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El secreto de sus ojos


El secreto de sus ojos
Por: Mauricio Rodríguez Medrano

La encontré en un puesto de discos piratas junto a Lo más bonito y mis mejores años de Martín Boulocq. Ya en una entrevista había escuchado al actor argentino Ricardo Darín que aquella película se postularía al Oscar. El secreto de sus ojos, el domingo 7 de marzo, obtuvo la estatuilla como mejor película de habla extranjera.

La primera imagen de la película es difusa: un tren, una despedida, una mujer, todo en un vago efecto de acuarela. Así el director nos traslada al ejercicio del recuerdo, al ejercicio de habitar el pasado. Después las imágenes de Benjamín Espósito (Ricardo Darín) que empieza a investigar un crimen: mujer violada y asesinada.

El secreto de sus ojos es una adaptación al cine de la novela La pregunta de sus ojos, de Eduardo Sacheri, cuya trama, más que la simple historia policial en la que se debe atar cabos sueltos, se ubica en otra historia: el intento del ejercicio de la memoria, que desde un inicio es una acción de derrota, de bifurcaciones que jamás llegan a una única vía.

Espósito tiene un ayudante alcohólico: Pablo Sandoval, que es interpretado por el actor Guillermo Francella (sin el conocido bigote). A momentos la actuación de Pablo Sandoval se roba las escenas, un acierto para el director. La historia tiene un inicio en 1974 que se traslada a un presente (presente de la película): 1999.
En la búsqueda del asesino también se entrelaza otra historia que será el cimiento de la arquitectura de la trama: una historia de amor. Espósito se enamora de la nueva jefa del departamento, Irene Menéndez Hastings. Cada vez que se encuentren, sus diálogos y sus miradas, darán a entender el juego de la seducción, algo no concreto, inacabado.

Espósito después de varios años ocurridos desde el asesinato, intentará reconstruir los hechos a través de la escritura. Como dice Bolaño: “La escritura es el juego de la memoria, de intentar escribir el pasado a través de la memoria, pero no sólo es el pasado, sino se quedaría en mero acontecimiento bibliográfico. Es más bien como danzar en el vacío”.

Y aquel escrito quedará como informe judicial (uno de los personajes describe el texto de esa forma), a pesar de que fue concebida como novela, pero conducirá a otro viaje: la búsqueda de cerrar historias después de años de iniciarlas: encontrar por fin al asesino, declarar el amor no correspondido y esperar una respuesta en la cual el espectador no intervendrá porque una puerta se cierra y sólo queda espiar por el visillo.

Para descargar el libro La pregunta de sus ojos pulse aquí

Fuente texto: Ecdotica
Fuente video: Youtube
Fuente libro La pregunta de sus ojos: Google

The road


Deambulando por la carretera
Por: Ernesto Contreras Garrett

Los premios Oscar de la Academia Cinematográfica de Los Estados Unidos despiertan odio y pasión entre las personas. Efectivamente tienen momentos memorables, que son los que quedan a la larga, como el emotivo discurso de Cuba Gooding Jr. al ganar el premio a mejor actor de reparto o el Oscar a la trayectoria que recibió Jerry Lewis en 2009. Y es que digan lo que digan, el Oscar es el sueño de cualquier persona que trabaja en el mundo del cine.

Lamentablemente, al estar seguras de eso, las personas de la Academia se han caracterizado sobretodo en los últimos años por hacer justicia a su manera, premiando muchas veces aquello que no debe ser premiado, omitiendo a grandes películas – o autores de las mismas – y escarmentando a personajes del medio con los que mantienen diferencias, tomando muchas veces decisiones ilógicas, sólo para demostrar al mundo que los que mandan son ellos. Y, pase lo que pase, siempre quedarán impunes.

Son muchos los casos que podríamos señalar haciendo referencia al párrafo anterior:
1.- Titanic y los polémicos Oscars a mejor maquillaje (por los muertos en el agua, superando así a Man in Black) y el premio a la mejor película.
2.- Diez nominaciones para Gangs of New York y ninguna estatuilla (Scorsese estaba peleado con la Academia en ese entonces).
3.- Oscar a “When you beleive” en desmedro de “I don’t want to miss a thing” interpretada por Aerosmith (Considerada una de las tres mejores canciones de 1998.)

