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Ficciones de Jorge Luis Borges


Ficciones y la experiencia de lectura
Por: Magdalena González Almada

En Ficciones de Jorge Luis Borges (1944)(1), se encuentran una serie de relatos y cuentos que son considerados por la crítica especializada como uno de los mejores de la literatura universal. Tal aseveración podría resultar ambiciosa y exagerada. Sin embargo, cuando se aborda la lectura de los textos, no deja de sorprender el diseño de las estructuras literarias y las diferentes estrategias que se entrelazan, manifestando una pluralidad de posibilidades de lectura. Ficciones no es sólo un hecho literario, sino una manifestación lúdica del lenguaje.

En “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, Borges hace uso de ciertas estrategias de verosimilitud que apoyan la lectura del texto. Se trata de una investigación bibliográfica, de una muestra de erudición, vasta y exhaustiva. Sin embargo, tras una lectura profunda y analítica, no se trata más que de estrategias. Mascaradas. De la búsqueda de mecanismos que permitan que la narración funcione como una estructura sólida y concisa. Ejemplos de estrategias de verosimilitud son el nombrar personajes históricos conocidos (Bioy Casares había cenado conmigo esa noche…(2)), obras literarias de supuesto valor indiscutible (como The Anglo-American Cyclopedia), el nombrar las páginas de dicha obra, mencionar lugares geográficos, etc. Estas estrategias tienen el propósito de establecer una doble relación con el lector. Por un lado, se trata de legitimar la obra otorgándole un aura de verosimilitud que no desaliente al lector y provoque que éste abandone la lectura. Y por otro, se trata de establecer un juego de inteligencias con el mismo. Sabido es que Jorge Luis Borges representa uno de los talentos literarios más destacados de la literatura universal, no sólo por su plasticidad lingüística, sino también por su erudición. Al pensar en el lector modelo borgiano, se imagina que éste debe gozar de cierto grado respetable de erudición. Y es allí donde se funda el juego de inteligencias. Es una partida de ajedrez entre el autor y el lector (quizás una de las más interesantes posibilidades de lectura que se hayan presentado en la historia de la literatura universal). Y como buen jugador, Borges se adelanta a las partidas de su oponente (el lector).

Asimismo, a partir del análisis de Ángel Rama(3), es posible establecer una lectura más aún. En el marco de nuestras literaturas regionales de la época, Borges con Ficciones logra un avance sin precedentes, dirigiendo la literatura latinoamericana a un nivel de alcance dialéctico con las literaturas europeas. Se trata de establecer una perspectiva cosmopolita y universal(4). De este modo, el salir del regionalismo y su encorsetamiento para encarar temas de sustrato teórico de tono universal y específicamente europeo en sus abordajes, posibilita una apertura en lo que hace al desarrollo de las literaturas latinoamericanas de la época.

Finalmente, Ficciones no es más que lo que asevera el título de la obra; un compendio de historias, de narraciones que son ficcionales aunque el autor cuestione al lector y provoque, quizás, que éste tenga que recurrir a su propio bagaje de lecturas y apelar a su propia investigación literaria para poder estar a la altura de una experiencia de lectura fascinante y altamente seductora para aquellos que aman el hecho y la experiencia literaria.

Notas
(1) BORGES, Jorge Luis: Ficciones, Emecé, Bs As, 1996.
(2) Op. Cit: pág. 431.
(3) RAMA, Ángel: Transculturación narrativa en América Latina, El Andariego, Bs As, 2007.
(4) Op. Cit: pág. 61.

Fuente: Ecdótica

Stieg Larsson y su trilogía Milenium


El mundo que nos dejó Larsson
Por: Ernesto Contreras Garrett

“Se había convertido en un acontecimiento anual. Hoy el destinatario de la flor cumplía ochenta y dos años. Al llegar el paquete, lo abrió y le quito el papel de regalo. Acto seguido, cogió el teléfono y marcó el número de un excomisiario de la policía criminal que, tras jubilarse, se había ido a vivir a orillas del lago Siljan…”

La vida está plagada de historias inconclusas o con finales tristes. Esta es la historia de Stieg Larsson (1954 – 2004), periodista sueco, conocido en su país por investigar a sectas nazis ocultas (aún vigentes en el país nórdico), y llevadas a la opinión pública a través de la revista Expo, en la cual trabajaba como editor en jefe.

