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Evo Morales, Martín Sivak y Jefazo. Tercera parte de cuatro

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Evo Morales, Martín Sivak y el Jefazo (3/4)
Por: Carlos Hugo Molina

6. Características de su personalidad. Mostrás el perfil de un hombre que improvisa en temas fundamentales; que padece de incontinencia alimenticia; que no expresa afectos personales concretos sino amores universales; que no asume ni reconoce equivocaciones.

7. Genio presidencial. Decís: “La viceministro de Asuntos de Género y Generacional, Maruja Machaca… estoy molesto con ella. Hay que cambiarla, aunque sea una compañera.” “Es que estoy emputado con algunas secretarias: a veces perjudican el trabajo.”Se enojó cuando supo que no le dieron almuerzo a los campesinos…”. “Esa mañana estuvo durísimo con la cúpula de la policía…”. “…Zapata supo lo que es un enojo presidencial…”. “Sus furias son fuente de pánico entre los hombres y mujeres del Palacio.” “Descargó su ira contra el ministro Walter Villarroel, quizás uno de sus mayores picos de furia durante 2006.” “Se enojó con los ministros que apadrinaron el viaje.”

8. Entorno Presidencial. Decís: “Los diputados tuvieron una actitud sumisa frente a Morales…”. “El ministro de Educación Víctor Cáceres entró y mostró obsecuencia…”. “En general, los alcaldes mostraron un respeto excesivo por el Presidente, casi temor.” “… el ministro de Aguas, Abel Mamani, que no abrió la boca.” “La cúpula policial contestó con disculpas y sumisión…”. “Verás que este partido lo pondrá de buen humor…” “El Presidente le pidió que criticara a las autonomías (a AGL) en público y como demoró en hacerlo se molestó. Pero después, como en todo, se cuadró.”

9. Modo de gestión. Decís: “Le pregunté por qué seguía concentrando tanto poder….” “El Presidente reclamaba candidatos y decidía cargos jerárquicos y menores.” “El Palacio Quemado concentró mucho poder. En parte por la lógica decisionista y centralizadora de Morales.” “Morales dijo que él se subordinaría a la Asamblea y proclamó que debía ser originaria y estar por encima de los poderes existentes. Sin embargo, en los hechos, el gobierno estuvo por encima de la Constituyente.”

10. Respeto a la vida. Develás que no tiene el respeto por la vida de todas las personas por igual. “El funcionamiento de ese nuevo viceministerio (el coordinación con los movimientos sociales), unido a la convicción de que nunca reprimiría, hicieron que Morales creyera que jamás habría un muerto en su gestión.” “Morales se enteró por la radio. Llamó a la ministro de Gobierno, Alicia Muñoz: - ¡¿Qué has hecho? ¿Cómo vas a ensuciarnos con sangre?!” (Oruro, Sin Techos). “Paradójicamente, en el caso donde se registraron más muertes no sintió responsabilidad alguna”. (Posokoni, murieron 16 personas) Y concluís: “La intransigencia de las partes, cierta incapacidad estatal y la ineficacia del ministro impidieron una salida.”

11. Evo íntimo. Revelás un pasaje de un Evo machista (”Yo no soy egoísta y quise que cada uno tuviera su propia madre” (al referirse a sus hijos).); está clara la división del mundo entre las personas que confía, y entre las que no. Las dos únicas personas que merecen consideraciones del Presidente a lo largo del libro, y que se libran de sus improntus, son el Canciller y el Vicepresidente. Describís una sensación de mediocridad en el entorno presidencial: “Morales alienta el despojo y se rodea de ese tipo de personas: pobres o clasemedieros sin ambiciones materiales.”

12. Aprobación de la Constitución. Afirmás algo que el Gobierno no admitió nunca: “Sin la presencia de la oposición, los constituyentes masistas la votaron en un Colegio Militar.”

13. Fuerzas Armadas y Policía. Decís: “… Evo confía más en las Fuerzas Armadas que en la Policía…”; tu afirmación, confirma una sensación pública. Es una paradoja si se analiza el origen social de ambas fuerzas.

14. Gestión ministerial. Decís: “Cuando Quintana le sugirió saltear un par de promociones para designar al nuevo alto mando, Morales desconfió: pensó que su ministro pretendía ubicar a oficiales de su simpatía.” Otra: “Villegas no pudo redactar un plan de negociación empresa por empresa…” Estas dos afirmaciones, confirman versiones no oficiales de un atropello, y la impericia con la cosa pública con la que se administran los bienes del Estado.

15. Resolución de conflictos. Ofrecés un esclarecimiento extraordinario; lo coloco en negritas por el valor que le asigno: “¿Cómo negocia? Convoca al sacrificio, a deponer actitudes sectarias y a sumarse. Luego muestra su propio desprendimiento. Si ello falla, acusa al interlocutor de cómplice del viejo orden, de militar contra el cambio. Si todo eso falla, empieza a negociar.” (3/4, sigue)

Fuente: www.agora.com.bo


Crítica a Lazos Familiares, la nueva antología de Edmundo Paz Soldán

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Los lazos familiares de Edmundo Paz Soldán
Por: Martín Zelaya Sánchez

I
La nueva colección de cuentos Lazos de familia de Edmundo Paz Soldán, publicada por editorial La Hoguera y presentada en la reciente Feria Internacional del Libro de Santa Cruz, muestra cinco breves relatos que tienen como hilo conductor la niñez y juventud de sus protagonistas y, ante todo, una halo de misterio y antinaturalidad propios de la sociedad individualista y mediatizada actual, pero no siempre del todo bien resueltos y justificados.

II
El ámbito barrial, casero y coloquial boliviano –cochabambino, esencialmente- se refleja hábilmente en los diálogos –interiores y externos- las familias, los amigos, y las características de los lazos amistosos y la vida y ocupaciones de los colegiales. Muy contraria en esencia, pero eje también central del libro, es la violencia, el suspenso psicológico y social que, el autor lo nota y nos lo hace notar, se apodera cada vez más de manera lenta pero constante, de nuestra cotidianidad.

III
La lucha interna de la adolescencia y la preponderancia determinante que en esta etapa tienen las influencias de terceras personas, trae a la mente escenas asombrosamente familiares rescatadas de lo más lejano del bagaje personal. Destaca esta situación en los protagonistas de Roby, el segundo relato, y Los otros, el cuarto, quizás el menos realista temáticamente, pero también el mejor resuelto en cuanto a lo estilístico.

IV
La droga, las armas blancas, los asesinatos, el divorcio y el sexo, tocados siempre poco y de manera no siempre natural en nuestra literatura, se filtran en estas páginas de manera tangencial, secundando a la trama central, pero con un efecto no menguado en el fondo. Quizás como nos abordan, estas mismas particularidades, en la vida real.

V
Es innegable la habilidad del autor para manejar y combinar escenarios, sucesos y personajes. Es inevitable también que cualquier lector boliviano se identifique con el paisaje y el ambiente generales tan bolivianos, valga la redundancia, de sus tramas, pero tampoco deja de asomarse como persistente, la sensación de que siempre cabría esperar más, y exigir más en un autor con el reconocimiento de este cochabambino.
Hay escritores que venden y atraen mucho, que triunfan y entusiasman; pero hay otros, los menos y los más valiosos, que cautivan, trascienden y dejan imágenes e ideas difíciles de borrar. Aún, con todos sus logros, Edmundo Paz Soldán no se acerca a trasponer esa barrera.

1
La barricada: Dos hermanos –él y ella- una misterio policial en la casa vecina; la locura; la curiosidad y el morbo. El peligro que acechó y uno sólo se enteró cuando ya pasó por completo.

2
Roby: Tres amigos inseparables y un hermano mayor en el pozo de la delincuencia juvenil. La manipulación, el miedo y la avidez por la aventura, desencadenen en una serie de vandalismos y un poco creíble y letal golpe final.

3
El ladrón de Navidad: Un pequeño y su madre, desclasados, abandonados pero aún aferrados a la vida acomodada. Miami, el sueño americano, el viaje de negocios disfrazado de placer, los supermercados en Navidad y la tentación, contagiosa, heredable, de tentar a tener más, lejos de conformarse.

4
Los otros: En la cotidiana y rutinaria vida entre la casa y el colegio, entre el rígido papá y la comida de mamá, de pronto, por el más mínimo cambio en la disciplinada rutina, ¿no le asalta a uno la duda de que los actores tan conocidos de su trama diaria, son impostores, disfrazados de sus seres queridos?

5
Lazos de familia: Un niño se convierte en el único e indisoluble lazo entre dos adultos, sólo cuando es fruto de lejano su amor. El mal carácter de la madre solitaria y las esporádicas apariciones del papá consentidor, dan a este relato un trasfondo que sin embargo, se resuelve con esposas y pistola, ante la mirada no del todo inocente del adolescente.

Fuente: www.ecdotica.com


Evo Morales, Martín Sivak y Jefazo. Segunda parte de cuatro

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Evo Morales, Martín Sivak y el Jefazo (2/4)
Por: Carlos Hugo Molina

Mis comentarios seguirán una sucesión numeral, para facilitar la lectura.

1. Coincidimos que hay Evo para muchos años, y, sea Presidente o no, tratará de mantener la calidad de arbitro de la política boliviana mientras Dios le de salud y vida. Ha logrado interpretar en el momento preciso las claves necesarias, y que sean identificadas en su persona, las virtudes que necesitaba un pueblo sistemáticamente derrotado (me suenan campanas cuando escribo esto). Es un guerrero comprometido con su causa, libre de las taras tradicionales (no es ladrón, no es flojo, no es mentiroso), es digno, atrabiliario y está desprovisto de avaricia humana; junto con ello, tiene sobre si el peso de la desinformación y el resentimiento, valores que conocés, demandan los tibetanos para alcanzar el perfeccionamiento y la trascendencia. Esa mezcla humana, está reflejada con detalles, en Jefazo.

2. Tu capacidad profesional y olfato periodístico, te ha permitido descubrir una personalidad cuando no lo era (metafóricamente, descubriste a Maradona a los 11 años) y podrás seguirlo hasta que llegue a los altares o al averno. En el libro, ofrecés el material para justificar la canonización o la defenestración del personaje. Das los argumentos para ser utilizados en ambos sentidos, un mérito reconocible y apreciable para todo lector crítico. Y para suerte nuestra, debo reconocer que te ganó el periodista sobre el cálculo político personal.

3. El día de la presentación del libro en Santa Cruz, dijiste públicamente que Evo no realizó ningún comentario por que no lo había leído. Asumo que Alvaro García Linera sí, porque en La Paz, lo comentó en su presentación. Percibiendo el grado de sensibilidad con el que el Presidente se relaciona y rompe relaciones (Filemón, Andrés Soliz, Coco Pinelo, Alex Contreras), tengo la sensación que podrías correr un camino similar por el develamiento que hacés de algunos matices del personaje.

4. Como se trata de un Retrato Íntimo, la lectura de contexto ofrece una serie de constantes. Voy a poner algunos énfasis sobre temas críticos que me parecen necesarios para comprender al personaje desde su dimensión humana y equilibrar el imaginario que se ha construido sobre él. Lo haré sobre aquellos que se necesitan para matizar una construcción mesiánica que ya está desarrollada generosamente en las películas y en otros libros laudatorios. Son los claroscuros del personaje que no se conocen o han sido retocados para ocultar lo cotidiano, de personas cuya falibilidad, es más que evidente. Utilizo el entrecomillado para las citas, liberando la colocación de páginas que dificultarían la lectura.

