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Stieg Larsson y su trilogía Milenium


El mundo que nos dejó Larsson
Por: Ernesto Contreras Garrett

“Se había convertido en un acontecimiento anual. Hoy el destinatario de la flor cumplía ochenta y dos años. Al llegar el paquete, lo abrió y le quito el papel de regalo. Acto seguido, cogió el teléfono y marcó el número de un excomisiario de la policía criminal que, tras jubilarse, se había ido a vivir a orillas del lago Siljan…”

La vida está plagada de historias inconclusas o con finales tristes. Esta es la historia de Stieg Larsson (1954 – 2004), periodista sueco, conocido en su país por investigar a sectas nazis ocultas (aún vigentes en el país nórdico), y llevadas a la opinión pública a través de la revista Expo, en la cual trabajaba como editor en jefe.

Asocio la tristeza con la vida de Larsson, porque murió a los cincuenta años, producto de un ataque al corazón. Después de haber entregado a su editor el borrador de su tercera novela y a escasas semanas de la publicación de la primera.

Las personas que lo conocieron afirman sin dudar, que Larsson jamás hubiera imaginado que su trilogía vendería alrededor del globo más de quince millones de libros. Para ser honestos, ni siquiera la editorial se imagino un existo a este nivel.

Hasta hace unas décadas los thrillers o novelas policíacas, no eran aceptados por los críticos y tampoco por los lectores de edad. Es más, muchos dudaban inclusive de su autenticidad como novelas y menospreciaban a sus autores. Hoy contra toda expectativa – para esas personas – el thriller es el género literario más vendido y aceptado por los lectores del mundo. Hay quienes afirman inclusive, que si no fuera por este género, tanto autores como editoriales y librerías se irían a la bancarrota, ya que este género no sólo hace agradable a la lectura sino que es además el motor iniciador en todas aquellas personas que no sienten pasión por la lectura.

Por eso este género es tan importante, porque consigue aquello que otros tipos de novela no pueden, que es iniciar a la gente. Podría decirse que hace el “trabajo sucio” por ellos.

Y qué mejor manera de rendirle un homenaje que hablando del boom de los últimos cinco años, la Trilogía Millenium y los libros que la componen: Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire. Historia que rompe con cualquier esquema.


Comencemos por los títulos.

Extensos, pero a la vez divertidos y sugestivos, hacen que sientas curiosidad por ellos. A este hecho debemos sumar además, el diseño de las tapas – que varían según el país, pero que mantienen la misma idea en todos -. En otras palabras, los libros te atrapan desde el primer momento que los ves.

La trilogía tiene lugar en la Suecia de nuestro tiempo – que gracias al autor ha despertado la curiosidad de muchos y ha levantado el turismo -. Teniendo como principales protagonistas a Mikael Blomkvist (periodista) y Lisbeth Salander (sólo Lisbeth).

El primer libro está más centrado en la figura de Mikael, propietario y editor en jefe de una revista llamada Millenium, que se ocupa de destapar grandes escándalos por parte de empresas o personajes de la alta sociedad sueca. Blomkvist es el elegido para ser la figura y el personaje estelar de la trilogía; correcto, incorruptible, justo, soñador y requerido por las mujeres (que alegan no saber por qué quieren estar con él). En otras palabras es aburrido y hasta un poco predecible, porque la perseverancia y paciencia que posee hacen que a la larga, casi todo le salga bien.

El éxito de estos libros se centra en el otro personaje, Lisbeth Salander (el verdadero legado de Stieg Larsson). Lisbeth se convierte en la heroína de la trilogía, aunque “a simple vista” pueda ser la antítesis de cualquier héroe.

Lisbeth es bajita, fría, odia a la gente, se viste como gótica y además es delgada, pero sin ningún problema de alimentación. El autor explica y recalca por medio de sus personajes durante los tres libros que Lisbeth, no es anoréxica.

¿Donde recae la verdadera fuerza de Lisbeth?

Como habrás podido notar, la fuerza de Lisbeth no radica en la parte física, sino en la intelectual. Lisbeth es extremadamente inteligente -convertida por mérito propio en una las hackers más importantes del mundo-. Por más que parezca dispersa, es una chica con las ideas claras, que se rige por sus propias reglas y tiene un criterio acerca de la ética bastante interesante y particular.

No es agresiva, simplemente pide que nadie la moleste. Ella es la que toma las decisiones y no piensa dos veces cuando tiene que actuar. Este tipo de actitud se debe a una infancia traumática, de la cuál prefiere no hablar, pero que la motiva a hacer justicia – con todos aquellos que le hicieron daño – y buscar la felicidad (a su manera).

