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	<title>Ecdotica &#187; Ensayo</title>
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	<description>Noticias literarias, descarga de libros gratuitos, selección de cuentos de manera mensual</description>
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		<title>Reseña inédita a La caja mecánica</title>
		<link>http://www.ecdotica.com/2010/07/23/resena-inedita-a-la-caja-mecanica/</link>
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		<pubDate>Fri, 23 Jul 2010 14:12:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Novela]]></category>
		<category><![CDATA[Nuevo Milenio]]></category>
		<category><![CDATA[Reseña]]></category>

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		<description><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/07/la-caja-mecanica.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/07/la-caja-mecanica.jpg" alt="" title="la caja mecanica" width="225" height="326" class="aligncenter size-full wp-image-3105" /></a></center><br />
<strong>La tensión de una caja mecánica<br />
Por: Christian J. Kanahuaty </strong></p>
<p>Miguel Ángel Gálvez ganó el 2000 el primer Premio Nacional de Primera Novela Nuevo Milenio, con la novela <strong>La Caja Mecánica</strong>. Eso me atrajo, debo confesarlo, a la novela &#8211;lo que no garantizaba que la lectura iba a ser placentera, como realmente lo fue&#8211;, pero comento lo que llamó mi atención: </p>
<p>La lectura de la novela me generó, desde el inicio, una gran tensión y esto se debió a que a medida que la trama se va desarrollando el autor logra un cierto nivel comunicativo intertextual. Me explico: la novela narrada en primera persona tiene el aliento de novelas emblemáticas del terror y del suspenso clásico. Hay cierto ánimo que nos hace recuerdo a <strong>Las aventuras de Arthur Gordon Pym</strong> de Edgar Allan Poe, pero también en cuanto a su manejo del miedo y de lo latente no visto, se acerca a, por ejemplo, <strong>El Terror de Dumwish</strong> y <strong>El que asecha en el oscuridad</strong> de Lovecraft; porque si bien hay algo que se planta como misterio desde el inicio y luego se revela como artefacto del mal: la caja mecánica, ella, <em>La Caja</em>, nunca se pierde de vista, es el centro de toda la narración. </p>
<p>Y aquí es cuando la novela no sólo reconstruye el género de terror o misterio, sino que se adentra en un pasaje aún más profundo al dialogar con cierta tradición narrativa que a decir de Italo Calvino, <em>“diremos que desde que un objeto aparece en una narración, se carga de una fuerza especial, se convierte en algo como el polo de un campo magnético, un nudo de una red de relaciones invisibles. El simbolismo puede ser más o menos explícito, pero existe siempre. Podríamos decir que en una narración un objeto es siempre un objeto mágico”(*)</em>. En el caso de la novela de Gálvez, es justo esto lo que pasa, el objeto que nos convoca a la reunión en el departamento de Arturo (personaje central de la novela) es la caja mecánica, y es ella la que luego desplegará sus poderes hacia todo lo que la rodea. Al principio pensamos que Beto, el sobrino de Arturo, puede ser mucho más importante que la caja misma y que la caja es sólo una distracción y que el peso de la narración caerá sobre él en cualquier momento, pero no, es sólo un artilugio más. </p>
<p>Y puede que en ese sentido se encuentre el otro aspecto importante de la novela. El hecho de que el mismo autor va construyendo la novela de a poco, sin premeditación; él mismo disfruta de la historia que se está contando a sí mismo. No conoce el final, no conoce el nudo, pero quiere contarlo. Por ello tal vez muchas de las entradas al diario que hacen de capítulos, empiecen de la misma forma, y bajo el mismo aliento. Si uno fuera quisquilloso, desecharía la novela por ésta extraña imperfección, pero si uno sigue leyendo, se dará cuenta que esa aparente imperfección está gobernada por el estado de animo del narrador de la historia y no del autor de la novela. Pues hay que saber dividir estas dos personas para poder estar plenamente dentro de la novela: el autor no es el narrador de <strong>La caja mecánica</strong>, el narrador de La caja es Arturo, el personaje central de la novela. </p>
<p>Cuando Calvino nos dice que el objeto mágico aparece para convertirse en el centro mismo de la narración no está haciendo otra cosa que dar su punto de vista, surgido a partir, en principio de su actividad como lector, y luego como narrador, porque para decir eso, recuerda una leyenda medieval que tiene como protagonista a Carlomagno. Doy ese rodeo porque creo que Gálvez, tal vez, sin proponérselo, hace su propio camino dentro de la narrativa boliviana. Su novela es algo completamente nuevo en nuestro espectro y quizá los únicos antecedentes de algo semejante sean <strong>La piedra imán</strong> de Jaime Saenz y <strong>La muerte mágica</strong> de Oscar Cerruto. </p>
<p>En la novela hay un gran despliegue de situaciones a cuarto cerrado, no ocurre nada concreto en el exterior del departamento donde está situado el narrador, salvo claro uno de los pasajes finales y violentos de la novela. Todo es un ir y venir a través de los recuerdos y las pesadillas de Arturo, nos movemos con él, como quien se mueve con alguien a través de un campo cubierto de bruma, en medio del amanecer. Los objetos inanimados, son vividamente retratados y tienen, por supuesto, cierta influencia en nosotros, como lectores. No es que sean imágenes, son cosas vivas que se mueven, por eso decía que todo en la novela de Gálvez oculta y encubre algo latente; algo que desde el principio está mal, o si no lo esta, al menos está descompuesto, averiado y es interesante que sean éstos adjetivos los que use, porque después de todo, la novela trata de una caja mecánica que empieza a sufrir ciertos cambios en su funcionamiento. </p>
<p>La novela se podría leer en claves de la modernidad, pero también en claves de mecanicista. Pero esas notas que uno podría sacar de la novela, quizá sólo encubran aún más lo que la novela intenta contar y no quiero decir que sea leída con un armazón culturalista. No, lo que digo es que la novela se juegue la trama por su propio tema. Porque su propio acercamiento al tema. Porque en última instancia si <em>todos</em> los temas ya han sido trabajados, lo que nos queda es dar un nuevo sentido y organizarlos de una forma no sólo novedosa sino intrépida y eso es lo que Gálvez logra con <em>La caja</em>, y a mi juicio eso es lo que lo hace un buen narrador: tiene un punto de vista propio, intimo y es capaz de exponerlo y seducirnos con él. </p>
<p>Finalmente, la novela no deja puntos rotos, se cierra sobre sí misma, hay sí un final abierto que presumiblemente desencadene en unos hechos, por decirlo de alguna manera, más vertiginosos que los que hemos presenciado hasta ese momento, pero, eso ya no es cosa del autor, sino de los lectores. Y puede, entonces, que las únicas preguntas sean ¿qué pasó con Gálvez? ¿Dónde se encuentra? ¿Por qué no publicó nada más después de <strong>La Caja mecánica</strong>, o es que yo no me enterado que ha publicado algo nuevo? Y si no publicado nada más tras <em>La caja</em>, ¿por qué algunos narradores sólo necesitan de una (muy) buena primera novela para poder desaparecer?  </p>
<p><strong>NOTAS</strong></p>
<p>(*) Italo Calvino, Seis propuestas para el próximo milenio. Editorial Siruela, 2001, España.  Pág. 47. </p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/07/la-caja-mecanica.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/07/la-caja-mecanica.jpg" alt="" title="la caja mecanica" width="225" height="326" class="aligncenter size-full wp-image-3105" /></a></center><br />
<strong>La tensión de una caja mecánica<br />
Por: Christian J. Kanahuaty </strong></p>
<p>Miguel Ángel Gálvez ganó el 2000 el primer Premio Nacional de Primera Novela Nuevo Milenio, con la novela <strong>La Caja Mecánica</strong>. Eso me atrajo, debo confesarlo, a la novela &#8211;lo que no garantizaba que la lectura iba a ser placentera, como realmente lo fue&#8211;, pero comento lo que llamó mi atención: </p>
<p>La lectura de la novela me generó, desde el inicio, una gran tensión y esto se debió a que a medida que la trama se va desarrollando el autor logra un cierto nivel comunicativo intertextual. Me explico: la novela narrada en primera persona tiene el aliento de novelas emblemáticas del terror y del suspenso clásico. Hay cierto ánimo que nos hace recuerdo a <strong>Las aventuras de Arthur Gordon Pym</strong> de Edgar Allan Poe, pero también en cuanto a su manejo del miedo y de lo latente no visto, se acerca a, por ejemplo, <strong>El Terror de Dumwish</strong> y <strong>El que asecha en el oscuridad</strong> de Lovecraft; porque si bien hay algo que se planta como misterio desde el inicio y luego se revela como artefacto del mal: la caja mecánica, ella, <em>La Caja</em>, nunca se pierde de vista, es el centro de toda la narración. </p>
<p>Y aquí es cuando la novela no sólo reconstruye el género de terror o misterio, sino que se adentra en un pasaje aún más profundo al dialogar con cierta tradición narrativa que a decir de Italo Calvino, <em>“diremos que desde que un objeto aparece en una narración, se carga de una fuerza especial, se convierte en algo como el polo de un campo magnético, un nudo de una red de relaciones invisibles. El simbolismo puede ser más o menos explícito, pero existe siempre. Podríamos decir que en una narración un objeto es siempre un objeto mágico”(*)</em>. En el caso de la novela de Gálvez, es justo esto lo que pasa, el objeto que nos convoca a la reunión en el departamento de Arturo (personaje central de la novela) es la caja mecánica, y es ella la que luego desplegará sus poderes hacia todo lo que la rodea. Al principio pensamos que Beto, el sobrino de Arturo, puede ser mucho más importante que la caja misma y que la caja es sólo una distracción y que el peso de la narración caerá sobre él en cualquier momento, pero no, es sólo un artilugio más. </p>
<p>Y puede que en ese sentido se encuentre el otro aspecto importante de la novela. El hecho de que el mismo autor va construyendo la novela de a poco, sin premeditación; él mismo disfruta de la historia que se está contando a sí mismo. No conoce el final, no conoce el nudo, pero quiere contarlo. Por ello tal vez muchas de las entradas al diario que hacen de capítulos, empiecen de la misma forma, y bajo el mismo aliento. Si uno fuera quisquilloso, desecharía la novela por ésta extraña imperfección, pero si uno sigue leyendo, se dará cuenta que esa aparente imperfección está gobernada por el estado de animo del narrador de la historia y no del autor de la novela. Pues hay que saber dividir estas dos personas para poder estar plenamente dentro de la novela: el autor no es el narrador de <strong>La caja mecánica</strong>, el narrador de La caja es Arturo, el personaje central de la novela. </p>
<p>Cuando Calvino nos dice que el objeto mágico aparece para convertirse en el centro mismo de la narración no está haciendo otra cosa que dar su punto de vista, surgido a partir, en principio de su actividad como lector, y luego como narrador, porque para decir eso, recuerda una leyenda medieval que tiene como protagonista a Carlomagno. Doy ese rodeo porque creo que Gálvez, tal vez, sin proponérselo, hace su propio camino dentro de la narrativa boliviana. Su novela es algo completamente nuevo en nuestro espectro y quizá los únicos antecedentes de algo semejante sean <strong>La piedra imán</strong> de Jaime Saenz y <strong>La muerte mágica</strong> de Oscar Cerruto. </p>
<p>En la novela hay un gran despliegue de situaciones a cuarto cerrado, no ocurre nada concreto en el exterior del departamento donde está situado el narrador, salvo claro uno de los pasajes finales y violentos de la novela. Todo es un ir y venir a través de los recuerdos y las pesadillas de Arturo, nos movemos con él, como quien se mueve con alguien a través de un campo cubierto de bruma, en medio del amanecer. Los objetos inanimados, son vividamente retratados y tienen, por supuesto, cierta influencia en nosotros, como lectores. No es que sean imágenes, son cosas vivas que se mueven, por eso decía que todo en la novela de Gálvez oculta y encubre algo latente; algo que desde el principio está mal, o si no lo esta, al menos está descompuesto, averiado y es interesante que sean éstos adjetivos los que use, porque después de todo, la novela trata de una caja mecánica que empieza a sufrir ciertos cambios en su funcionamiento. </p>
<p>La novela se podría leer en claves de la modernidad, pero también en claves de mecanicista. Pero esas notas que uno podría sacar de la novela, quizá sólo encubran aún más lo que la novela intenta contar y no quiero decir que sea leída con un armazón culturalista. No, lo que digo es que la novela se juegue la trama por su propio tema. Porque su propio acercamiento al tema. Porque en última instancia si <em>todos</em> los temas ya han sido trabajados, lo que nos queda es dar un nuevo sentido y organizarlos de una forma no sólo novedosa sino intrépida y eso es lo que Gálvez logra con <em>La caja</em>, y a mi juicio eso es lo que lo hace un buen narrador: tiene un punto de vista propio, intimo y es capaz de exponerlo y seducirnos con él. </p>
<p>Finalmente, la novela no deja puntos rotos, se cierra sobre sí misma, hay sí un final abierto que presumiblemente desencadene en unos hechos, por decirlo de alguna manera, más vertiginosos que los que hemos presenciado hasta ese momento, pero, eso ya no es cosa del autor, sino de los lectores. Y puede, entonces, que las únicas preguntas sean ¿qué pasó con Gálvez? ¿Dónde se encuentra? ¿Por qué no publicó nada más después de <strong>La Caja mecánica</strong>, o es que yo no me enterado que ha publicado algo nuevo? Y si no publicado nada más tras <em>La caja</em>, ¿por qué algunos narradores sólo necesitan de una (muy) buena primera novela para poder desaparecer?  </p>
<p><strong>NOTAS</strong></p>
<p>(*) Italo Calvino, Seis propuestas para el próximo milenio. Editorial Siruela, 2001, España.  Pág. 47. </p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
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		<title>Mi cuerpo es una celda de Andrés Caicedo</title>
		<link>http://www.ecdotica.com/2010/05/18/mi-cuerpo-es-una-celda-de-andres-caicedo/</link>
		<comments>http://www.ecdotica.com/2010/05/18/mi-cuerpo-es-una-celda-de-andres-caicedo/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 18 May 2010 19:58:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Autores]]></category>
		<category><![CDATA[Ensayo]]></category>

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		<description><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/05/mi-cuerpo-es-una-celda.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/05/mi-cuerpo-es-una-celda.jpg" alt="" title="mi cuerpo es una celda" width="226" height="347" class="aligncenter size-full wp-image-2917" /></a></center><br />
<strong>La vida como experiencia visual<br />
Christian J. Kanahuaty</strong> </p>
<p><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Alberto_Fuguet">Alberto Fuguet</a> fue el encargado de correr con el montaje y la dirección de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Andr%C3%A9s_Caicedo">Andrés Caicedo</a> <strong>Mi cuerpo es una celda</strong>. Una autobiografía, libro editado el año 2009 por editorial Norma de Colombia para colección La otra orilla. </p>
<p>El libro es de por sí intenso y potente. Contiene cartas escritas desde el vértigo de la sabiduría de saberse pobre y casi periférico. No es una pobreza social lo que lo aqueja porque está anclado en una familia de clase media de la sociedad Caleña, sino que su pobreza radica justamente en lo que esa clase media demanda de él y de lo que puede llegar a ser. Lo que todos quieren que sea y él se niega a ser. </p>
<p>Y ahí en esa búsqueda es que se encuentra con la literatura y con el cine. Escribirá entonces: “escribo para colmarme y para buscar un orden. Me da un miedo atroz pensar en que se está debilitando mi interés por todo. No necesito esta soledad, busco compañía y no resisto la compañía”. Puede, no haya otra salida que “pagar el precio de la precocidad, el débil que toma la vida de la precocidad para llegar a la apatía y al desconsuelo”. Aquí están girando dos de los temas que más afectaron a Caicedo, la soledad y la precocidad y la innegable perversidad que ambas traen consigo para quien las porta y para quienes rodean a éste portador. </p>
<p>Alberto Fuguet dice que cuando empezó a leer a Caicedo, en especial sus notas cinéfilas, encontró al amigo cinepata que hubiera querido encontrar hace muchos años atrás, pero lo encontró cuando ya no lo necesitaba. Algo similar pasa ahora cuando leo sus cartas. ¿Dónde estuvo Caicedo hace unos cinco años? ¿Sí este libro es del 2008, hubiera podido igual encontrar su cartas en otros libros, en cuáles? ¿Caicedo a pesar de la distancia de los años aún nos tiene mucho por contar? </p>
<p>No estuvo Caicedo, pero estuvo el mismo Fuguet, estuvo Bryce Echenique, estuvo Bolaño, y estuvo también Rodrigo Fresán en esos años que de alguna forma puedo llamar como formativos. Las cartas de seguro no las hubiera encontrado, simple: no era el momento. Sí, aún Caicedo nos tiene muchas cosas que contar. En principio para revisitar el cine, el cine de los cuarenta y cincuenta y el de las décadas posteriores, hasta el momento en que pone un alto a la cinta y dice no más y corta la toma de su vida en el año 1977. El año para olvidar, como lo han definido muchos, porque ese año Elvis Presley decide también irse a vivir a otro lado. Pero en fin, como el mismo Caicedo afirmó: “nada habrá que nos destruya aunque muramos jóvenes”. Caicedo ya se sentía un mito. Un mito capaz de respirar y sacar de la nada una revista sobre cine, aparecer en Los Ángeles con el ánimo de presentarles a unos productores unos guiones que había escrito. </p>
<p>Caicedo era ese tipo de persona, solitaria pero tenaz. Apasionada y autoreflexiva. Se buscaba para encontrarse sin miedo, mirarse a los ojos y saber no de qué estaba hecho, sino que más podía hacer. Y claro, eso no le evitaba tener dudas y temores. Se pensaba en sus cartas como alguien perdido que a pesar de todo, no merece ser rescatado. Aunque en los últimos meses de su vida, dice que sí, que necesita ayuda, pero es la ayuda de una sola persona la que reclama, la de su novia, o ex novia, Patricia. Luego de pasar intensísimos años con ella, están separados y es cuando a él más falta le hace porque aún no se ha recuperado del todo de sus adicciones y de la secuencia espacio-tiempo que pasa en una clínica de rehabilitación. </p>
<p>“Yo creía que el mecanismo de la autodestrucción era una forma de lascivia, ahora voy sabiendo que no más es una forma de comodidad, la mayor de todas, obscena y perversa hasta la medula”. Luego se dirá a sí mismo: “Lucha Andrés, mira para adentro de las cosas, más arriba. Recuerda que tienes que recuperar ese encanto, esa nostalgia por la ciudad, que has sentido en tan pocos días los últimos años”. Se conoce, no se permite evasiones. </p>
