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	<title>Ecdotica &#187; Novela</title>
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	<description>Noticias literarias, descarga de libros gratuitos, selección de cuentos de manera mensual</description>
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		<title>Presentación de Lluvia de piedra de Rodrigo Urquiola</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Jan 2012 14:01:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Novela]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2012/01/portada-lluvia-piedra_2_grande.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2012/01/portada-lluvia-piedra_2_grande.jpg" alt="" title="portada-lluvia-piedra_2_grande" width="211" height="355" class="aligncenter size-full wp-image-4455" /></a></center><br />
<strong>Un viaje<br />
Por: Rodrigo Urquiola Flores</strong></p>
<p><em>Presentación de Lluvia de piedra</em></p>
<p>Recuerdo tres viajes fantásticos que tuve la fortuna de realizar. El primero, cuando a mis quince años, vestido con un jean, una polera y una chompa delgada, sin decirle nada a nadie en mi casa, atravesé veinticuatro horas de nuestro país hacia el sur, a Tarija. El segundo, del que me ocuparé después, fue cuando viajé a Lima. Y el tercero, hace poco, acabo de retornar el 31 de julio, cuando estuve por Santa Cruz y Cochabamba, contemplando algo que jamás vi antes y que resultó ser algo muy importante que ocurriera en mi vida. Estos tres viajes han sido definitivos en mi labor como escritor y, sobre todo, como ser humano. Estos tres viajes me han enseñado bastante, me han deslumbrado y, de cierta manera, me han ido convirtiendo en una persona nueva. Viajar envejece en el mejor sentido, hace que envejecer signifique crecer, tal como sucede cuando se lee un buen libro.</p>
<p>La primera vez que vi el mar fue a eso de las tres o cuatro de la mañana, desperté en el bus Ormeño en carretera hacia Ica y aún todo estaba oscuro. Asomé mi mirada a la ventana, el sonido del viaje se había hecho algo muy natural y entonces vi que el horizonte se movía. Ese horizonte era un monstruo negro, una anguila gigantesca que se movía oscilando, ascendiendo y descendiendo, manteniéndose, quedándose, quebrándose, volviendo a subir y bajando. Al principio, creí que estaba mareado, pues, si no me equivoco, de las treinta horas de viaje ya habían transcurrido por lo menos veinte. Luego el bus alcanzó una cima y el horizonte resultó ser infinito. Fue un momento muy especial. Ya no pude continuar durmiendo. Tenía diecisiete o dieciocho años y nunca había conocido el exterior. Soñaba con conocer el mar. Sé que no es así para todos los bolivianos, pero para mí fue algo espectacular, muy difícil de explicar utilizando palabras. Cuando llegué a Lima pude verlo en todo su esplendor. Viajé en junio, recuerdo que eran vacaciones de invierno en colegio y, según muchos peruanos, hacía un frío terrible. Yo no sentía ese frío, la ciudad de La Paz nos vacuna también contra ese tipo de cosas. Lima estaba nublada, como casi siempre, ebria de bruma y el océano mostraba su rostro plomizo, su horizonte gris. Me gustaba ir a las playas de Barranco o a Larcomar a ver y escuchar el oleaje, podía quedarme mucho tiempo haciéndolo. Había una playa donde en lugar de arena costera había piedras redondas. Allí me sentaba y leía o escuchaba música.</p>
<p>Intento recordar cómo fue que germinó en mi cabeza la idea de escribir esta novela y he llegado a la conclusión de que fue en el preciso instante en el que me senté sobre esas piedras y contemplé el océano. Esta imagen debió haberse quedado en algún rincón de mi subconsciente casi sin que yo mismo me diera cuenta de ello. Recuerdo que, en un segundo viaje, creo que al año siguiente, en verano, extrañé la tristeza del invierno anterior y, al cabo de un par de semanas, quería volver a Bolivia, mi casa. No sé por qué o de cómo, pero pensé mucho en cómo acontecería una lluvia dentro de una piedra. En Lima no llueve o, cuando lo hace, no llueve con la misma intensidad que en La Paz. Y La Paz no posee playas costeras, lo que es una gran lástima.</p>
<p>La mayor parte de la acción que acontece en la novela sucede en Santa Fe. Muchos que leyeron la novela antes de la presentación me preguntaron si Santa Fe es un lugar que existe de verdad o si era una especie de Macondo o Yoknapatawpha o Santa María más. Pero sí, Santa Fe sí existe. Es un alejado barrio paceño, inmerso en las fronteras de la zona sur con las montañas. Para llegar allí por Chasquipampa se debe atravesar dos ríos. Por suerte el progreso ha construido dos puentes muy estables. Cuando yo era un niño de siete u ocho o nueve años estos puentes no existían. Y las temporadas de lluvias, me parece, eran más lluviosas que las de ahora. Algo está pasando con el planeta, algo que no está bien. ¿O habrá sido que mi mente de niño prefería sólo recordar lluvias?, no lo sé. Es probable. Entonces, puede ser que algo con mi mente no esté del todo bien. No importa. Y había que pasar el primer río saltando sobre las piedras, mojándose los volapiés y los zapatos y cuidando de que nada se cayera a esas heladas aguas de color café con leche que corrían debajo de nosotros. Y de pronto se escuchaba un trueno. Y caía la lluvia una vez más. Y continuábamos caminando. Rumbo al segundo río. Allí sí había un puente, pero uno muy precario que, luego de un par de años sería arrastrado por una violenta riada. Era un puente hecho con troncos y sin pasamanos. Llegábamos a casa y teníamos los pantalones y los zapatos llenos de greda y barro. Por las noches continuaba la lluvia. Siempre la lluvia. Parecía que nunca acabaría ese sonido sobre el techo, el temblar de los vidrios de las ventanas cuando sucedía un trueno o la visión, entre todas aquellas nubes azules, de los relámpagos que nacían y morían a lo lejos. Pero, de alguna manera, parece que todo eso acabó. En parte bien, en parte mal. Bien porque no podemos estar haciendo turismo de aventura toda la vida y mal porque este rincón de Bolivia está empezando a oler a ciudad.</p>