5. Expresás abiertamente, una actitud positiva hacia el personaje retratado. Esa fue la actitud de muchos, yo incluido, que vimos como una oportunidad de cambio radical de la política boliviana. Las simpatías iniciales hacia Evo ya no tenían características éticas, lo eran, positivamente estéticas. Esa posición inicial de tu parte, no te ha llevado, sin embargo, a incorporar en su comunicación interna o pública, expresiones que apoyen la identificación de un estadista, constructor de paz social y de diálogo; quién está posesionado, es el guerrero. Esta era la oportunidad para que la conciencia que reconoce a un indígena/campesino como presidente, pudiera tener otra valoración, humana y ciudadana mayor a la culpa sicológica por los 500 años. En esta dimensión, nos quedamos sin el Mandela boliviano que se esperaba. (2/4, sigue)

Fuente: www.agora.com.bo


Tendencias Políticas Actuales en los Países Andinos en la Biblioteca de ecdotica

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Tendencias Políticas Actuales en los Países Andinos
Contiene los ensayos de Adrián Bonilla, Fernando Mayorga y Yasuke Murakami

El CIAS (Center for Integrated Area Studies, Kyoto University) presenta el Discussion paper No. 5 (en español), Kyoto, Japón 2008. Contiene tres ensayos: “Crisis de legitimidad y emergencia de nuevos regímenes en los Andes” de Adrián Bonilla; “El Gobierno de Evo Morales: fragmentación política y poca institucionalización” de Fernando Mayorga y; “Política peruana después de Fujimori: Fragmentación política y poca institucionalización” de Yasuke Murakami.

Parte de la introducción:

La región andina sigue siendo el foco de atención en América Latina. En la región se encuentran tres países (Bolivia, Ecuador y Venezuela) donde el gobierno está en manos de —según la terminología conocida del politólogo mexicano Jorge G. Castañeda— la izquierda “equivocada”; y sus gestiones y comportamientos políticos no dejan de ser de interés o preocupación para otros países. Mientras Hugo Chávez de Venezuela empieza a perder supremacía interna y popularidad después de la derrota en el referéndum constitucional del año pasado, Evo Morales de Bolivia y Rafael Correa de Ecuador siguen su camino: la asamblea constituyente y reforma constitucional para el cambio fundamental del Estado y sus funciones. Este año los dos países deben pasar por la etapa culminante y crucial del proceso de la reforma constitucional, vale decir, el referéndum para aprobar o no el nuevo texto de la Constitución Política. Por otra parte, en la primera semana de marzo del 2008, Colombia invadió el territorio ecuatoriano para atacar el “refugio” del grupo guerrillero FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) en el país vecino, y con este incidente bilateral se
elevó la tensión entre los dos países. La situación se puso más tensa, porque Chávez también se mostró agresivo contra su par colombiano, solidarizándose con Ecuador.
Fuente: www.ecdotica.com


Mujeres escritoras bolivianas

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Sobre escritoras bolivianas
Por: Emma Villazón Richter

(La escritora Mara Lucy García elaboró una antología sobre literatura femenina. El libro Escritoras bolivianas de hoy es analizado por la autora de este artículo, que llega a una conclusión: la identidad femenina es un denominador común en las ilustres literatas mencionadas en la obra. Este artículo continúa una serie de artículos publicados en ecdotica, por lo que para aquellos que estén interesados en profundizar sobre la literatura femenina en Bolivia les recomendamos busquen los artículos publicados el 9 de abril de 2008 “Literatura femenina como epiteto, no como género literario de Martín Zelaya Sánchez y el artículo publicado en ecdotica el 12 de diciembre de 2007 “Willy Muñoz indaga en las letras femeninas bolivianas”).

Si partimos del lingüista Roman Jakobson, quien planteaba que en una obra al predominar la función poética se produce un desdoblamiento de la referencia del mensaje y del emisor, tenemos que quien ‘escribe’ una obra literaria, o sea el escritor, no es precisamente ‘quien nos habla’ en el texto, pues éste al producir un mensaje literario adquiere otra voz, una de carácter virtual. Este planteamiento apuntaba a que entendamos que toda obra literaria habla por sí misma, más allá de la moral, la política, la creencia religiosa, la biografía o el género del autor.

Y aquí me detengo para reflexionar en torno al género del escritor. Si la validez de una obra está dada por sí misma, por su lenguaje, por la manera en la que alguien nos quiere decir algo, y no por quién nos lo dice ¿por qué es importante hablar de escritoras? ¿Por qué resulta necesario hacer una antología de escritoras bolivianas? Probablemente por una motivación que entra en el ámbito histórico, y por otra, meramente literaria.

Primero, señalo que una antología de este tipo tiene un enfoque histórico, porque es una muestra del ingreso y la instalación de la mujer como un colectivo, en el ámbito de las letras. En este sentido, una antología realizada bajo este criterio cobra importancia, porque intenta reflejar los avances en la toma de espacios por parte de la mujer en la historia. Nos sirve para ver cómo se han desarrollado los roles de género y cómo hoy en día se enriquecen mutuamente.

Al menos, así nos señala esta obra. En el contexto actual boliviano, las escritoras ya no tienen conflictos para publicar, o para ser tomadas en cuenta en antologías o concursos, por una cuestión de género. Existe un sentimiento compartido por parte de las autoras de que su arte es respetado en condición de igualdad con el del hombre. Años atrás, me refiero a comienzos del siglo XX, es evidente que hubo una escasez de escritoras bolivianas, sólo basta acudir a diarios, selecciones de autores y libros de historia de literatura para pescar algunos nombres o directamente toparnos con la ausencia de éstas. Esta situación debe buscar respuestas en una revisión en la historia boliviana sobre la forma de vida de la mujer en todos sus estratos. ¿Qué posibilidades de escribir tenía esa mujer, y qué posibilidades de que su literatura fuera tomada en cuenta? ¿Cuáles eran los roles asignados a hombres y mujeres? ¿Quiénes establecían esos roles? Indiscutiblemente es un campo interesantísimo de estudio, que está relacionado con la distribución del poder. Sin alejarnos mucho, deberíamos de preguntarnos, aunque nos incomode, como si nos pusieran una soga al cuello: ¿Cuántos nombres sobresalientes de poetas cruceñas figuran en la historia de la literatura boliviana del siglo XX? ¿Por qué encontramos a tan pocas? ¿Realmente existieron escritoras cruceñas destacables a comienzos del siglo XX, o fueron invisibilizadas?

Por fortuna la situación actual es más prometedora, porque no sólo se está dando un espacio a las artistas contemporáneas, sino que se está logrando reivindicar a escritoras olvidadas y de darles su lugar en la historia, como a Hilda Mundy y María Virginia Estensoro, cuya publicación de sus obras en La Paz ha abierto los márgenes para nuevas lecturas y estudios.

Pero volviendo a mi afirmación anterior, insisto en que el panorama actual es positivo, porque a la escritora se la reconoce como un igual frente al hombre, a pesar de que para muchas sigue siendo difícil conciliar las tareas del hogar con las del arte. Pero sin plantear esto último como un obstáculo, creo que hoy en día el derrotero de la escritora es otro: está pasando de un periodo de inclusión, en el que luchaba por insertarse como grupo social en un espacio, a un momento en el que debe ser reconocida por la calidad de su obra. Y sin temor a equivocarme, quisiera pensar que ésa es la lucha de todas ahora: una alta calidad literaria.

El segundo aspecto por el que pienso que la obra de García tiene relevancia es porque reabre el debate sobre la existencia de una escritura femenina, sobre aquella posibilidad de que existan ciertos rasgos (tonos y/o temáticas) comunes en los textos de escritoras. Sobre este punto, si volvemos a Jakobson, nuestra posición tendría que ser contraria a esa clasificación de literatura, porque lo que en el fondo él nos ha revelado es la libertad del escritor frente a la obra literaria, así que concebir a la escritura de la mujer como un reflejo de su condición, sería un error. Así al menos yo lo pensé por un buen tiempo. Pero luego caí en la cuenta de que resultaría una equivocación pasar por alto el hecho de que un gran número de escritoras de esta antología escribe desde una voz femenina: ¿será azaroso? No creo. En algunas, esta decisión ha sido consciente; en otras, ha fluido espontáneamente. En este sentido, es necesario aclarar que esa supuesta objetividad del escritor a la hora de crear no existe, pues es un ser inmerso en sociedades que no son nada pulcras como tampoco neutras. Por lo que pasé a comprender que cuando la escritora se reveló como una Eva en el paraíso de las letras, la primera palabra que debió haber dicho fue en torno a su existencia, pues tenía que construirse a sí misma a través de ese otro mundo posible que es la literatura. Lo mismo probablemente ocurriría si nos hablara desde el texto literario el último habitante de un pueblo desaparecido, es muy probable que hablara de los suyos, de su aislamiento, de la opresión que otros ejercieron sobre su gente.

Por eso una de las frases que subrayé cuando leí la antología que nos presenta Mara, es una de Virginia Ayllón, autora incluida en este compendio, quien dice en un fragmento de la entrevista: “Para tener una identidad de escritora hay que tener una identidad de mujer, sea lo que eso sea”.
Creo que la complejidad del ser femenino es un tema con el que es natural que se inicie una escritora (y no precisamente con una intención política), y con el que luego continúe en su carrera para mostrarnos esa madeja de relaciones humanas y vida interior de la mujer. Sin embargo, no creo que la escritora esté limitada a ese tema u obligada a hablar de él; reitero mi rechazo a la existencia de temas predeterminados por la identidad del escritor. Considero que las similitudes de tono de las escritoras bolivianas que se hallen en el libro Escritoras bolivianas de hoy, corresponden a la necesidad de configurar voces en momentos determinados de la historia, voces que crecen a medida que pasa el tiempo, pues se sumergen de forma más profunda en nuevas y arriesgadas posibilidades de comprensión de ser mujer y también del ser hombre. En otras palabras, lo que quiero decir es que primero las escritoras han tenido que decirse a sí mismas, construir cierta identidad femenina con todos sus alaridos, luces y sombras, y hablar desde cierta voz poética de la que carecía la historia de la literatura boliviana, para luego hablar con mayor libertad de sí mismas y de los demás.