<p>Pensaba que ver películas era una forma de evasión, de tratar de aletargar el día y no pensar en las soluciones a los problemas que me aquejaban y veía en el cine y en la literatura la evasión perfecta. Pero me di cuenta que no es evasión, se trata de otra forma de hacer frente a la realidad. Ahora que leí a Caicedo me doy cuenta que él también lo llegó a saber. Para él el cine, realmente era un asunto de vida o muerte, de ganar o perder, de aprender o ser devorado por lo insustancial. Del mismo modo, cuando habla de sus escritos es juicioso y sabe que son válidos, no porque él los haya escrito sino por lo que reflejan. Por lo que son.   </p>
<p>Caicedo llega. Y uno se reconoce en líneas como estas: “quiero volver a ser el que era antes, quiero que mi tristeza se encamine por la creación, no que se desperdicie en una persona que no me la corresponde ni me la justifica. Todas mis aptitudes se vieron postergadas por el amor. En fin, pueda ser que este sufrimiento me produzca las energías suficientes para terminar de escribir la novela que tú sabes que escribo”. No es depresivo, no es un desencantado del amor, no es un desterrado de la pasión y menos aún es un ser que se miente. Caicedo avanza con cautela pero rompiendo el silencio para contarnos lo que le ocurre, nos lo cuenta porque sabe que leeremos esas cartas que en un principio fueron para Luis, para Miguel o para Rosario. Nosotros ya fuimos pensados, en tanto lectores, por Caicedo, desde mucho antes; desde que el puso sus dedos delgados sobre el teclado de su máquina de escribir. </p>
<p>Se sentía solo, pero no lo estaba. Se sentía perdido, pero sabía perfectamente qué debía hacer, se sentía fuera de lugar y sí, lo estaba: pero eso le daba fuerzas. Sabía que todo se podía transformar sobre la base del esfuerzo personal que era lo único que tenía. Sus libros, sus cuadernos, sus lentes, todo lo fue dejando en el camino, pero fue tan consciente de sus actos que lo que aparentemente iba perdiendo lo dejaba como legado a sus amigos, a su familia y a Patricia. </p>
<p>Caicedo es alguien que puede decir lo que tú dirías en un momento desesperado y es quién sabría qué película necesitas ver cuando te sientas raro, es también el que nunca se cansará de preguntar como estas y cómo has dormido o qué has comido las horas antes de verlo. Se preocupará siempre de ti, y siempre te contará lo que está pensando, lo que está sintiendo y lo que juzgará oportuno decir sobre la película que acaba de ver. </p>
<p><strong>Mi vida es una celda</strong>, es sobre el cine, pero en gran medida es una película narrada en primera persona por el mismo Caicedo. Nos muestra la materia prima de sus pensamientos y de sus sentimientos sin miedo, porque se siente en familia, está a oscuras en una sala de algún cine que conocemos y ahí nos espera para pasarnos cortos, en formato epistolar, de su vida. </p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/05/mi-cuerpo-es-una-celda.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/05/mi-cuerpo-es-una-celda.jpg" alt="" title="mi cuerpo es una celda" width="226" height="347" class="aligncenter size-full wp-image-2917" /></a></center><br />
<strong>La vida como experiencia visual<br />
Christian J. Kanahuaty</strong> </p>
<p><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Alberto_Fuguet">Alberto Fuguet</a> fue el encargado de correr con el montaje y la dirección de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Andr%C3%A9s_Caicedo">Andrés Caicedo</a> <strong>Mi cuerpo es una celda</strong>. Una autobiografía, libro editado el año 2009 por editorial Norma de Colombia para colección La otra orilla. </p>
<p>El libro es de por sí intenso y potente. Contiene cartas escritas desde el vértigo de la sabiduría de saberse pobre y casi periférico. No es una pobreza social lo que lo aqueja porque está anclado en una familia de clase media de la sociedad Caleña, sino que su pobreza radica justamente en lo que esa clase media demanda de él y de lo que puede llegar a ser. Lo que todos quieren que sea y él se niega a ser. </p>
<p>Y ahí en esa búsqueda es que se encuentra con la literatura y con el cine. Escribirá entonces: “escribo para colmarme y para buscar un orden. Me da un miedo atroz pensar en que se está debilitando mi interés por todo. No necesito esta soledad, busco compañía y no resisto la compañía”. Puede, no haya otra salida que “pagar el precio de la precocidad, el débil que toma la vida de la precocidad para llegar a la apatía y al desconsuelo”. Aquí están girando dos de los temas que más afectaron a Caicedo, la soledad y la precocidad y la innegable perversidad que ambas traen consigo para quien las porta y para quienes rodean a éste portador. </p>
<p>Alberto Fuguet dice que cuando empezó a leer a Caicedo, en especial sus notas cinéfilas, encontró al amigo cinepata que hubiera querido encontrar hace muchos años atrás, pero lo encontró cuando ya no lo necesitaba. Algo similar pasa ahora cuando leo sus cartas. ¿Dónde estuvo Caicedo hace unos cinco años? ¿Sí este libro es del 2008, hubiera podido igual encontrar su cartas en otros libros, en cuáles? ¿Caicedo a pesar de la distancia de los años aún nos tiene mucho por contar? </p>
<p>No estuvo Caicedo, pero estuvo el mismo Fuguet, estuvo Bryce Echenique, estuvo Bolaño, y estuvo también Rodrigo Fresán en esos años que de alguna forma puedo llamar como formativos. Las cartas de seguro no las hubiera encontrado, simple: no era el momento. Sí, aún Caicedo nos tiene muchas cosas que contar. En principio para revisitar el cine, el cine de los cuarenta y cincuenta y el de las décadas posteriores, hasta el momento en que pone un alto a la cinta y dice no más y corta la toma de su vida en el año 1977. El año para olvidar, como lo han definido muchos, porque ese año Elvis Presley decide también irse a vivir a otro lado. Pero en fin, como el mismo Caicedo afirmó: “nada habrá que nos destruya aunque muramos jóvenes”. Caicedo ya se sentía un mito. Un mito capaz de respirar y sacar de la nada una revista sobre cine, aparecer en Los Ángeles con el ánimo de presentarles a unos productores unos guiones que había escrito. </p>
<p>Caicedo era ese tipo de persona, solitaria pero tenaz. Apasionada y autoreflexiva. Se buscaba para encontrarse sin miedo, mirarse a los ojos y saber no de qué estaba hecho, sino que más podía hacer. Y claro, eso no le evitaba tener dudas y temores. Se pensaba en sus cartas como alguien perdido que a pesar de todo, no merece ser rescatado. Aunque en los últimos meses de su vida, dice que sí, que necesita ayuda, pero es la ayuda de una sola persona la que reclama, la de su novia, o ex novia, Patricia. Luego de pasar intensísimos años con ella, están separados y es cuando a él más falta le hace porque aún no se ha recuperado del todo de sus adicciones y de la secuencia espacio-tiempo que pasa en una clínica de rehabilitación. </p>
<p>“Yo creía que el mecanismo de la autodestrucción era una forma de lascivia, ahora voy sabiendo que no más es una forma de comodidad, la mayor de todas, obscena y perversa hasta la medula”. Luego se dirá a sí mismo: “Lucha Andrés, mira para adentro de las cosas, más arriba. Recuerda que tienes que recuperar ese encanto, esa nostalgia por la ciudad, que has sentido en tan pocos días los últimos años”. Se conoce, no se permite evasiones. </p>
<p>Pensaba que ver películas era una forma de evasión, de tratar de aletargar el día y no pensar en las soluciones a los problemas que me aquejaban y veía en el cine y en la literatura la evasión perfecta. Pero me di cuenta que no es evasión, se trata de otra forma de hacer frente a la realidad. Ahora que leí a Caicedo me doy cuenta que él también lo llegó a saber. Para él el cine, realmente era un asunto de vida o muerte, de ganar o perder, de aprender o ser devorado por lo insustancial. Del mismo modo, cuando habla de sus escritos es juicioso y sabe que son válidos, no porque él los haya escrito sino por lo que reflejan. Por lo que son.   </p>
<p>Caicedo llega. Y uno se reconoce en líneas como estas: “quiero volver a ser el que era antes, quiero que mi tristeza se encamine por la creación, no que se desperdicie en una persona que no me la corresponde ni me la justifica. Todas mis aptitudes se vieron postergadas por el amor. En fin, pueda ser que este sufrimiento me produzca las energías suficientes para terminar de escribir la novela que tú sabes que escribo”. No es depresivo, no es un desencantado del amor, no es un desterrado de la pasión y menos aún es un ser que se miente. Caicedo avanza con cautela pero rompiendo el silencio para contarnos lo que le ocurre, nos lo cuenta porque sabe que leeremos esas cartas que en un principio fueron para Luis, para Miguel o para Rosario. Nosotros ya fuimos pensados, en tanto lectores, por Caicedo, desde mucho antes; desde que el puso sus dedos delgados sobre el teclado de su máquina de escribir. </p>
<p>Se sentía solo, pero no lo estaba. Se sentía perdido, pero sabía perfectamente qué debía hacer, se sentía fuera de lugar y sí, lo estaba: pero eso le daba fuerzas. Sabía que todo se podía transformar sobre la base del esfuerzo personal que era lo único que tenía. Sus libros, sus cuadernos, sus lentes, todo lo fue dejando en el camino, pero fue tan consciente de sus actos que lo que aparentemente iba perdiendo lo dejaba como legado a sus amigos, a su familia y a Patricia. </p>
<p>Caicedo es alguien que puede decir lo que tú dirías en un momento desesperado y es quién sabría qué película necesitas ver cuando te sientas raro, es también el que nunca se cansará de preguntar como estas y cómo has dormido o qué has comido las horas antes de verlo. Se preocupará siempre de ti, y siempre te contará lo que está pensando, lo que está sintiendo y lo que juzgará oportuno decir sobre la película que acaba de ver. </p>
<p><strong>Mi vida es una celda</strong>, es sobre el cine, pero en gran medida es una película narrada en primera persona por el mismo Caicedo. Nos muestra la materia prima de sus pensamientos y de sus sentimientos sin miedo, porque se siente en familia, está a oscuras en una sala de algún cine que conocemos y ahí nos espera para pasarnos cortos, en formato epistolar, de su vida. </p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
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		<title>Invierno: Las estaciones de la memoria</title>
		<link>http://www.ecdotica.com/2010/05/13/invierno-las-estaciones-de-la-memoria/</link>
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		<pubDate>Thu, 13 May 2010 15:01:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículo]]></category>
		<category><![CDATA[Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Novela]]></category>

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		<description><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/05/Invierno.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/05/Invierno.jpg" alt="" title="Invierno" width="243" height="335" class="aligncenter size-full wp-image-2892" /></a></center><br />
<strong>Invierno: Las estaciones de la memoria<br />
Por: Lourdes Saavedra Berbetty (*)</strong></p>
<p><em>&#8220;Saber meter la cabeza en lo oscuro, saber saltar al vacío,<br />
saber que la literatura básicamente es un oficio peligroso&#8221;</em><br />
<strong>Roberto Bolaño</strong></p>
<p><strong>Invierno </strong>es una novela que no ha escogido un lugar como Itaca o Tirinea, ni un tiempo específico, no hablamos de octubre o abril, Christhian Jimenez Kanahuaty ha elegido narrarnos una estación, como un imán de vivencias que descubren un sentido introspectivo, desolador y el eterno retorno a uno mismo.</p>
<p>Pablo Martinez Robles, conjuga su atmósfera emocional desde la fría mirada de un escritor que contempla rítmicamente la nieve, escuchando la consonancia de los recuerdos de una infancia imperfecta, la adolescencia no solicitada, la ausencia del padre, un divorcio inminente, pequeños destellos de luz al nombrar a su hija y el desgaste de Andrea, Katia, Eliana, musas que circulan por su cama como cuerpos sin historia. Si Christian estoy de acuerdo con tu protagonista “la edad no es más que una palabra inventada para guardar distancia”, pero ¿Qué distancia es la que quiere mantener este escritor en el ocaso de su vida? ¿Será capaz de ser un midas bizarro que termine una novela como quien termina aceptando el pasado? ¿Qué futuro le espera a escritor que parece estar condenado a la automutilación de la ficción? Estas preguntas son respondidas de manera imperfectamente lúcida en las 103 páginas que compone la novela, sin capítulos, sin pausas, sin piedad.</p>
<p>Quizás muera inédito, quizás este texto sea un pre-texto, que ampara la intención confesional del personaje central, quien no sólo vive atormentado por los fantasmas de inviernos pasados, más bien creo que logra invocar una galería de personas, que ya no están en el nombre de su novela, que al igual que su vida se sigue escribiendo como un texto infinito. Las palabras son cicatrices que marcan la historia, su historia, con la honestidad despiadada del ser escritor y como diría Barthes sentir la muerte en cada palabra.</p>
<p>Las marcadas referencias a Jack London, o Kevin Carter conforman referentes necesarios para comprender, que el escritor prefiere ver las cosas desde afuera, sumergirse en el pantano de los días, nombrando silencios y al igual que Kevin Carter cuando fotografía un buitre acechando un niño desvalido, el narrador acecha la vida con la rapiña necesaria que le exige la palabra, aunque el precio como diría el protagonista sea comprender que la literatura y el amor están envueltos por el mismo terciopelo: la soledad. Y la vida como celebró Bolaño es la mejor lección de escritura.</p>
<p><em>(*) Este texto se leyó en la presentación del libro <strong>Invierno</strong> en el mArtadero el 31 de abril de 2010.<br />
</em><br />
<em>Fuente: Ecdótica</em></p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/05/Invierno.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/05/Invierno.jpg" alt="" title="Invierno" width="243" height="335" class="aligncenter size-full wp-image-2892" /></a></center><br />
<strong>Invierno: Las estaciones de la memoria<br />
Por: Lourdes Saavedra Berbetty (*)</strong></p>
<p><em>&#8220;Saber meter la cabeza en lo oscuro, saber saltar al vacío,<br />
saber que la literatura básicamente es un oficio peligroso&#8221;</em><br />
<strong>Roberto Bolaño</strong></p>
<p><strong>Invierno </strong>es una novela que no ha escogido un lugar como Itaca o Tirinea, ni un tiempo específico, no hablamos de octubre o abril, Christhian Jimenez Kanahuaty ha elegido narrarnos una estación, como un imán de vivencias que descubren un sentido introspectivo, desolador y el eterno retorno a uno mismo.</p>
<p>Pablo Martinez Robles, conjuga su atmósfera emocional desde la fría mirada de un escritor que contempla rítmicamente la nieve, escuchando la consonancia de los recuerdos de una infancia imperfecta, la adolescencia no solicitada, la ausencia del padre, un divorcio inminente, pequeños destellos de luz al nombrar a su hija y el desgaste de Andrea, Katia, Eliana, musas que circulan por su cama como cuerpos sin historia. Si Christian estoy de acuerdo con tu protagonista “la edad no es más que una palabra inventada para guardar distancia”, pero ¿Qué distancia es la que quiere mantener este escritor en el ocaso de su vida? ¿Será capaz de ser un midas bizarro que termine una novela como quien termina aceptando el pasado? ¿Qué futuro le espera a escritor que parece estar condenado a la automutilación de la ficción? Estas preguntas son respondidas de manera imperfectamente lúcida en las 103 páginas que compone la novela, sin capítulos, sin pausas, sin piedad.</p>
<p>Quizás muera inédito, quizás este texto sea un pre-texto, que ampara la intención confesional del personaje central, quien no sólo vive atormentado por los fantasmas de inviernos pasados, más bien creo que logra invocar una galería de personas, que ya no están en el nombre de su novela, que al igual que su vida se sigue escribiendo como un texto infinito. Las palabras son cicatrices que marcan la historia, su historia, con la honestidad despiadada del ser escritor y como diría Barthes sentir la muerte en cada palabra.</p>
<p>Las marcadas referencias a Jack London, o Kevin Carter conforman referentes necesarios para comprender, que el escritor prefiere ver las cosas desde afuera, sumergirse en el pantano de los días, nombrando silencios y al igual que Kevin Carter cuando fotografía un buitre acechando un niño desvalido, el narrador acecha la vida con la rapiña necesaria que le exige la palabra, aunque el precio como diría el protagonista sea comprender que la literatura y el amor están envueltos por el mismo terciopelo: la soledad. Y la vida como celebró Bolaño es la mejor lección de escritura.</p>
<p><em>(*) Este texto se leyó en la presentación del libro <strong>Invierno</strong> en el mArtadero el 31 de abril de 2010.<br />
</em><br />
<em>Fuente: Ecdótica</em></p>
]]></content:encoded>
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		<title>El árbol de los recuerdos de Homero Carvalho</title>
		<link>http://www.ecdotica.com/2010/04/21/el-arbol-de-los-recuerdos-de-homero-carvalho/</link>
		<comments>http://www.ecdotica.com/2010/04/21/el-arbol-de-los-recuerdos-de-homero-carvalho/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 21 Apr 2010 14:49:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Novela]]></category>

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		<description><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/04/el-árbol-de-los-recuerdos-1.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/04/el-árbol-de-los-recuerdos-1.jpg" alt="" title="el árbol de los recuerdos 1" width="212" height="298" class="aligncenter size-full wp-image-2796" /></a></center><br />
<strong>Homero entre las aguas<br />
Por: Pablo Javier Deheza</strong></p>
<p><em>Nadie se baña en el río dos veces<br />
porque todo cambia en el río<br />
y en el que se baña</em><br />
<strong>Heráclito de Éfeso</strong></p>
<p>Homero Carvalho nos entrega en ésta su nueva novela, <strong>El Árbol de los Recuerdos</strong>, un regalo de humanidad. Esta es una novela acerca de la condición humana, la autenticidad, la sinceridad, los demonios y los ángeles que nos habitan, la enfermedad, la amistad, la miseria humana, la literatura, el café, la vida de café, la palabra, los premios y las penas, la esperanza, la redención y la partida. Es una novela, por sobre todas las cosas, honesta. Es una novela para vernos, para encontrarnos en ella y está talentosamente muy bien escrita.</p>
<p>Muchas cosas, muchos mundos, muchas voces, confluyen en <strong>El Árbol de los Recuerdos</strong>. En sí, la figura misma del árbol de los recuerdos de la novela indica el signo de la obra. Verídicamente la novela es ese árbol en el cual se han colgado los recuerdo de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Andr%C3%A9s_Caicedo">Andrés Caicedo</a> y de Homero para que puedan de ese modo encontrar su salvación de ataque del olvido; esa vorágine que lo devora todo. En ese trayecto es en la literatura donde acabará obrándose la magia de la salvación.</p>