<p>Estos dos momentos se han fundido y han sido pieza clave en mis dos primeros libros, <strong>Eva y los espejos</strong>, colección de cuentos, que fue publicado en 2008 y <strong>Lluvia de piedra</strong>. En <strong>Eva y los espejos</strong> pude descubrir que era capaz de ser un narrador con estilo propio y creo haberlo reafirmado en esta novela –es algo que sólo podrán decir los lectores– un proyecto más grande pero con un mismo fin. Esta novela cierra una etapa de mi vida que significó los primeros aprendizajes, el descubrir a los maestros de la literatura mundial, la reafirmación de mi profundo amor a la literatura, las ganas de continuar escribiendo hasta el último de mis días y ampliar mis propios horizontes.</p>
<p><strong>Lluvia de piedra</strong> es la historia de un viejo, Esteban, que, después de haber conseguido materializar un sueño, tener una casa a orillas del mar, en esa Antofagasta tan nuestra y tan ajena como la luna, atosigado por la soledad y tras un intento frustrado de suicidio, decide volver a Bolivia para darse una segunda oportunidad, para demostrarse que vale la pena continuar viviendo, y, en la puerta de la estación de trenes de La Paz, esos trenes varados que ahora mismo no nos sirven para nada y que en algún lugar deben tener impresa las palabras “Made in Chile”, se encuentra con una novia suya, Marianela, que había visto morir cuarenta años atrás, cuando ella tenía diecisiete años de edad.</p>
<p><strong>Lluvia de piedra</strong> es la historia de esa casa vieja, a punto de desplomarse, habitada por una perra y sus crías y por muchos otros perros ya muertos, por fantasmas que no están en otro lugar sino en nuestras cabezas, por hierbas que están a punto de rozar las nubes, por la lluvia que no cesa, a la que siempre quise retornar. ¿Cuántos bolivianos no han deseado con todas sus fuerzas retroceder en el tiempo y empezar a hacerlo todo de nuevo? Yo soy uno de ellos y estoy seguro de que Hilarión Daza también.</p>
<p>Me voy a despedir con una imagen que me regaló el último de todos mis viajes. He descubierto algo más allá de lo evidente, algo que a no todos los seres humanos les está permitido conocer, o si es así, la mayoría no logra reconocerlo a tiempo. Es un secreto. No se lo digan a nadie. En la carretera una vez más, a través de las ventanas y de la noche, vi unos ojos que no eran los míos cerrarse y pude ver lo que había dentro de ellos. Luz, paz. Sobre todo paz. Llueve dentro de esos ojos pero esta lluvia no son lágrimas ni tiene ruido, no hay frío allí dentro, sólo la lluvia silenciosa que cae como si fuera viento lo que está cayendo. Una lluvia que no sucede dentro de una piedra. Y descubrí que también de eso trata <strong>Lluvia de piedra</strong>, de que no existe nada imposible siempre y cuando no dejemos de creer en ello con todas nuestras fuerzas. Nada.</p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
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		<title>Acta del fallo del jurado del V Concurso Nacional de Novela &#8220;Marcelo Quiroga Santa Cruz&#8221;</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Nov 2011 14:29:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Novela]]></category>
		<category><![CDATA[premio]]></category>

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		<description><![CDATA[Acta del fallo del jurado del V Concurso Nacional de Novela &#8220;Marcelo Quiroga Santa Cruz&#8221; Dibujo: clubdibujobolivia.blogspot.com El Jurado del V Concurso Nacional de Novela “Marcelo Quiroga Santa Cruz”, compuesto por Ana Rebeca Prada M., Lourdes I. Saavedra Berbetty, Bernardo Quiroga Trigo, René Antezana Juárez y Franz Rodrigo Mita Molina, después de haber considerado cuidadosamente [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/11/Marcelo-Quiroga-Santa-Cruz-1.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/11/Marcelo-Quiroga-Santa-Cruz-1.jpg" alt="" title="Marcelo Quiroga Santa Cruz 1" width="211" height="355" class="aligncenter size-full wp-image-4342" /></a></center><br />
<strong>Acta del fallo del jurado del V Concurso Nacional de Novela &#8220;Marcelo Quiroga Santa Cruz&#8221;</strong><br />
<strong>Dibujo: clubdibujobolivia.blogspot.com</strong></p>
<p>El Jurado del V Concurso Nacional de Novela “Marcelo Quiroga Santa Cruz”, compuesto por Ana Rebeca Prada M., Lourdes I. Saavedra Berbetty, Bernardo Quiroga Trigo, René Antezana Juárez y Franz Rodrigo Mita Molina, después de haber considerado cuidadosamente los textos ha resuelto por UNANIMIDAD declararlo DESIERTO. Las razones de dicha decisión son las siguientes:</p>
<p>-	ninguno de los ocho textos presentados reúne la calidad literaria suficiente como para ser considerado ganador de un Premio Nacional de Novela;<br />
-	los textos carecen de un cuidado formal mínimo, pues poseen errores básicos de forma a nivel sintáctico y gramatical;<br />
-	carecen de originalidad, tanto en su estructura narrativa como en el desarrollo de sus temáticas, en cuanto adolecen de una falta de consciencia del género y del lenguaje narrativo actual;<br />
-	presentan también muchas limitaciones en la coherencia de su estructura narrativa y en el desarrollo de sus personajes.</p>
