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Acerca de la película Monstruo

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El monstruoso espectáculo
Por: Rodrigo Antezana Patton

Al escribir su libro sobre la batalla de Mogadiscio (Somalia), Mark Bowden encontró que, al relatar sus experiencias en el combate, los soldados utilizaban con mucha frecuencia la frase ‘como en una película’. Aparentemente, la mejor comparación para ellos, de explosiones, tiroteos, ataques de helicopteros, la presencia del enemigo en cada esquina, etc., era haciendo una referencia a las fantasías de Hollywood. El libro de Bowden, La caída del Halcón Negro, se convertiría así mismo en una película, pocos años más tarde. La batalla que acontenció en 1993 se estrenó en la pantalla grande el 2002. De la realidad a la ficción. Lo interesante del asunto es que los soldados recordaban su propia experiencia haciendo referencia a la ficción cinematográfica. Pantallas, pantallas.
Allá por los años… mmm, no recuerdo cuándo, un director filmaba una escena, la imagen resultante quedaba muy estática. Director y fotógrafo se reunieron para ver cómo podían agilizar el momento. Experimentaron haciendo uso de una imagen más suelta, como si alguien estuviese mirando. La imagen en la pantalla, más errática, buscaba imitar la realidad del punto de vista. El resultado fue atractivo, más real. Debemos recordar que antes de las cámaras digitales (80’s) todos los noticieros se hacían con cámaras filmadoras de 16 mm, las imágenes, por fuerza de limitaciones técnicas, eran más estáticas que las actuales, a menos que sucediese un problema, y el camarógrafo debiera correr, moverse, la imagen se movía, perdía el enfoque. Se veía mal, y emocionante. Muchos filmes buscaron imitar esa agilidad de ‘noticiero en apuros’. Con CNN reportando cualquier conflicto desde los 80’s, con visiones de batallas y bombardeos en las pantallas de televisión, no como películas, sino como noticias, la brutalidad de la realidad llegaba a nosotros con la fuerza de la fantasía—la realidad, no lo olviden, no puede ser editada, ni retransmitida.
‘Parecía una noticia de CNN’, supongo que pronto será una frase acostumbrada, o tal vez nunca lo sea, ya que suena mucho más interesante el decir ‘como en una película’. Sin embargo, directores y cinematógrafos no podían evitar ser inspirados, a veces, por la dinámica de los programas de televisión, recuerden que todos ellos, en mayor o menor medida, habían crecido viéndola desde 1950 y pico; bastante más tarde en nuestro país. Además, a partir de la popularización de las filmadoras caseras, otro tipo de ‘realidad’, mal editada, difusa, errática, se había convertido en parte del lenguaje visual de toda una generación (¿se acuerdan de Robocop?, ¿1987?, ¿la vieron? Cuando Robocop ingresa en su casa, y recuerda su anterior vida como una película casera, ¿recuerdan?, ¿no? ¡qué fetos!). En mi memoria, “El proyecto de la Bruja Blair” es la primera película que se arriesga a filmar toda una película haciendo uso de la estética ‘película casera’. El resultado es llamativo, y no sólo eso, se invirtió un centavo y se ganaron millones de dólares—antes de su devaluación actual. Millones y millones, un guión tan sencillo, una producción tan pequeña.
No sé qué provocó el cambio en la televisión, ¿los guiones flojos?, ¿inversores tacaños?, ¿la audiencia de los noticieros?, ¿que ya no había lugar para otro CSI?, lo que sí, a alguien se le ocurrió, a principios de la década, que lo que necesitaba la televisión era un poco de realidad. Los llamados ‘espectáculos de realidad’ requerían en promedio una inversión menor que las series, y al público le encantaba ver la humillación en público de alguien en la pantalla chica. Después del éxito inicial de algunos programas de ‘realidad’, muy pronto se abrieron la billeteras para producciones más ambiciosas, los premios de ‘Sobreviviente’ o ‘El gran hermano’ eran de siquiera un millón dólares. Por semejante cantidad cualquiera hace el ridículo, y a la familia Ousbourne les pagaron mucho, mucho más. Muy pronto hubo espectáculos de realidad de prácticamente cualquier cosa, lo único que falta es la ‘realidad’ del hombre que ve televisión, todo lo demás ya hay. Que la vida de fulanito, que citas a ciegas—y de cinco en cinco brutos, sobreviviendo, bailando, cantando y un sinfín de tonterías más. En el cine ya se había estrenado una muy buena; aunque muy inverosímil, producción de un hombre al que le filmaban toda su vida y él sólo buscaba la realidad, “El Show de Truman” (1998), nada como el cine para invitarnos a la realidad.
El éxito de los ‘espectáculos de realidad’, en su mayoría patéticos, demostraba que ver otra gente es entretenido. Nunca he visto personajes más estúpidos que muchos de los participantes de estos programas, los hay tontos, los clichés andantes, arrogancia injustificada, cochinos, ignorantes, y también hay lo otro, el ingenio, la sorpresa, la calidez, gentileza; aunque menos. Los ‘espectáculos de realidad’ triunfaban, y triunfan, porque siempre son nuevos, sin importar que sean la misma patraña de siempre. Las series hay que pensarlas, la idea que funciona es la buena idea, y a veces la buena idea se repite, una y otra vez. Recuerdo que un hombre se refirió al ataque a las Torres Gemelas (11/09/2001) utilizando la misma imagen que yo había pensando, que de tratarse de un guión nadie lo habría aceptado, por increíble, por absurdo. La realidad sí lo aceptaba, y nos dio a todos las imágenes más increíbles que se hayan visto en un televisor. ¿Alguien lo podía creer?
Como en una película, como en un noticiero, como en un ‘realidad’. Unos ven a otros, las noticias a la ficción, la ficción a las noticias, y nosotros a ambos. “Monstruo” es una muy buena película, no por su guión, ni por su gran dramatismo; muy flojo en siquiera una ocasión. El filme tiene su fuerte en su narración, es personal, posee la cercanía de los ‘espectáculos de realidad’, su naturalidad, su ambiente pedestre, sin héroes, un conjunto de tipos y qué más da.
Sin superpoderes, sin supermáquinas. Y también es ‘como una película’, con las explosiones, los monstruos, con toda la espectacularidad que podría esperarse de Hollywood, o de una fantasía extraterrestre de Osama Bin Laden.
Fuente: www.lostiempos.com


