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Tradición halloweedense en Bolivia

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Las caras de Halloween
Por: Darwin Pinto

(¿Son una forma de alienación o tolerancia los festejos de la noche de brujas? Algunos lo ven como una celebración de algo tan universal como la muerte, otros como una fiesta divertida y hay quienes abogan por el duende y la viudita).
El pícaro duende de la leyenda y la sensual viudita que habitaron Santa Cruz (y buena parte de Latinoamérica con otros nombres), antes de la llegada de la Internet y la electricidad, deben sentirse consternados por la ingratitud de las nuevas generaciones de un pueblo que calentó las horas de la siesta y mandó a dormir temprano a los niños narrando sus increíbles aventuras de robos de chicos y engaños a borrachines galanes a altas horas de la noche sobre las calles de tierra del entonces campanario oriental.
¿Y qué es lo que afecta sus sensibilidades si se dieron modos para sobrevivir pese al alumbrado público y al pragmatismo de los nuevos tiempos? Pues tal vez sea que aquí se hace una fiesta de tradiciones europeas y estadounidenses como Halloween, mientras que a ellos, cada vez se los refunde en las zonas más rurales y menos gente les teme. Amén los sentiemientos de los espectros de la cultura local, ¿es Halloween una forma de alienación cultural o es más bien una prueba más de la tolerancia y asimilación que tiene el cruceño a todo lo que llega de afuera?
Para el sociólogo José Mirtembaum, decir que esta fiesta anglosajona es una alienación es como negar la universalidad de la muerte. “Hay diferentes tipos de expresión cultural de contacto con los muertos y Halloween es una de ellas. La fiesta de Todos Santos trae componentes indígenas fuertes que han sido absorbidos por los mestizos cristianos y profanos, y lo mismo pasa con la fiesta de noche de brujas, sólo que tiene más elementos sajones. Verlo como una alienación es una falta de tolerancia y el boliviano tiene una gran capacidad de absorción de estas costumbres que de fondo son en honor a los muertos. En el medioevo el objetivo de Halloween era conectarse con los mundos metafísicos aunque perdió su fondo en la época de la caza de brujas en Salem (EEUU). Acá es una excusa para disfrazarse, no hay que hacer asunto de Estado por esto”, afirmó.
“No tiene sentido pensar en reglamentar esto como lo ha propuesto Rafael Correa, porque sería no reconocer que el homenaje a la muerte se lo hace en todas las culturas”, manifestó.
El presidente ecuatoriano, Rafael Correa, prohibió el miércoles la celebración de Halloween en los despachos públicos de Ecuador y criticó el consumismo estadounidense.
Para el psicólogo Daniel Leaños, el éxito de Halloween en Santa Cruz no sólo es el resultado de un bombardeo comercial, sino que se trata de una fiesta llanamente divertida, independientemente de dónde venga y por qué se haga. “Nos bombardean con otras publicidades y sin embargo lo que pega es esta fiesta. Para los niños, la idea de pintarse y disfrazarse es fantástica. La tradición es importante, pero la globalización se impone. Los trajes de Halloween son vistosos, el disfraz, la pintura, la producción de un ambiente, que ya no busca asustar sino divertir”, dijo el profesional, que confesó que la noche del miércoles su pequeña hija lo esperó con disfraz incluido para ir a pedir dulces.
El antropólogo Herland Heriquez García afirmó que la fiesta de noche de brujas es sólo una forma nueva de pasarla bien y que en Santa Cruz nadie la realiza con los motivos originales que es el contacto con las almas, como aún se sigue haciendo con el día de Todos Santos que es como un Halloween cristiano, sólo que con elementos católicos (las oraciones, las velas) e indígenas (el llevar comida y agua para el difunto).
Miguel Arrázola, director acádémico del Centro Boliviano Americano (CBA), probablemente el sitio donde se empezó aquí con esta tradición estadounidense, dijo que allí se hizo la primera fiesta de Halloween en 1985.
“Una de las misiones del CBA, además de enseñar el inglés, es dar a conocer las tradiciones de Estados Unidos y la boliviana. Por eso empezamos con Halloween, Acción de Gracias y San Valentín. El cruceño ha asimilado eso como algo propio”, dijo.
“Yo me voy esta noche (la del jueves) a una fiesta de día de brujas con unos amigos. Lo hago porque fiesta es fiesta y si es disfrazado mejor, ¿no?”, señaló el estudiante universitario Darío Espinoza Garzón, mientras que en una de las tiendas de disfraces de la ciudad, Carmiña Lozada Sosa afirmó que evidentemente en esa fecha el alquiler de los disfraces y máscaras aumenta. “Si los que alquilan las piezas quedan contentos y el comercio se mueve, eso creo que es bueno para todos”, reflexionó.
El taxista Guillermo Salvatierra Paz, desde atrás del humo de su cigarro contó: “Yo vi al duende cuando era pelao, y dicen que una vez me llevó la viudita, pero estaba tan borracho que no me acuerdo. ¿Que si me gustaría que tengan una fiesta como Halloween?, yo creo que sí, a lo mejor eso fue lo que siempre quisieron por eso andaban apareciéndole a todo el mundo. A lo mejor se meten cada vez a esas fiestas de brujas que hacen los chicos ricos y medios ricos de ahora y nadie les da bola porque piensan que son gente disfrazada”, concluyó.
[Fuente: www.eldeber.com.bo]