Asocio la tristeza con la vida de Larsson, porque murió a los cincuenta años, producto de un ataque al corazón. Después de haber entregado a su editor el borrador de su tercera novela y a escasas semanas de la publicación de la primera.

Las personas que lo conocieron afirman sin dudar, que Larsson jamás hubiera imaginado que su trilogía vendería alrededor del globo más de quince millones de libros. Para ser honestos, ni siquiera la editorial se imagino un existo a este nivel.

Hasta hace unas décadas los thrillers o novelas policíacas, no eran aceptados por los críticos y tampoco por los lectores de edad. Es más, muchos dudaban inclusive de su autenticidad como novelas y menospreciaban a sus autores. Hoy contra toda expectativa – para esas personas – el thriller es el género literario más vendido y aceptado por los lectores del mundo. Hay quienes afirman inclusive, que si no fuera por este género, tanto autores como editoriales y librerías se irían a la bancarrota, ya que este género no sólo hace agradable a la lectura sino que es además el motor iniciador en todas aquellas personas que no sienten pasión por la lectura.

Por eso este género es tan importante, porque consigue aquello que otros tipos de novela no pueden, que es iniciar a la gente. Podría decirse que hace el “trabajo sucio” por ellos.

Y qué mejor manera de rendirle un homenaje que hablando del boom de los últimos cinco años, la Trilogía Millenium y los libros que la componen: Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire. Historia que rompe con cualquier esquema.


Comencemos por los títulos.

Extensos, pero a la vez divertidos y sugestivos, hacen que sientas curiosidad por ellos. A este hecho debemos sumar además, el diseño de las tapas – que varían según el país, pero que mantienen la misma idea en todos -. En otras palabras, los libros te atrapan desde el primer momento que los ves.

La trilogía tiene lugar en la Suecia de nuestro tiempo – que gracias al autor ha despertado la curiosidad de muchos y ha levantado el turismo -. Teniendo como principales protagonistas a Mikael Blomkvist (periodista) y Lisbeth Salander (sólo Lisbeth).

El primer libro está más centrado en la figura de Mikael, propietario y editor en jefe de una revista llamada Millenium, que se ocupa de destapar grandes escándalos por parte de empresas o personajes de la alta sociedad sueca. Blomkvist es el elegido para ser la figura y el personaje estelar de la trilogía; correcto, incorruptible, justo, soñador y requerido por las mujeres (que alegan no saber por qué quieren estar con él). En otras palabras es aburrido y hasta un poco predecible, porque la perseverancia y paciencia que posee hacen que a la larga, casi todo le salga bien.

El éxito de estos libros se centra en el otro personaje, Lisbeth Salander (el verdadero legado de Stieg Larsson). Lisbeth se convierte en la heroína de la trilogía, aunque “a simple vista” pueda ser la antítesis de cualquier héroe.

Lisbeth es bajita, fría, odia a la gente, se viste como gótica y además es delgada, pero sin ningún problema de alimentación. El autor explica y recalca por medio de sus personajes durante los tres libros que Lisbeth, no es anoréxica.

¿Donde recae la verdadera fuerza de Lisbeth?

Como habrás podido notar, la fuerza de Lisbeth no radica en la parte física, sino en la intelectual. Lisbeth es extremadamente inteligente -convertida por mérito propio en una las hackers más importantes del mundo-. Por más que parezca dispersa, es una chica con las ideas claras, que se rige por sus propias reglas y tiene un criterio acerca de la ética bastante interesante y particular.

No es agresiva, simplemente pide que nadie la moleste. Ella es la que toma las decisiones y no piensa dos veces cuando tiene que actuar. Este tipo de actitud se debe a una infancia traumática, de la cuál prefiere no hablar, pero que la motiva a hacer justicia – con todos aquellos que le hicieron daño – y buscar la felicidad (a su manera).

