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	<title>Ecdotica &#187; Libros</title>
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	<description>Noticias literarias, descarga de libros gratuitos, selección de cuentos de manera mensual</description>
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		<title>Presentación de Lluvia de piedra de Rodrigo Urquiola</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Jan 2012 14:01:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Novela]]></category>

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<strong>Un viaje<br />
Por: Rodrigo Urquiola Flores</strong></p>
<p><em>Presentación de Lluvia de piedra</em></p>
<p>Recuerdo tres viajes fantásticos que tuve la fortuna de realizar. El primero, cuando a mis quince años, vestido con un jean, una polera y una chompa delgada, sin decirle nada a nadie en mi casa, atravesé veinticuatro horas de nuestro país hacia el sur, a Tarija. El segundo, del que me ocuparé después, fue cuando viajé a Lima. Y el tercero, hace poco, acabo de retornar el 31 de julio, cuando estuve por Santa Cruz y Cochabamba, contemplando algo que jamás vi antes y que resultó ser algo muy importante que ocurriera en mi vida. Estos tres viajes han sido definitivos en mi labor como escritor y, sobre todo, como ser humano. Estos tres viajes me han enseñado bastante, me han deslumbrado y, de cierta manera, me han ido convirtiendo en una persona nueva. Viajar envejece en el mejor sentido, hace que envejecer signifique crecer, tal como sucede cuando se lee un buen libro.</p>
<p>La primera vez que vi el mar fue a eso de las tres o cuatro de la mañana, desperté en el bus Ormeño en carretera hacia Ica y aún todo estaba oscuro. Asomé mi mirada a la ventana, el sonido del viaje se había hecho algo muy natural y entonces vi que el horizonte se movía. Ese horizonte era un monstruo negro, una anguila gigantesca que se movía oscilando, ascendiendo y descendiendo, manteniéndose, quedándose, quebrándose, volviendo a subir y bajando. Al principio, creí que estaba mareado, pues, si no me equivoco, de las treinta horas de viaje ya habían transcurrido por lo menos veinte. Luego el bus alcanzó una cima y el horizonte resultó ser infinito. Fue un momento muy especial. Ya no pude continuar durmiendo. Tenía diecisiete o dieciocho años y nunca había conocido el exterior. Soñaba con conocer el mar. Sé que no es así para todos los bolivianos, pero para mí fue algo espectacular, muy difícil de explicar utilizando palabras. Cuando llegué a Lima pude verlo en todo su esplendor. Viajé en junio, recuerdo que eran vacaciones de invierno en colegio y, según muchos peruanos, hacía un frío terrible. Yo no sentía ese frío, la ciudad de La Paz nos vacuna también contra ese tipo de cosas. Lima estaba nublada, como casi siempre, ebria de bruma y el océano mostraba su rostro plomizo, su horizonte gris. Me gustaba ir a las playas de Barranco o a Larcomar a ver y escuchar el oleaje, podía quedarme mucho tiempo haciéndolo. Había una playa donde en lugar de arena costera había piedras redondas. Allí me sentaba y leía o escuchaba música.</p>
<p>Intento recordar cómo fue que germinó en mi cabeza la idea de escribir esta novela y he llegado a la conclusión de que fue en el preciso instante en el que me senté sobre esas piedras y contemplé el océano. Esta imagen debió haberse quedado en algún rincón de mi subconsciente casi sin que yo mismo me diera cuenta de ello. Recuerdo que, en un segundo viaje, creo que al año siguiente, en verano, extrañé la tristeza del invierno anterior y, al cabo de un par de semanas, quería volver a Bolivia, mi casa. No sé por qué o de cómo, pero pensé mucho en cómo acontecería una lluvia dentro de una piedra. En Lima no llueve o, cuando lo hace, no llueve con la misma intensidad que en La Paz. Y La Paz no posee playas costeras, lo que es una gran lástima.</p>
<p>La mayor parte de la acción que acontece en la novela sucede en Santa Fe. Muchos que leyeron la novela antes de la presentación me preguntaron si Santa Fe es un lugar que existe de verdad o si era una especie de Macondo o Yoknapatawpha o Santa María más. Pero sí, Santa Fe sí existe. Es un alejado barrio paceño, inmerso en las fronteras de la zona sur con las montañas. Para llegar allí por Chasquipampa se debe atravesar dos ríos. Por suerte el progreso ha construido dos puentes muy estables. Cuando yo era un niño de siete u ocho o nueve años estos puentes no existían. Y las temporadas de lluvias, me parece, eran más lluviosas que las de ahora. Algo está pasando con el planeta, algo que no está bien. ¿O habrá sido que mi mente de niño prefería sólo recordar lluvias?, no lo sé. Es probable. Entonces, puede ser que algo con mi mente no esté del todo bien. No importa. Y había que pasar el primer río saltando sobre las piedras, mojándose los volapiés y los zapatos y cuidando de que nada se cayera a esas heladas aguas de color café con leche que corrían debajo de nosotros. Y de pronto se escuchaba un trueno. Y caía la lluvia una vez más. Y continuábamos caminando. Rumbo al segundo río. Allí sí había un puente, pero uno muy precario que, luego de un par de años sería arrastrado por una violenta riada. Era un puente hecho con troncos y sin pasamanos. Llegábamos a casa y teníamos los pantalones y los zapatos llenos de greda y barro. Por las noches continuaba la lluvia. Siempre la lluvia. Parecía que nunca acabaría ese sonido sobre el techo, el temblar de los vidrios de las ventanas cuando sucedía un trueno o la visión, entre todas aquellas nubes azules, de los relámpagos que nacían y morían a lo lejos. Pero, de alguna manera, parece que todo eso acabó. En parte bien, en parte mal. Bien porque no podemos estar haciendo turismo de aventura toda la vida y mal porque este rincón de Bolivia está empezando a oler a ciudad.</p>
<p>Estos dos momentos se han fundido y han sido pieza clave en mis dos primeros libros, <strong>Eva y los espejos</strong>, colección de cuentos, que fue publicado en 2008 y <strong>Lluvia de piedra</strong>. En <strong>Eva y los espejos</strong> pude descubrir que era capaz de ser un narrador con estilo propio y creo haberlo reafirmado en esta novela –es algo que sólo podrán decir los lectores– un proyecto más grande pero con un mismo fin. Esta novela cierra una etapa de mi vida que significó los primeros aprendizajes, el descubrir a los maestros de la literatura mundial, la reafirmación de mi profundo amor a la literatura, las ganas de continuar escribiendo hasta el último de mis días y ampliar mis propios horizontes.</p>
<p><strong>Lluvia de piedra</strong> es la historia de un viejo, Esteban, que, después de haber conseguido materializar un sueño, tener una casa a orillas del mar, en esa Antofagasta tan nuestra y tan ajena como la luna, atosigado por la soledad y tras un intento frustrado de suicidio, decide volver a Bolivia para darse una segunda oportunidad, para demostrarse que vale la pena continuar viviendo, y, en la puerta de la estación de trenes de La Paz, esos trenes varados que ahora mismo no nos sirven para nada y que en algún lugar deben tener impresa las palabras “Made in Chile”, se encuentra con una novia suya, Marianela, que había visto morir cuarenta años atrás, cuando ella tenía diecisiete años de edad.</p>