<p>Además de emitir el fallo, y considerando las razones expuestas anteriormente, el Jurado desea también recomendar a la Oficialía Superior de Cultura del Gobierno Autónomo Municipal de Cercado, a través de la persona de don Max Munckel Miranda,  la creación de políticas culturales que estimulen el desarrollo y la cualificación de la creatividad literaria en niños y jóvenes. Estamos seguros de que la puesta en marcha y el impulso de estas políticas pueden contribuir en un corto plazo a elevar la calidad y el rigor necesarios del Premio Nacional de Novela “Marcelo Quiroga Santa Cruz”.</p>
<p>Es dada en la ciudad de Cochabamba hoy lunes 21 de noviembre de 2011 por los abajo firmantes.</p>
<p>Ana Rebeca Prada M.,  Lourdes I. Saavedra Berbetty,  Bernardo Quiroga Trigo,  René Antezana Juárez y Franz Rodrigo Mita Molina</p>
<p><em>Fuente: Oficialía Superior de Cultura del Gobierno Municipal de Cercado &#8211; Cochabamba</em></p>
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		<title>Los constantinopolitanos de Raúl Rivero Adriázola</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Nov 2011 19:29:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Novela]]></category>
		<category><![CDATA[Reseña]]></category>

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		<description><![CDATA[Cristóbal Colón, costantinopolitano Por: Ramón Rocha Monroy Jamás se nos hubiera ocurrido relacionar a Cristóbal Colón con la vieja Constantinopla ni la caída de este enclave fabuloso de la cultura occidental en las puertas de Oriente con el descubrimiento de América. Pero la sabia erudición de Raúl Rivero Adriázola nos sorprende con la novela Los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/11/Los-constantinoplanos-1.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/11/Los-constantinoplanos-1.jpg" alt="" title="Los constantinoplanos 1" width="211" height="355" class="aligncenter size-full wp-image-4332" /></a></center><br />
<strong>Cristóbal Colón, costantinopolitano<br />
Por: Ramón Rocha Monroy</strong></p>
<p>Jamás se nos hubiera ocurrido relacionar a Cristóbal Colón con la vieja Constantinopla ni la caída de este enclave fabuloso de la cultura occidental en las puertas de Oriente con el descubrimiento de América. Pero la sabia erudición de Raúl Rivero Adriázola nos sorprende con la novela Los Costantinopolitanos (Edi. Los Amigos del Libro, 2011), que acaba de presentar en la Vª Feria del Libro, novela en la cual se revela como un hombre del Renacimiento que habita en Cochabamba por un capricho de la historia y del tiempo.</p>
<p>Insisto en la percepción del alma renacentista de Raúl Rivero Adriázola porque hace un tiempo nos sorprendió con una novela parecida, <strong>El Conjuro Juliano y la falsificación de Leonardo</strong>, en la cual un viejo artista de la troupe de Moliére narra la curiosa relación entre Julio César y el retrato de Donna Lisa del Giocondo, pintado por el gran Leonardo.</p>
<p>Esta vez Raúl se vale de Domenico Colombo, un familiar del Descubridor, que describe el distrito de Pera, barrio de comerciantes genoveses en Constantinopla ubicado a la entrada del famoso Cuerno de Oro, donde, según la novela, habría crecido el futuro navegante. Así Raúl nos recuerda la importancia histórica que tuvo la caída de Constantinopla para la historia de Occidente, pues dificultó el comercio de especias y alentó el proyecto loco de buscar una nueva ruta a las Indias, que desembocó en la llegada de las carabelas a nuestro continente.</p>
<p>Cómo habría sido el antiguo Mediterráneo, en cuyas orillas se disputaban la supremacía ciudades como Florencia, Venecia, Milán o Génova; y cómo de rica e ilustrada la vida en Constantinopla, pues allí se daba cita la cultura grecolatina con las razones y pulsiones venidas del mundo egipcio, persa y árabe, de la antigua China y la no menos antigua India y del mundo eslavo, y todas esas visiones del mundo vivían en paz y en fecundo diálogo. ¡Ah, la vieja Bizancio! ¡Qué gran pérdida para Occidente!</p>
<p>No nos sorprendería si en lugar del nombre del autor, Raúl Rivero Adriázola, encontráramos a algún prudente patriarca bizantino o a un historiador genovés, pero no, es el mismo Raúl que egresó del Colegio Don Bosco, que descolló en el mundo de las finanzas y alimentó en secreto su pasión por el diletantismo histórico, es decir, el afán de recuperar la memoria con gracia narrativa para las futuras generaciones.</p>
<p>Para ello era necesario manejar nombres y lugares, y dar noticia de diálogos, tractatus y viejos palimpsestos llegados de la Antigüedad para iluminar la historia de Occidente con ese episodio inenarrable que no en vano fue bautizado como Renacimiento. Este es, quizá, el mayor mérito de Raúl: el de ser un personaje cotidiano, de linaje boliviano muy conocido y, sin embargo, pleno de conocimiento y buenas maneras para referirse a episodios tan alejados de nuestra vida cotidiana.</p>
<p>Si me pusiera a buscar un símil para este afán universalista, debería mencionar a Borges, conocedor del inglés arcaico y de los mitos escandinavos, o a Manuel Mujica Láinez, que describió el jardín de Bomarzo, de la familia Orsini. A su modo, Raúl tiene sed de aventuras, como su antepasado Francisco Burdett O’Connor, que llegó de tierras verdes y frías y dio su espada y su valor a una república tan alejada de su natal Irlanda, y tiene alma de pionero, como su abuelo, don Ramón Rivero López, a quien animaba la chispa del emprendimiento en todos los quehaceres que se propuso.</p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
