste con honradez. Tu criterio de hombre honrado era: no haré nada que avergüence a mis hijos. Aplicaste con modificaciones la máxima socrática: No quiero que mis hijos vivan con la mancha de tener un padre ladrón o corrupto. Esa fue nuestra mayor herencia.</p>
<p>Hasta hoy recuerdo tu modestia, nunca te vanagloriaste de tus conocimientos ni te dejaste embriagar por la vanidad de puestos eminentes. </p>
<p>Recuerdo cierta vez, cuando eras fiscal General, estábamos en Sucre y había estado de sitio. Íbamos a viajar y te acompañé a la policía a recoger un permiso de viaje (salvoconducto). El comandante admirado, te dice: doctor, usted no necesita, basta que presente su documento de identidad. Le respondiste: soy un ciudadano común a todos. Es lindo ver cómo el cargo no fue mayor que tu persona.</p>
<p>Hasta tu muerte la encaraste con la sabiduría antigua. Te preparaste para ella, dejaste todos tus negocios en orden y te fuiste, sin dejarnos ningún problema; apenas este dolor que jamás se extinguirá.</p>
<p>Vos, que lo viste todo, que tenías respuesta para las cuestiones más complejas, ¿de qué forma nos aconsejarías en este trance histórico, cómo tendremos que ser para continuar siendo libres y dignos? Tu pérdida y la de tantos varones dignos de tu generación la sufrimos más ahora, que necesitamos guías como tú, sabios y valientes.</p>
<p><em>Fuente: El Deber</em></p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href='http://www.ecdotica.com/2008/11/04/a-wolfango-montes-d/1187/' rel='attachment wp-att-1187' title='wolfango-en-santa-cruz.jpg'><img src='http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2008/11/wolfango-en-santa-cruz.thumbnail.jpg' alt='wolfango-en-santa-cruz.jpg' /></a></center><br />
<strong>A Wolfango Montes D. In Memoriam<br />
Por: Wolfango Montes V.</strong></p>
<p>Nuevamente nos despedimos de vos, papá; han pasado muchos años y aún te recordamos, lo que significa que todavía vives en nosotros. Una vida, después de terminada, para sobrevivir entre los que quedamos, necesita del afecto y de la narrativa para pervivir. Existe un concepto moderno, el complejo de Abel, se refiere a aquellas personas como el infeliz Abel de la Biblia, que mueren sin haber vivido, y no lo hicieron porque no tuvieron su historia contada. Hoy quiero recordarme de tu historia, en estas palabras que son conversación con un ausente.</p>
<p>¿En qué se transforma el dolor con los años? Se lo hace en nostalgia y después miramos para atrás y vemos a la persona con más y más realismo, con más y más claridad, y quien tiene que ser admirado recibe este privilegio y quien tiene que ser detestado lo lanzamos al pozo del olvido.</p>
<p>En tu vida testimoniaste todo el espectro de la condición humana: desde las grandezas hasta las villanías y miserias, desde el heroísmo hasta la cobardía y la entrega. Tu generación, en experiencias, fue más privilegiada que la nuestra; con la salvedad de que pocos elaboran tamaña experiencia, la cual es bienvenida a aquel que hará de ella buen provecho. Comencemos desde un hecho: tu generación tuvo la Guerra del Chaco. Afirman que todos en algún tiempo deberíamos tener una guerra para madurar. Qué maduración dolorosa. Por lo que sé, la guerra cayó y escogiste ir para el frente del combate. Existían caminos más fáciles: el certificado médico que te ofrecieron como inhábil, el viaje para estudios fuera del país. Escogiste el bautismo de fuego. Sobreviviste, con tus medallas, con tu graduación de suboficial ganada en el campo de batalla. Esa guerra fue crisol donde se formó una generación de las más ricas de nuestra historia republicana. ¿Por qué ustedes se quedaron con tanta grandeza, con tantos personajes admirables y nos dejaron a nosotros en este mundo en el cual ni con mil lámparas de Diógenes encontraríamos un hombre? Ustedes fueron ricos en líderes, como nosotros somos pobres en fin…</p>
<p>Pero volvió la vida cotidiana, ahí escogiste el derecho como profesión. Recorriste un camino que fue desde el ejercicio privado, la enseñanza la cátedra en la Universidad Gabriel René Moreno, hasta la magistratura: fuiste Fiscal de Partido, de Distrito, Vocal de la Corte Superior, de la cual eras decano, fiscal General de la República. ¿Existe mejor camino para ejercitar el carácter y las virtudes ciudadanas que aquel que escogiste? La justicia, la verdadera, aquélla que realmente iguala a ricos y pobres, a privilegiados y parias sólo reside en las almas rectas y justas. Con orgullo puedo decir: viviste con honradez. Tu criterio de hombre honrado era: no haré nada que avergüence a mis hijos. Aplicaste con modificaciones la máxima socrática: No quiero que mis hijos vivan con la mancha de tener un padre ladrón o corrupto. Esa fue nuestra mayor herencia.</p>