Lisbeth, por medio de su carácter y actitud, representa aquello a lo que todos quisieran llegar, pero no se animan. Es la fuerza de actuar y vivir como si no se tuviera nada que perder, dejando de lado las posibles consecuencias, pero siempre viviendo de acuerdo a la propia concepción de vida, sin sentirse avergonzado o intimidado por ello y – por supuesto– dejando de lado la opinión del resto.

Si bien en el primer libro, los personajes tardan en conocerse y no llega a apreciarse del todo la verdadera fuerza de Lisbeth. Ella cobra muchísima importancia en el segundo tomo y se “roba” la obra en el tercero, haciendo que inclusive sientas pena porque ya no la “verás” más en otra novela.

Esta Trilogía puede -y debe- ser leída por todos. Es posible que sea un poco más difícil para la gente de edad (que odiaba a los thrilles) debido a que el autor recurre a muchos elementos tecnológicos, que tal vez cuesten ser imaginados. Pero vale la pena, porque en este libro se encuentra uno de esos personajes que no olvidaremos jamás. Lisbeth Salander.

Fuente: Ecdótica

Written On The Body


Las novelas ocultas
Por: Christian J. Kanahuaty

En mi última visita relámpago a La Paz para participar como lector en el festival Internacional de Poesía me llevé en la mochila una novela que acababa de comprar tarde antes, una que siendo de Anagrama ya presagiaba algo interesante y no es que ésta editorial sólo publique textos buenos, sino que en gran medida encontrar y leer un libro depende en mucho del estado de animo del lector. Leía el nombre: Jeanette Winterson, el nombre no me decía nada, luego el título: Escrito en el cuerpo (Written on the Body) y aquí ya se abrieron las puertas o se trataba de una novela erótica o de una novela más dentro del canon romántico que a veces tienen mucho que ver con las quejas y los llantos de la culpa.

No quise en ese momento leer la contratapa y no saber a lo que me atenía, quise solamente en ese momento entrar en la novela y ver qué pasaba conmigo y con la historia, pero claro, eso no pudo ser porque esa misma noche subía a un bus y encaminaba mi vida hacia La Paz. Cuando llegué al hotel empecé a leerla y me produjo una gran satisfacción darme cuenta que desde el inicio ya no se anclaba en supuestos, sino que si bien iba a contarme una historia de amor con rupturas, encuentros y desasosiegos, el narrador no era ni hombre ni mujer y sólo nos preguntaba una cosa, o buenos dos: ¿Por qué la ausencia es la medida del amor? y ¿Por qué las cosas que más necesitamos escuchar son las que menos se dicen?

Si uno deja sueltas éstas preguntas ya puede armarse una historia trágica. Pero la habilidad de la autora no es quedarse en la conmoción, sino más bien sacarnos fácilmente de ella y llevarnos a ver qué pasó en la vida de la persona que nos cuenta su historia. ¿Qué pasó para llegar al punto de formularse esas preguntas? ¿Dónde y en qué momento dejó que la historia de su amor fuera superior a todas sus fuerzas? Me parece que hábilmente ésta respuesta no se encuentra en el libro explícitamente, sino que cada uno de nosotros lectores iremos sacando una, porque cada uno de nosotros encontraremos en la ausencia y en la frustración de no tener a quién amamos una salida a nuestros propios remordimientos porque haber dejado ir a la persona que supuestamente amábamos con el argumento de que así le estábamos haciendo un bien.

Sin querer Winterson ha escrito la contracara de la historia del héroe de las novelas románticas que bien podrían arrancar con El rojo y el Negro de Sthendal pero la autora a través de su narrador sin género definido nos va diciendo es que el amor a veces es sólo una leyenda que tiene una cifra en su reverso.

La novela reconstruye el cuerpo, lo nombra, casi escatológicamente, lo resignifica y lo envuelve en tul para ella misma, para la narradora, porque hay también un punto ciego donde el amor obnubila los sentidos y todo es pasión y recuerdo y reconstrucción y vigilia. Así la novela se divide en las partes: “Las células, tejidos, sistemas y cavidades del cuerpo”, “La piel”, “El esqueleto”, “los sentidos especiales”. Si la novela se llama escrito en el cuerpo, tenemos que ver que hablamos de éste cuerpo y no de un cuerpo ideal o metafísico. Hablamos de un cuerpo concreto, de una amante reconocible porque su piel es nuestra. Porque en nuestro ojos y mente se ha gravado sobre el frío y el hielo los contornos de ese cuerpo que ahora nos encargamos de evocar página tras página.