En fin, parecería que la polémica es el elemento más importante en todo lo que involucra a los premios de la Academia. Y este año no fue la excepción.

Cormac McCarthy es – según muchos de los críticos – uno de los mejores escritores norteamericanos de su tiempo. Comparan su forma de escribir con la de Faulkner y Twain y su forma de vivir con la de Salinger (realizó su primera entrevista para la televisión el 2007, nació en 1933 y publicó su primera novela en 1965).

Sus obras (entre las más destacadas: Meridiano de Sangre, No es país para viejos y La carretera) se han vendido y muy bien en Estados Unidos y Europa – lamentablemente en Sudamérica casi nadie lo conoce – y su capacidad para describir escenarios, situaciones y sentimientos ha hecho que algunas de ellas hayan clamado a gritos ser llevadas al cine.

Situación que sucedió con “No es país para viejos” (Dirigida por los Hermanos Coen y ganadora en cuatro de las ocho nominaciones al Oscar en 2007: Mejor película, mejor dirección, mejor actor de reparto y mejor guión adaptado).

Fenómeno que no pasará este año, porque al parecer los encargados de las nominaciones no vieron – tratando de ser benévolo con esas personas – la adaptación del libro de McCarthy: The Road (Dirigida por el poco conocido John Hillcoat). Y justo en un año en el que las buenas películas han hecho falta.

Nadie sabe exactamente qué pasó y por qué se la dejó de lado, ya que esta película contiene, entre otras cosas, a la mejor actuación masculina del 2009 a cargo de Vigo Mortensen, quien comparte el reparto con Charlize Theron, Guy Pearce y Robert Duvall, además del joven actor Kodi Smit-Mcphee.

Y podría haber sido nominada a otras categorías: Mejor Película, mejor director, mejor guión adaptado, mejor actor secundario, mejor fotografía. Sin embargo no pasó.

Sabiamente el director de la misma – y ahí uno de sus méritos – no se mete con el guión y la historia original del libro, tratando de poner su granito de arena a la historia. El libro es demasiado fuerte para eso, no necesitas cambiar partes, porque el autor se encarga de describir de una manera casi perfecta toda la situación.

También se debe hablar de la fotografía, a cargo del español Javer Aguirresarobe (su mejor trabajo según algunos críticos). Quien te lleva de la mano por el escenario post-apocalíptico, triste, oscuro, sombrío y de destrucción en el que viven los personajes.

La novela trata de la historia de un padre y su hijo que buscan sobrevivir a toda costa, en lo que queda del Planeta, que ha sido convertido en un lugar inhabitable, como consecuencia de un cataclismo desconocido. Donde el canibalismo, el odio y la enfermedad están a la orden del día. Es un escenario bastante triste y nada alentador. Nadie sabe exactamente qué hacer porque no tiene solución, así que sólo queda aguantar hasta morir, convertirte en un caníbal o suicidarte.

Tanto el libro como la adaptación cinematográfica son obras de arte. El primero recibió todos los elogios de la crítica y el premio Pulitzer de ficción en 2007. Suerte con la que no contó la película que pasará a la historia como una de las mayores injusticas que la Academia de las Artes y de las Ciencias Cinematográficas ha cometido en toda su historia.

Fuente: Ecdótica

Trailer de Alicia en el país de las maravillas

Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas de Tim Burton
Quien no ha leído alguna vez en su vida el cuento infantil Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll quien, además de escritor, fue matemático, dibujante, uno de los mejores fotógrafos de su tiempo y un poeta genial. Era profesor en la universidad de Oxford. El nombre verdadero de Lewis Carroll era Charles Lutwidge Dodgson y la primera edición de Alicia en el país de las maravillas data de 1865 y se sabe de la existencia de 23 ejemplares. Alicia… está plagada de personajes como el Conejo Blanco, El sombrerero loco, El gato de Cheshire, La reina de Corazones. Este 2010 Tim Burton nos presentará una nueva versión cinematográfica del libro. Les dejamos el trailer para que lo disfruten.

