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	<title>Ecdotica &#187; Literatura</title>
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	<description>Noticias literarias, descarga de libros gratuitos, selección de cuentos de manera mensual</description>
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		<title>Los Lemmings y otros, cuentos del argentino Fabián Casas: ecos de los buenos sopapos</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Jan 2012 15:13:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[Los Lemmings y otros, cuentos del argentino Fabián Casas: ecos de los buenos sopapos Por Ricardo Bajo Cultura popular (Chespirito antes que Shakespeare), drogas legales e ilegales, clases medias empobrecidas, mucho barrio, jerga de la calle, rock (Pappo, papá) y fútbol. Cuentos –siete- sobre la infancia perdida y sobre el enano mundo literario con escritores [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2012/01/Los-lemmings-y-otros.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2012/01/Los-lemmings-y-otros.jpg" alt="" title="Los lemmings y otros" width="211" height="356" class="aligncenter size-full wp-image-4441" /></a></center><br />
<strong>Los Lemmings y otros, cuentos del argentino Fabián Casas: ecos de los buenos sopapos<br />
Por Ricardo Bajo</strong></p>
<p>Cultura popular (Chespirito antes que Shakespeare), drogas legales e ilegales, clases medias empobrecidas, mucho barrio, jerga de la calle, rock (Pappo, papá) y fútbol. Cuentos –siete- sobre la infancia perdida y sobre el enano mundo literario con escritores famosos que es mejor no conocer, sino leer. Oralidad coloquial, familias disfuncionales, juguetes rotos-rabiosos, Once y Boedo, adolescencias pasajeras, felices, traumadas. Películas, algunas porno y una empatía rara por la cultura japonesa y el budismo zen (¿su estilo lo destila?). Así son “Los lemmings y otros”, cuentos recopilados del escritor argentino Fabián Casas.</p>
<p>Con el “boom” de las jóvenes editoriales en países como Argentina, Bolivia y otros se publica más que nunca, para el placer del pueblo lector, para una inmensa y silenciosa minoría. Casas pertenece a lo que nosotros, los periodistas, llamamos -en esa irremediable manía de etiquetar- “nueva narrativa” que parece más relatos cortos que novelas, muchos de ellos autobiográficos de mundos mínimos, cotidianos, callejeros&#8230; y los mil novios de mamá (“la infancia estuvo separada por tandas en las cuales mi madre me informaba sobre las bajas de sus noviazgos”). ¿Cuántos de ellos construirán con el tiempo una obra?</p>
<p>Casas tiene un recorrido literario que va desde inicios “cartoneros” (con la Eloísa porteña) hasta antologías varias llegando a libros publicados en España o Alemania. Ahora llega a Bolivia de la mano de El Cuervo editorial. <strong>Los lemmings</strong> también vuelve la mirada entre canchas, obreros y travesías sentimentales a la pasada amargura política de los años ochenta y noventa en la Argentina cuando nuestros vecinos vivían en “un país de porquería que los cagó a sopapos”, cuando la música disco era la dictadura cruel de todos los días, cuando todavía no se adivinaban vidas sin infierno, ni libros con buenos finales.</p>
<p><em>Fuente: Página siete</em></p>
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		<title>Norte: narrativa de frontera</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Jul 2011 22:36:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Novela]]></category>
		<category><![CDATA[Reseña]]></category>

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		<description><![CDATA[Norte: narrativa de frontera Por: Roberto Laserna Edmundo Paz Soldán acaba de publicar Norte, abriendo con ese libro su relación con la prestigiosa casa editorial Mondadori (y renovándola con la no menos exigente Nuevo Milenio). Como es frecuente, los lectores pueden encontrar que el título no es un indicador suficientemente claro del contenido. En efecto, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/07/Edición-boliviana-de-norte-1.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/07/Edición-boliviana-de-norte-1.jpg" alt="" title="Edición boliviana de norte 1" width="211" height="355" class="aligncenter size-full wp-image-3886" /></a></center><br />
<strong>Norte: narrativa de frontera<br />
Por: Roberto Laserna</strong></p>
<p>Edmundo Paz Soldán acaba de publicar <strong>Norte</strong>, abriendo con ese libro su relación con la prestigiosa casa editorial Mondadori (y renovándola con la no menos exigente Nuevo Milenio). </p>
<p>Como es frecuente, los lectores pueden encontrar que el título no es un indicador suficientemente claro del contenido. En efecto, la novela ha sido presentada como un entramado de historias de migrantes que se pierden buscando un nuevo futuro en el norte, cuando en los hechos tenemos tres historias que apenas se tocan entre sí y que, más que tratar de la búsqueda del norte, ocurren en la frontera. </p>
<p>De las tres historias la que arma la novela es la de un asesino múltiple que durante años usa el tren para desplazarse en busca de negocios fáciles y, al hacerlo, asesina al azar y con terrible crueldad. Está basada en una historia real pero Paz Soldán se libera de ella al cambiar algunos nombres de personas y lugares. La historia es cruda y está narrada con la frialdad de Roberto Bolaños en su agobiante <a href="http://www.time.com/time/arts/article/0,8599,1857951,00.html">2666</a>. Es inevitable recordar esa novela por la narrativa brutal, directa y de cirujano, que se emplea en la descripción de los crímenes. A diferencia de Bolaños, sin embargo, esta parte de la novela desarrolla más la perspectiva del asesino que la de las víctimas o de los policías, acercándose a la narrativa de Cormac McCarthy, que es probablemente el novelista que más ha descubierto su creatividad literaria en la frontera. </p>
<p>La segunda historia parece aliviar en algo la anterior presentando un extraño triángulo amoroso que tiene en un vértice a Michelle, una estudiante que quiere producir novelas gráficas, y en los otros a un profesor cuyo efímero genio se agotó, y a un estudiante que espera los retornos de Michelle a la cordura del estudio. </p>
<p>La tercera historia, posiblemente la más breve de las tres, narra la biografía del pintor esquizofrénico Martín Ramírez, un verdadero genio de la plástica que adquirió esa capacidad expresiva en los manicomios luego de haber trabajado como laborero temporal en California. La historia de Ramírez es fascinante y es en ella que Paz Soldán alcanza, a mi parecer, su mayor fuerza narrativa. Se trata, en verdad, de una pequeña joya, ya que en las restricciones de una apurada biografía despliega una narrativa convincente a pesar de ubicarse en el punto de vista del pintor loco. </p>
<p>Dos de las tres historias están basadas en hechos reales y en personajes más o menos conocidos, sobre los que se ocuparon la prensa y otros autores. Este hecho configura un desafío muy grande para un narrador, pues debe trabajar dentro de las limitaciones de historias sabidas y tratando de dar vida a personajes que no conoció pero que tampoco puede inventar. Muchos escritores han naufragado en ese tipo de esfuerzos. Paz Soldán no. Al contrario, él logra dar energía vital a los personajes y hace que sus historias sean verosímiles, demostrando con ello profesionalismo de escritor.<br />