<p>Un rasgo central para tener en cuenta al leer la novela es el hecho de que se trata de una obra hecha desde la sinceridad. Todo lo que está dicho en la novela es verdad; hasta las mentiras no mienten y terminan revelando la verdad. Se trata de que más allá de las palabras, más allá del estilo y de las formas, lo importante reside en lo que está dicho. Por supuesto que las palabras y las formas están bien cuidadas. Homero Carvalho nos entrega una obra madura de un autor maduro en pleno despliegue de su sapiencia de escritor. ¿Está demás decir que no hay página que no encierre algo deslumbrante y placentero para quienes son amantes de las palabras?</p>
<p><strong>El Árbol y el río</strong></p>
<p>El <strong>Árbol de los Recuerdos</strong> conforma un delta en el derrotero literario de Homero. No es casual esta figura. En la novela, Andrés le explica a Homero que el pez del cuadro que pintó Romaneth Zárate –el que es ahora la portada de la novela-, tiene sentido porque el pez es agua y ellos vienen de los Reinos del Agua. El agua acompaña desde hace mucho la obra de Homero y son muchos los ríos de la vida se han juntado para dar lugar a éste árbol de palabras. Muchos hilos de vivencias que necesariamente implican maduración y transformación. A su vez, la obra misma se constituye en un río literario del cual el lector emergerá siendo otro. El arte de la novela boliviana también se verá transformada por <strong>El Árbol de los Recuerdos</strong>. Pasa que Homero nos aporta en la misma con una mirada sincera y necesaria al mundo de los literatos bolivianos, rescatando del mismo esas hermosas complicidades y hermandades que ahí se encuentran y se celebran, pero también nos muestra su hemisferio oscuro, ese que está hecho de miserias, envidias y silencios.</p>
<p><strong>El río de la palabra</strong></p>
<p><strong>El Árbol de los Recuerdos</strong> es una novela que está escrita dentro de los cánones del Boom. La oración precisa, los tiempos verbales sencillos y claros, puntuación disciplinada, espacio para el juego lúdico y la salida poética e ideas bien expuestas. Homero declara que la novela tiene también orígenes en la poesía confesional iniciada por <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Robert_Lowell">Robert Lowell</a> y <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/William_De_Witt_Snodgrass">William De Witt Snodgrass</a>, luego continuada por <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Sylvia_Plath">Sylvia Plath</a>. También existe en la novela elementos que hacen a la dangerous writting o escritura peligrosa de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Tom_Spanbauer">Tom Spanbauer</a>. Bajo esta aproximación, el autor escribe sobre temas que le causan miedo o vergüenza para poder explorar los mismos y enfrentarlos; quedará la palabra escrita como un testimonio inacabado y crudo acerca de sí mismo. Es esa aproximación a la palabra la que ha de determinar una relación central entre lo que se cuenta y lo que es. La palabra es verdad y <strong>El Árbol de los Recuerdos</strong> es una novela de verdad.</p>
<p>En <strong>El Árbol de los Recuerdos</strong> la palabra es tratada con un amor bondadoso y sereno. Eso le permite al autor tejer hermosos giros poéticos y juegos con el lenguaje que acompañan al lector a lo largo del relato. Homero transita con madurez entre las formas de la precisión y las formas lúdicas sin caer en exageraciones y creando un clima gentil para la verdad. Esa es la maestría del autor en una exhibición de madurez con las palabras y también de sí mismo. </p>
<p>El aporte de <strong>El Árbol de los Recuerdos</strong>, en tanto narrativa, pasa por su aproximación a la forma del relato, su trabajo amable con la sintaxis y la honestidad puesta en la obra. Nos presenta otra manera de encarar la novela que no es desde afuera del autor, sino desde adentro de sí mismo; desde sus lugares más vedados pero, por eso y a la vez, sus lugares más humanos. Esta novela se sale de los cánones costumbristas y de los lugares comunes para llevarnos en un viaje de palabras al interior del autor y, con ello, al interior de nosotros y de nuestra sociedad.</p>
<p><strong>El río de la locura y los recuerdos</strong></p>
<p>Homero indica que lo que lo motivó a escribir la novela fue la condición humana, reflexionar acerca de las enfermedades mentales, de la locura. A su vez y a través de la misma locura Homero nos retrata una sociedad, nuestra sociedad, con sus carencias y su necesidad urgente de terapia mental colectiva; una lobotomía democrática y sobre la marcha para todos. </p>
<p>Andrés Caicedo le encomienda a Homero el rescate de sus recuerdos por medio de su escritura; esos recuerdos que el olvido se los está arrebatando. A partir de ese intento por rescatar la memoria del olvido, de la disociación del ser, de la locura, es que Homero nos presenta a la realidad en desfile ante nuestros ojos. El árbol es el lugar donde, a partir de los recuerdos y las palabras, han de ser invocados todos: la familia, los compañeros, los amigos, los solidarios, las voces, los indiferentes, los miserables, los envidiosos, los malaleches, los ruines, los locos, los etcétera. </p>
<p>Se nos aparece también la crueldad y la enfermedad de lo socialmente normal. Andrés Caicedo es de lejos un ser mucho más humano que muchos que vemos pasar en la novela. En una sociedad demente como la nuestra, algunos tienen permisos ocasionales para realizar actos que puedan afectar negativamente a otros y lo llamamos locura; pero de muchos seres normales se espera que al final del día hayan afectado negativamente a muchos otros seres y llamamos a eso éxito. La indiferencia y las miserias no pertenecen al mundo de la locura, pero son la moneda corriente del mundo; constituyen su normalidad.</p>
<p>La esperanza es que existen seres como Andrés; la esperanza es que aún queda lugar para la sinceridad y la solidaridad. Como lo dice el mismo Andrés en la novela: ¡Qué país! Tener que recurrir a un loco para que explique, significa que no estamos en una crisis política sino de conciencia nacional.</p>
<p><strong>El río de las voces</strong></p>
<p>Otras aguas que discurren a lo largo de la novela son las del mundo literario boliviano. Por la novela se verá pasar a más de una generación de escritores bolivianos; muchos con sus luces y que aparecen con su nombre, muchos con sus sombras y cuyos nombres son velados con un generoso silencio. <strong>El Árbol de los Recuerdos</strong> nos presenta un retrato necesario del mundo literario boliviano. Muchos creerán que las coincidencias son casuales: no lo son y dense por aludidos. Era necesario que alguien cuente las cosas que Homero nos relata en la novela. Nos hace bien nombrarlas, verlas escritas, verlas interpelarnos desde la página, nos hace bien asumirlas porque solo así podremos trascenderlas. Nadie se baña dos veces en el mismo río. Nadie que se sumerja en esta novela saldrá igual.</p>
<p>La temática de la novela es un aporte a la narrativa boliviana porque toca aspectos centrales de la experiencia humana que no habían sido tocados en nuestra literatura. Milan Kundera dice que la novela que no descubre una parte hasta entonces desconocida de la existencia es inmoral; el conocimiento es la única moral de la novela. Entonces <strong>El Árbol de los Recuerdos</strong> es una novela sobradamente justificada porque nos muestra lados de nosotros, de nuestro país y su gente –especialmente la del mundo literario-, que no habían sido mostrados antes y al hacerlo nos permite entendernos y trabajar sobre nosotros mismos.</p>
<p><strong>La condición humana</strong></p>
<p>El <strong>Árbol de los Recuerdos</strong> es una novela donde no pasa nada pero pasa todo y pasan todos; como nuestro país, o sea que no quedan dudas de que se trata de una novela boliviana. Homero nos plantea reflexionar sobre la condición humana a partir de muchas voces. Las voces del mundo y también las voces interiores. La esquizofrenia está presente en la novela, tanto como una condición del individuo, así como un estigma entre la sociedad. Homero nos muestra que la esquizofrenia es también parte de la experiencia humana; que la humanidad, la sensibilidad y la belleza existen también en lo que funciona diferente. A partir de sus diálogos con Andrés, el autor nos enseña que la lucidez, la poesía, la fraternidad y la divina humanidad que existen en el alma y la psiquis de cada uno siguen estando ahí, más allá de los prejuicios y las taras sociales. <strong>El Árbol de los Recuerdos</strong> es una afirmación de la vida, una celebración del espíritu, un elogio de la amistad y una voz de esperanza. En un mundo y un país que parecen salidos del otro lado del espejo, quizás alguna voz interior eligió apropiadamente este título para Andrés y Homero, y no por sus recuerdos, sino porque ambos dos son los únicos que están re-cuerdos y esta novela es su árbol.</p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/04/el-árbol-de-los-recuerdos-1.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/04/el-árbol-de-los-recuerdos-1.jpg" alt="" title="el árbol de los recuerdos 1" width="212" height="298" class="aligncenter size-full wp-image-2796" /></a></center><br />
<strong>Homero entre las aguas<br />
Por: Pablo Javier Deheza</strong></p>
<p><em>Nadie se baña en el río dos veces<br />
porque todo cambia en el río<br />
y en el que se baña</em><br />
<strong>Heráclito de Éfeso</strong></p>
<p>Homero Carvalho nos entrega en ésta su nueva novela, <strong>El Árbol de los Recuerdos</strong>, un regalo de humanidad. Esta es una novela acerca de la condición humana, la autenticidad, la sinceridad, los demonios y los ángeles que nos habitan, la enfermedad, la amistad, la miseria humana, la literatura, el café, la vida de café, la palabra, los premios y las penas, la esperanza, la redención y la partida. Es una novela, por sobre todas las cosas, honesta. Es una novela para vernos, para encontrarnos en ella y está talentosamente muy bien escrita.</p>
<p>Muchas cosas, muchos mundos, muchas voces, confluyen en <strong>El Árbol de los Recuerdos</strong>. En sí, la figura misma del árbol de los recuerdos de la novela indica el signo de la obra. Verídicamente la novela es ese árbol en el cual se han colgado los recuerdo de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Andr%C3%A9s_Caicedo">Andrés Caicedo</a> y de Homero para que puedan de ese modo encontrar su salvación de ataque del olvido; esa vorágine que lo devora todo. En ese trayecto es en la literatura donde acabará obrándose la magia de la salvación.</p>
<p>Un rasgo central para tener en cuenta al leer la novela es el hecho de que se trata de una obra hecha desde la sinceridad. Todo lo que está dicho en la novela es verdad; hasta las mentiras no mienten y terminan revelando la verdad. Se trata de que más allá de las palabras, más allá del estilo y de las formas, lo importante reside en lo que está dicho. Por supuesto que las palabras y las formas están bien cuidadas. Homero Carvalho nos entrega una obra madura de un autor maduro en pleno despliegue de su sapiencia de escritor. ¿Está demás decir que no hay página que no encierre algo deslumbrante y placentero para quienes son amantes de las palabras?</p>
<p><strong>El Árbol y el río</strong></p>
<p>El <strong>Árbol de los Recuerdos</strong> conforma un delta en el derrotero literario de Homero. No es casual esta figura. En la novela, Andrés le explica a Homero que el pez del cuadro que pintó Romaneth Zárate –el que es ahora la portada de la novela-, tiene sentido porque el pez es agua y ellos vienen de los Reinos del Agua. El agua acompaña desde hace mucho la obra de Homero y son muchos los ríos de la vida se han juntado para dar lugar a éste árbol de palabras. Muchos hilos de vivencias que necesariamente implican maduración y transformación. A su vez, la obra misma se constituye en un río literario del cual el lector emergerá siendo otro. El arte de la novela boliviana también se verá transformada por <strong>El Árbol de los Recuerdos</strong>. Pasa que Homero nos aporta en la misma con una mirada sincera y necesaria al mundo de los literatos bolivianos, rescatando del mismo esas hermosas complicidades y hermandades que ahí se encuentran y se celebran, pero también nos muestra su hemisferio oscuro, ese que está hecho de miserias, envidias y silencios.</p>
<p><strong>El río de la palabra</strong></p>
<p><strong>El Árbol de los Recuerdos</strong> es una novela que está escrita dentro de los cánones del Boom. La oración precisa, los tiempos verbales sencillos y claros, puntuación disciplinada, espacio para el juego lúdico y la salida poética e ideas bien expuestas. Homero declara que la novela tiene también orígenes en la poesía confesional iniciada por <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Robert_Lowell">Robert Lowell</a> y <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/William_De_Witt_Snodgrass">William De Witt Snodgrass</a>, luego continuada por <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Sylvia_Plath">Sylvia Plath</a>. También existe en la novela elementos que hacen a la dangerous writting o escritura peligrosa de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Tom_Spanbauer">Tom Spanbauer</a>. Bajo esta aproximación, el autor escribe sobre temas que le causan miedo o vergüenza para poder explorar los mismos y enfrentarlos; quedará la palabra escrita como un testimonio inacabado y crudo acerca de sí mismo. Es esa aproximación a la palabra la que ha de determinar una relación central entre lo que se cuenta y lo que es. La palabra es verdad y <strong>El Árbol de los Recuerdos</strong> es una novela de verdad.</p>
<p>En <strong>El Árbol de los Recuerdos</strong> la palabra es tratada con un amor bondadoso y sereno. Eso le permite al autor tejer hermosos giros poéticos y juegos con el lenguaje que acompañan al lector a lo largo del relato. Homero transita con madurez entre las formas de la precisión y las formas lúdicas sin caer en exageraciones y creando un clima gentil para la verdad. Esa es la maestría del autor en una exhibición de madurez con las palabras y también de sí mismo. </p>
<p>El aporte de <strong>El Árbol de los Recuerdos</strong>, en tanto narrativa, pasa por su aproximación a la forma del relato, su trabajo amable con la sintaxis y la honestidad puesta en la obra. Nos presenta otra manera de encarar la novela que no es desde afuera del autor, sino desde adentro de sí mismo; desde sus lugares más vedados pero, por eso y a la vez, sus lugares más humanos. Esta novela se sale de los cánones costumbristas y de los lugares comunes para llevarnos en un viaje de palabras al interior del autor y, con ello, al interior de nosotros y de nuestra sociedad.</p>
<p><strong>El río de la locura y los recuerdos</strong></p>
<p>Homero indica que lo que lo motivó a escribir la novela fue la condición humana, reflexionar acerca de las enfermedades mentales, de la locura. A su vez y a través de la misma locura Homero nos retrata una sociedad, nuestra sociedad, con sus carencias y su necesidad urgente de terapia mental colectiva; una lobotomía democrática y sobre la marcha para todos. </p>
<p>Andrés Caicedo le encomienda a Homero el rescate de sus recuerdos por medio de su escritura; esos recuerdos que el olvido se los está arrebatando. A partir de ese intento por rescatar la memoria del olvido, de la disociación del ser, de la locura, es que Homero nos presenta a la realidad en desfile ante nuestros ojos. El árbol es el lugar donde, a partir de los recuerdos y las palabras, han de ser invocados todos: la familia, los compañeros, los amigos, los solidarios, las voces, los indiferentes, los miserables, los envidiosos, los malaleches, los ruines, los locos, los etcétera. </p>
<p>Se nos aparece también la crueldad y la enfermedad de lo socialmente normal. Andrés Caicedo es de lejos un ser mucho más humano que muchos que vemos pasar en la novela. En una sociedad demente como la nuestra, algunos tienen permisos ocasionales para realizar actos que puedan afectar negativamente a otros y lo llamamos locura; pero de muchos seres normales se espera que al final del día hayan afectado negativamente a muchos otros seres y llamamos a eso éxito. La indiferencia y las miserias no pertenecen al mundo de la locura, pero son la moneda corriente del mundo; constituyen su normalidad.</p>
<p>La esperanza es que existen seres como Andrés; la esperanza es que aún queda lugar para la sinceridad y la solidaridad. Como lo dice el mismo Andrés en la novela: ¡Qué país! Tener que recurrir a un loco para que explique, significa que no estamos en una crisis política sino de conciencia nacional.</p>
<p><strong>El río de las voces</strong></p>
<p>Otras aguas que discurren a lo largo de la novela son las del mundo literario boliviano. Por la novela se verá pasar a más de una generación de escritores bolivianos; muchos con sus luces y que aparecen con su nombre, muchos con sus sombras y cuyos nombres son velados con un generoso silencio. <strong>El Árbol de los Recuerdos</strong> nos presenta un retrato necesario del mundo literario boliviano. Muchos creerán que las coincidencias son casuales: no lo son y dense por aludidos. Era necesario que alguien cuente las cosas que Homero nos relata en la novela. Nos hace bien nombrarlas, verlas escritas, verlas interpelarnos desde la página, nos hace bien asumirlas porque solo así podremos trascenderlas. Nadie se baña dos veces en el mismo río. Nadie que se sumerja en esta novela saldrá igual.</p>
<p>La temática de la novela es un aporte a la narrativa boliviana porque toca aspectos centrales de la experiencia humana que no habían sido tocados en nuestra literatura. Milan Kundera dice que la novela que no descubre una parte hasta entonces desconocida de la existencia es inmoral; el conocimiento es la única moral de la novela. Entonces <strong>El Árbol de los Recuerdos</strong> es una novela sobradamente justificada porque nos muestra lados de nosotros, de nuestro país y su gente –especialmente la del mundo literario-, que no habían sido mostrados antes y al hacerlo nos permite entendernos y trabajar sobre nosotros mismos.</p>
<p><strong>La condición humana</strong></p>
<p>El <strong>Árbol de los Recuerdos</strong> es una novela donde no pasa nada pero pasa todo y pasan todos; como nuestro país, o sea que no quedan dudas de que se trata de una novela boliviana. Homero nos plantea reflexionar sobre la condición humana a partir de muchas voces. Las voces del mundo y también las voces interiores. La esquizofrenia está presente en la novela, tanto como una condición del individuo, así como un estigma entre la sociedad. Homero nos muestra que la esquizofrenia es también parte de la experiencia humana; que la humanidad, la sensibilidad y la belleza existen también en lo que funciona diferente. A partir de sus diálogos con Andrés, el autor nos enseña que la lucidez, la poesía, la fraternidad y la divina humanidad que existen en el alma y la psiquis de cada uno siguen estando ahí, más allá de los prejuicios y las taras sociales. <strong>El Árbol de los Recuerdos</strong> es una afirmación de la vida, una celebración del espíritu, un elogio de la amistad y una voz de esperanza. En un mundo y un país que parecen salidos del otro lado del espejo, quizás alguna voz interior eligió apropiadamente este título para Andrés y Homero, y no por sus recuerdos, sino porque ambos dos son los únicos que están re-cuerdos y esta novela es su árbol.</p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Mujeres sin hombres de la escritora iraní Shahrnush Parsipur</title>
