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Entrevista a Rodrigo Hasbún

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“Ganar concursos literarios no te hace un mejor escritor”

(Rodrigo Hasbún acaba de ganar el Premio Unión Latina. Es considerado uno de los escritores más importantes de la nueva narrativa boliviana)

El 2007, el nombre de Rodrigo Hasbún destacó entre los 39 escritores menores de 39 años más importantes de Latinoamérica. Ahora, este cochabambino de 27 años suma para el país un nuevo galardón: el Premio Unión Latina a la Novísima Narrativa Breve Hispanoamericana 2008.

A pesar de una agenda “súper apretada”, el escritor aceptó desgranar aspectos de su vida y sobre su obra premiada, Familia, destacada por el jurado del certamen de Unión Latina por “su diestro manejo de voces paralelas que, con lenguaje preciso, tejen un marco urbano donde personajes sumidos en desencuentros, irrealidad y ensueños añoran un sentido improbable”.

Ha escrito usted cuento y novela. ¿Qué diferencias esenciales ha encontrado entre esas formas de escritura?
Son géneros que respiran distinto, que propician y exigen ritmos diferentes. La mecánica del cuento, su maquinaria oculta, suele ser más precisa: lo que no contribuya a la tensión y a la intensidad debe quedar afuera, suprimirse. La de la novela, en cambio, debido a su naturaleza digresiva, a menudo cobra fuerza en sus desvíos y suele disponer de mejores condiciones para ahondar en los personajes, para matizarlos y explorar quiénes son. No hace falta añadir que hay textos valiosos que conflictúan esas delimitaciones generales.

¿De qué trata el cuento ganador?
La historia es mínima: un padre y su hija se encuentran después de tiempo de no verse. Pero la verdadera apuesta del cuento va por otro lado. Me refiero a la textura de la escritura, a su cadencia y velocidad, y también a los sentimientos subterráneos, a lo que no se nombra pero está ahí.

¿Vive usted de la escritura?
No creo que en Latinoamérica haya demasiados escritores que vivan exclusivamente de la escritura. Yo, ahora mismo, como muchos, me muevo en los alrededores. Doy clases de literatura (que es otra manera de hacer literatura) y esporádicamente dirijo talleres. Aparte de eso, estoy muy involucrado con el cine.

Es el tercer premio que usted gana. ¿Qué representa la competencia en un concurso?
Ganar concursos no te hace un mejor escritor ni cerciora nada. Onetti siempre salía segundo y es uno de los más grandes escritores que haya dado el continente. Sobre todo en países como Bolivia, donde no existen estímulos de otro tipo, sirven para propiciar mejores condiciones económicas que te permitan seguir tomando en serio la escritura sin tener una soga al cuello.

Es decir: los concursos literarios en sí significan poco en relación a lo que facilitan, una mayor comodidad para lo que en verdad es importante, que es escribir libros significativos.

¿Qué tipo de escritor es usted?
Creo que no dispongo de la perspectiva necesaria para responder a esa pregunta.

¿Qué tipo de lector es?
Un lector agradecido y leal que vuelve cada cierto tiempo a sus escritores preferidos.
Usted fue elegido entre los 39 jóvenes narradores más destacados del continente para un encuentro literario en Colombia. ¿Cómo se sitúa en el contexto de la narrativa regional y en la boliviana en particular?
Lo que decía: quiero escribir libros significativos, que no caigan hechos pedazos un segundo después, y eso mismo es lo que me imagino que buscan también los demás. Lo que no significa que no haya unos que se exigen más que otros, unos que ambicionan y se entregan más.

¿Cuáles se constituyen en sus referentes literarios nacionales e internacionales?
Me parece sintomático que siempre se haga la distinción, que se siga teniendo tan presente. En la literatura, las fronteras no son tan palpables ni importan tanto. Si Coetzee me impacta de la manera en la que lo hace, entonces voy a intentar adoptarlo como modelo y voy a intentar aprender de su rigor, más allá de la nacionalidad que tenga. ¿En mi biblioteca quién está a su lado? Posiblemente alguien de otro siglo o de un país muy lejano al suyo. O por la proximidad del apellido, quizá, Carver y Cheever, cuentistas inigualables, o Canetti o Chéjov o Céline. Y un poquito más allá D’ambrosio, Delillo, Junot Díaz y Dostoyevksi. Y un poquito más acá Bolaño, Barrientos, Bernhard, el inmenso Beckett y Bellatín. Todos escritores que admiro y releo siempre.

¿Cómo se mantiene usted al tanto de las novedades literarias?
Cuando viajo vuelvo con la maleta llena de libros. Y cuando estoy acá ando encargándoselos todo el tiempo a los amigos.

Fuente: www.la-razon.com


Charlando con Ana María Cabanellas, reina del mundo editorial

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Ella gobierna el mundo editorial
Por: Marcelo Suárez Ramírez

La publicación de libros en Latinoamérica se encuentra en un muy buen momento, pese al auge de la piratería. Así lo afirma la argentina Ana María Cabanellas, la primera mujer en ser presidenta de la Unión Internacional de Editores (UIE), entidad que desde 1896 representa los intereses de las cámaras editoriales de todo el mundo. Cabanellas destacó el fenómeno de que en la región cada vez se imprimen más títulos, aunque con tiradas menores.

- ¿Cuál es la función de la Unión Internacional de Editores?
- La UIE es una entidad que agrupa a las cámaras del libro de todo el mundo. Casi todos los países tienen una cámara del libro, que son nuestras asociadas; como dijo Alfonso Cortez, somos la FIFA del libro. Nosotros también representamos a los editores ante organizaciones como la Unesco y la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual. Asimismo, hay cada vez más instituciones internacionales que se ocupan de la problemática del libro, por ejemplo, la Organización Mundial del Trabajo y la Organización Mundial del Comercio, con las que nosotros coordinamos nuestras tareas.
- ¿Hasta qué punto les corresponde atender la problemática específica del sector?
- Dependiendo de los casos. Yo, por ejemplo, no puedo ir a Chile y decirle al Gobierno que retire el IVA del 17%; yo necesito que la Cámara Chilena del Libro nos diga: “No queremos ese IVA, ayúdennos”. Entonces nosotros podemos buscar documentación y poner como ejemplo otros casos, como el de Suecia, donde cobraban un 28% de impuestos, pero después lo bajaron 16 puntos, lo que causó que la venta de libros también suba un 16%.
- El impuesto del 13% que se cobra en Bolivia es una de las principales quejas de los libreros…
- De acuerdo, están en su derecho porque eso se convierte en un obstáculo para su trabajo desde el momento en el que entra un libro y tienen que pagar ese porcentaje sobre el monto de la factura. De ahí resulta el encarecimiento del libro importado.
- ¿Cómo está la realidad del mercado editorial latinoamericano?
- Actualmente hay muchas amenazas para la propiedad intelectual. Hay un criterio de que todo lo que está en Internet es gratis. Hay mucha piratería editorial y no me refiero sólo a esa piratería de un libro igual a otro libro. A las fotocopias hay que sumar los libros que se copian en un CD-Rom y se venden en un puesto de la calle a un precio que sólo es el doble del costo del CD vacío.
No obstante, también hay un crecimiento muy significativo del mercado editorial latinoamericano, pues la mayoría de los países han aumentado en número de editoriales. Si bien en un momento parecía que disminuían por las fusiones entre ellas, paralelamente fueron apareciendo otras. Asimismo, el mercado ha crecido mucho en cuanto a la diversidad, y eso se ve en los registros del ISBN, que es un número que tienen todos los libros, lo que permite comercializarlos y determinar dónde ha sido editado y con cuántos ejemplares.
- Se ha comprobado que el soporte papel y el electrónico son compatibles. ¿Cuáles son las ventajas y los obstáculos?
- Yo no hago una diferencia entre el libro electrónico y en papel. El libro es libro siempre y cuando esté hecho por un escritor, con su respectivo editor y tenga su número de ISBN. Claro que no todos los escritores y editores están dispuestos a publicar en soporte electrónico. Podemos decir que la digitalización le ha traído al mundo editorial grandes ventajas: la rapidez con que se hacen los libros, la facilidad para armarlos, para corregirlos, etc. Por otro lado, la digitalización conlleva una serie de peligros relacionados con la facilidad con la que los libros se pueden copiar.
- ¿Qué es necesario para que una editorial se mantenga?
- Lo importante es que exista el reconocimiento que se logra gracias a la solvencia intelectual de la editorial. Es saber que si compro un libro no me van a vender papel pintado, que la redacción va a ser buena; en síntesis, un trabajo hecho con respeto hacia el usuario.
- ¿Qué acciones ha desarrollado la UIE para luchar contra la piratería en el continente?
- Permanentemente estamos buscando la forma de acabar con este mal, pero el problema es que se trata de mafias a nivel continental. A eso se le debe añadir la falta de conciencia de las autoridades, que no ven el daño que hace la piratería en nuestros países. Recuerdo una vez que en La Paz, el secretario de Cultura de la Alcaldía dijo que se podían piratear los libros de autores extranjeros pero no así los de autores nacionales. Eso es una falta de respeto, no creo que les guste que en Argentina pirateen libros de autores bolivianos. El problema es de educación, hay que educar al público, al librero, al juez, al fiscal; todo el mundo debe darse cuenta del mal que causa la piratería.

Perfil

Abogada ligada a los libros
Ana María Cabanellas nació en Buenos Aires. Es abogada y escribana, egresada de la Universidad de Buenos Aires. Fue socia fundadora de Editorial Heliasta S.R.L., empresa de carácter familiar que en 1978 adquirió Editorial Claridad S.A, de la que es presidenta desde 1983.
Desde 1989 trabajó en el ámbito gremial empresario editorial donde ha ejercido diversos cargos. Fue miembro del comité ejecutivo de la Cámara Argentina entre 1989 y 1993. En 2000 presidió el comité organizador del 26º Congreso de la Unión Internacional de Editores y en el periodo 2001-2003 integró el comité ejecutivo, cargo que conservó en 2004. Fue miembro del comité ejecutivo de la Asociación de Derechos Intelectuales en 1990.
De 1993 a 2003 se desempeñó como integrante del comité organizador de las Jornadas de Profesionales en la Fundación El Libro; en 2002 presidió el Comité de Relaciones Internacionales de la misma institución y el comité organizador de las Jornadas de Profesionales en 2003. Integró la Unión Internacional de Editores entre 1996 y 2000 en representación de Argentina, país organizador del congreso de esa entidad, de la que, a su vez, fue vicepresidenta entre 2000 y 2004 y presidente en la actualidad.

Fuente: http://www.eldeber.com.bo/brujula/2008-06-14/nota.php?id=080613211609


Entrevista a Mónica Velásquez ganadora del Yolanda Bedregal en 2007

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Entrevista a Mónica Velásquez
Por Javier Claure C.

“Mientras las chicas hablaban de chicos y de maquillaje, yo quería hablar de la muerte”.

Mónica Velásquez Guzmán nació en La Paz (Bolivia) en 1972 y es la ganadora del Premio Nacional de Poesía “Yolanda Bedregal” 2007, con su poemario Hija de Medea. Estudió literatura en la Universidad Mayor de San Andrés (La Paz) y luego obtuvo su doctorado en la misma materia por el Colegio de México. Actualmente trabaja como docente en la Universidad Católica Boliviana y la Universidad Mayor de San Andrés. Ha publicado: Tres nombres para un lugar (1995), Fronteras de doble filo (1999), Antología de poesía boliviana del siglo XX (2004), El viento de los náufragos (2005), Hija de Medea (2007) y muchos ensayos sobre literatura.