<p><strong>Lluvia de piedra</strong> es la historia de esa casa vieja, a punto de desplomarse, habitada por una perra y sus crías y por muchos otros perros ya muertos, por fantasmas que no están en otro lugar sino en nuestras cabezas, por hierbas que están a punto de rozar las nubes, por la lluvia que no cesa, a la que siempre quise retornar. ¿Cuántos bolivianos no han deseado con todas sus fuerzas retroceder en el tiempo y empezar a hacerlo todo de nuevo? Yo soy uno de ellos y estoy seguro de que Hilarión Daza también.</p>
<p>Me voy a despedir con una imagen que me regaló el último de todos mis viajes. He descubierto algo más allá de lo evidente, algo que a no todos los seres humanos les está permitido conocer, o si es así, la mayoría no logra reconocerlo a tiempo. Es un secreto. No se lo digan a nadie. En la carretera una vez más, a través de las ventanas y de la noche, vi unos ojos que no eran los míos cerrarse y pude ver lo que había dentro de ellos. Luz, paz. Sobre todo paz. Llueve dentro de esos ojos pero esta lluvia no son lágrimas ni tiene ruido, no hay frío allí dentro, sólo la lluvia silenciosa que cae como si fuera viento lo que está cayendo. Una lluvia que no sucede dentro de una piedra. Y descubrí que también de eso trata <strong>Lluvia de piedra</strong>, de que no existe nada imposible siempre y cuando no dejemos de creer en ello con todas nuestras fuerzas. Nada.</p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
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		<title>Los Lemmings y otros, cuentos del argentino Fabián Casas: ecos de los buenos sopapos</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Jan 2012 15:13:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[Los Lemmings y otros, cuentos del argentino Fabián Casas: ecos de los buenos sopapos Por Ricardo Bajo Cultura popular (Chespirito antes que Shakespeare), drogas legales e ilegales, clases medias empobrecidas, mucho barrio, jerga de la calle, rock (Pappo, papá) y fútbol. Cuentos –siete- sobre la infancia perdida y sobre el enano mundo literario con escritores [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2012/01/Los-lemmings-y-otros.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2012/01/Los-lemmings-y-otros.jpg" alt="" title="Los lemmings y otros" width="211" height="356" class="aligncenter size-full wp-image-4441" /></a></center><br />
<strong>Los Lemmings y otros, cuentos del argentino Fabián Casas: ecos de los buenos sopapos<br />
Por Ricardo Bajo</strong></p>
<p>Cultura popular (Chespirito antes que Shakespeare), drogas legales e ilegales, clases medias empobrecidas, mucho barrio, jerga de la calle, rock (Pappo, papá) y fútbol. Cuentos –siete- sobre la infancia perdida y sobre el enano mundo literario con escritores famosos que es mejor no conocer, sino leer. Oralidad coloquial, familias disfuncionales, juguetes rotos-rabiosos, Once y Boedo, adolescencias pasajeras, felices, traumadas. Películas, algunas porno y una empatía rara por la cultura japonesa y el budismo zen (¿su estilo lo destila?). Así son “Los lemmings y otros”, cuentos recopilados del escritor argentino Fabián Casas.</p>
<p>Con el “boom” de las jóvenes editoriales en países como Argentina, Bolivia y otros se publica más que nunca, para el placer del pueblo lector, para una inmensa y silenciosa minoría. Casas pertenece a lo que nosotros, los periodistas, llamamos -en esa irremediable manía de etiquetar- “nueva narrativa” que parece más relatos cortos que novelas, muchos de ellos autobiográficos de mundos mínimos, cotidianos, callejeros&#8230; y los mil novios de mamá (“la infancia estuvo separada por tandas en las cuales mi madre me informaba sobre las bajas de sus noviazgos”). ¿Cuántos de ellos construirán con el tiempo una obra?</p>
<p>Casas tiene un recorrido literario que va desde inicios “cartoneros” (con la Eloísa porteña) hasta antologías varias llegando a libros publicados en España o Alemania. Ahora llega a Bolivia de la mano de El Cuervo editorial. <strong>Los lemmings</strong> también vuelve la mirada entre canchas, obreros y travesías sentimentales a la pasada amargura política de los años ochenta y noventa en la Argentina cuando nuestros vecinos vivían en “un país de porquería que los cagó a sopapos”, cuando la música disco era la dictadura cruel de todos los días, cuando todavía no se adivinaban vidas sin infierno, ni libros con buenos finales.</p>
<p><em>Fuente: Página siete</em></p>
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		<title>Los constantinopolitanos de Raúl Rivero Adriázola</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Nov 2011 19:29:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Novela]]></category>
		<category><![CDATA[Reseña]]></category>

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		<description><![CDATA[Cristóbal Colón, costantinopolitano Por: Ramón Rocha Monroy Jamás se nos hubiera ocurrido relacionar a Cristóbal Colón con la vieja Constantinopla ni la caída de este enclave fabuloso de la cultura occidental en las puertas de Oriente con el descubrimiento de América. Pero la sabia erudición de Raúl Rivero Adriázola nos sorprende con la novela Los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/11/Los-constantinoplanos-1.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/11/Los-constantinoplanos-1.jpg" alt="" title="Los constantinoplanos 1" width="211" height="355" class="aligncenter size-full wp-image-4332" /></a></center><br />
<strong>Cristóbal Colón, costantinopolitano<br />
Por: Ramón Rocha Monroy</strong></p>
<p>Jamás se nos hubiera ocurrido relacionar a Cristóbal Colón con la vieja Constantinopla ni la caída de este enclave fabuloso de la cultura occidental en las puertas de Oriente con el descubrimiento de América. Pero la sabia erudición de Raúl Rivero Adriázola nos sorprende con la novela Los Costantinopolitanos (Edi. Los Amigos del Libro, 2011), que acaba de presentar en la Vª Feria del Libro, novela en la cual se revela como un hombre del Renacimiento que habita en Cochabamba por un capricho de la historia y del tiempo.</p>
<p>Insisto en la percepción del alma renacentista de Raúl Rivero Adriázola porque hace un tiempo nos sorprendió con una novela parecida, <strong>El Conjuro Juliano y la falsificación de Leonardo</strong>, en la cual un viejo artista de la troupe de Moliére narra la curiosa relación entre Julio César y el retrato de Donna Lisa del Giocondo, pintado por el gran Leonardo.</p>