Lisbeth, por medio de su carácter y actitud, representa aquello a lo que todos quisieran llegar, pero no se animan. Es la fuerza de actuar y vivir como si no se tuviera nada que perder, dejando de lado las posibles consecuencias, pero siempre viviendo de acuerdo a la propia concepción de vida, sin sentirse avergonzado o intimidado por ello y – por supuesto– dejando de lado la opinión del resto.

Si bien en el primer libro, los personajes tardan en conocerse y no llega a apreciarse del todo la verdadera fuerza de Lisbeth. Ella cobra muchísima importancia en el segundo tomo y se “roba” la obra en el tercero, haciendo que inclusive sientas pena porque ya no la “verás” más en otra novela.

Esta Trilogía puede -y debe- ser leída por todos. Es posible que sea un poco más difícil para la gente de edad (que odiaba a los thrilles) debido a que el autor recurre a muchos elementos tecnológicos, que tal vez cuesten ser imaginados. Pero vale la pena, porque en este libro se encuentra uno de esos personajes que no olvidaremos jamás. Lisbeth Salander.

Fuente: Ecdótica

Written On The Body


Las novelas ocultas
Por: Christian J. Kanahuaty

En mi última visita relámpago a La Paz para participar como lector en el festival Internacional de Poesía me llevé en la mochila una novela que acababa de comprar tarde antes, una que siendo de Anagrama ya presagiaba algo interesante y no es que ésta editorial sólo publique textos buenos, sino que en gran medida encontrar y leer un libro depende en mucho del estado de animo del lector. Leía el nombre: Jeanette Winterson, el nombre no me decía nada, luego el título: Escrito en el cuerpo (Written on the Body) y aquí ya se abrieron las puertas o se trataba de una novela erótica o de una novela más dentro del canon romántico que a veces tienen mucho que ver con las quejas y los llantos de la culpa.

No quise en ese momento leer la contratapa y no saber a lo que me atenía, quise solamente en ese momento entrar en la novela y ver qué pasaba conmigo y con la historia, pero claro, eso no pudo ser porque esa misma noche subía a un bus y encaminaba mi vida hacia La Paz. Cuando llegué al hotel empecé a leerla y me produjo una gran satisfacción darme cuenta que desde el inicio ya no se anclaba en supuestos, sino que si bien iba a contarme una historia de amor con rupturas, encuentros y desasosiegos, el narrador no era ni hombre ni mujer y sólo nos preguntaba una cosa, o buenos dos: ¿Por qué la ausencia es la medida del amor? y ¿Por qué las cosas que más necesitamos escuchar son las que menos se dicen?

Si uno deja sueltas éstas preguntas ya puede armarse una historia trágica. Pero la habilidad de la autora no es quedarse en la conmoción, sino más bien sacarnos fácilmente de ella y llevarnos a ver qué pasó en la vida de la persona que nos cuenta su historia. ¿Qué pasó para llegar al punto de formularse esas preguntas? ¿Dónde y en qué momento dejó que la historia de su amor fuera superior a todas sus fuerzas? Me parece que hábilmente ésta respuesta no se encuentra en el libro explícitamente, sino que cada uno de nosotros lectores iremos sacando una, porque cada uno de nosotros encontraremos en la ausencia y en la frustración de no tener a quién amamos una salida a nuestros propios remordimientos porque haber dejado ir a la persona que supuestamente amábamos con el argumento de que así le estábamos haciendo un bien.

Sin querer Winterson ha escrito la contracara de la historia del héroe de las novelas románticas que bien podrían arrancar con El rojo y el Negro de Sthendal pero la autora a través de su narrador sin género definido nos va diciendo es que el amor a veces es sólo una leyenda que tiene una cifra en su reverso.

La novela reconstruye el cuerpo, lo nombra, casi escatológicamente, lo resignifica y lo envuelve en tul para ella misma, para la narradora, porque hay también un punto ciego donde el amor obnubila los sentidos y todo es pasión y recuerdo y reconstrucción y vigilia. Así la novela se divide en las partes: “Las células, tejidos, sistemas y cavidades del cuerpo”, “La piel”, “El esqueleto”, “los sentidos especiales”. Si la novela se llama escrito en el cuerpo, tenemos que ver que hablamos de éste cuerpo y no de un cuerpo ideal o metafísico. Hablamos de un cuerpo concreto, de una amante reconocible porque su piel es nuestra. Porque en nuestro ojos y mente se ha gravado sobre el frío y el hielo los contornos de ese cuerpo que ahora nos encargamos de evocar página tras página.