Los hermanos Cartagena

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Agazzi Vallejo: Gran cine, gran literatura
Por: Wilson García Mérida

Fue en un mercado bucanero, de esos que proliferan en los barrios del Gran Poder de La Paz , donde cedí a la tentación pirata viendo entre un mar de discos digitales un DVD con el título “Los hermanos Cartagena”, aquel filme que dirigió Paolo Agazzi en 1984 adaptando la novela “Hijo de Opa” de Gaby Vallejo. “Compra ya, compra ya” me dijo un alma pecadora y no tuve más remedio que violar inocentemente la Ley de Derechos de Autor, lo confieso desde la austeridad de mis bolsillos. Pero no me arrepiento. Si bien “trucho”, el DVD en cuestión cuyo original fue lanzado en 2003, me brindó uno gozo poco frecuente mirando una película boliviana. Casi a 20 años de su rodaje, la tecnología digital elevó a niveles asombrosos la calidad audiovisual del filme; y las imágenes de alta resolución y el sonido impecable “redefinieron” el contenido y la trama que son perfecta adaptación de una de las mejores obras de la literatura nacional; y a ello contribuyó la participación directa de la novelista, Gaby Vallejo, en la guionización de la versión cinematográfica. Esta bellísima dimensión en la forma y el fondo de la película, ahora remasterizada y digitalizada, no parecía tan contundente en el celuloide de 1984. Así es que descubrimos a un director que viniendo de la escuela italiana, de la patria de Fellini, Rossellini y Bertolucci, está convocado para llevar el cine boliviano a las cumbres estelares de la filmografía mundial. No falta mucho para que Paolo Agazzi llegue con grandes marquesinas a Cannes o más lejos aún; y no es simple deseo. Como director de actores, Agazzi es un talento prodigioso. En “Los Hermanos…” vimos brillar a actores amateurs como Juan José Taboada, Eduardo Torrico Laserna, Emma Junaro, Óscar Cortés o Jaime y Fernando Aguilar. O Ernesto Ferrante gestual en sus primeras armas. Ahí estaba también el entrañable Jorge Cardozo, “Potoco”, pronunciando unas líneas de antología (“No es método de lucha de la clase obrera matar al enemigo”). Y es que Vallejo escribió la novela desde una memoria histórica recurrente; y Agazzi la filmó para verla hoy más que nunca.
Fuente: Los tiempos