Merecido homenaje a dos grandes compositores de la música boliviana

El camba y El Carretero
Por: Marcelo Suárez Ramírez

(Con mucha justicia, Sobodaycom distinguió a Godofredo Núñez y a Nicolás Menacho con la orden de Maestro de la composición de la Época de Oro. La ocasión es propicia para rememorar la obra de dos grandes exponentes de la música oriental)
Trago patrón y El choco guatoco. Dos piezas que bien pueden ser consideradas como esenciales a la hora de elaborar una lista entre las más representativas del cancionero del oriente boliviano y cuyos respectivos autores, Godofredo Núñez y Nicolás Menacho, también merecen estar en el sitial de los más grandes de nuestra música. Ambos recibieron en días pasados dos reconocimientos más que merecidos por su trayectoria artística. La iniciativa correspondió a la Sociedad Boliviana de Autores y Compositores (Sobodaycom), que les confirió la orden de Maestro de la composición de la Época de Oro. Los entrevistamos para conocer su opinión sobre estas distinciones y recordar esa época dorada de la que fueron protagonistas de lujo.
NOBLE CORAZÓN
Los reveses de la vida y el ineludible paso del tiempo han marcado considerablemente a don Godofredo Núñez Chávez; sin embargo, algo permanece inalterable en él y es su natural don por la música. A pesar de que ha superado los 80 años, este ilustre compositor montereño mantiene intacta su esencia melódica, que le permitió convertirse en uno de los artistas más prolíficos de la historia boliviana, con más de 500 canciones escritas.
Luego de hacerle entrega del reconocimiento, el representante regional de Sobodaycom, Wálter Áñez, coordinó el encuentro con Núñez. Eso facilitó las cosas, puesto que don Godofredo se caracterizó en los últimos años por ser una persona un poco reacia a conceder entrevistas aunque al final siempre terminaba cediendo, tal como ocurrió en una anterior nota que se le realizó para este suplemento hace seis años.
Al igual que en aquella ocasión, el insigne músico aducía cansancio, no obstante, con la mediación de Áñez esta vez logró levantarse de su cama para conversar un rato acompañado de su inseparable compañera: la guitarra. Vestido con una bata de dormir, con la confianza de quien es dueño de casa, se acerca a su sala, busca un asiento que le de comodidad y comienza arrancándole las primeras notas al instrumento, para demostrarnos que su habilidad está intacta, prueba de ello es la canción que acaba de componer hace un par de meses y que habla de su Santa Cruz querida, ésa que siempre la llevó en el fondo de su corazón, aunque hubiera vivido más de 20 años en La Paz o viajado por todo el mundo, dando a conocer su arte.
“Santa Cruz, musa de mi inspiración/manantial de belleza angelical/viento y sol es tu caricia estival/ noble tierra de una estirpe, prenda tropical”, dice parte de la letra del tema inédito, que Áñez quiere incluir en un próximo disco del Trío Oriental, junto con otras nueve composiciones de don Godofredo.
No obstante, el momento también le trae malos recuerdos; primero, porque esa guitarra que tiene es una que le prestaron luego de que le robaran la suya hace varios años, junto con su equipo de música. Y es que la mala fortuna persiguió desde entonces a don Godofredo, que vive sólo en su domicilio del barrio Hamacas (su esposa falleció hace 15 años y sus hijos viven en Estados Unidos), donde recibe cada vez menos visitas agradables, pues hace poco fue nuevamente víctima de los antisociales, que ingresaron y le arrebataron una importante cantidad de dinero, luego de agredirlo físicamente.
A pesar de todo, él espera que su situación cambie, pues hay la posibilidad de que se mude a un condominio. Hasta que eso se concrete, la música continuará actuando como bálsamo para curar sus heridas, mientras en nuestra mente y corazón siguen grabadas canciones como El Camba, Cachafaz, En la fiesta de Porongo y Jumechi.
SUBITE A MI CARRETÓN
Don Nicolás Menacho Tarabillo, con su acostumbrada hospitalidad, abrió la puerta de su casa para la entrevista y comenzó agradeciendo a Sobodaycom por la distinción, como también al Instituto de Bellas Artes, que esta semana le entregó otro reconocimiento junto a otros célebres compositores locales.
Esta vez no hubo música de por medio, aunque la conversación sí giró en torno a ella, sobre todo a la situación de la música oriental en la actualidad. El autor de Cortando el sur mostró su preocupación por diversos aspectos, como el plagio de canciones populares, la piratería, la falta de originalidad en los nuevos músicos y lo peligroso de fusionar ritmos modernos (como el reggaeton) con música oriental.
“Yo no les pido ni el pago ni les niego la autorización a nadie para que graben mi música, lo que sí recomiendo, cuando me dicen que van a grabar una canción mía en otro ritmo o con otro estilo, es que me hagan conocer por qué medio lo publicarán y dónde, pero sobre todo les pido que no alteren la melodía original ni el aire del tema. El que hace una variación de la armonía puede mantener algunos elementos de la canción, pero como compositor siempre he defendido que se mantengan las formas musicales propias de nuestra región, imagínese si por fusionar tanto terminamos por perder el taquirari, la chobena o el carnaval original”, aseguró.
Llega el momento de hablar de la inspiración y en ese sentido don Nicolás es muy claro, ésta puede llegar en cualquier instante pero también se puede crear el escenario propicio para ello. Buena parte de las canciones que han dado realce a la obra de Nicolás Menacho han sido fruto de la observación de cosas simples como ver los carretones que cruzaban el río Piraí, en cuyas orillas nació y creció (hoy por esa zona se encuentra el barrio Brígida). “El carretero tiene su origen cuando yo observaba en mi niñez y juventud a los carretones que cruzaban el río. Esa figura del hombre del campo que llega con su carga a cuestas para vender sus productos al pueblo, junto con todas sus ilusiones, son aspectos que definitivamente a uno lo inspiran”, mencionó. De allí vienen esos versos que dicen: “Con dulces trinos canta el ruiseñor/por el camino se va el carretón/cargado de mil ensueños de amor/reflejos de la ilusión”.
Versos inmortales, si los hay.
El Camba
Letra y música: Godofredo Núñez
Vengo del rancho del motacú
donde silba el sayubú,
en jasayeses traigo urucú
pa’ vender en Santa Cruz.
En mi churuño traigo somó
para invitarle al patrón,
y en este tari traigo el alcohol,
pa’ ablandarle el corazón.
Y de borracho yo le diré
arrégleme mi cuentita patrón,
no quiero más trabajar por aquí,
quiero irme para el poblao.
Y el patrón, enojao, dirá
agárrenme a ese camba, por favor;
tírenle dos arrobitas no más,
y que se mande mudar.
Viva Santa Cruz, mi tierra natal,
quiero pasear por el arenal.
¡Oh! mi Santa Cruz,
la Reina Oriental
me gusta bailar en el carnaval.
El Trasnochador
Yo soy el trasnochador
tunando en la oscuridad
y en esta noche de amor
voy buscando la luz
de tu dulce mirar,
porque el pasado se fue
llevándose la canción
y el corazón, en aquellas
románticas noches que no olvidaré.
La guitarra es un rojo clavel,
perfumando el secreto jardín
de las horas vividas ayer
cuando estabas tan cerca de mí
Sólo queda el aroma
de un grato placer
y el rubor de la luna de abril
Por eso sigo mi bien
tunante y trasnochador
huyéndole a mi dolor,
perdido el placer
perdido el amor.
(Raúl Otero Reiche/Nicolás Menacho)
Cortando El Sur
Todos le dicen jumechi

Acerca de Jumechi, don Godofredo comenta las circunstancias en que compuso la canción:
“Estaba en La Paz, cursando música clásica. Al salir de una clase para ir a la Universidad Mayor de San Andrés, recuerdo que unos amigos me tenían que ir a buscar, pero como no llegaban me fui a pie, era casi un kilómetro de caminata. En ese trayecto me llega una melodía a la cabeza. Cuando de repente aparecen mis amigos y me gritan para que los acompañe. Pero yo no quería perder la inspiración así que comencé a silbar y me hice el opa. Ellos creyeron que estaba enojado y no era así, cuando llegué a la universidad escribí inmediatamente la canción”. Así como ese tema, el músico compuso otras canciones en un paisaje diferente al de su querida Santa Cruz.
[Fuente: www.eldeber.com.bo/brujula]