Conseguido al fín el silencio,
con la imaginación las lleva,
siguiendo a esa niña soñada,
por un mundo nuevo, de hermosas maravillas
en el que hasta los pájaros y las bestias hablan
con voz humana, y ellas casi se creen estar allí.

Germán Monje Entre dos Aguas

German Monje

El cine aquí y allá
Por Ada Zapata A.
Foto: M.Reyes/Palabras Más

Más optimista el cineasta boliviano Germán Monje, director de Hospital Obrero, opta por el acercamiento cultural, y el aprendizage cinematográfico como intercambio de imaginarios y otredades. En la conferencia Compartiendo Miradas, llevada a cabo el pasado 28 de Noviembre en la Cinemateca Boliviana, abordó con otra visión los dimes, diretes y demás vericuetos del azaroso viaje del cine nacional a las salas europeas, habló también sobre la novedosa incursión de diferentes realizadores latinoamericanos y de la necesidad desprejuiciada de compartir interpretaciones de mundo. A continuación ofrecemos estractos de sus valiosas opiniones en la mentada charla:

El público
GM: La gran diferencia entre hacer cine en Bolivia y hacer cine en Europa es el público. En Bolivia uno encara un proyecto pensando en lo poco que puede ir el público al cine, y como va a recuperar, siempre está supeditado a los términos de producción. Asimismo tiene que ver a qué público va. Es un problema de formación del público muy grande. En Europa hay tantos festivales, en Dinamarca por ejemplo presentan una película boliviana y se llenan las salas, y de eso vive el cineasta, premios del público etc. No por nada una película como Airampo que ha sido tan criticada en Bolivia por su desprolijidad ha sido premiada en Bélgica.

Acercamiento en las Escuelas y Ecademias de Cine
GM: Yo estudié en Cuba donde llega mucha gente europea y se van fascinados, la formación que más penetra allí es el acercamiento cultural, no son escuelas como las de Europa donde son centros y salones, y son ¡Los estudiantes de cine!, sino todo lo contrario, te llevan a que tú hagas y percibas la cultura antes de hacer cine. Es una diferencia clara en la formación, mucha gente termina la formación básica en Latinoamérica y se van a especializar a Europa por la generosidad tecnológica y el alcance que tienen. Siempre nosotros como bolivianos hemos buscado un lenguaje diferente al cine del mercado, al cine de las carteleras de Hollywood; y el cine europeo también, hay una similitud placentera, en buscar una personalidad en tu película, al lenguaje cultural, al lenguaje cinematográfico de tu país.

Cineastas Latinoamericanos
GM: Lo que sí ha sido, en los últimos años, extraordinario es la incursión de cineastas latinoamericanos en Europa, por ejemplo Matías Bize que hizo una película hermosa En la Cama, y en seguida lo invitan a filmar en Barcelona y hace una película espectacular. Y ahora Pablo Stoll está haciendo su última película filmada en Europa también. No sólo es valorar, es un segundo paso, utilizar el talento latinoamericano para ver una realidad europea. Da bronca pero nosotros tendríamos que probar también con música celta y poner algo holandés, creo que es el acercamiento cultural lo que el público formado va a exigir justamente.

La Universalidad
GM:
La Nación Clandestina y La Teta Asustada tienen como para ganar San Sebastián. La lectura que hago es que la universalidad se da a través de la calidad de la película, uno puede, por ejemplo, hacer una película sobre el Tata A. que ni nosotros mismos, los bolivianos, conocemos pero la calidad de narración es fantástica. Eso va mas allá del hecho cultural o del hecho político, la calidad de la narración es lo que ha hecho que gane La Nación Clandestina y la Teta Asustada. Si bien Sendero Luminoso es conocido en todo el mundo, ha tenido un auge informativo mediático durante mucho tiempo, el drama no es de Sendero Luminoso específicamente, sino es la narración conjunta. Eso es lo que despierta al público europeo que es un público formado que ve cine arte, cine comercial, etc.