Hombre muerto

Hombre muerto, caminante nocturno
Por: Andrés Laguna

Some are born to sweet delight. Some are born to endless night.
UNO Pocas veces uno tiene el placer y el honor de escribir sobre una de sus películas favoritas. Ese placer, ese honor lo tengo ahora. En el ciclo “Ser y narración” del Instituto Superior de Filosofía y Humanidades “Luis Espinal”, se proyectó una de las obras maestras del venerable director estadounidense Jim Jarmusch, Deadman (**Hombre muerto**, 1995). En alguna nota que publiqué hace algún tiempo en otro medio escribí que Jarmusch es el **cine** y, desde mi humilde criterio, esta es su cinta más brillante. La cinta es una especie de western metafísico, cuenta la historia de William Blake (interpretado por el más brillante Jhonny Depp) un sujeto urbano que tiene todas las características del tipo al que todo le sale mal. Blake, hombre de ciudad sin mucho sentido de la estética, viaja al **lejano oeste** con la promesa de un trabajo y de una vida mejor. Cuando llega al nefasto pueblillo y a la empresa donde supuestamente lo espera un flamante empleo, un funcionario extrañísimo (encarnado por el siempre interesante John Hurt) le informa que su puesto ya está ocupado. Blake exige hablar con Dickinson (el legendario Robert Mitchum en uno de sus últimos papeles memorables), el dueño de la empresa, que lo despide con la amabilidad que tiene un hombre duro del oeste, apuntándole con una escopeta. Sin un centavo, Blake se va a un bar donde conoce a una bella florista, Thel Russell (Mili Avital). Estos dos curiosos personajes terminan en una habitación de hotel haciendo el amor, su romance se ve interrumpido por la intromisión del amante de la mujer (Gabriel Byrne), que por celos la mata. Blake aterrado termina disparándole al asesino de Thel. Lo que Blake desconoce es que el hombre al que acaba de dar muerte es el hijo de Dickinson, el dueño de la empresa en la que debía trabajar. Dickinson enfurecido ante el fallecimiento de su hijo contrata a tres truhanes memorables (Lance Henriksen, Michael Wincott y Eugene Byrd) a los que les encomienda liquidar a Blake. William debe correr, William debe escapar, William es un hombre muerto. En la carrera por su vida, en medio del bosque, Blake se encuentra con “Nadie” (un genial Gary Farmer), un indio que fue educado por blancos. Cuando el personaje de Depp le dice tímidamente su nombre, el indio no lo puede creer. “Nadie” conoce a William Blake, sabe que es un brillante poeta inglés, sabe que también hizo bellos grabados, sabe que fue un rebelde, un hombre que cuestionó a la racionalidad, a la autoridad, a la moral, sabe que William Blake revolucionó a la poesía inglesa, pero sobre todo sabe que William Blake está muerto. En ese momento, “Nadie” se convertirá en una especie de Virgilio, en un guía que conducirá a nuestro Blake a su destino, ser William Blake.
DOS La cinta está repleta de menciones y homenajes al poeta inglés del siglo XVI, homónimo del personaje principal, varios de sus poemas son fundamentales para el desarrollo del film, incluso el nombre de la florista, de la mujer que detona todos los eventos de la película fue extraído de una de las obras de Blake, El libro de Thel. A través de la narración del indio “Nadie”, el personaje William Blake va construyendo su propia historia. Ahí está lo notable del film. En un principio no me di cuenta claramente, pero esta cinta también podría haber hecho parte de nuestro ciclo dedicado a Nietzsche, pues nuestro William Blake, el de la película de Jarmusch, termina realizando un camino que tiene varias resonancias con el pensamiento del autor de Más allá del bien y del mal. Blake termina convirtiéndose en lo que realmente es, pasa de ser un hombre urbano y civilizado a convertirse en un guerrero feroz, en un guerrero del alma. Pierde los anteojos que utiliza al principio de la película, renuncia a ver, su instinto lo obliga a guiarse por el olfato, como un animal depredador. El débil y tímido “Bill” Blake, guiado por “Nadie”, termina convirtiéndose en el poderoso William Blake, el hombre muerto que no tiene mucho que perder, el caminante nocturno, el hombre muerto, el hombre salvaje, el hombre muerto, el hombre rebelde, el hombre muerto.
TRES La cinta es impecable desde cualquier punto de vista. El reparto es soberbio, además de los ya mencionados, las participaciones de Iggy Pop, Jared Harris y Alfred Molina, entre otros, son brillantes. La fotografía del Robby Muller (compinche infaltable de Jarmusch) es maravillosa. La música de Neil Young es desgarradora. El guión y la dirección de Jim Jarmusch es, como Depp dijo en alguna entrevista, “lo más cercano a la perfección.
Pocas películas logran lo que Deadman, ser un objeto estético perfecto, contar una historia notable, combinar la comedia disparatada con las reflexiones más profundas, ser una obra maestra.
Deadman es una de las razones por las que uno sigue vivo, es una de las razones por las que uno no le tema a la muerte, es una de las razones por las que uno se anima a ser lo que uno es, por las que uno acepta risueño su destino trágico.
[Fuente:www.opinion.com.bo]