Feria Internacional del Libro de Cochabamba

Feria del libro en Cochabamba
Por: Adolfo Cáceres Romero

(La feria Internacional del Libro de Cochabamba se realizará por primera vez del 10 al 21 de octubre en los salones del Club Social de la calle México)
Así como una Feria Industrial dinamiza la economía de una región, una Feria del Libro no sólo promueve la lectura de obras de la literatura boliviana, sino que incide en el desarrollo cultural del país, por cuanto permite apreciar la situación en la que se encuentran las letras nacionales, con la presencia de escritores y editores de otros ámbitos, además de los locales. Urge efectivizarla, para contactarnos con un potencial ámbito de lectura, más todavía por la ausencia de una crítica especializada. Desde la desaparición de la Editorial los Amigos del Libro, los escritores de Cochabamba acuden a las editoriales de Santa Cruz y La Paz, a fin de publicar sus obras. Alguna vez, Leonardo García Pabón dijo que la literatura boliviana se asfixiaba, que le faltaba aire, por carecer de un espacio vital. Y es lo que ocurre en Cochabamba, actualmente. La feria del pasado año, fue un fiasco para los lectores y escritores de la llajta. Se la hizo tan precipitadamente que muchos de sus eventos parecían improvisados; de modo que la prensa no encontró nada que destacar. Esperamos que ahora no ocurra lo mismo. Otros son sus responsables, con más camino y oficio en el manejo de las expresiones literarias.
La Paz y Santa Cruz se han constituido en dos polos importantes en el quehacer literario y cultural del país, habiendo trascendido sus logros más allá de nuestras fronteras; no es casual que el miércoles 19 se presentara en Santa Cruz de la Sierra el número 70 de la prestigiosa revista argentina “Proa”, fundada en 1922 por Jorge Luís Borges, Macedonio Fernández, Ricardo Güiraldes y otros, en una edición especial con textos de 15 escritores de esa región de Bolivia. “Proa”, en su tercera época, continúa siendo una de las revistas más emblemáticas y especializadas de la literatura hispanoamericana. Sus editores destacan la intensa labor cultural que se desarrolla en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, con un calendario de festivales y entrega de obras que se da a lo largo de todo el año, donde la VIII Feria del Libro fue un verdadero éxito, realzado con la presencia de escritores de otras regiones del país, además de los invitados extranjeros. En La Paz ocurre algo similar, aunque no en la magnitud de las actividades promovidas en Santa Cruz; lógicamente que todo esto beneficia a la literatura nacional. Hacemos votos porque la Feria de octubre se constituya en un auspicioso punto de partida y encuentro, con la presencia de escritores de otras latitudes; con charlas y entregas de obras que nos muestren la creatividad de nuestros poetas, narradores y ensayistas locales.


Poesía Guaraya de Miguel Montaño

La carachupa
Por: Miguel Montaño

Nosotro ro Guaracho casi
no venimo a Santa Cruz
Y si quiere saber como vivimo
en un choza re motacú

cocinamo en una oya re varo
nos servimos con cucharon de paro
comemo con concha, tomamo
agua en tutuma, dormimo en una chapapa
mucho no gusta er picao de yuca
casi no no gusta ra papa

nosotro ro guarayo mucho nos gusta bairar
chovena con tamborita viorin y frauta y casi
nunca nos cansamo, bairamo con nuestra corteja
no hacemo ro borracho y vamo y no echamo

nosotros ros guarayo somo bien variente
y orguyoso re ser moreno y re gran corazón
y si arguno de nosotro tiene hijo branco choco
es porque es hijo rer patrón

que pruebro más rindo
acá uno se pierde pura casa bonita
pura casa tupida
pura casa encaramada
cómo creció Santa Cruz
mejor me vuervo ar campo
a comer yuca y tatú

notro ro guaracho nunca hemo sido frojo,
hemo sido variente, nunca hemo sufrido ra
ambre nunca nos a fartau ansuero y una
escopeta, nunca hemo sido cobarde
si no matamo un chuvi pa comer
pescamo un vagre

arto guaracho se han venido aca en Santa Cruz
agurita son ingeniero, doctore, abogaros
sean orvidaou que an comiro carachupa
mono, tejón y tatú
y ami me ra arta rabia que no van a visitar
Mburubicha Guaracho
Se an querau aca en Santa Cruz

Y para depedirme que viva Guarayo
Chiquito y Consección
Porque eso pruebro son rindo
Que nunca orvidan su curtura y su tradición