Sin duda que Mónica Velásquez ha construido una pieza de orfebrería bien lograda, donde cada estrofa forma parte de un engranaje meticulosamente diseñado. Es por eso que el fallo dictado por el jurado, en el Palacio Chico de la ciudad de La Paz, señala: “se encontró un trabajo de alto nivel en el tratamiento del lenguaje, y con imágenes muy bien trabajadas, lo que junto con la temática, forman un mundo poético sólido y profundo”.

La obra galardonada, Hija de Medea, es un largo poema conformado por 40 estrofas cortas, y está basada en el famoso mito de Medea. Medea, mujer hechicera por excelencia, mata a sus hijos como símbolo de venganza porque su amado esposo Jasón, le abandona para casarse con Creusa, la hija del rey Creonte de Corinto.

Velásquez hace alusión a la tragedia del mito con bellas metáforas y con un lenguaje literario de alto nivel. En un tono muy particular entrega al lector todo ese proceso de angustia que viven los implicados frente a la idea de la muerte y los conflictos familiares. De allí los versos: Te dieron un hermano despedazado/ te dieron un rey recolector del cuerpo de su hijo/ quemados y muertos varios para tu triunfo (…) Llórame padre entre los ahorcados/ entre los que debían morir para tu vellocino/ Llora mi cuerpo sin sepultura o mi alma desabrigada/ llora al padre sin fuerza ni amor ni hijos…

Se ven muy claros los caminos del dolor y la efímera felicidad de Medea. Vida y muerte se cruzan, en esta historia, como si la venganza, el crimen y las brujerías fuesen el triunfo del amor. Es precisamente una hija de Medea que resucita para enfrentarse a su amargo destino y gritar a los cuatro vientos: Yo, tu hija muerta/ vuelvo de la muerte para amar la impotencia/ para enseñarte a dejar ir, para aprender a perder/ para perdonarte, coser la que fuiste/ y juntas devolver la sombra al Sol. (…) Creyeron que estaba en la piedra a la hora señalada/ que me rendía sumisa al ritual de los otros entregada a su merced/ Pero yo, bruja hija de brujas yo sabía/ Lo adiviné temprano: había que odiar al padre Jasón…

La autora hace muchas preguntas a lo largo del poema y, quizá, sin esperar alguna respuesta específica. En este laberinto de significaciones, cuestiona las relaciones humanas:

¿Qué amor ausente podrá justificar lo “tanto muerto”? ¿Quién dijo que eras el escarmiento a un padre desmemoriado, el castigo de la salvadora al ingrato? ¿Quién corta la cabeza de la culpa, qué amor al bien amará el mal? ¿Qué hija sin padre podría mantener el lazo? ¿Qué hija sin madre podría alcanzar la clemencia?

Por otro lado, da la impresión de que la asesina de sus hijos, Medea, se mata así misma desligándose de su maternidad para refugiarse en las oscuridades de Atenas. Y no menos bella es la última estrofa que dice: Abre la oscuridad, mamá/ ciérrame los ojos.
Para conocerla más de cerca a esta paceña ganadora del máximo premio de poesía en Bolivia, dejemos que nos cuente su trayectoria literaria.

Javier Claure: ¿Por qué escogiste escribir un poema inspirado en el mito de Medea?
Mónica Velásquez: Creo que la historia de Medea, como todo mito, es una fascinante condensación de las contradicciones y sombras del alma humana. Eso de mirar las zonas más densas y difíciles del ser humano, me apasiona verdaderamente. Escribir desde la voz de la hija muerta por su madre, me dio la oportunidad de examinar, sin miedo, los lados más densos de la relación entre padres e hijos.

J. C: He leído en alguna parte que has dicho: “Mientras las chicas hablaban de chicos y de maquillaje, yo quería hablar de la muerte”. ¿Por qué?
M. V: Bueno, lo debí contar como parte de las vivencias de mi adolescencia, pues estuve enferma y me obsesioné con el tema de la muerte, a una edad en que las otras chicas descubrían más bien sus primeros novios.

J. C: ¿Existe algún hecho en tu vida que marcó tu opción por la poesía?
M. V: No lo sé, escribí desde muy pequeña. Es cierto, sin embargo, que después del episodio de la muerte que te cuento, a eso de mis 13 años, la escritura de poesía se hizo más constante y fuerte.

J. C: ¿Qué poetas bolivianos admiras?
M. V: Blanca Wiethuchter, Juan Carlos Orihuela, Oscar Cerruto y Edmundo Camargo.

J.C: Sé que una parte de tu poemario Fronteras de doble filo está dedicado a Dios. ¿Puedes explicarme algo sobre esto?
M. V: Ese es otro tema pendiente. Crecí en una familia católica y me eduqué en un colegio muy religioso. Hay zonas que amo y otras que temo de la imagen que me transmitieron de Dios. En ese libro traté de exorcizar esos temores y concentrarme en el cariño que me provoca, sobre todo, la imagen de Cristo.

J. C: La poesía, y el arte en general, tienden a romper con todo lo establecido por una sociedad. A tu juicio: ¿Cómo crees que el poeta debe proceder con esta ruptura, sin caer en lo vulgar y dejar huellas en los corazones de los lectores?
M. V: No creo que hayan deberes para la poesía, ni siquiera la de ser alternativa a su sociedad. Yo creo que la poesía es el ejercicio más grande de libertad. La poesía transita tanto por lo normativo como por la transgresión. En dicho tránsito está su fuerza y su relación con el público.

J. C: ¿Hay alguna diferencia, en cuanto a la escritura, entre un hombre y una mujer que escribe poesía?
M. V: Debe haberla, pues como cualquier otro rasgo determina el lugar del ojo. Creo que lo femenino y lo masculino van más allá del sexo biológico. Ambos sexos apuntan a zonas transitables por la creación. En lo que sí creo; es en una fuerza y unos motivos más recurrentes en escritoras que en escritores.

J. C: José Martí dijo: “La imaginación tiene en la construcción de las matemáticas tanta parte como en las concepciones dolorosas y lumíneas de la poesía”. ¿Qué opinas al respecto?
M. V: La imaginación está en muchas de las labores que realizamos, en casi todas las formas en que nos inventamos. Deberíamos verla como una alternativa más de las formas del pensamiento. Y en esta medida, aunque más intensa en el arte, es parte de la vida de todo ser humano.

Fuente: www.ecdotica.com


Entrevista a Martín Sivak

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El mito del presidente ilustrado fue superado, dice Martín Sivak
La primera vez que Martín Sivak entrevistó a Evo Morales fue en Buenos Aires. Era un día helado de agosto de 1995 y el periodista, como corresponsal del diario Hoy de La Paz en la capital argentina, buscó al líder cocalero invitado al seminario Perspectivas de Liberación en América Latina. ‘Nadie le prestaba atención’, recuerda Sivak en Jefazo, retrato íntimo de Evo Morales, el libro que acaba de presentar en Bolivia y que promocionará en seis ciudades argentinas.

En el libro cuenta usted que Evo Morales llegó a sugerirle un nombramiento como Embajador de Bolivia. ¿Qué le pareció tal posibilidad?

Hay que aclarar el contexto. Fue el 2002, cuando se disputaba, en el Congreso, la presidencia con Sánchez de Lozada. Pudo ser un chiste, una broma, lo interesante de esto es su respuesta cuando le dije que no podía ser, pues no nací en Bolivia y las reglas de la Constitución no lo permiten. ´Hermano, las reglas son para cambiarlas´, dijo. Me sentí un conservador porque, claro, pensé que la Constitución es algo inamovible. Pero no sería embajador de ningún país, pues no me siento capacitado para ello.

¿Cómo presenta usted el libro? ¿Es de investigación periodística? ¿Es una biografía?

Yo diría que combina ciertos elementos del periodismo narrativo, en los capítulos en los que relato la intimidad del Presidente, como testigo directo: en reuniones de gabinete, viajes, encuentros con los dirigentes sindicales, etc. Esta parte es de crónica o relato periodístico. Luego, en los capítulos pares, hago un esbozo de ensayo biográfico y, para ello, obviamente es muy importante la historia reciente de Bolivia, ya que no se puede explicar el ascenso de Evo desligado de dicha historia. El libro se mueve en esas tres dimensiones. Me gustaría aclarar algo que escuché en las radios en Santa Cruz sobre que es una biografía oficial o autorizada. Nada de eso. En ningún momento de los dos años que trabajé Jefazo… el Presidente ni nadie del Gobierno me preguntó sobre lo que escribía ni me pidió nunca ver un párrafo.

¿Cómo es que ha merecido usted tanta confianza?

Esa es una pregunta para el Presidente o su entorno. Yo lo conocí el 95 y lo he tratado muchas veces en estos 13 años. Le entrevisté en diversas circunstancias, para la radio, la televisión, revistas. Conversé con él muchas veces. Pero no me corresponde decir por qué me dio el acceso a esa intimidad.

Entre dicha intimidad y los actos públicos, que se reflejan también en Jefazo… ¿cuán transparente se puede decir que es Morales?

El Presidente es una persona transparente. Cuento en el libro cómo en las reuniones no públicas se enoja, se alegra, hace chistes… tal como en sus discursos. Me sorprende mucho la similitud entre el personaje más íntimo con el que después va al pueblo más lejano y perdido de Bolivia. Muchas veces se le ha recomendado que en los discursos no diga todo lo que piensa. Yo he entrevistado a muchos otros presidentes y me resulta absolutamente inédita esa concordancia entre el Mandatario de intramuros y el que va a los poblados.

¿Diría que es un político atípico?

Absolutamente. No le ha pasado, como con otros líderes que fueron aprendiendo a través de una diputación tranquila, una senaduría, una alcaldía. Su formación como político está signada por la persecución, la cárcel, el confinamiento y un dificultoso paso por el Congreso en el que no dejó de manifestarse en las calles. En el Palacio, lo ha dicho varias veces, sigue aprendiendo pues llegó sin saber de inflación y estos temas. Antes de Morales, el presidente socialmente aceptado debía ser universitario, con una familia que mostrar, conocimientos de economía. Evo no es así.

¿No cree que esto mismo le pasará la factura a la larga?

Lo votó el 53,7% de bolivianos… El mito del presidente ilustrado se ha derrumbado porque no respondía a las demandas de la sociedad boliviana. Pero será el referéndum revocatorio el que permitirá una respuesta a si el pueblo ha aceptado esta atipicidad.

Hay datos en el libro sobre la sorpresa con que Evo recibe ciertas noticias de él en la prensa. ¿Cree que los medios son justos al informar sobre el Gobierno?

Veo un maltrato y un afán de ningunearlo. Compartí giras con él y vi en la prensa apenas notas breves. En abril, el Presidente estuvo en Nueva York, donde vivo y lo entrevisté. En todas las grandes cadenas le dieron enorme espacio a su discurso en el foro indígena. No así en Bolivia. Es injusto generalizar, pero creo que la prensa boliviana debería interpelarse y analizar cómo cubre y cómo cubrió antes, en esos 20 años de neoliberalismo.

¿Es usted crítico con Evo?

