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	<title>Ecdotica &#187; Crítica</title>
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	<description>Noticias literarias, descarga de libros gratuitos, selección de cuentos de manera mensual</description>
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		<title>Decálogo del crítico</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Sep 2011 14:33:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crítica]]></category>

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		<description><![CDATA[Decálogo del crítico Por: Mauricio Rodríguez En el Canon occidental, de Harold Bloom se reduce a la literatura Latinoamericana a un puñado de autores. Entre ellos está Cabrera Infante: colega de universidad de Harold Bloom cuando escribió el Canon Occidental. No es justo decir que Cabrera Infante es un mal escritor. Tampoco es justo obviar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/09/Crítica-a-la-crítica1.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/09/Crítica-a-la-crítica1.jpg" alt="" title="Crítica a la crítica" width="211" height="355" class="aligncenter size-full wp-image-4145" /></a></center><br />
<strong>Decálogo del crítico<br />
Por: Mauricio Rodríguez</strong></p>
<p>En el <strong>Canon occidental</strong>, de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Harold_Bloom">Harold Bloom</a> se reduce a la literatura Latinoamericana a un puñado de autores. Entre ellos está Cabrera Infante: colega de universidad de Harold Bloom cuando escribió el <strong><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Canon_Occidental">Canon Occidental</a></strong>. No es justo decir que <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cabrera_Infante">Cabrera Infante</a> es un mal escritor. Tampoco es justo obviar a Cortázar, Piug, Rulfo, Roa Bastos, Quiroga, Vargas Llosa, Fuentes, Parra, Lihn. No importa: Harold Bloom se ocupa de sus escritores (de habla inglesa). Pregunta: ¿Cuál es la labor del crítico en Bolivia? Se me vienen algunas respuestas. </p>
<p>1. El crítico, haya salido de Carrera de Literatura o no, tiene el deber (si es posible de rodillas) de leer literatura boliviana.<br />
2. Crítico que trabaja para algún periódico: abstenerse de escribir reseñas sobre novelas que no llegan al país. Abstenerse de escribir loas sobre autores belgas. Sobre autores suecos puede decir algo pero sin exagerar.<br />
3. Pecado (en el sentido cristiano): El crítico no deberá escribir reseñas, ensayos o algún artículo sobre escritores extranjeros conocidos. Ellos ya tienen suficiente. En sus países natales ya se ocupan de escribir sobre sus novelas, cuentos, poemas, memoriales. Ejemplo a no seguir: «Borges: una nueva lectura de la lectura que hizo un crítico argentino», «Cien años de soledad: la visión de un crítico boliviano que jamás leyó lo que se dijo de esta novela pero que escribe de ella como si hubiese leído todo».<br />
4. El crítico debe escribir sobre literatura boliviana aunque sea un descreído. Luego podrá hablar sobre autores suecos pero sin exagerar.<br />
5. Repensar el punto número 1. Regresar a leer el punto número 4.<br />
6 El crítico no escribe para el autor. Puede escribir para exorcizar sus problemas que tuvo con su padre cuando le profetizaron que se acostaría con su madre. Puede escribir, con cierto dejo de tristeza, para la posteridad sabiendo que la posteridad no existe.<br />
7. El crítico intenta crear lectores, no hijos ni engendros.<br />
8. El crítico rumia en silencio la lectura. Adora los múltiplos de tres. Lee más de nueve veces antes de escribir sobre la obra del autor.<br />
9. El crítico odia los números primos. También los autores belgas.<br />
10. El crítico sabe que aún no hay una verdadera crítica en Bolivia. No se arredra. Piensa. Y lee (ver punto 1). Luego escribe.              </p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
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		<title>Lectura crítica al libro de Crítica e Historia del cine boliviano: Una cuestión de fe</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Sep 2011 14:34:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículo]]></category>
		<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Crítica]]></category>

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		<description><![CDATA[“Una obra imprescindible para entender el cine boliviano de los últimos 30 años” Por: Carlos D. Mesa Gisbert (*) Es un privilegio que dos jóvenes que escriben sobre el cine en el tiempo que es exactamente el de sus propias vidas, hayan considerado interesante que alguien que trabajó en el pasado en crítica cinematográfica y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/09/Una-cuestión-fe1.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/09/Una-cuestión-fe1.jpg" alt="" title="Una cuestión fe" width="297" height="275" class="aligncenter size-full wp-image-4098" /></a></center><br />
<strong>“Una obra imprescindible para entender el cine boliviano de los últimos 30 años”<br />
Por: <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Carlos_Mesa">Carlos D. Mesa Gisbert</a> (*)</strong></p>
<p>Es un privilegio que dos jóvenes que escriben sobre el cine en el tiempo que es exactamente el de sus propias vidas, hayan considerado interesante que alguien que trabajó en el pasado en crítica cinematográfica y en historia de cine, pueda hacer un comentario sobre una obra que muestra ya una saga, porque en realidad es el segundo libro de los autores (el primero también con título referido a una película, <strong>El cine de la Nación Clandestina</strong> y ahora <strong>Una Cuestión de fe</strong>), que marca una continuidad que realmente, como primer elemento, nos debe congratular a todos. Desde que en 1983 Alfonso Gumucio Dagron escribió un libro extraordinario (<strong>Historia del cine en Bolivia</strong>), integral, sobre historia del cine boliviano, y del aporte que hice con el libro <strong>La aventura del cine boliviano</strong> fundamentado en el periodo 1952-85, habíamos tenido un vacío que no construía un puente, hasta el surgimiento de estas obras. No son las únicas, pero, sin ninguna duda, son las más significativas de los trabajos que han hecho las nuevas generaciones.</p>
<p>Comenzaré por decir que yo cambiaría el orden de las palabras (del subtítulo). Yo no llamaría al libro “<strong>Historia y crítica del cine boliviano</strong>”, sino “<strong>Crítica e historia del cine boliviano</strong>”. Porque el libro es mucho más significativo como crítica de cine que como historia de cine. He dicho mucho más significativo, lo que no quiere decir que no haya una valoración de la naturaleza histórica de esos años 1980-2010, sino que el enfoque es más analítico que lo que tradicionalmente se puede definir como una  mirada histórica. Las introducciones de los tres periodos en los que los autores han decidido establecer las diferencias cronológicas de nuestro cine, tienen más una valoración del momento, del contexto en el que el cine boliviano se desarrolla.</p>
<p>Tanto Santiago como Andrés han nacido precisamente en la década de los años ochenta, y no de manera gratuita, lo que marca una visión ideológica de las cosas tienen a bien titular cada uno de esos momentos. Primero, la décadas de los ochenta, “La década perdida”, que fue uno de los conceptos que se estableció para marcar esa contradicción entre la conquista de la democracia y la hecatombe económica y social que se vivió paralelamente, no solamente en Bolivia sino en América Latina. En el segundo capítulo, el dedicado a la década de los años noventa, hay una interpelación a la famosa tesis de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Francis_Fukuyama">Fukuyama</a> sobre “el fin de la historia”, una tesis desmentida categóricamente por los hechos. Y en el tercer momento, el de la primera década del nuevo milenio, que ocupa en realidad más del 60 por ciento del total del libro, escogen el título “Apocalípticos e Integrados”, en alusión a una clásica obra de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Umberto_Eco">Umberto Eco</a> de fines de los años 70, que me parece interesante porque creo es una reflexión de la complejidad y de la paradoja de la década que ha terminado y que todavía no está resuelta.</p>
<p>Por otro lado, los autores escogen, en mi perspectiva, y creo es muy evidente en sus textos, tres películas para representar cada uno de esos tres momentos. Ellos definen las películas emblemáticas de cada uno de esos momentos. Y esas películas son, en criterio de Santiago y Andrés, en la década de los años ochenta: La nación clandestina de Jorge Sanjinés; en la década de los noventa: Cuestión de fe de Marcos Loayza y en la década pasada: Zona Sur de Juan Carlos Valdivia. Y a partir de esta definición, de algún modo, uno puede acercarse a qué representa cada uno de esos momentos a partir de esas películas emblemáticas, sin que esto quiera decir, en absoluto, que lo autores no hagan valoraciones muy significativas de otras películas. Para poner un ejemplo, Mi socio de la década de los años ochenta, o para referirse Dependencia Sexual, en los comienzos de la década pasada, como el surgimiento de un cine diferente.</p>