		<link>http://www.ecdotica.com/2010/04/09/mujeres-sin-hombres-de-la-escritora-irani-shahrnush-parsipur/</link>
		<comments>http://www.ecdotica.com/2010/04/09/mujeres-sin-hombres-de-la-escritora-irani-shahrnush-parsipur/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 09 Apr 2010 14:50:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Autores]]></category>
		<category><![CDATA[Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.ecdotica.com/?p=2765</guid>
		<description><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/04/Women-without-men1.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/04/Women-without-men1.jpg" alt="" title="Women without men" width="189" height="300" class="aligncenter size-full wp-image-2764" /></a></center><br />
<strong>Mujeres sin hombres<br />
Por Javier Claure C.</strong></p>
<p>Cuando leí el rótulo <strong>Mujeres sin hombres</strong>, me llamó mucho la atención. Me preguntaba: ¿Podrán haber mujeres sin hombres? Y al mismo tiempo, surgía la otra alternativa ¿Podrán haber hombres sin mujeres? La respuesta la tenía inmediatamente entre los labios y, con el permiso de todos, es un rotundo No. El binomio hombre-mujer, según mi opinión, es la combinación perfecta.</p>
<p>Durante el 10 de octubre del año pasado hasta el 21 de enero de este año se llevó a cabo, en la Casa de la Cultura de Estocolmo, una instalación de cuatro videos a cargo de la artista iraní Shirin Neshat. </p>
<p>El día de la inauguración llegó a Estocolmo para hablar de su obra ante una sala repleta, donde las mujeres formaban gran parte del público. Neshat, que actualmente vive en Estados Unidos, expuso al pueblo sueco una muestra de su primera película de largometraje: “Women without men” (Mujeres sin hombres), basada en la novela de la escritora iraní Shahrnush Parsipur. Una novela que describe la vida en Irán durante el golpe de Estado de 1953. Parsipur la escribió a finales de los años 70, pero se publicó en 1989. Nunca participó en política, sin embargo, fue apresada durante el régimen del Sha y de Khomeini por sus ideas un tanto liberales.</p>
<p>A decir verdad, el título es algo despistador, ya que los hombres están presentes a lo largo de la novela.<br />
La visitante iraní, pulcramente vestida y bien maquillada, recordó que en la guerra entre Irán e Irak murieron dos tíos (por parte de su madre) que eran simpatisantes de izquierda. Y agregó: “&#8230; cuando mi madre regresaba a casa del trabajo, solía salir a la terraza con un montón de madejas de lana y se ponía a tejer. No hablaba mucho, sino tejía y tejía ropa para nosotros que eramos niños”. Era, tal vez, una manera de estar en luto por sus hermanos.</p>
<p>Al final de su discurso, le pregunté a que público quería llegar, a lo que me contestó:  </p>
<p><em>“Desgraciadamente cuando analizan mi arte, a veces, sólo toman en cuenta el aspecto político, pero mi arte va mucho más allá de lo político. Me dirijo al público iraní e internacional. La tendencia de ciertas mujeres a un auto castigo es universal”.</em></p>
<p>Durante la Guerra Fría, Estados Unidos, con el presidente David Eisenhower a la cabeza, junto al Sha e Inglaterra organizaron, mediante las armas, el derrocamiento de un gobierno democráticamente elegido. Por aquel entonces, Irán era gobernado por Mohammed Mossadegh, quien había legislado la nacionalización del petróleo. Los británicos y estadounidenses sumamente disgustados por esta reforma, llevaron a cabo el golpe de Estado; para luego establecer una monarquía dirigida por el Sha Mohammad Reza Pahlavi.</p>
<p>Los temas centrales de la obra de Neshat son: el poder, la identidad, el rol que juega la mujer en la sociedad, los tabúes que existen en torno a la sexualidad femenina y la opresión a la mujer, es decir, pone sobre la mesa tópicos que son actuales en cualquier parte del mundo.</p>
<p>Los videos expuestos al público, hacían alusión a mujeres que se refugiaban en un jardín o dentro de cuatro paredes, trás el caos político y militar que reinaba en Irán en esa época. Otras mujeres buscaban su libertad de las cadenas a las que habían sido atadas, y como palomas querían volar para experimentar la vida a solas. Este acto de supervivencia, en la novela, no siempre termina satisfactoriamente.</p>
<p>Así pues, en la novela, podemos leer sobre Mahdokht. Una mujer que, al igual que la madre de la autora de la película, se la pasa tejiendo ropa para los hijos de su hermano Hoshangs. Sueña con ser Julie Andrews de la película “The sound of music” (El sonido de la música), que cuida a siete niños.</p>
<p>Mahdokht posee una sensibilidad de cristal, le fascinan los niños; pero tiene un excesivo temor al sexo, causa que la lleva a reencarnarse en un árbol. Un día, cuando se encontraba en la casa de Hoshangs, salió al patio a tomar aire fresco. Entró a un pequeño invernadero situado en el jardín de la casa. De pronto, escuchó ardientes jadeos, quejidos de amor y sintió un olor a cuerpo humano. Fati, la empleada de la casa de tan sólo 15 años, estaba ahí revolcándose con el jardinero, Yadollah, que le doblaba en edad. Al ver esa erótica escena, le empezaron a temblar las rodillas y al mismo tiempo le entró una curiosidad. Mahdokht observaba excitada ese cuadro, al que ella rechazaba categóricamente. La tierna pareja se dio cuenta que alguien les miraba. Fati lanzó un vistazo a Mahdokht suplicándole que no contará a nadie. De lo contrario su destino sería el cementerio. Mahdokht aceptó el trato, pero reprochaba duramente el comportamiento de Fati.</p>
<p>-	Mi  virginidad es como un árbol, repetía Mahdokht con voz suave. </p>
<p>En ese momento pensó transformarse en un árbol. Entonces quería meterse a la tierra, para luego salir con ramas, hojas y un tronco que le sostenga toda la vida. Así, al menos, crecería cerca de un riachuelo. Estaría cerca del pasto, de plantas silvestres y ranas que croan por la noches. Sería un lugar lleno de árboles Mahdokht. Este único árbol se exportaría a todo el mundo.</p>
<p>Shahrnush Parsipur, dijo en una entrevista: “Había un periódo en la historia, en el que la fertilidad se comparaba con el cuidado de un jardín y la santa prostitución. Por eso es natural que una prostituta y un jardinero, que tienen las profesiones más antiguas, se junten en este acto de amor; para formar una relación armónica entre un hombre y una mujer”. </p>
<p>Otro episodio pertenece justamente a la cruda realidad de la prostitución como símbolo del libertinaje desenfrenado. Zarin, una mujer de 26 años y de buen carácter, trabaja en el burdel “Akram”. Las demás prostituas la aprecian por su jovialidad, mientras que la dueña del burdel la tiene sin vida. Muy temprano por las mañanas, cuando descansaba despues de haber complacido a 20, 25 y, hasta a veces, 30 hombres, escuchaba una voz de trueno:</p>
<p>-	Zari, ha llegado un cliente y tiene prisa!</p>
<p>Somnolienta tenía ganas de contestarle un disparate, pero se las aguantaba. Al termino de una pequeña pausa, se oía nuevamente una voz con un tono más fuerte.</p>
<p>-	Zari, ¿No me escuchas? Te dije que llegó un cliente.</p>
<p>Sin tomar desayuno, se arregló rápido, entró a un cuarto donde el cliente la esperaba. Se quitó la ropa y abrió las piernas para que le penetrara. Estaba de espaldas apática con los ojos abiertos. De repente se dio cuenta que el hombre, que cabalgaba sus caderas, no tenía cabeza. Se asustó terriblemente y después de este acontecimiento veía a todos los clientes sin cabeza. Para aliviar su pena cantaba todas las noches a una hora determinada. Zari, muy amargada, contó esta historia a otra mujer del burdel. Su compañera de trabajo la escuchó asombrada y le aconsejó que suplique a Dios con las manos puestas en el Corán. Fue entonces cuando Zari decidió abandonar, por unos días, el burdel. Se dirigió a un balneario, donde una mujer le refregó el cuerpo con agua cristalina y jabón, quitándole toda la mugredad del alma. No contenta de semejante limpieza, siguió, por cuenta propia, refregándose el cuerpo hasta dejarlo rojo y maltratado. Pero debía estar limpia para rezar.</p>
<p>Otras dos mujeres, Moones y Faezeh, conversaban acerca de la virginidad, llegando a la conclusión que su sexualidad había sido, implícitamente, controlada por las reglas del hogar:</p>
<p>-	El himen de una mujer, ¿No es acaso una membrana como suelen decir?, preguntó Moones. Mi madre decía que cuando una niña salta desde una altura considerable, pues se rompe esa membrana. Entonces Dios no perdona a una niña que no tiene himen, añadió afligida.</p>
<p>-	Tonterías, es un orificio pequeño. Lo he leído en un libro. Respondió Faezeh.</p>
<p>-	Me voy a vengar de esta mentira que la he llevado 28 años en mis adentros, dijo Moones para si misma.</p>
<p>En ese momento Amir entró al cuarto donde estaban hablando. Faezeh se levantó rapidamente de la silla para mostrar su respeto por Amir, quién advirtió que no salieran porque afuera se daban los disturbios políticos y militares. Sin embargo, Moones decidió romper con todo lo tradicional; se fue de la casa y durante un mes se dedicó a pasear por la ciudad. Quizá fue esta conducta, la venganza ante el engaño de la virginidad que le habían hecho creer desde niña. Los primeros días, de su libertad, era un alboroto: los rivales políticos se mataban, apresaban a la gente, circulaban tanques por las calles, gente herida caía al suelo, griteríos por todas partes etc. Finalmente, se calmó el barullo. Moones paseaba sin cesar. Una vez caminando por el centro de Teherán, entró a una tienda de libros usados. Allí econtró un libro, cuyo título era: “Información sexual”, lo compró con 50 rials. La curiosidad era tal, que se sentó bajo la sombra de un árbol y lo leyó tres veces. Ahora se sentía muchos más madura. Un buen día de madrugada volvió a su casa. La empleada, Alieh, abrió la puerta y dio un grito:</p>
<p>-	¿Dónde has estado, tus padres y hermano te han buscado por todas partes?</p>
<p>-	Querida Alieh, ya no soy la de antes. Ahora se mucho más de la vida, respondió Moones en voz baja. </p>
<p>Después de un cuarto de hora llegó Amir a la casa, y elevó el grito al cielo:</p>
<p>-	¿ Dónde has estado estupida indecente? Has deshonrado a la familia. Todo el mundo sabe que has desaparecido un mes.</p>
<p>-	Solamente he paseado durante un mes con el permiso de ustedes, exclamó Moones humildemente.</p>
<p> Amir se quitó, inmediatamente, el cinturón de cuero y la empezó a pegar brutalmente un buen rato.</p>
<p>-	¿Por qué me pegas Amir, te has vuelto loco?, reclamó Moones con dolor en el cuerpo.</p>
<p>Cuando escuhó estas palabras, Amir se volvió, aun, más loco. Fue a la cocina, empuñó un cuchillo y lo clavó en el corazón de Moones. Ella dio el último suspiro y cayó muerta desangrándose. </p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/04/Women-without-men1.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/04/Women-without-men1.jpg" alt="" title="Women without men" width="189" height="300" class="aligncenter size-full wp-image-2764" /></a></center><br />
<strong>Mujeres sin hombres<br />
Por Javier Claure C.</strong></p>
<p>Cuando leí el rótulo <strong>Mujeres sin hombres</strong>, me llamó mucho la atención. Me preguntaba: ¿Podrán haber mujeres sin hombres? Y al mismo tiempo, surgía la otra alternativa ¿Podrán haber hombres sin mujeres? La respuesta la tenía inmediatamente entre los labios y, con el permiso de todos, es un rotundo No. El binomio hombre-mujer, según mi opinión, es la combinación perfecta.</p>
<p>Durante el 10 de octubre del año pasado hasta el 21 de enero de este año se llevó a cabo, en la Casa de la Cultura de Estocolmo, una instalación de cuatro videos a cargo de la artista iraní Shirin Neshat. </p>
<p>El día de la inauguración llegó a Estocolmo para hablar de su obra ante una sala repleta, donde las mujeres formaban gran parte del público. Neshat, que actualmente vive en Estados Unidos, expuso al pueblo sueco una muestra de su primera película de largometraje: “Women without men” (Mujeres sin hombres), basada en la novela de la escritora iraní Shahrnush Parsipur. Una novela que describe la vida en Irán durante el golpe de Estado de 1953. Parsipur la escribió a finales de los años 70, pero se publicó en 1989. Nunca participó en política, sin embargo, fue apresada durante el régimen del Sha y de Khomeini por sus ideas un tanto liberales.</p>
<p>A decir verdad, el título es algo despistador, ya que los hombres están presentes a lo largo de la novela.<br />
La visitante iraní, pulcramente vestida y bien maquillada, recordó que en la guerra entre Irán e Irak murieron dos tíos (por parte de su madre) que eran simpatisantes de izquierda. Y agregó: “&#8230; cuando mi madre regresaba a casa del trabajo, solía salir a la terraza con un montón de madejas de lana y se ponía a tejer. No hablaba mucho, sino tejía y tejía ropa para nosotros que eramos niños”. Era, tal vez, una manera de estar en luto por sus hermanos.</p>
<p>Al final de su discurso, le pregunté a que público quería llegar, a lo que me contestó:  </p>
<p><em>“Desgraciadamente cuando analizan mi arte, a veces, sólo toman en cuenta el aspecto político, pero mi arte va mucho más allá de lo político. Me dirijo al público iraní e internacional. La tendencia de ciertas mujeres a un auto castigo es universal”.</em></p>
<p>Durante la Guerra Fría, Estados Unidos, con el presidente David Eisenhower a la cabeza, junto al Sha e Inglaterra organizaron, mediante las armas, el derrocamiento de un gobierno democráticamente elegido. Por aquel entonces, Irán era gobernado por Mohammed Mossadegh, quien había legislado la nacionalización del petróleo. Los británicos y estadounidenses sumamente disgustados por esta reforma, llevaron a cabo el golpe de Estado; para luego establecer una monarquía dirigida por el Sha Mohammad Reza Pahlavi.</p>
<p>Los temas centrales de la obra de Neshat son: el poder, la identidad, el rol que juega la mujer en la sociedad, los tabúes que existen en torno a la sexualidad femenina y la opresión a la mujer, es decir, pone sobre la mesa tópicos que son actuales en cualquier parte del mundo.</p>
<p>Los videos expuestos al público, hacían alusión a mujeres que se refugiaban en un jardín o dentro de cuatro paredes, trás el caos político y militar que reinaba en Irán en esa época. Otras mujeres buscaban su libertad de las cadenas a las que habían sido atadas, y como palomas querían volar para experimentar la vida a solas. Este acto de supervivencia, en la novela, no siempre termina satisfactoriamente.</p>
<p>Así pues, en la novela, podemos leer sobre Mahdokht. Una mujer que, al igual que la madre de la autora de la película, se la pasa tejiendo ropa para los hijos de su hermano Hoshangs. Sueña con ser Julie Andrews de la película “The sound of music” (El sonido de la música), que cuida a siete niños.</p>
<p>Mahdokht posee una sensibilidad de cristal, le fascinan los niños; pero tiene un excesivo temor al sexo, causa que la lleva a reencarnarse en un árbol. Un día, cuando se encontraba en la casa de Hoshangs, salió al patio a tomar aire fresco. Entró a un pequeño invernadero situado en el jardín de la casa. De pronto, escuchó ardientes jadeos, quejidos de amor y sintió un olor a cuerpo humano. Fati, la empleada de la casa de tan sólo 15 años, estaba ahí revolcándose con el jardinero, Yadollah, que le doblaba en edad. Al ver esa erótica escena, le empezaron a temblar las rodillas y al mismo tiempo le entró una curiosidad. Mahdokht observaba excitada ese cuadro, al que ella rechazaba categóricamente. La tierna pareja se dio cuenta que alguien les miraba. Fati lanzó un vistazo a Mahdokht suplicándole que no contará a nadie. De lo contrario su destino sería el cementerio. Mahdokht aceptó el trato, pero reprochaba duramente el comportamiento de Fati.</p>
<p>-	Mi  virginidad es como un árbol, repetía Mahdokht con voz suave. </p>
<p>En ese momento pensó transformarse en un árbol. Entonces quería meterse a la tierra, para luego salir con ramas, hojas y un tronco que le sostenga toda la vida. Así, al menos, crecería cerca de un riachuelo. Estaría cerca del pasto, de plantas silvestres y ranas que croan por la noches. Sería un lugar lleno de árboles Mahdokht. Este único árbol se exportaría a todo el mundo.</p>
<p>Shahrnush Parsipur, dijo en una entrevista: “Había un periódo en la historia, en el que la fertilidad se comparaba con el cuidado de un jardín y la santa prostitución. Por eso es natural que una prostituta y un jardinero, que tienen las profesiones más antiguas, se junten en este acto de amor; para formar una relación armónica entre un hombre y una mujer”. </p>
<p>Otro episodio pertenece justamente a la cruda realidad de la prostitución como símbolo del libertinaje desenfrenado. Zarin, una mujer de 26 años y de buen carácter, trabaja en el burdel “Akram”. Las demás prostituas la aprecian por su jovialidad, mientras que la dueña del burdel la tiene sin vida. Muy temprano por las mañanas, cuando descansaba despues de haber complacido a 20, 25 y, hasta a veces, 30 hombres, escuchaba una voz de trueno:</p>
<p>-	Zari, ha llegado un cliente y tiene prisa!</p>
<p>Somnolienta tenía ganas de contestarle un disparate, pero se las aguantaba. Al termino de una pequeña pausa, se oía nuevamente una voz con un tono más fuerte.</p>
<p>-	Zari, ¿No me escuchas? Te dije que llegó un cliente.</p>
<p>Sin tomar desayuno, se arregló rápido, entró a un cuarto donde el cliente la esperaba. Se quitó la ropa y abrió las piernas para que le penetrara. Estaba de espaldas apática con los ojos abiertos. De repente se dio cuenta que el hombre, que cabalgaba sus caderas, no tenía cabeza. Se asustó terriblemente y después de este acontecimiento veía a todos los clientes sin cabeza. Para aliviar su pena cantaba todas las noches a una hora determinada. Zari, muy amargada, contó esta historia a otra mujer del burdel. Su compañera de trabajo la escuchó asombrada y le aconsejó que suplique a Dios con las manos puestas en el Corán. Fue entonces cuando Zari decidió abandonar, por unos días, el burdel. Se dirigió a un balneario, donde una mujer le refregó el cuerpo con agua cristalina y jabón, quitándole toda la mugredad del alma. No contenta de semejante limpieza, siguió, por cuenta propia, refregándose el cuerpo hasta dejarlo rojo y maltratado. Pero debía estar limpia para rezar.</p>
<p>Otras dos mujeres, Moones y Faezeh, conversaban acerca de la virginidad, llegando a la conclusión que su sexualidad había sido, implícitamente, controlada por las reglas del hogar:</p>
<p>-	El himen de una mujer, ¿No es acaso una membrana como suelen decir?, preguntó Moones. Mi madre decía que cuando una niña salta desde una altura considerable, pues se rompe esa membrana. Entonces Dios no perdona a una niña que no tiene himen, añadió afligida.</p>
<p>-	Tonterías, es un orificio pequeño. Lo he leído en un libro. Respondió Faezeh.</p>
<p>-	Me voy a vengar de esta mentira que la he llevado 28 años en mis adentros, dijo Moones para si misma.</p>