Winterson no entrega esta novela de pasión, de las preguntas sin respuesta: ¿Por qué la ausencia es la medida del amor? y ¿Por qué las cosas que más necesitamos escuchar son las que menos se dicen? Éste es el momento para nombrar a la segunda novela que quiero comentarles, también escrita por una mujer, si la anterior estuvo escrita por una inglesa esta es francesa. Recomendación expresa de don Jaime Nisthaus, se llama: Los Plátanos y su autora es Monique Lange. De algún modo ésta novela también retoma y formula las preguntas que nos dejó Winterson. La novela está narrada en tercera persona, pero en muchos de sus capítulos sólo acontecen diálogos y descripciones del paisaje estival francés simplemente necesarias, no exageradas, su manejo del lenguaje es exacto, justo, evocador y por demás elocuente.

Lange nos mete en un viaje, un auto, dos personajes y un tercer personaje del cuál en todo momento se habla.

Un hombre va en auto acompañado de su ex amante y ahora amiga, pensando en ella, la mujer que se ha ido a buscar nuevos horizontes, nuevos destinos y tal vez nuevos amores. Pero él no la puede olvidar y es tanto su impulso por verla y estar a su lado que su ahora amiga y ex amante lo seduce, lo ama, lo acompaña y lo conforta a los largo de dos días y en dos ocasiones hacen el amor y él no puede dejar de pensar en ella.

Aquí Lange nos muestra otro tipo de personaje menos patético de lo que parece, simplemente es un tipo que no puede cambiar de sintonía de amor, no es tan fácil como cambiarse de sombrero. Pero también sabe que debe ir, que lo importante es formular la pregunta y no esperar si quiera una respuesta porque se conoce y entiende que ha sido en gran medida por culpa suya que esa mujer se ha marchado.

Él reconstruye sus errores, los toma como lo que son: recuerdos, pero no puede desprenderse de ellos, no puede tampoco dejar de quererla a su lado y no está dispuesto a dejarla de amar, incluso el contacto con otro cuerpo es sólo circunstancial porque el cuerpo de la mujer ausente es más fuerte que ha logrado entrar a donde su ex amante jamás llegará; aquí de nuevo el cuerpo, ese que Winterson ya nos había descrito exhaustivamente. En el amor al parecer sólo hay cuerpos en medio del amor. Eso nos dicen ellas, Winterson y Lange, es el cuerpo lo que se quiere y todo lo que emana de él.

Estas dos novelas indagan el amor, el cuerpo, la ausencia y las palabras que se esperan y nunca se dicen. Las palabras con las que están hechas las historias que intentó reseñar y contar son como casi siempre insuficientes, lo mejor será, entonces, buscar y leerlas. Estoy seguro que el final de ambas les despertará nuevas imágenes, algunas sensaciones y quizás algún gesto.

Para descargar Rojo y negro (Le Rouge et le Noir), novela que Henri Beyle, más conocido por su seudónimo Stendhal, publicó a mediados de noviembre de 1830 siga el siguiente enlace.

Fuente: Ecdótica

Los vagidos del gato (o talvez gata) de Rosse Marie Caballero

Los vagidos del gato (o tal vez gata) es un libro que contiene amenos cuentos escritos con intensidad y pasión. El tema común y transversal que los caracteriza es la azarosa vida de pareja con sus típicas y dolorosas rupturas, reencuentros y nostalgia. Amor, sexo y matrimonio son tópicos frecuentes que permiten el despliegue de los personajes como piezas de ajedrez en que cada una sigue una prefijada ruta: “sesgo alfil, peón ladino, torre directa.” Si, ya vienen los versos de la rica y a la vez rigurosa imaginación borgeana. Peones de paso rápido y breve, pero no necesariamente agresivo. Las narraciones cumplen un rol específico. Algunas jugadas magistrales permiten a los personajes ganar la partida. Otros permanecen contemplando el navegar de barcos hacia el infinito. Pero ¿quiénes van felices en un crucero? Las parejas de enamorados y los casados aunque sufran frecuentes crisis, malentendidos e injustificadas rupturas. En el cuento Yo soy María Iribarne más allá del pretexto temático de la novela El Túnel de Ernesto Sábato, vuelve el tópico del amor, la separación, el recuerdo de un amor intenso que dejó su impronta en el espíritu de los amantes. No hoja quebradiza, sino otoño quebradizo, que es igual a hoja quebradiza. Conquista, requiebros rupturas y nostalgia amorosa. Que oportuno el consejo de Alejandra: Déjate extrañar un poco para que te amen más.