<p>Esta vez Raúl se vale de Domenico Colombo, un familiar del Descubridor, que describe el distrito de Pera, barrio de comerciantes genoveses en Constantinopla ubicado a la entrada del famoso Cuerno de Oro, donde, según la novela, habría crecido el futuro navegante. Así Raúl nos recuerda la importancia histórica que tuvo la caída de Constantinopla para la historia de Occidente, pues dificultó el comercio de especias y alentó el proyecto loco de buscar una nueva ruta a las Indias, que desembocó en la llegada de las carabelas a nuestro continente.</p>
<p>Cómo habría sido el antiguo Mediterráneo, en cuyas orillas se disputaban la supremacía ciudades como Florencia, Venecia, Milán o Génova; y cómo de rica e ilustrada la vida en Constantinopla, pues allí se daba cita la cultura grecolatina con las razones y pulsiones venidas del mundo egipcio, persa y árabe, de la antigua China y la no menos antigua India y del mundo eslavo, y todas esas visiones del mundo vivían en paz y en fecundo diálogo. ¡Ah, la vieja Bizancio! ¡Qué gran pérdida para Occidente!</p>
<p>No nos sorprendería si en lugar del nombre del autor, Raúl Rivero Adriázola, encontráramos a algún prudente patriarca bizantino o a un historiador genovés, pero no, es el mismo Raúl que egresó del Colegio Don Bosco, que descolló en el mundo de las finanzas y alimentó en secreto su pasión por el diletantismo histórico, es decir, el afán de recuperar la memoria con gracia narrativa para las futuras generaciones.</p>
<p>Para ello era necesario manejar nombres y lugares, y dar noticia de diálogos, tractatus y viejos palimpsestos llegados de la Antigüedad para iluminar la historia de Occidente con ese episodio inenarrable que no en vano fue bautizado como Renacimiento. Este es, quizá, el mayor mérito de Raúl: el de ser un personaje cotidiano, de linaje boliviano muy conocido y, sin embargo, pleno de conocimiento y buenas maneras para referirse a episodios tan alejados de nuestra vida cotidiana.</p>
<p>Si me pusiera a buscar un símil para este afán universalista, debería mencionar a Borges, conocedor del inglés arcaico y de los mitos escandinavos, o a Manuel Mujica Láinez, que describió el jardín de Bomarzo, de la familia Orsini. A su modo, Raúl tiene sed de aventuras, como su antepasado Francisco Burdett O’Connor, que llegó de tierras verdes y frías y dio su espada y su valor a una república tan alejada de su natal Irlanda, y tiene alma de pionero, como su abuelo, don Ramón Rivero López, a quien animaba la chispa del emprendimiento en todos los quehaceres que se propuso.</p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
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		<title>A solas con Norte de Edmundo Paz Soldán</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Nov 2011 12:59:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Reseña]]></category>

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		<description><![CDATA[Al fin solo con Paz Soldán Por: Ramón Rocha Monroy A Edmundo Paz Soldán le tengo un cariño temprano, ratificado por la lectura de Norte, su nueva novela. Me interesa el rumbo de los nuevos narradores, menores que Paz Soldán. Por eso pienso que, de la lectura de Norte, podrían tomar dos pautas importantes: 1) [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/11/Edición-boliviana-de-norte-1.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/11/Edición-boliviana-de-norte-1.jpg" alt="" title="Edición boliviana de norte 1" width="211" height="355" class="aligncenter size-full wp-image-4325" /></a></center><br />
<strong>Al fin solo con Paz Soldán<br />
Por: Ramón Rocha Monroy</strong></p>
<p>A Edmundo Paz Soldán le tengo un cariño temprano, ratificado por la lectura de <strong>Norte</strong>, su nueva novela. Me interesa el rumbo de los nuevos narradores, menores que Paz Soldán. Por eso pienso que, de la lectura de <strong>Norte</strong>, podrían tomar dos pautas importantes: 1) La compasión y neutralidad del narrador, que cuenta las experiencias de sus personajes con el impulso no de explicarlos sino de entenderlos; y 2) La posibilidad de cruzar tres historias que pintan una gran experiencia, sin que se encuentren en el libro. En este orden, el súbito y marginal encuentro de una historia y otra a través de un programa radial es perfectamente descartable. Los grandes novelistas nos habían enseñado que las historias más dispares acababan por encontrarse, pero la gran enseñanza de <strong>Norte</strong> es que no, que no es necesario para narrar el sentimiento de otredad, de ajenitud que provoca vivir a merced de la Migra.</p>
<p><strong>Norte</strong> es una novela magistral incluso en la solución de los diálogos, que ya no requieren de índices ni comillas y sin embargo se leen de corrido, con la activa participación del lector pero no con su adivinación, que es innecesaria. Es la obra de un escritor en la cúspide de sus astucias narrativas.</p>
<p>La leí de un tirón y más me costó meditar sobre su contenido, durante algunas semanas, para escribir esta nota. No me dejé llevar por la moda, porque <strong>Norte </strong>es una obra muy vendida y pirateada, al punto que la célebre Editorial Gallimard la incluirá en su catálogo, que sólo tendrá a Edmundo Paz Soldán como único escritor boliviano. No. La compré meses más tarde del suceso, en una impecable edición de la Editorial Nuevo Milenio, y no me arrepiento.</p>
<p>Me gustó <strong>Norte</strong> y me aclaró dudas narrativas que deberían explorar los jóvenes narradores en busca de pautas sobre cómo escribir más sencillo, más elocuente y, no obstante, más profundo. Hay una sensación de desolación, de desapego, de no tener asidero en este planeta cuando se aborda el drama de la migración. Ya me ocurrió al leer <strong>Tukson</strong>, de Giovanna Rivero, un zapping sobre una vida en la cual no puedes tener identidad ni domicilio ni pasado, al revés de lo que te exigen en la identidad pública. Un inmigrante no puede tener nombre ni vivir en ninguna parte ni ser de ningún origen si quiere sobrevivir en un mundo hostil en el cual la muerte debe ser un alivio, porque morir no es difícil, lo difícil es vivir.</p>
<p>Esas sensaciones me provocó la lectura de <strong>Norte</strong>, de Edmundo Paz Soldán, una obra que leí con el regocijo íntimo de conocer al escritor y de comprobar, una vez más, que lo suyo es irreversible. Es un gran escritor, y punto.</p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
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		<title>Cuentos para 1 año. Tomo 1</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Oct 2011 16:34:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuento]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento del mes]]></category>
		<category><![CDATA[Ecdotica]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Nuevo Milenio]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuentos para 1 año Por: Marcelo Paz Soldán Editorial Nuevo Milenio, en un esfuerzo conjunto con el escritor chileno Bartolomé Leal y la web Ecdótica, presentan al público lector la edición impresa que la hemos llamado Cuentos para 1 año de la sección &#8220;Cuento del mes&#8221;. El libro está disponible en la V Feria Internacional [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/10/Cuentos-para-un-año-twitter.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/10/Cuentos-para-un-año-twitter.jpg" alt="" title="Cuentos para un año twitter" width="211" height="355" class="aligncenter size-full wp-image-4219" /></a></center><br />