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		<title>El cochabambino Claudio Ferrufino gana el Premio Nacional de Novela 2011 por Diario secreto</title>
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		<pubDate>Mon, 31 Oct 2011 20:27:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Novela]]></category>
		<category><![CDATA[premio]]></category>

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		<description><![CDATA[Claudio Ferrufino Coqueugniot, Premio Nacional de Novela 2011 por Diario secreto La Paz. Lunes, 31 de octubre de 2011 El boliviano Claudio Ferrufino Coqueugniot ha sido galardonado con el Premio Nacional de Novela 2011, dotado con 84.300 bolivianos, por la obra Diario secreto, presentada con el seudónimo “Margarita de Anjú”. El jurado, presidido por Wilmer [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/10/Claudio-Ferrufino1.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/10/Claudio-Ferrufino1.jpg" alt="Claudio Ferrufino" title="Claudio Ferrufino" width="330" height="220" class="alignleft size-full wp-image-4246" /></a></center></p>
<p><strong>Claudio Ferrufino  Coqueugniot, Premio Nacional de Novela 2011 por Diario secreto<br />
La Paz. Lunes, 31 de octubre de 2011</strong></p>
<p>El boliviano Claudio Ferrufino Coqueugniot ha sido galardonado con el Premio Nacional de Novela 2011, dotado con 84.300 bolivianos, por la obra <strong>Diario secreto</strong>, presentada con el seudónimo “Margarita de Anjú”. El jurado, presidido por Wilmer Urrelo y compuesto por Alba María Paz Soldán, Homero Carvalho, Marcelo Villena y William Camacho, ha declarado ganadora la novela por unanimidad. La novela será editada tanto en papel como en ebook por Alfaguara.</p>
<p>En esta convocatoria del Premio Nacional de Novela se han recibido 40 manuscritos originales convirtiéndose en una de las convocatorias con más participación en la historia del Premio.</p>
<p>Según el acta del fallo: “Diario secreto es una novela que se distingue por su planteamiento narrativo (relato fragmentario, irrupción de diversas voces), por la originalidad en el tratamiento del lenguaje (economía retórica, efectos sintácticos) y, sobre todo, por la confrontación con el lector al proponer una exploración de ciertas zonas oscuras del ser humano.” </p>
<p>Claudio Claudio Ferrufino-Coqueugniot nació en Cochabamba, Bolivia, en 1960. Escritor y periodista cochabambino, vive en Denver, Colorado (Estados Unidos). Se doctoró en lenguas Modernas luego de presentar <strong>El señor don Rómulo</strong> [N. del E. editada por Editorial Nuevo Milenio] como tesis del curso de Honores. En 2009, obtuvo el Premio de Novela Casa de las Américas por <strong>El Exilio voluntario</strong> [N. del E. editada por Editorial El País] y en 2002 fue distinguido con una segunda mención del mismo concurso por <strong>El señor don Rómulo</strong>. Ha publicado también la colección de cuentos breves <strong>Virginianos</strong> [N. del E. editada por Editorial Los Amigos del Libro].</p>
<p>Según Wilmer Urrelo, presidente del jurado, “<strong>Diario secreto</strong> es una novela cruel y oscura que está escrita con el mismo calibre de lenguaje. El libro devela a un personaje anacrónico y violento pero que posee un mundo interior fascinante. Pese a su dureza es imposible dejar de leerla.” </p>
<p>Hasta el momento han obtenido el Premio Nacional de Novela: <strong>La vida me duele sin vos</strong>, de Gonzalo Lema; <strong>Alguien más a cargo</strong>, de Cé Mendizábal; <strong>Magdalena en el paraíso</strong>, de Tito Gutiérrez; <strong>Potosí 1600</strong>, de Ramón Rocha Monroy; <strong>El delirio de Turing,</strong> de Edmundo Paz Soldán; <strong>La gula del Picaflor</strong>, de Juan Claudio Lechín; <strong>La doncella del Barón Cementerio</strong>, de Eduardo Scott-Moreno; <strong>El agorero de sal</strong>, de Luisa Fernanda Siles; <strong>Fantasmas asesinos</strong>, de Wilmer Urrelo; <strong>La toma del manuscrito</strong>, de Sebastián Antezana; <strong>He de morir de cosas así</strong>, de Eduardo Scott-Moreno y <strong>La noche como un ala</strong>, de Máximo Pacheco Balanza.</p>
<p>Las novelas y sus autores han gozado del aplauso y de la crítica nacional y también han cruzado fronteras, enalteciendo el nombre de Bolivia; tal es el caso de Juan Claudio Lechín, quien fue finalista del premio Rómulo Gallegos. El éxito de las obras se ha reflejado también en las traducciones a otras lenguas; tal es el caso de Edmundo Paz Soldán, cuyas obras han sido traducidas al inglés y al italiano. Además, los ejemplares de las novelas distinguidas con este galardón han sido distribuidos por todo el territorio nacional y han llegado a varios países de América Latina.</p>
<p><strong>MIEMBROS DEL JURADO XIII Premio Nacional de Novela 2011</strong></p>
<p>Wilmer Urrelo Zárate<br />
Homero Carvalho Oliva<br />
William Camacho<br />
Alba María Paz Soldán<br />
Marcelo Villena Alvarado</p>
<p><em>Fuente: Alfaguara</em></p>
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		<title>Reseña a La toma del manuscrito</title>
		<link>http://www.ecdotica.com/2011/09/05/resena-a-la-toma-del-manuscrito/</link>
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		<pubDate>Mon, 05 Sep 2011 20:02:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Novela]]></category>
		<category><![CDATA[Reseña]]></category>

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		<description><![CDATA[La toma del manuscrito Por: Mauricio Rodríguez A. es asesinado por C. En la investigación no se encuentra el arma. D. descubre que A. está muerto. Habla con C. Lo maldice. Le dice que vagará eternamente sobre la tierra. Le deja una marca. Doscientos años después aparecen pinturas donde se muestran las posibles armas con [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/09/La-toma-del-manuscrito.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/09/La-toma-del-manuscrito.jpg" alt="" title="La toma del manuscrito" width="95" height="152" class="aligncenter size-full wp-image-4045" /></a></center><br />