Yo no soy neutral ni imparcial, no creo en ese discurso de la objetividad. Yo tomo posición. Siento profundo respeto y admiración por el Presidente. Pero esto no me quita que escriba con verdad. Mi libro no es un panegírico, muestra al Presidente en su complejidad. He escrito también artículos críticos. Uno puede estar a favor o en desacuerdo con que Morales sea presidente, pero parte del ejercicio del periodismo es ser justo.

¿Para qué público es Jefazo…?

No era mi pretensión hacer un libro académico, analítico, pensé en un relato universal y espero haberlo conseguido. A diferencia de mis anteriores obras, El asesinato de Juan José Torres y El dictador elegido (sobre Banzer), que estaban destinados a Bolivia, Jefazo… se leerá en Latinoamérica.

Fuente: www.la-razon.com.bo


Editor de Mafalda en Bolivia

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Flor de editor Divinsky
Por: Marcelo Suárez Ramírez

Así como la literatura argentina es rica en escritores de alto nivel, también ha engendrado editores que abrieron mundos nuevos a los lectores. Uno de ellos es Daniel Divinsky, que desde hace más de cuatro décadas está a cargo de Ediciones De la Flor, una de las pocas editoriales independientes que ha logrado hacer frente a los grandes sellos, con autores y títulos que se han convertido en algo más que best sellers. El editor argentino conversó con Brújula, a pocos días de su participación en la novena Feria Internacional del Libro de Santa Cruz, en la que brindará diversos talleres. Divinsky valoró que actualmente se produzca una mayor cantidad de libros, como también las nuevas herramientas para los lectores.
- La editorial continúa en manos de sus dueños luego de más de 40 años de su creación, ¿cuál ha sido la clave para mantenerse?
- En realidad, mi mujer, Elisa Miler, se incorporó en 1970, tres años después de la aparición de los primeros libros. La clave no es una sola. Pero si pudiera mencionar, las principales, serían: la fidelidad de Quino y Fontanarrosa, nuestros autores de más venta, que continuaron publicando con De la Flor incluso durante el periodo en el que los editores estuvimos presos a disposición del Poder Ejecutivo, en 1977, y durante los seis años de exilio en Venezuela. Asimismo, la ocupación, por muchos años, de lo que se llama un nicho de mercado en el que nos especializamos: el humor gráfico y escrito. Siempre bromeamos sobre esto parafraseando a Inodoro Pereyra en un cuadrito de la historieta de Fontanarrosa: “En la división internacional del trabajo (editorial), a nosotros nos tocó hacer reír”.
- ¿Cómo es que el humor gráfico llegó a convertirse en el caballito de batalla de la editorial?
- Mi elección personal de autores que hacían dibujo humorístico derivó, por una parte, de mi admiración por los dibujantes en general, muy fundamentada: fui un estudiante muy aplicado en la secundaria, pero en el primer año me aplazaron en la asignatura Dibujo, por lo que debí pasar un examen de fin de año, previa preparación en una academia bastante patética. Y por la otra, de lo que creo es mi vocación por el humor: tengo la risa fácil y me gusta que un libro me divierta.
- ¿Qué obras se rehusó a editar?
- Me rehusé a editar centenares de obras porque no me gustaron, pero si lo que se quiere significar es cuáles no editamos por objeciones a su contenido, puedo citar el muy exitoso Cartas para Verónica, de Poldy Bird, en su momento directora de una revista para mujeres, un libro lacrimógeno, de previsible repercusión, pero que no era para De la Flor.
- ¿Cómo se logra mantener una editorial independiente en un mercado cada vez más globalizado?
- El secreto que nos permitió subsistir a la globalización editorial tiene dos facetas: la permanencia de nuestros autores más vendidos (a los mencionados debe agregarse Rodolfo Walsh, cuyos herederos volvieron al sello, originalmente elegido por él, luego de una desafortunada experiencia en una trasnacional) y la agilidad para estar atentos a los nuevos y apostar a algunos de ellos. El ejemplo más reciente de esto es el suceso de los libros de Nik (Gaturro) y Liniers (Macanudo).
- Se ha comprobado que el soporte papel y el electrónico son compatibles. ¿el libro impreso tiene alguna desventaja dentro de este panorama?
- No lo creo y estoy entre los que piensan que hoy se lee más que otrora: la lectura en pantalla o a través de Internet también es lectura y estimula luego el consumo de libros. Los lectores de hoy son propensos a lo que en televisión se llama ‘zapping’: cubren espectros de interés más diversos, pero al mismo tiempo tienden a profundizar poco, porque su atención se dispersa entre los diversos focos, que se desplazan unos a otros rápidamente
- ¿Qué factor considera que ha incidido para que la piratería se extienda en el continente?
- Son varias causas, que van desde la penuria económica de sectores que quieren leer pero no pueden comprar libros que son cada vez más caros, por el creciente e imparable costo del papel y por la reducción de las tiradas, hasta la falta de conciencia de policías y jueces acerca de la naturaleza delictiva de la reproducción ilegal de libros. Cuando estuvimos con Quino en la Feria del Libro de La Paz, por dos años consecutivos, repartimos una hoja en la que advertíamos que él no iba a firmar ediciones piratas. Se aclaraba que presumíamos que la gente las había comprado de buena fe, pero que el autor no podía alentar la proliferación de libros ‘falsificados’.
- ¿Cuáles deberían ser las principales aptitudes de un buen editor?
- El mejor editor sería el que pudiera publicar lo que le guste sin estar obligado a vender los libros publicados para ganarse la vida: o sea, tener por detrás el respaldo de un enorme capital desinteresado o el del Estado, algo casi imposible.
Los años difíciles
Un año después del golpe de Estado de 1976 en Argentina, Divinsky y su esposa Elisa Miler fueron encarcelados por la publicación de un libro infantil con un puño en alto en la tapa que fue interpretado torcidamente. “Aunque nadie lo había pensado con finalidades ideológicas, la imagen fue considerada una apología de la subversión destinada a los chicos”, mencionó Daniel.
Esos arrestos desencadenaron una ola de adhesiones de las editoriales de todo el mundo. Peter Weidhaas, director de la Feria del Libro de Francfort, les envió pasajes para que salieran del país. El destino elegido fue, como para muchos otros, Venezuela. Ya instalado en Caracas, Divinsky se encargó de la distribución y promoción de los libros publicados por la Biblioteca Ayacucho, dirigida por el reconocido crítico literario uruguayo Ángel Rama. “La editorial siguió funcionando con un mínimo equipo dirigido por nosotros, por carta o por teléfono, y capitaneado por la madre de mi esposa. En ese lapso se siguieron publicando libros con mucha prudencia sobre su contenido, aunque la prudencia no era nunca suficiente por la falta de criterio del gobierno militar. Debimos cancelar la edición de un libro titulado La supernada: ideología y lenguaje de la publicidad, ante la aparición de comentarios amenazadores ante el solo anuncio del título. También la de una antología de Rufino Blanco Fombona, historiador venezolano nacionalista, a quien se sindicaba de ser enemigo del Libertador por textos críticos que había publicado sobre el general San Martín”, recordó el editor.
Con la restauración democrática, Divinsky regresó a su país y desde entonces su tarea al frente de la editorial no ha dejado de recibir premios y reconocimientos.
Fuente: www.eldeber.com.bo


Entrevista a Sebastián Antezana II

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El manuscrito de Antezana Galardonado
Por: Marcelo Suárez Ramírez

Aunque el jurado calificador del Nacional de Novela afirme que La toma del manuscrito tiene una estrategia narrativa sólida y original, y las historias y personajes se convierten en la excusa para contar por el sólo placer de hacerlo, Sebastián Antezana prefiere no marearse con los halagos y, manteniendo un perfil bajo, se remite a disfrutar de la noticia que recibió. A sus 25 años se convirtió en el ganador del premio más importante de las letras nacionales, con una obra que superó a las de postulantes más experimentados, como Néstor Taboada Terán, que recibió una mención por La virgen de los deseos.
- ¿Cómo nace La toma del manuscrito?
- Fue a raíz de una inquietud que se me presentó a principios de 2004. La elaboración de la obra se dio en varias etapas, desde la investigación sobre la historia central que me interesaba contar, hasta el planteamiento esquemático. La novela aglutina mis influencias literarias del género de aventuras y el policial; en ella se entrelazan varias historias que se unen para contar el descubrimiento de un antiguo manuscrito y una expedición que parte de Europa hacia África alrededor de 1870, durante la colonización de ese continente.
- ¿El hecho de que la obra aglutine algunas de tus influencias literarias se puede interpretar como una autobiografía?
- Tengo un montón de influencias que he intentado dejar explícitas en la obra, pero la novela es autobiográfica en un sentido literario. No he pretendido contar mi propia historia, ni las vivencias de Sebastián Antezana, sino más bien hacer una especie de homenaje a escritores y obras que me han influenciado al momento de escribir.
- El jurado la calificó como una novela con una estructura narrativa original. ¿Cómo lo ves tú?
- Considero que en esencia es bastante difícil ser original, en cuestión de estructura. No sé si la estructura sea tan novedosa, pues en estos tiempos es difícil decir que una obra pueda ser original en cuanto a su forma narrativa, pues todo ya está casi hecho, pero sí me interesó darle un significado más profundo a la historia de este personaje.
- ¿Qué te motivó a participar en el concurso?
- Básicamente el tema de la difusión, porque tanto el Premio Nacional de Novela como el de poesía y de cuento dan la oportunidad de difundir la obra de los escritores noveles como yo. También para que gente que pretende seguir un camino dedicado a la producción literaria cuente con un respaldo económico importante.
- ¿Qué autores has leído últimamente?
- Se me pueden venir a la mente unos 25 autores, pero en mi mesa de noche ahora tengo dos libros, uno es de Rose Macdonald, titulado El martillo azul, y otro de Harold Bloom, que se llama El canon occidental.
- ¿Te inclinas más por algún tipo de literatura en particular?
- Me considero más bien un lector bastante amplio, pues no quiero encasillarme en algo específico. Por ello intento leer toda clase de autores y corrientes literarias. Eso me parece adecuado para que más adelante me encamine por algo más definido. Eso es lo bueno de la literatura, que la posibilidad de una mayor apertura.
- ¿Qué escritores bolivianos están entre tus lecturas?
- Desde los clásicos, como Jaime Saenz, Óscar Cerruto y Edmundo Camargo, hasta las obras más nuevas como las de Ramón Rocha Monroy y Cé Mendizábal.
- ¿Cómo ves el panorama de la literatura latinoamericana en la actualidad?
- Siempre he considerado al territorio latinoamericano muy rico en el tema literario. Creo que por ser un continente que no ocupa un primer plano a nivel mundial, los escritores tienen una identidad propia. Históricamente se ha probado, primero con Borges y luego con García Márquez, que la literatura latinoamericana puede ocupar un lugar preponderante en Europa y otras regiones.
- ¿Ves algún elemento en común en los nuevos autores con los de la época del boom?
- No lo creo, más bien considero que hay muchas diferencias estilísticas e incluso diferencias temáticas. Todo es parte de un proceso de cambio natural que se ha ido dando en el continente, tanto por las historias sociales y políticas de los países, como por el crecimiento literario en cada nación.
Datos del autor
- Sebastián Antezana nació el 11 de diciembre de 1982 en México, durante el exilio en ese país de sus padres, Mauricio Antezana y María Soledad Quiroga, que fue ministra de Educación en Bolivia en la gestión de Carlos Mesa (2003-2005)
- El joven escritor anteriormente recibió una mención en un concurso de cuento corto policial del diario paceño La Prensa.
- La toma del manuscrito relata una expedición europea a África en el siglo XIX. El personaje central mata para robar un álbum de fotos y poco a poco se van introduciendo en la vida de cada una de las personas que aparecen en las fotografías.
- Antezana es nieto del líder socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz, que fue asesinado en 1980.
Fuente: www.eldeber.com.bo