He de morir de cosas: un ensayo


He de morir de cosas así
De: J.J. Pacheco

“Más fácil es renunciar al pan que a las palabras” nos lo advierte Emile Ciorán desde su lucidez atormentada. Y nos sugiere que escribir libros no deja de tener alguna relación con el pecado original, pues ¿qué es un libro sino una pérdida de inocencia?… es una tentación.

La tentación de descubrir algo que todavía no está presente o lo está en forma latente, premonitoria. Éste es quizá el ámbito en el que se desenvuelve la novela que esta noche les comento; una latencia cercana y necesaria, un descubrimiento del sentido y de la causa.

El discurso que desarrolla la novela es un discurso desde la mujer, desde el sentir femenino, el impulso sensible de la historia contemporánea, su esperanza y su duelo.

Ante un mundo corrompido e impuro, agresivo y soberbio, dominado por los hombres, surge un sentimiento nuevo, se descubre y se enfrenta con los males de la era que vivimos: la guerra y la formación de los hombres y mujeres para ella, los dogmas excesivos e hipócritas representados por la iglesia y su clerecía, la sexualidad reprimida, los instintos castrados, la imposibilidad de lo auténtico.

Todo esto enfrentado por los sentimientos y los conceptos redescubiertos, representados ahora por las mujeres, portadoras de un hálito nuevo y renovador. Pero asimismo por la poesía, por la sensibilidad dispuesta en el arte, por la provocación y por las dudas que genera.

Tres mujeres desarrollan una relación íntima, en la que se entremezclan las ganas de aprehender el mundo en un instante con la búsqueda de sentidos propios a las propias vidas, dotándolas generosamente de sentido, alejando lo doloroso del pasado e incorporando quizá con miedo o con arrojo las sugerencias de los cuerpos, las determinaciones del espíritu, libre en ciertas circunstancias.

Alrededor de la trama que el autor desarrolla en la novela, él nos acerca a la comprensión de que el hombre es el camino más corto entre la vida y la muerte, puesto que hay desapegos que súbitamente nos invaden, como un soplo mortal, y cuando esto sucede “los sabios se nos antojan” pequeños y “los santos profesores fracasados”.

“La vida en su aspecto positivo es una categoría de lo posible, una caída en el futuro”. “Cuantas más ventanas abras hacia el futuro, más cosas podrás realizar”, nos vuelve a recordar Ciorán.

Pero, ingresemos un palmo en la novela misma. Tres mujeres, juntas por el azar y por las circunstancias, se conocerán y desarrollarán una relación que las llevará, luego, a converger hacia ellas mismas, en una playa cercana a Manhattan, en la mítica ciudad de Nueva York, alejadas de la desenfrenada ciudad, pueden aventurarse en un viaje interno, intestino.

“La aurora de Nueva York tiene
cuatro columnas de cieno
y un huracán de negras palomas
que chapotean en las aguas podridas”.

“La aurora de Nueva York gime
por las inmensas escaleras
buscando entre los artistas
nardos de angustia dibujada”.

Las mujeres desarrollarán una relación provocativa, que tendrá características sugerentes; desprejuiciadas ellas, recorrerán los caminos de su sexualidad también desprejuiciada, los caminos del espíritu rebelde de las mujeres de hoy en día, y de los que han comprendido que se debe liberar el instinto de la vida en contraposición a los dogmas de la muerte.

Ellas, en una casa alejada, irán tejiendo y destejiendo las sensaciones que urden la trama de las vidas cotidianas: el disfrutar del placer de la comida y la bebida, del humo y sus embrujos, de las relaciones, de la sexualidad, de la naturaleza, de la poesía, de las historias dispares, de los miedos, de las dudas, de la esperanza.