Fuente: www.eldeber.com.bo


Celebrate diversity

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Celebrando la diversidad
Por: Marcelo Suárez Ramírez

La publicación de antologías de jóvenes autores bolivianos, sumada a los premios y ediciones de sus obras en el extranjero dan la pauta de que afuera se comienza a ver con buenos ojos a los nuevos exponentes de las letras nacionales.
No todos los días se da el caso de que las obras de escritores bolivianos sean premiadas en el extranjero o que destacados sellos editoriales europeos fijen su mirada en la literatura que se desarrolla en esta parte del continente. Hace pocos días, el escritor cochabambino Rodrigo Hasbún resultó ganador del Premio Unión Latina a la Novísima Narrativa Breve Hispanoamericana 2008 por su relato Familia.
El joven escritor, de 26 años, ya había ganado en 2002 el Premio Nacional de Literatura otorgado por el municipio cruceño, había sido finalista en dos ocasiones del Concurso Nacional de Cuento Franz Tamayo y en 2006 publicó Cinco (Gente Común), su primer libro de relatos. Asimismo, junto al director de cine Martín Boulocq escribió el relato Los viejos, que recibió el Premio de Guión de Literatura y Cine en la pasada Feria Internacional del Libro de La Paz. Por si fuera poco, Hasbún fue seleccionado para representar a Bolivia en Bogotá 39, una reunión de escritores menores de 39 años que se realizó en agosto del año pasado en la ciudad colombiana, declarada como Capital Mundial del Libro. Hasbún fue el único crédito nacional elegido entre 100 postulantes latinoamericanos.
Las buenas noticias si se quiere no terminan ahí pues Hasbún, junto a Giovanna Rivero, Maximiliano Barrientos y Wilmer Urrelo han sido incluidos en una antología de 63 jóvenes destacados en la literatura contemporánea de Latinoamérica, elaborada por el escritor peruano Diego Trelles. La versión electrónica de la antología será dada conocer el 1 de julio, y una semana después saldrá la versión en papel, según indicó Trelles.
Estos nombres figuran junto a los de Edmundo Paz Soldán, Homero Carvalho Oliva, Víctor Hugo Viscarra, Virginia Ayllón y Adolfo Cárdenas en otra recopilación de obras de autores nacionales, elaborada por el argentino Nicolás García Recoaro, que también publicó un extenso artículo sobre la historia de las letras nacionales en el diario Página 12. García Recoaro justificó la elaboración de la antología que está por publicar afirmando que “me interesó trazar un mapa de la narrativa contemporánea boliviana, porque salvo el caso increíble de Edmundo Paz Soldán, prácticamente no se la conoce fuera de Bolivia”.

La Búsqueda
Bolivia es un país donde los escritores viven una realidad económica que no les permite dedicarse profesionalmente a su vocación literaria, esta situación es una realidad indiscutible a pesar de que son varios los ejemplos de autores que han logrado buenos frutos con su trabajo.
En ese sentido, algunos representantes de esta nueva generación de escritores nos ayudan a responder las interrogantes que conlleva esa paradoja; nos señalan hacia dónde apuntan sus trabajos y explican cuáles son los elementos esenciales en la búsqueda de un escritor.
Originalidad, esfuerzo y una disciplina constante son algunos de los requisitos para sobresalir en estos tiempos, según el criterio de los mismos autores. “Hoy se escribe con mayor profesionalismo porque se busca la rigurosidad, los tiempos así te lo exigen. En los años 80 y parte de los 90 se veía como una pose que el escritor sea indisciplinado e informal, hoy en día hay un mayor compromiso en ese sentido. Aunque no creo que sea imprescindible mantener ese rigor, en mi caso, yo sí necesito concentración y batallar muchas horas frente a la computadora para lograr escribir algo que me convenza”, señaló Wilmer Urrelo, ganador del Nacional de Novela 2007 por Fantasmas asesinos.
Por su parte, Maximiliano Barrientos añadió que la suma de la disciplina, el trabajo, la suerte y la constancia hacen a la vocación. “Yo no creo que en ningún momento de la historia haya sobrevivido la obra de un escritor sin vocación. Me resultan muy ‘poseros’ los escritores que intentan justificarse diciendo que escriben ocasionalmente, que no se toman en serio, que lo hacen como una joda. Prefiero al escritor que se juega todo y luego fracasa; prefiero esos perdedores a los cínicos, a los que se ríen y nunca arriesgan por miedo al fracaso. Ese cinismo es otra forma de la mediocridad”, expresó el autor de Hoteles.
Sebastián Antezana sorprendió al ganar el más reciente Premio Nacional de Novela, no sólo por su edad (25 años) sino también porque superó a escritores con mayor tradición como Néstor Taboada, que recibió una mención del jurado. Antezana está convencido de que para llegar lejos, un escritor debe asumir su carrera con seriedad. “Es necesario un continuo ejercicio de escritura y literatura, darle sus horas específicas en el día a esta práctica. Es la única forma, nuestro ambiente es muy difícil para un escritor, los obstáculos de tipo económico dificultan más la tarea, entonces se hace necesario que el esfuerzo del escritor sea el doble para que pueda sobresalir”, afirmó el paceño.
Luego de haber recibido el Premio Noveles Escritores en la pasada Feria del Libro de Santa Cruz, Paola Senseve quiere tomarse un tiempo para poder labrar su futuro como escritora y no quedarse sólo como una ‘promesa’. “Debo seguir escribiendo para mantenerme a la altura de las circunstancias. El premio es un gran trampolín pero no es lo único que me queda. Tampoco me quiero apresurar ni encasillarme en algún género literario específico”, aseveró Senseve, que también celebró la diversidad en las obras de los nuevos escritores.
De similar criterio es Róger Otero, que recién publicó el compendio de relatos El arte de escribir sin escribir. A diferencia de autores como Hasbún o Barrientos, que se inclinan por historias más cercanas a la realidad de los jóvenes de su generación, Otero busca salir del tedio de la cotidianidad acercándose al género fantástico. “Cuando comencé a escribir, no me propuse hacer un libro que tenga un hilo conductor de temas. Lo hice porque me gusta escribir. Luego me di cuenta de que el género fantástico era un elemento en común en la mayoría de mis cuentos. Todos tenemos un objetivo al momento de escribir, pero en el camino le vamos dando forma a nuestro estilo”, aseguró Otero.
Al respecto, Barrientos añadió: “Todo escritor, en algún momento de su vida, va a desear contar una historia como lo hacía Hemingway y Scott Fitzgerald, Carver o Salter. Esa linealidad, esa sencillez es muy difícil de alcanzar. Contar una historia que conmueva sin uso de artificios es muy complicado. Lo único que le queda al escritor es trabajar mucho y leer todavía más, publicar, aprender de los errores y seguir leyendo y viendo mucho cine. No quedarse con los elogios locales. No dormirse”.

“Nos hemos despojado de algunos lastres ”
Rodrigo Hasbún / Escritor
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¿Qué significado tienen para vos los premios que has ganado?
- Son alicientes que uno agradece, palmadas en la espalda que nunca vienen mal. Pero no creo que haya que darles más importancia de la que tienen. Es un honor y una alegría y ya está, dos segundos después la vida sigue siendo idéntica a sí misma y es hora de seguir. Enfrentando la guerra diaria. Luchando contra los fantasmas de siempre. Intentando hacer algo de valor.
- ¿Qué aspectos están presentes en tu búsqueda como escritor?
- Me gustaría construir libros que no caigan despedazados a la tercera página. Narrar con honestidad y sin temerle a los sentimientos, a las intermitencias del corazón, a nuestras debilidades y a nuestras hazañas secretas. No tengo ni la capacidad ni la intención de retratar a una sociedad ni a una clase ni a una generación. Entonces miro hacia lo que está aún más cerca y procuro erigir una literatura a partir de eso, de historias pequeñas, cotidianas, aparentemente insignificantes. Las cosas más grandes a menudo se revelan ahí.
- ¿Los escritores de tu generación están dando la pauta sobre la nueva forma de hacer literatura?
- Siento que en Bolivia hemos empezado a despojarnos de algunos lastres que agobiaban. A la figura del artista iluminado y maldito se le antepone ahora, como vía distinta, la del que asume su arte con valentía y dedicación. Por ese mismo camino, al fin, sobre todo entre la gente más joven, se le ha dejado de exigir a la literatura ese compromiso social incómodo, dándole más cabida a la búsqueda formal. A todo esto se le suma una mayor apertura hacia lo que sucede afuera del país. Hay mejores posibilidades que hace un tiempo y la nueva generación las está explotando al máximo.
- ¿Existen algunas reglas para llegar al lector?
- Las reglas, en literatura, conducen invariablemente a la mala literatura, a la literatura prefabricada, fácil, inocua.
- ¿Qué destacas de los cambios en los géneros literarios tradicionales?
- Siento que propician una mayor libertad. Esa fusión de géneros y esa irreverencia le restan solemnidad a la literatura, la aproximan, ayudan a devolverle la cercanía que debería corresponderle.
- ¿Bajo qué condiciones debería trabajar un escritor?
- Hay dos aspectos importantes, uno relacionado con la formación del escritor y otro con las condiciones de las que dispone para trabajar. En ambos, a pesar de los avances, lo que ofrece el país es poco. Por un lado, está por ejemplo el acceso a buenas bibliotecas y librerías o el contacto enriquecedor que propicia, digamos, una conferencia de un escritor realmente admirado. Por el otro, que becas de creación, un mercado editorial sólido o colaboraciones remuneradas puedan permitir al escritor dedicarle más tiempo y energía a la literatura.

Edmundo Paz Soldán | Escritor
Literatura con aires de renovación

Corren aires de renovación en la narrativa boliviana. Una literatura anclada en la tradicional exploración de la problemática social del país está dando lugar a una literatura de temática más abierta en la que, muchas veces, lo principal parece ser el deseo de indagar en la intimidad del individuo. Una literatura en la que durante buena parte del siglo XX, la mina y el campo fueron los paisajes centrales, está ahora casi exclusivamente centrada en las ciudades. En escritores como Giovanna Rivero, Rodrigo Hasbún y Maximiliano Barrientos no aparece de manera frontal la profunda crisis sociopolítica que vive actualmente Bolivia. El quiebre del modelo neoliberal, el ascenso del neopopulismo de la mano de Evo Morales y el surgimiento de modelos autonómicos contestatarios al centralismo del Estado nacional no tienen su correlato en cuentos o novelas que sitúen al individuo en ese traumático escenario histórico. Quizás esto se deba al hecho de que la narrativa boliviana se ha hallado, prácticamente desde el siglo XIX, esclavizada a narrar la problemática nacional en clave sociológica y antropológica; la tradición, cuando se convierte en obligación, es una carga de la que estos escritores buscarían liberarse, consciente o inconscientemente. Por otro lado, si bien en la mayoría de los textos de estos escritores no hay un fondo histórico reconocible, lo que se ve es la sensación de incertidumbre, la confusión de la clase media boliviana ante el panorama social. Así, de manera indirecta, al bucear en el aprendizaje hacia nuevas sensibilidades, estos escritores estarían narrando la crisis social y política. Si la novela, como quería Balzac, es la vida privada de las naciones, entonces la obra de estos narradores es la intimidad de una crisis que aparece cotidianamente en los periódicos.
Hay libertad temática y formal; mucho talento e imaginación. Con un poco de suerte y una mejor infraestructura para apoyar la difusión de las obras y de los escritores, la narrativa boliviana dará el salto que anuncia hace un buen rato, para hacerse más conocida de lo que es en el vigoroso escenario presente de la literatura latinoamericana.

Fuente: www.eldeber.com.bo


Acerca de la última novela de Manuel Vargas

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Se llamaba Jacinto Quiroz o Don Zorro
Por: Juan Carlos Ramiro Quiroga

“Tantos cuentos, piensas, ¿esto no será también un cuento?”
Música de zorros (2008), Manuel Vargas.