<p>En ese momento Amir entró al cuarto donde estaban hablando. Faezeh se levantó rapidamente de la silla para mostrar su respeto por Amir, quién advirtió que no salieran porque afuera se daban los disturbios políticos y militares. Sin embargo, Moones decidió romper con todo lo tradicional; se fue de la casa y durante un mes se dedicó a pasear por la ciudad. Quizá fue esta conducta, la venganza ante el engaño de la virginidad que le habían hecho creer desde niña. Los primeros días, de su libertad, era un alboroto: los rivales políticos se mataban, apresaban a la gente, circulaban tanques por las calles, gente herida caía al suelo, griteríos por todas partes etc. Finalmente, se calmó el barullo. Moones paseaba sin cesar. Una vez caminando por el centro de Teherán, entró a una tienda de libros usados. Allí econtró un libro, cuyo título era: “Información sexual”, lo compró con 50 rials. La curiosidad era tal, que se sentó bajo la sombra de un árbol y lo leyó tres veces. Ahora se sentía muchos más madura. Un buen día de madrugada volvió a su casa. La empleada, Alieh, abrió la puerta y dio un grito:</p>
<p>-	¿Dónde has estado, tus padres y hermano te han buscado por todas partes?</p>
<p>-	Querida Alieh, ya no soy la de antes. Ahora se mucho más de la vida, respondió Moones en voz baja. </p>
<p>Después de un cuarto de hora llegó Amir a la casa, y elevó el grito al cielo:</p>
<p>-	¿ Dónde has estado estupida indecente? Has deshonrado a la familia. Todo el mundo sabe que has desaparecido un mes.</p>
<p>-	Solamente he paseado durante un mes con el permiso de ustedes, exclamó Moones humildemente.</p>
<p> Amir se quitó, inmediatamente, el cinturón de cuero y la empezó a pegar brutalmente un buen rato.</p>
<p>-	¿Por qué me pegas Amir, te has vuelto loco?, reclamó Moones con dolor en el cuerpo.</p>
<p>Cuando escuhó estas palabras, Amir se volvió, aun, más loco. Fue a la cocina, empuñó un cuchillo y lo clavó en el corazón de Moones. Ella dio el último suspiro y cayó muerta desangrándose. </p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
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		</item>
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		<title>Ensayo sobre Dochera</title>
		<link>http://www.ecdotica.com/2010/04/07/ensayo-sobre-dochera/</link>
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		<pubDate>Wed, 07 Apr 2010 13:50:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuento]]></category>
		<category><![CDATA[Ensayo]]></category>

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		<description><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/04/Dochera.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/04/Dochera.jpg" alt="" title="Dochera" width="91" height="133" class="aligncenter size-full wp-image-2759" /></a></center><br />
<strong>Mukhtir<br />
Por: William Julio Camacho Sanjinés</strong></p>
<p>La seducción, según Baudrillard, plantea un juego con sus propias reglas, perturbando el orden establecido, cosa que podemos apreciar en “Dochera”, cuento de Edmundo Paz Soldán. Sin embargo, en este relato, la seducción no sólo consigue alterar el orden, sino que instaura uno nuevo, es decir, determina el paso de un orden a otro, el salto a una dimensión paralela donde el protagonista asume el rol de Dios, de creador supremo, de <em>Hacedor</em>.</p>
<p><em>Todas las tardes la hija de Inaco se llama Io, Aar es el río de Suiza, Somerset Maugham ha escrito La luna y seis peniques y Philip Dick ¿Sueñañ los androides con ovejas eléctricas? El símbolo químico del oro es Au, Ravel ha compuesto el Bolero y hay puntos y rayas que indican letras. Insípido es soso, las iniciales del asesino de Lincoln son JWB, las casas de campo de los jerarcas rusos son dachas, Puskas es un gran futbolista húngaro, Verónica Lake es una famosa femme fatale, héroe de Calama es Avaroa y la palabra clave de Ciudadano Kane es Rosebud.</em><br />
<strong>(Fragmento de “Dochera”) </strong></p>
<p>Todas las tardes de Benjamín Laredo están enmarcadas en la realidad absoluta, en los referentes concretos que proporcionan los libros del saber humano. El misterio que propone en sus crucigramas no es más que un tenue velo presto/pronto a ser retirado por una buena enciclopedia o el caudal de conocimiento que puede albergar el cerebro. Esta aparente seducción no es más que una proposición con masculinidad ofensiva. Ofensiva, por la simpleza con que está planteada; masculina, porque <em>impone una discriminación segura y un criterio absoluto de veracidad </em>(tal como Baudrillard considera lo masculino). Los asiduos “llenadores” de crucigramas aceptan tal propuesta, no porque estén efectivamente seducidos por ella, sino más bien porque conocen la forma de evitar ser seducidos: basta con abrir un diccionario y comenzar a llenar los cuadros vacíos, no hay trampas, no hay nada inefable, no hay feminidad, es decir, de acuerdo con Baudrillard, <em>no hay insolubilidad que perturbe el orden establecido</em>.</p>
<p>Laredo vive rutinariamente. Después de almorzar, se pone un terno negro, se engalana para comenzar su trabajo cotidiano, siempre acompañado de una botella de vino tinto y el concierto de violín de Mendelssohn; cobra sus cheques diariamente, a excepción de sábados y domingos, y regresa a casa con las palabras, y sus definiciones, revoloteando en su cabeza. Todo lo que le rodea está sujeto a un orden, a las leyes del idioma. Así, mientras camina por la calle, no puede dejar de definir lo que ve a su alrededor: “Todo le parecía radiante, incluso el mendigo sentado en la acera con la <em>descoyuntada cintura ósea que termina por la parte inferior del cuerpo humano</em> (seis letras), y el adolescente que apareció de improviso en una esquina, lo golpeó al pasar y tenía una <em>grotesca prominencia que forma el cartílago tiroides en la parte anterior del cuello</em> (cuatro letras)”. Todo está (pre)definido, no hay misterios, no hay nada que altere su rutina. Un antiguo desengaño amoroso parece haberlo remitido a tal condición; ni siquiera los intentos de seducción de la secretaria del periódico logran perturbarlo: no seduce ni es seducido.</p>
<p>Sin embargo, tal situación cambia cuando el azar interviene en su vida, marcándole un encuentro con Dochera, una misteriosa mujer a quien sólo consigue arrancarle el nombre. A partir de ese instante, Laredo se convierte en seductor, no sólo de la mujer que ama –o cree amar–, sino también de los fanáticos del crucigrama. Esa especie de ritual –engalanamiento– que precede a todas su creaciones cobra ahora una nueva dimensión, pues él trata de enviar un mensaje/proposición a la mujer que lo ha trastornado. <em>La seducción es del orden de lo ritual, el sexo y el deseo son del orden de lo natural</em>, dice Baudrillard. Pero no sólo es el ritual del engalanamiento, también está el ritual del crucigrama mismo: la preparación minuciosa, el mensaje que sólo puede entender la destinataria y, finalmente, la construcción de una ilusión, la (re)escritura del mundo.</p>
<p>Sí, Laredo intentará seducir, atraer a Dochera a su espacio y, al mismo tiempo, seducirá –ahora en serio– a los que diariamente entablaban un duelo con él en la página A14 del periódico. Seducirá, porque el misterio que sus crucigramas comienzan a proponer perturbar el orden; se alejan de la masculinidad para revestirse de un carácter femenino, en tanto insoluble, que atrapa a sus fanáticos en un juego alejado de la ley, en un juego que se rige por reglas propias. Como dice Baudrillard, la seducción no es un espacio de deseo, sino de juego y desafío; y ambos están planteados en los crucigramas/mensajes de Laredo, que aparte de manifestar una transgresión, materializan el ritual de seducción al que apela para encontrar a Dochera. La transgresión seduce a los jugadores; el ritual intenta seducir a la mujer misteriosa.</p>
<p>Claro que Benjamín también está siendo seducido, no por Dochera, sino por el halo de misterio que la envuelve, por la imposibilidad de definirla, de asignarle un número de letras. Como si se tratara de casillas vacías en medio de un crucigrama, Laredo intenta recordar/rellenar <em>una imagen que correspondiera con la nariz aguileña, la tez morena y la quijada prominente, la expresión entre recelosa y asustada. ¿Un rostro entrevisto en la infancia, en una sala de espera en un hospital (&#8230;)? ¿En la puerta del cine de barrio, a la hora de la entrada triunfal de las chicas de minifaldas rutilantes (&#8230;)?</em> No hay enciclopedia a la que pueda recurrir; su vida se ha transformado en un crucigrama inconcluso. En este caso, la seducción parece ser autónoma, ajena a la voluntad de Dochera, aunque, por el desenlace del cuento, cabe suponer que, si bien en un principio sólo es su misterio lo que seduce, luego de leer y entender los mensajes de Laredo, ella se transforma, voluntariamente, en seductora, alejándose de Benjamín, retrasando el contacto, perturbando completamente el orden en que él había vivido siempre. Así, la estrategia que ella emplea resulta efectiva, pues –siguiendo con Baudrillard– la seducción es una estrategia de desplazamiento (<em>se–ducere</em>: llevar a parte, desviar de su vía). Laredo ha sido desviado de su vía; se ha alejado de las leyes del crucigrama o, mejor dicho, las ha transgredido para poder seducir a Dochera. Laredo ha penetrado en el juego que plantea la seducción: es seductor que mientras más intenta seducir, más seducido queda.</p>
<p>Aparentemente, Dochera ha decidido no responder a Laredo; mantener el misterio, o acrecentarlo, permaneciendo como espejismo. <em>Seducir es morir como realidad y producirse como ilusión</em>, dice Baudrillard, de modo que la estrategia de la seducción es la de la ilusión. Entonces, Dochera, para Benjamín, no es realidad, es ilusión. Como realidad, como la mujer del mechón blanco y la quijada prominente, le provocó deseo; como ilusión, lo sedujo.</p>
<p>La voluntad de Laredo es seducir a Dochera, pero, involuntariamente, ha seducido a los que llenan sus crucigramas; el mismo efecto del misterio los seduce. Los crucigramas se tornan irresolubles y, aunque es posible que paulatinamente los jugadores se vayan habituando y logren llenar algunas casillas, nadie podría imaginar que el <em>Hacedor</em> –tal como lo llaman en su ciudad– hubiese rebautizado a Caracas como Senzal, y a Venezuela, como Zardo; que Piedras Blancas sea ahora un anagrama de su apellido; que cintura sea doluth o que los pekineses sean zendalas. Los diccionarios, las enciclopedias, han perdido valor; el orden ha sido alterado, las leyes transgredidas, el desafío ha sido planteado y los jugadores han aceptado las reglas: la seducción se ha cumplido. Sin embargo, Laredo no quiere seducir a los jugadores, sino a Dochera.</p>
<p>Los dos participan en un desafío, cada quien utiliza las armas que tiene al alcance para lograr su meta: no ser seducidos. Como indica Baudrillard,<em> si bien la seducción es una pasión o un destino, es la pasión inversa la que triunfa más a menudo: la de no ser seducido. Luchamos por fortalecernos en nuestra verdad, luchamos contra el que quiere seducirnos. Renunciamos a seducir por miedo a ser seducidos. Todos los medios son buenos para escapar de ello. Van desde seducir al otro sin tregua para no ser seducido, hasta hacer como si uno estuviera seducido para poner término a cualquier seducción</em>. En efecto, Laredo y Dochera se están seduciendo el uno al otro, pero parece que lo hicieran como un modo de defensa para evitar ser seducidos. En Dochera, esto resulta prácticamente obvio, pues en las líneas finales del cuento, nos damos cuenta de que ella ha recibido los mensajes de Laredo, lo que implica que todo el tiempo ella optó por no responder, por mantener el misterio, por desviar (se–ducere) a su contendiente; ello indica su deseo de no ser seducida, de no ceder ante todo el ritual desplegado por Laredo y, sin embrago, continuar con la seducción, llevarla hasta el límite. Por su parte, Laredo intenta seducirla, pero esa seducción está funcionando como defensa, pues, en realidad, lo que pretende es develar el misterio, llenar las casillas en blanco que corresponden a la pista de Dochera; pretende apartar las apariencias –el halo de misterio–, con lo cual la seducción –de ella hacia él– acabaría, ya que, como expresa Baudrillard, <em>al apartar las apariencias la ausencia de verdad sale a la luz</em>. </p>
<p>Y así ocurre: nuevamente el azar hace que Benjamín se encuentre con Dochera. Inútil es que ella escape, que prolongue el misterio, su fuerza radicaba en el ocultamiento; sólo le resta tender la mano e invitar a Laredo a subir al taxi: el ritual del <em>Hacedor</em> tuvo éxito. Pero él ha apartado las apariencias, Dochera ya no es el misterio, la ilusión, sino, la realidad, parte de un mundo que ya no significa nada para él. Así, Dochera pasa a ser Mukhtir, siete letras que llenan las casillas vacías del crucigrama existencial de Laredo.</p>
<p>Juego doblemente perverso: la mujer que ha querido ser más deseada que deseante, seductora no seducida, que ha deseado el deseo del otro, sin su halo de misterio ya no es deseada, es seducida; no tiene al otro ni a su deseo. El hombre, maestro del ritual, seductor paciente que ha transgredido las leyes, que ha logrado la inflexión en su vida, evita ser seducido, lo que conlleva terminar el juego e instaurarse de nuevo en un orden, aunque en un mundo distinto –una ciudad distinta: Delora–, en un espacio donde él dicta las normas. Así, Laredo ha llenado las casillas vacías de su vida, siete letras que no corresponden a Dochera, sino a Mukhtir. Él ha pasado a otra dimensión, donde en vez de consultar libros para crear los crucigramas, está inventando un universo particular, nombrando todos sus elementos, dotando a las palabras del poder propio del <em>Hacedor</em>. </p>
<p><strong>Referencias bibliográficas:</strong>	</p>
<p>Baudrillard, Jean. 1998. De la seducción, Madrid, Cátedra.</p>
<p>Paz Soldán, Edmundo. 1998. “Dochera” en Dochera y otros cuentos, Nuevo Milenio, Cochabamba.</p>
<p><em>Fuente: Ecdótica y <a href="http://www.trestribuscine.com/urbandina/">Urbandina</a></em></p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/04/Dochera.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/04/Dochera.jpg" alt="" title="Dochera" width="91" height="133" class="aligncenter size-full wp-image-2759" /></a></center><br />
<strong>Mukhtir<br />
Por: William Julio Camacho Sanjinés</strong></p>
<p>La seducción, según Baudrillard, plantea un juego con sus propias reglas, perturbando el orden establecido, cosa que podemos apreciar en “Dochera”, cuento de Edmundo Paz Soldán. Sin embargo, en este relato, la seducción no sólo consigue alterar el orden, sino que instaura uno nuevo, es decir, determina el paso de un orden a otro, el salto a una dimensión paralela donde el protagonista asume el rol de Dios, de creador supremo, de <em>Hacedor</em>.</p>
<p><em>Todas las tardes la hija de Inaco se llama Io, Aar es el río de Suiza, Somerset Maugham ha escrito La luna y seis peniques y Philip Dick ¿Sueñañ los androides con ovejas eléctricas? El símbolo químico del oro es Au, Ravel ha compuesto el Bolero y hay puntos y rayas que indican letras. Insípido es soso, las iniciales del asesino de Lincoln son JWB, las casas de campo de los jerarcas rusos son dachas, Puskas es un gran futbolista húngaro, Verónica Lake es una famosa femme fatale, héroe de Calama es Avaroa y la palabra clave de Ciudadano Kane es Rosebud.</em><br />
<strong>(Fragmento de “Dochera”) </strong></p>
<p>Todas las tardes de Benjamín Laredo están enmarcadas en la realidad absoluta, en los referentes concretos que proporcionan los libros del saber humano. El misterio que propone en sus crucigramas no es más que un tenue velo presto/pronto a ser retirado por una buena enciclopedia o el caudal de conocimiento que puede albergar el cerebro. Esta aparente seducción no es más que una proposición con masculinidad ofensiva. Ofensiva, por la simpleza con que está planteada; masculina, porque <em>impone una discriminación segura y un criterio absoluto de veracidad </em>(tal como Baudrillard considera lo masculino). Los asiduos “llenadores” de crucigramas aceptan tal propuesta, no porque estén efectivamente seducidos por ella, sino más bien porque conocen la forma de evitar ser seducidos: basta con abrir un diccionario y comenzar a llenar los cuadros vacíos, no hay trampas, no hay nada inefable, no hay feminidad, es decir, de acuerdo con Baudrillard, <em>no hay insolubilidad que perturbe el orden establecido</em>.</p>
<p>Laredo vive rutinariamente. Después de almorzar, se pone un terno negro, se engalana para comenzar su trabajo cotidiano, siempre acompañado de una botella de vino tinto y el concierto de violín de Mendelssohn; cobra sus cheques diariamente, a excepción de sábados y domingos, y regresa a casa con las palabras, y sus definiciones, revoloteando en su cabeza. Todo lo que le rodea está sujeto a un orden, a las leyes del idioma. Así, mientras camina por la calle, no puede dejar de definir lo que ve a su alrededor: “Todo le parecía radiante, incluso el mendigo sentado en la acera con la <em>descoyuntada cintura ósea que termina por la parte inferior del cuerpo humano</em> (seis letras), y el adolescente que apareció de improviso en una esquina, lo golpeó al pasar y tenía una <em>grotesca prominencia que forma el cartílago tiroides en la parte anterior del cuello</em> (cuatro letras)”. Todo está (pre)definido, no hay misterios, no hay nada que altere su rutina. Un antiguo desengaño amoroso parece haberlo remitido a tal condición; ni siquiera los intentos de seducción de la secretaria del periódico logran perturbarlo: no seduce ni es seducido.</p>
<p>Sin embargo, tal situación cambia cuando el azar interviene en su vida, marcándole un encuentro con Dochera, una misteriosa mujer a quien sólo consigue arrancarle el nombre. A partir de ese instante, Laredo se convierte en seductor, no sólo de la mujer que ama –o cree amar–, sino también de los fanáticos del crucigrama. Esa especie de ritual –engalanamiento– que precede a todas su creaciones cobra ahora una nueva dimensión, pues él trata de enviar un mensaje/proposición a la mujer que lo ha trastornado. <em>La seducción es del orden de lo ritual, el sexo y el deseo son del orden de lo natural</em>, dice Baudrillard. Pero no sólo es el ritual del engalanamiento, también está el ritual del crucigrama mismo: la preparación minuciosa, el mensaje que sólo puede entender la destinataria y, finalmente, la construcción de una ilusión, la (re)escritura del mundo.</p>
<p>Sí, Laredo intentará seducir, atraer a Dochera a su espacio y, al mismo tiempo, seducirá –ahora en serio– a los que diariamente entablaban un duelo con él en la página A14 del periódico. Seducirá, porque el misterio que sus crucigramas comienzan a proponer perturbar el orden; se alejan de la masculinidad para revestirse de un carácter femenino, en tanto insoluble, que atrapa a sus fanáticos en un juego alejado de la ley, en un juego que se rige por reglas propias. Como dice Baudrillard, la seducción no es un espacio de deseo, sino de juego y desafío; y ambos están planteados en los crucigramas/mensajes de Laredo, que aparte de manifestar una transgresión, materializan el ritual de seducción al que apela para encontrar a Dochera. La transgresión seduce a los jugadores; el ritual intenta seducir a la mujer misteriosa.</p>