Alrededor de ellas, sus circunstancias. Adriana, irrefrenable y fresca como la propia naturaleza, seguirá el hilo conductor de sus instintos que también deberán seguir por voluntad natural Michelle, su amante y Marion su nueva amiga, a la que conquistará con su espíritu de aire y sus razones de fuego.

Junto a ellas el recuerdo cercano de sus familias típicas, por así definirlas. La una católica militante con un hijo, Francis, sacerdote, liberal, atrayente, controversial y delicado, el simbolismo de las represiones conceptuales de nuestro tiempo, de cierto tipo hipócrita de enfrentarse a la vida, de esconderse y no afrontarla. La otra de estirpe militar y la drasticidad de sus acciones, el ámbito de lo estricto, de las órdenes que no pueden incumplirse, de los destinos prefijados, de la seguridad y de la muerte, los actores de la muerte a escala mundial. Y la tercera desarrollada en un ámbito aristocrático, con sus taras, sus veleidades innecesarias, su teatro mundano, sus poses y sus ámbitos deformados, visitados por el dolor y también cómo no, por la muerte.

Pero, “hay miradas femeninas que tienen algo de la triste perfección de un soneto”. Y acaban por representarnos una esperanza, o quizá un consuelo, una nueva percepción sensual se aviene, no la perdamos de vista, sin prejuicios.

Puesto que el puritanismo, nos lo recuerda el autor, citando a Mencken es “el perturbador temor de que alguien, en algún lugar, pueda ser feliz”.

El autor también nos recuerda que sin la literatura, el reconocimiento del mundo y del legado común se hacen muy limitada y fragmentariamente, es verdad, “la lectura es el mayor acto integrador conocido por la mente humana”. Ahora, cuando él mismo advierte que “se ha declarado la dictadura invisible de los enanos”.

Toda esta trama está, asimismo, impregnada de un sólido bagaje de erudición casi borgiana, las obras nombradas en el texto son innumerables, los autores escogidos con pericia obsesiva y delicada: literatos, filósofos, pensadores, y obras de arte y artistas, se nos presentan como en un catálogo extenso y profundo. Un “Curso Délfico” como lo llamó Lezama Lima, que si lo seguimos con esmero puede llevarnos una vida el transitarlo. Obras pictóricas y musicales hacen parte de este entramado sugestivo y exquisito, digno de un festín para iniciados.

Pero más allá de los tres personajes principales, existen otros, que son logrados por el autor en forma contundente y ágil, es el caso de las dos vecinas de la casa en la playa donde transcurren la mayoría de los hechos que la novela describe. Twinka una niña con síndrome de down y su madre adoptiva la señora Mapplethorpe. Ambas representan la posibilidad de que las buenas acciones puedan convertirse en forma casi perversa en actos que conlleven represión y vejamen, incomprensión y castración, ahogo.

Deberemos de comprender la vida desde su sentido primigenio, como un ámbito de desarrollo de las cosas simples, los placeres cotidianos, las pequeñas alegrías de todos los días. No debemos, tampoco, perderlo de vista.

Existen en la novela, también, pequeños guiños a lo nuestro, el más perceptible es el que se refiere al poema “Nacer hombre” de la poeta boliviana Adela Zamudio, cuya versión traducida al inglés por el autor en forma precisa e impecable , es declamado por Adriana, dramáticamente, en un momento culminante de la poética de la obra.

Debo expresar pues mi regocijo y mi positivo asombro ante esta nueva obra de Eduardo Scott, puesto que al explorar en esos sentimientos, todavía no bien comprendidos en muchos ámbitos nuestros, desentraña una poética de lo cotidiano con insuperable sentido.

El efecto de las obras es a la larga, dice Bataille, reducir de nuevo la divinidad –y el deseo de la divinidad- al carácter profano de la cosa. “Mantener en el tiempo futuro y en el más allá de este mundo el retorno a la intimidad perdida”.

“Cuando la mujer cierra los ojos, tu mirada se desliza por sus párpados, buscando otros firmamentos”.

Fuente: Ecdótica



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