Sin duda un cineasta es producto de la sensibilidad, de la estructura sensorial con la que va a montar un proyecto, eso incluye el lugar, el tiempo y la gente con la que te vas a relacionar. Lucrecia Martel lo hace porque conoce cada paso del aire que hay en Salta, las relaciones que tiene más allá de la cámara con su gente, y es donde mejor puede jugar de local. Por otra parte, en ambos casos, de Pablo Stoll y de Rebella, son judíos los protagonistas de sus películas y los judíos son perfectamente acomodables a sociedades como la española y de todo el mundo. Y Matías Bize, sus historias son extraordinariamente sencillas, es una pareja que quiere tener un bebé pero nunca se dice nada, toda la película transcurre en eso, entonces es un acto de silencio. O está el caso de Luz Silenciosa, que es una historia sobre menonitas y no necesitas ser mejicano para ver Luz Silenciosa.

Cuando se construye no puedes dirigirte a otro que no sea el público nacional, sin embargo, yo creo que a la narración de una película uno trata de darle calidad, y esa es la universalidad. El ¡Rico Ché! en Cuestión de Fe lo entienden en todas partes del mundo como un síntoma de alegría, de satisfacción, etc., porque está puesto en el momento preciso, porque los actores viven ese ¡Rico Ché!, lo valorable es esa calidad de sensaciones que da una película. Lo que uno busca a la hora de construir una película es dar sensaciones humanas, una cholita se enamora, tan enamorada como una suiza, evidentemente uno trabaja las relaciones que existen, lo que circunda a esa relación de acuerdo al contexto cultural. Uno no construye una película pensando en un público europeo, eso cae por sí solo, en la medida en que una película tenga una buena narración y sea entendible.

Manifiestos
GM:
El 95 salió el dogma. Fue muy lindo, te comienzas a interesar, pero años después ves a Lars von Trier haciendo Bailarina en la Oscuridad, con una posición contraria a lo que ha sido el dogma, renunciando a todos los postulados que tenía, haciendo un película de industria con varias cámaras y con una exageración, con una parafernalia impresionante. El cine boliviano está como está justamente por identificarse con una generación, particularmente no estoy de acuerdo con esto de las generaciones, yo creo que ese manifiesto (Declaración 3B) habla de una necesidad, no solamente generacional, de la gente de hacer cine ahora, de buscar ciertas alternativas a los extremos a los que hemos estado expuestos como público; el cine Hollywood y el cine indigenista. Hay otra gama de cosas e historias, como decía Marcos Loayza, donde pongas la cámara hay una película. Un manifiesto te cierra a muchas cosas, prefiero hablar de la necesidad de los cineastas de ahora.

Fuente: http:www.palabrasmas.org

Postales a Copacabana, literatura y cine de Bolivia al mundo

Postales a Copacabana

Postales a Copacabana, literatura y cine de Bolivia al mundo
Por:Martín Zelaya Sánchez

Se considera a sí misma como alemana, brasileña y boliviana, los países donde nació, creció y al que ama y adoptó por lazos familiares, respectivamente. Es la autora de Postales a Copacabana, una novela ambientada en el pueblo paceño que tuvo excelentes críticas en Europa. Conozca la historia de Stefanie Kremser, su relación con el país y los detalles de su obra.

La sensación de que la sencillez y la ligereza más que limitaciones son virtudes; la certeza de que se necesitan ojos foráneos para apreciar la real belleza de lo que tenemos en casa y, sobre todo, el buen sabor de boca de una fina estética y buen gusto.

Así sale uno del cine después de ver Escríbeme postales a Copacabana y gran parte de esta “culpa” la tiene Stefanie Kremser, la autora de la novela original y de la adaptación del guión.