<p>Está claro que lo que vemos es un momento de transformación. Si uno analizara los equivalentes de las referencias de la década de los años setenta, se podría discutir, y de algún modo se planteó la discusión en esa década, sobre dos películas. Sobre El coraje del pueblo de Jorge Sanjinés y Chuquiago de Antonio Eguino. Yo creo que el tiempo ha decantado claramente las cosas. Creo que Chuquiago es la película más importante de la década de los años setenta y El coraje del pueblo, en la distancia, se ha encontrado con sus propios límites, que son los límites de la acción de, no diré panfleto porque sería absolutamente injusto, pero sí de un cine de compromiso político que es una bandera, una bandera que se agota en el momento en que ese proceso histórico es superado. Chuquiago, en cambio, queda como un referente indispensable para la reconstitución de la mirada de nuestra ciudad y probablemente de nuestra sociedad. Chuquiago es una película que no envejeció. El coraje del pueblo es una película, en mi opinión, que sí envejeció.</p>
<p>Con esto qué quiero decir: que las referencias son todavía provisionales. Yo creo que los autores son conscientes de ello. Lo que me parece importante es que, en este momento, ellos encuentran esos tres puntos de referencia como una manera de acercarse a las películas que explican mejor o totalizan mejor esos procesos históricos.</p>
<p>Aunque yo todavía tengo mi discusión personal, para la mayoría de los críticos y especialistas, la película La nación clandestina de Sanjinés, tanto por su construcción, su narrativa, como su planteamiento conceptual, es su mejor película. Yo sigo pensando que Ukamau y Yawar Mallku son referentes que pueden competir perfectamente con La nación clandestina y, a mi gusto, estéticamente son películas que logran, de una forma más tradicional, lo que Sanjinés plantea de una forma más teórica a partir de su libro <strong>Teoría y práctica de un cine junto al pueblo</strong>. Pero Sanjinés es el referente fundamental de lo que fue un momento fundacional en el cine boliviano y de lo que se llamó el Nuevo Cine Latinoamericano. Y está claro que Marcos Loayza, a partir de Cuestión de fe, va a ir en un camino de transformación, que es muy importante porque no es un camino de ruptura y negación. Nadie puede discutir los elementos de influencia de Mi socio, o de la tradición del cine boliviano de Antonio Eguino, Paolo Agazzi, y Jorge Sanjinés en un cine que, sin embargo, se reencuentra a partir de una temática determinada y a partir de una forma de hacer las cosas que insertan el elemento de la comedia, que insertan el elemento de lo individual y lo colectivo combinados, y que son capaces de hacer una<em> road movie</em> (permítanme hacer la expresión americana) quizás con elementos más interesantes que los de la película Mi socio.</p>
<p>En el caso de Zona Sur, nos encontramos con otra propuesta conceptual extraordinariamente significativa. Juan Carlos Valdivia, al igual que Sanjinés, en planteamiento de <strong>Teoría y práctica de un cine junto al pueblo</strong>, combina en su película el momento de transición que todavía estamos viviendo. Ese momento del fin de un mundo y el comienzo de otro a partir de una historia aparentemente intimista, pero sobre una propuesta narrativa y sobre una propuesta conceptual de manejo de cámara y de construcción de espacios igual a la de Sanjinés en La nación clandestina.</p>
<p>¿Es lo único que vemos en este libro? En absoluto, éste es un libro totalizador, éste es un libro que prácticamente no prescinde de ninguna de las películas que se han realizado, independientes de su contenido. En algunos casos incluso a películas como La chirola, que no es, en puridad, un largometraje. Porque aquí lo que habría que mencionar es que <strong>Una cuestión de fe</strong> es un libro sobre el largometraje boliviano, más que sobre el cine y el video bolivianos en su conjunto. Más del 90 por ciento del trabajo está referido a los largometrajes bolivianos. Y hay un “Lado B”, como lo llaman ellos, en el que hacen una serie de consideraciones de carácter teórico sobre su aproximación al cine. Una relectura, por ejemplo, de La nación clandestina; una visión de lo que ha significado el cine de Alfredo Ovando y Liliana de la Quintana, a partir de un cine educativo; una visión de recuperación de la crítica cinematográfica como un elemento central que es complementario e inherente al propio hecho cinematográfico.</p>
<p>Mela Márquez, en la introducción (del acto de presentación), decía que el título es pertinente, merecedor de objeto, el homenaje a la película, merecidísimo, y la referencia a lo difícil que es hacer cine. Yo tengo mis dudas. Creo que hoy en día los cineastas tienen que empezar a preguntarse seriamente qué cine estamos haciendo. Creo que aquí, Santiago y Andrés, que son muy precisos, incisivos y críticos, en el mejor sentido, con muchos largometrajes debatibles porque tienen rasgos de calidad que ameritan la discusión, son un poquito más condescendientes con el cine que, en este momento, ha llegado a tocar fondo en el nivel de la calidad. Discúlpenme si alguno de los aquí presentes es parte de la producción de largometrajes que hoy día, yo me pregunto, cómo pueden ser estrenados y hacerle daño al cine boliviano por la terrible falta de calidad. Cuando tu llegas a plantearte la discusión si la fotografía es buena, el sonido está bien logrado y si lo colores que tú ves en la pantalla se dejan y aceptablemente los puedes ver, es que algo grave está pasando. Parto del principio que un libro tiene que tener las hojas bien impresas para que yo pueda leerlo adecuadamente. Asumo que, cuando haces cine, si no eres capaz de presentar una fotografía mínimamente decente, para ponerlo en términos populares, no puedes hablar de lo básico. Por lo tanto, si empezamos a discutir si la fotografía es más o menos buena, y si el montaje más o menos te explica una narración, es que el fondo no está bien.</p>
<p>Yo creo que el debate hoy sobre el cine del año 2011 y del año 2012, no está referido solamente a las grandes películas bolivianas, que las hay pero que son las menos, sino a por qué estamos haciendo un cine de tan baja calidad. ¿El hecho de que el cine sea más accesible nos permite hacer cualquier cosa? Por supuesto que sí. La pregunta del millón es si hay un nivel de consciencia de los propios realizadores de si eso se puede y debe exhibir o no. En principio, por razones democráticas, todo se puede exhibir. Yo puedo escribir muchos poemas en vida y tengo derecho hacerlo. La pregunta es si tengo el pudor suficiente para entender que hay ciertas cosas que más vale no publicarlas porque mi calidad no está a la altura de lo que se exige, si yo me respeto a mí mismo. Y permítanme que sea lo suficientemente duro porque es tiempo de enfrentar y plantear las cosas como deben ser. Y quizás, resiento un poco en Santiago y en Andrés, que, si bien hacen críticas precisas, como les ha pasado a todos los críticos -no solamente a estos dos jóvenes críticos, que creo que ya están en el rango de críticos del más alto nivel de nuestro país, sino a nuestros críticos consagrados, como Mauricio (Souza) o Pedro (Susz)-, a la hora de tener que encarar la crítica de una película boliviana -y me pregunto si no me pasaría lo mismo si yo hiciera críticas– , pueden o no ser lo suficiente y lo necesariamente duros que deben ser.</p>
<p>Pero bien, termino mi reflexión, indicando, primero, que Santiago y Andrés garantizan la continuidad de una tradición vinculada a historiar nuestro cine. Segundo, que este es un libro imprescindible. Uno no puede comprender lo que ha pasado en los últimos 30 años en el cine boliviano, si no lee este libro. Tercero, que <strong>El cine de la nación clandestina</strong> y <strong>Una cuestión de fe</strong> son dos obras complementarias. Creo que en <strong>El cine de la nación clandestina</strong> el tema historia o la palabra historia está por delante de la palabra crítica, mientras que aquí la palabra crítica está por delante de la palabra historia. Como es obvio, los lectores encontrarán y confrontarán, si han visto las películas, su propia opinión, que es de lo que se trata. El crítico te plantea una mirada. Muchas veces te ayuda en miradas que tú no habías reparado. Otras tantas contrastan tu opinión, te desafían, te provocan. No compartes con él la visión que tienes sobre una determinada película. Te parece demasiado duro o demasiado blando, de eso se trata. Pero no hay, en ningún caso, aun en aquellas críticas que tienen que aceptarse a películas cuya banalidad a veces no da demasiado juego, en el que ellos no hayan intentado hacer una lectura seria. </p>
<p>A veces me da la impresión, y eso me pasaba a mí también cuando hacía crítica, que eres mucho más duro y mucho más exigente con el cine que merece ser discutido que con aquél por el que tú tienes que hacer simplemente la hora de trabajo. Es decir, no te queda otro remedio que ver la película y hablar sobre ella. Y en ese caso, como la película no es tan importante, eres más condescendiente o eres menos crudo. Y en algún momento, creo que en la lectura hay mucha dureza para/con algunas películas que con el tiempo yo he ido revalorizando. En otros casos, vuelvo sobre el tema inicial, hay películas que envejecerán y la distancia nos permitirá una relectura. Lo que nosotros escribimos sobre el cine de los años cincuenta, tiene ya el tiempo suficientemente aceptado como para prácticamente marcar líneas donde el debate es menos complejo que cuando estás metido en el ámbito.</p>