<strong>Cuentos para 1 año<br />
Por: Marcelo Paz Soldán</strong></p>
<p><em>Editorial Nuevo Milenio, en un esfuerzo conjunto con el escritor chileno <a href="http://www.mauroyberra.cl/contenido/bartolome.html">Bartolomé Leal</a> y la web Ecdótica, presentan al público lector la edición impresa que la hemos llamado <strong>Cuentos para 1 año</strong> de la sección &#8220;Cuento del mes&#8221;. El libro está disponible en la V Feria Internacional del Libro de Cochabamba en el stand de Nuevo Milenio y el costo, únicamente por la feria, será de Bs. 20.</em></p>
<p>El cuento del mes es una sección de la web <a href="http://www.ecdotica.com/cuento-del-mes/">www.ecdotica.com</a> que desde octubre de 2007 decidió ofrecer a sus lectores y lectoras, en forma directa y amigable, versiones electrónicas de relatos cortos significativos en la historia del género.</p>
<p>Encargamos pues al escritor Bartolomé Leal que nos ayudara en hacer la selección de los autores y redactara breves introducciones que pirmitieran conocer al autor y situar el cuento en su obra. Procuramos desde el inicio dar a conocer (o reconocer) autores relativamente poco apreciados, o al menos no pertenecientes al reducido grupo de los grandes consagrados del género narrativo breve, aquéllos que asoman en todas las antologías. Aunque respecto a estos últimos, ofrecimos cuentos menos conocidos, o recientemente descubiertos. En ocasiones, el propio antologista hizo traducciones al castellano, lo que dio a muchos de los cuentos un caracter de exclusividad.</p>
<p>La idea era que nuestros lectores y lectoras quisieran ir por más, buscar nueva información y otros cuentos, ya que la red virtual es un piélago lleno de sorpresas y aventuras, un espacio de libertad inédito en la historia de la humanidad, y a ello quisimos contribuir desde Ecdótica. </p>
<p>En esta ocasión, hemos pasado al papel una primera selección de nuestra tan seguida sección en la red virtual. Tras años continuos de nuestro &#8220;Cuento del mes&#8221;, hemos producido este modesto libro que contiene doce grandes relatos, uno por cada mes del año, que procuramos esté al alcance de todos los lectores y lectoras de cuentos, los jóvenes sobre todo, en el convencimiento de que el gusto por la literatura se crea leyendo, antes que nada, lo mejor que han producido los escritores de todas las nacionalidades a través de la historia.</p>
<p>Creemos modestamente que la presente selección responde a ese objetivo.</p>
<p><em>Fuente: Ecdótica / Editorial Nuevo Milenio</em></p>
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		<title>Convocatoria para antología de ciencia ficción</title>
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		<pubDate>Fri, 09 Sep 2011 14:01:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Antología]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia ficción]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>

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		<description><![CDATA[Sueños de ciencia ficción y convocatoria para antología Hace unas semanas despegó por última vez el transbordador espacial cerrando así prácticamente la era espacial de los Estados Unidos. Queda en manos de la China y Rusia nuestro futuro en el espacio aunque las esperanzas no son grandes, con grandes proyectos muy a largo plazo y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/09/Ciencia-ficción.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/09/Ciencia-ficción.jpg" alt="" title="Ciencia ficción" width="356" height="213" class="aligncenter size-full wp-image-4064" /></a></center><br />
<strong>Sueños de ciencia ficción y convocatoria para antología</strong></p>
<p>Hace unas semanas despegó por última vez el transbordador espacial cerrando así prácticamente la era espacial de los Estados Unidos. Queda en manos de la China y Rusia nuestro futuro en el espacio aunque las esperanzas no son grandes, con grandes proyectos muy a largo plazo y dificultades incluso para mantener activa la estación espacial internacional. </p>
<p>Pero mucho antes que la NASA hiciera caminar un hombre por la luna, ya recorríamos planetas y galaxias lejanas de mano de los escritores de ciencia ficción. La época dorada de este género antecedió a la llegada a la luna y la mayor parte de los científicos que participaron crecieron leyendo los legados de Isaac Asimov, Arthur C. Clarke y Robert A. Heinlein y la revista <a href="http://www.andrew-may.com/asf/">Astounding Science Fiction</a> fundada  por John W. Campbell. La propia NASA en sus orígenes reunió a varios de estos escritores para que les soñara un futuro posible.</p>
<p>Con el aterrizaje del transbordador espacial no sólo terminó un grandioso proyecto, sino parece que es el final de muchos sueños de conquista y exploración espacial que llenaron novelas, series de televisión y esperanzas.</p>
<p>Queda en manos de otros países crear los nuevos sueños de ciencia ficción. Esta literatura de género ya está escribiéndose en los países árabes, en la India y África (Distrito 9). Los temas que les interesan, las preocupaciones y las tecnologías creadas en estos países son diferentes a las clásicas novelas norteamericanas o rusas, pero el concepto sigue presente. La ciencia ficción se convierte en un vehículo de imaginación, de análisis y también de juego con la realidad actual y la posible.</p>
<p>También es turno de Bolivia de crear nuevos proyectos, innovar y hacer que la humanidad avance y para eso necesitamos más literatura de ciencia ficción. La realidad Boliviana nos predispone a este tipo de literatura. Más allá del realismo mágico, o la fantasía clásica, la ciencia ficción boliviana es un fenómeno que recién comienza no sólo a cargo de escritores sino en la propia imaginación popular. Una sociedad donde lo antiguo y lo moderno se atraviesan constantemente, donde tenemos misterios incaicos aun no descifrados y satélites de comunicaciones con la última tecnología conviviendo lado a lado, la literatura de género resulta natural. </p>
<p>Por eso desde la página de “Ciencia Ficción y Fantasía en Bolivia” (<a href="http://cffbolivia.blogspot.com/">http://cffbolivia.blogspot.com/</a>), Miguel Esquirol Rios e Ivan Prado Sejas, con la ayuda de algunos de los mejores escritores bolivianos deseamos realizar la primera antología de ciencia ficción boliviana.</p>
<p>Convocatoria:</p>
<p>Los coordinadores del Blog: <a href="http://cffbolivia.blogspot.com/">Ciencia Ficción y Fantasía en Bolivia</a>, invitan a todos los escritores bolivianos y a los extranjeros residentes en el país, a enviarnos un cuento de ciencia ficción para ser considerado en un proyecto de Primera Antología de Ciencia Ficción en Bolivia. Los requisitos son:</p>