Winterson no entrega esta novela de pasión, de las preguntas sin respuesta: ¿Por qué la ausencia es la medida del amor? y ¿Por qué las cosas que más necesitamos escuchar son las que menos se dicen? Éste es el momento para nombrar a la segunda novela que quiero comentarles, también escrita por una mujer, si la anterior estuvo escrita por una inglesa esta es francesa. Recomendación expresa de don Jaime Nisthaus, se llama: Los Plátanos y su autora es Monique Lange. De algún modo ésta novela también retoma y formula las preguntas que nos dejó Winterson. La novela está narrada en tercera persona, pero en muchos de sus capítulos sólo acontecen diálogos y descripciones del paisaje estival francés simplemente necesarias, no exageradas, su manejo del lenguaje es exacto, justo, evocador y por demás elocuente.

Lange nos mete en un viaje, un auto, dos personajes y un tercer personaje del cuál en todo momento se habla.

Un hombre va en auto acompañado de su ex amante y ahora amiga, pensando en ella, la mujer que se ha ido a buscar nuevos horizontes, nuevos destinos y tal vez nuevos amores. Pero él no la puede olvidar y es tanto su impulso por verla y estar a su lado que su ahora amiga y ex amante lo seduce, lo ama, lo acompaña y lo conforta a los largo de dos días y en dos ocasiones hacen el amor y él no puede dejar de pensar en ella.

Aquí Lange nos muestra otro tipo de personaje menos patético de lo que parece, simplemente es un tipo que no puede cambiar de sintonía de amor, no es tan fácil como cambiarse de sombrero. Pero también sabe que debe ir, que lo importante es formular la pregunta y no esperar si quiera una respuesta porque se conoce y entiende que ha sido en gran medida por culpa suya que esa mujer se ha marchado.

Él reconstruye sus errores, los toma como lo que son: recuerdos, pero no puede desprenderse de ellos, no puede tampoco dejar de quererla a su lado y no está dispuesto a dejarla de amar, incluso el contacto con otro cuerpo es sólo circunstancial porque el cuerpo de la mujer ausente es más fuerte que ha logrado entrar a donde su ex amante jamás llegará; aquí de nuevo el cuerpo, ese que Winterson ya nos había descrito exhaustivamente. En el amor al parecer sólo hay cuerpos en medio del amor. Eso nos dicen ellas, Winterson y Lange, es el cuerpo lo que se quiere y todo lo que emana de él.

Estas dos novelas indagan el amor, el cuerpo, la ausencia y las palabras que se esperan y nunca se dicen. Las palabras con las que están hechas las historias que intentó reseñar y contar son como casi siempre insuficientes, lo mejor será, entonces, buscar y leerlas. Estoy seguro que el final de ambas les despertará nuevas imágenes, algunas sensaciones y quizás algún gesto.

Para descargar Rojo y negro (Le Rouge et le Noir), novela que Henri Beyle, más conocido por su seudónimo Stendhal, publicó a mediados de noviembre de 1830 siga el siguiente enlace.

Fuente: Ecdótica

Propuesta sobre la novela en Bolivia


Propuesta sobre la novela en Bolivia
Christian J. Kanahuaty

¡Por fin! Esa fue la primera frase que me escuché decir cuando me enteré que el Ministerio de Culturas había lanzado la convocatoria al Primer Concurso de narrativa en idioma originario “Guamán Poma de Ayala”. En lo que sigue del presente artículo haré algunas consideraciones sobre el tema e intentaré plantear algunas propuestas.

Pensar en un premio de esta naturaleza es importante para nuestro país no sólo por el proceso político sino porque es una demanda que debería haberse cumplido hace mucho. Un país que convive con diversos idiomas en su territorio no puede sólo contemplar al castellano, ni siquiera intentar pensar la narrativa escrita en castellano como la única forma de escritura y la única que podría ser publicitada.

Reconocer la narrativa en idioma originario implica un proceso de reconocimiento y de reivindicación hacia la diversidad cultural y étnica del país, supone también un proceso de identificación con lo diferente, ya no sólo entendido como antagonista sino como complemento; la narrativa en idioma originario debe llegar a ser un complemento de la narrativa escrita en castellano.