Ciclo de cine

Vivir el cine: Jean-Luc Godard
Por Maximiliano Barrientos

(Irreverente y visionario, Jean-Luc Godard, el protagonista más aventajado de la Nouvelle Vague y uno de los cineastas más influyentes de la segunda mitad del siglo XX, será homenajeado en un ciclo gratuito de ocho películas que comienza este lunes 1 de octubre a las 19:00 con la proyección de Alphaville en el Centro Cultural Franco Alemán de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia)
Comenzar con una de sus ideas: “El cine consiste en hacer durar un poquito algo excepcional”. Y Jean-Luc Godard, con casi 50 años de carrera y con películas que revolucionaron no sólo la manera de verlo, sino también de vivirlo, prolongó esa sensación, la convirtió en una vivencia. Porque en este director francés de 77 años -fundamental influencia para sucesivas generaciones- la vida y el cine no son dos cosas separadas. Esa membrana que marca la diferencia es tenue y casi invisible y suele romperse a menudo, ya que para él las películas son formas de la experiencia.
Y porque dijo y demostró que el cine es pasión, y así, mucho antes de comenzar a filmar, mientras escribía primero en La Gazette du Cinema y luego en Cahiers du Cinema delimitando tan arbitrariamente su tradición, ya estaba haciendo cine. “Entre escribir y rodar hay tan sólo una diferencia cuantitativa y no cualitativa”, declaró en esa famosa entrevista que Cahiers du Cinema le hizo en el número especial dedicado a la Nouvelle Vague, el movimiento de cineastas franceses que revolucionó el cine a finales de los 50 y de la que Godard fue el más aventajado e irreverente protagonista.
Con casi un centenar de filmes, tiene un sitio privilegiado en ese parnaso del celuloide custodiado por Orson Wells y Alfred Hitchcock, por Michelangelo Antonioni y Andrei Tarkovski. Como una forma de rendirle tributo y de acercar al espectador a su obra, desde el lunes primero de octubre comenzará un ciclo que abarcará ocho de sus más importantes producciones en una retrospectiva que durará todo el mes y que tendrá lugar en el auditorio del Centro Cultural Franco Alemán.
“La calle contra el estudio, la invención o el suceso contra la adaptación literaria de lujo, el relato en primera persona contra el guión, la luz del día contra las sombras y las luces de los focos, el descuido irresponsable y un poco dandi contra la seriedad llena de sosiego y el pesimismo oficial del cine establecido, actores jóvenes y desconocidos contra los monstruos sagrados y ya envejecidos, la idea de que el cine es pasión más que aprendizaje y de que hacer un filme se aprende más mirándolo con los propios ojos que haciendo de ayudante de dirección”, remarcó Serge Daney en 1985, décadas después de que la Nouvelle Vague se haya disuelto y de que sus principales protagonistas: Eric Rohmer, Jacques Rivette, François Truffaut, Claude Chabrol y Jean-Luc Godard habían tomado rumbos diferentes.
Y esa valentía e irreverencia que destacaba Daney como los principios estéticos del movimiento, en Godard llegan a los extremos con películas como Sin aliento, Vivir su vida, Alphaville, Pierrot el loco y Banda aparte, que se proyectarán en el mencionado ciclo.