<p>1) Ser boliviano con residencia en el país o en el extranjero, o ser extranjero con residencia en Bolivia.<br />
2) El cuento debe estar dentro del subgénero de ciencia ficción, con temática libre.</p>
<p>El relato será revisado por una comisión compuesta por escritores y expertos en literatura. El proyecto de Antología será presentado, inicialmente a una editora nacional, para su edición.</p>
<p>El escritor deberá enviar su obra a la página: “Ciencia Ficción y Fantasía en Bolivia” al correo  iprado2008@gmail.com, solicitando para ser tomado en cuenta en el proyecto de Antología. En una página aparte se debe enviar un resumen de su hoja de vida y datos personales. El plazo para la presentación termina el 30 de septiembre de 2011.</p>
<p>Después de la selección, nos contactaremos con el escritor para comunicarle que su obra fue elegida, y las condiciones de publicación. En el blog http://cffbolivia.blogspot.com/ se publicará la lista de los relatos elegidos y las novedades de su publicación.</p>
<p><em>Fuente: Miguel Esquirol Ríos</em></p>
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		<title>Reseña a La toma del manuscrito</title>
		<link>http://www.ecdotica.com/2011/09/05/resena-a-la-toma-del-manuscrito/</link>
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		<pubDate>Mon, 05 Sep 2011 20:02:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Novela]]></category>
		<category><![CDATA[Reseña]]></category>

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		<description><![CDATA[La toma del manuscrito Por: Mauricio Rodríguez A. es asesinado por C. En la investigación no se encuentra el arma. D. descubre que A. está muerto. Habla con C. Lo maldice. Le dice que vagará eternamente sobre la tierra. Le deja una marca. Doscientos años después aparecen pinturas donde se muestran las posibles armas con [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/09/La-toma-del-manuscrito.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/09/La-toma-del-manuscrito.jpg" alt="" title="La toma del manuscrito" width="95" height="152" class="aligncenter size-full wp-image-4045" /></a></center><br />
<strong>La toma del manuscrito<br />
Por: Mauricio Rodríguez</strong></p>
<p>A. es asesinado por C. En la investigación no se encuentra el arma. D. descubre que A. está muerto. Habla con C. Lo maldice. Le dice que vagará eternamente sobre la tierra. Le deja una marca. Doscientos años después aparecen pinturas donde se muestran las posibles armas con las que C. mató a A. Una quijada de mula, un garrote, una vara. Continúan las investigaciones, y así nace el relato policial. Caín se jodió.</p>
<p><strong><a href="http://www.ecdotica.com/2009/12/23/critica-a-la-toma-del-manuscrito/">La toma del manuscrito</a></strong> es un homenaje a los relatos policiales. Y el narrador lo dice con claridad: «La historia del relato policial… revela una tradición prestigiosa. Edgar Allan Poe, Arthur Conan Doyle, G. K. Chesterton, Wilkie Collins, Gaston Leroux, Patricia Highsmith, William Irish, Ellery MacDonald, Georges Simeon, Chester Himes, Vásquez Montalbán, etc.». Pero no se queda en sólo eso: también es una obra de diversos niveles de profundidad, y como todo en la vida la novela «[c]omienza como un movimiento fortuito e imprevisto, casi como una broma…».</p>
<p>Traduttore-traditore. Todo traductor es un traidor. Ésa es la premisa de <strong>La toma del manuscrito</strong>. El narrador encuentra un manuscrito que escribió Z. Ese manuscrito está compuesto por una serie de descripciones de fotografías que tomó Q. Desde el inicio se sabe que Z. fue el asesino de Q. La novela es la traducción del narrador de las descripciones de fotografías que realizó Z. Las fotografías fueron tomadas por Q. en una expedición al África. «Lo demás, desde siempre, le pertenece exclusivamente al lector».</p>
<p>Las fotografías se convierten en palabras, las fotografías se convierten en narración. Hasta el final de la novela no se sabrá por qué Z. mató a Q. ¿Quién narra? ¿Realmente hubo un asesinato? ¿Q. acechaba a cada integrante de la expedición? ¿Todo es una broma? Un relato policial dentro de un relato de viajes dentro de un relato de traducciones dentro de un relato de misterios. </p>
<p><strong>La toma del manuscrito</strong> fue la novela ganadora de Premio Nacional de Novela 2007. El lector encontrará en ella un escrito maduro que atrapa, que absorbe. La leí apenas hace dos años cuando viajaba hacia Sucre. La releí hace dos semanas. Aún continúa sorprendiéndome. En sus páginas encontré el juego de Perec, las reflexiones de Calvino, la simpleza de Stevenson. Pero también encontré la voz de Sebastián Antezana Q., el autor. Lleno de ironía, de cadencia. </p>
<p>Tal vez el único problema es que para disfrutarla por completo se debe ser el lector ideal del que habla Umberto Eco, que conozca el intertexto al que se remite ciertos capítulos, ciertas frases. Y me quedo con una cita de la novela: «Para completar el círculo, la última jugada le corresponde al lector».      </p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
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		<title>Una lectura libre del libro “Una cuestión de Fé. Historia (y) crítica del cine boliviano de los últimos 30 años (1980 – 2010)“</title>
		<link>http://www.ecdotica.com/2011/09/01/los-47-golpes/</link>
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		<pubDate>Thu, 01 Sep 2011 22:29:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Crítica]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>

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		<description><![CDATA[Los 47 golpes Por: Alba Balderrama Cargarse un peso encima y avanzar. Empezar con preguntas. Mirar la historia del cine para encontrar lo que oculta, no tanto lo que revela. Éste pareciera ser el método de dos autores que escriben sobre el cine boliviano utilizando la palabra y la vehemencia de su pensamiento como arma [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/09/Una-cuestión-fe.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/09/Una-cuestión-fe.jpg" alt="" title="Una cuestión fe" width="297" height="275" class="aligncenter size-full wp-image-4038" /></a></center><br />
<strong>Los 47 golpes<br />
Por: Alba Balderrama </strong></p>
<p>Cargarse un peso encima y avanzar. Empezar con preguntas. Mirar la historia del cine para encontrar lo que oculta, no tanto lo que revela. Éste pareciera ser el método de dos autores que escriben sobre el cine boliviano utilizando la palabra y la vehemencia de su pensamiento como arma de revolución y compromiso. Lo hicieron primero en <strong>El Cine de la Nación Clandestina. Aproximación a la producción cinematográfica boliviana de los últimos 25 años (1983 – 2008)</strong> y ahora en <strong>Una Cuestión de Fe</strong> estos autores, Santiago Espinoza y Andrés Laguna, críticos de cine, re conducen, con su escritura, la idea errónea de que los jóvenes de hoy no están con el proceso de cambio, no están “haciendo la revolución como históricamente ha sucedido siempre”.</p>