Una sonrisa de colores

Una sonrisa de colores
Por Wilmer Urrelo

Voy a iniciar con una anécdota: pocos días después de haber ganado el Premio Nacional de Novela alguien en una entrevista en una radio me preguntó: “¿y qué hace un comunicador social escribiendo novelas?”. A lo mejor el entrevistador intentó, como se dice, darme el golpe bajo de entrada. Pero por fortuna creo tener cierta cintura para estas lides. Así que al instante retruqué y le dije: “prefiero que me preguntes qué es lo que hace un novelista metido a comunicador”. Y es que ser escritor en Bolivia es aún visto como un entretenimiento, como un hobby de fin semana, como una segunda profesión. Ustedes disculparán que retrate de manera tan cruda el pensamiento generalizado de los bolivianos acerca de esta profesión pero lamentablemente es así. ¿Habría ocurrido lo mismo, por ejemplo, en la Argentina sólo por citar un lugar cercano? ¿Habrían hecho la misma pregunta? Claro que no. Cuando decidí dedicarme un año entero a escribir Fantasmas asesinos y no hacer otra cosa más acostumbraba evitar encontrarme en la calle con amigos o conocidos, pues siempre se desarrollaba una escena que me molestaba bastante. Resulta que si me encontraba con alguien éste me preguntaba: “¿y qué estás haciendo?”, entonces yo sacaba el pecho y orgullosamente respondía: “estoy escribiendo una novela”. Entonces la otra persona luego de parpadear por algunos segundos decía: “pero en qué estás trabajando”. Es por eso que estoy cada vez más convencido que escribir, que este oficio, es el más peligroso del mundo (y no tanto el periodismo, como decía el Gabo que al fin y al cabo es aceptado como normal por el grueso de la gente). Y ya que estamos con esta onda de los discursos me vienen a la mente unas cuantas palabras del extinto Roberto Bolaño dichas al momento de recibir el Premio Rómulo Gallegos en 1999 (abro comillas): “¿Entonces qué es una escritura de calidad? Pues lo que siempre ha sido: saber meter la cabeza en lo oscuro, saber saltar al vacío, saber que la literatura básicamente es un oficio peligroso. Correr por el borde del precipicio: a un lado el abismo sin fondo y al otro lado las caras que uno quiere, las sonrientes caras que uno quiere, y los libros, y los amigos, y la comida. Y aceptar esa evidencia aunque a veces nos pese más que la losa que cubre los restos de todos los escritores muertos. La literatura, como diría una folclórica andaluza, es un peligro” (cierro comillas). Es un peligro, claro, porque una vez que te atrapa no puedes sacártela con un psicoanalista, con un yatiri y ni siquiera con la psicomagia del buen Alejandro Jodorowsky. Simplemente te atrapa, como la mujer celosa, esa que te controla los horarios, los gustos, la forma de vestir e incluso las amistades. Entonces, si es tan maravillosa ¿por qué el Estado y la gente nos sigue ninguneando? Ahí les va otra anécdota novelística: Hace un tiempo tuve que ir a sacar mi Cédula de Identidad y cuando quise que en la línea asignada a la profesión me pusieran escritor el oficial a cargo me dijo: “mejor le ponemos periodista o profesor de literatura”. ¡Imagínense hasta dónde hemos llegado! Claro, los escritores existimos para el Estado solamente los fines de semana (cuando la mayor parte escribe), cuando nos morimos o bien cuando ganamos un premio. Luego, naranjas, nada de nada ¡y si te he visto no me acuerdo! Otro ejemplo recurrente es lo que me ocurría en la Universidad. Resulta que me la pasaba leyendo todo el tiempo: en las aulas, al esperar en el aula mientras llegaba el docente, en medio de las clases y mis compañeros (con los que siempre me llevé mal) creían que era un cráneo, un cerebrito. Sin embargo, este panorama cambió totalmente, radicalmente, cuando se enteraron que lo que leía eran novelas y no las fotocopias que nos obligaban a memorizar. A partir de ese día me vieron como un tipo raro, un payaso, un excéntrico al que había que tenerle lástima, pues a este pobre cuate le gusta leer novelas, ¡vaya pérdida de tiempo! Seguramente ustedes se preguntarán: “¿y si te tratan tan mal, por qué sigues metido en esta vaina?”. La respuesta es sencilla: porque la literatura es subversiva. Por eso. Es un acto que está diciendo al mundo que no estamos de acuerdo con la realidad, con esta realidad. A continuación unas palabritas del buen Vargas Llosa en su conferencia titulada La literatura y la vida (abro comillas): “La literatura no dice nada a los seres humanos satisfechos con su suerte, a quienes colma la vida tal como la viven. Ella [la literatura] es alimento de espíritus indóciles y propagadora de inconformidad, un refugio para aquél al que sobra o falta algo… es una forma astuta que hemos inventado a fin de desagraviarnos a nosotros mismos de las imposiciones de esa vida injusta que nos obliga a ser siempre los mismos…” (cierro comillas). Por supuesto que yo opino lo mismo, es más, creo que si tomáramos a la literatura más en serio en Bolivia nadie nos metería el dedo a la boca: nadie nos diría cuándo hacer un paro cívico, cuándo hacer una huelga de hambre, cuándo sentirnos felices. Eso es lo bueno de la literatura: te da la posibilidad de ser otro, de ser distinto a los demás, no digo mejor ni peor, sino distinto, atributo que ya es mucho dentro de los tiempos actuales. Pero si la literatura es todo esto, ¿por qué hay gente que lee tan poco y si lo hace lo hace tan mal? Imagino que la pobreza tiene algo que ver aunque también está la actitud de quienes manejan nuestros destinos. ¿No nos dijo un ministro que él prefería leer en las arrugas de su abuelo antes que un libro? Qué lamentable que ningún periodista le haya preguntado: “¿y qué arruga le gustó más?, ¿la que está cerca del ojo derecho o del pómulo izquierdo?”. Y mejor no hablo de los cívicos, pues cada vez que abren la boca parecen recitar sólo las líneas del cuadrado y obtuso Prontuario escolar.
Pero no todo es malo. La literatura dio grandes satisfacciones a la humanidad. Ahí tenemos a Los Miserables, a 2666, Conversación en La Catedral, El Quijote, los cuentos del Chueco Céspedes o la guillotina afilada de las palabras en las novelas del injustamente olvidado Tristán Marof.
¿Qué más puedo decir sobre la literatura? Ah, sí: en alguna oportunidad mi sobrina de tres años y algunos meses me pidió que le comprara una sonrisa de colores. ¿Qué es una sonrisa de colores? ¿Cómo se compra una sonrisa de colores? ¿Ustedes los saben? Después de pensarlo bastante al fin pude dar con la respuesta: una sonrisa de colores es un chupete con sabor a sandía. Así es la literatura, amigos, como una sonrisa llena de colores, como un chupete con sabor a sandía.