<p>Este es un libro que tiene pasión, es un libro que retrata además una mirada distinta. Son críticos que tienen la treintena y que, por lo tanto, escriben en la lógica de una mirada mucho más metida en el lenguaje de la imagen que la que teníamos nosotros que tuvimos que ir aprendiendo un lenguaje de la imagen, que quizás por momentos, nos ha superado. Pero lo que sí creo es que aquí hay calidad. Porque hay una reflexión intelectual, hay un domino de los instrumentos sobre los que se trabaja y, en consecuencia, hay la capacidad para abrir un debate. El desafío que, creo yo, plantea este libro es la necesidad indispensable y urgente de un debate en profundidad desde el cine, desde los cineastas y desde la crítica, o con la crítica y más la crítica, para plantearnos preguntas de fondo. </p>
<p>Termino diciendo: dentro de las artes en los años sesenta y setenta podíamos decir que el cine era el elemento de referencia de la máxima calidad por encima de la literatura, por encima de la plástica, o en igualdad de condiciones. Hoy día, yo creo que el cine boliviano, de las artes, está en la peor circunstancia y en el peor momento. Hay excepciones de altísima calidad mencionadas. Puedo mencionar también por supuesto, a Martín Bulocq, por poner un nombre, hemos mencionado ya a Juan Carlos Valdivia, Marcos Loayza. Por supuesto, están también los realizadores clásicos que todavía están haciendo cine, como Jorge Sanjinés, que va a estrenar una película dentro de pocos meses y eventualmente supongo que Antonio Eguino y Paolo Agazzi se animarán a seguir haciendo cine, aunque harán una película cada diez años, esperamos siempre con gran entusiasmo esa película que va a llegar. Pero hay que hacerse preguntas aquí. No podemos seguir soslayando la realidad de que la calidad de nuestro cine está en entredicho.</p>
<p>Quiero felicitar a Santiago Espinoza, a Andrés Laguna; agradecer a Coni (Rosángela Conitzer) que me haya permitido hacer la presentación de <strong>Una cuestión de fe</strong> en esta ocasión y asumir que ambos (autores) han estado de acuerdo en que yo sea el presentador del libro. </p>
<p>Muchas gracias. </p>
<p><em>* Transcripción de las palabras vertidas por el autor en ocasión de la presentación del libro en la Cinemateca Boliviana, el pasado 31 de agosto. </em>                                                                                                            </p>
<p><em>Fuente: Editorial Nuevo Milenio / La Ramona</em></p>
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		<title>Una lectura libre del libro “Una cuestión de Fé. Historia (y) crítica del cine boliviano de los últimos 30 años (1980 – 2010)“</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Sep 2011 22:29:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Crítica]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>

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		<description><![CDATA[Los 47 golpes Por: Alba Balderrama Cargarse un peso encima y avanzar. Empezar con preguntas. Mirar la historia del cine para encontrar lo que oculta, no tanto lo que revela. Éste pareciera ser el método de dos autores que escriben sobre el cine boliviano utilizando la palabra y la vehemencia de su pensamiento como arma [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/09/Una-cuestión-fe.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/09/Una-cuestión-fe.jpg" alt="" title="Una cuestión fe" width="297" height="275" class="aligncenter size-full wp-image-4038" /></a></center><br />
<strong>Los 47 golpes<br />
Por: Alba Balderrama </strong></p>
<p>Cargarse un peso encima y avanzar. Empezar con preguntas. Mirar la historia del cine para encontrar lo que oculta, no tanto lo que revela. Éste pareciera ser el método de dos autores que escriben sobre el cine boliviano utilizando la palabra y la vehemencia de su pensamiento como arma de revolución y compromiso. Lo hicieron primero en <strong>El Cine de la Nación Clandestina. Aproximación a la producción cinematográfica boliviana de los últimos 25 años (1983 – 2008)</strong> y ahora en <strong>Una Cuestión de Fe</strong> estos autores, Santiago Espinoza y Andrés Laguna, críticos de cine, re conducen, con su escritura, la idea errónea de que los jóvenes de hoy no están con el proceso de cambio, no están “haciendo la revolución como históricamente ha sucedido siempre”.</p>
<p>Sin embargo, el estar o hacer el cambio hoy, viene desde otros ámbitos, la revolución se está haciendo desde las letras, desde el cine, desde la palabra y la imagen, desde las redes virtuales, desde el cuerpo &#8211; ahí está Camila y todos los estudiantes de Chile-. Trincheras todas donde se mezclan la reflexión y el combate. </p>
<p>En una sala de cine, somos menos de  5 personas. Vemos a Antoine Doinel, el infante pillo y rebelde de la película “Los 400 golpes” de Francoise Truffaut. Su profesor lo ha castigado y enviado a una esquina de cara a la pared, molesto escribe en el muro: “aquí el pobre Antoine Doinel fue injustamente castigado por Sourpuss por una pinup que cayó del cielo, esto será un ojo por ojo y diente por diente”. </p>
<p>Hace un año, Santiago Espinoza y Andrés Laguna, escribieron el libro <strong>El cine de la nación clandestina</strong>, se pusieron encima sus cabezas la enorme máscara del Jacha Tata Danzanti, personaje principal e icónico de la película “La Nación Clandestina” de Jorge Sanjinés, la misma que inspiró el título de su libro. Con el peso de esa máscara, de ojos desorbitados y melancólicos, coronada por dos orejas gigantes colmadas de espejitos, retomaron el camino tortuoso, incierto y desigual del cine boliviano estrenado entre 1980 al 2010. Como en la película, miran al pasado del cine, recorren su historia y la revelan, para encontrar, o por lo menos dilucidar, la identidad del cine de la nación clandestina. </p>
<p>Ya no hay retorno escogida su trinchera, el cine, y su arma, la escritura, ya no pueden escapar al abrazo del cine boliviano. </p>
<p>Así danzando al ritmo hipnótico y cadencioso de la música de los pinkillos y wankaras que tocan los acompañantes del Jacha Tata Danzanti, Espinoza y Laguna llegaron a este año 2011 con otro libro y otro tipo de carga-compromiso encima. Ahora los dos se suben a la Ramona, la camioneta personaje principal de la película “Cuestión de Fe” de Marcos Loayza, y emprenden viaje a través de las tres últimas décadas del cine boliviano llevando a cuestas una pesada Virgen de yeso de tamaño natural, frágil, milagrosa y llorona, eso sí.  </p>
<p>Su libro, haciendo honor a este nuevo viaje y nueva carga, se titula <strong>Una cuestión de Fé. Historia (y) crítica del cine boliviano de los últimos 30 años (1980 – 2010)</strong>. En este libro ellos dos ya no miran el pasado del cine sino que, en una combinación de práctica de periodismo y de compromiso estético, arman una obra de ejercicio crítico del cine boliviano de los últimos treinta años. Reinterpretando, registrando y acompañando, película a película, un cine que ha sufrido muchas transformaciones y que en este último periodo vivió algunas de las más radicales.</p>
<p>Con ellos dos, acompañamos este proceso de cambios del cine y del país instalados en una sala de cine oscura, mirando de frente al presente de nuestra cinematografía.</p>
<p>En la pantalla, Doinel deambula por las calles con su inseparable compañero, René. Los dos amigos escapan a cualquier reprimenda, a cualquier sistema. Con ellos dos, el cine finalmente salió a la calle. Quieren respirar aire puro y sentir el pálpito de la ciudad.</p>
<p>Con una cámara liviana, a través de estos amigos, el cine invadió la calle desnuda y sin maquillaje, escapando a las convenciones y a las reglas. </p>
<p>El acto de estos dos autores, de estos dos amigos, en el libro, el de ponerse un peso encima al momento de abordar sus obras no es algo superficial, mucho menos un gesto neurótico, es un acto que revela el compromiso que los autores asumen con el cine boliviano pues intuyen que en él están las claves para conocernos y definirnos como bolivianos. “Lo boliviano del cine boliviano, así como lo boliviano en sí, parece ser lo que suele ocultarse, lo que a veces se devela y deslumbra, pero que siempre permanece como una huella profunda, como un espectro intenso”, afirman en sus consideraciones finales. </p>
<p>Así el libro oculta tras su cuidada edición la pluma salvaje, crítica y honesta de sus autores que nos develarán poco a poco el camino recorrido por los realizadores bolivianos, desde el retorno a la democracia en 1982 que les devolvió sus libertades políticas y de expresión, hasta los dos miles con el uso y abuso de las libertades tecnológicas que les dio el digital y el abaratamiento de las nuevas tecnologías y de producción.</p>