<p>Claro que Benjamín también está siendo seducido, no por Dochera, sino por el halo de misterio que la envuelve, por la imposibilidad de definirla, de asignarle un número de letras. Como si se tratara de casillas vacías en medio de un crucigrama, Laredo intenta recordar/rellenar <em>una imagen que correspondiera con la nariz aguileña, la tez morena y la quijada prominente, la expresión entre recelosa y asustada. ¿Un rostro entrevisto en la infancia, en una sala de espera en un hospital (&#8230;)? ¿En la puerta del cine de barrio, a la hora de la entrada triunfal de las chicas de minifaldas rutilantes (&#8230;)?</em> No hay enciclopedia a la que pueda recurrir; su vida se ha transformado en un crucigrama inconcluso. En este caso, la seducción parece ser autónoma, ajena a la voluntad de Dochera, aunque, por el desenlace del cuento, cabe suponer que, si bien en un principio sólo es su misterio lo que seduce, luego de leer y entender los mensajes de Laredo, ella se transforma, voluntariamente, en seductora, alejándose de Benjamín, retrasando el contacto, perturbando completamente el orden en que él había vivido siempre. Así, la estrategia que ella emplea resulta efectiva, pues –siguiendo con Baudrillard– la seducción es una estrategia de desplazamiento (<em>se–ducere</em>: llevar a parte, desviar de su vía). Laredo ha sido desviado de su vía; se ha alejado de las leyes del crucigrama o, mejor dicho, las ha transgredido para poder seducir a Dochera. Laredo ha penetrado en el juego que plantea la seducción: es seductor que mientras más intenta seducir, más seducido queda.</p>
<p>Aparentemente, Dochera ha decidido no responder a Laredo; mantener el misterio, o acrecentarlo, permaneciendo como espejismo. <em>Seducir es morir como realidad y producirse como ilusión</em>, dice Baudrillard, de modo que la estrategia de la seducción es la de la ilusión. Entonces, Dochera, para Benjamín, no es realidad, es ilusión. Como realidad, como la mujer del mechón blanco y la quijada prominente, le provocó deseo; como ilusión, lo sedujo.</p>
<p>La voluntad de Laredo es seducir a Dochera, pero, involuntariamente, ha seducido a los que llenan sus crucigramas; el mismo efecto del misterio los seduce. Los crucigramas se tornan irresolubles y, aunque es posible que paulatinamente los jugadores se vayan habituando y logren llenar algunas casillas, nadie podría imaginar que el <em>Hacedor</em> –tal como lo llaman en su ciudad– hubiese rebautizado a Caracas como Senzal, y a Venezuela, como Zardo; que Piedras Blancas sea ahora un anagrama de su apellido; que cintura sea doluth o que los pekineses sean zendalas. Los diccionarios, las enciclopedias, han perdido valor; el orden ha sido alterado, las leyes transgredidas, el desafío ha sido planteado y los jugadores han aceptado las reglas: la seducción se ha cumplido. Sin embargo, Laredo no quiere seducir a los jugadores, sino a Dochera.</p>
<p>Los dos participan en un desafío, cada quien utiliza las armas que tiene al alcance para lograr su meta: no ser seducidos. Como indica Baudrillard,<em> si bien la seducción es una pasión o un destino, es la pasión inversa la que triunfa más a menudo: la de no ser seducido. Luchamos por fortalecernos en nuestra verdad, luchamos contra el que quiere seducirnos. Renunciamos a seducir por miedo a ser seducidos. Todos los medios son buenos para escapar de ello. Van desde seducir al otro sin tregua para no ser seducido, hasta hacer como si uno estuviera seducido para poner término a cualquier seducción</em>. En efecto, Laredo y Dochera se están seduciendo el uno al otro, pero parece que lo hicieran como un modo de defensa para evitar ser seducidos. En Dochera, esto resulta prácticamente obvio, pues en las líneas finales del cuento, nos damos cuenta de que ella ha recibido los mensajes de Laredo, lo que implica que todo el tiempo ella optó por no responder, por mantener el misterio, por desviar (se–ducere) a su contendiente; ello indica su deseo de no ser seducida, de no ceder ante todo el ritual desplegado por Laredo y, sin embrago, continuar con la seducción, llevarla hasta el límite. Por su parte, Laredo intenta seducirla, pero esa seducción está funcionando como defensa, pues, en realidad, lo que pretende es develar el misterio, llenar las casillas en blanco que corresponden a la pista de Dochera; pretende apartar las apariencias –el halo de misterio–, con lo cual la seducción –de ella hacia él– acabaría, ya que, como expresa Baudrillard, <em>al apartar las apariencias la ausencia de verdad sale a la luz</em>. </p>
<p>Y así ocurre: nuevamente el azar hace que Benjamín se encuentre con Dochera. Inútil es que ella escape, que prolongue el misterio, su fuerza radicaba en el ocultamiento; sólo le resta tender la mano e invitar a Laredo a subir al taxi: el ritual del <em>Hacedor</em> tuvo éxito. Pero él ha apartado las apariencias, Dochera ya no es el misterio, la ilusión, sino, la realidad, parte de un mundo que ya no significa nada para él. Así, Dochera pasa a ser Mukhtir, siete letras que llenan las casillas vacías del crucigrama existencial de Laredo.</p>
<p>Juego doblemente perverso: la mujer que ha querido ser más deseada que deseante, seductora no seducida, que ha deseado el deseo del otro, sin su halo de misterio ya no es deseada, es seducida; no tiene al otro ni a su deseo. El hombre, maestro del ritual, seductor paciente que ha transgredido las leyes, que ha logrado la inflexión en su vida, evita ser seducido, lo que conlleva terminar el juego e instaurarse de nuevo en un orden, aunque en un mundo distinto –una ciudad distinta: Delora–, en un espacio donde él dicta las normas. Así, Laredo ha llenado las casillas vacías de su vida, siete letras que no corresponden a Dochera, sino a Mukhtir. Él ha pasado a otra dimensión, donde en vez de consultar libros para crear los crucigramas, está inventando un universo particular, nombrando todos sus elementos, dotando a las palabras del poder propio del <em>Hacedor</em>. </p>
<p><strong>Referencias bibliográficas:</strong>	</p>
<p>Baudrillard, Jean. 1998. De la seducción, Madrid, Cátedra.</p>
<p>Paz Soldán, Edmundo. 1998. “Dochera” en Dochera y otros cuentos, Nuevo Milenio, Cochabamba.</p>
<p><em>Fuente: Ecdótica y <a href="http://www.trestribuscine.com/urbandina/">Urbandina</a></em></p>
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		<title>Sobre una “etnografía de la miseria humana” en una cárcel boliviana, de Alison Spedding, en primera persona</title>
		<link>http://www.ecdotica.com/2010/03/31/sobre-una-%e2%80%9cetnografia-de-la-miseria-humana%e2%80%9d-en-una-carcel-boliviana-de-alison-spedding-en-primera-persona/</link>
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		<pubDate>Wed, 31 Mar 2010 15:09:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Autores]]></category>
		<category><![CDATA[Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>

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		<description><![CDATA[Alison Spedding escribió <strong>La segunda vez como farsa</strong> desde la celda 5 del pabellón B del Centro Penitenciario Femenino de Miraflores, La Paz. Por eso, su libro es inédito en Bolivia y probablemente en el mundo. Pues es (o debe ser) una de las primeras etnografías o estudios sociológicos sobre la realidad carcelaria, escrito y realizado desde adentro, sin salir por las noches (como muchos otros de investigadores no presos), en primera persona. Texto escrito en condiciones adversas, las propias de la cárcel miraflorina y las añadidas por la condición de la autora: “intelectual y escritora, identidad que no es muy aceptable para mujeres en cualquier lado, especialmente cuando no es dulcificada con conductas sociales coquetas o que aparenten poca seriedad y combatividad intelectual y menos aceptable aún en el ambiente de la cárcel donde reina la femineidad más convencional (odiada y rechazada por mi durante toda mi vida) que se enfoca en la maternidad, el matrimonio y el ocuparse del cuerpo y de la ropa…sociológicamente estoy fuera de de lugar”.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/03/la-segunda-vez.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/03/la-segunda-vez.jpg" alt="" title="la segunda vez" width="285" height="371" class="aligncenter size-full wp-image-2748" /></a></center><br />
<strong>Las cárceles invisibles<br />
Por: Ricardo Bajo H.</strong></p>
<p><right><em>Todo preso miente </em><br />
<strong>Alvaro García Linera</strong></right></p>
<p><strong>La segunda vez como farsa</strong> de Alison Spedding (editorial Mama Huaco, 2008) es un grito contra la invisibilización de la cárceles. En realidad es un alegato (escrito y sufrido en primera persona) contra las propias prisiones. Spedding considera contradictorio en términos estructurales el encarcelamiento de la gran mayoría de personas que pueblan nuestras cárceles. “Víctimas” todas, en un 80%, de la ley 1008 pues el número de detenidos por la ley de la Coca y Sustancias Controladas, -“notoriamente draconiana y anti constitucional al ignorar la presunción de inocencia” promulgada en 1988- es más elevado debido a que no existe la fianza juratoria para acusados por esta ley.</p>
<p>Spedding cree que las cárceles existen para cumplir tres objetivos fundamentalmente: para que el drama autoritario del crimen y su castigo satisfaga a la ciudadanía, sosteniendo así las bases del autoritarismo; para cumplir ciertos fines sociales como la provisión de numerosas fuentes de empleo (desde policías a funcionarios judiciales pasando por personal de centros de rehabilitación de drogodependientes, vende periódicos, miembros de agrupaciones religiosas…, todos ganan con las cárceles “menos los clientes involuntarios del sistema, como yo”, dice Spedding); y como forma de protección (no cumplida) para la sociedad de individuos que la dañan con el plus de ser lugares de (supuesta y farsesca) rehabilitación.</p>
<p>Spedding, militando en la causa anti cárceles, cree que estos tres objetivos no se cumplen y asegura que son sustituidos por un espectáculo del crimen y castigo “donde el propio preso es un espectáculo, objeto de un ocultamiento e invisibilización por parte de la sociedad”.</p>
<p>Juego de la invisibilización de las cárceles en el que incluso participan los propios internos: “y hasta nosotros, los presos-as, tendemos a pensar que es mejor colaborar con la invisibilización de nuestra realidad, callando o mintiendo sobre nuestras experiencias carcelarias. Para los que se benefician, directa o indirectamente, de la cárcel es preferible que no se publique ni se conozca su realidad, para no dar cuenta que muchos presos “no merecen” lo que les pasa, que han sido condenados por trivialidades, sin pruebas contundentes, en procesos basados en prejuicios. Y el prejuicio social que pesa sobre el ex presidiario, producto de la misma representación de la cárcel como lugar de delincuentes y que, en consecuencia, convierte en delincuente, contaminado y peligroso, a todo el que cruza su umbral, no obstante lo que era antes o el motivo por el cual está entrando, procura que hasta los que pierden debido a la cortina de silencio, también decidan formar parte de ella”.</p>
<p>Invisibilización que tiene como consecuencia (una de ellas) la escasez de estadísticas judiciales sobre procesos, sobre número total de presos, sobre sus orígenes y condición social, sobre causas de los delitos (la gran mayoría proveniente de espacios sociales desestructurados por la pérdida de lazos con la comunidad, en el caso de los campesinos o ausencia de controles sociales informales y tradicionales, según Spedding…) Invisibilización que se ceba, más allá de la propia composición real de la población carcelaria, en la cotidianeidad ordinaria de las prisiones (las fiestas, los cumpleaños….). Así la combinación de la censura sensacionalista de los medios (hay un capítulo especial para denunciar programas como el famoso “Telepolicial” de RTP), la falta de estadísticas y la autocensura de los propios presos y presas consigue un efecto multiplicador de la invisibilización llegando a la paradoja planteada por Spedding: “entonces, ¿qué fines sirve un espectáculo que por lo general no es mirado por nadie?”.</p>
<p>Alison Spedding escribió <strong>La segunda vez como farsa</strong> desde la celda 5 del pabellón B del Centro Penitenciario Femenino de Miraflores, La Paz. Por eso, su libro es inédito en Bolivia y probablemente en el mundo. Pues es (o debe ser) una de las primeras etnografías o estudios sociológicos sobre la realidad carcelaria, escrito y realizado desde adentro, sin salir por las noches (como muchos otros de investigadores no presos), en primera persona. Texto escrito en condiciones adversas, las propias de la cárcel miraflorina y las añadidas por la condición de la autora: “intelectual y escritora, identidad que no es muy aceptable para mujeres en cualquier lado, especialmente cuando no es dulcificada con conductas sociales coquetas o que aparenten poca seriedad y combatividad intelectual y menos aceptable aún en el ambiente de la cárcel donde reina la femineidad más convencional (odiada y rechazada por mi durante toda mi vida) que se enfoca en la maternidad, el matrimonio y el ocuparse del cuerpo y de la ropa… sociológicamente estoy fuera de lugar”.</p>
<p> La investigación (bautizada por Spedding como “etnografía de la miseria humana”) comienza con un prefacio profundamente sincero, pesimista y deprimente: “el lector o lectora que espere encontrar un relato de cómo la dignidad humana se mantiene hasta en condiciones muy adversas, un alegato del heroísmo e inocencia de las encarceladas (el tema y tono más frecuente en la mayoría de publicaciones sobre la cárcel de contenido autobiográfico y/o de denuncia social) debe dejar de leer ahora mismo… mis apreciaciones finales son deprimentes, negativas y extremadamente amargas, sin pretensiones de distanciamiento académico o de prescindir de juicios de valor”.</p>
<p>Incluso Spedding pone en duda su mismo trabajo de campo (del 30 de marzo de 1998 al 29 de septiembre de 2000) y su metodología: “francamente desprecio a las mujeres que aceptan la identidad femenina convencional, claro que entiendo las presiones sociales que conducen a las “mujeres” a creer que lo son….esto hace deficiente mi trabajo de campo porque evito la mayor parte del tiempo hablar o relacionarme con ellas… esto en términos personales da lugar a un aislamiento, soledad y aburrimiento por no decir frustración y rabia… no he hecho ningún intento de disfrazar la falta de simpatía que siento por la mayoría de mis informantes, no sólo las desprecio por ser “mujeres” sino por buzos, sumisas, pasivas, chismosas, obedientes, deshonestas, que no intenten entender la ley por la que son procesadas y por colaborar al fin con el mismo sistema que las oprime”.</p>
<p>El título del libro <strong>La segunda vez como farsa</strong> hace referencia a la conocida expresión de Carlos Marx en <strong>El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte</strong>: “la historia está condenada a repetirse, la primera vez como tragedia, la segunda, como farsa. Para Spedding, el sistema carcelario en Bolivia resulta ser una repetición de la historia penitenciaria del Norte, de donde ha tomados sus modelos, “pero definitivamente en el registro de la farsa”.</p>
<p>Spedding no deja pasar la oportunidad para hacer también una crítica anarquista: “el estado boliviano es una mezcla de posturas y actitudes autoritarias con debilidad e ineficiencia institucional en su aplicación”. Para después alabar paradójicamente al propio estado y la misma ley 1008: “esta ley al fin ha logrado que el Estado asuma con cierto grado de seriedad su rol en los casos penales”. Y por supuesto, no se reprime en el último párrafo del estudio en exponer su ideario feminista, presente en todo el libro:</p>
<p>“Yo, desde mi adolescencia, he pensado que todo esto de ser madre, ser fiel al marido o enamorado, tener la casa brillando, cocinar platos ricos que son del gusto de los demás, hasta hacerse peinar en peluquerías, era parte de un sistema represivo y mi experiencia en Miraflores me ha convencido que yo estaba acertada en eso. Entonces las invito, hermanas, a abortar a sus hijos (si es que no han evitado concerbirles en primer lugar), a traicionar o mejor abandonar a sus maridos, a botar sus trapos de limpieza e ir a comer a la pensión donde la que cocina al menos tiene un sueldo, por mísero que sea. Y quién sabe si logramos salir de la cárcel del género, con todos los cambios tan masivos que eso significaría, puede ser que hasta la cárcel de ladrillos y cemento también dejará de existir”.</p>
<p><em>* Spedding fue acusada de tráfico de sustancias controladas al ser detenida en su casa en posesión de 2.096 gramos de marihuana, después de la denuncia de un vendedor a la policía. Según ella, las dos kilos no eran para vender sino para “manejar mi propio suministro de marihuana y no tener que depender así de los vendedores”. Pasó dos años y seis meses en la cárcel, de una condena de diez años. Las reformas al Código de Procedimiento Penal de 2000 permiten que después de dos años de detención sin sentencia ejecutorial puede darse la libertad provisional. Su expediente ha desaparecido, no tiene sentencia ejecutoriada (en Sucre) y su condición es de limbo jurídico, sujeta a arraigo, imposibilitada de salir del país y obligada a firmar en el juzgado. En 2011 se cumplirán diez años de su juicio y de su sentencia extraviada y se supone que accederá a la libertad no condicionada.</em></p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
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		<title>Giovanna Rivero entre niñas y detectives</title>
		<link>http://www.ecdotica.com/2010/03/11/giovanna-rivero-entre-ninas-y-detectives/</link>
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		<pubDate>Thu, 11 Mar 2010 22:54:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Autores]]></category>
		<category><![CDATA[Ensayo]]></category>

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		<description><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/03/niñas-y-detectives.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/03/niñas-y-detectives.jpg" alt="" title="niñas y detectives" width="80" height="121" class="aligncenter size-full wp-image-2678" /></a></center><br />
<strong>Niñas y detectives. Y otros cuentos con sangre dulce de Giovanna Rivero<br />
Por: Veronica Saunero-Ward</strong></p>
<p><strong>Niñas y detectives</strong> es un muestrario de lo mejor de la cuentística de la escritora boliviana Giovanna Rivero. La suya es una literatura que va más allá de las preocupaciones de género y sexo para indagar en el universo del inconsciente. Los catorce cuentos recogidos en esta colección se declaran en un ámbito que transgrede la cotidianeidad, van más allá de lo mimético y habitan en el espacio de lo fantástico.  La formulación de los aspectos formales y temáticos de la literatura fantástica se determina a través de la búsqueda inútil de aquel lenguaje que articule el deseo que nace en el inconsciente. Los relatos de Giovanna narran ese deseo que, a través de la fantasía, se sexualiza revelándose en la agresión narcisista suicida y la obsesión. Buscan la anulación de toda barrera que identifique, que diferencie, que discrimine; representan el eterno e irreducible deseo del sujeto de llegar al cero absoluto. La violencia como la feroz transgresión de los tabúes sociales es el medio. Estamos hablando de aquellas vulneraciones a las estructuras simbólicas como la virginidad, la violación, el incesto, la mutilación, el asesinato y el suicidio. </p>