La Cantante
Por: Miguel Esquirol Ríos

(A continuación un cuento de Miguel Esquirol)
Era una cambita de cintura de motacú y grandes ojos negros. Cantaba unos taquiraris que le salían del alma y se le deslizaban por la piel como esas lluvias calientes y espesas de verano, o podía hacerlos saltar con la gracia y soltura de sus caderas atravesando rápida una calle. Cuando cantaba podía sentir como su público vibraba como las cuerdas de una guitarra bien tensada. Conocía bien a su público y sabía donde dejar que su voz llene la sala, o una nota se convierta en una sonrisa.
Pero ella era joven y no conocía mucho de su público que se sentaban al otro lado del escenario para mirarla con unos ojos ansiosos, por lo que le resultaba extraño cuando algunas veces, algunos hombres y mujeres resultaban inmunes a su voz. La miraban y aplaudían cuando terminaban pero no temblaban como ella deseaba. Quizás era orgullosa en extremo, quizás solo una profesional pero quería que todo su público disfrutara, así que empezó a preguntar. No les preguntó nada a su público, pero se deslizó tras bambalinas para hablar con los camareros, con los que levantaban el telón e incluso con los que limpiaban los suelos. Ellos tampoco se perdían en su música, aunque sabía que la admiraban y querían.
La gran revelación a la que llegó fue que los taquiraris, chovenas, y otras melodías orientales no les atraían tanto. Todos ellos eran collitas, inmigrantes que habían llegado hace años a trabajar y a vivir. Les gustaban los taquiraris, les parecían músicas alegres, pero no eran su música, algo le faltaba para sentir de verdad esa magia que esa linda cambita les describía.
Decidida, esa noche después de la última sesión, se propuso aprender las melodías que ellos escuchaban de niños, que les escuchaban de ocultas cantar a sus abuelas, y que alguna noche después de cerrar les oía tarareando en voz bajita.
Sabía a quien acudir. Él había cantado en el mismo lugar donde ella lo hacía, había sido unos zapatos muy grandes para llenar. Cuando recién entró todos la miraban como a una niña en el trabajo de un hombre. Se trataba de un cantante camba, el más grande de Santa Cruz. Ya cantaba las mismas piezas que ella cuando la ciudad era recorrida por grandes carretones tirados por bueyes, y cuando empezaba a convertirse en la tierra prometida a donde campesinos, obreros y mineros se dirigían buscando fortuna. Tocaba música del oriente, pero también eran parte de su repertorio cuecas y huayños.
Sabía que se había retirado años antes a un pueblito del interior. No hablaba con nadie y no tocaba música, pero la tozudez de la cambita seguramente podría lograr su cometido.
Fue un viaje largo por carreteras aun no asfaltadas, con nubes de polvo llenando sus pulmones, o profundos charcos de barro donde su bus quedaba largamente empantanado. Finalmente llegó a un delicioso pueblo. Sus calles estaban alfombradas de verde, los niños iban camino a la escuela con violines al hombro. Era una tierra virgen y musical.
Fue fácil encontrar al cantante. Vivía en una casa en las afueras de donde salía una música de piano. Cuando tocó la puerta la música se interrumpió, pero en segundos volvió a continuar. Se abrió la puerta de golpe dando paso a un hombre mayor de bigote negro, camisa blanca abierta dejando ver un pecho cubierto de vellos blancos y unos ojos casi grises que la miraban inquisitivos.
Le explicó a lo que había venido. Quería que le enseñe a cantar otro tipo de música. Quería que le enseñe a cantar una cueca.
El músico la miró fijamente, tanto rato que ella se sintió incómoda. Cuando estuvo a punto de darse la vuelta y alejarse enfadada él le hizo pasar hasta una fresca biblioteca. Le hizo sentar y nuevamente quedó en silencio esta vez mirando sus manos entrelazadas en sus rodillas. Cuando volvió a hablar tenía una voz profunda, rota por el tabaco y que seguramente ya no tenía el timbre de antaño.
Se disculpó. Le dijo que ya no cantaba ni escribía música y mucho menos no la enseñaba. El piano seguía sonando en el fondo de la casa con alguna melodía dulce y muy triste que ella desconocía, como negando las palabras del cantante. Continuó diciéndole que además enseñar a cantar cuecas a una cambita que nunca se había movido de sus siete calles era casi imposible. La cueca era música que salía de la tierra. Una tierra seca que había que abrir con fuerza. Eran lugares y sentimientos que ella desconocía. Amores perdidos, familia y tierra que se quedó atrás. Una tristeza que seguía siendo alegre, o quizás todo lo contrario. No podía enseñarle eso. Los taquiraris también eran difíciles de cantar, pero ella había nacido con ellos, su propio cuerpo tenía el brillo nocturno de esa música y le salía tan natural como sus coquetas sonrisas, no podía entender lo que significaba quitarse esa piel y vestirse con otra distinta.
La cambita se quedó en silencio sin saber qué decir. Había venido dispuesta a trabajar duro, a aprender lo que sea necesario, pero lo que le decía la desalentaba.
Finalmente el hombre se disculpó un momento y salió de la biblioteca dejándola pensativa en la penumbra de la habitación. La música hace rato se había detenido y cuando se dio cuenta un muchacho la miraba desde el vano de la puerta. Era el músico que ahora la miraba con fijeza. Era joven y moreno, con el cabello lacio y seco y los labios gruesos y casi de color morado. Era atractivo pero de una forma que ella nunca había conocido. Empezaron a conversar, ella le preguntó sobre la música que tocaba y él se sentó a su lado explicándole lo que era un yaraví.
Hablaron toda la tarde, ella no se dio cuenta que el cantante no había vuelto, pero lo sintió natural cuando su nuevo amigo la invitó a cenar, y nuevamente no sintió ningún temor cuando este le preparó la cama en la habitación de invitados para que se quedara a dormir. La noche siguiente pasearon por el pueblo mirando la luna llena, y la siguiente ella lo invitó a que compartiera su cama. Así pasó casi un mes. Ella no deseaba marcharse y él la miraba con unos ojos inmóviles como el fondo de una mina cuando caminaba desnuda por la habitación o se acercaba a la ventana para dejar que la brisa nocturna la refresque.
Al cantante lo veía esporádicamente. El muchacho era su hijo, le explicó. Lo había tenido con una cholita que había conocido en La Paz en la peña Nayra. Ella había muerto cuando él nació y se lo trajo aquí cuando decidió retirarse de la música.
Lo veía leer en su biblioteca o tomar el fresco en la puerta de la casa. Poco tiempo después, sin mediar palabras, le empezó a enseñar algunas melodías al piano, nunca una cueca ni siquiera tocaba música nacional. Pero ella escuchaba y aprendía con una sencillez y aceptación que le resultaba novedosa.
Una noche sin luna, al cabo del mes, el muchacho quedó en súbito silencio después de hacer el amor. Se sentó en la cama y tomándola de las manos hizo que se sentara. Le explicó que tenía que irse. Que había vivido toda su vida en ese pueblito y que quería conocer la tierra de su madre. Trabajar para ganar su propio dinero, conocer nuevas personas y nuevos paisajes. Que la tenía que dejar y que la iba a extrañar.
Ella lloró toda la noche y se quedó dormida al amanecer. Cuando despertó él se había marchado. Aun sentía su presencia al lado de su cama y su propio cuerpo le parecía mucho más viejo.
Encontró en la cocina al cantante que preparaba un café en una hornilla de gas. Él también parecía más viejo, quizás por la marcha de su hijo. Se sentaron a tomar café en silencio. Largo rato se quedaron sin hablar. Finalmente él se levantó y con un gesto hizo que lo acompañara. Se dirigieron al estudio y se sentó al piano. Estuvieron tocando y cantando toda la tarde. Cuando llegó la noche ella había aprendido una cueca. Aquella que dice:
Soledad, soledad,
esta noche estoy tan triste
se me ha ocultado la luna
y no cabe duda alguna
que se fué porque te fuiste.