Entrevista a Sebastián Antezana, ganador de la X versión del Premio Nacional de Novela

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La obra parte en Bolivia y se abre a la literatura
Fue su madre, la poetisa Soledad Quiroga, quien le comunicó a Sebastián Antezana ayer, a mediodía, que había ganado el X Premio Nacional de Novela con su obra La toma del manuscrito, una historia que engloba otras varias tramas a partir del intento de un narrador por descubrir las identidades de los personajes retratados en una fotografía de una expedición a África en 1875.
“Feliz y aún sorprendido” se sintió el galardonado de 25 años; hijo de Mauricio Antezana, nieto de Marcelo Quiroga Santa Cruz y flamante licenciado en Literatura, que destinó cuatro años discontinuos a terminar su novela.
¿Hay alguna clave en el título: La toma del manuscrito?
Es más bien referencial y juega con el término de toma, como conquista, y como toma fotográfica, que aquí es importante pues el detonante de todas las historias es un álbum de fotografías.
La trama parece alejada de cualquier contexto, ¿qué hace de ésta una obra boliviana?
Para empezar está escrita por un autor boliviano y está escrita, me parece, desde una mirada profundamente boliviana; pero una mirada boliviana no cercada. Es una obra que empieza en Bolivia y que se abre a la literatura en general … y es que toda literatura tiene esa misión de apertura.
El jurado recalca que hay intertextos, o diálogos con otros autores, de su obra. ¿Fue parte de su estrategia literaria?
Quería dejar explícitas las varias influencias que me han conformado en mi carrera de Literatura y en la novela hay intertexto con obras de grandes maestros que van desde Borges, pasando por Perec, por Joyce, hasta Flaubert. También están los escritores nacionales que son igual de grandes: Jaime Saenz, Óscar Cerruto, el propio Ramón Rocha Monroy.
¿No menciona la obra de su abuelo, Marcelo Quiroga?
Respeto y admiro mucho su obra. Yo nací después de que el murió pero he heredado el ambiente, de la lectura de los libros.
¿Cómo une el oficio de escritor con el de crítico literario?
Creo que escribir es una práctica constante de investigación, producción y corrección. Y es sobre todo un diálogo con obras de otros autores e incluso con la obra propia. Además, el creador siempre es crítico de sí mismo y toda crítica a su vez es una propuesta literaria, creativa.
¿A qué destinará el premio?
A una maestría, en septiembre me voy a estudiar a Inglaterra.
¿Volverá?
Seguro, volveré.
Fuente: www.la-razon.com.bo


Entrevista a Adolfo Cárdenas

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Esta entrevista a Adolfo Cárdenas, autor de Periférica Blvd. ha causado cierto revuelo en el medio literario boliviano, por lo que se la presentamos inextensa. Les recomendamos el blog de Liliana Colanzi http://the-stranger-.blogspot.com/2008/05/adolfo-crdenas-y-unas-barrocas.html para leer su reacción, así como la de Maximiliano Barrientos.

Entre ch’ojchos, los cuentos de Adolfo Cárdenas
Por: Aldo Medinaceli

Hace un tiempo, instado por Daniel Medinaceli (D.M.) y a nombre del Grupo Literario Esperanza de la ciudad de Potosí, nos reunimos junto a Adolfo Cárdenas (A.C.) en torno a unos libros, algunos cuentos en la memoria y otras papelerías. También asistió Daniel Peñaranda (D.P.), asiduo de los textos y espacios de Cárdenas; y los cuatro sostuvimos una extensa conversación libre y fragmentaria. Luego de un rato, y pese a que las baterías estaban descargadas, encendimos la grabadora… así se guardaron estas impresiones del autor de Periférica Blvd.
— (D.M.) ¿Puedes hablarnos, de manera sucinta, de las obras que has publicado?
— (A.C.) En términos de fechas, mi primera publicación data de -probablemente 1982, cuando gano un premio de publicación en Argentina para un libro que se llamaba Alaxpacha, un libro de cuentos sobre mitos andinos básicamente. Luego, después de unos cinco años, recién es que pienso en la publicación en Bolivia. Fundí Alaxpacha con otro grupo de cuentos urbano marginales, y salió a la luz el primer libro que vendría a ser Fastos Marginales.
Luego, en un proyecto que teníamos en la carrera de Artes de la Universidad publiqué un segundo libro de cuentos: Ch’ojcho con audio de rock pesado, una edición mínima, hecha en serigrafía, (además que ese era parte del experimento: libros impresos en serigrafía). Esas han sido las dos primeras publicaciones, después de mucho tiempo, he publicado El octavo sello (1997) con una editorial llamada Punto Cero, que tenía un proyecto interesante para escritores. Y eso sería todo, hasta la publicación que hacemos, junto a la Universidad, de la novela Periférica Blvd para terminar con Doce monedas para el barquero.
— (D.P.) Un cuento de “Fastos Marginales”: “Hoy fricasé hoy”, trata una historia, hasta cierta parte, verídica. ¿Qué te llamó la atención de ella para que la reescribieras en el cuento?
— (A.C.) Una amiga mía estuvo un tiempo en la cárcel de mujeres por motivos estrictamente políticos. En una charla me contó que la cocinera del panóptico estaba detenida por hacer justo lo que se maneja en el cuento, es decir: agarró al marido, lo hizo pedazos, lo cocinó y lo sirvió. Por lo demás, una anécdota bastante difundida, no solamente en nuestro medio, en todos los medios… Al mismo tiempo, creo que todos llevamos un antropófago potencial metido ahí, en algún recodo de nuestro primitivismo”. Pero el relato ha sido desarrollado a partir de la anécdota que me habían contado.
— (D.M.) ¿Qué opinas acerca del movimiento último de la literatura en Bolivia, por ejemplo acerca de Edmundo Paz Soldán y el llamado post-boom de la narrativa?
— (A.C.) La verdad es que no he leído lo suficiente, digamos, a Paz Soldán como para tener un criterio formado. Sin embargo, las intenciones del grupo McOndo no me parecían del todo interesantes, porque estaban agarrando formas narrativas que no correspondían a nuestro medio al deshacerse totalmente del barroco, que para mí es una tradición que hemos sabido hacerla nuestra, que está bien fundida con nosotros y que siempre la he tomado como una de las formas estéticas alternativas, que tendría que establecerse ya en América Latina, y en particular en Bolivia. No hay que olvidarse que el barroco americano o barroco mestizo tiene su origen en el Potosí de 1600, entonces creo que esa tradición tiene que ser conservada.
— (Aldo Medinaceli A.M.) Adolfo Cárdenas dirige un taller de escritura creativa en la Carrera de Literatura de la ciudad de La Paz, ¿cómo ha sido esa experiencia?
— (A.C.) El taller debe tener unos 11 años de antigüedad. Al inicio de cada gestión yo intento comunicarles a los estudiantes mis opciones estéticas. Como saben, yo apuesto definitivamente por el barroco, y en ese sentido, creo que hay un leve direccionismo estético, ¿no es cierto? Pero, por lo demás, intento que los talleres sean lo suficientemente libres, como para que cada tallerista tenga la capacidad de comunicar sus intereses tanto estéticos, formales, estructurales e ideológicos. Lo bueno de los talleres es que de alguna forma siempre están presentes en concursos -sobre todo de cuento, nacionales, y lo interesante es que siempre están figurando, cuando no como premios, sí como finalistas. En ese sentido, yo creo que el trabajo que está desarrollando el curso es bastante positivo.
— (D.P.) En Doce monedas para el barquero, en el relato “Hard Video”, se trata un tema fuerte ¿cómo te surgió esa idea?
(A.C.) En algún momento me contaron en qué consistía un Hard Video: con el crimen real de por medio, ¿no es cierto? Y fui manejando la idea a partir de la experiencia de un amigo que conocía una mujer que bailaba en un club nocturno, y que de pronto un día dice: “Acá no va a pasar nada excepto que yo me siga bajando los calzones”, así que voy a buscar mejores horizontes donde me puedan ofrecer la opción de hacer películas porno. Entonces, ya redondeada la anécdota, no puedo decir mucho sobre la personalidad de este personaje, es decir, es un poco sobre la ambición de todo ser humano…
— (D.M.) ¿Cómo tomas la acción de la escritura en cuanto al humor y la distancia entre el texto y el autor?
— (A.C.) Sacarse una serie de presiones que algunos de los escritores llaman “fantasmas” creo que te da una opción óptica un poquito más relajada, es decir, ya imponiéndose, no tanto la literatura como urgencia, sino en el marco del arte. Eso es lo que he pretendido en Doce monedas para el barquero, es decir, una habilidad narrativa, quien sabe con el tiempo más depurada.
— (D.P.) Se ha hablado bastante de tu escritura como exclusiva de la ciudad de La Paz, pero existen cuentos sobre todo en El octavo sello, donde mencionas, por ejemplo a Las Vegas, y ya hay un desplazamiento de espacio, ¿qué consideraciones tienes sobre esto?
— (A.C.) Yo creo que hay cierta “intención política”, digamos, en los cuentos que están localizados fuera del territorio; es un poco la manifestación en contra del prejuicio que nos tienen a nosotros los bolivianos, no solamente en el área Occidental, sino también en el área suboccidental, vale decir, que países del tercer mundo, pero con mayor desarrollo relativo, tienen un tremendo prejuicio contra Bolivia. Una de estas últimas manifestaciones la vi cuando un poeta chileno (dicho sea de paso: colaborador de la dictadura pinochetista), hizo unas declaraciones muy pretenciosas de lo que él consideraba era la poesía boliviana, entonces estos manifiestos, de alguna manera, vendrían a ser una especie de confesiones de recelo político.
Fuente: www.laprensa.com.bo