1. Gracias a Dios que no me gusta leer novelas y Dios me libre de semejante bajeza. Como el autor de Ficciones, descreo de las novelas porque no son más que una acumulación de palabras y más palabras. Harto desperdicio de palabras observo en ellas. Si un libro te hace gozar y volver a él una y otra vez, de seguro que no es una novela.

2. En efecto, Música de zorros (La Paz, 2008) la reciente obra de Manuel Vargas no es una novela, sino un cuento que prolonga o crea otros cuentos. Es decir, el arte de narrar del autor opera como una suerte de cajas chinas, porque un cuento reserva otro cuento: nada de las abominables amplificaciones de un Jaime Saenz o de un Adolfo Cárdenas.

3. Soy apenas un hombre que acostumbra leer poemas y que guarda cierta resistencia a las novelas, por una sencilla razón: no hay vida en tal mal habidas palabrerías. O son una osamenta o son una pérdida del tiempo vivido. Vaya redundancia. Pero Música de zorros me ha fascinado no bien salió de la imprenta.

4. Su autor sabe bien de la tarde en la que compartió conmigo, y con una cómplice de sus andares narrativos, no sólo la cola del animalejo, sino todo el hocico colorado y ese pelaje que sabía a rojos ponientes y crepúsculos íntimos. No precisamente porque era una novela, sino porque era otra cosa.

5. Menos que el aire marino que extraño a medida que pasa el año, la obra de Vargas me ha producido esa perplejidad de la que los hombres cuerdos deben cuidarse: todo lo que ha narrado en Música de zorros es purita esencia de jacintos o de Jacinto. Y este Jacinto nada tiene que ver con la mitología griega menos con el encantamiento que produce ese nombre.

6. Más cercano a la transparencia de un arroyo y con menos densidad que una montaña, Jacinto es el raposo que le faltaba a la narrativa boliviana. Ese simple paisano (“un mendigo hecho y derecho”, lo llama Vargas) que se gana la vida como Moisés, desde el silencio y desde la incomunicación. Es decir, desde el desarraigo.

7. Pero la vida de Jacinto Quiroz es sencilla y sin misterio, a pesar de haber asesinado a un hombre por mera pasión o mera alucinación. Un pobre indio que no sabe hablar y analfabeto, casi huérfano de madre y sin padre. Crecido con lo elemental para vivir en la bonanza agreste o en el Pueblo Encantado.

8. El personaje de Música de zorros sabe moverse en este lado y en el otro como pez en el agua. Para el autor, Jacinto Quiroz era un duende salido de las peñas, o un simple viejo delirante, o un engendro de las quebradas; pero para los niños que lo vieron gravitar en una esquina de la plazuela del pueblo no había ninguna duda: Era Don Zorro.

9. En ese marco de probabilidades narrativas, la única aventura posible de Jacinto contempla los siguientes verbos ilustres: nacer, crecer, amar, matar, huir, enloquecer, casarse, cuidar vacas , tener hijos, volverse próspero, envejecer y convertirse en Don Zorro. Y todo para nada más morirse como un perro en las afueras de un pueblo que lo reconoce a medias.

10. Acaso después de haber vivido en el más completo desarraigo o plenitud, Don Zorro vuelve al pueblo que lo vio nacer y crecer convertido en el perfecto don nadie. No obstante, ese que regresaba no era Jacinto Quiroz, sino un animal que maravillaba a los niños con experiencias de vida y triunfos que más parecían puros cuentos.

11. Pero no eran puros cuentos. Jacinto se había ganado la vida en un santiamén. No sólo la vida, sino la mujer, los hijos y las vacas. Y así como se había ganado la vida, también la perdía en un cerrar y abrir de ojos, porque de lo único que somos dueños en la vida es de nuestra consciencia o de nuestra desnudez.

12. Y no fue extraño que los niños del pueblo donde Jacinto Quiroz decidió morir le preguntaran: “Don Zorro, ¿de ande es usted?, ¿de cómo llegó al pueblo?, ¿es cierto que tuvo mujer y tuvo vacas sin contar?…” Si yo mismo no sé cómo explicarles esta noche, lo maravilloso que fue oír la Música de zorros.

Fuente: http://www.palabrasmas.org/nius/index.php?page=32&idn=313


Literatura y prostitución

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La prostituta en la literatura latinoamericana
Por: Camila Urioste

¿Por qué la prostituta? ¿Por qué aparece y reaparece con diferentes grados de protagonismo en la literatura de Latinoamérica y el mundo? En Internet hay publicados al menos 5 ensayos o artículos en castellano acerca de la figura de la prostituta en la literatura. Esta cifra puede no parecer grande y sin embargo lo es si consideramos que no hay ni dos artículos que traten la relevancia de otros personajes femeninos en la literatura. No hay un ensayo acerca de “La Madre y su tratamiento literario.” Ni un solo autor se ocupa de analizar “El personaje de La Esposa en la novela”. En su articulo “La metáfora mas vieja del mundo”, publicado en el diario argentino Pagina 12, Liliana Viola escribe: “En pocos sitios pueden hallarse tantas putas juntas como en una biblioteca.”

¿Por qué la prostituta? Si se mira desde el punto de vista de género, esta pregunta esconde muchas otras. ¿En qué grado es la literatura un espacio de condescendencia con la institución de la prostitución y, por ende, con la explotación de la mujer? ¿Se puede entender mejor la relación entre prostitutas y prostituyentes desde la literatura? ¿Deberíamos ser críticos frente a este fenómeno?

Los autores latinoamericanos que han tratado a este personaje en sus obras son muchos: Vargas Llosa en sus novelas La casa verde y Pantaleón y las visitadoras, José María Arguedas en Zorro de arriba y Zorro de abajo, el boliviano Juan de Recacochea en American Visa, García Márquez incontables veces, pero más recientemente en Recuerdo de mis putas tristes, Onetti en Juntacadáveres, Xavier Velasco en Diablo Guardián (Premio Alfaguara 2004). Creo que el último ha sido Fernando Ampuero con la novela “Puta Linda” (Planeta. Lima 2006).

El tratamiento del personaje en las obras citadas es diverso, y sin embargo todas comparten algunas características generales. Primero, el tono de las obras es invariablemente de descripción y no de denuncia de la triste situación de la mujer “de vida alegre”. En un mundo en el que ya no es políticamente correcto hacer apología de la explotación de los indios o los negros, es aún permitido en la literatura hacer apología de la explotación sexual de la mujer.

En segundo lugar, la caracterización del personaje de la prostituta es generalmente idealista; ella es en realidad una mujer “libre” que no siente ni vergüenza ni autocompasión por lo que hace y se le hace. La puta es orgullosa. “Yo no me vendo. Me alquilo”, como dice Ana en El lado oscuro del corazón, película argentina que recoge todos los clichés literarios respecto a la relación entre prostitutas y escritores habidos y por haber. O Blanca, en American Visa: “No empieces a malgastar tu plata. Cuando un hombre me gusta soy gratuita.” En esta obra, la idealización del personaje es paradójica: Blanca es a la vez inocente y seductora, capaz de dormir como una niña tras una noche de “entretener” a sesenta hombres, a veinte pesos por nuca. Esta forma aparentemente dignificante de retratar a la prostituta esconde una función más oscura: permite al protagonista masculino (para nuestros fines el prostituyente) llevar a cabo la “transacción” liberado de cualquier sentimiento molesto, como la culpa o el remordimiento.

Esa es otra característica de estas novelas: la condescendencia con el prostituyente, ya sea este un personaje literario o el mismo autor de la novela. En su libro “Ninguna mujer nace para puta” (Lavaca, 2007), Maria Galindo concluye que es difícil encontrar un espacio masculino desde el cual entender la prostitución sin que éste sea de complicidad con el prostituyente. Ni el Estado, ni la Iglesia, ni la familia son una excepción.

Hace algunos años, en una entrevista por televisión, se le preguntó a un conocido escritor boliviano cuál había sido el mejor regalo de su vida. Respondió: “Cuando tenía quince años mi padre me regaló dos peladas.” Lo dijo con una sonrisa, mezcla de orgullo y saudage. Ni un ápice de vergüenza. Y es que si la prostitución es el oficio más viejo del mundo, lo es gracias a la complicidad de la sociedad entera con los clientes de la prostitución.

¿Por qué no puede la literatura ser una excepción? Talvez porque no se podría escribir (o vender) una novela acerca de una puta si en ella se retratara el rostro verdadero de la mayoría de estas mujeres (que llegan a cuatro millones en todo el mundo, según datos de la ONU). Si García Márquez y quienes escriben sobre putas regordetas y vivaces como peluqueras de barrio se vieran obligados a retratar la soledad, la exclusión social y política, la vulnerabilidad frente a todas las formas de violencia masculina que viven las “jineteras”, otro sería el rostro de la literatura latinoamericana.

Entonces…¿por qué la prostituta?

“Por la democratización del sexo”, respondería el protagonista de American Visa. Porque la institución de la prostitución permite que, por 20 pesos, un hombre de extracción humilde y origen aymará pueda ligarse a una camba de metro ochenta, castaña y de ojos verdes. Y eso es democracia.

“Por necesidad biológica”, respondería el Pantaleón de Vargas Llosa. Porque un hombre sano y maduro requiere de al menos dos polvos por semana de mínimo 15 minutos de duración, y el no conseguirlos suele ser causa de malestar físico, psicológico, bajo rendimiento laboral y manifestaciones de violencia intra y extra-familiar.

“Para sentirme vivo”, sería el balbuceo del anciano de Recuerdo de mis putas tristes, quien despierta una mañana decidido a “estrenar” a una niña de catorce años quien ofrece su virginidad a cambio de tres pesos porque es pobre y huérfana tiene que alimentar a sus hermanitos. “Porque no todos los días se cumplen noventa años.”

Podríamos concluir: “Ahhh. Por eso la prostituta.” Sin embargo se intuye la existencia de algo más profundo, una razón más fuerte para la devoción de los autores (y lectores) latinoamericanos por la figura de la puta. Esta razón tiene que ver con la existencia misma de la prostitucion: la debilidad masculina. Porque, ¿qué es la prostitucion sino la institucionalización de todas las formas de la debilidad del hombre? El miedo a la impotencia, la inseguridad, la supremacía de los instintos, la violencia, la explotación del más débil y la carencia de afecto tienen muchas veces como respuesta a la prostitución. La puta es generosa con el sexo, y el sexo es sinónimo de refugio, compañía, comprensión. El hombre no tiene que hacer un gran esfuerzo para conquistar a la prostituta. No hay que ser caballero, ni buen mozo, ni tener éxito ni prestigio, ni estar bien dotado. Ni siquiera se necesita tener mucho dinero. Al contrario de las señoritas, las putas no dicen que no. Por último, la prostitución es la forma más evidente de sometimiento de la mujer en una sociedad patriarcal.