Cintas cargadas de referencias literarias y musicales, con un ritmo afiebrado que configuró el concepto de cine de autor acentuando fuertemente el estilo y la textura, contraponiéndose a un cine de corte impersonal, estética que imperaba y sigue imperando en los grandes estudios.
El de Godard, a pesar de los distintos periodos y tendencias por las que atravesó, fue un cine intelectual que propuso novedosas formas de narración en las que confluía el discurso filosófico, la poesía visual, la confusión de géneros y en algunos casos, el compromiso político. “Me considero un ensayista, hago ensayos en forma de novelas o novelas en forma de ensayos: sencillamente lo que hago es filmarlos en vez de escribirlos (…). Para mí existe una continuidad muy grande en todas las maneras de expresarse. Todo forma un bloque. La cuestión está en saber coger ese bloque por el lado que a uno le conviene más”, dijo en esa entrevista mencionada más arriba. Demarcando sus territorios, siendo el ideólogo de sus propios filmes, hizo películas que funcionaron como un laboratorio visual y discursivo cuya influencia no se limitó exclusivamente al cine, si no que también alcanzó a la literatura, como se puede detectar en Respiración artificial, la emblemática novela de Ricardo Piglia en la que, siguiendo el mismo procedimiento de los filmes del francés, confunde registros y hace crítica literaria apañándose en el terreno de la ficción.
Después de la Nouvelle Vague Godard tuvo una fuerte influencia política, rodó cintas en 16 mm que emulaban a las que se hacía en la época de la propaganda soviética. Luego de este periodo, experimentó con el video arte, alejándose por años del circuito comercial, pero a mediados de los 80 volvió a rodar en 35 mm. Yo te saludo, María, que también estará en el ciclo, forma parte de ese momento. Finalmente, en la última etapa, cintas como Elogio de amor o Nuestra música lo aproximan al documental y a la poesía. Ambas producciones cerrarán esta retrospectiva dedicada a uno de los más brillantes y polémicos artistas del siglo XX, a quien, muy justamente, se le conoció como el ‘infante terrible’ del cine. A sus casi 80 años, lo sigue siendo.
Cerrar con otra de sus ideas: “La persona a la que filmamos está envejeciendo y morirá. Filmamos, por tanto, un momento de la muerte actuando. La pintura es inmóvil; el cine es interesante porque recoge la vida y el lado mortal de la vida”.
Sus cámaras -agudas, impertinentes, incisivas- estuvieron en los momentos de mayor intimidad, mostrándonos la mortalidad de actores como Jean Paul Belmondo y Ana Karina. Mostrándonos la nuestra. Diciéndonos quiénes somos, a qué le tenemos miedo y por qué cosas estamos dispuestos a jugarnos todo. Mostrándonos porqué no existe una diferencia auténtica entre cine y vida. Porqué ver una y otra vez ciertas películas es como vivir la mejor de las vidas posibles.
CRONOGRAMA DE LAS PELÍCULAS
Lunes primero de octubre……………………………………………. Alphaville
Jueves cuatro de octubre…………………………………………… Vivir su vida
Lunes ocho de octubre……………………………………………… Sin aliento
Jueves once de octubre ………………………………………………Banda aparte
Lunes quince de octubre………………………………………………Pierrot el loco
Jueves 18 de octubre………………………………………….. Yo te saludo María
Lunes veintidós de octubre……………………………………………Elogio de amor
Jueves 25 de octubre……………………………………………. Nuestra música
Todas las películas se proyectarán a las 19:00