Esta nueva película boliviano-alemana —que aún se exhibe en los cines del país— narra una historia tan fantástica y real a la vez que retrata cabalmente un panorama específico —no por nada dicen que la ficción supera y mejora a la realidad—, en este caso, la vida de tres mujeres bolivianas de diferentes generaciones.
En los apoyos a esta nota se leen dos posturas que evalúan el filme y dan detalles de su trama; acá interesa centrarnos en la figura de la creadora de la historia, una autora nacida en Alemania, criada en Brasil, enamorada de Bolivia, de donde proviene su familia paterna, y que con esta obra inspirada en la historia de sus abuelos y en la magia del lago Titicaca logró importantes críticas literarias, y dio pie a una producción cinematográfica que actualmente cosecha éxitos en Europa.

Stefanie cuenta —desde Barcelona, España, donde reside— que “adora Cochabamba”, que ama profundamente a Bolivia y que no ve la hora de que su novela sea traducida y publicada en castellano.
—¿Cómo llegaste a escribir una novela sobre Copacabana, el lago Titicaca?, ¿cuál es tu acercamiento a Bolivia?
—Mi familia paterna es de Bolivia —originalmente del Beni, pero se instalaron en Cochabamba en los años 40—. La conozco desde mi infancia y adoro Cochabamba, pero necesitaba de un pueblo a las orillas de un lago para mi historia. Y no hay un lago más lindo que el Titicaca. Así que ubiqué la trama boliviana de la novela —que es la principal— en Copacabana.
—¿Toda la trama es ficción o tiene algún sustento en la realidad… algunos de los personajes alemanes o bolivianos existen?
—Mi abuelo era de Múnich, emigró a Bolivia en los años 30. Falleció cuando yo tenía 10 años y tengo escasos recuerdos de él, pero mi abuela siempre me contaba historias realmente fantásticas sobre su llegada a Sudamérica y sobre sus aventuras en la selva.
Un día empecé a apuntarlas y me di cuenta de que mi abuela iba inventando nuevas versiones de la historia. Así nació la idea de crear un personaje mítico, un hombre irreal que vino de la lejanía de forma imposible, y también a su viuda como dueña de unos recuerdos hechos magia y maravilla por el paso del tiempo.
Los demás personajes no tienen una inspiración tan concreta. Hacer de Rosa (madre de Alfonsina) una azafata y viuda de piloto fue una especie de homenaje a varios amigos de mis abuelos que efectivamente trabajaron en la aviación. De niña esperábamos aterrizar a esos pilotos del Lloyd en el aeropuerto de Congonhas, en Sao Paulo, pues nos llevaban cartas y regalos de los abuelos.
—Cuéntanos detalles de la publicación en Alemania.
—La novela se publicó en 2000 por la editorial Piper. Era interesante ver cómo mis editores no sabían si presentarme como una extranjera que escribe en alemán o una alemana que viene de Sudamérica. Una confusión. Lo viví con los nervios y la ilusión de una auténtica debutante: hice mi primera entrevista para la radio en la feria del libro de Frankfurt, una entre miles de autores, muchos de ellos famosísimos.
No fue un best-seller, pero tuve la suerte de obtener algunas críticas muy buenas. Lo mejor de todo fue el contacto con los lectores, pues en Alemania los escritores leen en bibliotecas o librerías; el público hasta paga entrada para escucharte, es atento, hace preguntas y comentarios… Fue espléndido. Lo lindo además fue la confirmación de que la novela contaba una historia universal, una fábula que —a pesar de estar situada en Bolivia— se puede entender y apreciar en Alemania.
—¿Pensaste en traducirla y publicarla en español?
—Me encantaría, pero eso depende del interés de los editores. En España el libro ha sido publicado en catalán por Club Editor. Cataluña tiene una enorme tradición literaria, me sentí muy orgullosa, y leer el libro en una lengua romántica fue una delicia.
Hay que saber que se trata de mi primer texto en alemán. Mis primeros pasos narrativos fueron todos en portugués, y esta historia surgió en mi cabeza en portugués. Así que con el catalán ya me acerqué un poquito al origen. Pero tenerla traducida al español sería maravilloso, mejor si fuera en Bolivia.
—¿Cómo fue el proceso de adaptar tu novela al guión para la película. Escribiste la obra pensando en que podía llevarse al cine?
—Curiosamente empecé a inventar esta trama justamente para una película. Entonces —1997— la televisión bávara (coproductora de Escríbeme…) me dijo que era demasiado fantástica para realizarla. ¡Imposible! ¡Una historia tan surrealista! Pero la idea gustó y me animaron a no enterrarla. Así que decidí desarrollarla de forma literaria, lo que además me dio más libertad como narradora, sin tener que obedecer las reglas dramáticas del cine, mucho más limitadas.