Liliana Viola escribe: “No es cuestión de escandalizarse por que esta sociedad permita la compra del sexo, ni porque la misma práctica que deshonra a la que vende prestigie al que compra.” Sin embargo es necesario ver la prostitución como lo que es: una institución que denigra a todas las mujeres, las que se prostituyen y las que no. Esto, según María Galindo, porque el denominativo de “puta” puede caer sobre cualquiera de nosotras en cualquier momento, ya sea por la forma de vestir o de vivir la sexualidad, la forma de hablar u opinar. Puta fue el denominativo que se usó para intentar destruir a muchas de las grandes mujeres de la historia. Se lo usó, por ejemplo, contra Manuela Sáenz, George Sand y Maria Magdalena. Tampoco es cuestión de satanizar a las novelas, ni a los autores. Pero sí tener una mirada crítica frente a la idealización estética de la forma más antigua de explotación humana.

Fuente: http://www.palabrasmas.org/nius/index.php?page=32&idn=311


Ensayo sobre Sicarios de Homero Aridjis

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Sicarios de Homero Aridjis
Por:Wilmer Urrelo Zárate

Imagínese ser secuestrado al salir de su casa, de la oficina, del mercado. Imagínese que lo suben a una camioneta sin placas y de vidrios polarizados con el cañón de una 45 hincándose en su espalda. Imagínese que le cubren los ojos y que sólo puede escuchar detrás de sí las palabrotas de un hombre que, fuera de recordarle a su mamacita, le dice que si levanta la cabeza se la hace volar de un balazo.

Imagínese a la camioneta sin placas y vidrios polarizados dando muchas vueltas por la ciudad, como queriendo perderse a propósito. Imagínese ser bajado de esa camioneta a empellones, ser atado de manos y pies y luego ser introducido en un armario. Imagínese que una voz anónima de mujer le dice a cada momento que su familia no quiere pagar el rescate y encima imagínese que no le dan de comer y que esa anónima mujer escucha cumbia mexicana en el radio (la Qué buena) todo el tiempo. Imagínese los días pasando, a usted pidiendo a gritos ser llevado al baño. Imagínese ser golpeado a cada instante y un día, cuando cree que va a ser liberado (piensa esto porque lo sacan del armario y lo sientan en una silla), una voz de varón le corta una oreja con una navaja o una tijera. Imagínese a su oreja llegando metida en una caja de leche en polvo a su casa. Imagínese a su esposo o esposa abriendo la caja y viendo lo que hay en su interior. Imagínese su cuerpo lleno de balazos, tirado en un descampado. Imagínese que su familia no pagó el rescate.

Sicarios (Alfaguara, 2007) del mexicano Homero Aridjis es una de esas novelas violentas y ágiles que no hacen más que mostrarnos descarnadamente los tiempos que estamos viviendo. Miguel Medina, periodista de profesión, recibe varias amenazas de secuestro. Nada raro dentro del panorama periodístico mexicano, dirán algunos. Las autoridades del ramo le colocan protección (un guardaespaldas, un “guarura”). Pero mientras la novela se desarrolla se dará cuenta de que los que deben protegerlo hacen todo lo contrario. Con Sicarios, Aridjis no hace más que mostrarnos una de las caras terribles de Latinoamérica: el crimen organizado. Policía corrupta, autoridades más corruptas todavía, crímenes no resueltos o crímenes que ocurren y se mimetizan bajo el disfraz de “accidentes”: se accidentó, lo accidentaron, dicen los personajes.

En Sicarios se podrán hallar los ejemplares más truculentos de los bajos fondos mexicanos: el 666, el Tecolote, el Petróleo. Los secuestradores que amenazan a Medina y que cortan las orejas de las víctimas (el jefe de la banda, no hay duda, no es ni más ni menos que el famoso Mochaorejas, personaje real que si no me equivoco ya está encarcelado). Otro punto alto de la novela es conocer (y el reto que significa pasarlo a la ficción, por supuesto) al detalle la forma en que operan no sólo las bandas criminales, sino también los “guaruras” y las mismas autoridades policiales (que, en el fondo, parecen ser los mismos). “Lo que no saben ustedes es que la banda de La Culebra se vengó del comandante que los aprehendió, colgando a su esposa y a su hijo de un árbol en un parque público de Cuernavaca. Sobre la piel del costado derecho de ambos asesinos les marcaron con un cuchillo la palabra Benganza”, escribe en alguna parte. Otro de los méritos de esta novela no sólo se detiene en lo anteriormente mencionado, sino en el empleo de un lenguaje claro, preciso, como el filo de una navaja, el cual parece que no hace más que ser un reflejo de sus personajes, de esa alocada carrera del crimen, del dinero, de los muertos, de los gobiernos corruptos.

¿Una novela pesimista? ¿Pesimista del siglo XX y XXI? Parece que sí, pues tengo la impresión de que Homero Aridjis al final nos dice que nada puede cambiar, que el crimen organizado (anónimo y por eso tan grande y efectivo) es el que preside los gobiernos del mundo por ahora y por todos los tiempos.

Fuente: www.laprensa.com


La narrativa del post-boom

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Paz Soldán
Por:Adolfo Cáceres Romero

Desde la década del 60, hasta cerrar el siglo XX, y aun comenzando el XXI, los narradores del boom latinoamericano continúan en plena producción. De hecho, Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes y Mario Benedetti siguen activos, con nuevas obras y reimpresiones, sobre las cenizas vivas de Juan Rulfo, Alejo Carpentier, José Lezama Lima, Juan Carlos Onetti, Julio Cortázar, José Donoso, Guillermo Cabrera Infante y Augusto Roa Bastos; todos iluminados por Jorge Luis Borges.

La generación inmediatamente posterior a estas figuras sigue sus pasos con excelentes resultados; ahí se destacan, junto al viejo Ernesto Sábato, Eduardo Mallea y Manuel Mujica Lainez: Manuel Puig, Osvaldo Soriano, Antonio di Benedetto y Tomás Eloy Martínez, en Argentina; Eduardo Galeano, Carlos Martínez Moreno y Napoleón Baccino Ponce de León, en Uruguay; Julio Ramón Ribeyro, Manuel Scorza, José María Arguedas y Alfredo Bryce Echenique, en Perú; Antonio Skármeta, Carlos Droguett e Isabel Allende, en Chile; Óscar Collazos, en Ecuador; Álvaro Mutis y Manuel Mejía Vallejo, en Colombia; Josefina Pla, Rubén Bareiro Saguier, Gabriel Casaccia y Carlos Villagra Marzal, en Paraguay; Arturo Uslar Pietri, Miguel Otero Silva y Salvador Garmendia, en Venezuela; Reynaldo Arenas y Severo Sarduy, en Cuba; José Revueltas, Gustavo Sáenz, Vicente Leñero, José Agustín y Laura Esquivel, en México; Jaime Saenz, Renato Prada, Néstor Taboada Terán, Jesús Urzagasti, Julio de la Vega, Arturo von Vacano, Homero Carvalho, Ruber Carvalho, Manuel Vargas y Juan de Recacoechea, en Bolivia. Desde luego que los que nombramos no son todos; hay más, muchos más narradores con una producción igualmente valiosa, sobre todo entre los nacidos en las décadas del 50, 60 y 70, pero dejemos de ser enumerativos y concretémonos a esbozar algunas consideraciones.

En todos los narradores que hemos citado, incluso en los que vienen luego, existe una clara intención de ser realistas; en muchos, fielmente realistas, sin que importe si son coetáneos o de una misma generación; objetivistas o subjetivistas; lo único que importa es que saben que no se puede crear nada al margen de la realidad. Si algo los destaca es su lenguaje y diseño artístico

—la técnica, que desde luego no lo es todo— con la que procuran dar vida a su obra. Y esto siempre ha sido así, en cualquier cultura y época. Sólo ahora la globalización sitúa a los nuevos narradores en una actitud universalista, mal interpretada, y hasta barajan una serie de nombres en busca de un modelo en el que fincar su obra, sin tomar en cuenta que tienen, como nunca, varios y de innegable calidad entre los representantes del boom.

Pero éste no es el problema y ya lo ha señalado Ángel Rama en su excelente estudio Diez problemas para el novelista latinoamericano. Lo curioso es que muchos narradores e intelectuales todavía piensan que el boom no ha sido nada más que una explosión fabricada por los medios, en complicidad con las editoriales. Vamos a medio siglo de su aparición y en ningún otro sitio del planeta se ha dado tal eclosión de obras y narradores como en nuestra América. Por eso nos extraña que un grupo de calificados narradores considere a García Márquez antimodelo, cuando existen generaciones que lo siguen; luego, tampoco han tomado en cuenta la importancia de Cortázar, Lezama Lima, Onetti o Carpentier; aunque, en algún momento, se han planteado la posibilidad de tomar a Manuel Puig (lo cual no está mal, como también podrían haber elegido a Rulfo o Vargas Llosa). Pero insistimos, el problema no es ése. Y creo que sería bueno recordar al viejo Hugo, cuando dice en el prólogo a Cromwell (1827): “No hay reglas ni modelos o, mejor dicho, no hay otras reglas que las generales de la naturaleza”.

Lo que se advierte es que descartan a García Márquez por su concepción mágica de la realidad que, desde luego —como Asturias, Carpentier o Rulfo— tiende a lo grotesco popular —tal como Rabelais lo hiciera en su tiempo, a quien también le negaron importancia algunos de los post-renacentistas. Por cuanto, desde el punto de vista formal, los recursos narrativos de García Márquez son los mismos que manejan Fuentes, Carpentier, Onetti, etc., etc., con un estilo peculiar, que es propio e inconfundible en cada uno de ellos, y que también son recursos de los narradores que se reunieron en Sevilla, quienes destacan la importancia de Borges, pero creen que con la globalización van a ser más universales y se van a garantizar la perpetuidad. Ser universal no quiere decir ser de cualquier parte, sin identidad.

Hace un siglo, los costumbristas copiaban la realidad tal cual era, sin penetrar en su epidermis; en cambio, los socialrealistas la conflictuaban; mientras que los neorrealistas la recreaban y los hiperrealistas, actualmente, tienden a deformarla, racionalizándola; entonces, surge una visión mágica, grotesca, esperpéntica, virtual, subjetiva, objetiva o crítica del medio. No importa si fantasean con personajes que levitan o viven entre mariposas amarillas, o si los santos y las vírgenes de escayola bajan de sus altares, lo cierto es que se hacen verosímiles. No importa que la mentira sea descarada, si se hace vital e interesante y lleva al lector a meditar sobre su existencia y la de todos.

En fin, un verdadero creador tiene libertad para imaginar o soñar en todo lo que se le ocurra. La cuestión está en cómo lo va a hacer y los recursos que va a usar para ello. No olvidemos que la literatura hace florecer el contenido viviente de las palabras.

En Bolivia, los narradores que tienen elementos del boom son muchos y, los que además ven la magia de la realidad, a la manera de García Márquez, son: Arturo von Vacano, con El Apocalipsis de Antón (1972); Adolfo Cáceres Romero, con La mansión de los elegidos (1973); Néstor Taboada Terán, con El signo escalonado (1975) y El Manchaypuito (1977); René Bascopé Aspiazu, con La tumba infecunda (1985); Jesús Urzagasti, con El país del silencio (1987); Wolfango Montes Vannucci, con Jonás y la ballena rosada (1987), y Edmundo Paz Soldán, con Río Fugitivo (1998) y El delirio de Turing (2003), entre muchos otros.