<p>Con una portada de lujo realizada a mano por un cineasta de oficio como es Jesús Pérez y donde reconocemos al Tata Danzanti, la Ramona, el camión de “Mi Socio” o la llamita blanca, el libro nos abre con gran gusto y elegancia al mundo del cine boliviano que es, para muchos, desconocido, una incógnita, una inmensa pregunta. Y son preguntas las que abren el libro. ¿Qué puede pasarle al mundo en treinta años?, ¿Qué puede pasarle a un país en treinta años?, ¿Y qué puede pasarle al cine de un país en treinta años?. Y como si fueran pocas, el libro se parte en tres nuevas preguntas: “Los años ochenta: ¿Década perdida?, “Los años noventa: ¿El fin de la historia? y “Los dos miles: apocalípticos e integrados”, gran pregunta en algún sentido. Cada capítulo del libro una pregunta, una década y una revelación escrita de la experiencia personal y crítica de dos amantes del cine. </p>
<p>Nada más seductor que un libro que abre con preguntas porque se convierte casi inmediatamente en la promesa de un descubrimiento, la promesa de una respuesta, si es que la hay. ¿No es acaso la forma más interesante y libre de conocer algo, hacerse preguntas, dudar de que uno conoce las cosas?.</p>
<p>Las respuestas posibles a estas preguntas que develan de algún modo el contexto histórico, económico y cultural en que se realizó cine en nuestro país son los textos que hacen el cuerpo del libro. 47 críticas de 47 películas que dan fe de que el cine boliviano sigue cuestionándose, sigue cometiendo errores, sigue alejándose de los grandes temas, pero también sigue creyendo en su poder y en su espíritu de libertad.</p>
<p>Doinel es empujado finalmente a escapar del internado, de la casa. Las autoridades lo persiguen lo golpean… como sus padres…  como sus maestros. Intentan que se adapte.</p>
<p>La pantalla se ilumina con la imagen de un océano, y Doinel corre más lejos, huye hacia el mar, profundo, infinito. Cuando ya no hay dónde más correr, mira a la cámara, nos pregunta, nos golpea en uno de los <em>travellings</em> más célebres de la historia del cine.</p>
<p>Son 47 golpes. Golpes al espectador del cine boliviano, a los realizadores, incluso a los mismos autores de este libro, que nos recuerdan que el cine boliviano ya no es un infante, y que como todos los niños, ha aprendido las lecciones de la vida de la manera más dura. Son  47 golpes, ¿o son 400?, que nos llevaran inevitablemente a la madurez. Transito necesario para que el propio boliviano se dé cuenta de que las películas no las hacen solo los directores o productores sino todos: el público, los dueños de las salas, los sindicatos de trabajadores de la imagen, los historiadores, los políticos, los críticos y que es responsabilidad de todos que las películas encuentren su camino de exhibición, de visualización, de existencia misma.</p>
<p>En este camino, el libro <strong>Una cuestión de Fe</strong> y sus autores asumen el peso de esa responsabilidad y ese compromiso y lo asumen al son y la cadencia de un ritmo boliviano que es el latir de todo un país. </p>
<p>Doinel ya no escapa más, ha crecido, se queda en la pantalla, camina hacia nosotros y nos mira de frente para siempre. </p>
<p><em>Fuente: Editorial Nuevo Milenio</em></p>
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		<title>Se presenta en La Paz Una cuestión de fe de Santiago Espinoza y Andrés Laguna</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Aug 2011 16:44:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Crítica]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>

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		<description><![CDATA[Presentación de Una cuestión de fe Por: Andrés Laguna Hace unos meses la guionista y realizadora madrileña Yolanda García Serrano, en una breve y más o menos amigable discusión, me dijo con algo de timidez, pero con convicción que: “Los críticos de cine deberían extinguirse. Como los dinosaurios”. Por entonces, supongo, creía que yo era [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/08/Una-cuestión-fe2.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/08/Una-cuestión-fe2.jpg" alt="" title="Una cuestión fe" width="297" height="275" class="aligncenter size-full wp-image-3995" /></a></center><br />
<strong>Presentación de Una cuestión de fe<br />
Por: Andrés Laguna</strong></p>
<p>Hace unos meses la guionista y realizadora madrileña Yolanda García Serrano, en una breve y más o menos amigable discusión, me dijo con algo de timidez, pero con convicción que: “Los críticos de cine deberían extinguirse. Como los dinosaurios”. Por entonces, supongo, creía que yo era un colega suyo. Cuando los otros comensales le hicieron notar que soy miembro de esa especie a la que condenó a la desaparición, creo que se sintió algo avergonzada, pero de todas formas intentó justificar su afirmación. Como para tantos, para García Serrano los críticos no somos más que engendros que tenemos por único fin destrozar la obra de esforzados y sufridos realizadores. No es la primera vez que me pasa algo similar. En Bolivia los realizadores muchísimas veces nos han declarado la guerra. Incluso algunos, pienso en especial en uno con tendencia a las dependencias, a las perfidias y a preguntarse por la suerte de los camélidos andinos, van mucho más allá que Yolanda, no desean nuestra extinción, simplemente niegan nuestra existencia. No nos desean la suerte de los dinosaurios, aseguran que tenemos la misma naturaleza que los dragones. Es decir, dicen que en Bolivia no existen críticos de cine que merezcan el rótulo. Tal vez Carlos Boyero tiene razón cuando afirma que los críticos debemos mantenernos lo más alejados posible de todo lo que está detrás de una película, de una obra, en especial del los cineastas. Posiblemente sea lo más sano y seguro. De todas formas, lamento que, salvo contadas excepciones, cineastas y críticos seamos incapaces de mantener diálogos fértiles y provechosos para el cine boliviano. </p>
<p>Desde diferentes lugares, a partir de experiencias singulares más o menos distintas, desde nuestra particularidad, Santiago Espinoza y yo aprendimos a amar al cine desde muy niños. Por ejemplo, él forjó su devoción por las películas de Woody Allen, cuando paralelamente yo me dejaba encandilar por la obra de Jim Jarmusch. Personalmente, agradezco sinceramente haber tenido una infancia llena de enfermedades, pues guardando cama, gracias a la guía de mi madre, descubrí <em>Casablanca</em>,<em> La dolce vita</em>, <em>Tiempos modernos</em> y, la indeleble, <em>Citizen Kane</em>. Y mi vida jamás volvió a ser la misma. Algo similar le pasó a Santiago. Ambos fuimos espectadores voraces, obsesivos visitantes de video clubes, ambos nos enamoramos de blondas actrices que jamás conoceríamos. El cine boliviano no fue nuestro primer amor, pero fue uno de esos que jamás se olvidan, que están en cada uno de los rincones de la vida. Como lo ha reconocido en varias oportunidades, Santiago perdió la inocencia cuando vio <em>La nación clandestina</em>. Por mi parte, recuperé la inocencia cuando experimenté a <em>Cuestión de fe</em>. Estoy casi convencido de que Santiago tiene un futuro en el cine. Yo no. Me limito a ver, pensar, hablar, comentar y escribir sobre cine. Nada más. Nada menos. Desde que nos conocimos Santiago y yo hemos compartido eso. Siempre lo haremos. <strong>Una cuestión de fe</strong>, es el resultado de esa experiencia. Es el resultado del ver, pensar, hablar, comentar y escribir sobre el cine que sentimos más íntimo, que sentimos más conectado a nuestra historia singular, ese cine que nos afirma o nos niega, ese cine que queremos afirmar o negar. Justamente, ser crítico de cine es profesionalizar el gesto espectatorial, es llegar a ser un espectador profesional, es convertir en oficio a nuestra patología singular. Por supuesto, recurriendo a ciertos recursos estratégicos para realizar una lectura de las obras cinematográfica, con rigor y disciplina, pero sin jamás perder la pasión y la emoción, que siempre acompañan al hecho de amar al cine. </p>
<p>Se puede hacer historiografía desde muchos territorios, nosotros, como “espectadores profesionales” hemos optado por hacerla a través de la crítica de cine, a través del instrumento que nos permite identificar y valorar los discursos, las tendencias estéticas, las inclinaciones ideológicas, las temáticas, del cine boliviano de las últimas tres décadas. No es para nada gratuito o casual que esta noche nos acompañen Pedro Susz y Marcos Loayza. Ambos representan a todo lo que hemos querido rendir tributo en este libro. La obra cinematográfica de Loayza contiene lo que amamos del cine boliviano, compromiso, discurso y una verdadera propuesta artística, esos gérmenes que nos cambiaron la vida. Por su lado, Susz es el crítico cinematográfico nacional por antonomasia, es el hombre que hizo escuela, que ha servido de ejemplo y ha fungido de espíritu tutelar de todos los que escribimos sobre cine en el país, es el hombre que junto a otros ha hecho respetable el oficio crítico. Quiero creer que en <strong>Una cuestión de fe</strong> le hemos hecho una gran reverencia a todo lo que Marcos y Pedro representan.  </p>