La pascana de Gladys Moreno

Para que no la toque el olvido
Por: Germán Araúz Crespo

“Quiero que mi música y mi voz queden grabadas en todos los corazones de mi patria. Nunca me olviden. Nunca”, ese es el deseo vehemente que expresa doña Gladys Moreno al iniciar “La pascana de Gladys Moreno”, el libro multimedia de Luis H. Antezana y Marcelo Paz Soldán que editó el Centro de Estudios Superiores Universitarios, CESU, de la Universidad Mayor de San Simón. Un trabajo que constituye un perdurable testimonio de al arte de la gran cantante cruceña que, a dos años de su muerte y más allá de los homenajes póstumos, parece acosada por un olvido injusto y doloroso del que seguramente hay muchos responsables, desde algunas autoridades hasta los medios de comunicación.
Gladys Moreno es seguramente la gran intérprete que tuvo la canción boliviana. Más allá de una voz bella, profunda y llena de matices, cada interpretación suya tiene una carga expresiva muy personal. Aquel fraseo -que destaca mejor en el repertorio oriental- apoyado en una vocalización y respiración perfectas le permitían crear una atmósfera peculiar a cada canción; pese a no tener formación académica alguna, manejaba las técnicas del canto con una solvencia extraordinaria lo que le permitía transitar con fluidez desde registros muy agudos hasta tonos graves. Los autores de “La pascana…” afirman que cada interpretación suya no era otra cosa que un acto de recreación única de cada pieza. Para ilustrar tal acierto incluyen la pieza Summertime de George Gershwin, en versiones de Janis Joplin y Billie Holiday, quienes muestran en que medida un buen intérprete es capaz de impornerle un sello propio a la pieza que interpreta.
La tesis de “La pascana…” destaca la capacidad de Gladys Moreno para acercar y unir a través de su música las diversas culturas que habitan este país [Bolivia] y que sin embargo se ignoraban. En La Paz, gracias a sus dos discos grabados en Brasil en 1958 y 1959 -los más difundidos- muchos jóvenes recorríamos con la imaginación las calles flanqueadas por altos corredores de Santa Cruz cuando ésta era para nosotros apenas una lejana referencia, así aprendimos a amar esa región. Interpretaciones de cuecas como “Soledad” o “Sed de amor” hicieron que sintamos más nuestra aquella voz y aquel fraseo. No fueron pocos los bolivianos que, lejos del país, atenuaban sus nostalgias acompañados de sus discos. Aquello que expresa Eduardo Mitre en el poema “Contigo en la distancia” no es de ninguna manera un caso aislado.
Cuando Gladys Moreno Alcanzó la cima se su popularidad, la canción oriental transitaba su etapa más fecunda. Poetas y músicos excepcionales le habían dado al género una fuerza lírica excepcional. Es a través de ellos que folcloristas como el argentino Chango Rodríguez compusieron taquiraris que se difundieron en el continente años después. Esta misma fuerza sedujo a Alfredo Zitarrosa para incluir “El camba”, de Godofredo Núñez, en su repertorio. Hay en esos taquiraris una carga poética que trasciende el simple costumbrismo. A la sombra de esas creaciones, a fines de los años 40, en el oriente surgieron intérpretes de gran jerarquía. Doña Gladys no fue sino una consecuencia de aquel movimiento, como poco antes lo había sido Carlos “Trueno” Saucedo, extraordinario cantante beniano que, como ella, también interpretaba con maestría la música de cualquier región de Bolivia. La puesta en escena de “Los cuartos”, de Jaime Saenz, incluye la versión excepcional de “Nevando está” del cantante beniano. Creo que la omisión de ese nombre es una de las más sentidas en la obra de Antezana y Paz Soldán.
El título “La pascana de Gladys Moreno”, está inspirado en un verso de El carretero enamorado, “sos la pascana que quiero alcanzar”, un taquirari que siempre cautivo a Cachín Antezana. Tampoco hay que olvidar que Gladys inició su oficio de cantante en “La pascana”, un tradicional local que fuera un referente de la ciudad de Santa Cruz durante más de 40 años. La obra no sólo trae la biografía completa de la cantante, además de fotografías familiares y otras que muestras sus primeros años en los escenarios, también incluye testimonios de destacados músicos cruceños, además de las últimas entrevistas televisivas donde ella habla de los conceptos acuñados a lo largo de su carrera de la canción boliviana. También muestra la huella que dejaron en su memoria el contacto con la diversidad regional de Bolivia, todo sazonado con imágenes del documental “Un poquito de diversificación económica” de Jorge Ruiz o la hermosa pieza inédita de Alberto Villalpando que apoya imágenes del velorio y el entierro de la cantante. Una y otra vez, a lo largo de las entrevistas, Gladys expresa su amor y agradecimiento a ese pueblo que siguiera con devoción su canto.
Se incluyen otros datos, por ejemplo, las distinciones que obtuvo a lo largo de su carrera (es la única boliviana dedicada al arte que recibió el Cóndor de los Andes), se muestra toda su discografía, permitiendo que el lector acceda a algunas de ellas en forma de vídeo clips o con la simple imagen de la aguja de un tocadiscos que se posa sobre el vinilo. Hay verdaderas joyas, desde una versión de “El haragán”, donde una Gladys muy joven es acompañada por el dúo Larrea- Terán en una versión que seguramente data de principios de los años 50, hasta sus versiones de viejos pasillos como “Sombras” y “Mis flores negras”. Claro también incluyeron clásicos como “Alma cruceña”, vals por el que Gladys sentía gran cariño, “Soledad” o “El carretero enamorado”, este último en un vídeo clip que trae la imagen de una niña muy bonita que finge cantarlo, lo cual impresiona como un despropósito. Talvez sentí la ausencia de “En las playas del Beni”, de doña Lola Sierra de Méndez.
La composición de Villalpando nos parece un correcto cierre de la obra, una verdadera pascana para quienes deseamos un recuerdo perecedero de la gran trovadora cruceña; ojalá que este trabajo impulse otros homenajes (pienso en una reedición del cd de aquellos discos grabados en Brasil, por ejemplo) que tengan la virtud de renovar en la memoria de nuestro pueblo el recuerdo de la que sin duda es la gran cantante boliviana. Que nuestros jóvenes dejen de ver en ella una respetada aunque lejana imagen y que adopten sus canciones para compartirlas. Con la ayuda de los medios es posible hacerlo. ¡Ah!… y que el CESU de la Universidad San Simón, encuentre los senderos correctos para una fluida distribución de la obra, incluso un poco más allá de nuestras fronteras. Vale la pena.