<p>El erotismo es, en muchos de los casos, la estrategia retórica que conlleva la fantasía. Estos cuentos exploran el imaginario erótico masculino abarcando la sexualización de la vida y de la muerte, la fantasía de la mujer sexualmente agresiva que aterroriza al hombre al mismo tiempo que lo seduce o la del encuentro sexual anónimo. En “Medusa” una esposa despechada se venga de la amante de su esposo haciéndole cortar al rape la hermosa caballera negra que había seducido a su marido. La amenaza de castración queda presente en las tijeras. En “Así nena” una muchacha hace realidad su fantasía sexual, vengándose así de su novio quien la sometía al sadismo de sus propias fantasías. “Honorarios” reúne al hombre física y psicológicamente repugnante y a la modelo bellísima quien se ofrece para una felación. Irónicamente, la fantasía masculina donde la mujer es el objeto que hace posible la misma, se convierte, en la pluma hábil de Rivero, en un estudio del deseo femenino.</p>
<p>“Lili llorando” y “Perro callejero” examinan la ficción que elabora la complicidad de la mujer en su propia violación como también ese umbral nebuloso entre el placer y el dolor, entre la vida y la muerte. En “Lili llorando”, la protagonista, una joven colegiala, trata de denunciar su violación en vano. Por un lado, tiene de frente al policía morboso que si bien no hace del todo evidente su escepticismo al escuchar su relato, mina la trascendencia del ataque y apunta al placer que Lili pudo experimentar con su violador, especialmente por ser su primera experiencia sexual. Como contrapunto a esta nueva agresión por parte del policía, a Lili se le agolpan en la mente los chistes vulgares sobre violaciones contados por su compañero de curso cuyo fin es el de menoscabar el horror de esta experiencia.</p>
<p>En “Perro callejero”, la fantasía de la ficción deshumaniza al violador quien se metamorfosea en lobo con todas las connotaciones que trae en sí. La protagonista no acude a la policía, sabe cuáles son los prejuicios. Sopesa las consecuencias de denunciar al perpetrador o de persuadirse a sí misma de su participación voluntaria en la violación. Opta por el silencio y desarrolla como Lily “una ficción íntima” y dice, “sólo queda revertir los sentimientos, mover, sus ángulos hasta que el brillo invada sus partes oscuras y el pecado se convierta en tentación, y el castigo en destino y el deseo en esperanza” ( ). Sin embargo, muy al estilo de Rivero, la lectura inequívoca que se espera de este relato es saboteada cuando la mujer se transfigura en loba durante la violación.</p>
<p>El suicidio y la auto-mutilación como ejemplos extremos de la agresividad narcisista se ilustran en “Olas de satén” y “Camas gemelas”, y el incesto, como la transgresión más flagrante de las normas sociosimbólicas, se sugiere en “Sangre dulce” y en “Dueños de la arena”. Este último con “Contraluna” y “Perras y soldaditos” representan lo mejor de la fina artesanía narrativa de la escritora boliviana. Estos relatos gozan de una complejidad temática que desafía simples interpretaciones. El lenguaje es económico, cargado de un erotismo velado pero intenso y la presencia constante y ubicua de la violencia provoca emociones encontradas en el lector.</p>
<p>“Dueños de la arena” cuenta la historia de dos primos que se encuentran y rememoran la época en que de niños eran inseparables inventando juegos, amagos de la atracción sexual que los unía y cuyas consecuencias desencadenan una serie de eventos que los marca de por vida. El cuento “Contraluna” que ya desde el título embarca al lector en una otredad inaccesible, trata de un biólogo enajenado que, preso de la pulsión de muerte, va en busca del antídoto a las feromonas femeninas para librarse del deseo que lo consume. La selva, el escenario donde se desenvuelve la historia, refleja el estado de continuo caos que se transmite al lector a través del discurso delirante del narrador. Pero la protagonista del cuento es la mulata de ojos amarillos, Contraluna, una personificación de Lilith, la primera mujer de Adán y símbolo de la sexualidad oscura que seduce y atrapa al hombre y que habita en las esferas de lo fantástico y lo sobrenatural. “Perras y soldaditos” trata el tema de la política, raramente presente en la obra de Giovanna. Las consecuencias de vivir dentro de un sistema donde la práctica del terror  garantiza el dominio político y la degradación del individuo se ven plasmadas en el relato de una niña sobre su perra Yerka que se comió a sus cachorros.</p>
<p>Los dos últimos relatos de la colección, “Noche” y “Tucson más noche” son extractos de la novela <strong>Tukzon </strong>(2008) y ejemplifican las nuevas tendencias en la narrativa de la escritora boliviana. El erotismo, siempre presente en su narrativa, asume una posición secundaria. En estos relatos, la fantasía del placer y la relación entre deseo y muerte ahora tienen como vehículo la retórica de la ficción <em>noi</em>, específicamente del <em>noir</em> femenino, aunque algunos de sus rasgos ya se aprecian en “Medusa” y “Así nena”. Las características del <em>noir</em>: el hurgar en el lado oscuro de la psiquis humana, el personaje marginado ahora femenino, prisionera de sus deseos y de la pulsión de muerte, los temas de la obsesión, la tentación, el deseo y la codicia, y la presencia constante de la violencia se ajustan maravillosamente a la obra de Giovanna Rivero. Sin lugar a dudas, <strong><a href="http://www.elboomeran.com/obra/344/ninas-y-detectives/">Niñas y detectives</a></strong> logra el cometido que toda antología se impone: ha seleccionado los textos que mejor ejemplifican la calidad del lenguaje narrativo de esta escritora boliviana.</p>
<p>Para leer algunos de los cuentos mencionados y que se encuentran en <strong>Sangre Dulce</strong> pulse <a href="http://books.google.com.bo/books?id=8HrOq0OYI90C&#038;printsec=frontcover&#038;dq=sangre+dulce+de+giovanna+rivero&#038;source=bl&#038;ots=uGL2veF6Mr&#038;sig=Dl-9HxuyCpYmC-i8q1X2AIzc1vs&#038;hl=es&#038;ei=xUaZS9GWKs2XtgfDnKCxCQ&#038;sa=X&#038;oi=book_result&#038;ct=result&#038;resnum=2&#038;ved=0CAoQ6AEwAQ#v=onepage&#038;q=&#038;f=false">aquí</a></p>
<p><em>Fuente: Ecdótica y Google</em></p>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/03/niñas-y-detectives.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/03/niñas-y-detectives.jpg" alt="" title="niñas y detectives" width="80" height="121" class="aligncenter size-full wp-image-2678" /></a></center><br />
<strong>Niñas y detectives. Y otros cuentos con sangre dulce de Giovanna Rivero<br />
Por: Veronica Saunero-Ward</strong></p>
<p><strong>Niñas y detectives</strong> es un muestrario de lo mejor de la cuentística de la escritora boliviana Giovanna Rivero. La suya es una literatura que va más allá de las preocupaciones de género y sexo para indagar en el universo del inconsciente. Los catorce cuentos recogidos en esta colección se declaran en un ámbito que transgrede la cotidianeidad, van más allá de lo mimético y habitan en el espacio de lo fantástico.  La formulación de los aspectos formales y temáticos de la literatura fantástica se determina a través de la búsqueda inútil de aquel lenguaje que articule el deseo que nace en el inconsciente. Los relatos de Giovanna narran ese deseo que, a través de la fantasía, se sexualiza revelándose en la agresión narcisista suicida y la obsesión. Buscan la anulación de toda barrera que identifique, que diferencie, que discrimine; representan el eterno e irreducible deseo del sujeto de llegar al cero absoluto. La violencia como la feroz transgresión de los tabúes sociales es el medio. Estamos hablando de aquellas vulneraciones a las estructuras simbólicas como la virginidad, la violación, el incesto, la mutilación, el asesinato y el suicidio. </p>
<p>El erotismo es, en muchos de los casos, la estrategia retórica que conlleva la fantasía. Estos cuentos exploran el imaginario erótico masculino abarcando la sexualización de la vida y de la muerte, la fantasía de la mujer sexualmente agresiva que aterroriza al hombre al mismo tiempo que lo seduce o la del encuentro sexual anónimo. En “Medusa” una esposa despechada se venga de la amante de su esposo haciéndole cortar al rape la hermosa caballera negra que había seducido a su marido. La amenaza de castración queda presente en las tijeras. En “Así nena” una muchacha hace realidad su fantasía sexual, vengándose así de su novio quien la sometía al sadismo de sus propias fantasías. “Honorarios” reúne al hombre física y psicológicamente repugnante y a la modelo bellísima quien se ofrece para una felación. Irónicamente, la fantasía masculina donde la mujer es el objeto que hace posible la misma, se convierte, en la pluma hábil de Rivero, en un estudio del deseo femenino.</p>
<p>“Lili llorando” y “Perro callejero” examinan la ficción que elabora la complicidad de la mujer en su propia violación como también ese umbral nebuloso entre el placer y el dolor, entre la vida y la muerte. En “Lili llorando”, la protagonista, una joven colegiala, trata de denunciar su violación en vano. Por un lado, tiene de frente al policía morboso que si bien no hace del todo evidente su escepticismo al escuchar su relato, mina la trascendencia del ataque y apunta al placer que Lili pudo experimentar con su violador, especialmente por ser su primera experiencia sexual. Como contrapunto a esta nueva agresión por parte del policía, a Lili se le agolpan en la mente los chistes vulgares sobre violaciones contados por su compañero de curso cuyo fin es el de menoscabar el horror de esta experiencia.</p>
<p>En “Perro callejero”, la fantasía de la ficción deshumaniza al violador quien se metamorfosea en lobo con todas las connotaciones que trae en sí. La protagonista no acude a la policía, sabe cuáles son los prejuicios. Sopesa las consecuencias de denunciar al perpetrador o de persuadirse a sí misma de su participación voluntaria en la violación. Opta por el silencio y desarrolla como Lily “una ficción íntima” y dice, “sólo queda revertir los sentimientos, mover, sus ángulos hasta que el brillo invada sus partes oscuras y el pecado se convierta en tentación, y el castigo en destino y el deseo en esperanza” ( ). Sin embargo, muy al estilo de Rivero, la lectura inequívoca que se espera de este relato es saboteada cuando la mujer se transfigura en loba durante la violación.</p>
<p>El suicidio y la auto-mutilación como ejemplos extremos de la agresividad narcisista se ilustran en “Olas de satén” y “Camas gemelas”, y el incesto, como la transgresión más flagrante de las normas sociosimbólicas, se sugiere en “Sangre dulce” y en “Dueños de la arena”. Este último con “Contraluna” y “Perras y soldaditos” representan lo mejor de la fina artesanía narrativa de la escritora boliviana. Estos relatos gozan de una complejidad temática que desafía simples interpretaciones. El lenguaje es económico, cargado de un erotismo velado pero intenso y la presencia constante y ubicua de la violencia provoca emociones encontradas en el lector.</p>
<p>“Dueños de la arena” cuenta la historia de dos primos que se encuentran y rememoran la época en que de niños eran inseparables inventando juegos, amagos de la atracción sexual que los unía y cuyas consecuencias desencadenan una serie de eventos que los marca de por vida. El cuento “Contraluna” que ya desde el título embarca al lector en una otredad inaccesible, trata de un biólogo enajenado que, preso de la pulsión de muerte, va en busca del antídoto a las feromonas femeninas para librarse del deseo que lo consume. La selva, el escenario donde se desenvuelve la historia, refleja el estado de continuo caos que se transmite al lector a través del discurso delirante del narrador. Pero la protagonista del cuento es la mulata de ojos amarillos, Contraluna, una personificación de Lilith, la primera mujer de Adán y símbolo de la sexualidad oscura que seduce y atrapa al hombre y que habita en las esferas de lo fantástico y lo sobrenatural. “Perras y soldaditos” trata el tema de la política, raramente presente en la obra de Giovanna. Las consecuencias de vivir dentro de un sistema donde la práctica del terror  garantiza el dominio político y la degradación del individuo se ven plasmadas en el relato de una niña sobre su perra Yerka que se comió a sus cachorros.</p>
<p>Los dos últimos relatos de la colección, “Noche” y “Tucson más noche” son extractos de la novela <strong>Tukzon </strong>(2008) y ejemplifican las nuevas tendencias en la narrativa de la escritora boliviana. El erotismo, siempre presente en su narrativa, asume una posición secundaria. En estos relatos, la fantasía del placer y la relación entre deseo y muerte ahora tienen como vehículo la retórica de la ficción <em>noi</em>, específicamente del <em>noir</em> femenino, aunque algunos de sus rasgos ya se aprecian en “Medusa” y “Así nena”. Las características del <em>noir</em>: el hurgar en el lado oscuro de la psiquis humana, el personaje marginado ahora femenino, prisionera de sus deseos y de la pulsión de muerte, los temas de la obsesión, la tentación, el deseo y la codicia, y la presencia constante de la violencia se ajustan maravillosamente a la obra de Giovanna Rivero. Sin lugar a dudas, <strong><a href="http://www.elboomeran.com/obra/344/ninas-y-detectives/">Niñas y detectives</a></strong> logra el cometido que toda antología se impone: ha seleccionado los textos que mejor ejemplifican la calidad del lenguaje narrativo de esta escritora boliviana.</p>
<p>Para leer algunos de los cuentos mencionados y que se encuentran en <strong>Sangre Dulce</strong> pulse <a href="http://books.google.com.bo/books?id=8HrOq0OYI90C&#038;printsec=frontcover&#038;dq=sangre+dulce+de+giovanna+rivero&#038;source=bl&#038;ots=uGL2veF6Mr&#038;sig=Dl-9HxuyCpYmC-i8q1X2AIzc1vs&#038;hl=es&#038;ei=xUaZS9GWKs2XtgfDnKCxCQ&#038;sa=X&#038;oi=book_result&#038;ct=result&#038;resnum=2&#038;ved=0CAoQ6AEwAQ#v=onepage&#038;q=&#038;f=false">aquí</a></p>
<p><em>Fuente: Ecdótica y Google</em></p>
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		<title>Ficciones de Jorge Luis Borges</title>
		<link>http://www.ecdotica.com/2010/03/02/ficciones-de-jorge-luis-borges/</link>
		<comments>http://www.ecdotica.com/2010/03/02/ficciones-de-jorge-luis-borges/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 02 Mar 2010 14:50:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensayo]]></category>

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		<description><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/03/ficciones.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/03/ficciones.jpg" alt="" title="ficciones" width="76" height="130" class="aligncenter size-full wp-image-2639" /></a></center><br />
<strong>Ficciones y la experiencia de lectura<br />
Por: Magdalena González Almada</strong></p>
<p>En <a href="http://ineedfile.com/ficciones-borges-rar">Ficciones</a> de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jorge_Luis_Borges">Jorge Luis Borges</a> (1944)(1), se encuentran una serie de relatos y cuentos que son considerados por la crítica especializada como uno de los mejores de la literatura universal. Tal aseveración podría resultar ambiciosa y exagerada. Sin embargo, cuando se aborda la lectura de los textos, no deja de sorprender el diseño de las estructuras literarias y las diferentes estrategias que se entrelazan, manifestando una pluralidad de posibilidades de lectura. <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ficciones">Ficciones</a> no es sólo un hecho literario, sino una manifestación lúdica del lenguaje. </p>
<p>En “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, Borges hace uso de  ciertas estrategias de verosimilitud que apoyan la lectura del texto. Se trata de una investigación bibliográfica, de una muestra de erudición, vasta y exhaustiva. Sin embargo, tras una lectura profunda y analítica, no se trata más que de estrategias. Mascaradas. De la búsqueda de mecanismos que permitan que la narración funcione como una estructura sólida y concisa. Ejemplos de estrategias de verosimilitud son el nombrar personajes históricos conocidos (<em>Bioy Casares había cenado conmigo esa noche…</em>(2)), obras literarias de supuesto valor indiscutible (como <em>The Anglo-American Cyclopedia</em>), el nombrar las páginas de dicha obra, mencionar lugares geográficos, etc. Estas estrategias tienen el propósito de establecer una doble relación con el lector. Por un lado, se trata de legitimar la obra otorgándole un aura de verosimilitud que no desaliente al lector y provoque que éste abandone la lectura. Y por otro, se trata de establecer un juego de inteligencias con el mismo. Sabido es que Jorge Luis Borges representa uno de los talentos literarios más destacados de la literatura universal, no sólo por su plasticidad lingüística, sino también por su erudición. Al pensar en el lector modelo borgiano, se imagina que éste debe gozar de cierto grado respetable de erudición. Y es allí donde se funda el juego de inteligencias. Es una partida de ajedrez entre el autor y el lector (quizás una de las más interesantes posibilidades de lectura que se hayan presentado en la historia de la literatura universal). Y como buen jugador, Borges se adelanta a las partidas de su oponente (el lector).</p>
<p>Asimismo, a partir del análisis de Ángel Rama(3), es posible establecer una lectura más aún. En el marco de nuestras literaturas regionales de la época, Borges con <a href="http://www.hacer.org/pdf/ficciones.pdf">Ficciones</a> logra un avance sin precedentes, dirigiendo la literatura latinoamericana a un nivel de alcance dialéctico con las literaturas europeas. Se trata de establecer una <em>perspectiva cosmopolita y universal</em>(4). De este modo, el salir del regionalismo y su encorsetamiento para encarar temas de sustrato teórico de tono universal y específicamente europeo en sus abordajes, posibilita una apertura en lo que hace al desarrollo de las literaturas latinoamericanas de la época. </p>
<p>Finalmente, <strong><a href="http://books.google.com.bo/books?id=7vUfapNfESkC&#038;pg=PA198&#038;dq=rara+edici%C3%B3n+de+ficciones+de+jorge+luis+borges&#038;ei=XSaNS6_oGpPkkwTHzumqDQ&#038;cd=1#v=onepage&#038;q=&#038;f=false">Ficciones</a></strong> no es más que lo que asevera el título de la obra; un compendio de historias, de narraciones que son ficcionales aunque el autor cuestione al lector y provoque, quizás, que éste tenga que recurrir a su propio bagaje de lecturas y apelar a su propia investigación literaria para poder estar a la altura de una experiencia de lectura fascinante y altamente seductora para aquellos que aman el hecho y la experiencia literaria. </p>
<p><strong>Notas</strong><br />
(1)  BORGES, Jorge Luis: Ficciones, Emecé, Bs As, 1996.<br />
(2)  Op. Cit: pág. 431.<br />
(3)  RAMA, Ángel: Transculturación narrativa en América Latina, El Andariego, Bs As, 2007.<br />