<p>En la vida uno debe ser agradecido, así que me permitiré dar las gracias a un puñado de personas importantes. Este libro no hubiese sido posible sin el financiamiento y la paciencia de la Fundación Herrmann. En especial, debemos dar las gracias a la Presidenta de la Comisión de Fomento a la Cultura de la Fundación Herrmann, Rosángela Conitzer de Echazú, que no sólo fue la encarnación de la paciencia mencionada, sino que también tuvo la gentileza de escribir un acertadísimo texto de presentación. Marcelo Paz Soldán, cabeza y corazón de la editorial Nuevo Milenio, trabajó de manera inagotable para ajustar todos los detalles de la impresión y de la distribución, su amistad y transparencia siempre han sido determinantes para nosotros. Jesús Pérez nos honró con el dibujo de la tapa del libro, además de habernos ofrecido un pieza de arte maravillosa, que me conmovió hasta las lágrimas, tuvo la generosidad de hacer una bella y lúcida lectura de nuestra obra a través de su dibujo. Quiero darle las gracias el equipo de la Ramona, en especial a Sergio de la Zerda, nuestro más cercano compañero y fiel amigo, que siempre nos sostiene. Rápidamente, robando un poco los minutos, quiero darle las gracias a mi familia, a mis amigos y a mi mujer, las auténticas razones para vivir la vida. </p>
<p><strong>Una cuestión de fe</strong> es una historia del cine boliviano de las últimas tres décadas, construida a través de críticas de buena parte de las cintas más emblemáticas de dicho periodo de tiempo. Pero ante todo es una afirmación del cine boliviano, es una reescritura, es el gesto comprometido de dos espectadores patológicos. Muchas gracias. </p>
<p><em>Fuente: Editorial Nuevo Milenio</em></p>
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		<title>The road</title>
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		<pubDate>Fri, 05 Mar 2010 21:02:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Crítica]]></category>

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		<description><![CDATA[Deambulando por la carretera Por: Ernesto Contreras Garrett Los premios Oscar de la Academia Cinematográfica de Los Estados Unidos despiertan odio y pasión entre las personas. Efectivamente tienen momentos memorables, que son los que quedan a la larga, como el emotivo discurso de Cuba Gooding Jr. al ganar el premio a mejor actor de reparto [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/03/the-road.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/03/the-road.jpg" alt="" title="the road" width="166" height="241" class="aligncenter size-full wp-image-2655" /></a></center><br />
<strong>Deambulando por la carretera<br />
Por: Ernesto Contreras Garrett</strong></p>
<p>Los premios Oscar de la Academia Cinematográfica de Los Estados Unidos despiertan odio y pasión entre las personas. Efectivamente tienen momentos memorables, que son los que quedan a la larga, como el emotivo discurso de Cuba Gooding Jr. al ganar el premio a mejor actor de reparto o el Oscar a la trayectoria que recibió Jerry Lewis en 2009. Y es que digan lo que digan, el Oscar es el sueño de cualquier persona que trabaja en el mundo del cine.</p>
<p>Lamentablemente, al estar seguras de eso, las personas de la Academia se han caracterizado sobretodo en los últimos años por hacer justicia a su manera, premiando muchas veces aquello que no debe ser premiado, omitiendo a grandes películas &#8211; o autores de las mismas &#8211; y escarmentando a personajes del medio con los que mantienen diferencias, tomando muchas veces decisiones ilógicas, sólo para demostrar al mundo que los que mandan son ellos. Y, pase lo que pase, siempre quedarán impunes.</p>
<p>Son muchos los casos que podríamos señalar haciendo referencia al párrafo anterior:<br />
1.- Titanic y los polémicos Oscars a mejor maquillaje (por los muertos en el agua, superando así a Man in Black) y el premio a la mejor película.<br />
2.- Diez nominaciones para Gangs of New York y ninguna estatuilla (Scorsese estaba peleado con la Academia en ese entonces).<br />
3.- Oscar a &#8220;When you beleive&#8221; en desmedro de &#8220;I don&#8217;t want to miss a thing&#8221; interpretada por Aerosmith (Considerada una de las tres mejores canciones de 1998.)</p>
<p>En fin, parecería que la polémica es el elemento más importante en todo lo que involucra a los premios de la Academia. Y este año no fue la excepción.</p>
<p>Cormac McCarthy es &#8211; según muchos de los críticos &#8211; uno de los mejores escritores norteamericanos de su tiempo. Comparan su forma de escribir con la de Faulkner y Twain y su forma de vivir con la de Salinger (realizó su primera entrevista para la televisión el 2007, nació en 1933 y publicó su primera novela en 1965).</p>
<p>Sus obras (entre las más destacadas: Meridiano de Sangre, No es país para viejos y La carretera) se han vendido y muy bien en Estados Unidos y Europa &#8211; lamentablemente en Sudamérica casi nadie lo conoce &#8211; y su capacidad para describir escenarios, situaciones y sentimientos ha hecho que algunas de ellas hayan clamado a gritos ser llevadas al cine.</p>
<p>Situación que sucedió con &#8220;No es país para viejos&#8221; (Dirigida por los Hermanos Coen y ganadora en cuatro de las ocho nominaciones al Oscar en 2007: Mejor película, mejor dirección, mejor actor de reparto y mejor guión adaptado).</p>
<p>Fenómeno que no pasará este año, porque al parecer los encargados de las nominaciones no vieron &#8211; tratando de ser benévolo con esas personas &#8211; la adaptación del libro de McCarthy: The Road (Dirigida por el poco conocido John Hillcoat). Y justo en un año en el que las buenas películas han hecho falta.</p>
<p>Nadie sabe exactamente qué pasó y por qué se la dejó de lado, ya que esta película contiene, entre otras cosas, a la mejor actuación masculina del 2009 a cargo de Vigo Mortensen, quien comparte el reparto con Charlize Theron, Guy Pearce y Robert Duvall, además del joven actor Kodi Smit-Mcphee.</p>
<p>Y podría haber sido nominada a otras categorías: Mejor Película, mejor director, mejor guión adaptado, mejor actor secundario, mejor fotografía. Sin embargo no pasó.</p>
<p>Sabiamente el director de la misma &#8211; y ahí uno de sus méritos &#8211; no se mete con el guión y la historia original del libro, tratando de poner su granito de arena a la historia. El libro es demasiado fuerte para eso, no necesitas cambiar partes, porque el autor se encarga de describir de una manera casi perfecta toda la situación.</p>
<p>También se debe hablar de la fotografía, a cargo del español Javer Aguirresarobe (su mejor trabajo según algunos críticos). Quien te lleva de la mano por el escenario post-apocalíptico, triste, oscuro, sombrío y de destrucción en el que viven los personajes.</p>
<p>La novela trata de la historia de un padre y su hijo que buscan sobrevivir a toda costa, en lo que queda del Planeta, que ha sido convertido en un lugar inhabitable, como consecuencia de un cataclismo desconocido. Donde el canibalismo, el odio y la enfermedad están a la orden del día. Es un escenario bastante triste y nada alentador. Nadie sabe exactamente qué hacer porque no tiene solución, así que sólo queda aguantar hasta morir, convertirte en un caníbal o suicidarte.</p>
<p>Tanto el libro como la adaptación cinematográfica son obras de arte. El primero recibió todos los elogios de la crítica y el premio Pulitzer de ficción en 2007. Suerte con la que no contó la película que pasará a la historia como una de las mayores injusticas que la Academia de las Artes y de las Ciencias Cinematográficas ha cometido en toda su historia.</p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
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		<title>Crítica a La toma del manuscrito</title>
		<link>http://www.ecdotica.com/2009/12/23/critica-a-la-toma-del-manuscrito/</link>
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		<pubDate>Wed, 23 Dec 2009 15:43:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Autores]]></category>
		<category><![CDATA[Crítica]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[narrativa]]></category>
		<category><![CDATA[Novela]]></category>

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		<description><![CDATA[La toma del manuscrito Por: Edmundo Paz Soldán Hace algunos años, Cachín Antezana se quejó de que la narrativa boliviana del siglo XX había estado demasiado atada al referente real. Al escritor se le pedían libros y cuentos que dieran cuenta de la esencia de las regiones y la identidad nacional, y el escritor trataba [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2009/12/La-toma-del-manuscrito.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2009/12/La-toma-del-manuscrito-95x150.jpg" alt="" title="La toma del manuscrito" width="95" height="150" class="aligncenter size-thumbnail wp-image-2379" /></a></center><br />
<strong>La toma del manuscrito<br />
Por: Edmundo Paz Soldán</strong></p>
<p>Hace algunos años, Cachín Antezana se quejó de que la narrativa boliviana del siglo XX había estado demasiado atada al referente real. Al escritor se le pedían libros y cuentos que dieran cuenta de la esencia de las regiones y la identidad nacional, y el escritor trataba de cumplir de la mejor manera posible. De esas demandas de la tradición surgieron algunos grandes textos, pero, con los años, las ataduras sociológicas se fueron convirtiendo en cargas que limitaban buena parte de la producción narrativa nacional.</p>