Buena Leche

No van más los libritos
Por: Ramón Rocha Monroy

El apreciado lector no se sorprenda este domingo, porque no saldrán más los libritos de la Biblioteca Mínima de OPINIÓN, que sacamos durante tres años.
Llegaron casi a 300 libritos. Cuando eran 200, una compañera de trabajo quiso hacerme una entrevista, pero la rechacé con un argumento contundente: “Ni se te ocurra. Se van a dar cuenta y el proyecto no va a ir más”.
Así logré publicar 100 libros más, libros que eran y son apreciados por el público, como lo sé cuando me detienen en la calle para decirme que tienen la colección completa, o que les falta algunos números. Deliberadamente no los numeré para que todos mis lectores sientan que tienen la colección completa.
Pero este domingo, no va más. Las autoridades de COBOCE me notificaron que ya no quieren financiar el proyecto, y eso que a mí me pagaban 200 bolivianos por libro. ¡Pero cómo me desquité! En la colección salieron las biografías de todos los presidentes bolivianos, de una multitud de personajes bolivianos, de otra multitud de personajes mundiales, desde la política y la literatura hasta el cine mexicano y el pop. No me importó jamás que me pagaran esa miseria, sino el gusto de servir al público lector.
Un testimonio: tomo un taxi y el maestro tenía un librito arrugado con cuentos de Ernest Hemingway. Le pregunto si leía eso y me dice: “Ah, es mi mejor compañero cuando estoy en la parada. Uno se aburre mucho esperando. Entonces tomo el librito y las horas se pasan solitas. Le aconsejo leer este autor. Es buenísimo”. Naturalmente, no sabía que yo era el editor.
Pero los libros no saldrán más: me lo dijeron con la mayor frialdad. Y, la verdad, escribo con rabia: ¿a quién consultaron para liquidar esta colección? En ella publiqué textos de escritores tan novedosos como Yionusuke Akutagawa, Kawabata, Monterroso, Joyce, Faulkner y otros, así, en desorden, imitando el gesto del lector que se asoma a su biblioteca para escoger, al azar, algún libro hospitalario.
Nada. Ni siquiera me consultaron. Decidieron, como en la peor de las dictaduras, suspender la serie, por puras consideraciones comerciales. ¿Comerciales? ¡Pero si el periódico se vendía más por los libritos gratis!
Honestamente, quisiera renunciar, pero no tengo plata y necesito ganarme el pan de cada día. Uno no escoge a sus patrones.
Entretanto, ustedes y yo guardaremos luto por una colección inolvidable que, es un decir, “pasó a mejor vida”.
Me propusieron imitar una colección de fascículos de Panamá. Ah, me digo, la cosa es imitar. ¿Para qué vamos a crear algo original si la prensa extranjera tiene mejores ideas? Esos fascículos parecen escritos para niños oligofrénicos. ¡Y quieren que yo los imite! ¿A ese extremo hemos llegado?
Toy muy amargado, pero, como necesito trabajo, ya se me va a pasar.


Crispín Portugal

La muerte de Crispín Portugal
Por: Marco Montellano
(Hace unos días murió Crispín Portugal, fundador -junto a otros dos compañeros- de la Editorial de El Alto Yerba Mala Cartonera. Marco Montellano le rinde homenaje con este poema).
No somos seres de luz
ni la savia nos recorre.
Las palabras son luciérnagas
en la noche eterna del escritor.
El arte devela a la muerte,
pero es ella la verdadera artista.
Somos árboles jóvenes
pero nos llega el otoño.


El libro en la vida del hombre

El libro en la vida del hombre
Por Hans Dellien S.

Desde el 23 de mayo Santa Cruz es la atracción para los intelectuales y el pueblo culto en general. La Feria del Libro reúne a grandes valores literarios nacionales e internacionales. Pocas décadas atrás había una relativa orfandad editorial en Bolivia, pero hoy la proliferación de ediciones emociona, enorgullece y asombra.
En el presente, la vida es inconcebible sin el libro, herramienta de la cultura, la ciencia y el progreso en el mundo; sin embargo, su historia es tanto o más estremecedora que la del mismo homo sapiens, nombre que es herencia del libro, es decir, ¡el saber! La historia del libro se remonta hace cinco millones de años, cuando los primitivos homínidos errantes, desde el Paleolítico hasta el Neolítico (australopithecus-homo sapiens), empezaron a dejar señales de su pensamiento con sus hazañas rupestres, rasgando las paredes de las oscuras cavernas y transmitiendo sin saberlo por vez primera ideas que, un día no muy lejano, los identificarían.
Desde los rapsodas griegos hasta los bardos celtas, historias como los poemas homéricos, eran cantados de pueblo en pueblo; fueron los primeros libros ‘vivos’ que caminaban y cantaban. Los antiguos, usando pedernal además de fuego, lograron escribir signos en toda clase de superficie. Mahoma escribió el Corán en paletas de cordero y Hesíodo en cortezas de árbol, mientras que los egipcios, los chinos, los asirios y los mesopotámicos en arcilla. Usaron el alfabeto más antiguo, el sánscrito devanagari de los brahamanes (siglo VIII a de C). Los egipcios fueron los primeros en usar el papiro de arbustos del Nilo, que se generalizó y fue una revolución; utilizaron tintas de hollín, agua y cola. Los romanos emplearon durante mucho tiempo la cera en tablillas y se valieron de un cincel, el ‘estilo’, del que derivó luego el término estilo para escribir bien.
En la guerra entre el Egipto faraónico y el rey de Pérgamo, éste necesitaba papiro egipcio para su gran biblioteca e inventó el ‘pergamino’, es decir, el libro escrito en cuero de animal, que asombró por sus ventajas y que, con el tiempo, dio origen al formato que hoy conocemos. Para entonces, el arte de escribir y editar libros alcanzó una gran perfección y también costos. En la Edad Media, los monasterios y los monjes guardaron esos tesoros copiándolos en el ‘scriptorium’.
Y finalmente, hace 2.000 años, los chinos del bambú y la ropa vieja inventaron el papel, divulgado luego por los árabes. Y en 1468 se produjo el milagro de la gran revolución en la historia del libro. El alemán Juan Gensfleisch, más conocido como Gutenberg en Mayns (Alemania), imprimió el primer libro y la primera Biblia en letras de molde con su invento: la imprenta. Los cambios que se produjeron a raíz de este suceso son parte de la historia de la humanidad. El papel se fabricó con fibras de madera, y el arte de la tipografía se aceleró, pasando de la linotipia de teclado hasta el ‘offset’ y las poderosas rotativas de nuestros días, que hoy imprimen los periódicos que informan al mundo en cada nuevo amanecer.


Llegó la hora de los libros. Feria Internacional del Libro de Santa Cruz del 23 de mayo al 3 de junio (tomado de El Nuevo Día 23.5.07)
Brasil es el país invitado. En los 12 días de encuentro también participan Argentina, Chile, España, Alemania y Francia. Sin embargo, los autores bolivianos son el centro con 55 nuevos libros. “La fiesta está servida, ahora es el turno de los lectores”, convocó ayer Alfonso Cortez, presidente de la organización de la 8va. Feria Internacional del Libro de Santa Cruz -FIL- que será inaugurada esta noche en Expocruz.

Notoriamente más grande que antes -por su espacio físico- y con un hijo naciente, la Feria del Libro Infantil y Juvenil -FLIJ-, la versión 2007 de la cita literaria privilegia a los niños, a los que se ha propuesto contagiarlos del gusto por leer; inversión bien pensada.

La FLIJ ocupa todo un pabellón, es colorida y llena de pasajes y sectores o Mundos Mágicos (“Érase una vez…”, “Fantasías en el tiempo”, “¿Sabías qué?…” e “Historias sin fin…”). Es un montaje trabajado desde hace un mes, que ayer ya dejó visualizar un túnel, un enorme pulpo, un barco y una ballena.

La FIL conserva su razón comercial, sí, porque concentra miles de títulos como oferta al público. En este marco, decidió este 2007 ser una plataforma desde la cual se luzcan los autores bolivianos, nuevos y consagrados, para valorar la creación nacional.