<strong>La toma del manuscrito<br />
Por: Mauricio Rodríguez</strong></p>
<p>A. es asesinado por C. En la investigación no se encuentra el arma. D. descubre que A. está muerto. Habla con C. Lo maldice. Le dice que vagará eternamente sobre la tierra. Le deja una marca. Doscientos años después aparecen pinturas donde se muestran las posibles armas con las que C. mató a A. Una quijada de mula, un garrote, una vara. Continúan las investigaciones, y así nace el relato policial. Caín se jodió.</p>
<p><strong><a href="http://www.ecdotica.com/2009/12/23/critica-a-la-toma-del-manuscrito/">La toma del manuscrito</a></strong> es un homenaje a los relatos policiales. Y el narrador lo dice con claridad: «La historia del relato policial… revela una tradición prestigiosa. Edgar Allan Poe, Arthur Conan Doyle, G. K. Chesterton, Wilkie Collins, Gaston Leroux, Patricia Highsmith, William Irish, Ellery MacDonald, Georges Simeon, Chester Himes, Vásquez Montalbán, etc.». Pero no se queda en sólo eso: también es una obra de diversos niveles de profundidad, y como todo en la vida la novela «[c]omienza como un movimiento fortuito e imprevisto, casi como una broma…».</p>
<p>Traduttore-traditore. Todo traductor es un traidor. Ésa es la premisa de <strong>La toma del manuscrito</strong>. El narrador encuentra un manuscrito que escribió Z. Ese manuscrito está compuesto por una serie de descripciones de fotografías que tomó Q. Desde el inicio se sabe que Z. fue el asesino de Q. La novela es la traducción del narrador de las descripciones de fotografías que realizó Z. Las fotografías fueron tomadas por Q. en una expedición al África. «Lo demás, desde siempre, le pertenece exclusivamente al lector».</p>
<p>Las fotografías se convierten en palabras, las fotografías se convierten en narración. Hasta el final de la novela no se sabrá por qué Z. mató a Q. ¿Quién narra? ¿Realmente hubo un asesinato? ¿Q. acechaba a cada integrante de la expedición? ¿Todo es una broma? Un relato policial dentro de un relato de viajes dentro de un relato de traducciones dentro de un relato de misterios. </p>
<p><strong>La toma del manuscrito</strong> fue la novela ganadora de Premio Nacional de Novela 2007. El lector encontrará en ella un escrito maduro que atrapa, que absorbe. La leí apenas hace dos años cuando viajaba hacia Sucre. La releí hace dos semanas. Aún continúa sorprendiéndome. En sus páginas encontré el juego de Perec, las reflexiones de Calvino, la simpleza de Stevenson. Pero también encontré la voz de Sebastián Antezana Q., el autor. Lleno de ironía, de cadencia. </p>
<p>Tal vez el único problema es que para disfrutarla por completo se debe ser el lector ideal del que habla Umberto Eco, que conozca el intertexto al que se remite ciertos capítulos, ciertas frases. Y me quedo con una cita de la novela: «Para completar el círculo, la última jugada le corresponde al lector».      </p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
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		<title>Sobre el Exilio voluntario de Ferrufino-Coqueugniot, el exilio verdadero</title>
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		<pubDate>Wed, 03 Aug 2011 21:11:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Autores]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Novela]]></category>

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		<description><![CDATA[El exilio voluntario Por: Mauricio Rodríguez Medrano «Si algo dura más de seis meses o es un embarazo o no vale la pena», dijo el Subcomandante Marcos como personaje en la novela Muertos incómodos, que fue escrita a cuatro manos con Paco Ignacio Taibo II. Esa frase es una ironía a la misma lucha zapatista [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/08/El-exilio-voluntario.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/08/El-exilio-voluntario.jpg" alt="" title="El exilio voluntario" width="104" height="166" class="aligncenter size-full wp-image-3944" /></a></center><br />
<strong>El exilio voluntario<br />
Por: Mauricio Rodríguez Medrano</strong></p>
<p>«Si algo dura más de seis meses o es un embarazo o no vale la pena», dijo el Subcomandante Marcos como personaje en la novela <strong>Muertos incómodos</strong>, que fue escrita a cuatro manos con Paco Ignacio Taibo II. Esa frase es una ironía a la misma lucha zapatista que se alarga hasta nuestro días. Entonces: lo que dura más de seis meses vale la pena. Entonces: un exilio que se prolonga diez años vale la pena. </p>
<p>«<a href="http://www.ecdotica.com/2010/11/16/resena-de-el-exilio-voluntario/">El exilio voluntario</a>», empieza con una hoja que marca el tiempo: «1998-2008». Luego está el vacío, la hoja en blanco. Luego está el tiempo entrelazado al espacio: la descripción, la narración. Luego está el tiempo que se quiebra y prevalece la narración sin un espacio determinado: El pasado es una hebra que es tejida con el presente, con el futuro que es duda, y el personaje transita por sus recuerdos hasta el cansancio. Los recuerdos como una tierra de nadie, como es el exilio verdadero. </p>
<p>Esta novela fue escrita por Claudio Ferrufino Coqueugniot. Ganó el Casa de las Américas 2009. La compré por casualidad en los libros usados del Mercado Lanza, al lado de una carnicería. La versión que poseo tiene errores de empastado. La tapa fue pegada al revés. «Robaron este libro de la editorial», me contó el vendedor por lo bajo. «Aunque no fue un robo. Nadie lo quería».</p>