<p>Quiero creer que las cosas están cambiando. Hay más deseos de explorar otros registros, jugar con los géneros populares, soltarse. Uno de los que está contribuyendo a ese cambio se llama Sebastián Antezana (ninguna relación con Cachín). Antezana, nacido en 1982, publicó el 2008 <strong>La toma del manuscrito</strong> (Alfaguara), ganadora del Premio Nacional de Novela 2007. Recién la pude leer este año, y me entusiasmó descubrir a un narrador puro y duro. La novela tiene una dosis de sofisticación: el proyecto se emmarca dentro de los juegos textuales de Perec y Borges, e incluye traducciones y apropiaciones de textos que remiten a fotos que a la vez remiten a una historia real; cajas chinas que, en su intento por narrar lo que ocurrió en una expedición al África interior en el año 1875, no hacen más que contarnos de la supremacía de la ficción.</p>
<p>Lo que late en cada una de las páginas de<strong> La toma del manuscrito</strong> es el vuelo imaginativo, la fuerza para narrar una historia compleja, para moverse con soltura en torno a múltiples personajes y escenarios. Antezana dialoga con el género policial y con la novela de aventuras y lo hace sin inocencia, pero también sin el deseo de que los juegos textuales ahoguen su proyecto. Se trata de una primera novela, y por ello hay ciertos excesos retóricos. En una literatura caracterizada por la timidez, esos excesos pueden perdonarse. Ya habrá tiempo para pulirlos. Por lo pronto, cuenta más la notable ambición de crear un mundo narrativo autónomo.</p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
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		<title>BUENA LECHE</title>
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		<pubDate>Wed, 03 Jun 2009 15:29:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Crítica]]></category>

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		<description><![CDATA[El guión no contiene sorpresas ni revelaciones. Los episodios que se narran son de dominio público. Sin embargo la reconstrucción, aun sin buscar espectacularidad, es patética, y el acorralamiento final del héroe es una de las versiones mejor filmadas de esa épica de la caída, que quizá contribuyó, más que sus hazañas en vida, a la gloria del Che, pues es curioso que el culto a semejante ícono sea una forma de necroliturgia similar a la que atrae a los devotos característicos de Cristo crucificado y de los santos mártires.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2009/06/che-guerrilla.jpg" alt="che-guerrilla" title="che-guerrilla" width="89" height="126" class="aligncenter size-full wp-image-1696" /></center><br />
<strong>El Che de Soderbergh<br />
Por: Ramón Rocha Monroy</strong></p>
<p>El lunes asistí al preestreno de Che-Guerrilla, la segunda parte de la extensa biografía del Che filmada por Steven Soderbergh. No es una cinta para el espectador acostumbrado al cine hollywoodense pues aquí no hay buenos ni malos, no hay acciones espectaculares ni ataques comandados por el protagonista en cámara lenta, definiendo una acción con su entrega de individuo heroico. Nada de eso. La cinta es más bien una trama del aislamiento que la película teje como si los guerrilleros se hundieran en un pozo sin fondo encarnado en la quebrada del Churo. Pero es una trama construida al servicio de los dos episodios finales: la captura y la ejecución, en los cuales resalta, ahora sí, la fuerza y el talento de Benicio del Toro, muy bien escoltado por los artistas secundarios. Entre éstos hay una intensidad que parece deliberadamente uniforme, pues no resalta la actuación de los actores y actoras de cartel, como Jorge Perugorría, Catalina Sandino, Lou Diamond Phillips o Franka Potente, pero hay que mencionar la actuación sobria y convincente del boliviano Christian Mercado en el papel de Inti. Él, los actores bolivianos que lo acompañan y Rodrigo Bellott en el casting nos hicieron sentir orgullosos de la perspectiva que se abre para nuevas producciones. ¡Parece que al fin tenemos un plató boliviano!</p>
<p>El guión no contiene sorpresas ni revelaciones. Los episodios que se narran son de dominio público. Sin embargo la reconstrucción, aun sin buscar espectacularidad, es patética, y el acorralamiento final del héroe es una de las versiones mejor filmadas de esa épica de la caída, que quizá contribuyó, más que sus hazañas en vida, a la gloria del Che, pues es curioso que el culto a semejante ícono sea una forma de necroliturgia similar a la que atrae a los devotos característicos de Cristo crucificado y de los santos mártires. Esto a diferencia de lo que ocurre en Cuba, donde no se conocen ni circulan fotografías de la caída o del cadáver del Che, sino los registros del Che en vida y en la plenitud de sus energías.</p>
<p>Otra de las sugerencias de esta versión biográfica es la constatación de que el héroe alcanza la plenitud con la inmolación, pues casi siempre el héroe triunfante pierde su carisma heroico. No admiraríamos con la misma intensidad al Che si lo viéramos vivo, viejo, gordo y asmático, recorriendo el mundo para contar sus triunfos. No. Lo apreciamos como héroe porque fue inmolado, y por eso la necrofilia de sus devotos se extiende a las cosas que se le incautó: a los varios relojes que portaba, a los mocasines, a la carabina, al Diario, a sus manos… En México había un fotógrafo que guardaba una Polaroid con que el Che se habría ganado la vida cuando tramaba con Fidel la expedición del Granma, y se hablaba de un viejo canillita que conservaba un poro y una bombilla, pues el Che lo visitaba, dicen, para leer los periódicos sin comprarlos. </p>
<p>Hay una novela de Abel Posse que titula <strong>Los cuadernos de Praga</strong> e intenta cubrir esos episodios ocultos de la vida del Che anteriores a Ñancahuazú. Posse cuenta una escena espeluznante del Che haciendo ejercicios de sobrevivencia en un bosque invadido por los perros de presa de las tropas soviéticas que han vuelto a ser cazadores y salvajes. Le da un ataque de asma y su tienda está rodeada por cientos de esas fieras; su guía checo lo salva, y el lector conjetura que allí pudo haber acabado sin pena ni gloria la vida del guerrillero heroico. Episodios como éste no vamos a encontrar en la cinta de Soderbergh, pero eso mismo subraya su intención de hacer un cine a 180 grados de los lugares comunes a que nos tiene acostumbrados hasta el asco el cine de Hollywood.</p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
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		<title>Gesta Bárbara en la biblioteca de Ecdótica</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Apr 2009 14:16:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículo]]></category>
		<category><![CDATA[Crítica]]></category>
		<category><![CDATA[Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Gesta bárbara]]></category>

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		<description><![CDATA[Gesta Bárbara en la red Por: Miguel Esquirol Al mismo tiempo que las vanguardias latinoamericanas estaban descubriendo nuevas formas en la literatura, Borges comenzaba con sus más juveniles esfuerzos en Argentina, en Chile Huidobro inventaba un nuevo universo, y en Brasil un grupo de antropófagos se reunía para inventar un nuevo país, en Bolivia un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href='http://www.ecdotica.com/2009/04/07/gesta-barbara-en-la-biblioteca-de-ecdotica/1482/' rel='attachment wp-att-1482' title='gestabarbara.jpg'><img src='http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2009/04/gestabarbara.thumbnail.jpg' alt='gestabarbara.jpg' /></a></center><br />
<strong>Gesta Bárbara en la red<br />
Por: Miguel Esquirol</strong></p>
<p>Al mismo tiempo que las vanguardias latinoamericanas estaban descubriendo nuevas formas en la literatura, Borges comenzaba con sus más juveniles esfuerzos en Argentina, en Chile Huidobro inventaba un nuevo universo, y en Brasil un grupo de antropófagos se reunía para inventar un nuevo país, en Bolivia un grupo de vanguardia recorría las frías calles de Potosí para publicar un periódico que marcaría varias generaciones. </p>
<p>Gesta Bárbara era el nombre de este grupo de vanguardia y de su periódico, que marca el inicio de la critica literaria en Bolivia. Estos documentos son hoy casi desconocidos y muy dificiles de encontrar. Hace dos años recorrí bibliotecas paceñas encontrando estos dos ejemplares que en formato PDF y bajo licencia creative commons, publico aquí. La principal razón de hacer esto es intentar mejorar el acceso a este tipo de materiales: </p>
<p>De este importante movimiento literario hoy en día en la red sólo hay un rastro de su existencia, un par de nombres depositados al azar. </p>
<p>Encontramos brevísimas biografías de sus dos principales autores:</p>
<p><strong>Carlos Medinacelli</strong> (1898-1945), escritor potosino, precursor de la recuperación de la identidad nacional a partir del movimiento cultural y generacional denominado &#8220;Gesta Bárbara&#8221;. Fundador de los periodicos &#8220;El Diario&#8221;, &#8220;La Propaganda&#8221; y &#8220;La Democracia&#8221; de Potosi, &#8220;La Razón&#8221; de La Paz. Nos ha dejado obras de un valor extraordinario como: &#8220;La Educación del Gusto Estético&#8221;, &#8220;La Chascañawi&#8221; (1947), &#8220;Adela&#8221;, &#8220;Estudios Críticos&#8221;, &#8220;Páginas de Vida&#8221;, &#8220;Diálogos&#8221;, &#8220;Cuentos Bolivianos&#8221;, &#8220;El Cuento en Bolivia&#8221;, &#8220;Historia de la Literatura Boliviana&#8221;, &#8220;Algunas observaciones acerca de la personalidad y obra de Arturo Borda&#8221;, &#8220;Temple de la Montaña&#8221;, etc. </p>