<p>Sin embargo, el estar o hacer el cambio hoy, viene desde otros ámbitos, la revolución se está haciendo desde las letras, desde el cine, desde la palabra y la imagen, desde las redes virtuales, desde el cuerpo &#8211; ahí está Camila y todos los estudiantes de Chile-. Trincheras todas donde se mezclan la reflexión y el combate. </p>
<p>En una sala de cine, somos menos de  5 personas. Vemos a Antoine Doinel, el infante pillo y rebelde de la película “Los 400 golpes” de Francoise Truffaut. Su profesor lo ha castigado y enviado a una esquina de cara a la pared, molesto escribe en el muro: “aquí el pobre Antoine Doinel fue injustamente castigado por Sourpuss por una pinup que cayó del cielo, esto será un ojo por ojo y diente por diente”. </p>
<p>Hace un año, Santiago Espinoza y Andrés Laguna, escribieron el libro <strong>El cine de la nación clandestina</strong>, se pusieron encima sus cabezas la enorme máscara del Jacha Tata Danzanti, personaje principal e icónico de la película “La Nación Clandestina” de Jorge Sanjinés, la misma que inspiró el título de su libro. Con el peso de esa máscara, de ojos desorbitados y melancólicos, coronada por dos orejas gigantes colmadas de espejitos, retomaron el camino tortuoso, incierto y desigual del cine boliviano estrenado entre 1980 al 2010. Como en la película, miran al pasado del cine, recorren su historia y la revelan, para encontrar, o por lo menos dilucidar, la identidad del cine de la nación clandestina. </p>
<p>Ya no hay retorno escogida su trinchera, el cine, y su arma, la escritura, ya no pueden escapar al abrazo del cine boliviano. </p>
<p>Así danzando al ritmo hipnótico y cadencioso de la música de los pinkillos y wankaras que tocan los acompañantes del Jacha Tata Danzanti, Espinoza y Laguna llegaron a este año 2011 con otro libro y otro tipo de carga-compromiso encima. Ahora los dos se suben a la Ramona, la camioneta personaje principal de la película “Cuestión de Fe” de Marcos Loayza, y emprenden viaje a través de las tres últimas décadas del cine boliviano llevando a cuestas una pesada Virgen de yeso de tamaño natural, frágil, milagrosa y llorona, eso sí.  </p>
<p>Su libro, haciendo honor a este nuevo viaje y nueva carga, se titula <strong>Una cuestión de Fé. Historia (y) crítica del cine boliviano de los últimos 30 años (1980 – 2010)</strong>. En este libro ellos dos ya no miran el pasado del cine sino que, en una combinación de práctica de periodismo y de compromiso estético, arman una obra de ejercicio crítico del cine boliviano de los últimos treinta años. Reinterpretando, registrando y acompañando, película a película, un cine que ha sufrido muchas transformaciones y que en este último periodo vivió algunas de las más radicales.</p>
<p>Con ellos dos, acompañamos este proceso de cambios del cine y del país instalados en una sala de cine oscura, mirando de frente al presente de nuestra cinematografía.</p>
<p>En la pantalla, Doinel deambula por las calles con su inseparable compañero, René. Los dos amigos escapan a cualquier reprimenda, a cualquier sistema. Con ellos dos, el cine finalmente salió a la calle. Quieren respirar aire puro y sentir el pálpito de la ciudad.</p>
<p>Con una cámara liviana, a través de estos amigos, el cine invadió la calle desnuda y sin maquillaje, escapando a las convenciones y a las reglas. </p>
<p>El acto de estos dos autores, de estos dos amigos, en el libro, el de ponerse un peso encima al momento de abordar sus obras no es algo superficial, mucho menos un gesto neurótico, es un acto que revela el compromiso que los autores asumen con el cine boliviano pues intuyen que en él están las claves para conocernos y definirnos como bolivianos. “Lo boliviano del cine boliviano, así como lo boliviano en sí, parece ser lo que suele ocultarse, lo que a veces se devela y deslumbra, pero que siempre permanece como una huella profunda, como un espectro intenso”, afirman en sus consideraciones finales. </p>
<p>Así el libro oculta tras su cuidada edición la pluma salvaje, crítica y honesta de sus autores que nos develarán poco a poco el camino recorrido por los realizadores bolivianos, desde el retorno a la democracia en 1982 que les devolvió sus libertades políticas y de expresión, hasta los dos miles con el uso y abuso de las libertades tecnológicas que les dio el digital y el abaratamiento de las nuevas tecnologías y de producción.</p>
<p>Con una portada de lujo realizada a mano por un cineasta de oficio como es Jesús Pérez y donde reconocemos al Tata Danzanti, la Ramona, el camión de “Mi Socio” o la llamita blanca, el libro nos abre con gran gusto y elegancia al mundo del cine boliviano que es, para muchos, desconocido, una incógnita, una inmensa pregunta. Y son preguntas las que abren el libro. ¿Qué puede pasarle al mundo en treinta años?, ¿Qué puede pasarle a un país en treinta años?, ¿Y qué puede pasarle al cine de un país en treinta años?. Y como si fueran pocas, el libro se parte en tres nuevas preguntas: “Los años ochenta: ¿Década perdida?, “Los años noventa: ¿El fin de la historia? y “Los dos miles: apocalípticos e integrados”, gran pregunta en algún sentido. Cada capítulo del libro una pregunta, una década y una revelación escrita de la experiencia personal y crítica de dos amantes del cine. </p>
<p>Nada más seductor que un libro que abre con preguntas porque se convierte casi inmediatamente en la promesa de un descubrimiento, la promesa de una respuesta, si es que la hay. ¿No es acaso la forma más interesante y libre de conocer algo, hacerse preguntas, dudar de que uno conoce las cosas?.</p>
<p>Las respuestas posibles a estas preguntas que develan de algún modo el contexto histórico, económico y cultural en que se realizó cine en nuestro país son los textos que hacen el cuerpo del libro. 47 críticas de 47 películas que dan fe de que el cine boliviano sigue cuestionándose, sigue cometiendo errores, sigue alejándose de los grandes temas, pero también sigue creyendo en su poder y en su espíritu de libertad.</p>
<p>Doinel es empujado finalmente a escapar del internado, de la casa. Las autoridades lo persiguen lo golpean… como sus padres…  como sus maestros. Intentan que se adapte.</p>
<p>La pantalla se ilumina con la imagen de un océano, y Doinel corre más lejos, huye hacia el mar, profundo, infinito. Cuando ya no hay dónde más correr, mira a la cámara, nos pregunta, nos golpea en uno de los <em>travellings</em> más célebres de la historia del cine.</p>