<p>Empecé mi lectura en una banca de la plaza Murillo. En sus páginas pude encontrar a Faulkner, a Joyce. Pude encontrar a Kerouac, a Bukoswsky. Pude encontrar la melancolía de los migrantes que recuerdan en flashes a su tierra natal, a sus mujeres: una tela de encaje, unas piernas blancas y suaves, un beso, saliva y tierra. </p>
<p>Las voces de los personajes saltan como en un hervidero, se hacen ágiles, describen, callan, son reemplazadas, regresan, regresan, regresan. No es necesario una trama: así como es el exilio, la diáspora, las situaciones empiezan y a veces no tienen final. De lejos, la mejor novela boliviana de este siglo que recién comienza. El autor es suficiente maduro para trabajar con la palabra con paciencia. </p>
<p>Sólo queda recomendarla, y oír alguna lejana canción en una chichería, todo de madrugada cuando nada tiene un contorno real.              </p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
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		<title>Hablar con los perros</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Jul 2011 15:55:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículo]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Novela]]></category>

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		<description><![CDATA[Esta novela no es Por: Wilmer Urrelo Para ser sincero con ustedes no sé cómo comenzar y menos aún cómo escribir esta presentación. Y es que luego trabajar esta novela alrededor de tres años y de soportar a sus personajes igual cantidad de tiempo, lo único que se me viene a la cabeza en este [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/07/Hablar-con-los-perros.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/07/Hablar-con-los-perros.jpg" alt="" title="Hablar con los perros" width="211" height="355" class="aligncenter size-full wp-image-3933" /></a></center><br />
<strong>Esta novela no es<br />
Por: Wilmer Urrelo</strong></p>
<p>Para ser sincero con ustedes no sé cómo comenzar y menos aún cómo escribir esta presentación. Y es que luego trabajar esta novela alrededor de tres años y de soportar a sus personajes igual cantidad de tiempo, lo único que se me viene a la cabeza en este instante es pasar de página, decirle a todo el mundo <em>next!</em>, adiós y buena suerte.</p>
<p>Así que a lo mejor esta noche tan sólo me animo a narrarles el martirio que fue escribirla. La desigual pelea de box que fue su creación… sin embargo, pensándolo mejor no, pues eso también ya me aburre o mejor dicho: también eso me tiene ya, a estas alturas, sin cuidado. </p>
<p>Quizá, en el mejor de los casos, tan sólo me limite a agradecer a todos los que me apoyaron directa e indirectamente en su proceso de construcción. Pero no. Si esto es literatura y no un concurso de belleza, caray. Entonces, pensándolo bien, mejor hago lo siguiente: como me gusta irme por las ramas y sacarle la lengua a los convencionalismos, les diré qué no podrán encontrar en<strong> Hablar con los perros</strong>. </p>
<p>En primer lugar, y para arrancar de una buena vez, les puedo decir que <strong>Hablar con los perros</strong> no es, en sí, una historia de amor en toda la extensión de la palabra. Encontrarán, sólo hasta el último de sus capítulos, al amor triunfante. No es tampoco una historia que cuente el honor y el sacrificio por la patria. Y tampoco el martirio de lo que significó ir a la guerra del Chaco y luchar en el cerco al fortín Boquerón. No, no es eso. Más bien es todo lo contrario. Son las historias de la guerra y las terribles consecuencias que nuestros tiernos abuelitos con aroma a plaza Murillo no quisieron contarnos por vergüenza, por miedo o por ambas cosas juntas.</p>
<p><strong>Hablar con los perros</strong> tampoco es un mundo de caramelo, donde podrán ver lo bonito que son los sentimientos humanos y todo eso, o bien lo bonitas que son las gentes -así en plural- que habitan la ciudad de La Paz. No, definitivamente no es eso. Tampoco es una novela donde la familia quede bien parada, más bien es todo lo contrario. Pobres de nuestras familias bolivianas, tan modosas, tan de Sopocachi, tan de domingos por las tardes. Este libro tampoco creo que sea una historia de la violencia, o pensándolo bien sí es una historia de la violencia, aunque vista desde una perspectiva diría que bastante triste… sí, ya sé, lo que acabo de decir es tonto o ilógico, así que prefiero contestarles como lo haría el genial Papirri: «tengo unas ideas con las cuales no estoy de acuerdo».</p>
<p>Por lo tanto, no es una novela policial. O sí es una novela policial, sólo que hasta ahí nomás o viene con trampita, pues me parece que ahora como que se me encendió otra lucecita allá en la cabeza y salió una cosa distinta. Sí es, de eso estoy completamente seguro, una especie de <em>playlist</em> con algunas canciones y algunos grupos que me gustan. Gracias Intoxicados, gracias Gardelitos, gracias Loop Lascano y sobretodo gracias Brujería y larga vida a su vocalista y líder histórico, el genial Juan Brujo.</p>
<p>No es una novela, tampoco, donde se te señale con malicia por el hecho de poder hablar con Satán, ese señor cachudo cuya sola mención hace que nuestras abuelitas se persignen tres veces seguidas. Jesús, María y José. Más bien es todo lo contrario: acá Satán es quien, me parece, narra buena parte de la novela y no es un tipo malo-malo-malo… malito es, sí, sin embargo tiene, como todos nosotros, su parte buena. Cuando la lean y lo comprendan pregúntenle a un tal Perro Loco.<br />