Los Viejos de Martín Boulocq gana

Martín Boulocq ganó el concurso Petrobras de literatura y cine
Por Nathalie Iriarte

[Tomado de www.eldeber.net de su edición del día martes 21 de agosto de 2007]
El guión Los Viejos, del director del film Lo más bonito y mis mejores años, Martín Boulocq, fue el ganador de la primera versión del concurso de Literatura y Cine de Petrobras, en el marco de la 12ª versión de la Feria Internacional del Libro de La Paz.
Boulocq, de 26 años, recibió un premio en efectivo de $us 1.000. Con Los Viejos, el joven director logró el reconocimiento del jurado compuesto por Juan Carlos Valdivia, Juan de Recacoechea y Jac Ávila, artistas que lo eligeron como ganador entre cinco obras por su buena estructura y personajes definidos.
Para Valdivia, el guión descubre otra faceta de un joven valor cinematográfico de la nueva generación. Agregó además “que espera en breve ver la obra plasmada en el cine”.
Al momento de entregar el cheque, Vanessa Canudas, a nombre de  Petrobras explicó que la empresa busca que el premio se institucionalice para reconocer el esfuerzo de escritores y guionistas.
Canudas agregó que Petrobras participa de esta actividad en el marco de su política de Responsabilidad Social Empresarial que, en este caso, da apoyo al guionista que mejor haya adaptado una obra literaria nacional al lenguaje cinematográfico.


Andes ateos

Andes ateos

Por Rodrigo Antezana Patton

 

Hace poco tiempo tuve la oportunidad de ver la película “Amargo Mar” de Antonio Eguino, como señalaba un amigo—muy apropiadamente—la película funciona como docu-ficción y logra transmitir la idea histórica que la motivó, la pérdida del litoral boliviano se convierte en una equivocada artimaña de intereses egoístas en vez de la torpe derrota de un pueblo en jolgorio. Su más reciente filme, “Los Andes no creen en dios”, tiene en común la mirada al pasado. Ahora no se trata de una tesis histórica, la inspiración de la película son dos cuentos y una novela de Adolfo Costa du Rels, menuda ambición. El cine se presta muy bien para adaptar cuentos, pierde bastante cuando se arrima a las novelas, unir nada menos que tres narraciones en una es un proyecto muy ambicioso. Tal vez, demasiado.

Con algún que otro ‘pero’ a detalles (se bambolea el tren, no se mueve. Se quema la casa, con Photoshop. Etc.), “Los Andes” es una película muy bien lograda. Hablo de un sonido claro de principio a fin, no se pierde un diálogo, no está ausente el ambiente. La iluminación de cada escena; aunque uniforme, deja una imagen clara, inclusive de noche. Una mención especial, y realizada de pie, se debe hacer a la reconstrucción histórica de los diversos lugares que los personajes visitan: la Terminal de Uyuni, el prostíbulo, los vistazos a la ciudad de esos años, son de lo mejor que ha visto el cine boliviano. Ah, y no debo olvidar mencionar a la locomotora y los vagones.