Después de la publicación de la novela, el canal retomó el interés. Tenía ahora una historia más elaborada y madura, pero tardó cuatro años hasta encontrar productores independientes que se animaran a adaptarla al cine. En Alemania hay muchas dificultades para conseguir subvenciones cinematográficas para filmar fuera del país.
—El lenguaje cinematográfico es mucho más concreto que el literario. ¿Qué diferencias hay entre la novela y el guión en cuanto a la trama, los personajes y el estilo narrativo?
—La verdad es que son muchas. Primero, en cuanto al contenido, el viaje de Alois empieza en 1927, todo es más modesto, y Copacabana todavía es una belleza adormecida. La historia de Alois y Elena es larga y completa, desde su primer encuentro hasta la muerte, y les acompaña a viajes hacia lugares remotos, adonde él va como vendedor de aspirinas.
Luego existen muchos más personajes y situaciones, en fin, detalles y tramas secundarias que enriquecen la novela, pero que en un guión tienen que ser eliminados por una simple cuestión de tiempo narrativo. Se quitan dimensiones de un personaje porque no hay espacio para enseñar sus facetas, de tres personajes se hacen dos… Puedo decir que hay que simplificar y recortar mucho, conservando sólo la línea narrativa más esencial.
Hay que concentrarse en lo principal y así como que la historia se desnuda un poco. Confieso que es un proceso doloroso porque yo fui la escritora y la guionista, y tuve que aprender a despedirme de muchas cosas importantes.
—¿Cuál fue tu participación durante la filmación?
—Infelizmente no pude acompañar el rodaje. Sólo estuve dos días en La Paz para hacer los últimos ajustes en el guión, junto con el director Thomas Kronthaler.
Eso fue casi dos meses antes de que empezaran a filmar, pero tuve la suerte de conocer a Paolo Agazzi y ver algunas fotos y pruebas en video de los actores. Quedé impactada al ver quiénes eran los que regalarían su rostro y su alma a mis personajes.
—¿Viste ya la película, quedaste conforme con el resultado?
—Sí, la vi en Múnich y me emocioné en muchos momentos. Adoré a los actores, a todos. Agar Delos, Carla Ortiz, Salvador del Solar, las dos niñas tan maravillosas y tantos, tantos secundarios con visibles ganas de ser parte importante. Me impresionó el esfuerzo que hizo Thomas, quien nunca antes había estado en Bolivia, y pienso que era el director perfecto: un bávaro que descubre, deslumbrado, este país, tal como los personajes de Alois y Daniel.
Es interesante, creo que eso les sucede a todos los guionistas: durante años no tienes nada más que tus propias imágenes en la cabeza, y de repente ves la proyección de imágenes de otra persona, son la visión del director, el arte del cámara, el esfuerzo y el talento de todo un equipo.
Tus personajes tienen una voz, un estilo, son de carne y hueso. Me fascina esa lenta transformación de la idea hacia algo concreto, es bonito que sea un trabajo de equipo.
—¿Qué sabes de su exhibición en Alemania, tiene buena respuesta de la crítica y los cinéfilos?
—Sé que todavía está en los cines, se mostró en muchas ciudades alemanas, y en Berlín ya está en la séptima semana. Recibí varios correos electrónicos de cinéfilos, de compatriotas bolivianos, de compatriotas alemanes, de compatriotas brasileños… He leído muchas críticas bonitas, algunas hasta entusiastas.
Los que aceptaron que la película es una fábula y no es un retrato de la realidad boliviana, es decir, los que se dejaron llevar por ese juego con la magia y las emociones, han reaccionado muy, pero muy bien.
—Y para terminar, volvamos un poco al inicio. ¿Qué conoces de Bolivia, su cultura, su arte, literatura y cine… qué ciudades y lugares conoces, cuándo volverás…?
—Debo confesar que conozco muy poco de la cultura contemporánea boliviana; me gusta mucho su música, las melodías tradicionales, Los Kjarkas, con los que tomé clases de charango a los 14 años; Savia Andina, las bandas orientales, la gran Gladys Moreno…
Infelizmente desconozco a grupos jóvenes, en general no estoy al día de la cultura actual, moderna, lo que es una pena. Ya que vivo tan lejos, dependo infelizmente de lo que Bolivia logra exportar (por ejemplo el escritor Edmundo Paz Soldán y el director Paolo Agazzi); aun siendo poco, lo aprecio mucho. ¡Pero todavía hay tiempo para recuperar todo eso!
Espero ansiosa volver a Bolivia el año que viene. Mi marido todavía no conoce ni Brasil ni Bolivia, y le quiero enseñar esos dos países que considero mi casa. Para mí el lugar más familiar en Bolivia es Cochabamba, pero también ya estuve en Santa Cruz, La Paz, en los Yungas y en Beni… viajes que hice desde que tengo siete años a un país al que realmente amo.