Esta novela no es una firme creyente de la justicia. Quizá <strong>Hablar con los perros</strong> diga lo siguiente: «la venganza es superior a la justicia o por lo menos funciona mejor, es menos engorrosa, no hay burócratas ni abogados». Y sí, es una novela donde esta antiquísima práctica se hace presente. </p>
<p>Y tampoco es una novela de caníbales en sí. En <strong>Hablar con los perros</strong> se comen a unas cuantas personas, eso de lejos, sin embargo en el fondo el canibalismo es la desesperada búsqueda de algo tan primario para los seres humanos: la felicidad. Es una novela donde una chica muda encuentra aquélla luego de muchos años de estar buscándola. </p>
<p>No es y es, a la vez, todo lo que acabo de decirles.</p>
<p>¿Y qué pito tocan acá los perros? </p>
<p>Esta novela es, eso sí, un homenaje a esos animales. </p>
<p>Acá todos son buenos. O por lo menos esos cuadrúpedos tienen una intuición superior a la de los seres humanos. Intuición que emplean para cambiar, para bien, la vida de los personajes o por lo menos intentan hacerlo de la forma más desinteresada posible. </p>
<p>Poder hablar con los perros, que lindo sería. </p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
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		<title>Reseña de Ramón Rocha Monroy sobre Los abismos posibles de Mauricio Murillo</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Jul 2011 22:18:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Novela]]></category>

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		<description><![CDATA[Los abismos posibles Por: Ramón Rocha Monroy Tengo una deuda de amistad y cariño con Mauricio Murillo y a ella debo agregar el honor de felicitarlo por su novela Los abismos posibles y ponderar su trabajo como uno de los docentes más prestigiosos de las letras bolivianas. Al mismo tiempo, quiero proponerle algunas precisiones y, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/07/Los-abismos-posibles-1.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/07/Los-abismos-posibles-1.jpg" alt="" title="Los abismos posibles 1" width="231" height="380" class="aligncenter size-full wp-image-3924" /></a></center><br />
<strong>Los abismos posibles<br />
Por: Ramón Rocha Monroy</strong></p>
<p>Tengo una deuda de amistad  y cariño con Mauricio Murillo y a ella debo agregar el honor de felicitarlo por su novela <strong>Los abismos posibles</strong> y ponderar su trabajo como uno de los docentes más prestigiosos de las letras bolivianas. Al mismo tiempo, quiero proponerle algunas precisiones y, sobre todo, inquietudes generacionales, a ver si estoy en lo cierto.</p>
<p>Tariq, el personaje de <strong>Los Abismos</strong>, vive en Tánger. Se sabe vagamente que es nieto de un colombiano radicado en esa ciudad de aventureros, contrabandistas y otras gentes baldías. Nada cierto hay en la vida del joven Tariq como no sea su obsesión por el abismo del mar. Todo lo que éste tiene de incierto, de conjetural, de horrendo por desconocido le hace coleccionar mapas antiguos e interesarse por navegantes como Juan de la Cosa o actrices que murieron ahogadas. Naturalmente, busca referencias en Internet y quizá fuentes escritas, que figuran en la novela como notas al pie. Cerca de Tánger está la mítica ciudad de Casablanca, pero el recuerdo de Tariq es cinematográfico y no se parece en nada a la realidad.</p>
<p>Un viajero inglés le cuenta sus aventuras que lo llevaron a convertirse en escritor, pero al final agrega que todo se lo inventó y que, en la realidad, su vida fue de lo más rutinaria. Él le da la clave a Tariq para aproximarse al origen de sus obsesiones: una cámara submarina. Con ella se interna en el mar y filma y luego ve el video. ¿Qué ve? Acaso el Aleph del horror, el horror que tiene su centro en todas partes y su circunferencia en ninguna, lo innombrable que hizo famoso a <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Lovecraft">Lovecraft</a>; la revelación que conmovió a <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Herman_Melville">Melville</a>; los ojos desorbitados de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Joseph_Conrad">Joseph Conrad</a> cuando se posaron en el corazón de las tinieblas. Pero en esta novela todo es incierto, como el abismo del mar, y nunca se sabrá qué vio Tariq. Sólo quedará la incertidumbre, la desubicación, la distopía que crean cientos de espejos enfrentados en éste o cualquier otro abismo, incluido el abismo interior.</p>
<p>Me parece atractiva esa indeterminación. Pienso en la película “Apocalipsis Now” y el viaje interminable del protagonista inspirado en la novela más conocida de Joseph Conrad, y en todo lo que hubiera ganado la película con un poco de indeterminación, que se echa a perder cuando al final descubrimos esa escenografía de opereta donde habla el gran Marlon Brando, que le quita majestad al misterio. Mauricio Murillo no cae en esa tentación.</p>
<p><a href="http://www.ecdotica.com/2011/05/05/los-abismos-posibles-primera-novela-de-mauricio-murillo/>Los abismos posibles</a>” carece de un estilo narrativo, menos novelesco; quizá tiene más bien un tonillo de apuntes de bitácora.</p>
<p>No hay un crescendo en la prosa que nos lleve al desenlace; nadie descifra los secretos abismales del fondo del mar; pero el libro nos transmite el horror del abismo y esa es su mayor cualidad.</p>
<p><a href="http://www.ecdotica.com/2011/05/09/resena-de-los-abismos-posibles/">Los abismos posibles</a> es un proyecto literario de despojamiento del estilo, muy al margen de la figura literaria, de la comparación poética, de la frase feliz, de la narrativa estructurada y vigorosa. Sin embargo, consigue sumergirnos en un enigma apenas entrevisto, y en esos abismos no caben más que conjeturas.</p>