A propósito de El delirio de Turing, galardonada con el Premio Nacional de Novela 2002, percibimos que no escapa a la retórica del realismo mágico, sobre todo la que apareciera con Juan Carlos Onetti y la animación de sus personajes, con Miguel Ángel Asturias en su El Señor Presidente (1946), cuando con prosa anacolútica reproduce los efectos sonoros de la realidad, lo que algunos críticos consideran de efecto onomatopéyico. Y las parataxis y el asíndeton, que tan bien maneja el autor de Cien años de soledad (1967), están en El delirio de Turing. Desde luego que Paz Soldán procura diversificar sus recursos, siempre en procura de una renovación, aunque sus ámbitos son los mismos. Su lenguaje no puede dejar de ser mágico, tampoco puede apartarse de la realidad, así sea urbana.

En El delirio…, quiéralo o no, delira y juega como lo hace cualquier modelo del boom: “Mi nombre es Albert. Nací…Hace. Muy. Poco. Nunca nací… No tengo memoria de un principio. Soy algo que ocurre. Que siempre está ocurriendo… Que siempre ocurrirá. Soy. Un. Hombre. Consumido. Y. Terroso… Ojos. Grises… Barba. Gris…” etc., que se constituyen en proposiciones hipotáxicas que también están en la obras de Alejo Carpentier, sobre todo en El acoso (1956), al reproducir los arpegios de la Sinfonía Heroica de Beethoven, y están en muchos pasajes de Pedro Páramo (1955) de Juan Rulfo. Además, Paz Soldán anima sus novelas en un mismo escenario: Río Fugitivo que, si bien lo coloca en la línea de Santa María, de Onetti, también lo aproxima al Macondo de García Márquez. Entonces, ¿será posible que con la globalización se pueda desincronizar con la realidad local para ser más universales? ¿Qué tal si Homero, siendo griego, en vez de cantar la guerra de Troya lo hubiera hecho sobre los lances épicos de los egipcios o de los chinos? Si se quiere un modelo, precisamente Homero es el de todos, al menos en el mundo occidental. ¿Y qué tal Cervantes? ¿Qué narrador no anhela estar cerca del Quijote?

Fuente: www.laprensa.com.bo


Octavio Paz. Sobre liberalismo y sociedad de masas

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Octavio Paz. Sobre liberalismo y sociedad de masas
Por: H. C. F. Mansilla

Sobre el liberalismo

A la vista de los muchos fracasos asociados al neoliberalismo en el Tercer Mundo, parece promisorio explorar algunas posibilidades de mitigar los excesos de esta doctrina en la realidad. Un camino es diferenciar claramente entre liberalismo (clásico) y neoliberalismo (postmodernista). Un gran liberal, como fue sin duda Octavio Paz, mantuvo hasta su muerte la convicción de que la democracia pluralista, la opción por el individualismo y el régimen de libertades públicas representarían la herencia más noble y rescatable de la modernidad occidental. El liberalismo en la praxis política es ─ o debería ser ─ el civilizado reconocimiento de los otros. Paz tomó partido por el ideario liberal clásico en contraposición a las corrientes neoliberales que han inundado el mundo en las últimas décadas. Una porción central de este legado está encarnada en las concepciones liberales de la política y la economía, sobre todo en la vigencia irrestricta de los derechos humanos y en el respeto a los individuos de parte del Estado. La democracia liberal se distingue por el valor atribuido al ciudadano autónomo: no debería haber una participación forzosa y manipulada en los asuntos políticos.

Sobre la solidaridad y el romanticismo

Pero la libertad no es la única aspiración humana, dice Octavio Paz. De igual rango son la fraternidad, la justicia, la igualdad y la seguridad. El mérito del romanticismo histórico es haber llamado tempranamente la atención sobre estos temas. La mutilación y parcelación del ser humano, la carencia de solidaridad y la falta de lazos emotivos, que también son características del mundo moderno y de la democracia liberal, conducen a que los seres humanos estén aislados, angustiados y siempre descontentos: la libertad se revela como una pesada carga. La sociedad contemporánea arranca al individuo de su comunidad orgánica y de sus lealtades primarias. El liberalismo doctrinario y sobre todo el neoliberalismo diluyen todas las ataduras (incluyendo las religiosas) y exponen los ciudadanos al mero azar y al mercado implacable. Así, paradójicamente, esta corriente prepara el camino para los diferentes totalitarismos, pues éstos prometen esa fraternidad, ese calor humano y esa comunión con los otros que el gélido ámbito del consumismo a ultranza, del “todo vale” y de la perfección técnica del neoliberalismo no puede brindar.

Sobre el socialismo

Pero este análisis no significa un retorno al socialismo. La crítica de Octavio Paz a la Unión Soviética y al experimento cubano resultó clarividente. La naturaleza de esos regímenes fue descrita tempranamente por Paz como la combinación de la opresión y la violencia, la atrocidad y el cinismo. Estos “monumentos a la esquizofrenia” no tenían nada de libertarios; eran “estados kafkianos” en la vida cotidiana, que en sus momentos más terribles degeneraron en “paranoias sanguinarias”. El escritor mexicano supuso que estos modelos tenían mucho de una pseudorreligión totalitaria y muy poco de las tradiciones utópicas del marxismo original. Crearon nuevos cultos de lo absoluto: la sabiduría infalible del partido y del jefe, la divinización de las metas históricas, la justificación de cualesquiera medios a causa de la pretendida superioridad de los fines, los individuos reales al servicio de una abstracción ideológica. En suma: una nueva iglesia totalitaria. En la antigua Unión Soviética Paz percibió la tradición zarista, autocrática y arcaica, apenas encubierta por las máscaras del socialismo igualitario, la industrialización forzada y la modernidad técnica.

Cuando el sistema socialista se derrumbó en 1989/1991, Paz acentuó su crítica a la horrible combinación de globalización inescapable y capitalismo salvaje que desde entonces se ha apoderado del planeta. El colapso del socialismo ocurrió casi simultáneamente con la expansión del consumismo a escala mundial y de la economía de libre mercado. A comienzos del siglo XXI podemos afirmar que esta evolución no ha producido ni la felicidad de los pueblos, ni la instauración de regímenes más razonables que los anteriores, ni menos todavía un auténtico renacimiento cultural. La actual democracia de masas está unida inextricablemente a la manipulación de los votantes por medio de la llamada industria de la consciencia. Por otra parte, el mercado desregulado ha destruido en amplias zonas del planeta la agricultura de subsistencia, que estaba bien adaptada a entornos ecológicamente precarios. Es decir: el progreso tecnológico ha aniquilado un saber milenario basado en conocimientos particulares, es decir opuestos a recetas de vigencia global. La “antigua” comprensión de los ecosistemas naturales ha sido reemplazada por la utilización indiscriminada de productos industriales “modernos”, cuya bondad a largo plazo es más que dudosa. No hay duda de que estos aspectos de la globalización resultan deplorables y perniciosos.

Octavio Paz creyó que el liberalismo era aceptable en cuanto instrumento y no como meta normativa. Llegó a la sabia conclusión de que los mecanismos del mercado libre y las instituciones de la democracia moderna constituyen sólo instrumentos y caminos al servicio de fines morales. A la sociedad liberal contemporánea dirigió esta severa crítica: “La marca del conformismo es la sonrisa impersonal que sella todos los rostros. […] La publicidad destruye la pluralidad no sólo porque hace intercambiables los valores sino porque les aplica el común denominador del precio. En esta desvalorización consiste, esencialmente, el complaciente nihilismo de las sociedades contemporáneas. […] Nada menos democrático y nada más infiel al proyecto original del liberalismo que la ovejuna igualdad de gustos, aficiones, antipatías, ideas y prejuicios de las masas contemporáneas”.

Paralelamente a su defensa del liberalismo, Octavio Paz trató de rescatar elementos fundamentales de la tradición romántica, es decir de aquéllo que queda más allá de la razón instrumental y de su geometría: la fraternidad y unidad entre los mortales, las vivencias del amor, los paraísos vislumbrados en el éxtasis utópico, la integridad del ser humano y la experiencia religiosa. Se trata de valores que poseen una dignidad superior: son fines en sí mismos. Paz se opuso a la aceleración de la historia, y en su obra poética se empeñó en detener, al menos por un instante, la marcha perversa del tiempo. Para Octavio Paz la salvación genuina ─ si es que la hay ─ está fuera del tiempo, de los afanes políticos y de los aspectos cuantitativos del mercado: en el amor, la poesía y la religiosidad.

Sobre el futuro la democracia occidental

La cultura mediática del uniformamiento universal, los mediocres resultados de la economía globalizada, la pervivencia del imperialismo político-militar y el renacimiento de nacionalismos y fundamentalismos nos mueven a reflexionar en torno a las perspectivas de la democracia occidental. En sus obras: El ogro filantrópico y Tiempo nublado, Octavio Paz introdujo estos temas hace más de dos décadas, cuando estos fenómenos recién afloraban en la consciencia colectiva. Según Paz la incertidumbre ha tendido su velo sobre el conjunto de la civilización occidental. Los gobiernos se sienten compelidos por las múltiples imposiciones de movimientos incontrolables, ocasionados por las demandas de innumerables grupos de presión que tienen poco o nada que ver unos con otros. La calidad real de la vida se ha estancado y la inseguridad ciudadana va en aumento.

“Los políticos de Occidente”, aseveró Octavio Paz, “han mostrado, con unas cuantas excepciones, una mezcla suicida de miopía y cinismo. Han sido agresivos con los débiles y mansos con los poderosos y los arrogantes”. En el mismo pasaje Octavio Paz señaló que el mundo occidental está retratado en la visión que de él tienen los poetas y novelistas: “[…] túneles, cárceles de espejos, subterráneos, jaulas suspendidas sobre el vacío, ir y venir sin fin y sin salida”. La actitud predominante es la de un nihilismo de la abdicación, un hedonismo vulgar, un erotismo convertido en técnica y vaciado de arte y pasión, y una chabacanería tan frívola como generalizada.

Sobre el sinsentido de la vida

En las naciones del opulento Occidente se difunde un malestar universal a causa del sinsentido de la existencia, que aumenta paulatinamente al mismo ritmo aparente del avance tecnológico. Surge entonces la cuestión tematizada por Paz: ¿Vale la pena esta vida, si en medio de todo el progreso el ser humano se siente más solo, más vacío y más infeliz? Los individuos se han transformado en engranajes bien aceitados, el nivel de vida es el más elevado de la historia, las oportunidades de diversión son casi ilimitadas, pero el tedio es la característica más notoria, las oportunidades de desarrollo para los jóvenes son las más promisorias y, sin embargo, los adolescentes se sienten los seres más aburridos del planeta. Algo anda mal, evidentemente.

La juventud europea y norteamericana representa el aspecto más deprimente de esta constelación. En medio de condiciones materiales e intelectuales realmente óptimas, viven jóvenes desprovistos de fantasía, espontaneidad y capacidad de entusiasmo, sin sentimientos ni objetivos serios para la vida, si exceptuamos la inclinación a ser como los demás y mimetizarse con el grupo social en el cual están inmersos. Son incapaces de sentir curiosidad, de interesarse por el prójimo o de mostrar algún indicio de amabilidad… para no hablar de altruismo. Pero, eso sí, son maestros para adquirir ciertas habilidades técnicas, para encontrar defectos en los demás y para dar muestras tempranas de un sometimiento acrítico a las modas del día. Se asemejan a robots: eficiencia en algunas labores delimitadas y poca humanidad en la vida cotidiana y en las relaciones sociales. Ya desde pequeños son educados dentro de un ritmo infernal dominado por la manía de la rentabilidad creciente.