La historia de Michelle y sus amores imperfectos, para recordar un libro de cuentos del mismo autor, no pasa de ser para mi gusto un relleno prescindible aunque, quién sabe, sin ella serían insoportables la crueldad y la tragedia de las otras. </p>
<p>En cuanto al contenido, tengo la impresión de que <strong>Norte</strong> contribuye a la comprensión de la frontera no como una línea que separa dos entidades políticas o sociales, sino más bien como una bruma en la que se encuentran y fusionan las periferias. Dos de las historias ocurren en la frontera física entre México y Estados Unidos y la otra en la frontera mental entre la memoria y la locura. En esa bruma se disuelven las vigilancias y los mecanismos de control, lo que facilita las transgresiones. Algunos no pueden resistir ese descubrimiento y se precipitan en los excesos, como el asesino del ferrocarril. Otros, al no poder volver, pierden la razón al tratar obsesivamente de salvaguardar la memoria, como podría ser el caso de Martín Ramírez. Y otros, finalmente, intentarán salvarse en el amor, el sexo y la creación artística, como parece intentarlo Michelle. Pero se trata de casos extremos entre los cuales, seguramente, se encuentra la mayoría de quienes viven en esa bruma que es la frontera. </p>
<p>Lo anterior resume lo que dije en la presentación de <strong>Norte</strong> en Cochabamba. Al salir del auditorio se me acercó una persona y me preguntó de frente: Y al final, ¿le gustó o no? </p>
<p>Como supuse que quería reservarse mi nombre como posible culpable, lo que hice fue mostrarle mi copia que acababa de comprar. Esto es literatura, pensé decirle, mucho más que cuestión de gustos. Y la dejé buscando el autógrafo que agregaría valor a su ejemplar.</p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
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		<title>Los sitios literarios de la UNAM de México</title>
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		<pubDate>Wed, 29 Dec 2010 16:42:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[Los sitios literarios de la UNAM de México La Dirección de Literatura de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) tiene diversos portales de internet en donde se pueden descargar poemas, cuentos y ensayos. El Periódico de Poesía surgió en 1987, como una publicación mensual donde se le da preponderancia a la crítica y a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/12/Lecturas-UNAM1.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/12/Lecturas-UNAM1.jpg" alt="" title="Lecturas UNAM" width="266" height="232" class="aligncenter size-full wp-image-3488" /></a></center><br />
<strong>Los sitios literarios de la UNAM de México</strong></p>
<p>La Dirección de Literatura de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) tiene diversos portales de internet en donde se pueden descargar poemas, cuentos y ensayos.</p>
<p>El Periódico de Poesía surgió en 1987, como una publicación mensual donde se le da preponderancia a la crítica y a la reflexión en torno a la lírica: sus contenidos están disponibles en <a href="http://www.periodicodepoesia.unam.mx">www.periodicodepoesia.unam.mx</a></p>
<p>En la versión digital de la colección Material de Lectura están al alcance más de 350 títulos de algunos de los autores más importantes del siglo XX. La Universidad invita a visitar <a href="http://www.materialdelectura.unam.mx">www.materialdelectura.unam.mx</a>.</p>
<p>La revista Punto de Partida, recopila desde 1966 los experimentos literarios de varios escritores en ciernes si visitas <a href="http://www.puntodepartida.unam.mx">www.puntodepartida.unam.mx</a>.</p>
<p>También puede descargarse el podcast cultural de la UNAM, <a href="http://www.descargacultura.unam.mx">www.descargacultura.unam.mx</a>, donde se presenta información sobre conferencias, poesía, lecturas, música y otras expresiones culturales.</p>
<p><em>Fuente: <a href="http://www.informador.com.mx/cultura/2010/259928/6/lecturas-en-internet-ofrece-unam.htm">Informador</a></em></p>
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		<title>Vacaciones permanentes, una reseña de Giovanna Rivero</title>
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		<pubDate>Sat, 10 Jul 2010 14:02:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Autores]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[Contraépica, Vacaciones permanentes Por: Giovanna Rivero No siempre en un primer libro de cuentos se intuye el proyecto que el escritor o la escritora ha decidido entregar, a pesar de los secretos pudores, al lector. Vacaciones permanentes, sin embargo, es un libro transparente en ese sentido. Conseguir esa transparencia ha debido significarle a su autora, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/07/vacaciones-permanentes1.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/07/vacaciones-permanentes1.jpg" alt="" title="vacaciones permanentes1" width="101" height="158" class="aligncenter size-full wp-image-3075" /></a></center><br />
<strong>Contraépica, Vacaciones permanentes<br />
Por: Giovanna Rivero</strong></p>
<p>No siempre en un primer libro de cuentos se intuye el proyecto que el escritor o la escritora ha decidido entregar, a pesar de los secretos pudores, al lector. <strong>Vacaciones permanentes</strong>, sin embargo, es un libro transparente en ese sentido. Conseguir esa transparencia ha debido significarle a su autora, Liliana Colanzi, horas de trabajo, corrección, relectura, concentrada inteligencia y otras batallas no menos intensas.</p>
<p>Pero, ¿de qué está hecha esa transparencia? ¿Acaso sólo de la renuncia a una pretenciosa opacidad, a una retórica densa y a veces innecesaria? Sí, también de eso. Aunque en el caso de Colanzi, como en el de otros escritores de su generación, la decisión de trabajar con registros domésticos y composiciones lingüísticas mínimas, en ocasiones aparentemente incompletas, pasa más bien por el deseo de priorizar la vida, la vida misma, entendida como eso que nos ocurre a veces violentamente, a veces en la más alocada inconsciencia, más allá de las leyes del lenguaje.</p>
<p>Esto que podríamos considerar una saga, un diario íntimo de viaje o la autobiografía de una generación, tiene, como debe ser, un punto de partida, una fecha-hito: 1997 se titula el cuento que hace de cinta inaugural de esa brillante y demasiado efímera <em>road movie</em> que es la primera juventud vivida justo en el cruce de milenios, cuando la caída de los viejos paradigmas y la euforia de la globalización generaron otro tipo de crisis, otro tipo de dolor, entre ellos el desconcertante conocimiento de que ser joven ahora sólo servía para eso: para ser joven (¿y era aquello suficiente como gesto político?). En ese sentido, me atrevo a decir que hay una dimensión apocalíptica, astutamente matizada por la prosa limpia de Liliana, en este plano secuencia de siete cabalísticos cuentos.</p>