Entre los artistas que participan en la cinta encontramos al peruano más famoso del cine boliviano (sin que esto se deba interpretar como un resentimiento chauvinista, es una inevitable broma, nomás), Diego Berti, en el papel de Alfonso Claros, una alusión al autor de la novela, Adolfo Costa. Su interpretación, una vez más, es sólida, con soltura y encanto. Es fácil creer que él está en la pantalla, no como persona sino como personaje. Un aplauso especial debe ir al famoso Milton Cortés, cochabambino honorario, cuyo timbre privilegiado le permitió lanzar dos sencillos de mucho éxito en los años 90. Actor de telenovelas, series y “Jonás y la ballena rosada”, Milton tiene más que suficiente experiencia para dar la talla necesaria y encarnar a Joaquín Ávila con realismo. El filme también nos muestra que no ha perdido un ápice de su talento de cantante. La presencia femenina más destacada es Carla Ortiz, no sólo por su belleza, también por razones histriónicas y narrativas. Ella es Claudina Morales, la que corrompe a los hombres. La historia le otorga suficientes diálogos como para exhibir su talento; y esto no lo digo con doble sentido, a diferencia del resto del elenco femenino ella consigue presentar un personaje.

También están muchas otras caras conocidas; y no tanto, del teatro nacional, que suelen aparecer en el cine. Está Jorge Ortiz, lo que no será una sorpresa para nadie. ¿Dónde no ha estado este actor? Su filmografía y la del país casi están a la par. En “Los Andes”, Ortiz será Genaro, el catador de minerales. Asoma su rostro el actor y aparece el veterano aventurero de la montaña. En cuanto al resto del elenco, de otorgarle una oración a cada cual sería, en proporción, más generoso de lo que lo fue la cinta con sus respectivos personajes. Sucede que hay muchos en “Los Andes”, ya que también hay tantas historias. Otorga riqueza a una construcción narrativa el poseer personajes secundarios con personalidad, o siquiera presencia. Ahí están todos: ‘los Smithies’, los muchos ‘gringos’ que visitan la montaña, las mujeres conservadoras, la ‘dueña’ del local, el cura de pequeño pueblo. Muchos personajes, muchas historias.

Un guión puede darse el lujo de ser ambicioso, si esa ambición le abre senderos y lo proyecta a los lejos. Es bueno pensar en abarcarlo todo, es un desafío. Supuestamente, el proceso de construcción iría revelando qué podría narrarse y que no. Ahí están, a pesar de todo, la historia de la misqui simi y de los Andes, junto a muchas otras más. El gran problema, de esta agradable y bien realizada película, es el haber convertido a su personaje principal, Alfonso Claros, en uno secundario. Hay una pregunta para cada presencia (evitando revelar la historia), incluso para los que apenas muestran sus caras: ¿cuál es la tragedia en el pasado de Clota?, ¿encontrará, Genaro, el filón que tanto busca?, ¿quién ha complotado con los Smithies?, ¿está Joaquín enamorado de Claudina?, ¿y qué será del amor que lo espera en Cochabamba? Etc. ¿Cuál es la pregunta de Alfonso? Porque él está ahí, allá, con ella y él, pero la historia, en ningún momento, llega a ser suya.

El gran problema de otorgar a un papel principal el trabajo de lazo entre las distintas historias es que todo le pasa a él, sin que en verdad importe (¿Es suya la mina?, ¿la misqui simi?, ¿qué?). Así, “Los Andes” es un filme que es grato ver, pero nunca logra generar expectativa por lo que va a pasar. Hay un limitado número de escenas que deberán llevar la historia, si ésta historia no es del personaje principal, entonces hay mucho tiempo perdido en el ‘lazo’.

Los bolivianos lamentamos mucho lo caro que cuesta hacer cine, pero un guión es papel y tiempo. Antes de emprender el esfuerzo titánico de convertir el papel en celuloide, los realizadores deberían revisarlo seriamente, ya que es la base de todo el trabajo por venir. El personaje de Joaquín podría haber llevado toda la historia, o Genaro, para convertir a los otros en personajes secundarios, incluyendo al muy bien plantado Alfonso. Se hizo a la inversa y la película pierde por ello. “Los Andes” tiene a favor una técnica cuidada, desde el sonido hasta la iluminación, una reconstrucción atractiva, y un solo gran defecto. ¿Será suficiente para convocar a las ávidas masas de cine boliviano? Espero que sí, pero no sé si será suficiente para satisfacerlos.




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