<p>Como fundador de la revista Gesta Barbara (1918), cuyo ultimo número se publicó en 1925, dio origen a un movimiento literario en Bolivia &#8211; inspirado en la Generación del 98, en España &#8211; que es conocido con el mismo nombre de la revista.  <strong>Fuente: </strong>Librería Boliviana</p>
<p><strong>Gamaliel Churata</strong> (Arturo Peralta Miranda) (1897 &#8211; 1969). Escritor peruano que llegó a Bolivia por primera vez en 1917, exiliado de su país por razones políticas. Luego de corta estadía en La Paz, define a Potosí como su nueva residencia. Pese a permanecer allí menos de un año, desarrolla una intensa y fructífera labor, cuyo capítulo mayor se denomina Gesta Bárbara (1918), hito de la vida cultural boliviana. Allí se congregaron Carlos Medinaceli, José Enrique Viaña, Armando Alba, Saturnino Rodrigo y muchos otros que determinan uno de los puntos más altos para Potosí en esta dimensión. Medinaceli reconoce su mérito así: &#8220;Churata, que tan impagable servicio ha prestado a nuestra cultura, él fue el iniciador, esto (estímulo) ¬del¬ movimiento Gesta Bárbara&#8230;&#8221;. <strong>Fuente</strong>: Wikipedia.</p>
<p>También encuentro algunas citas de Medinacelli en Patria Grante: </p>
<p>•	Seamos profunda y auténticamente bolivianos, los primeros bolivianos como hasta hoy no lo ha sido ninguno por pretender ser europeos para conseguir sólo ser una caricatura.<br />
•	Y, aunque como generación seamos una fracasada, hemos fracasado o fracasaremos en buena ley, luchando por nuestros propios ideales, no por los ajenos.<br />
•	La juventud que se agrupado en torno a Gesta Bárbara ha visto que, de las perfecciones con que idealizó a su patria, a la áspera realidad del presente, medía un enorme camino por recorrer y, es de esa certidumbre, que arrancamos la energía para combatir los males de la patria y la sinceridad para decirlos. </p>
<p>Y finalmente, estudios literarios sobre el grupo sólo encuentro dos apuntes. Un breve fragmento de la Encyclopedia of Latin American and Caribbean literature, 1900-2003: </p>
<p>Gesta Barbara fue un periódico que daba espacio a dos generaciones de escritores bolivianos. Fundado en 1918, sus 10 primeros números fueron publicados en Potosí. 20 años después, en 1948 la segunda serie comenzó su publicación, aunque sólo duró 4 números. Ambas series publicaban poesía de su grupo de miembros así como ensayos y artículos de escritores contemporáneos, entre ellos Carlos Medinacceli, Gamaliel Churata y Armando Alba, quienes podrían ser los fundadores de la crítica literaria Boliviana. </p>
<p>J.M. de la vega Rodriguez </p>
<p>Encyclopedia of Latin American and Caribbean literature, 1900-2003</p>
<p>Y mucho más interesante pero en francés, un ensayo de la universidad de Lille: «GESTA BÁRBARA», GÉNÉRATIONS DE POÈTES EN RUPTURE.<br />
&#8220;Gesta Bárbara&#8221; es el nombre del movimiento literario boliviano que dejó marcada a más de una generación de escritores y escritoras a partir de su creación, en 1918 en potosí. </p>
<p>El nombre &#8220;Gesta Bárabara&#8221; puede estar relacionado al gran poeta modernista de bolivia, Ricardo Jaimes Freyre, y su obra poética &#8220;Castalia Bárbara&#8221; publicada en 1899, no solamente parece que Jaimes Freyre ha estado fuertemente admirado por la nueva generación, pero también parece que los contenidos de esta &#8220;Fuente bárbara&#8221; son mantenidos, por estos jóvenes poetas, como el símbolo de su propia ruptura. </p>
<p>Evocar aquí la poesía de Jaimes Freyre, su evocación de símbolos en la transposición de sus lugares de representación. Las figuras de los bárbaros en &#8220;Castalia Bárbara&#8221; son los dioses de la mitología nórdica, derrotados por el cristianismo naciente. </p>
<p>[…]. Ya en la selva sagrada no se oyen las viejas salmodias,<br />
ni la voz amorosa de Freya cantando a lo lejos ;<br />
agonizan los dioses que pueblan la selva sagrada,<br />
y en la lengua de Orga se extinguen los divinos versos<br />
Solo, erguido a la sombra de un árbol,<br />
hay un dios silencioso que tiene los brazos abiertos </p>
<p>Esta transposición de los lugares de la representación me parece capital para abordar la pregunta, incluso la negación, de los lugares históricos de la representación en la postura de &#8220;gesta bárbara&#8221; </p>
<p>La figura del bárbaro en Bolivia, a partir de la oposición Civilización y Barbarie, fundamento identitario de América Latina, incluida la segunda mitad del siglo XIX; a través de discursos históricos y socio políticos debajo de problemas mayores de la sociedad boliviana. Si, tal como está designado, el bárbaro es la figura del otro, incapaz de aproximarse por su no-lenguaje y su no-humanidad, él es construido a partir de un locus de poder que en la Bolivia de fines del siglo XIX e inicios del XX fue la oligarquía criolla-mestiza en oposición del indio.</p>
<p>Espero que con estos dos documentos sea posible, al menos, aumentar al información sobre este importante movimiento de la literatura boliviana y latinoamericana. </p>
<p>Lo puede descargar del siguiente link: <a href="http://www.ecdotica.com/biblioteca/gestabarbara1.pdf">http://www.ecdotica.com/biblioteca/gestabarbara1.pdf</a></p>
<p><em>Fuente: http://elforastero.blogalia.com</em></p>
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		<title>La ficcionalidad de Rodrigo Hasbún</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Dec 2008 19:23:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crítica]]></category>
		<category><![CDATA[adolfo cáceres romero]]></category>
		<category><![CDATA[rodrigo hasbún]]></category>

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		<description><![CDATA[La ficcionalidad de Rodrigo Hasbún Por: Adolfo Cáceres Romero “¿Por qué no intentar poner fin o atenuar la ola de estupidez que recorre el mundo(…)? Juan Carlos Onetti A un amigo escritor le pareció desconcertante lo que escribía Rodrigo Hasbún; es más, no podía concebir que sus cuentos pudieran gustar a alguien, sobre todo a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href='http://www.ecdotica.com/2008/12/08/la-ficcionalidad-de-rodrigo-hasbun/1292/' rel='attachment wp-att-1292' title='rodrigo-hasbun.jpg'><img src='http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2008/12/rodrigo-hasbun.thumbnail.jpg' alt='rodrigo-hasbun.jpg' /></a></center><br />
<strong>La ficcionalidad de Rodrigo Hasbún<br />
Por: Adolfo Cáceres Romero</strong></p>
<p><em>“¿Por qué no intentar poner fin o atenuar<br />
la ola de estupidez que recorre el mundo(…)?</em><strong><br />
Juan Carlos Onetti</strong></p>
<p>A un amigo escritor le pareció desconcertante lo que escribía Rodrigo Hasbún; es más, no podía concebir que sus cuentos pudieran gustar a alguien, sobre todo a mí. No dicen nada, argumentaba. Si no dicen nada, pensé, ¿llegó a lo que Flaubert buscaba: la ficcionalidad sin tema? También recordé que Mario Vargas Llosa, al leer mi “Mansión de los elegidos”, en 1969 me desplazó al segundo lugar en el Premio Guttentag, diciendo: “El día que este lector de Cortázar encuentre un tema dará que hablar” (me había presentado con el seudónimo de Bebé Rocamadur). ¡Albricias! No estaba solo, pues también Edmundo Paz Soldán elogiaba a Hasbún. Pero aquí cabe una pregunta: ¿El tema lo es todo?</p>
<p>En cada obra, lo que resalta es el tratamiento del tema, pero no el tema en sí. El tema de “Ana Karenina” es la infidelidad; que se repite en miles y miles de obras. Y si la humanidad continúa leyendo esa novela de Tolstoy, no es por su tema. Tolstoy no es su tema, como tampoco lo es Flaubert en su “Madame Bovary”. Tolstoy es Tolstoy y Falubert es Flaubert por la forma cómo tratan los temas de sus obras. Y eso se advierte en todos los grandes, a partir del **Quijote**. A menudo, críticos y lectores confunden tema con trama. Cuando se elogia una obra, lo primero que preguntan es de qué trata. Lo importante no está en el qué, sino en el cómo; no en lo que dice la obra, sino en lo que es en sí, como creación estética.</p>
<p>Volviendo a la obra de Rodrigo Hasbún, acabo de leer su novela <strong>El lugar del cuerpo</strong>. Tremenda satisfacción la que me provocó. Tiene tantas virtudes, que sus defectos no cuentan. No en vano ganó el Premio Nacional de Literatura 2007, en Santa Cruz de la Sierra. Nos conduce a una singular experiencia para hacernos entender que el lugar del cuerpo está en la tierra. Siempre lo ha estado. Y es el lugar donde su heroína es vejada de niña, de joven y anciana, a pesar de los homenajes que recibe al final de su vida. Tal vez su peor verdugo no es el hombre. Hasbún nos muestra mucho más. Si bien sabemos que el tiempo no perdona, nos conmueve su evidencia en el retorno, frente al espejo y a sus familiares. Ahí sufre y también goza, su cuerpo. Como todo cuerpo, en su lugar. Si al cabo de todas esas vicisitudes algo la redime a Elena es la palabra. Su diario y la novela que escribe; aunque también reniega de ella y la lanza a las aguas de un río, pero ¡oh, fortuna!, vuelve con una nueva obra, porque sólo así podrá sellar su soledad y lanzarse más allá del vacío; sólo así podrá reconciliarse consigo misma.</p>