<p>En efecto, si prestamos atención a la línea biográfica que la narradora traza para su protagonista, Analía, esa suerte de alter ego que en las narrativas intimistas o confesionales sirve para poner en acción los infinitos juegos especulares de la autorreferencialidad, la mentira, la fe del lector y los límites de la honestidad, notaremos que su veloz descenso a los infiernos de la adultez es algo así como una ‘picaresca negativa’. La joven Analía es la privilegiada testigo del lento pero implacable deterioro de la clase alta boliviana que, claro, a diferencia del resto de Latinoamérica, está siempre más contaminada por el roce continuo y a veces gozoso con el vulgo.</p>
<p>Este primer desmontaje es clave para entregar al lector a una Analía ya corrompida por la prematura desilusión. El resto será la supervivencia emocional y económica, las concesiones morales, el veloz aprendizaje del mundo ‘real’ y la manía de la huida.</p>
<p>De modo que cuentos como Rezo por vos, El fin de semana estaré bien o Banbury Road nos muestran la contraépica de una Analía que ha decidido agotar el capital de su juventud en eso que el primer mundo valora y teme: la experiencia.</p>
<p>Con un aborto de por medio, ruptura para nada gratuita del máximo <em>continuom</em>, el de la maternidad, lo que sigue es una serie de programas fallidos, como si en la potencia del ‘no’ los personajes de Colanzi encontraran ese gesto político antisistémico que reclamábamos en las primeras líneas de esta reseña.</p>
<p>Analía abandona sus amores en pos de un ideal siempre inalcanzable, y este ansioso nomadismo, tan a tono con los relatos transmigratorios del siglo XXI, parece rebotar una y otra vez contra el vacío. La experiencia se atesora, pero su acumulación debe ser frenética y no plantearse ningún tipo de objetivo didáctico.</p>
<p>Sin embargo, y he aquí una exégesis, quizás a pesar de la ruidosa consigna de desequilibrada y perpetua juventud que los siete cuentos proclaman: es probable que el mejor triunfo sea el de la preservación de la individualidad. Aun en medio de la anónima muchedumbre y de las convencionales propuestas para ‘ser parte de la sociedad’ -hacer una pareja, establecerse, progresar-, Analía, la melancólica heroína, no manifiesta ningún vicio esquizoide (tal vez porque los discursos esquizoides son propios de la modernidad antes que de la posmodernidad). Analía es una sólida unidad, no hay contradicciones o humor que debiliten su empecinado viaje, en soledad, hacia el corazón de las tinieblas. Analía es una flecha que hiere lo que toca.</p>
<p>Hay mucho, mucho más que decir de este precioso volumen. Si sólo nos detenemos a mirar los personajes secundarios, descubriremos en un par de ellos las consecuencias de negarse a crecer, el modo en que lo que era fuerza negativa vital se convierte en una triste mueca del pasado. Adultos inmaduros, decadencia, y en el mejor de los casos, el romántico suicidio, parecen constituir la perspectiva más segura. Ecos carverianos se escuchan en el soundtrack de <strong>Vacaciones permanentes</strong>, pero a diferencia del minimalismo fundacional de Carver, cuyos personajes han sido mutilados (por obra del editor, ahora lo sabemos) de todo pasado y tal vez de todo futuro, en Liliana, los personajes todavía están dispuestos a salvarse, a trazar vínculos, ‘de amor’ o ‘de odio’, no importa, para hacer la última apuesta: descubrir si después de la juventud todavía hay felicidad posible o algo que se le parezca. Si dejar de ser herederos para tomar la posta puede regalar un poco, un poquito de satisfacción.</p>
<p><em>Fuente: <a href="http://www.eldeberdigital.com/2010/2010-07-10/vernotaahora.php?id=100709191832">El Deber</a></em></p>
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		<title>Escrito de memoria</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Jan 2010 14:10:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículo]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Novela]]></category>

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		<description><![CDATA[a revista Rolling Stone, en su edición española, ha elegido las novela <strong>Los vivos y los muertos</strong> de Edmundo Paz Soldán como una de las diez mejores del 2010. A continuación reproducimos la nota.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/01/los-vivos-y-los-muertos.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/01/los-vivos-y-los-muertos.jpg" alt="" title="los vivos y los muertos" width="94" height="150" class="aligncenter size-full wp-image-2446" /></a></center><br />
<strong>La tendencia de la narrativa actual a acudir al pasado, privado o público, para contar el presente.<br />
Por: Josu Lapresa</strong></p>
<p><em>La revista Rolling Stone, en su edición española, ha elegido las novela <strong>Los vivos y los muertos</strong> de Edmundo Paz Soldán como una de las diez mejores del 2010. A continuación reproducimos la <a href="http://www.ecdotica.com/biblioteca/128-MEJOR%20INER-NACb.pdf">nota</a>. </em></p>
<p>Y no sólo de narradores, sino también de los editores, cada vez más empeñados en rescatar joyas pretéritas. Y hay que agradecerlo. Si no es por la editorial Libros del Asteroide, por ejemplo, el genial periodista Manuel Chaves Nogales seguiría en el olvido más injusto, pues se acaba de revelar como una figura de talla gigantesca de la literatura española –no sólo periodística– del siglo XX, y la descomunal biografía novelada <strong>Juan Belmonte, matador de toros</strong> una de sus obras cumbre que no sólo inmortaliza al mítico y trágico torero, sino a las tres primeras décadas del siglo XX.</p>
<p>Del pasado español, aunque más reciente, también se ha ocupado con maestría Javier Cercas, que ha escrito la obra definitiva sobre 23-F. <strong>Anatomía de un instante</strong> lo que todo: crónica, política, relato periodístico, episodios de intriga… y el desnudo completo y la desmitificación de un país y un momento: la Transición.</p>
<p>Con una colección de artículos hace lo propio el imprescindible Martin Amis con el II-S. De artículos también, aunque de otro origen, motivo y estilo, pero también mordaces e irónicos, son los del mexicano Jorge Ibargüengoitia, reunidos en <strong>Revolución en el jardín</strong>.</p>
<p>En el terreno de la novela, pero todavía con la memoria –la individual insertada en la colectiva– como gran tema, destaca sobre todo el francés Patrik Modiano, de quien Seix Barral ha recuperado este año su mejor obra, <strong>Dora Bruder</strong>, y de quien Anagrama lleva dos años recuperando todo lo demás. En Anagrama sigue Paul Auster, que con <strong>Invisible</strong> demuestra que, felizmente, ha dejado atrás el bache que atravesó en esa década que dejamos atrás.</p>
<p>Las novelas de Belén Gopegui siguen siendo un seguro de calidad, y <strong>Deseo de ser punk</strong> significa un nuevo paso adelante en una de las carreras más exigentes y comprometidas de la narrativa española. En español, pero desde Bolivia –vía EEUU, donde reside–, hay que celebrar la irrupción de Edmundo Paz Soldán. Aunque no es su primer libro, el arriesgado <strong>Los vivos y los muertos</strong> le asciende definitivamente de categoría.</p>