Un universo de sincretismos
Por: Fernando Mirabal

La película Escríbeme postales a Copacabana es una coproducción germano-boliviana dirigida por el alemán Thomas Kronthaler y coproducida por el ítalo-boliviano Paolo Agazzi, con un guión basado en la novela homónima de Stefanie Kremser.
La trama se inicia con un joven bávaro, Alois (Florian Brückner/joven), que emprende un inusual viaje caminando sumergido en un lago cerca de Múnich para luego emerger en las orillas del lago Titicaca. Realismo mágico puro. En Copacabana conoce a Elena, una hermosa cholita con la que explora el mundo andino y termina formando una familia.
El único hijo de esta pareja muere en un accidente aéreo dejando viuda a Rosa (Carla Ortiz), su bella esposa, que trabaja de azafata; el joven también deja huérfana a su hija Alfonsina (la actriz catalana Julia Hernández), quien por su frescura y belleza termina robándose la película. A la muerte de Alois (Luis Bredow/viejo), las tres mujeres se quedan solas y el filme muestra el sincretismo entre tres mundos, tres mujeres de diferentes generaciones, cada una buscando su destino.

Se ve cómo en Bolivia conviven dos cosmovisiones: la occidental y la andina, que conforman una idiosincrasia muy particular. Y esto se nota, por ejemplo, cuando una de las mujeres le rinde culto al Ekeko, el dios de la abundancia; o cuando otra se compra la imagen de un santo y la hace “milluchar” con un yatiri; o la típica ch’alla/bendición de automóviles, o la ofrenda a la Pachamama antes de beber un vaso de licor.

El nombre de la película se debe a que Alfonsina y su amiga Tere (Camila Guzmán) coleccionan postales de todas partes del mundo, y para ello le piden a cualquier turista que se las envíen, lo que no hace más que alimentar el ansia de las chicas de vivir sus propias experiencias y conocer otros mundos, las mismas inquietudes que trajeron a Alois desde Múnich.

La película es de elevado nivel técnico: fotografía, iluminación, locaciones y actuaciones, aunque la música parece tener cierta influencia peruana. Es una historia sencilla en su narrativa pero logra transmitir sentimientos, emociones, pasiones, anhelos, infortunios y esperanzas.

El gran protagonista, con su majestuosa y mágica belleza, es el lago Titicaca, que con la cordillera de los Andes forma asombrosos paisajes bucólicos. A pesar de ser una producción alemana, es una película para creer que en Bolivia se puede hacer buen cine, y que la coproducción es uno de los caminos.