No es de extrañarse, según Octavio Paz, si entonces la vida en cuanto tal deja de tener un sentido, aunque la mayoría de los hombres no sean conscientes de ello. Es la era de la tensión permanente, la época de demasiadas demandas y diversiones simultáneas pendientes sobre el mismo sujeto, el tiempo de las neurosis colectivas y la extrema velocidad para no moverse del mismo sitio. El culto al progreso ha transformado al ser humano en un mero apéndice de los grandes aparatos administrativos. Los apologistas del sistema afirman que hay que divertirse en medio de estas turbulencias, puesto que el humanismo clásico, el ocio creador, el espíritu crítico (y cualquier otro), la política como una actividad racional, pertenecen a los fenómenos anacrónicos y depasados por la evolución. Lo que debemos hacer es sumergirnos sin preguntar en los flujos informativos y financieros, confiar en el orden creado por el mercado, dejar la política a los políticos y gozar el instante presente.

Las tendencias neoconservadoras desmantelan el Estado de bienestar social y erosionan la dimensión cívica de los derechos humanos y políticos. Se intensifican el cinismo y el oportunismo en los planos político y socio-cultural, se despliega el fenómeno de una corrupción gigantesca y surgen inclinaciones racistas ─ todo ésto, paradójicamente, en medio del mayor progreso tecnológico conocido en la historia de la humanidad. Las élites intelectuales, mediante las ideologías del relativismo básico y del individualismo asocial a ultranza, han contribuido efectivamente a esta evolución histórica. El futuro de la democracia occidental aparece entonces como incierto y precario. Pero aquí reside nuestra tarea, nos dice Octavio Paz: “Hay que reanudar la crítica de nuestras sociedades satisfechas y adormecidas y despertar las consciencias anestesiadas por la publicidad”.

Coda: recordatorio de Jesús Silva Herzog y Octavio Paz

Durante mi primera visita a México pasé un día por la redacción de CUADERNOS AMERICANOS. Me recibió sin dilación su director, Don Jesús Silva Herzog, el destacado historiador económico y hombre de letras, a quien debo un generoso patrocinio: alentar una posición intelectual que iba contra la corriente de la época. Mis diez primeros ensayos aparecieron en aquella revista. El maestro Silva Herzog se acercaba entonces a los noventa años. Su andar era extremadamente lento; veía con un solo ojo (y muy escasamente), pero su buen humor era jovial y hasta contagioso. Sus conocimientos podían ser calificados de enciclopédicos, y lo notable era que los había conseguido mediante el uso agobiador de sus ojos enfermos. Desde muy niño había estado casi ciego, y su formación constituía un ejemplo moral de tenacidad y denuedo, aunque poco de ésto se trasluce en su hermosa autobiografía Una vida en la vida de México.

Silva Herzog fundó CUADERNOS AMERICANOS a fines de 1941 y dirigió la revista por más de cuarenta años, sin mecenas ni instituciones que la apoyasen. Con su letra de rasgos desiguales contestaba personalmente cada carta y remitía al autor un cheque con los honorarios, modestos pero infaltables. Eran hábitos totalmente diferentes a los que ahora prevalecen en organismos similares. La revista era un foro intelectual antidogmático y multidisciplinario. El maestro Silva Herzog se caracterizaba por una enorme generosidad a la hora de elegir las contribuciones para cada número, y ésto condujo probablemente a relajar la calidad de CUADERNOS AMERICANOS en sus últimos tiempos. Con Silva Herzog, quien fue una figura descollante en la estatización de los petróleos mexicanos, hablé de dos temas: la Revolución de April en Bolivia (1952) y el desempeño mediocre de los regímenes nacionalistas en América Latina, en contraste con las enormes esperanzas que despertaron. Su libro clásico, Historia de la revolución mexicana, contiene finas observaciones en torno a las promesas siempre incumplidas de estos sistemas de modernización acelerada.

Una llamada telefónica suya me abrió el acceso a Octavio Paz. No sé qué le dijo, pero Paz me invitó a pasar por su casa ese mismo día a las cinco de la tarde. Ocurrió el 31 de enero de 1979. Si no me equivoco, Paz habitaba un apartamento amplio, pero no lujoso ni extravagante, exornado con innumerables libros y con algunas obras de arte de la India y el Lejano Oriente. Octavio Paz se mostró discretamente amable, pero en ningún momento afectuoso. La suya era una cortesía sobria y distanciada, mas no hostil hacia el desconocido interlocutor. Se percibía que tenía una clara consciencia de su significación en el universo de la cultura en general y de la literatura en particular. Comentarios sobre su obra le eran indiferentes. Tuve la impresión de que su arrogancia no ofendía necesariamente a otros; era una admirable (y envidiable) autoseguridad, si consideramos que aun no gozaba de la fama y el reconocimiento posteriores. Pese a su estudiada indiferencia y a su elegante estoicismo supuse en aquel momento que a Octavio Paz le dolía la dilatada incomprensión de sus conciudadanos con respecto a su inexorable posición crítica. Por otra parte no estaba todavía rodeado del estrecho círculo de discípulos celosos y adulatorios que en sus últimos años lo aislaron del mundo. Paz era entonces una figura atacada sin piedad por la izquierda marxista, denostada por los nacionalistas y olvidada por las instancias estatales. Fue difícil arrancarle una sonrisa, pero tampoco mostró ningún signo de impaciencia a medida que la visita se alargaba considerablemente. Lo que estaba anunciado como un breve encuentro para compartir un té se convirtió en una larga conversación de varias horas. El y su esposa Marie-José no parecían dispuestos a concluirla, y, si la memoria no me falla, fui yo quien le puso fin ya muy entrada la noche. A Marie-José le gustaba contar anécdotas y detalles de todos los personajes y lugares que habían conocido en el Asia. Aquello que los poetas llaman el ultraje de los años no impedía vislumbrar que había sido una mujer bella y sensual en sus años juveniles.

Lo que parecía interesar a Octavio Paz era mi proyectado viaje al mundo oriental. Esta empresa estaba consagrada exclusivamente a conocer las grandes obras de la historia y del arte. En casos similares mi habitual propósito ha sido eludir las aglomeraciones urbanas modernas, esquivar los testimonios de la cultura popular y huir de los lugares promovidos por agencias de turismo. Este plan contó con su mesurada simpatía. Mi primer viaje a la India y países aledaños tuvo lugar en 1980, y seguí un itinerario aconsejado en gran parte por Paz. El me había sugerido evitar ciudades como Goa y Poona, muy apreciadas por los turistas occidentales, ávidos de drogas y emociones baratas y de una religiosidad exótica pero fácil de comprender. Los santuarios que gozaban del favor popular y que ofrecían experiencias místicas a precios módicos eran simulacros organizados por hábiles hindúes que ya no creían en sus dioses tradicionales y sí en el todopoderoso dinero. Paz sentía una inclinación especial por las religiones que en su propio lugar de origen se habían convertido en minoritarias (como el budismo y el jainismo) y me aconsejó visitar algunos países limítrofes (como Nepal: una joya en todo sentido) y las provincias periféricas de la India, donde el budismo es aun fuerte, como Ladakh (el pequeño Tibet) y las situadas en el extremo nororiental (Sikkim, Assam, Tripura), pero las guerrillas me impidieron realizar una parte del programa. Contra su consejo viajé a Sri Lanka (Ceylán), que resultó ser ─ como él me lo anticipó ─ una desilusión histórico-estética.

Por aquel tiempo Octavio Paz empezó a publicar la revista VUELTA, que pronto alcanzó una fama legendaria y que parecía ser una especie de contraste premeditado con respecto a CUADERNOS AMERICANOS. En VUELTA no había espacio para esa fatal combinación de nacionalismo con socialismo tan usual en América Latina después del triunfo de la Revolución Cubana. Y la diagramación, las ilustraciones, el papel y la tipografía de VUELTA eran de un gusto exquisito ─ la elección de un verdadero artista ─, mientras que la revista de Silva Herzog, gruesa, convencional y dispar en calidad, parecía encarnar rutinas anticuadas. Pero un examen retrospectivo nos muestra que VUELTA no fue realmente tan novedosa y tan persistente en excelencia y originalidad intelectuales, mientras que CUADERNOS AMERICANOS, pese a todas sus deficiencias, constituyó durante décadas el mejor órgano de discusión de ideas en el Nuevo Mundo.

Fuente: www.ecdotica.com


La insólita y absurda Bolivia del cine y la literatura

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La insólita y absurda Bolivia del cine y la literatura
Por: Homero Carvalho Oliva
James Joyce y Bolivia

En el capítulo 3 de Ulises de James Joyce, publicada en 1922, un marinero recién llegado a Dublín da cuenta de sus extraordinarias aventuras por los mares del mundo. Cuenta que ha visto cosas maravillosas y raras por lugares remotos como el Mar Rojo, el Mar Negro, los Dardanelos y, también, por toda América; pero que las cosas más extraña de todas ellas las vio en un país de nombre también extraño, un país de salvajes llamado Bolivia.

En la escena referida W.B. Murphy, el marinero, les cuenta a Leopoldo Blomm y sus amigos que en ese perdido lugar del mundo son antropófagos, y que entre otras cosas horrorosas: “Mastican coca todo el día –agregó el comunicativo marinero-. Sus estómagos son como ralladores de pan. Se cortan sus tetonas cuando no pueden tener más hijos. Se los ve en pelotas por ahí comiendo el hígado crudo de algún caballo muerto”, les dijo mientras sacaba a tientas una postal de su bolsillo interno y la ponía sobre la mesa: Joyce relata que la postal tenía impreso lo siguiente: “Choza de indios. Beni. Bolivia.”

“Durante varios minutos, o más, su postal atrajo la atención de los señores abribocas.
-¿Saben como se los tiene alejados? – Preguntó cordialmente- Como nadie ofrecía una solución, hizo un guiño, diciendo:
-El vidrio. Eso los hace retroceder. El Vidrio.”

Es probable que el gran autor irlandés haya escuchado está historia tal y como lo cuenta en lo que se considera la mayor novela del siglo veinte. Y es que nuestro país no ha tenido mucha suerte en la literatura, en la mayoría de las obras que nos mencionan lo hacen de manera muy parecida a la citada. Existe una marcada imagen negativa, insólita y hasta absurda sobre nuestro país.

Donde nadie nos encuentre

Y en el cine no nos ha ido mejor, este prejuicio lo hemos venido cargando en la literatura y en el cine a lo largo de los siglos. El prejuicio de país salvaje y lejano fue la razón por la que Butch Cassidy y Sundance Kid, dos bandidos norteamericanos, decidieron venirse escapando de las cazarecompensas y encontraron la muerte, según la versión fílmica hollywodense protagonizada por Robert Redford y Paul Newman, en un “miserable pueblito” de Potosí. La misma imagen se repite en la película “The score” protagonizada por Robert de Niro, Edward Norton y Angela Basset, en la que la bella actriz negra que encarna a la novia de un experimentado ladrón, interpretado magistralmente por De Niro, le pide que deje de hacer de las suyas y le suplica que se vayan a un lugar donde nadie los encuentre, a Bolivia.