Novedades literarias. El revés del cuento de Isabel Mesa

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“En el revés del cuento se mira los cuentos de hadas por dentro”
Que se publique un libro de literatura nunca deja de ser un acontencimiento, pero cuando éste es de una autora que recibió cinco galardones internacionales por sus obras y vendió más de 30 mil copias de siete obras infantiles en 10 años, la noticia es doblemente buena.
El revés del cuento, la nueva novela infantil de Isabel Mesa saldrá a la venta a fines de mes [mayo]. La autora, sin lugar a dudas una de las más exitosas del país, por la acogida de sus trabajos, cuenta los detalles de la aventura de dos hermanos que interactúan con personajes de fantasía, y vaticina una mejora en cuanto a los niveles de lectura de los niños y jóvenes bolivianos.
—¿De qué trata El revés del cuento?
— Es una novela corta en la que Maya, una gran lectora de cuentos de hadas, descubre sobre su mesa de noche dos personajes de papel que no sabe de dónde salieron. Su hermano Lucas, fanático de los superhéroes, decide ayudarle en la investigación sobre la procedencia de las misteriosas figuras. Los dos hermanos se enfrascan en una aventura de fantasía alrededor de un príncipe y una princesa de cuentos.
— ¿Se basa en temas históricos o tradiciones bolivianas como anteriores, o más bien es similar al último, Trapizonda, que trata sobre tecnología y videojuegos?
— Este libro sale totalmente del esquema de mis anteriores. Deja de ser una investigación histórica y de patrimonio cultural para convertirse en una novela que discute los valores de los cuentos de hadas y las historietas de los superhéroes, desde el punto de vista de dos niños que defienden, cada cual, su lectura preferida.
— ¿Cómo fue el proceso creativo de este libro. En cuánto tiempo lo hiciste, cómo fue el trabajo de investigación y cómo se te ocurrió la temática?
— Este libro me llevó unos seis meses de labor. Trabaja la estructura de los cuentos de hadas, sus elementos narrativos, la magia y personajes que hay en ellos. Por otro lado, contrapone a los superhéroes y villanos con sus características actuales que atrapan a gran parte de los niños de hoy. La temática nació en base a las conversaciones de los niños de mi clase: sus gustos, sus intereses, sus juegos.
A partir de ello realicé dos proyectos de aula en el colegio, el primero sobre cuentos de hadas y el segundo sobre superhéroes y me llamó la atención cómo los chicos se posesionaron de los personajes de ambos proyectos.
— ¿Quien hizo el trabajo gráfico de El revés del cuento? ¿Cuán importantes son para ti las ilustraciones en tus libros?
— Son doce capítulos, cada uno con una ilustración realizada por mi hermana, la artista Guiomar Mesa. La tapa también la diagramó Guiomar en base a una de las ilustraciones. Creo que la parte gráfica es fundamental en los libros de literatura infantil porque estimulan al niño en su lectura. Si bien al leer dejamos volar la imaginación, las imágenes complementan el texto y ayudan a los niños en su interpretación de la obra, pero sobre todo, a aprender a leer una imagen en base a un argumento.
— ¿Qué otras características y detalles resaltas de este trabajo?
— En parte es autobiográfica, ya que me identifico con la protagonista, pues de niña fui una gran lectora de los cuentos de hadas (y lo sigo siendo). Va al rescate de otros cuentos que no son los clásicos como Caperucita, Cenicienta o Pulgarcito. Esta obra va en busca de tantos cuentos maravillosos que hoy se han dejado de leer como Piel de Asno, El Rey Cuervo, Barba Azul
Por otro lado, al igual que en Trapizonda, me pongo en la situación del niño del siglo XXI e incluyo la tecnología en la obra (laptops, escaners, ondas electromagnéticas) y trabajo la relación cotidiana entre dos hermanos que juegan pero al mismo tiempo discuten, que comparten pero también se distancian.
— ¿Cómo evalúas a la literatura infantil en el actual contexto del país; su papel en la educación —tomando en cuenta que varios de tus libros forman parte de la currícula—; el nivel de comprensión de niños y jóvenes y la cantidad de lectores?
— Eso de que “en Bolivia no se lee” es una muletilla muy utilizada, pero el problema es a nivel mundial. Más bien, creo que en Bolivia hay muchísimos colegios, maestros e instituciones que trabajan arduamente para que los niños lean. Hay una gran cantidad de colegios que tienen en su currícula literatura infantil, no sólo nacional, sino también internacional. Editoriales como Santillana, Alfaguara, La Hoguera, Plural y Norma se acercan a los colegios a ofrecer las novedades y cada vez son más los colegios que adoptan literatura infantil.
En lo que debemos mejorar es en el tipo de literatura que se está haciendo en Bolivia. Creo que los autores tenemos que actualizar los temas y el estilo, conocer lo que se está haciendo en otros países. Para lograr un cambio, es importante que las editoriales, el Viceministerio de Culturas y otras instituciones estimulen a más autores de literatura infantil y que los ayuden a publicar sus textos mediante convocatorias a concursos, seminarios, encuentros con otros autores, ferias infantiles, invitaciones a especialistas del área, etc.
— ¿Recuérdanos cuáles fueron tus anteriores libros, los años de publicación y los galardones que recibieron?
— Soy autora de cinco novelas, un libro de cuentos y un libro de mitos indígenas. Con La pluma de Miguel obtuve el premio ENKA de Literatura Infantil de Colombia (1998), con El espejo de los sueños, el Premio a la mejor ilustración de la Reforma Educativa (1999); tengo una mención especial al guión de la película basada en La portada mágica en el VII Festival Iberoamericano de Cine (2004).
Con Trapizonda: un video juego para leer obtuve dos premios internacionales: fue nominado entre los mejores libros de Literatura Infantil a nivel latinoamericano por el Banco del Libro de Venezuela (abril, 2007) e incluido en la Lista de Honor de Ibby 2008, a premiarse en septiembre de 2008 en Dinamarca. Además soy autora de La Turquesa y el Sol (2003), La flauta de plata (2005) y El revés del cuento (2008) que estará a la venta a partir de la próxima feria del libro de Santa Cruz (a fines de mayo).
Fuente: www.laprensa.com.bo


Sobre el Señor de Eldorado de Alcides Parejas

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La “osadía” de Alcides Parejas Moreno
Por: Miguel E. Gómez Balboa

Extremadura, España… Un mito, un soñador, una aventura… El Nuevo Mundo… Cartagena de Indias, Libertad… Lima, Cusco… Santa Cruz de la Sierra… Eldorado… El mito vuelve a la palestra literaria de la tinta del renombrado historiador cruceño Alcides Parejas Moreno en su primera novela, El Señor de Eldorado. Una travesía que permite al lector emprender un periplo imaginario por la España y el suelo altoperuano del siglo XVI, y conocer algunos personajes que marcaron la historia de la conquista española en el Nuevo Mundo y la fundación de Santa Cruz de la Sierra. Parejas habla en esta entrevista de su incursión en el género de la novela, a lo que califica como una “osadía”.
—¿La publicación de esta novela era algo que tenía pendiente, una deuda consigo mismo?
—Yo creo que sí. Siempre he tenido una especial atracción por la literatura, por la novela y el cuento: desde muy chico mi padre me introdujo en el cuento, primero, y en la novela, después. Siempre he estado detrás de eso. Y he tenido la suerte de leer en la universidad a los que considero maestros de la lengua española, especialmente a Sorín, el hombre de las frases cortas y redondas. Entonces, era una deuda conmigo mismo, y a mis 63 años me lancé a escribir una novela.
Además que era algo que tenía muy dentro: mostrar dos cosas. Primero, que uno de los móviles de la conquista española fueron los mitos, aquellos clásicos que manejaba el hombre de principios del siglo XVI, que venían de esa extraña mezcla de hombre del medioevo y hombre del renacimiento, de esos hombres que entraron en la Edad Media con ideas y soluciones modernas a problemas que se les plantearon; y uno de los que me atrajeron más fue el mito de Eldorado, en todas sus versiones, un mito enormemente bello en sí mismo y, por otro lado, es tal vez el único que está presente en toda América, un mito que salta y que termina curiosamente en el oriente boliviano.
Y segundo, el hecho del descubrimiento y la conquista igual me pareció una epopeya interesante y fascinante. Mezclé esos dos elementos y me atreví a incursionar en la novela.
—Juan de la Rosa y Cuevas, ¿cuánto de ficción y realidad hay en este personaje?
—Con base en unos hechos históricos sobre la conquista y el descubrimiento de América, creo en realidad dos personajes ficticios: uno del siglo XVI y el descendiente de éste en el siglo XX. Este último busca al otro personaje, trata de sacarlo del olvido y se mueve a través de esa búsqueda. Juan de la Rosa y Cuevas es un extremeño, nacido en Almendro, un pueblo que existe. La historia cuenta todo el proceso de este hombre que desde muy pequeño es inducido por el párroco en la idea de América y renuncia a la cruzada europea por la cruzada indiana. Entonces, yo le hago saltar a Sevilla, a América, y de un lado a otro hasta encontrarse con personajes importantes que son los que le van a redondear la existencia y le van a resolver su búsqueda de Eldorado.
—¿Cuánto tiempo le llevó hilvanar la trama y los personajes?
—El proceso ha sido de entre 10 y 12 meses, y fue muy divertido porque ha sido casi un asunto familiar. Tengo dos hijos y una mujer historiadores, y cuando mi hijo Felipe, el número cinco de mis hijos, me desafió a que escribiera una novela, desde el primer momento don Juan de la Rosa y Cuevas se convirtió en un miembro más de la familia. En todas las reuniones familiares lo conversábamos. Este personaje se convirtió en parte de la cotidianidad familiar; les iba contando a mi esposa e hijos lo que mi personaje iba haciendo, a veces a pesar mío, y ellos me ayudaron a construirlo. Entonces, ésa fue una de las partes más bonitas de este proceso.
—O sea, es propiedad de la familia Parejas…
—(Risas) casi, casi…
—¿El hecho de ser historiador le facilitó la labor a la hora de hilvanar esta novela?
—No es tan fácil. La investigación histórica te ciñe a unos documentos, o sea, hay que cuestionar al documento; aunque no puedes forzar a éste, no puedes crear ni inventar una realidad. El historiador no es un creador, sino un científico que trabaja con documentos. En cambio, el novelista es un hombre que es capaz de crear, y ésa es la maravilla y ahora la sentí. El hecho de la creación realmente es algo que te mueve, algo que te hace decir: ¡Qué maravilla es el ser humano y qué maravilla es el lenguaje!, y la lengua española, sin lugar a dudas, es una maravilla. Entonces, no es fácil pero es enormemente gratificante.
Aparte, son pocos los historiadores que han incursionado en la novela. Aquí hubo dos casos: el de Enrique Finot, que escribe sus Tierra adentro y Cholo por tarde; la primera, en el fondo, es un retrato de sí mismo, del hombre que vuelve al oriente y es devorado por éste. Y el otro caso es el de Hernando Saravia Fernández y, por lo menos que ahora recuerde, no hay otro que hubiera osado como he osado yo.
—Seguramente que le gustaría repetir esta osadía…
—Me gustaría escribir otras cosas (de ficción) sin lugar a dudas, pero por ahora no hay nada. Tendrá que venir de pronto el tema, y confieso que hay un par que ya me ronda, pero veremos qué pasa. Primero espero que esta novela sea leída, quiero saber qué reacción tiene la gente: si es una novela creíble, que vale la pena, y si vale la pena vendrán las otras cosas.
Vida y obra
Alcides Parejas Moreno nació en Portachuelo, Santa Cruz, en 1944. Doctor en Historia de la Universidad de Sevilla, ha publicado una veintena de libros de investigación histórica y numerosos artículos en revistas nacionales y extranjeras.
Es miembro de Número de la Academia Boliviana de Historia, de la Academia Nacional de Ciencias y de la Academia de Historia Eclesiástica. Miembro de la Sociedad de Estudios Geográficos e Históricos de Santa Cruz y de la Sociedad Boliviana de Historia. Doctor Honoris Causa de la UPSA. Premio Anual de la Cultura de la Fundación Manuel Vicente Ballivián. Premio Gunnar Mendoza de Gestión Cultural.
Fuente: www.laprensa.com.bo


Diálogo de la lengua entre Iwasaki y Paz Soldán

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Diálogo de la Lengua
Por: Caridad Plaza