Acerca de Postales a Copacabana
Por: Alejandro Pereyra-Doria Medina

Pocas veces se ve a un director extranjero tan influido, no por lo que ve, sino por el modo de hacer de quienes habitan el lugar donde filma. Escríbeme postales a Copacabana, que tiene a su favor muchos elementos parciales como la fotografía (pero, díganme, ¿es realmente la fotografía —en cine— un elogio que haga alguna diferencia? Sería como en música hablar de la levita del director), el montaje y uno que otro movimiento de cámara, abunda en lugares comunes del “encanto cinematográfico” y en otros más específicos de un estilo de cine nacional cuya vigencia sorprende.

Dentro de este último se encuentran: situaciones y personajes típicos (un pueblecito encantador, unas viejecitas gruñonas y en el papel del orfebre: Jorge Ortiz); la ya expuesta —hasta el hartazgo— relación con la divinidad entre devota y pagana (¿hasta cuándo? Está bien que seamos unos supersticiosos que aún no pasamos debajo de la escalera ni dejamos de poner cabeza abajo un santo, pero eso ya se dijo en los 60), y sobre todo las cuestionables actuaciones que se debaten entre el énfasis parcial de la telenovela brasileña y una gran ingenuidad a la que no ayudaron los raccords.

Incluso la naturalidad, supuestamente lo más preciado en cine, resulta falsa si no está trabajada con base en algo más (a la vida del personaje): si la protagonista es “niña buena con sueños de mundo atrapada en pueblito” y su amiga “compañera fiel, aunque inclinada al mal camino”. ¿No estamos jugando sobre moldes prefabricados de la adolescencia? La naturalidad en Postales… es lavada, postiza, se le quita todo lo chocante, se deja todo lo neutro: al turista se le permite hablar como turista, mientras los bolivianos hablan de Tú y en lugar de decir andá-a-traé, que es boliviano, dicen: tráeme, que es del diccionario. Por estos motivos se hará bien en atribuir esta película no tanto a su director alemán como a su productor, Paolo Agazzi.

Entre esos lugares comunes la película es absorbida y poco queda por decir. El hecho de que la historia sea como mágica disculpa —aunque no del todo—, algunos baches del guión, como el mostrar a una azafata que, pese a ser codiciosa y práctica, vive a cuatro horas del aeropuerto y no toma la cómoda decisión de mudarse a La Paz. O la inexplicable ausencia del turista a la cena preparada por su joven enamorada.

Es verdad que Postales… es una muy esmerada producción y que logra momentos cinegéticos un poquito prestados del cine—como la exultante bajada en bici estilo Amelié, o el paso entre lagos que recuerda al Underground de Kusturica y a L’atalante de Vigo— y sazonados con el color local azul ultramarino del lago.

Pero, en justicia, este tipo de historias encantadoras ya están muy vistas, y más que acercarnos a una vitalidad prodigiosa nos traen a la memoria un demasiado caduco realismo mágico que de sólo escribirlo da cosas. Esperemos que futuras coproducciones traigan un progreso narrativo —ya que no expresivo— a nuestra cinematografía. Un progreso en el que las bonitas luces no quieran valer por sí mismas.
* Productor y realizador audiovisual

Vida y obra
Stefanie Kremser (1967). Alemana, hija de madre alemana y padre boliviano. Vivió desde los siete hasta los 20 años en Sao Paulo, Brasil. Durante las vacaciones iba a menudo a visitar a sus abuelos en Cochabamba, y cada dos años viajaba a Alemania para visitar a su familia materna.

Estudió cine documental en la Universidad de Televisión y Cine de Múnich. Trabajó como directora de documentales en Alemania, Italia y Brasil; sus películas fueron invitadas a varios festivales internacionales.
Hizo reportajes culturales para la televisión alemana, fue asistente de dirección en producciones cinematográficas en España y Brasil y trabajó como profesora de historia del documental y de dramaturgia en la escuela de televisión de Baviera.

En 2000 publicó su primera novela, Postal de Copacabana. Ha escrito el guión de cuatro tv-movies alemanas. Se estrenó en el cine con el guión de Escríbeme postales a Copacabana. Actualmente está escribiendo una nueva novela y una nueva película. Está casada con el escritor Jordi Puntí y vive desde hace seis años en Barcelona, España.

Fuente: La Prensa



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