<p>Arriesgado y transgresor fue en su día <strong>En Grand Central Station me senté y lloré </strong>(Periférica), de Elizabeth Smart, uno de los rescates más emocionantes del año. Por último, la editorial Impedimenta, todo un estandarte de calidad, nos regaló, entre joyas, <strong>El libro de prometeo</strong>, un inclasificable recuento de fascinantes historias acerca de los no menos fascinates autómatas.</p>
<p><em>Fuente: <a href="http://www.ecdotica.com/biblioteca/128-MEJOR%20INER-NACb.pdf">Rolling Stone. España. Edición enero 2010</a>.</em></p>
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		</item>
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		<title>Run run de la calavera</title>
		<link>http://www.ecdotica.com/2009/12/30/run-run-de-la-calavera/</link>
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		<pubDate>Wed, 30 Dec 2009 22:11:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Novela]]></category>

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		<description><![CDATA[<em>El Ministerio de Culturas presentó 2 de las 15 novelas calificadas como fundamentales en la narrativa boliviana por expertos de la Carrera de Letras de la UMSA, escritores y periodistas culturales invitados. <strong>El Run Run de la Calavera</strong>, de Ramón Rocha Monroy, integra esta colección y va precedida por un valioso estudio de Mauricio Murillo, del cual reproducimos el capítulo final. </em>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2009/12/Run-run-de-la-calavera.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2009/12/Run-run-de-la-calavera.jpg" alt="" title="Run run de la calavera" width="100" height="150" class="aligncenter size-full wp-image-2410" /></a></center><br />
<strong>Sobre El Run Run de la Calavera<br />
Los fuegos del artificio<br />
Por Mauricio Murillo</strong></p>
<p><em>El Ministerio de Culturas presentó dos de las quince novelas calificadas como fundamentales en la narrativa boliviana por expertos de la Carrera de Letras de la UMSA, escritores y periodistas culturales invitados. <strong>El Run Run de la Calavera</strong>, de Ramón Rocha Monroy, integra esta colección y va precedida por un valioso estudio de Mauricio Murillo, del cual reproducimos el capítulo final. </em></p>
<p>Para concluir la lectura de esta novela, trataremos de ubicar su lugar en la historia de la literatura boliviana. Como lo escribió Fernando Diez de Medina: “Nuestros libros no son muchos ni muy buenos; sus autores pocas veces alcanzan la dignidad del artista” [Diez de Medina,1981: 23]. La novela de Rocha Monroy entra en el corpus de novelas que sí están produciendo un mundo literario importante que pueden ser rescatadas para crear una suerte de lugar común para construir algo aproximado a una literatura nacional.</p>
<p><strong>El run run de la calavera</strong> se publicó por primera vez el año 1984. El auge de la nueva narrativa latinoamericana ya había pasado, el realismo maravilloso era algo lejano y mucho más los movimientos cerrados de principio de siglo (indigenismo, naturalismo, costumbrismo). En ese momento la literatura boliviana no encontraba un rumbo, o mejor dicho, no existía una colectividad de novelas que se unieran para crear algo. <strong>Felipe Delgado</strong> se publica en 1979 y la novela boliviana cambia para siempre. Cinco años después aparece esta novela de Rocha Monroy para crearse un nuevo lugar en la narrativa boliviana. El efecto que tuvo en ese momento no fue vertical. La primera vez que se publicó no apareció completa. Pero la novela siguió su propio rumbo hasta llegar a estar entre las quince novelas fundamentales de la literatura nacional. En este sentido, no podemos hablar de lo que cambió en la historia de la literatura boliviana, sino del lugar que ocupa en un corpus de libros desperdigados. “Nuestra literatura no se agrupa por tendencias generales ni se manifiesta en escuelas definidas. Las que adoptamos acaso parezcan arbitrarias, mas no dejan de construir hitos auxiliares para facilitar una comprensión ordenada del proceso literario.</p>
<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2009/12/Ramon-Rocha-Monroy.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2009/12/Ramon-Rocha-Monroy-113x150.jpg" alt="" title="Ramon Rocha Monroy" width="113" height="150" class="aligncenter size-thumbnail wp-image-2412" /></a></center></p>
<p>Cada escritor boliviano tomó rumbo solitario, la libertad anárquica es su ley” [Diez de Medina,1981:40].<br />
La tradición de <strong>El run run de la calavera</strong> no se remonta a los primeros movimientos literarios en Bolivia. El romanticismo tardío boliviano, que produce las primeras novelas nacionales, no es un antecedente para la novela de Rocha Monroy. Su relación tal vez es un poco más efectiva con el realismo. Movimiento que no sigue y que en realidad anula. <strong>El run run de la calavera</strong> no se inserta en la tradición de la novela boliviana, por lo menos no en la de principio de siglo, indigenismo y realismo, que acaparó la manera de escribir en el país y que construyó puentes firmes hasta el fin de siglo. La novela de Rocha Monroy tiene otro tipo de tradición. Su pasado literario es universal.</p>
<p>Anula el realismo al no negarlo ni al afirmarlo. En este sentido podemos volver a las ideas de hiperrealismo y de patafísica. Según Augusto Guzmán, el naturalismo es calificado como “exceso de realismo” [Guzmán,1999:89]. Pero este exceso de realismo no es el mismo de la novela de Rocha Monroy. “El naturalismo (…) desempeña papel notable en la novela por su tendencia documental y vitalista” [Guzmán,1999:89]. El hiperrealismo hiperboliza la realidad para crear ficción extrema, el artificio literario. No trata de reflejar la realidad, sino de trastocarla y recrearla como escritura. Su relación con el costumbrismo es tal vez más marcada, pero no por su poética, sino por los puentes falsos que se podrían tender entre la novela y el movimiento.</p>
<p>En <strong>El run run de la calavera</strong> se describen platos gastronómicos del lugar, hierbas típicas y elementos que se utilizan en la preparación de comidas en el Valle Alto de Cochabamba. También se relata la costumbre de Todos Santos. Pero la intención de la novela no es retratar las costumbres del pueblo poconeño ni resaltar la tradición.</p>
<p>En <strong>El run run de la calavera</strong> se anula el costumbrismo a partir de los juegos del lenguaje. La patafísica y la meta ficción son una muestra de esto. En la novela la descripción de la manera de hacer llajua y del producto, que ya citamos arriba, no es un rasgo costumbrista, sino parte de ese mundo artificial que instaura la comida como un elemento ficcional y de papel. La comida en <strong>El run run de la calavera</strong>, así como la bebida, no es para comer sino para leer.</p>