“Quantum of solace” es la nueva película sobre James Bond, el celebérrimo 007, en la que se muestra a Bolivia como un país de narcotraficantes y autoridades corruptas. Este mala imagen ha hecho que Pablo Groux, Viceministro de Culturas, envié una carta a los productores reclamando por esta injusta estigmatización. La misma mala imagen se viene repitiendo en muchas películas y series de televisión, entre ellas la famosa “Scarface” que mostraba un personaje basado en Roberto Suárez Gómez, el Rey de la cocaína, en la década de los ochenta.

Que los gringos no sepan donde estamos vaya y pase, pero lo que es el colmo es que nuestros vecinos no sepan donde estamos e ignoren lo que somos. Recuerdo la película Argentina “La historia oficial” en la que esposa del protagonista, un torturador de la época de las dictaduras, queriendo salvar su matrimonio le ruega que se vayan de viaje a cualquier lugar, mientras más lejos y remoto mejor, un lugar donde nadie pueda encontrarlos, donde nadie se atreva a ir a buscarlos, la mujer en su desesperación le suplica: “Aunque sea vámonos a Bolivia”.

“Olor a perro muerto”

Veamos otro ejemplo. Hace unos días vi en History Channel un documental titulado “Los últimos días del Che” en el que el periodista argentino Jorge Lanata, desanda la ruta del legendario comandante guerrillero derrotado en Ñancahuasú y asesinado en Vallegrande, Santa Cruz, Bolivia. Lanata empieza su recorrido en la ciudad de La Paz y mientras las cámaras muestran imágenes de nuestra gente en las calles atestadas de comerciantes, se escucha la voz del comunicador y escritor argentino, uno de los más reconocidos en su país por cierto, informando que en la fría atmósfera paceña hay “un olor a perro muerto”. Luego cuando llega al hotel Copacabana, en el que se alojó Ernesto Guevara transfigurado en un empresario uruguayo, muy suelto de cuerpo como si estuviera relatando un gran descubrimiento, nos informa que “parece una paradoja que en un país mediterráneo haya un hotel que se llame Copacabana”. Seguramente que, antes de venir a Bolivia Jorge Lanata no se informó que el nombre de la popular playa de Río de Janeiro en verdad viene de una bahía del lago Titicaca que un sacerdote llevó a Brasil. Pero eso no es todo, más adelante y siguiendo la ruta del Che, cuando arriba a Santa Cruz de la Sierra comenta que esta ciudad es un “enclave blanco” donde la mayoría de la población desciende de europeos, es de suponer que tampoco sabe que en esta ciudad, según datos estadísticos está habitada por un 25% de origen quechua, 20 % de aymara, 20% de las etnias regionales y moxeñas y una porción minoritaria de nacionalidades extranjeras. Según los estudiosos esta es la única ciudad boliviana donde se funden todas las nacionalidades que habitan nuestro territorio.

Babelia en vez de Bolivia

Pero la cosa no para ahí, en un arrebato de inteligencia sin límites, Lanata afirma que “Bolivia bien podía llamarse Babelia porque existen 36 idiomas oficiales y nadie se entiende en las calles” y que en Santa Cruz les dicen “collas” a todos los indígenas de Bolivia ya sean estos aymaras, guaraníes, moxeños, matacos, quechuas… ¿Qué tal? Pero no nos enojemos, no hacemos nada renegando. Contra nuestra mala imagen, la única manera de cambiarla es haciendo conocer nuestra cultura más allá de nuestras fronteras. No sirve de nada enviar cartas de reclamo a los productores de una película o al Canciller de un país que se ha apropiado de nuestra música y nuestras danzas, hay que hacer conocer al mundo que son nuestras y que nosotros las bailamos mejor, que las interpretamos como debe ser. Para eso se deben usar todos los medios de comunicación, especialmente Internet. Todos los países tienen sitios culturales oficiales como agendas actualizadas, listado de autores y de obras y promueven a sus artistas e intelectuales en foros mundiales, bienales, ferias del libro, encuentros poéticos, en fin se quieren así mismos que es lo que nos falta a nosotros.

No es necesario amar a las piedras

Pero si afuera nos va mal al interior de Bolivia no nos va mejor. Con el pintoresco y folclórico canciller que tenemos no necesitamos de la fantástica imaginación de ningún escritor para que, en pleno tercer milenio y con la globalización encima nos proponga quemar los libros porque no son necesarios, que es suficiente con leer en las arrugas de los ancianos. Pero lo que ya raya no solamente lo anecdótico sino en la ciencia ficción fue su afirmación de que Bolivia es el único país, del mundo conocido hasta hoy en día, cuya población altiplánica hace el amor con las piedras. ¡Qué maravilla! ¡Cómo será eso! Ni siquiera Ray Bradbury, el más prolífico autor de ciencia ficción, se imaginó tales fantasías ¡hacer el amor con las piedras! Ya ven, en Bolivia la imaginación no es escasa y todavía hay quienes tienen la desfachatez de afirmar que no hay literatura boliviana porque en este país no hay nada digno de contar.

Tenemos buenos músicos, extraordinarios pintores, magníficos danzantes, geniales escritores… hagámoslos conocer, mostremos que los bolivianos valemos un Potosí. Es cierto que en Bolivia no hay un guitarrista como Paco de Lucía pero España tampoco tiene un Piraí Vaca o un Jaime Laredo, no tenemos un Pablo Neruda como Chile pero si un Raúl Otero Reiche y un Jaime Sáenz, y ¿qué otro país tiene una Marina Núñez del Prado, una Matilde Casazola, un Raúl Lara, una Valia Carvalho…? Cada artista o poeta es único y no tiene porque repetirse en otros ámbitos. No es necesario hacerle el amor a las piedras, hagámoslo entre nosotros que es más placentero y, además, nadie saldrá lastimado. Pero lo que si es necesario es que aprendamos a querernos y eso es muy fácil, empecemos respetando a nuestro a vecino y lo demás vendrá por añadidura.

Fuente: www.ecdotica.com


Los Reinos Dorados de Homero Carvalho se encuentra disponible en nuestra biblioteca

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Los Reinos Dorados de Homero Carvalho Oliva
Por: Teresa Domingo Catalá (España)


(A partir de hoy tenemos disponible en www.ecdotica.com/libros-gratis el poemario de Homero Carvalho Oliva Los Reinos Dorados. Esto es posible gracias a la complicidad de su autor que, gentilmente, a solicitud nuestra, nos envió su manuscrito para que lo compartamos con nuestros lectores. Esperamos disfruten su lectura!)

Pocas veces en la voz de un poeta encontramos tanta belleza y autenticidad, Homero Carvalho nos cuenta la historia de los Reinos Dorados y pone su voz a un relato poético mediante la figura del padre, que simboliza a los antepasados, a aquellos habitantes de esos Reinos que simbolizan el paraíso perdido. El paraíso que terminó en guerra, el agua convertida en sangre cuando Los llegados de la civilización / nos trajeron la barbarie.

La poesía de Homero nos hace vivir, palpitar con el corazón de los habitantes de estas tierras americanas que amaban como nadie la naturaleza, la omnipresente agua, símbolo de vida y muerte, los animales, el aire, la magia de vivir en estrecha compenetración con la tierra. Con la lengua de los conquistadores el poeta nos lleva de la mano por el agua y por el cielo, porque es una poesía tremendamente biófila, es un canto a la vida, a aquellas costumbres ancestrales que celebraban los cuatro elementos necesarios para la existencia. Homero siembra de belleza los imaginados recuerdos del padre, por los cuales el mundo de los vivos y el mundo de los muertos queda unido por un reguero de humo.

La sensualidad de esta poesía y lo hondo de su aparente sencillez no puede más que conquistarnos, y la constante referencia a los Reinos Dorados nos embriaga de selva y agua. Parece que esos Reinos existieron fuera del mundo conocido, lugares donde la vida ungía con una plenitud que nunca más ha existido. Parece un lugar fuera del tiempo, como si por él no hubieran habitado las horas, sino los hombres y las mujeres que con su arte y sus habilidades construyeron un ideario de vida que se perdió irremisiblemente. Fueron esos hombres y mujeres los que tradujeron los nombres de los animales y las plantas que convivían con ellos, y al hacerlo se convirtieron en “bautistas”, pues no se adueñaron del mundo sino que lo bautizaron para conocerlo y conocerse también a sí mismos, en una interacción de igual a igual con la naturaleza que les daba la vida. Sus nombres eran revelados por / los espíritus protectores de la selva porque aquel mundo vivía también con una espiritualidad totémica, donde todo ser viviente tenía un alma, un hálito de vida que se reflejaba en un rico mundo espiritual.

Hay una estrofa particularmente bella en este poemario:

Los hombres bestias
se transformaban en fieras
y en las afueras del pueblo
descansaban después de la cacería
mientras que las bestias
transformadas en hombres
yacían junto a las doncellas del pueblo.

Estos versos expresan con una gran intensidad y un claro lenguaje esa comunión tan intensa con la naturaleza, haciendo una velada referencia a la unión sexual, comunión que se reafirma en los versos

En los Reinos Dorados
los hombres y la selva éramos uno.

Nos encontramos también con la figura del chamán, que abre las claves de los tres cielos:

el cielo mismo
el cielo donde habitamos
y el cielo de la tierra

Nos reafirma en el paraíso perdido ese cielo donde habitamos, cuando para los conquistadores el paraíso existía después de la muerte. Ese contraste cultural no se puede obviar. Placer contra dolor, compenetración contra conquista, joie de vivre contra sufrimiento. Esa conquista se entreve en los nuevos nombres que los recién llegados pusieron a las especies, animales y plantas, y a los mismos hombres y mujeres, habitantes primigenios.
No puedo dejar de citar la importancia del agua:

Todos los ríos conducen
a los Reinos Dorados

El río, el arroyo, la fuente, las lágrimas, las avenidas fluviales, los diques, la historia de la cultura del Agua. El agua refleja así ese cielo que es la vida, siendo vida, memoria y tiempo ella misma, ya que la vida de los Reinos Dorados es agua, nace y muere con el agua, y muere porque precisamente los conquistadores llegaron por ella.
El agua es un elemento omnipresente:

El Agua
el río
la lluvia

Vemos el agua como madre. Si es el padre del yo poético de Homero quien nos cuenta la historia de los Reinos Dorados, es a la vez ese mismo padre quien se identifica con el agua, uniendo así logos y eros; y la madre se identifica con la Tierra que, fertilizada, es dadora de dones y dádivas.

Y esos conquistadores no sólo son los del pasado sino también los de ahora, los que buscan madera castaña y petróleo ya que esos seres están vacíos espiritualmente: aquí podemos observar una contraposición entre el ser y el tener. El indígena era y el recién llegado tenía y esa dicotomía llega hasta nuestros días.

Los Reinos Dorados siguen viviendo en el coraz