<p>En esta obra, Rodrigo nos plantea la insuficiencia de las abstracciones para alcanzar el absoluto dominio del ser razón de algo, teniendo en cuenta que la realidad viviente se halla enterrada bajo una gran masa de experiencias y conceptos. El engaño y el deseo son la constante de una búsqueda sin fin. Y es ahí donde Elena tropieza con todo, inclusive con lo perdurable que para ella es poco. En su diario, nos habla de “una mesa redonda estúpida con gente estúpida”. Es muy frecuente confundir espacios. El cuerpo se deteriora y muere porque es finito, pero el espíritu no; por lo tanto siempre está, sin lugar ni tiempo, gracias a la palabra. Es lo que finalmente retiene a Elena, en su lugar de origen. Esta novela es más que una revelación. Su autor da un paso que significa mucho más. Esperemos sus frutos.</p>
<p><em>Fuente: www.opinion.com.bo</em></p>
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		<title>Antología de antologías</title>
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		<pubDate>Tue, 14 Oct 2008 15:27:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crítica]]></category>
		<category><![CDATA[Antología de antologías]]></category>

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		<description><![CDATA[En defensa de las antologías Por:César Verduguez Gómez (En el Fondo Negro del 24 de agosto, Jaime Nisttahuz publicó una crítica a las compilaciones literarias en Bolivia. Uno de los aludidos responde en este artículo). Mi amigo Jaime Nisttahuz seguramente está atravesando por un momento difícil y, por ello, su nota adolorida y atolondrada de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href='http://www.ecdotica.com/2008/10/14/antologia-de-antologias/1131/' rel='attachment wp-att-1131' title='antologia-de-antologias.jpg'><img src='http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2008/10/antologia-de-antologias.thumbnail.jpg' alt='antologia-de-antologias.jpg' /></a></center><br />
<strong>En defensa de las antologías<br />
Por:César Verduguez Gómez</strong></p>
<p><em>(En el Fondo Negro del 24 de agosto, Jaime Nisttahuz publicó una crítica a las compilaciones literarias en Bolivia. Uno de los aludidos responde en este artículo).</em></p>
<p>Mi amigo Jaime Nisttahuz seguramente está atravesando por un momento difícil y, por ello, su nota adolorida y atolondrada de desahogo: “Dos antologías pedestres”.</p>
<p>Al calificar una antología de “pedestre” o “rupestre” cae a un nivel de inesperada mezquindad, para cualquier escritor serio. Toda antología, mal o bien elaborada, tiene su mérito: hacer conocer a los lectores la obra de escritores que quizás no los conocían y, en el caso de los cuentos, difundirlos en selecciones de ningún modo caprichosas ni con pretensiones de tomárseles por cánones. Precisamente gracias a las antologías algunos autores son descubiertos y mejor conocidos.</p>
<p>¿Torpe? Sin duda, la nota en cuestión tiene esa característica, además de grotesca, porque endosar la letra de una canción como inspiradora al método por mí empleado da a entender que los boliches son las antologías de todos aquellos que pergeñaron una.</p>
<p>¿Qué dirían Armando Soriano Badani, Mariano Baptista Gumucio, Victor Montoya, Néstor Taboada Terán y otros? ¿Qué dirían Edgar Ávila Echazú, Raúl Botelho Gozálvez, Guillermo Vizcarra Fabre y Saturnino Rodrigo si estuvieran con vida? ¿Qué dirán Raúl Saint Mezard, Seymour Menton, Ruben Barreiro-Saguier, Aquiles Nazoa, José M. Oviedo, entre otros del exterior, y los demás autores de 115 obras que consulté entre antologías, estudios y páginas web para elaborar mi Antología de antologías?</p>
<p>Yo no he escogido precisamente los cuentos más repetidos, sino que éstos han surgido del sistema que he empleado: reunir todas las antologías posibles, nacionales y del extranjero, en español y en otros idiomas, donde figuraban cuentos bolivianos; así me encontré con las antologías (boliches, según Jaime) publicadas en Alemania, EEUU, España, Noruega, Japón, Croacia, etc. Dichos antologadores, gracias a él, me entero que sólo han repetido esos cuentos, no porque sean los mejores, sino por flojera, y yo, que pensaba —sigo pensando— que seleccionaron los relatos después de un cuidadoso análisis. Toda generalización es peligrosa.</p>
<p>¿Será que Victor Montoya ha repetido, por “flojera”, en su antología de 1999, el cuento La linterna, del propio Nisttahuz? Cuento publicado, además, en la antología de doña Betty Jordán, en 1996. Dicho sea de paso, es el único cuento suyo que tiene dos menciones conforme a mi investigación.</p>
<p>Argumenta, mi buen colega narrador, que en materia de cuento “no puede haber más o menos, ni bien nomás… o es bueno o malo”. ¿Y quién lo calificaría? ¿Jaime Nisttahuz? Sabiendo que lo que para unos es bueno, para otros es malo o regular. Pero si hay cuatro, cinco o 18 menciones en diferentes libros (como El Pozo de Céspedes) significa nomás que es bueno. (Según la teoría de Jaime, tal vez no, porque es posible que por “flojera” 17 hayan repetido).</p>
<p>Escribe, mi amigo, que no son los mejores cuentos los de Antología de Antologías. De los 37 cuentos que figuran ahí, ¿cuántos podría señalar que son malos (así tajante, como Jaime quiere). Empecemos por los diez primeros. Sacamos de la lista a la Miskki Simi y El Pozo, porque Jaime en un trabajo publicado en Signo los menciona como representativos, y también Sangre en San Juan porque escribió una valoración al respecto en el mismo libro que critica de pedestre y torpe.</p>
<p>Podríamos disminuir esta lista debido a que Ricardo Pastor Poppe, en su Los mejores cuentos bolivianos del siglo XX, incluye a Quilco en la raya del horizonte, y a Hurtado, imagino que Jaime no podrá cuestionar al antologador que también lo mencionó, como veremos luego. Puede expresar sin temor su parecer, porque la mayoría de sus autores ya no está en este mundo para responderle. Me gustaría conocer su respetable opinión respecto de algunos de los restantes: La emboscada, con diez menciones y traducciones al japonés, alemán, inglés, noruego; Tempestad en la cordillera, con nueve citas (Lijerón y Baptista, por ejemplo); El cañón de punta grande, con siete menciones (Abella, de Uruguay, y Monges, de Argentina, por mencionar); Venganza aymara, seis menciones, y Ángela desde su propia oscuridad, con seis menciones. ¿Cuál de estos cuentos es malo aparte de ser los más difundidos?</p>
<p>Jaime Nisttahuz figura con su cuento Diario de un timbre de transacción en Los mejores cuentos bolivianos del siglo XX. Pastor Poppe es el único antologador que toma en cuenta ese trabajo. Y no aparece en ninguna otra antología. Al parecer, mi pobre amigo no ha tenido la suerte de que alguien se inspire en esa letra que él mismo recuerda: “De boliche en boliche”. Aparecer en una antología no significa que sea uno de los mejores, aunque lleve un título pomposo. Pero si apareciera en varios, daría que pensar, y más si son en varios idiomas, pues quiere decir que es un buen cuento, ¿verdad?</p>
<p>El conocer teorías y escribir ensayos sobre el cuento no siempre significa ser un excelente narrador de cuentos, o tal vez sí, pero es todo el conjunto de críticos, antologadores y lectores los que finalmente determinan su validez, expresándolo por su permanencia en el gusto y en la memoria de los lectores. Recuerdo a Malraux, al que citó Jaime en un artículo suyo, y que dijo que “lo verdaderamente importante era ser releído”.</p>
<p>A propósito, tengo unas líneas de uno de los críticos mayores del país, Juan Quirós, que dice: “Su obra (la de Pastor Poppe, Los mejores cuentos bolivianos del siglo XX), como todas las antologías, está sujeta a un conjunto de opiniones de vientos contrarios. Hago preterición de las que son hijas de la envidia, y hablo únicamente de las opiniones de gente que entiende y posee buen criterio”. Justo a la medida para el caso presente. En el mismo comentario de Quirós están las siguientes interrogantes: “¿No hay otros que los superen?… ¿No está de sobra más de algún cuentista? ¿No faltan algunos nombres con alguno de sus cuentos?”. Me sumo a esas preguntas.</p>
<p>Tengo dos teorías para esta reacción lamentable de Jaime: Se enojó porque Taboada Terán “se tomó la libertad” de colocar dos signos de interrogación a una frase suya, cuando fue invitado para hacer una valoración del cuento de Oscar Soria Gamarra, precisamente para el segundo libro criticado. Vaya motivo para disgustarse, sabiendo que en las imprentas a veces ocurren cambios inesperados, ajenos a los autores.</p>
<p>Y la otra, como no he consignado ningún cuento suyo en mi antología (la verdad es que no reunía ninguno de los requisitos establecidos para armar el libro: cuatro menciones de un cuento en diferentes libros o más de diez citas con diferentes relatos), como uno de esos muchachitos inconformes a los que no se les ha tomado en cuenta en un juego, trata de molestar y perjudicar a los demás.</p>
<p>Para concluir, sólo me resta pedir a Jaime Nisttahuz, si acaso aún se considera amigo mío, que por mi parte todo seguirá igual, que reconsidere los fundamentos de sus teorías y que pise terreno firme. Consideraré su nota un exabrupto temperamental y pasajero escrito en la arena, y seguiré valorando su obra y luchas sociales escritas en la roca. </p>
<p><em>Fuente: La Prensa</em></p>
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