<p>Al anular el indigenismo y el costumbrismo la novela no se está yendo al otro extremo, es por eso que no niega estos movimientos. <strong>El run run de la calavera</strong> no es una novela fantástica ni una novela real maravillosa o realista mágica. La novela no instaura una manera de renegar contra los movimientos enterrados en Latinoamérica, sino que se crea como escritura al margen (como la historia de Saenz, Borda y Costa Arduz). Es por esto que su condición patafísica es tan importante cuando se la relaciona con la historia de la literatura boliviana.</p>
<p>Otra característica importante en la novela es el uso del humor. Tal vez este es uno de los gestos que más podrían crear un diálogo en la literatura boliviana de esos años. <strong>Felipe Delgado</strong> de Jaime Saenz, <strong>Matías el Apóstol suplente</strong> y <strong>Cantango por dentro</strong> de Julio de la Vega, <strong>Jonás y la ballena rosada</strong> de Wolfango Montes Vanucci, <strong>El otro gallo</strong> de Jorge Suárez son algunas novelas que construyen su poética a partir del humor. Esta es una red de relaciones que se puede ir tejiendo con estos libros y con otros. Muchos también de los años noventa y de principios de siglo XXI.</p>
<p>Siguiendo con ciertos rasgos de <strong>El run run de la calavera</strong>, en la novela no se describe una fecha exacta, anual. La historia del país es un anecdotario (las guerras y las revoluciones marcan la muerte de los muertos del cementerio), el tiempo es una ilusión, es parte de la creación. La novela aparece como descontextualizada. Ocurre en un pueblo cochabambino. La escritura se aleja de las ciudades para centrarse, no en lo rural, sino en la fiesta y en el artificio. La borrachera y el delirio importan más que el entorno. En este sentido no queremos plantear que <strong>El run run de la calavera</strong> niega su esencia boliviana. La novela es boliviana por excelencia, es parte de la historia de la literatura del país, pero se acerca a ésta de diferente manera. Hace una lectura diferente y creativa del país y de sus características. Es una suerte de patafísica criolla, patafísica desfasada, patafísica boliviana. Otra diferencia más con el realismo. Es una novela que forma parte del canon esencial de la literatura boliviana, pero no pertenece a un movimiento o a un corpus de lectura.</p>
<p>La novela plantea una nueva mirada sobre lo que se puede lograr y construir con la literatura. La novela es también una puesta en crisis de la creación literaria, de manera general, y de escribir en Bolivia, particularmente.</p>
<p><strong>El run run de la calavera</strong> destaca la importancia del lector y de la ficción. Instaura a la escritura como un juego y así marca su distanciamiento con la manera tradicional en que se hizo mayormente literatura en Bolivia. Lo lúdico y la risa, la irreverencia y el delirio, toman la escritura y la convierten en más que un libro, en algo que afecta la realidad de la novela, del escritor y del lector. Es, además, una reflexión sobre la literatura y no solamente sobre la realidad social. <strong>El run run de la calavera</strong> no es la primera que hace esto en la literatura boliviana y menos la única, pero estos rasgos son centrales para entenderla y para construir lugares comunes con esas novelas hermanas.</p>
<p>Así la podemos emparentar con la escritura de Armando Chirveches, de Jaime Saenz, de Jorge Suárez, de Julio de la Vega, de Wolfango Montes Vanucci, de Jesús Urzagasti, de Cé Mendizabal, de Juan Pablo Piñeiro, de Sebastián Antezana. Así podemos crear espacios de diálogo y existencias paralelas para construir una poética que refleja estas escrituras y la de Rocha Monroy. Un corpus tal vez desperdigado, algo característico de la literatura boliviana, pero de donde se puede crear un corpus que si bien diverso, pueda crear, aunque sea artificialmente, una idea de literatura nacional. “Las literaturas no surgen por acumulación (…), sino justamente a la inversa, por simple eliminación, hasta quedar en lo esencial” [Diez de Medina,1981:39]. A partir de <strong>El run run de la calavera</strong> podemos reconstruir el destino de las letras bolivianas, un destino artificial, tal vez forzado, pero que lúdicamente nos impida volver hacia atrás en la calidad de la obras. De esta manera podremos instaurar una suerte de tradición, una hermandad, una comunidad de relaciones imaginarias, muy al estilo de la patafísica. </p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
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		<title>Herta Muller en los Premio Nobel</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Dec 2009 14:08:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Autores]]></category>
		<category><![CDATA[Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[premio]]></category>

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		<description><![CDATA[La ganadora del Premio Nobel de Literatura 2009, Herta Muller, al recibir la noticia del prestigioso premio comentó: “Estoy sorprendida. Me he quedado muda, pero prometo recuperar el habla el 10 de diciembre, en el momento que me entreguen el premio”. Muller recuperó el habla tres días antes de lo indicado, cuando leyó su discurso Nobel a las 17:30 (hora sueca) en la misma sala donde se anunció el premio el 8 de octubre.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2009/12/Herta-Muller-1.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2009/12/Herta-Muller-1-150x136.jpg" alt="" title="Herta Muller 1" width="150" height="136" class="aligncenter size-thumbnail wp-image-2364" /></a></center><br />
<strong>Cada palabra sabe algo sobre el círculo vicioso<br />
Por: Javier Claure C.<br />
Fotos: Javier Claure</strong></p>
<p>La ganadora del Premio Nobel de Literatura 2009, Herta Muller, al recibir la noticia del prestigioso premio comentó: “Estoy sorprendida. Me he quedado muda, pero prometo recuperar el habla el 10 de diciembre, en el momento que me entreguen el premio”. Muller recuperó el habla tres días antes de lo indicado, cuando leyó su discurso Nobel a las 17:30 (hora sueca) en la misma sala donde se anunció el premio el 8 de octubre.</p>
<p>A la hora establecida se abrió una puerta y junto al secretario permanente de la Academia Sueca, Peter Englund, salieron para dirigirse hacia la tarima, desde donde se pronunciaría el discurso. Y en cuyo frente estaban sentados los miembros de dicha Academia. Englund inició el solemne acto con unas breves palabras: “… según mi opinión, hay dos tipos de escritores: los que escriben porque esa es su vocación, y los que escriben porque están obligados… ”. Sin lugar a dudas, la segunda afirmación es una referencia a la obra de la flamante ganadora del premio. Muller vestida de negro tomó posición, saludo al numeroso público y, en alemán, empezó a dar lectura a su hermoso ensayo sobre el pañuelo. Un ensayo que más parece ser una alusión a las peripecias que el ser humano atraviesa en su paso por la Tierra. Para entonces, el público tenía en sus manos un ejemplar del ensayo (de nueve hojas) que repartieron en diferentes idiomas. Un compacto silencio cayó sobre la sala y lo único que se escuchaba era el sonido del papel, cuando el público descompasadamente seguía la lectura y daba vueltas las hojas. Herta Muller convencida de haber captado la atención de su auditorio; levantaba la vista, de vez en cuando, y así se aseguraba que la audiencia estaba entendiendo su discurso. Con voz firme y una mirada melancólica pronunciaba palabras. De sus labios pintados color rojo salían expresiones que llamaban a la reflexión:</p>