Mano a mano entre el escritor peruano, Fernando Iwasaki y el novelista boliviano Edmundo Paz Soldán sobre el español, los escritores de la diáspora y el futuro de la literatura hispana
CARIDAD PLAZA.—Fernando, usted lleva mucho tiempo en España, es casi un andaluz y Edmundo acaba de llegar a nuestro país [España], después de pasar en Estados Unidos los últimos 20 años. Los dos dejaron sus países muy jóvenes, ¿tal vez porque era más fácil ser escritor en otros lugares?
FERNANDO IWASAKI.—Estoy seguro de que a Edmundo le pasó lo mismo que a mí. Yo no me fui del Perú para poder escribir y conozco a pocos que digan que se van de su país porque quieren ser escritores. Me fui con la carrera terminada, para ampliar mis estudios en un medio universitario más exigente y para investigar en el Archivo de Indias. Ya había publicado algunos relatos y un libro de cuentos, pero mi objetivo no era convertirme en escritor sino hacer una investigación histórica. En esa época quería enseñar historia. Y, por otra parte, tenía un proyecto familiar, porque mi esposa es sevillana y era razonable que viviéramos en Sevilla.
EDMUNDO PAZ SOLDÁN.—Yo me fui a Estados Unidos con una beca de fútbol, que me pagaba todos los estudios, pero no para dedicarme a escribir. Entonces lo de ser escritor era más un pasatiempo que una vocación. En Estados Unidos descubrí su sistema de becas y comprobé que en el mundo académico podía desarrollar una vida dedicada a los libros. Hice un doctorado en literatura latinoamericana, después de haber terminado un B. A. en Ciencias Políticas. Me fui muy joven, en el año 1988, y he estado allá casi 20 años. Pero empezaba a extrañar el español que se habla en la calle, a echar de menos la posibilidad de comprar un periódico en mi lengua y leerlo a un café. José Donoso, que enseñaba en Princeton, decía que llegó un punto en su vida en que necesitó el español de la calle para su escritura y decidió regresar a Santiago de Chile.
F. I.—Porque se nos queda viejo el español que se habla en nuestros países. Los escenarios casi siempre son del país de origen, pero los personajes hablan un lenguaje de los años en los que dejamos el país…
E. P. S.—Sí y si te das cuenta, el mismo Vargas Llosa, utiliza coloquialismos peruanos de la época en que él vivía en Lima.
F. I.—Pero, además de la lejanía, todos absorbemos el habla popular, el habla de la calle, hasta cierta edad. No veo a ningún español de más de 40 años que diga «guay» o «tronco» o «colega». Es cierto que utilizamos el habla de Bolivia y del Perú de la época en que salimos, pero porque ya estaba consolidada, porque se habían cerrado nuestros universos, nuestros códigos. En Sevilla hay muchas chicas peruanas, de veinte y pocos años, que estudian flamenco en la Fundación que yo dirijo y, cuando me escuchan hablar, me dicen que hablo como sus mamás. Eso quiere decir que sus mamás utilizan el mismo lenguaje que tenía yo cuando salí. Con la música pasa igual. Yo llego hasta Police y, a partir de ahí, aunque sé que existen otros grupos, no me dicen nada.
E. P. S.—Mi caso es paradójico. Como vivía en Estados Unidos, era mucho más consciente de que si utilizaba cualquier anglicismo iban a pensar que era un agringado y recuerdo que, en mis primeros cuentos, mi español era lo más neutro y lo más castizo posible. Con los años me fui soltando porque me di cuenta que un español tan puro no era auténtico y empecé a utilizar otro español más influido por el inglés, que es el que se habla en Latinoamérica. Eso, claro, es diferente del spanglish. Cuando dicen «te llamo para atrás» —I call you back— a mí me suena rarísimo, tal vez porque llegué con más de 20 años a Estados Unidos. Si hubiera vivido desde niño en un barrio latino sería distinto. Pero sí, utilizo palabras como jeens, que es como llaman los latinoamericanos a los pantalones vaqueros.
F. I.—Sí, en España dicen vaqueros, pero hay otras contaminaciones como, por ejemplo, sponsor. A veces aquí se ve el cornflake en el ojo ajeno y no en el propio.
C. P.—Edmundo, comentaba usted antes que su intención es vivir en España…
E. P. S.—He vivido un año en Sevilla, ahora estoy en Madrid y me encanta, pero por lo pronto volveré a los Estados Unidos en agosto. En cuanto al futuro…
F. I.—Edmundo no lo va a decir, pero yo sí. Sería estupendo que alguna universidad española, algún departamento de literatura hispanoamericana, pudiera llegar a un acuerdo con la Cornell University para que Edmundo pase un semestre en España y otro allá. Saldríamos ganando todos.
C. P.—Es que en Estados unidos, la mayoría de los escritores latinoamericanos están vinculados a Universidades. En España es más difícil porque nuestra Universidad es muchos más cerrada. Hay que pasar por el escalafón de funcionario.
F. I.—Y no sólo ocurre con los escritores. Paco de Lucía, por ejemplo, sería rechazado por los Conservatorios españoles porque no tiene título. Enseguida saldría el guitarrista clásico, con su título, a decir «pero: ¿quién es éste?, ¿cómo va a dar clases de guitarra flamenca en un conservatorio?, ¿qué preparación tiene?». Eso ocurre con la literatura y con casi todas las expresiones artísticas, porque nuestro metabolismo funciona en clave burocrática.
C. P.—Los dos tienen vocación de escritores, aunque Edmundo se haya dedicado más a la novela y Fernando esté a caballo entre el cuento, el ensayo, la narración…
F. I.—Yo vivo más a caballo porque no estoy en el mundo académico. Lo dejé por el año 90, cuando empecé a colaborar en prensa, en el Diario 16, y a dedicarme a la gestión cultural. Desde comienzo de los 90, vivo de dirigir fundaciones, no de la literatura. A veces, en América Latina se tiene la falsa percepción de que estamos montados en el grand slam literario y no es así. Yo, para poder escribir, tengo que hurtarle tiempo al descanso, a mi familia, a las vacaciones… Durante años he publicando en editoriales muy pequeñas, casi inexistentes y he ido rescatando los libros que habían aparecido en esas editoriales y las obras que he escrito durante aquellos años. Y parece que no he dejado de escribir…
Pero no es tan fácil porque tengo «familia a plazo fijo» e «hipoteca numerosa». Tengo una hija que estudia en Madrid, otra que va a entrar en la Universidad y todo eso conspira contra esa idea romántica del escritor a tiempo completo. Y respecto a que estoy a caballo entre el cuento y el ensayo, tal vez sea así porque he estudiado Historia y utilizo algunos recursos. Fernando Savater dice en el prólogo de su Apología del sofista y otros sofismas que la filosofía es un género literario, estoy de acuerdo. ¿Por qué no pueden ser una variante de la ficción los ensayos, las memorias o los artículos? No me gusta escribir respetando los cánones o los géneros y hago mío lo que decía Guillermo Cabrera Infante: «yo no publico novelas, publico libros y luego los editores ya verán cómo lo venden». Me encuentro muy cómodo escribiendo algo que puede parecer un ensayo, una novela, un cuento y que tiene mezcla de todo.
E. P. S.—El mundo académico de Estados Unidos me dio la posibilidad de escribir sin tener que estar pendiente de si los libros se venden o no. Y vivo de los libros, de la literatura, pero como profesor, aunque esa dedicación me deje tiempo para escribir, que es lo más difícil de encontrar. Soy afortunado, porque puedo desarrollar una carrera literaria, de una manera relativamente tranquila. Y pienso en los escritores bolivianos, que tienen que dedicar la mayor parte de su energía a las «labores alimenticias» porque no tienen más remedio que hacer muchas cosas para llegar a fin de mes y claro, así es muy difícil entregarse a la literatura. Pero todo tiene sus sacrificios. Yo vivo en un pueblo de 60.000 habitantes, en la frontera con Canadá, con inviernos de 6 meses… Y aunque bromeo, cuando les digo a mis amigos que algunos viernes por la noche me pongo a escribir porque no tengo otra cosa que hacer, es un poco triste. Es tal el aislamiento…
F. I.—Tu obra corre peligro si te vienes a vivir a España, porque aquí es difícil aislarse.
E. P. S.—En cuatro meses que llevo en Madrid de sabático —quería comenzar una nueva novela— he escrito 30 páginas.
F. I.—Esa es una de las razones por las que no me he movido de Sevilla, porque he sido consciente de que en Madrid o en Barcelona, la vida literaria es un sarao ininterrumpido.
Pero también aquí hay que trabajar. Mis amigos me dicen que me he ido del Perú y sigo trabajando como un peruano. Y es verdad, pero la diferencia está en que en el Perú lo que ganaba sólo me daba para tapar huecos y lo que gano aquí me permite alguna holgura.
E. P. S.—Sí, he podido comprobar que en Madrid, como capital cultural de nuestro mundo, el que no cae, resbala. Por aquí pasa todo el mundo y, ¿cómo no los vas a ver? Hay una actividad constante.
F. I.—En un congreso en el que estuvimos Edmundo y yo que, por cierto, fue el último acto en el que participó Roberto Bolaño, me pidieron que escribiera un artículo sobre la recepción en España de la literatura latinoamericana y yo dije, jugando con las palabras, que la recepción era un coctelito y esa es la verdad.
C. P.—Volpi, desde el grupo Crack y usted, dentro de la antología McOndo, se han convertido un poco en los parricidas de la generación de los 60…
F. I.—Yo no creo que Edmundo… Los mexicanos tenían a quién matar, pero en la literatura boliviana el «boom» es Edmundo…
E. P. S.—McOndo fue una antología más visceral que meditada. Fue como dar un portazo para demostrar que nos habíamos saturado del realismo mágico. Pero visto con cierta perspectiva —han pasado diez años y se han publicado muchas antologías— McOndo se ha convertido en un referente de nuestra generación. De hecho, de los 17 autores que la componen 8 o 10 tienen hoy carreras literarias muy sólidas. Es verdad que fue poco reflexiva, pero su fuerza reside ahí, porque si en el prólogo Alberto Fuguet y Sergio Gómez se hubieran puesto a matizar, habría perdido su capacidad de irritar a la gente. Hay que recordar que, en 1996, cuando salió la antología, algunos de los escritores que figuraban en ella se desmarcaron por la ferocidad del ataque, porque el prólogo no fue consultado con los autores y porque las críticas fueron durísimas. Nos llamaron «chiquillos vendidos a la cultura popular norteamericana» y «alienados». Durante años decir «McOndo» o «crack» era como decir una mala palabra. Y justo en Sevilla, en 2003, siete años después, lo que era una mala palabra se convirtió en un referente de nuestra generación…
F. I.—Una lanza a favor de los autores del «boom». Yo no sería escritor ni tendría la formación que tengo si no hubiera leído a esos escritores y creo que comparten mi opinión todos los que están en esa antología. ¿Qué sería de mí si no hubiera leído a Vargas Llosa, a García Márquez, a Carlos Fuentes, a Cabrera Infante, a Donoso y, por supuesto, a Borges y a otros más? Así que yo no tengo ninguna cuenta que ajustar. Naturalmente, hay libros que me gustan más y otros que me gustan menos y uno tiene que encontrar su estilo y su poética, al margen de sus lecturas.
C. P.—¿Hay diferencias entre los escritores de dentro y fuera del país? Recuerdo un congreso de escritores peruanos que se celebró en Madrid y en el que hubo algunos problemas.
F. I.—La polémica más que en el congreso, surgió en el Perú y yo, además, la viví a distancia porque eso de ser japonés es bueno —no soy ni andino ni criollo—. Pero quiero creer que hubo un malentendido que el tiempo ha ido apaciguando. En el Perú hay escritores que no han tenido necesidad de irse para tener prestigio literario. Aunque es muy reciente, hoy se puede tener estatus de escritor sin moverse del país. Nadie duda de la calidad de escritores como Miguel Gutiérrez, Oswaldo Reynoso, Alonso Cueto y de algunos chicos muy jóvenes que, desde su primer libro, reivindican su condición de escritores. Se acabó esa historia de que para encontrar buenos escritores peruanos había que buscarlos en el extranjero. En el Perú hay que escribir en los ratos libres, igual que en Bolivia, eso no ha cambiado, pero al menos se ha avanzado en el reconocimiento social. Lo que puede ser diferente entre los de dentro y los de fuera es el mercado, los lectores y las ventas, pero esa es otra cuestión.
C. P.—En un Diálogo de la Lengua entre Jorge Volpi y Mario Bellatín, este último, que había vivido muchos años en el Perú, me comentaba que México es un país infinitamente más fácil para un escritor…
E. P. S.—Es que el sistema mexicano es celebre por la institucionalización de las becas. Todos los escritores mexicanos amigos tienen o han tenido algún tipo de beca y, además, becas buenas.
F. I.—Nada que ver con el Perú. Tampoco hay una Universidad comparable al Colegio de México, ni una editorial como el Fondo de Cultura Económica. Y, por supuesto, no hay ningún sistema de becas ni de ayudas, pero hay buenos escritores porque, a pesar de la adversidad, la gente quiere crecerse y hoy el Perú está viviendo una especie de burbuja. Claro que Alonso Cueto siempre estuvo ahí y que su libro La batalla del pasado, fue publicado por Alfaguara España hace muchísimos años. Fernando Ampuero también estaba, aunque el lector español no lo conociera. Y Jaime Bayly viene publicándose desde hace muchos años. Estamos en un buen momento, porque soy de los que creen que un escritor latinoamericano que logra ser reconocido en España o en Estados Unidos, como es el caso de Roberto Bolaño ahora, abre camino a más gente de su país. Hay personas que piensan que no, que cuando un colombiano o un peruano triunfa, le está cerrando el camino a otro colombiano y a otro peruano…
E. P. S.—Esa es una forma de pensar muy latinoamericana.
F. I.—Sí y hay que cambiarla. Hay que reivindicar la generosidad y el elogio como algo positivo. En América Latina y también en España, muchas veces se elogia a alguien con la intención de ofender a otro, para que el otro se pique. Hay que dar un paso al frente y dejar muy claro cuáles son tus sinceras admiraciones.
E. P. S.—Pero volvamos a las ayudas que reciben los escritores. En América Latina hay dos modelos de apoyo al escritor: el mexicano, que es un apoyo estatal y el chileno, con más influencia de Estados Unidos, en el que es la empresa privada la que da becas a jóvenes escritores y artistas. En Bolivia, como supongo que pasará en Paraguay, en Ecuador y en los países pequeños, no hay apoyos ni del Gobierno ni de las empresas. Estás huérfano y, desde el principio, tienes que arreglártelas sólo y con el añadido de que estás fuera de los circuitos literarios latinoamericanos. No hay congresos ni actividades culturales importantes, de nivel continental, y las editoriales grandes, que publican a escritores latinoamericanos se enfocan en México, Argentina o Cuba, que son países con tradición literaria. En Bolivia estás, como decimos allá, «a la de Dios», estás a la intemperie.