<p>Son 47 golpes. Golpes al espectador del cine boliviano, a los realizadores, incluso a los mismos autores de este libro, que nos recuerdan que el cine boliviano ya no es un infante, y que como todos los niños, ha aprendido las lecciones de la vida de la manera más dura. Son  47 golpes, ¿o son 400?, que nos llevaran inevitablemente a la madurez. Transito necesario para que el propio boliviano se dé cuenta de que las películas no las hacen solo los directores o productores sino todos: el público, los dueños de las salas, los sindicatos de trabajadores de la imagen, los historiadores, los políticos, los críticos y que es responsabilidad de todos que las películas encuentren su camino de exhibición, de visualización, de existencia misma.</p>
<p>En este camino, el libro <strong>Una cuestión de Fe</strong> y sus autores asumen el peso de esa responsabilidad y ese compromiso y lo asumen al son y la cadencia de un ritmo boliviano que es el latir de todo un país. </p>
<p>Doinel ya no escapa más, ha crecido, se queda en la pantalla, camina hacia nosotros y nos mira de frente para siempre. </p>
<p><em>Fuente: Editorial Nuevo Milenio</em></p>
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		<title>Una cuestión de fe: La crítica como espejo del cine</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Aug 2011 16:11:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>

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		<description><![CDATA[La crítica como espejo del cine Por: Marcos Loayza (*) Como sabrán no soy un experto en presentar libros, así que apenas presentaré un par de ideas conexas de alguna manera por lo que me provocó la lectura del libro. Del libro en sí no puedo y no está bien visto y es de mal [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/08/Una-cuestión-fe3.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/08/Una-cuestión-fe3.jpg" alt="" title="Una cuestión fe" width="297" height="275" class="aligncenter size-full wp-image-4008" /></a></center><br />
<strong>La crítica como espejo del cine<br />
Por: Marcos Loayza (*)</strong></p>
<p>Como sabrán no soy un experto en presentar libros, así que apenas presentaré un par de ideas conexas de alguna manera por lo que me provocó la lectura del libro. Del libro en sí no puedo y no está bien visto y es de mal gusto que hable, porque habla de nosotros. Y creo que todos están por demás concientes de la importancia y el valor del mismo.</p>
<p>Debo confesar que me gusta leer crítica de cine, de obras que me han dejado cosas que pensar, de obras que no han terminado de gustarme por alguna razón que no logro controlar o de pelis a las que no estoy del todo animado a ir. También, debo confesar, que me gusta leer crítica de pura maldad, porque siento que hay muchas cintas que se estrenan que son francamente impresentables.</p>
<p>Uno de los textos más hermosos de crítica está en un libro de Serge Daney, que me regaló un gran amigo crítico de cine. En él hace referencia a una película que muy poca gente vio, hace referencia al famoso traveling de Kapo de Gillo Pontercorvo –cuya cinta La batalla de Argel tuvo cierta repercusión acá-. El autor, poniéndose del lado radical de esa celebre polémica iniciada por el crítico y cineasta Jacques Rivette, habla de cómo un director con un solo plano pierde el respeto como ser humano de parte del crítico, más concretamente el plano fue calificado de abyecto. Más tarde Godard diría, más conciliador, que el movimiento de cámara es un asunto ético. Y yo terminé aprendiendo que cuando haces una película tienes que hacerte cargo de todo lo que pusiste en ella, con humildad y responsabilidad.</p>
<p>Uno tiene, como todos, sus fantasías y también sus metas, cosas que nunca se podrán conseguir y otras que sí. Digo esto porque no creo mucho en aquellos cineastas que reniegan de la aceptación del público, del gran público o de la aceptación de la crítica, de la gran crítica. Imagino que antes del rodaje, de la edición, sueñan con hermosos comentarios sobre su obra o cometarios bondadosos. O, finalmente, aunque sea, sólo comentarios. Debo confesar que me hubiera encantado poder leer una crítica a alguno de mis trabajos escrita por Luis Espinal o por Renzo Cotta. Y también, porqué no, textos de Jaime Manrique Ardilla, Andrés Caicedo, Guillermo Caín, Serge Daney o Pauline Kael. Porque cuando estábamos empezando a animarnos a comprender cómo se hace, cómo no se hace una película o para qué sirve, lo hacíamos con los medios que teníamos a nuestro alcance, que eran apenas algunos libros donde se hablaban de obras, que a veces llegaban a la Cinemateca, donde se teorizaba sobre las posibilidades del cine como arte, sobre si es o no un lenguaje y, de serlo, cómo funciona, cómo usar un lenguaje que no tiene gramática. De ellos aprendí, y lo agradezco, porque ahora en la práctica, al momento de poner una réplica en un diálogo, de ordenar una secuencia, de dar una indicación al actor, de elegir un lente para una toma, de decidir un punto de cámara, de elegir un corte en la edición, siempre recurro a los maestros críticos.</p>
<p>Cuando hago una película, pasan muchas cosas, algunas buenas y otras no muy buenas, uno avanza y sigue ciertas intuiciones, cosas del instinto, que es diferente, sabe que tiene entre las manos ingredientes valiosos e íntimos, pero no sabe para qué, le oye a cosas quién sabe donde las oyó, cosas que se esconden dentro de uno, la memoria trabaja con extraños códigos que no son los cotidianos. Se trabaja con una materia oscura y no hablo de la inspiración, sino de las cosas que hacen a las películas, que al momento de fabricarlas es un territorio de incertidumbre que se aclara sólo un poco el día del estreno, cuando el espectador reacciona o no ante la función, que cobra sentido gracias a las criticas. Ellas nos ponen en evidencia, son nuestro espejo y nos permiten profundizar más nuestro propio camino, corregir rumbos, agudizar nuestro instinto, nuestra intuición, nuestros sentidos y el uso de nuestro lenguaje, y más. Por eso es que hay una rara complicidad, a la que yo personalmente agradezco y con la que me siento en deuda.</p>
<p><em>* Director de cine, autor de películas como Cuestión de fe, El corazón de Jesús y El Estado de las cosas. Actualmente, está preparando el estreno de la esperada Las bellas durmientes. Loayza presentó en La Paz el libro Una cuestión de fe, de Santiago Espinoza y Andrés Laguna, en el marco de la Feria Internacional del Libro de aquella ciudad.</em></p>
<p><em>Fuente: La Ramona / Opinión</em></p>
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		</item>
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		<title>Se presenta en La Paz Una cuestión de fe de Santiago Espinoza y Andrés Laguna</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Aug 2011 16:44:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Crítica]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>

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		<description><![CDATA[Presentación de Una cuestión de fe Por: Andrés Laguna Hace unos meses la guionista y realizadora madrileña Yolanda García Serrano, en una breve y más o menos amigable discusión, me dijo con algo de timidez, pero con convicción que: “Los críticos de cine deberían extinguirse. Como los dinosaurios”. Por entonces, supongo, creía que yo era [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/08/Una-cuestión-fe2.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/08/Una-cuestión-fe2.jpg" alt="" title="Una cuestión fe" width="297" height="275" class="aligncenter size-full wp-image-3995" /></a></center><br />