<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2009/12/Herta-Muller-2.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2009/12/Herta-Muller-2.jpg" alt="" title="Herta Muller 2" width="141" height="138" class="aligncenter size-full wp-image-2366" /></a></center></p>
<p>- ¿Tienes un pañuelo? Me preguntaba mi madre cada mañana en el portón de mi casa, antes que saliera a la calle. Yo no lo tenía y entonces regresaba a mi cuarto y sacaba un pañuelo. No lo tenía el pañuelo cada mañana, ya que cada mañana esperaba esa pregunta. El pañuelo era la prueba de que mi madre me protegía por la mañana. Durante el resto del día y los demás quehaceres cotidianos quedaba a merced de mí misma. La pregunta ¿Tienes un pañuelo? era un afecto indirecto. Uno directo hubiera sido molestoso, cosa que no existía entre los campesinos. El amor se disfrazaba de pregunta. Solamente de esa manera podía ser expresado, así seco y determinante como una orden de trabajo. Esa voz áspera de mi madre enaltecía la ternura. Cada mañana estaba yo en el portón de mi casa, una vez sin pañuelo y una segunda vez con el pañuelo. Sólo así salía a la calle, como si en el pañuelo estuviera mi madre protegiéndome.</p>
<p>El pañuelo, ese pequeño trozo de tela que tiene una infinidad de funciones utilitarias, nos acompaña en diferentes circunstancias de la vida. Tenemos por ejemplo: el pañuelo de la novia, del mago, de la mujer musulmana, de las Madres de la Plaza de Mayo en Argentina etc. El pañuelo que nos sirve para secar nuestras lágrimas, el sudor de la frente o simplemente, como en algunas películas del romanticismo, el pañuelo de la amada que lo deja caer inadvertidamente para que el novio lo levante y le entregue a ella con un suspiro de amor. Para Herta Muller, la pregunta cotidiana ¿Tienes un pañuelo? se había hecho un ritual. Significaba una simbiosis implícita de amor entre su madre y ella. El pañuelo era una especie de filtro que insuflaba ternura y aprecio entre ellas. Por lo demás, muy necesario en un ambiente frío y casi inhumano.</p>
<p>Herta Muller víctima de la represión, humillación y chantaje de la Rumania de Nicolau Ceaucescu cuenta, en este ensayo, sus amargas experiencias desde que se negó a colaborar con la Securitatea Statului (el Servicio Secreto del régimen comunista rumano). Por aquel entonces trabajaba como traductora en una fábrica de maquinarias hidráulicas. </p>
<p>Y continua:<br />
- A las cinco de la mañana me levantaba, porque mi trabajo empezaba a las seis y media. Por las mañanas resonaba el himno nacional en el patio de la fábrica a través de unos parlantes. En las pausas para comer se escuchaba los coros de los obreros. Pero los obreros que estaban comiendo, tenían los ojos vacíos como una plancha metálica, las manos sucias de aceite y su comida estaba envuelta en papel periódico. Antes de comer un pedazo de tocino, le quitaban la tinta del periódico raspándola con un cuchillo. Al tercer año de trabajo, en el transcurso de una semana, muy temprano por la mañana, un hombre de ojos azules, gigantesco y macizo, entró tres veces a mi oficina con los ojos centellantes.</p>
<p>La primera vez que entró, me insultó de pie y se marchó.</p>
<p>La segunda vez; se quitó la chaqueta, la colgó en la llave de un armario y se sentó. Aquella mañana había llevado a mi oficina unos tulipanes de mi casa y los estaba acomodando en un florero. El hombre me observó y elogió mi inusual conocimiento del ser humano. Su voz era resbaladiza. Sentí angustia. Proteste contra su elogio y le aseguré que conocía algo de tulipanes, pero no así del ser humano. Entonces me dijo maliciosamente que él me conocía mejor que yo a los tulipanes. Luego cogió su chaqueta y se marchó.</p>
<p>La tercera vez se sentó y yo me quedé parada, porque había puesto su maletín en mi silla. No me atreví a ponerlo en el suelo. Me insultó y me trató de tonta, holgazana y de ser prostituta como una perra callejera. Empujó los tulipanes casi hasta el borde de la mesa, en cuyo centro puso una hoja de papel vacía y un lápiz. Y exclamó: “escribe”. Escribí de pie lo que él me iba dictando, mi nombre, mi fecha de nacimiento y mi dirección. Y luego independientemente de mis parientes; no diría a nadie que…, y entonces soltó la horrible palabra colaborez, iba a colaborar. Esta palabra no la escribí. Dejé el lápiz a un lado y me dirigí hacia la ventana, a través de la cual veía la polvorienta calle. No estaba asfaltada. Se veían los baches y las casas cayéndose. Esta calle llena de escombros se llamaba Strada Gloriei (calle de la gloria). En esta gloriosa calle un gato estaba sentado en la rama de un árbol. Era el gato de la fábrica y tenía una oreja malograda. Sobre él brillaba el sol matinal como un tambor amarillo y dije: “N-an caracterul”, no tengo ese carácter. Se lo dije a la calle. La palabra carácter, le puso histérico al empleado del Servicio Secreto. Cogió el papel, lo rompió y arrojó los pedazos al suelo. Probablemente se acordó que debía presentar a su jefe, la prueba de que había intentado reclutarme para sus filas de espionaje. Y pues se agachó, recogió todos los trozos de papel y los guardó en su maletín. Luego suspiró profundamente y, al verse perdido, arrojó el florero con los tulipanes contra la pared. Se rompió y rechinó como si hubiera dientes en el aire. Con el maletín bajo el brazo vociferó en voz baja: “te arrepentirás de esto. Te ahogaremos en el río”. </p>
<p>Me dije a mi misma: “si firmo ese papel, no podré vivir conmigo… y tendría que hacerlo yo. Mejor que lo hagan ellos”. La puerta de la oficina se quedó abierta y el hombre ya no se encontraba allí. Y afuera en la Strada Gloriei, el gato había saltado de la rama del árbol a un  techo. La rama se mecía como un trampolín. Al día siguiente empezó el infierno. Yo debía desaparecer de la fábrica. Cada mañana a las seis y media, debía presentarme ante el director de la fábrica. Con él estaban, cada mañana, el líder del sindicato y el secretario del Partido. Al igual que mi madre me preguntaba ¿Tienes un pañuelo?, ahora cada mañana el director me preguntaba: ¿Estas buscando otro trabajo?. Y yo le contestaba cada vez lo mismo: “ No estoy buscando trabajo. Me siento bien en la fábrica. Quiero trabajar aquí hasta mi jubilación”.</p>
<p>Una mañana cuando llegué al trabajo, mis voluminosos diccionarios estaban en el suelo del corredor cerca de la puerta de mi oficina. La abrí y en la silla de mi escritorio estaba  sentado un ingeniero. Me dijo: “Aquí se golpea la puerta antes de entrar. Ahora estoy yo y tú no tienes nada que hacer en esta oficina”. No podía marcharme a casa, porque entonces habrían tenido un pretexto para despedirme por haber faltado sin permiso. Ya no tenía mi despacho. Ahora estaba obligada, más que nunca, a llegar a tiempo al trabajo. Bajo ninguna circunstancia debía ausentarme. En el trabajo creían que yo era una espía. Este rumor había cundido entre mis compañeros de trabajo. Eso era lo peor. Contra los ataques uno se puede defender, pero en cambio contra las calumnias uno es impotente. Todos los días estaba dispuesta a todo, incluso hasta la muerte.</p>