(4)  Op. Cit: pág. 61. </p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/03/ficciones.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/03/ficciones.jpg" alt="" title="ficciones" width="76" height="130" class="aligncenter size-full wp-image-2639" /></a></center><br />
<strong>Ficciones y la experiencia de lectura<br />
Por: Magdalena González Almada</strong></p>
<p>En <a href="http://ineedfile.com/ficciones-borges-rar">Ficciones</a> de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jorge_Luis_Borges">Jorge Luis Borges</a> (1944)(1), se encuentran una serie de relatos y cuentos que son considerados por la crítica especializada como uno de los mejores de la literatura universal. Tal aseveración podría resultar ambiciosa y exagerada. Sin embargo, cuando se aborda la lectura de los textos, no deja de sorprender el diseño de las estructuras literarias y las diferentes estrategias que se entrelazan, manifestando una pluralidad de posibilidades de lectura. <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ficciones">Ficciones</a> no es sólo un hecho literario, sino una manifestación lúdica del lenguaje. </p>
<p>En “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, Borges hace uso de  ciertas estrategias de verosimilitud que apoyan la lectura del texto. Se trata de una investigación bibliográfica, de una muestra de erudición, vasta y exhaustiva. Sin embargo, tras una lectura profunda y analítica, no se trata más que de estrategias. Mascaradas. De la búsqueda de mecanismos que permitan que la narración funcione como una estructura sólida y concisa. Ejemplos de estrategias de verosimilitud son el nombrar personajes históricos conocidos (<em>Bioy Casares había cenado conmigo esa noche…</em>(2)), obras literarias de supuesto valor indiscutible (como <em>The Anglo-American Cyclopedia</em>), el nombrar las páginas de dicha obra, mencionar lugares geográficos, etc. Estas estrategias tienen el propósito de establecer una doble relación con el lector. Por un lado, se trata de legitimar la obra otorgándole un aura de verosimilitud que no desaliente al lector y provoque que éste abandone la lectura. Y por otro, se trata de establecer un juego de inteligencias con el mismo. Sabido es que Jorge Luis Borges representa uno de los talentos literarios más destacados de la literatura universal, no sólo por su plasticidad lingüística, sino también por su erudición. Al pensar en el lector modelo borgiano, se imagina que éste debe gozar de cierto grado respetable de erudición. Y es allí donde se funda el juego de inteligencias. Es una partida de ajedrez entre el autor y el lector (quizás una de las más interesantes posibilidades de lectura que se hayan presentado en la historia de la literatura universal). Y como buen jugador, Borges se adelanta a las partidas de su oponente (el lector).</p>
<p>Asimismo, a partir del análisis de Ángel Rama(3), es posible establecer una lectura más aún. En el marco de nuestras literaturas regionales de la época, Borges con <a href="http://www.hacer.org/pdf/ficciones.pdf">Ficciones</a> logra un avance sin precedentes, dirigiendo la literatura latinoamericana a un nivel de alcance dialéctico con las literaturas europeas. Se trata de establecer una <em>perspectiva cosmopolita y universal</em>(4). De este modo, el salir del regionalismo y su encorsetamiento para encarar temas de sustrato teórico de tono universal y específicamente europeo en sus abordajes, posibilita una apertura en lo que hace al desarrollo de las literaturas latinoamericanas de la época. </p>
<p>Finalmente, <strong><a href="http://books.google.com.bo/books?id=7vUfapNfESkC&#038;pg=PA198&#038;dq=rara+edici%C3%B3n+de+ficciones+de+jorge+luis+borges&#038;ei=XSaNS6_oGpPkkwTHzumqDQ&#038;cd=1#v=onepage&#038;q=&#038;f=false">Ficciones</a></strong> no es más que lo que asevera el título de la obra; un compendio de historias, de narraciones que son ficcionales aunque el autor cuestione al lector y provoque, quizás, que éste tenga que recurrir a su propio bagaje de lecturas y apelar a su propia investigación literaria para poder estar a la altura de una experiencia de lectura fascinante y altamente seductora para aquellos que aman el hecho y la experiencia literaria. </p>
<p><strong>Notas</strong><br />
(1)  BORGES, Jorge Luis: Ficciones, Emecé, Bs As, 1996.<br />
(2)  Op. Cit: pág. 431.<br />
(3)  RAMA, Ángel: Transculturación narrativa en América Latina, El Andariego, Bs As, 2007.<br />
(4)  Op. Cit: pág. 61. </p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
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		<title>Stieg Larsson y su trilogía Milenium</title>
		<link>http://www.ecdotica.com/2010/02/19/stieg-larsson-y-su-trilogia-milenium/</link>
		<comments>http://www.ecdotica.com/2010/02/19/stieg-larsson-y-su-trilogia-milenium/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 19 Feb 2010 20:34:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Autores]]></category>
		<category><![CDATA[Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura policial]]></category>
		<category><![CDATA[Novela]]></category>

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		<description><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/02/stieg-larsson-1.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/02/stieg-larsson-1.jpg" alt="" title="stieg larsson 1" width="119" height="101" class="aligncenter size-full wp-image-2601" /></a></center><br />
<strong>El mundo que nos dejó Larsson<br />
Por: Ernesto Contreras Garrett</strong></p>
<p><em>&#8220;Se había convertido en un acontecimiento anual. Hoy el destinatario de la flor cumplía ochenta y dos años. Al llegar el paquete, lo abrió y le quito el papel de regalo. Acto seguido, cogió el teléfono y marcó el número de un excomisiario de la policía criminal que, tras jubilarse, se había ido a vivir a orillas del lago Siljan&#8230;&#8221;</em></p>
<p>La vida está plagada de historias inconclusas o con finales tristes. Esta es la historia de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Stieg_Larsson">Stieg Larsson</a> (1954 &#8211; 2004), periodista sueco, conocido en su país por investigar a sectas nazis ocultas (aún vigentes en el país nórdico), y llevadas a la opinión pública a través de la revista Expo, en la cual trabajaba como editor en jefe.</p>
<p>Asocio la tristeza con la vida de Larsson, porque murió a los cincuenta años, producto de un ataque al corazón. Después de haber entregado a su editor el borrador de su tercera novela y a escasas semanas de la publicación de la primera.</p>
<p>Las personas que lo conocieron afirman sin dudar, que Larsson jamás hubiera imaginado que su trilogía vendería alrededor del globo más de quince millones de libros. Para ser honestos, ni siquiera la editorial se imagino un existo a este nivel.</p>
<p>Hasta hace unas décadas los <em>thrillers</em> o novelas policíacas, no eran aceptados por los críticos y tampoco por los lectores de edad. Es más, muchos dudaban inclusive de su autenticidad como novelas y menospreciaban a sus autores. Hoy contra toda expectativa &#8211; para esas personas &#8211; el <em>thriller</em> es el género literario más vendido y aceptado por los lectores del mundo. Hay quienes afirman inclusive, que si no fuera por este género, tanto autores como editoriales y librerías se irían a la bancarrota, ya que este género no sólo hace agradable a la lectura sino que es además el motor iniciador en todas aquellas personas que no sienten pasión por la lectura.</p>
<p>Por eso este género es tan importante, porque consigue aquello que otros tipos de novela no pueden, que es iniciar a la gente. Podría decirse que hace el &#8220;trabajo sucio&#8221; por ellos.</p>
<p>Y qué mejor manera de rendirle un homenaje que hablando del boom de los últimos cinco años, la Trilogía Millenium y los libros que la componen: <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Los_hombres_que_no_amaban_a_las_mujeres">Los hombres que no amaban a las mujeres</a>, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/La_chica_que_so%C3%B1aba_con_una_cerilla_y_un_bid%C3%B3n_de_gasolina">La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina</a> y <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/La_reina_en_el_palacio_de_las_corrientes_de_aire">La reina en el palacio de las corrientes de aire</a>. Historia que rompe con cualquier esquema. </p>
<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/02/stieg-larsson.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/02/stieg-larsson.jpg" alt="" title="stieg larsson" width="85" height="129" class="aligncenter size-full wp-image-2603" /></a></center><br />
<strong>Comencemos por los títulos.</strong></p>
<p>Extensos, pero a la vez divertidos y sugestivos, hacen que sientas curiosidad por ellos. A este hecho debemos sumar además, el diseño de las tapas &#8211; que varían según el país, pero que mantienen la misma idea en todos -. En otras palabras, los libros te atrapan desde el primer momento que los ves.</p>
<p>La trilogía tiene lugar en la Suecia de nuestro tiempo &#8211; que gracias al autor ha despertado la curiosidad de muchos y ha levantado el turismo -. Teniendo como principales protagonistas a Mikael Blomkvist (periodista) y Lisbeth Salander (sólo Lisbeth).</p>
<p>El primer libro está más centrado en la figura de Mikael, propietario y editor en jefe de una revista llamada Millenium, que se ocupa de destapar grandes escándalos por parte de empresas o personajes de la alta sociedad sueca. Blomkvist es el elegido para ser la figura y el personaje estelar de la trilogía; correcto, incorruptible, justo, soñador y requerido por las mujeres (que alegan no saber por qué quieren estar con él). En otras palabras es aburrido y hasta un poco predecible, porque la perseverancia y paciencia que posee hacen que a la larga, casi todo le salga bien.</p>
<p>El éxito de estos libros se centra en el otro personaje, Lisbeth Salander (el verdadero legado de Stieg Larsson). Lisbeth se convierte en la heroína de la trilogía, aunque “a simple vista” pueda ser la antítesis de cualquier héroe.</p>
<p>Lisbeth es bajita, fría, odia a la gente, se viste como gótica y además es delgada, pero sin ningún problema de alimentación. El autor explica y recalca por medio de sus personajes durante los tres libros que Lisbeth, no es anoréxica. </p>
<p>¿Donde recae la verdadera fuerza de Lisbeth?</p>
<p>Como habrás podido notar, la fuerza de Lisbeth no radica en la parte física, sino en la intelectual. Lisbeth es extremadamente inteligente -convertida por mérito propio en una las hackers más importantes del mundo-. Por más que parezca dispersa, es una chica con las ideas claras, que se rige por sus propias reglas y tiene un criterio acerca de la ética bastante interesante y particular. </p>
<p>No es agresiva, simplemente pide que nadie la moleste. Ella es la que toma las decisiones y no piensa dos veces cuando tiene que actuar. Este tipo de actitud se debe a una infancia traumática, de la cuál prefiere no hablar, pero que la motiva a hacer justicia &#8211; con todos aquellos que le hicieron daño &#8211; y buscar la felicidad (a su manera).</p>
<p>Lisbeth, por medio de su carácter y actitud, representa aquello a lo que todos quisieran llegar, pero no se animan. Es la fuerza de actuar y vivir como si no se tuviera nada que perder, dejando de lado las posibles consecuencias, pero siempre viviendo de acuerdo a la propia concepción de vida, sin sentirse avergonzado o intimidado por ello y – por supuesto– dejando de lado la opinión del resto.</p>
<p>Si bien en el primer libro, los personajes tardan en conocerse y no llega a apreciarse del todo la verdadera fuerza de Lisbeth. Ella cobra muchísima importancia en el segundo tomo y se &#8220;roba&#8221; la obra en el tercero, haciendo que inclusive sientas pena porque ya no la “verás” más en otra novela.</p>
<p>Esta Trilogía puede -y debe- ser leída por todos. Es posible que sea un poco más difícil para la gente de edad (que odiaba a los thrilles) debido a que el autor recurre a muchos elementos tecnológicos, que tal vez cuesten ser imaginados. Pero vale la pena, porque en este libro se encuentra uno de esos personajes que no olvidaremos jamás. Lisbeth Salander.</p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/02/stieg-larsson-1.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/02/stieg-larsson-1.jpg" alt="" title="stieg larsson 1" width="119" height="101" class="aligncenter size-full wp-image-2601" /></a></center><br />
<strong>El mundo que nos dejó Larsson<br />
Por: Ernesto Contreras Garrett</strong></p>
<p><em>&#8220;Se había convertido en un acontecimiento anual. Hoy el destinatario de la flor cumplía ochenta y dos años. Al llegar el paquete, lo abrió y le quito el papel de regalo. Acto seguido, cogió el teléfono y marcó el número de un excomisiario de la policía criminal que, tras jubilarse, se había ido a vivir a orillas del lago Siljan&#8230;&#8221;</em></p>
<p>La vida está plagada de historias inconclusas o con finales tristes. Esta es la historia de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Stieg_Larsson">Stieg Larsson</a> (1954 &#8211; 2004), periodista sueco, conocido en su país por investigar a sectas nazis ocultas (aún vigentes en el país nórdico), y llevadas a la opinión pública a través de la revista Expo, en la cual trabajaba como editor en jefe.</p>
<p>Asocio la tristeza con la vida de Larsson, porque murió a los cincuenta años, producto de un ataque al corazón. Después de haber entregado a su editor el borrador de su tercera novela y a escasas semanas de la publicación de la primera.</p>
<p>Las personas que lo conocieron afirman sin dudar, que Larsson jamás hubiera imaginado que su trilogía vendería alrededor del globo más de quince millones de libros. Para ser honestos, ni siquiera la editorial se imagino un existo a este nivel.</p>
<p>Hasta hace unas décadas los <em>thrillers</em> o novelas policíacas, no eran aceptados por los críticos y tampoco por los lectores de edad. Es más, muchos dudaban inclusive de su autenticidad como novelas y menospreciaban a sus autores. Hoy contra toda expectativa &#8211; para esas personas &#8211; el <em>thriller</em> es el género literario más vendido y aceptado por los lectores del mundo. Hay quienes afirman inclusive, que si no fuera por este género, tanto autores como editoriales y librerías se irían a la bancarrota, ya que este género no sólo hace agradable a la lectura sino que es además el motor iniciador en todas aquellas personas que no sienten pasión por la lectura.</p>
<p>Por eso este género es tan importante, porque consigue aquello que otros tipos de novela no pueden, que es iniciar a la gente. Podría decirse que hace el &#8220;trabajo sucio&#8221; por ellos.</p>
<p>Y qué mejor manera de rendirle un homenaje que hablando del boom de los últimos cinco años, la Trilogía Millenium y los libros que la componen: <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Los_hombres_que_no_amaban_a_las_mujeres">Los hombres que no amaban a las mujeres</a>, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/La_chica_que_so%C3%B1aba_con_una_cerilla_y_un_bid%C3%B3n_de_gasolina">La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina</a> y <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/La_reina_en_el_palacio_de_las_corrientes_de_aire">La reina en el palacio de las corrientes de aire</a>. Historia que rompe con cualquier esquema. </p>
<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/02/stieg-larsson.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/02/stieg-larsson.jpg" alt="" title="stieg larsson" width="85" height="129" class="aligncenter size-full wp-image-2603" /></a></center><br />
<strong>Comencemos por los títulos.</strong></p>
<p>Extensos, pero a la vez divertidos y sugestivos, hacen que sientas curiosidad por ellos. A este hecho debemos sumar además, el diseño de las tapas &#8211; que varían según el país, pero que mantienen la misma idea en todos -. En otras palabras, los libros te atrapan desde el primer momento que los ves.</p>
<p>La trilogía tiene lugar en la Suecia de nuestro tiempo &#8211; que gracias al autor ha despertado la curiosidad de muchos y ha levantado el turismo -. Teniendo como principales protagonistas a Mikael Blomkvist (periodista) y Lisbeth Salander (sólo Lisbeth).</p>
<p>El primer libro está más centrado en la figura de Mikael, propietario y editor en jefe de una revista llamada Millenium, que se ocupa de destapar grandes escándalos por parte de empresas o personajes de la alta sociedad sueca. Blomkvist es el elegido para ser la figura y el personaje estelar de la trilogía; correcto, incorruptible, justo, soñador y requerido por las mujeres (que alegan no saber por qué quieren estar con él). En otras palabras es aburrido y hasta un poco predecible, porque la perseverancia y paciencia que posee hacen que a la larga, casi todo le salga bien.</p>
<p>El éxito de estos libros se centra en el otro personaje, Lisbeth Salander (el verdadero legado de Stieg Larsson). Lisbeth se convierte en la heroína de la trilogía, aunque “a simple vista” pueda ser la antítesis de cualquier héroe.</p>
<p>Lisbeth es bajita, fría, odia a la gente, se viste como gótica y además es delgada, pero sin ningún problema de alimentación. El autor explica y recalca por medio de sus personajes durante los tres libros que Lisbeth, no es anoréxica. </p>
<p>¿Donde recae la verdadera fuerza de Lisbeth?</p>
<p>Como habrás podido notar, la fuerza de Lisbeth no radica en la parte física, sino en la intelectual. Lisbeth es extremadamente inteligente -convertida por mérito propio en una las hackers más importantes del mundo-. Por más que parezca dispersa, es una chica con las ideas claras, que se rige por sus propias reglas y tiene un criterio acerca de la ética bastante interesante y particular. </p>
<p>No es agresiva, simplemente pide que nadie la moleste. Ella es la que toma las decisiones y no piensa dos veces cuando tiene que actuar. Este tipo de actitud se debe a una infancia traumática, de la cuál prefiere no hablar, pero que la motiva a hacer justicia &#8211; con todos aquellos que le hicieron daño &#8211; y buscar la felicidad (a su manera).</p>
<p>Lisbeth, por medio de su carácter y actitud, representa aquello a lo que todos quisieran llegar, pero no se animan. Es la fuerza de actuar y vivir como si no se tuviera nada que perder, dejando de lado las posibles consecuencias, pero siempre viviendo de acuerdo a la propia concepción de vida, sin sentirse avergonzado o intimidado por ello y – por supuesto– dejando de lado la opinión del resto.</p>
<p>Si bien en el primer libro, los personajes tardan en conocerse y no llega a apreciarse del todo la verdadera fuerza de Lisbeth. Ella cobra muchísima importancia en el segundo tomo y se &#8220;roba&#8221; la obra en el tercero, haciendo que inclusive sientas pena porque ya no la “verás” más en otra novela.</p>
<p>Esta Trilogía puede -y debe- ser leída por todos. Es posible que sea un poco más difícil para la gente de edad (que odiaba a los thrilles) debido a que el autor recurre a muchos elementos tecnológicos, que tal vez cuesten ser imaginados. Pero vale la pena, porque en este libro se encuentra uno de esos personajes que no olvidaremos jamás. Lisbeth Salander.</p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
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