C. P.—Y, a pesar de eso, surgen algunos…
E. P. S.—Lo impresionante es que aparezcan obras de primer nivel en ese medio, como la de Juan Claudio Lechín, que fue finalista en 2005 del Rómulo Gallegos o la de los jóvenes, como Rodrígo Hasbún, que formó parte del Congreso de Jóvenes Escritores Bogotá 39, con 25 o 26 años. Y están también Maximiliano Barrientos, un escritor que pronto será publicado en España por la editorial Periférica, y Giovanna Rivero, una cuentista de primer nivel, todavía poco conocida, que estudia en los Estados Unidos. En la generación nueva, la de los escritores de 25 a 30 años, hay 5 o 6 de un alto nivel, pero es imposible saber si seguirán escribiendo dentro de diez años. Muchos se quedan en el camino por las dificultades económicas de Bolivia, donde las ediciones son de 500 o 1.000 ejemplares y en el que la mayoría de los libros que se compran son piratas…
C. P.—Tal vez las editoriales grandes debe rían ser más generosas y tratar de publicar y distribuir mejor a los jóvenes talentos.
F. I.—Pero eso es muy difícil. Una multinacional editorial cualquiera, sobre todo si tiene delegaciones en América Latina, tiene que dividirse en lo que llaman los tecnócratas, «unidades de negocio». Las editoriales tienen su sede central en España y sus «unidades de negocio» en Chile, Perú, Colombia, Bolivia, etc. y cada una de esas unidades ofrece sus autores a otra unidad de la misma corporación. Tú puedes estar publicado en España, pero si la delegación mexicana no compra tu novela, entonces tu novela no llega a México. Si eres un valor seguro —como Fuentes, Vargas Llosa o Javier Marías— te compran en todas partes, pero si no, tu novela no sale del país que la editó. Y no es cierta aquella idea tan extendida de que si publicas en Madrid tu obra se distribuirá por toda América Latina, porque eso siempre depende de las delegaciones o «unidades de negocio» de cada país. Sin embargo, puede ocurrir que publicando en una delegación argentina del mismo grupo editorial, se interesen por tus libros desde Chile o Colombia. Por lo tanto, publicar en España no te asegura que tus libros se distribuyan desde México hasta la Patagonia.
C. P.—¿La distribución no está centralizada?
F. I.—No, no y depende mucho, además, de los delegados y de los gestores de cada lugar. Pero, desde luego, no es radial, no pasa todo por Madrid.
E. P. S.—Sin embargo en el ADN de todo escritor latinoamericano está muy metida la idea de que tienes que publicar en España. Un escritor boliviano no está interesado en publicar en Argentina o en México. Quiere publicar en España y luego llegar a otros países.
F. I.—Y no en España, en general. Quieren publicar en editoriales con un cartel atractivo y eso depende de las revistas que lea o de los blogs a los que entre. Eso tú lo sabes, Edmundo. Hay autores que publican en una determinada editorial, que ganan dinero porque tienen buenos contratos y, sin embargo, sueñan con pasarse a otra, sólo porque en su catálogo hay un grupo de escritores con prestigio literario. Es como si creyeran que se pueden impregnar, que se les puede pegar algo del talento del otro por estar en el mismo catálogo. Hay una sobremitificación de lo español y no se sabe que en España no te conoce nadie si no publicas en Madrid o en Barcelona. Hay publicaciones de Ayuntamientos y de Diputaciones desconocidas. Yo tengo un libro publicado por la Diputación de Huelva —Tres noches de corbata— que no existe.
E. P. S.—Yo tengo una antología de cuentos publicada por Algaida, que prácticamente sólo circuló en Andalucía.
C. P.—¿Cómo está la distribución de los libros en español en Estados Unidos?
E. P. S.—Ha mejorado muchísimo. Cuando yo llegué, tenía que pedir a los amigos que me enviaran libros de México y de España. Ahora ya no, ahora al menos está lo básico y, además, por Internet, se puede conseguir casi todo. Pero, claro, si vas a una de las grandes cadenas, Barnes & Noble por ejemplo, encuentras muy poco. Lo que me llama la atención es que, para el año 2020, se calcula que uno de cada cuatro norteamericanos tendrá ascendiente latino y, sin embargo, los profesores que enseñamos español en las Universidades en los Estados Unidos, pertenecemos a los departamentos de Foreign Lenguages, de Lenguas Extranjeras. Yo me pregunto, ¿hasta cuándo el español va a ser considerado una lengua extranjera?
F. I.—En noviembre de 2006, en la feria de Miami —¿te acuerdas, Edmundo?—, fuimos a escuchar a Barak Obama y se disculpó por no hablar español. Pero yo, que soy latinoamericano y puedo invocar mi condición de marciano en España, no me preocupa lo que ocurre con el español en Estados Unidos, ¡me preocupa lo que está pasando con el español en España! Con esa gente qué te dice que no quiere hablar español. Ejemplos hay a montones y a mí eso me inquieta.
E. P. S.—Estados Unidos es una rara combinación porque, por un lado, es un país-continente y, por otro, es provinciano, en el mal sentido de la palabra. Como es tan grande y se publica tanto, su literatura es autónoma y sólo el 2,5 por ciento de los libros que están en el mercado son de autores extranjeros. En Alemania creo que es el 45 por ciento y en España está en el 20 y ¡es tan saludable traducir autores de otros países! Allá bromeamos diciendo que, cada cinco años, un autor extranjero «gana la beca» de ser considerado importante. El penúltimo fue Sebald y ahora le ha tocado a Roberto Bolaño. Pero son excepciones que confirman la regla. Los norteamericanos no leen traducciones, ni del español, ni del alemán, ni del francés. Hace poco tiempo salió un artículo en la revista Times sobre la decadencia de la cultura francesa y yo creo que se basó en que, de una lista de los diez escritores franceses más importantes, sólo uno o dos habían sido traducidos al inglés.
F. I.—En España se traduce mucho, pero yo digo, bromeando, que tiene que ver con el fútbol. El «boom» de los escritores latinoamericanos coincidió con la llegada de los «oriundos». Más tarde se publicó a Kundera y empezó el interés por los autores eslavos, inmediatamente después de la entrada de jugadores eslavos en equipos importantes. Estamos a punto de conocer la literatura africana porque ya están aquí sus jugadores y, como China triunfe en el fútbol, vamos a empezar a leer a los autores chinos. Cuando llegue Japón será mi turno. Ya conocemos a Haruki Murakami, pero tiene que triunfar el fútbol japonés para que la literatura japonesa pase a primer plano. Primero llega el fútbol y después los escritores.
C. P.—¿Cuáles son sus próximos proyectos literarios?
E. P. S.—Mis futuros proyectos tienen que ver más con los Estados Unidos: novelas sobre la patología de la violencia en la sociedad contemporánea, y sobre la forma en la que la inmigración latina está cambiando a los Estados Unidos. En mis últimas novelas me he preocupado por narrar acerca del impacto de las nuevas tecnologías en la vida cotidiana.
Eso aparece en Sueños digitales, La materia del deseo y El delirio de Turing. En esas novelas también me interesaba, tomando la crisis actual de Bolivia como punto de partida, explorar acerca de la naturaleza del poder en la América Latina, acerca de la relación entre el poder y la violencia, entre la democracia de hoy y las dictaduras de nuestro pasado más reciente.
En la última novela, Palacio Quemado, he añadido a esa reflexión un intento por situar al intelectual cortesano, ver cómo, por decirlo de alguna manera, la letra ha sido cómplice de las armas en el continente. Hasta ahora, todas mis novelas las he ambientado en Bolivia, tal vez porque los escritores somos lentos y tardamos mucho en procesar las experiencias. Palacio Quemado, está ambientado en La Paz y tiene que ver con la caída del presidente Sánchez de Losada y el fin del modelo neoliberal en Bolivia. Es una novela muy política, y creo que es parte de una tendencia actual entre los escritores de las nuevas generaciones —Benavides, Roncagliolo— de volver a las preocupaciones sociales, políticas. Y ahora, después de llevar 20 años en Estados Unidos, me ha dado por ambientar mi próxima historia en ese país y estoy escribiendo una novela sobre el mundo adolescente de Estados Unidos, sobre la violencia en un high school: la psicopatología de la violencia en la vida cotidiana, los asesinos en serie, el chico que coge una pistola y decide matar a sus compañeros. Y la novela quiere explorar por qué ocurren esas cosas. Alguien me dijo que había similitudes con Palacio Quemado pero creo que no, porque en esa historia se hablaba de la violencia de Estado y ahora quiero tratar la violencia al margen del Estado.
F. I.—Estoy escuchando a Edmundo y estoy pensando que la violencia está presente en muchos países del mundo, aunque tenga menos prensa que en Estados Unidos. Yo trabajo con gente del flamenco y un día estaba tratando de explicar a mis alumnos —casi todos chicos gitanos de una barriada muy violenta y casi sin Ley— eso del duende, esa cosa en la que todo el mundo cree en el flamenco y que, en realidad, es una metáfora utilizada por Lorca, que viene de Nietzsche y que nace de la tragedia. ¿Ustedes conocen alguna tragedia griega?, les pregunté. Los chicos no conocían ninguna y les expliqué Edipo, un personaje mitológico, que mata a su padre y se acuesta con su madre. Y, entonces, me dice uno de los niños: «Anda, si eso ha pasao en mi bloque». ¿Qué les iba a seguir explicando?
Esas cosas en Estados Unidos salen en los periódicos porque su lente es más potente y enfoca sus problemas. Ahí están las obras de Faulkner, ¿habrá iniquidades más grandes, crímenes más sórdidos, abyecciones más terribles que las que podemos encontrar diseminadas por la obra de Faulkner? Y, sin embargo, mucha gente se estremece con A sangre fría de Truman Capote y no se impresiona con Faulkner.
C. P.—¿Qué está escribiendo en los ratos libres que le deja su actividad como director de la Fundación Cristina Heeren de Arte Flamenco?
F. I.—Ahora mismo no estoy escribiendo mucho. Comencé una novela en septiembre de 2006, donde me gustaría ridiculizar el caudillaje militar del siglo XIX y los nacionalismos del siglo XX. Escribí de un tirón 40 páginas y ahí se quedó porque no he tenido tiempo de retomarla. Necesito tomarme un mes de vacaciones y dos meses sin sueldo para poder hacer algo. Y calculo tres meses de trabajo a razón de 16 horas diarias para terminarla, porque tengo que sentarme, leer lo que está escrito, pensar y trabajar de acuerdo a un plan. Yo no hago borradores y escribo directamente, pero no me vale disponer de sólo cuatro horas diarias. No puedo.
E. P. S.—Sin embargo, para mí, cuatro horas es mucho. Yo no escribo más de dos horas.
C. P.—¿Por qué momento creen ustedes que pasa la literatura en español?
F. I.—Me gusta eso de literatura en español y hay que reivindicarla como tal, porque nosotros nos leemos mutuamente, con independencia de que uno sea argentino, el otro puertorriqueño y el otro de Albacete. Desde que vivo aquí, para mí ha sido importantísimo leer literatura española y he descubierto lo que vale Jardiel Poncela o Sender y, por supuesto, los contemporáneos: Belén Gopegui, Javier Cercas, Vila-Matas, Javier Marías, Muñoz Molina… que ya forman parte de mi canon, de mi universo. Yo creo que hoy, más que una literatura española y otra latinoamericana, hay una literatura en español.
E. P. S.—Estoy de acuerdo. Las próximas generaciones van a estar más mezcladas y van a desaparecer los compartimentos estancos entre la literatura española y la latinoamericana. En cuanto al momento actual, creo que estamos atravesando un muy buen momento y que el listón está muy alto.
F. I.—Como Eduardo Jordá un escritor de Mallorca, que acaba de ganar el premio Málaga de novela y que es extraordinario. Es poeta, es autor de libros de viajes, es traductor y es un gran escritor, al que todavía no se conoce lo suficiente.
E. P. S.—Yo pienso en Juan Gabriel Vásquez y sus dos novelas últimas, Los informantes y La historia secreta de Costaguana, con las que se está consolidando como un referente fundamental, o Rodrigo Fresán, o Jorge Benavides.
F. I.—Y sumaría a Jorge Volpi y a muchas mujeres. Hay una escritora chilena, que me parece maravillosa y de la que no se habla mucho en España, Andrea Maturana. Mayra Santos Febres es una puertorriqueña extraordinaria y la salvadoreña Jacinta Escudos, que vive en Costa Rica, también es muy buena. Y está la argentina María Fasce y la ecuatoriana Gabriela Alemán.
E. P. S.—Y la boliviana de la que hablé, Giovanna Rivero y otra chilena, Lina Meruane…
F. I.—No sé si la literatura en español va a tener presencia en el mundo, pero yo me siento muy bien acompañado.
C. P.—Cambiando de tema, ¿cómo ven el fenómeno Bolaño? Volpi asegura que lo único que une, en estos momentos, a los escritores latinoamericanos es su admiración por él.
F. I.—Es un héroe trágico y eso no ha pasado desapercibido.
E. P. S.—Y, en los últimos diez años, ha escrito una obra contra el tiempo, desesperadamente. Su muerte ha provocado una mitificación rápida. Detrás, por supuesto, hay una obra de primerísimo nivel, pero su recepción habría sido más pausada, más lenta, si siguiera vivo.
F. I.—Sería interesante, en estos momentos de tanto elogio, leer las opiniones de hace algunos años para poder discernir las oportunistas y las que sentían fascinación por la figura de Roberto. Yo tenía cierta relación con Bolaño —nos escribíamos, nos llamábamos por teléfono—, pero no sabía que estaba enfermo hasta que le conocí personalmente en Sevilla. Había reseñado casi todos sus libros y escrito textos expresando mi mejor consideración sobre Los detectives salvajes porque me parecía una novela portentosa. Y hoy hay escritores que quieren ser como él y hay que decirles que, para ser Bolaño, no sólo hace falta escribir como él, sino que hay que haber sufrido como él. Sentir que se te acaba el tiempo, ver a tus hijos todas las noches y saber que los vas a perder y, sin embargo, volver a tu ordenador y seguir trabajando. Bolaño se ponía el mundo por montera porque estaba viviendo en la prórroga y se lo estaba jugando todo a los penaltis. Por eso iba a Chile y decía lo que le daba la gana porque estaba mirando la muerte a los ojos. Que no vengan ahora diciendo que quieren ser Bolaño.
E. P. S.—Estoy coeditando un libro de ensayos sobre Bolaño, con el crítico Gustavo Faverón. Se llama Bolaño Salvaje y será publicado en marzo por Candaya. Incluirá, entre otros, ensayos del mismo Iwasaki, de Fresán, Villoro, Vila-Matas, Carmen Boullosa, Volpi, Ignacio Echeverría, Alan Pauls, Franz, Masoliver Rodenas, Jordi Carrión…
Fuente: www.elboomeran.com