<strong>Presentación de Una cuestión de fe<br />
Por: Andrés Laguna</strong></p>
<p>Hace unos meses la guionista y realizadora madrileña Yolanda García Serrano, en una breve y más o menos amigable discusión, me dijo con algo de timidez, pero con convicción que: “Los críticos de cine deberían extinguirse. Como los dinosaurios”. Por entonces, supongo, creía que yo era un colega suyo. Cuando los otros comensales le hicieron notar que soy miembro de esa especie a la que condenó a la desaparición, creo que se sintió algo avergonzada, pero de todas formas intentó justificar su afirmación. Como para tantos, para García Serrano los críticos no somos más que engendros que tenemos por único fin destrozar la obra de esforzados y sufridos realizadores. No es la primera vez que me pasa algo similar. En Bolivia los realizadores muchísimas veces nos han declarado la guerra. Incluso algunos, pienso en especial en uno con tendencia a las dependencias, a las perfidias y a preguntarse por la suerte de los camélidos andinos, van mucho más allá que Yolanda, no desean nuestra extinción, simplemente niegan nuestra existencia. No nos desean la suerte de los dinosaurios, aseguran que tenemos la misma naturaleza que los dragones. Es decir, dicen que en Bolivia no existen críticos de cine que merezcan el rótulo. Tal vez Carlos Boyero tiene razón cuando afirma que los críticos debemos mantenernos lo más alejados posible de todo lo que está detrás de una película, de una obra, en especial del los cineastas. Posiblemente sea lo más sano y seguro. De todas formas, lamento que, salvo contadas excepciones, cineastas y críticos seamos incapaces de mantener diálogos fértiles y provechosos para el cine boliviano. </p>
<p>Desde diferentes lugares, a partir de experiencias singulares más o menos distintas, desde nuestra particularidad, Santiago Espinoza y yo aprendimos a amar al cine desde muy niños. Por ejemplo, él forjó su devoción por las películas de Woody Allen, cuando paralelamente yo me dejaba encandilar por la obra de Jim Jarmusch. Personalmente, agradezco sinceramente haber tenido una infancia llena de enfermedades, pues guardando cama, gracias a la guía de mi madre, descubrí <em>Casablanca</em>,<em> La dolce vita</em>, <em>Tiempos modernos</em> y, la indeleble, <em>Citizen Kane</em>. Y mi vida jamás volvió a ser la misma. Algo similar le pasó a Santiago. Ambos fuimos espectadores voraces, obsesivos visitantes de video clubes, ambos nos enamoramos de blondas actrices que jamás conoceríamos. El cine boliviano no fue nuestro primer amor, pero fue uno de esos que jamás se olvidan, que están en cada uno de los rincones de la vida. Como lo ha reconocido en varias oportunidades, Santiago perdió la inocencia cuando vio <em>La nación clandestina</em>. Por mi parte, recuperé la inocencia cuando experimenté a <em>Cuestión de fe</em>. Estoy casi convencido de que Santiago tiene un futuro en el cine. Yo no. Me limito a ver, pensar, hablar, comentar y escribir sobre cine. Nada más. Nada menos. Desde que nos conocimos Santiago y yo hemos compartido eso. Siempre lo haremos. <strong>Una cuestión de fe</strong>, es el resultado de esa experiencia. Es el resultado del ver, pensar, hablar, comentar y escribir sobre el cine que sentimos más íntimo, que sentimos más conectado a nuestra historia singular, ese cine que nos afirma o nos niega, ese cine que queremos afirmar o negar. Justamente, ser crítico de cine es profesionalizar el gesto espectatorial, es llegar a ser un espectador profesional, es convertir en oficio a nuestra patología singular. Por supuesto, recurriendo a ciertos recursos estratégicos para realizar una lectura de las obras cinematográfica, con rigor y disciplina, pero sin jamás perder la pasión y la emoción, que siempre acompañan al hecho de amar al cine. </p>
<p>Se puede hacer historiografía desde muchos territorios, nosotros, como “espectadores profesionales” hemos optado por hacerla a través de la crítica de cine, a través del instrumento que nos permite identificar y valorar los discursos, las tendencias estéticas, las inclinaciones ideológicas, las temáticas, del cine boliviano de las últimas tres décadas. No es para nada gratuito o casual que esta noche nos acompañen Pedro Susz y Marcos Loayza. Ambos representan a todo lo que hemos querido rendir tributo en este libro. La obra cinematográfica de Loayza contiene lo que amamos del cine boliviano, compromiso, discurso y una verdadera propuesta artística, esos gérmenes que nos cambiaron la vida. Por su lado, Susz es el crítico cinematográfico nacional por antonomasia, es el hombre que hizo escuela, que ha servido de ejemplo y ha fungido de espíritu tutelar de todos los que escribimos sobre cine en el país, es el hombre que junto a otros ha hecho respetable el oficio crítico. Quiero creer que en <strong>Una cuestión de fe</strong> le hemos hecho una gran reverencia a todo lo que Marcos y Pedro representan.  </p>
<p>En la vida uno debe ser agradecido, así que me permitiré dar las gracias a un puñado de personas importantes. Este libro no hubiese sido posible sin el financiamiento y la paciencia de la Fundación Herrmann. En especial, debemos dar las gracias a la Presidenta de la Comisión de Fomento a la Cultura de la Fundación Herrmann, Rosángela Conitzer de Echazú, que no sólo fue la encarnación de la paciencia mencionada, sino que también tuvo la gentileza de escribir un acertadísimo texto de presentación. Marcelo Paz Soldán, cabeza y corazón de la editorial Nuevo Milenio, trabajó de manera inagotable para ajustar todos los detalles de la impresión y de la distribución, su amistad y transparencia siempre han sido determinantes para nosotros. Jesús Pérez nos honró con el dibujo de la tapa del libro, además de habernos ofrecido un pieza de arte maravillosa, que me conmovió hasta las lágrimas, tuvo la generosidad de hacer una bella y lúcida lectura de nuestra obra a través de su dibujo. Quiero darle las gracias el equipo de la Ramona, en especial a Sergio de la Zerda, nuestro más cercano compañero y fiel amigo, que siempre nos sostiene. Rápidamente, robando un poco los minutos, quiero darle las gracias a mi familia, a mis amigos y a mi mujer, las auténticas razones para vivir la vida. </p>
<p><strong>Una cuestión de fe</strong> es una historia del cine boliviano de las últimas tres décadas, construida a través de críticas de buena parte de las cintas más emblemáticas de dicho periodo de tiempo. Pero ante todo es una afirmación del cine boliviano, es una reescritura, es el gesto comprometido de dos espectadores patológicos. Muchas gracias. </p>
<p><em>Fuente: Editorial Nuevo Milenio</em></p>
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