<p>Dado que yo no podía faltar al trabajo, y al mismo tiempo ya no tenía acceso a mi oficina, empecé a recorrer las gradas de arriba abajo. De pronto volví a ser la hija de mi madre, porque tenía un pañuelo en el bolsillo. Lo extendí en una grada entre el primer y segundo piso. Lo planché con mis manos y me senté encima. Coloqué mis diccionarios en las rodillas y empecé a traducir las descripciones de máquinas hidráulicas. Yo era un chiste sentada en las gradas y mi oficina era un pañuelo… Pero la escritura empezó en el silencio, en aquella escalera de la fábrica donde tuve que sopesar y decidir conmigo misma…</p>
<p>Herta Muller tuvo una niñez y una adolescencia traumática después de la Segunda Guerra Mundial. Su padre perteneció a una fracción militar del Partido Nacionalsocialista de Hitler y posteriormente ahogó sus penas en el alcohol. Su madre fue deportada a una república de la ex Unión Soviética en 1945, donde pasó cinco años en un campo de trabajo forzado. Y claro, el tema de la dictadura, los mecanismos de control, la persecución y los atropellos a los Derechos Humanos son argumentos recurrentes en su escritura. Reconoce que fue primero humillada por su padre alemán y otra vez humillada y engañada por el silencio de la historia rumana.</p>
<p>El permanente secretario de la Academia Sueca, Peter Englund, no se equivocó al afirmar implícitamente que Herta Muller es una escritora que escribe porque está obligada a dar testimonio de su vida. Y ella misma asegura esta aseveración con las siguientes palabras: </p>
<p>“… Nunca he escrito porque yo quería ser escritora. Escribo porque me he acostumbrado ha hacerlo. Lo que has vivido bajo una dictadura no se olvida cuando arrancas una hoja del calendario. El tema de mi escritura no lo he elegido yo, se me echó encima por el empeño del aparato represor de una dictadura. Perdí el miedo después de que empecé a escribir, y eso es muy importante para mí”. O sea en la dictadura de Ceaucescu, la libre palabra no tenía lugar exacto y Muller empezó, en secreto, a hilvanar sus pensamientos en un pañuelo. Mientras Rumania le cerró las puertas y censuró sus primeros libros, Alemania le abrió sus alamedas en 1987, y allí empieza una fantástica carrera literaria con una veintena de libros en su haber.</p>
<p>Muller describe muy bien el efecto de las violaciones humanas, y dice no confiar en el lenguaje, simple y llanamente, porque ha experimentado que el lenguaje es flexible y muchas veces dudoso. Durante el totalitarismo de Ceaucescu, fue precisamente el lenguaje un arma de opresión. Pero al mismo tiempo acepta que con el lenguaje se puede detallar la vida e influir en las personas de manera que recuerden lo que uno escribe. “Estoy obsesionada para lograr eso”, aseguró. Y es justamente esa sensibilidad en el lenguaje que crea procesos de sensibilidad en el lector. </p>
<p>- En mis escritos he tomado en cuenta cosas que me han ocurrido en Rumania, cosas que están ahí en mi cabeza. Tenemos que continuar preguntándonos ¿Cómo fue posible?. No puedo fingir que esa pregunta no existe, comentó.</p>
<p>En definitiva, los escritos de Herta Muller están relacionados con una época perteneciente al oscurantismo del siglo pasado. Y; a la suerte del inmigrante en un país extranjero. Pero de una cosa debemos estar seguros: este testimonio nunca más se repetirá.</p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
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		<title>Buena leche</title>
		<link>http://www.ecdotica.com/2009/12/02/buena-leche-10/</link>
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		<pubDate>Wed, 02 Dec 2009 19:38:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
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		<description><![CDATA[<strong>Tukson</strong> es una novela universal, es un nuevo testamento que denuncia un mundo lleno de muros y fronteras, donde será difícil encontrar otra oportunidad sobre la tierra. ¡Y sin embargo, cómo se aferra la lombriz humana al vientre de la vida que continuamente quiere expulsarlo!]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2009/12/tukzon.jpg" alt="tukzon" title="tukzon" width="61" height="91" class="aligncenter size-full wp-image-2303" /></center><br />
<strong>Tukson, de Giovanna Rivero<br />
Por: Ramón Rocha Monroy</strong></p>
<p>Hay lecturas que uno guarda para un momento amable y sin prisas. Eso me pasó cuando compré <strong>Tukson, historias colaterales</strong>, de Giovanna Rivero, y guardé la novela para una oportunidad propicia.</p>
<p>Estoy deslumbrado tras su lectura, porque percibo en los personajes esa conciencia desgarrada, desarticulada, atomizada en el espacio y el tiempo, en zapping incesante aquí, allá, al pasado y al futuro, o en navegación virtual que se traduce en un océano de conocimientos con una profundidad de un milímetro, pero también una angustia más honda que un abismo. Elementos que no me será dado manejar porque son de este tiempo desgarrado, aunque ya lo habían anunciado escritores como Joyce y Virginia Woolf hace un siglo.</p>
<p>Giovanna Rivero se mueve en esos ámbitos con una soltura envidiable que proviene de su estilo ceñido, hecho de una lucidez cenital capaz de iluminar los estados de conciencia más recónditos.</p>
<p>Ahora comprendo por qué Edmundo Paz Soldán dijo que si Giovanna fuera, por ejemplo, mexicana, es decir, de un país que gravite más en el mercado literario mundial, otro sería el destino de <strong>Tukson</strong>. Giovanna, o sus personajes, no tienen asidero en una patria chica porque su único arraigo es el desarraigo, la emigración, el capricho de los coyotes, la falta de documentos, la tensión constante para burlar a la policía por una culpa difusa e indeterminada, más temible que un monstruo de Lovecraft. Aquí no hay nostalgia del suelo perdido sino un presente perpetuo dominado por la precariedad, la incertidumbre, la inermidad frente a un mundo que no quiere contenernos y sin embargo nos provoca un obcecado e irredento deseo de vivir a cualquier precio. La magnitud de los coyotes que se mueven en <strong>Tukson</strong> va desde el ejercicio de cruzar ilegalmente la frontera hasta las maniobras igualmente nocturnas y clandestinas de traficar con órganos y tecnologías de última generación.</p>
<p>En ese mundo, nadie tiene identidad porque la condición de vida es no pertenecer a entidad alguna, usar nombre supuesto, fabricarse una biografía para uso de polizontes pero sobre todo sobrevivir aunque vivir así no resista el menor análisis.</p>