Sin embargo, un proceso de esta naturaleza implica pensar en varios niveles. El primero tiene que ver con el proceso de lecto-escritura, suponiendo que muchas de las culturas originarias han privilegiado la oralidad, la traducción de lo oral a lo escrito será un momento de memoria y un momento de reconstrucción del pasado. En segundo lugar pondrá a prueba los programas de alfabetización impulsados por el Ministerio de Educación, es decir, que ahora los que saben leer y escribir en castellano y en un idioma originario podrán también acercarse a la literatura desde otra perspectiva y bajo otros parámetros.

Esos parámetros sin lugar a dudas tienen que ver con la distribución y el costo de esos libros. La narrativa publicada debe llegar a la más amplia cantidad de personas para lo cuál hay que generar un circuito de consumo de los productos literarios. Esto puede ser peligroso porque no se empezará a leer de un día para el otro ni se leerá más porque haya un decreto supremo que así lo demande, tendrá que ser una labor conjunta entre el Ministerio de Culturas, el Ministerio de Educación, la Carrera de literatura, las editoriales, los escritores, los centros educativos y los profesores de literatura y lenguaje, además de bibliotecas, bibliotecarios y libreros.

Tendremos que aprender a ver al libro como un producto del mercado. Sí tiene un valor emotivo para un escritor ver su obra publicada, pero tendremos que iniciar un proceso acompañado por la Ley de derechos de autor que acompañe a esa emotividad con una suerte de regalías por su trabajo. Eso por un lado, por otro lado, la idea sería diversificar los libros, la edición de la novela ganadora sólo tiene un formato, en otros países ese varía junto con su costo: rústica, tapa dura y bolsillo. Así un libro tiene al menos tres formas de ser adquirido, y el precio generando la posibilidad a los lectores con escasos recursos. Por ejemplo, libros como los de Stieg Larsson pirateados cuentan entre cincuenta y sesenta bolivianos, o Felipe Delgado cuesta alrededor de los ochenta bolivianos, casi como el original. Pero como Larsson es un best seller la gente prefiere comprarlos en vez de otros originales.

Este aspecto nos plantea el lugar que tiene la crítica literaria en los suplementos literarios de nuestro país, nos acercamos con mayor facilidad a la literatura de fuera y a la producida acá la dejamos para después. Es como un síntoma que se reproduce y se fortalece cada año.

Lo otro, es decir, leer a los escritores bolivianos sería ser un revisionista y eso para muchos es de muy mal gusto. Pero volviendo al tema, debemos decir que la posibilidad de un premio para la narrativa en idioma originario nos debe hacer replantear el lugar de la novela o de las narraciones en general, entendidos como objetos de mercado y como artefactos estéticos.

Y quizás un tema que hemos tratado de olvidar pero que es importante es el que se refiere al número de lectores, teniendo en cuenta que proporcionalmente para nuestra población contamos con más de cuatro editoriales de alcance nacional debemos pensar cuántos lectores existen, o si más bien los lectores también son escritores, entonces, claro todo serviría para alimentar el mismo círculo, la gente que no es escritora no lee a los escritores bolivianos. Pero puede que incluso mi última apreciación sea parte de un prejuicio uno que se desbarata por la aparición de editoriales independientes como Yerbamala Cartonera o la Editorial El Cuervo. El plan que debe seguirse es hacer que pongamos los ojos y las sensaciones en esos libros. En esas narraciones y nos acerquemos a ellos con la misma predisposición que nos acercamos a Roberto Bolaño, Stephen King, Isabel Allende o a Paulo Coelho.

Ciertamente es un tema complicado y difícil. No es sólo la labor de un grupo ni de una sola persona. Por ejemplo teniendo en cuenta que se han llevado a cabo varias reuniones con el animo de señalar las 15 novelas fundacionales de la literatura nacional con el fin de que sea el mismo Ministerio de Culturas el encargado de su publicación y difusión se empezó a hablar de regalías, derechos de autor y derechos de publicación, pero también de niveles de distribución. Me parece que ahora se debe trabajar con el premio de novela de la misma forma. Porque seamos honestos la literatura no debe ser sólo para unos cuántos capaces de leer ni con la solvencia para comprarlos. Porque el libro no es un objeto de primera necesidad, no es más importante que la carne, el azúcar, el gas o la luz o el agua. Es casi casi un lujo y por tanto hay que replantearse eso desde todos los niveles de la creación y distribución quizás ya no sólo de la novela sino del arte en general, pero seria interesante hacer el primer intento tomando a la novela.

La posibilidad que nos da ésta convocatoria a repensar la narrativa nacional tiene que ver en esencia de lo que somos como nación y con la capacidad que tenemos de comprender que somos un estado plurinacional que no se guían por los mismo preceptos ni imaginarios ni mitos que configuran la nación letrada de clase media de las ciudades capitales. Será el momento de ver como se construyen a partir de esas narrativas su propio lugar y cómo ven su estadía en la ciudad derivada de la migración.