Entrevista a Josep Barnadas

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Josep M. Barnadas y el patriarca de las letras bolivianas
Texto: Redacción ¡OH!

¡OH! conversó con Barnadas sobre este importante evento en memoria del gran “documentalista, bibliógrafo, historiador, sociólogo, crítico literario y biógrafo”.
¡OH!: ¿Por qué es Gabriel René Moreno una de las figuras más destacadas en el ámbito de la literatura boliviana?
Hablar del valor de Moreno en las letras bolivianas exige, naturalmente, precisar de lo que se está hablando. Moreno no fue ni novelista, ni poeta, ni dramaturgo o cuentista. Para incluir la prosa moreniana en la ‘literatura’ hay que delimitar con criterio amplio el concepto; haciéndolo así, creo que sí se puede incluirlo en la literatura de Bolivia: para empezar, su estilo todavía en nuestros días se deja leer con fruición; habla de lo que hable: tiene una frescura, una ‘chispa’, un sentido del humor, que lo hace digno de antología.
Pero los principales quilates de Moreno en la cultura histórica boliviana se sitúan en otros parajes. Considero que hizo méritos para ganarse un lugar perenne en dicha cultura en diferentes áreas. Como gran historiador nos dejó Últimos días coloniales en el Alto Perú, imponente fresco de toda la época de la Colonia que precedió a los ‘sucesos’ del 25 de mayo de 1809 en La Plata o Chuquisaca; pero también dejó Anales de la prensa boliviana. Las matanzas de Yánez, pionera investigación sobre aquella masacre paceña basada en la lectura de lo que dijo de ella la prensa local. Como bibliógrafo compuso la Biblioteca Boliviana y sus dos suplementos y el Ensayo de un catálogo general de los periódicos de Bolivia. Como documentalista sentó cátedra con su Catálogo del Archivo de Mojos y Chiquitos. Como sociólogo, aunque no dedicó una obra específica a esa disciplina, sus análisis y pesquisas andan dispersas por cualquier rincón de sus otros escritos. Hemos de ver, pues, a Moreno en una dimensión múltiple. Y está plenamente justificado el título que se le ha dado de ‘Patriarca de las letras bolivianas’.
¡OH!: ¿En qué medida contribuyó Gabriel René Moreno a la educación boliviana?
Al haber pasado prácticamente toda su vida adulta (desde que se graduó de bachiller en Sucre) en Chile, no pudo tener ninguna intervención en la educación del país. Y en Chile, durante algún tiempo sí enseñó Literatura en el Instituto Nacional (institución de la que fue casi toda su vida bibliotecario).
¡OH!: Haber estado alejado de su tierra natal, ¿influyó de alguna manera en su pensamiento?
Naturalmente, la distancia que lo separaba de su tierra natal tuvo que influir en configurar su punto de vista sobre lo que sucedía en Bolivia y, también, sobre sus causas. Además, el no estar implicado en las pequeñas luchas y peleas de tipo político (luchas y peleas de las que muy difícilmente se podía liberar quien residía aquí) le daba una mayor libertad y limpieza de visión. En resumen, la distancia suele favorecer una visión más objetiva y, sobre todo, más ajustada a la real dimensión de las cosas.
¡OH!: Sus opiniones fueron blanco de críticas que le atribuían un escaso conocimiento de la realidad nacional, por haber estado alejado de su tierra. ¿Qué opina al respecto?
Tengo la impresión de que ese tipo de fundamentación de las críticas, si existió, no fue el más frecuente o el que tuvo mayor peso. Habría que distinguir entre los que le criticaron algo durante su vida y los que lo hicieron después de su muerte. En vida de Moreno realmente fueron pocos los que criticaron su obra (dejemos de lado el episodio de las ‘bases chilenas’ que el presidente Daza le obligó a traerle de Santiago a Arica); y la mayor parte de esos críticos estaba movida por intereses políticos. Después de su muerte si arrastró una serie de lugares comunes que le echaron en cara su ‘orientalismo’ (hoy diríamos ‘cambismo’), su pobre valoración de la población indígena andina; finalmente, lo que se consideraba su racismo.
¡OH!: ¿Cómo definiría Ud. a Gabriel René Moreno en este sentido?
Moreno fue ni más ni menos ‘racista’ que la mayor y más influyente parte de la élite boliviana de su época. Por tanto, sólo se podría imaginar que su conflicto con el país consistió en esto si admitimos que los ‘racistas’ occidentales lo único que les sobraba del ‘racismo de Moreno es que fuera de Moreno: es decir, un cruceño que no se mordía la lengua a la hora de mostrar y afear las vergü