<p>No conozco alegato más contundente contra el sistema llevado al absurdo por el inefable George W. cuyos ojos, ahora que <strong>Tukson</strong> me lo sugiere, son en extremo juntos e inexpresivos como ojos de chimpancé. Pero no se crea que es un alegato retórico o planfetario, porque en <strong>Tukson</strong> no hay una ideología estructurada sino fragmentos de concepciones del mundo en trágica dispersión, aunque la calificación de trágica suene a un romanticismo que los personajes de <strong>Tukson</strong> abominan.</p>
<p><strong>Tukson</strong> es una novela universal, es un nuevo testamento que denuncia un mundo lleno de muros y fronteras, donde será difícil encontrar otra oportunidad sobre la tierra. ¡Y sin embargo, cómo se aferra la lombriz humana al vientre de la vida que continuamente quiere expulsarlo!</p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
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		<title>El caso del rinoceronte deprimido en Santiago Negro</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Nov 2009 21:15:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
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		<description><![CDATA[Gracias a las fraternidades y debates de Santiago Negro acabo de descubrir al novelesco héroe del chileno Bartolomé Leal, Tim Tutts, un detective keniata que resuelve casos en Nairobi. Su última y peliaguda misión lleva por título <strong>El caso del rinoceronte deprimido</strong>. Sucede en un lodge, en mitad de la selva. Se lee con asombro y, en muchos pasajes, con una sonrisa...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2009/11/El-caso-del-rinoceronte-deprimido-112x150.jpg" alt="El caso del rinoceronte deprimido" title="El caso del rinoceronte deprimido" width="112" height="150" class="aligncenter size-thumbnail wp-image-2259" /></center><br />
<strong>Santiago Negro<br />
Por: Juan Bolea</strong></p>
<p>En dos semanas he visitado Chile por partida doble: para participar en Santiago Negro, el primer festival iberoamericano de novela policíaca, y para presentar mi última novela en la feria del Libro de Santiago, radicada en el nostálgico espacio de Estación Mapocho. En las verdes avenidas santiaguinas, Santiago Negro no se olvidará fácilmente. Decoraban las calles banderolas con pistolas humeantes, sombreros de fieltro y gabardinas de cuello alzado encubridoras de rostros en penumbra. Ésas y otras pistas podían seguirse desde la plaza de Armas hasta el exclusivo sector de El Golf o las populares casitas de Bellavista, entre las que se conserva La Chascona, residencia, también en forma de barco, como la de Isla Negra, de Pablo Neruda. Pocos saben que, en sus orígenes, Neruda escribió relatos policíacos. Su sobrino me cuenta que nunca dejó de leer a Simenon ni a Agatha Christie, nombres citados con profusión en Santiago Negro en charlas para todos los gustos. Y hubo exposiciones: desde el más clásico cine negro a las modernas técnicas de la Policía de Investigación chilena. El Centro Cultural de España, dirigido por un Andrés Pérez transmutado en comisario, fue un hervidero de escritores, actores, carabineros, detectives, libreros, editores y, sobre todo, gente, un lector numeroso y cómplice.</p>
<p>Por parte española, comparecieron, debidamente esposados, Lorenzo Silva, Juan Madrid, Andreu Martín, Mercedes Castro, Kama Gutier y Domingo Villar. Del lado de los sabuesos chilenos yo conocía a Santiago Brulé, el cosmopolita detective de Roberto Ampuero. En su último encargo (<strong>El caso Neruda</strong>), se afana buscando por media América un supuesto y secreto hijo de Neftalí Reyes. También Ampuero, que enseña en EEUU, es hombre de búsquedas, elegante y amable viajero literario. Allá en su cátedra predica que entre Guzmán de Alfarache y Sam Spade no hay tanta diferencia, siendo notable el débito de la novela negra a la picaresca española.</p>
<p>No tiene mucho de pícaro, sin embargo, el muy santiaguino Heredia, pesquisidor de Ramón Díaz Eterovic, un arquetipo chileno de pura cepa que vive con un gato parlante, tiene por Sancho a un quiosquero y se asoma como nadie al Santiago de ayer y siempre. Su más reciente caso lleva por título<strong> La oscura memoria de las armas</strong>. Gracias a las fraternidades y debates de Santiago Negro acabo de descubrir al novelesco héroe del chileno Bartolomé Leal, Tim Tutts, un detective keniata que resuelve casos en Nairobi. Su última y peliaguda misión lleva por título <strong>El caso del rinoceronte deprimido</strong>. Sucede en un lodge, en mitad de la selva. Se lee con asombro y, en muchos pasajes, con una sonrisa&#8230; Además de estos negros placeres disfruté de otros más protocolarios en el marco de las recepciones culturales propiciadas por el embajador español, Juan Manuel Cabrera, un diplomático progresista y riguroso, excelente lector y, desde ahora, padrino del género policíaco. Entre otras autoridades nos introdujo a Paulina Urrutia, ministra de Cultura del Gobierno de la señora Bachelet, actriz de profesión y, a partir de ésta primera edición de Santiago Negro, como una Bacall chilena, mujer fatal para los enemigos del género.<br />
Pisaremos las calles nuevamente.</p>
<p>Fuente: <a href="http://www.tiempodehoy.com/default.asp?idpublicacio_PK=50&#038;idnoticia_PK=59157&#038;idseccio_PK=630">www.tiempodehoy.com</a></p>
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		<title>Diario, la nueva novela de Maximiliano Barrientos</title>
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		<pubDate>Fri, 02 Oct 2009 15:34:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>

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<strong>Diario, la nueva novela de Maximiliano Barrientos<br />
Por: Fabián Casas </strong></p>
<p>Este libro me fue entregado -en su versión inédita- en una ciudad cuyo esqueleto está hecho con anillos que harían las delicias de Tolkien. Pasé días y noches leyendo el libro de arriba para abajo, de costado, en diferentes situaciones y estados de ánimo. Su lectura me impregnó como lo suele hacer el whisky, ese querido psicólogo rubio que viene a salvarme en los malos momentos. Sin embargo, las noticias que traía el libro no eran buenas, más bien el libro habla de una anatomía de la soledad, soledad de los protagonistas, tristeza de las parejas que deambulan tratando de seguir con su vida aunque la distopía las oprime y condensa. Ya no hay fiestas en ningún lado, salvo en el lenguaje de estos relatos que se pueden leer como novela, como poesía en versos largos y continuos o como simples <em>raccontos</em> de sueños. En su deambular, los personajes dan cuenta de la muerte de abuelos, hermanos, ideales y hasta de Roberto Bolaño. Para mí no quedan dudas, la literatura boliviana se aleja del costumbrismo y está haciendo literatura a secas: un nuevo mundo mestizo que ya tiene grandes cantores, como el mítico Jaime Sáenz o los jóvenes Edmundo Paz Soldán y Rodrigo Hasbún. Maximiliano Barrientos -el autor de este libro que me tuvo en vela- es un maestro de las imágenes profundas, de los intersticios donde se cruzan los destinos, esos pequeños motores invisibles que hacen que el mundo narre. </p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
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