Premio FIL 07 a Marcelo Araúz

El Premio Anual “Cámara Departamental del Libro 2007”, en la mención “promoción, fomento y difusión de libro, lectura y bibliotecas” reconoce “la incesante labor” de Marcelo Araúz, gestor de muchas obras: Como director de la Casa de Cultural “Otero Reiche” entre los ‘80 y ‘90, creó la biblioteca pública en su domicilio. Promovió la organización y publicación del Taller del Cuento Nuevo que difundió a una nueva generación de autores cruceños. Declaró 1988-89 años del libro y la lectura. Creó el centro de comunicaciones y una imprenta-editorial que publicó 23 libros cruceños en un año y medio. Construyó 14 bibliotecas de barrio en los centros culturales. Se preocupó por la formación y capacitación de bibliotecarios. Favoreció intercambios de autores cruceños y gestionó su inclusión en antologías internacionales bilingües. Firmó un acuerdo con el Gobierno de España para la construcción de la actual Biblioteca Municipal. Desde APAC sigue contribuyendo a la difusión de investigación de música barroca y teatro.

Mondacca trae No le digas • Puesta en escena hoy y mañana en la AECI, 20.00.  

ProgramaJueves 24/05

2do. Congreso Nacional del Libro: 15.30-17.00.

Conferencia ‘Elogio de la lectura’: 20.00-21.30. Por el poeta Pedro Shimose.

Presentación del libro ‘Los secretos de Rosalba’: 20.00-20.45. De Mariana Ruiz Romero. Nuevo Milenio

Conversación ‘Alrededor de la clase media y el cholo’: 21.00-22.30. Por Ramón Rocha Monroy (ab). El País.


El Quevedito de Jaime Saenz

EL QUEVEDITO DE JAIME SAENZ

Por Virginia Ayllón

¡Para cagar de risa!

Muchos escritores han cometido, seguramente entre otros, el delicioso pecado de editar un periodiquito de Alasitas. Fieles a la tradición, lo han hecho desde el anonimato, de tal forma que otro regalo constituye “descubrir” a los autores de tan preciado ejercicio. De ahí se supone que Rosendo Villalobos, Alcira Cardona, Antonio Paredes Candia, Edgar Arandia, Humberto Quino, Rodney Montoya y otros cayeran ante esta exquisita tentación. Por que no hay que olvidar que el periodiquito de Alasitas, con una tradición de 161 años de publicación -24 de enero de 1864 sería la fecha de publicación del primer periodiquito, según el bibliógrafo Gabriel René Moreno-, tiene dos características que sazonan su sabor: el anonimato y la ironía. No es extraño pues que los amantes de la palabra hayan sumado la publicación miniatura entre sus amores idólatras.

El año 2006, se restituyó el Sindicato de Periodistas de Alasitas, mismo que declaró a Jaime Saenz (en verdad fundador del sindicato) como Presidente Perpetuo. No resulta raro que Jaime Saenz haya también sucumbido a este placer, fundamentalmente por su estro paceño. Casi se puede afirmar que para que alguien se precie de ser paceño habrá de publicar un periodiquito de Alasitas.

El Quevedito es el periodiquito hecho por Jaime Saenz, quien se oculta tras el mote de Emeterio Uña, director responsable de la publicación editada por Ediciones Piedra Libre. Este opúsculo –de 18 páginas y 18×13 cm- apareció el 24 de enero de 1980.

Aseguro que la delicadeza irónica de este periodiquito se inicia con su nombre. Por una parte, por que hace referencia al Quevedo, cierto rebelde personaje paceño que vivió en esta ciudad ni bien instaurada la República y que mostraba su rebeldía despachando sus innecesidades orgánicas en plena vía pública. Muy pronto los habitantes paceños homenajearon tan notable desobediencia haciendo de él un personaje de Alasitas. Era éste una alcancía de yeso que plasmaba la imagen del cuarentón, bigotudo, gordo, con camisa, sombrero y un terno innegablemente pequeño para su talla, en la posición que había escogido para su arte rebelde.

¡Pero no era Saenz un etnógrafo urbano sino el gran decidor de la ciudad de La Paz! Por ello, no duda en escoger a otro Quevedo para esculpir el lema de su periodiquito.

Nuestro lema:De los placeres sin pecar, El mejor es el cagar.-Francisco Quevedo y Villegas-

Fiel a la tradición alasitera del juego y sabido de las piruetas con la palabra, Emeterio Uña trae a Erasmo de Rótterdam como compañero de correrías del memorable Francisco Gómez de Quevedo y Santibáñez Villegas y ante el duelo de palabras, Saenz se desdenta de risa:

Un día caga sol,No te vayasCaca comerás(Un día que haga sol,No te vayasQue acá comerás)-Erasmo de Rótterdam-

De la página 5, dedicada a la crítica literaria, extraemos parte del artículo “Poetas que piensan en flores y no en pan” de Madame Quevedita (qué bonita):

Ya salió al aire un libro de poesía contrarrevolucionaria intitulado Los de abajo y la flor. (…) En las dos poesías que alcance a leer no encontré ni una vez la palabra pueblo; lo cual demuestra a claras la dudosa extracción de dichos autores. Y como bien expresó su última resolución la sociedad de Artistas, Escritores y Folklorólogos Nativos, conocida también como Asociación “Adelante el Pueblo”: “será reaccionario no sólo aquel que use melena y fume cigarrillos rubios sino también aquel que se niegue a asistir a nuestras orgías. Por lo tanto, claramente se deduce que lo que dichos autores buscan es el distraccionismo: pensar en flores y no en pan:

Y mañana y mañana y mañanarodeados de flores de lanano comeremos, Ana,Qué macana”.

Dije que Saenz desplegaba delicada ironía en su memorable El Quevedito y de la ironía pueden decirse muchas cosas, las más sobre su intención aunque pocas sobre su estructura, que echa por la borda toda “intención” y más bien se asienta en la fina revelación. De ahí que la maestría de la ironía vendría de la capacidad de enunciar un sentido con la menor cantidad de huellas posibles y así crear un lector agresivo y participativo que devela en esas escasas huellas el verdadero sentido de la proposición. Es la ironía un juego a la vez tiránico ya que propone a la vez un espacio de interrogación permanente ante un golpe que se sabe se acerca y del que el lector puede ser presa sino tiene una lectura más bien alerta que atenta. Vicente Huidobro afirmaba que: “El arte del sugerimiento, como la palabra lo dice, consiste en sugerir. No plasmar las ideas brutalmente, gordamente sino esbozarlas y dejar el placer de la reconstrucción al intelecto del lector” Y es que la ironía es un sema de un significado con dos significantes, el evidente y el inmanente, y esa es precisamente la maestría de la escritura irónica, el primero vela y el segundo devela; en tal sentido, la ironía no es una mentira ya que al igual que en la metáfora contiene en si misma la partícula de verdad.

¿Qué devala Saenz en El Quevedito? Tal vez que todo enano es un gigante dormido.

(Tomado de Alejandría. Nueve. Enero 2007) 




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