<p>Hasta hoy recuerdo tu modestia, nunca te vanagloriaste de tus conocimientos ni te dejaste embriagar por la vanidad de puestos eminentes. </p>
<p>Recuerdo cierta vez, cuando eras fiscal General, estábamos en Sucre y había estado de sitio. Íbamos a viajar y te acompañé a la policía a recoger un permiso de viaje (salvoconducto). El comandante admirado, te dice: doctor, usted no necesita, basta que presente su documento de identidad. Le respondiste: soy un ciudadano común a todos. Es lindo ver cómo el cargo no fue mayor que tu persona.</p>
<p>Hasta tu muerte la encaraste con la sabiduría antigua. Te preparaste para ella, dejaste todos tus negocios en orden y te fuiste, sin dejarnos ningún problema; apenas este dolor que jamás se extinguirá.</p>
<p>Vos, que lo viste todo, que tenías respuesta para las cuestiones más complejas, ¿de qué forma nos aconsejarías en este trance histórico, cómo tendremos que ser para continuar siendo libres y dignos? Tu pérdida y la de tantos varones dignos de tu generación la sufrimos más ahora, que necesitamos guías como tú, sabios y valientes.</p>
<p><em>Fuente: El Deber</em></p>
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		<item>
		<title>Carta a Bartolomé Leal sobre en El Cusco el rey</title>
		<link>http://www.ecdotica.com/2008/01/31/carta-a-bartolome-leal-sobre-en-el-cusco-el-rey/</link>
		<comments>http://www.ecdotica.com/2008/01/31/carta-a-bartolome-leal-sobre-en-el-cusco-el-rey/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 31 Jan 2008 13:30:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Carta]]></category>
		<category><![CDATA[bartolome leal]]></category>
		<category><![CDATA[en el cusco el rey]]></category>

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<p>Estimado Bartolomé:</p>
<p>Las horas dedicadas a la lectura dependen del trabajo que tenga<br />
durante el día y siempre las disfruto en el patio de la casa&#8230; pues<br />
dentro de ella&#8230;. el computador &#8220;me llama&#8221;.</p>
<p>Te cuento esto porque el interés por el libro que lea lo mido siempre<br />
según la hora que entre definitivamente a la casa&#8230;.. y durante los<br />
días que invertí en tu novela, lo hacía cuando ya no había luz solar y<br />
se dificultaba ver las letras. ¡Muy interesante!</p>
<p>Sufro mucho con los libros que tienen una multitud de personajes y una<br />
infinidad de situaciones. Tu novela es fácil de leer, tiene una trama<br />
novedosa y resalta nuestra cultura andina. Me gustó la información<br />
sobre arte religioso y la descripción de lugares que atraviesa José<br />
Leal Cocharcas. Eso sí, me quedé esperando la activa participación de Malena en<br />
los robos de cuadros&#8230; parece que creí los chismes de Pancho<br />
Valladares.</p>
<p>De las tres novelas tuyas que he leído, indudablemente es la mejor que has<br />
escrito. ¡Felicitaciones!</p>
<p>Jorge Luis Alonso G.<br />
San Juan, Argentina</p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href='http://www.ecdotica.com/2008/01/31/carta-a-bartolome-leal-sobre-en-el-cusco-el-rey/516/' rel='attachment wp-att-516' title='en-el-cusco-el-rey.jpg'><img src='http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2008/02/en-el-cusco-el-rey.thumbnail.jpg' alt='en-el-cusco-el-rey.jpg' /></a></center></p>
<p>Estimado Bartolomé:</p>
<p>Las horas dedicadas a la lectura dependen del trabajo que tenga<br />
durante el día y siempre las disfruto en el patio de la casa&#8230; pues<br />
dentro de ella&#8230;. el computador &#8220;me llama&#8221;.</p>
<p>Te cuento esto porque el interés por el libro que lea lo mido siempre<br />
según la hora que entre definitivamente a la casa&#8230;.. y durante los<br />
días que invertí en tu novela, lo hacía cuando ya no había luz solar y<br />
se dificultaba ver las letras. ¡Muy interesante!</p>
<p>Sufro mucho con los libros que tienen una multitud de personajes y una<br />
infinidad de situaciones. Tu novela es fácil de leer, tiene una trama<br />
novedosa y resalta nuestra cultura andina. Me gustó la información<br />
sobre arte religioso y la descripción de lugares que atraviesa José<br />
Leal Cocharcas. Eso sí, me quedé esperando la activa participación de Malena en<br />
los robos de cuadros&#8230; parece que creí los chismes de Pancho<br />
Valladares.</p>
<p>De las tres novelas tuyas que he leído, indudablemente es la mejor que has<br />
escrito. ¡Felicitaciones!</p>
<p>Jorge Luis Alonso G.<br />
San Juan, Argentina</p>
]]></content:encoded>
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