Además, juega con el bilingüismo y con la posibilidad de autonomía que debe lograr cierto grado de independencia y no clausura hacia la literatura escrita en castellano. Se debe tender a la complementariedad y no la negación y para ello el premio por sí mismo es insuficiente sino consta con una estructura de fomento, distribución, circulación y debate de eso que se ha producido y premiado. Es como un nuevo comienzo. Y todos los que de alguna manera estamos implicados en literatura tenemos que pensar los distintos escenarios que se podrían dar y también debatir las distintas formas de resolver los problemas que puedan aparecer.

Fuente: Ecdótica

Escrito de memoria

a revista Rolling Stone, en su edición española, ha elegido las novela Los vivos y los muertos de Edmundo Paz Soldán como una de las diez mejores del 2010. A continuación reproducimos la nota.

Las novelas bolivianas del canon en oferta


Las novelas bolivianas del canon en oferta
Por: Mauricio Rodríguez Medrano

Sólo dos novelas bolivianas de las diez que fueron elegidas para conformar el canon no pueden encontrarse en los puestos de libros usados y piratas. Las demás pueden ser compradas desde los Bs.5. “Pero muy poca gente las adquiere”, dice Carlos Aguirre, librero del pasaje de la Casa de la Cultura.

“Desde que me obligaron en colegio a leer Raza de Bronce [Alcides Arguedas] no volví a agarrar un libro”, comenta Carla Aramayo, ama de casa. “Y no es porque el libro fuera malo, los académicos deben saberlo, sino porque era aburrido. Perdí las ganas de leer”.

¿Antes de tener un canon académico no sería mejor fomentar la lectura? “De la lista, hay casi todas, menos El otro gallo [Jorge Suárez] y Tirinea [Jesús Urzagasti]”, dice Rogelio Mamani, librero del pasaje Núñez del Prado. “Toda la colección te la puedes llevar en Bs. 20. Muy poca gente las compra. Los más vendidos son los de Cuauhtemoc Sánchez. Ésas te las doy más caras”.

Una obra literaria no se la mide por si es o no aburrida, de ello estamos seguros, pero para que exista una revolución cultural, ¿acaso no hace falta primero hacer gustar el arte? Caso contrario, Cuauhtemoc Sánchez seguirá en el podio de los más vendidos: un país culto es un país que progresa, tal vez por ello en la colonia se prohibió la literatura a los indios por más de 200 años.

“Sé que La fuerza de Sheccid [Cuauhtemoc Sánchez] no es Literatura”, dice Carolina Castro, profesora Literatura del colegio Villamil. “Es una obra fácil y maniquea. Pero mis estudiantes la leen en menos de dos días. Con esa obra pude hacer que gusten de la lectura. Después les di algunos cuentos de Cortázar y tuve mucho éxito. Ahora sí quieren leer Literatura. ¿Y si primero les daba Juan de la Rosa [Nataniel Aguirre]? Hubiese sucedido lo que a mis promociones de hace 10 años: dejar de leer.

En 1968, Moisés Melo realizó una revolución cultural en Colombia: fundó la Editorial Oveja Negra. Ésta no se ocupó de publicar obra canónicas colombianas, sino de hacer conocer las novelas, cuentos y poemas de la literatura universal, a precio de 2 centavos de dólar. Creó lectores y también escritores. La Literatura se democratizó.

Al principio, los literatos hicieron críticas porque muchas “no eran obras canónicas o colombianas, eran antipatrióticas”. 42 años después, en Colombia existe una Laura Restrepo, un Jorge Franco, que en diversas entrevista dijeron: “No escribiría si no me hubiese llegado a gustar la lectura: Oveja Negra me ayudó”.

Y quedan más preguntas: ¿En qué beneficiarán las nuevas ediciones de las 10 mejores novelas de Bolivia, que oscilarán entre Bs. 30 y 40? Además se publicará sólo 1000 ejemplares, y únicamente dos de ellas se repartirán gratis a los colegios del país (una novela por colegio).

¿En qué beneficiarán al boliviano que puede conseguir esas mismas obras (usadas o piratas) desde los Bs. 5? ¿Será un negocio para las editoriales encargadas? ¿En qué aportan al país los literatos y académicos con respecto a la Literatura? ¿Cómo se puede fomentar la lectura? Sólo me quedan dudas y un libro que compré en oferta.

Fuente: Ecdótica



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