<p>Acaso el fondo del mar nos seduce porque viajar hacia él es viajar hacia nuestro propio abismo. Vivimos rodeados de abismos.</p>
<p>La realidad es un abismo. Es tan simultánea, vertiginosa, caótica e inexplicable que de ella sólo rescatamos fragmentos y los depositamos en un magma mental, donde se agitan nuestras pulsiones más íntimas, nuestro abismo personal construido con fragmentos de reflejos de la realidad, donde la razón se complace en sojuzgar con su afán de institutriz que todo lo ordena, descompone y clasifica. Pero apenas afloja su vigilancia, se libera la imaginación, la loca de la casa, y nos permite jugar con los fragmentos de ese magma. Un viaje así, a nosotros mismos, puede ser un viaje sin vuelta; y entonces los seres racionales opinan que hemos perdido la razón, sin que les importe que el viaje nos permita vislumbrar el origen de todos los abismos.</p>
<p>Una observación generacional: los jóvenes de hace cuarenta años vivíamos en un mundo donde todo ocurría, un mundo decidor y elocuente, rotundo en sus héroes, cobarde en sus villanos, vil en sus traidores, un mundo de tortura, muerte y acechanzas pero con puertas que se abrían a la luz. Cuarenta años después, los escritores jóvenes me suenan cada vez más intimistas, se desinteresan de su realidad, se exploran a sí mismos en sus pulsiones y sus obsesiones, no encuentran otras puertas que esas que dan a la oscuridad. Sus referencias son literarias o rescatadas del ciberespacio, viven un desconsuelo y una soledad irredimibles porque, al parecer, se sienten sitiados entre dos abismos: el de la realidad y el de su propio abismo. Son melancólicos, noctámbulos, insomnes, adictos al escape por hiperestesia.</p>
<p>Nada más artificial para ellos que las banderas del amanecer o la revolución u otra causa popular y manida que ya no los interpela porque la sienten huera. No usan nombres alegóricos ni consignas ni símbolos, ni importa con qué elementos construyan esos mundos inciertos. Están aquí para dar cuenta de su mundo interior, que es un mundo desgarrado y sin ilusiones, sin espejismos. No tienen aquí ni ahora. Su lucidez es negra y no luminosa: no descubren nada, no quieren descubrir nada, quieren estarse y transcurrir. Estarse y transcurrir. Son contemporáneos de la humanidad entera y no sólo del Lago Titikaka o del Salar de Uyuni o de la disputa étnica entre cambas y collas. Ellos se mueven con el mismo aplomo aquí que afuera porque en todas partes parecen compartir el mismo desinterés por el abismo de la realidad, y entonces se sumergen en su propio abismo, en una estética de la desdicha que ha tenido también cultores viejos, viejos desinteresados de su realidad, como <a href="http://www.borges.com/">Borges</a>, por ejemplo.</p>
<p>Hay que reconocer que de ese modo obtienen una ventaja literaria: la de la inseguridad y la conjetura y la cavilación sin fin, ingredientes con los cuales se ha construido la mejor poesía, aunque haya costado una decepción temprana.</p>
<p>¿Cuándo comenzó esto? Lo percibí a fines del pasado siglo cuando un lector joven me confió que le gustaba esa literatura en la cual nada ocurre y en cambio le parecían insulsos mis argumentos, las peripecias de mis personajes. Allí sentí un corte que se va ahondando, con nuevas propuestas de escritores cada vez menos jóvenes, que tienen en común el desarraigo, la desilusión, el escepticismo y el desconsuelo.</p>
<p>Todo esto puede sonar a afirmación; pero, en realidad, es una pregunta.</p>
<p><em>Fuente: <a href="http://www.lostiempos.com/lecturas/libros/libros/20110717/%E2%80%9Clos-abismos-posibles%E2%80%9D_134063_272612.html">Los Tiempos</a></em></p>
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		<title>Reseña de Giovanna Rivero de la novela Norte de Edmundo Paz Soldán</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Jul 2011 21:24:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Novela]]></category>
		<category><![CDATA[Nuevo Milenio]]></category>
		<category><![CDATA[Reseña]]></category>

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		<description><![CDATA[Norte Por: Giovanna Rivero Norte, no es realidad una sorpresa en la producción de Edmundo Paz Soldán. Se veía venir esta novela violenta, incorrecta, peligrosamente actual. Y es que Norte es el resultado de una inquieta búsqueda estética e ideológica de la que Edmundo ya había dado cuenta en Los vivos y los muertos publicada [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/07/Edición-boliviana-de-norte-11.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2011/07/Edición-boliviana-de-norte-11.jpg" alt="" title="Edición boliviana de norte 1" width="211" height="355" class="aligncenter size-full wp-image-3915" /></a></center><br />
<strong>Norte<br />
Por: Giovanna Rivero</strong></p>
<p><strong>Norte</strong>, no es realidad una sorpresa en la producción de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Edmundo_Paz_Sold%C3%A1n">Edmundo Paz Soldán</a>. Se veía venir esta novela violenta, incorrecta, peligrosamente actual. Y es que <strong>Norte</strong> es el resultado de una inquieta búsqueda estética e ideológica de la que Edmundo ya había dado cuenta en <strong>Los vivos y los muertos</strong> publicada en el 2009, trama en la que los secretos horrores de la clase media norteamericana, antes previsiblemente polarizada entre demócratas y republicanos, servía como trasfondo social para un <em>serial killer</em>, uno más de esos que regresan de las guerras con la psiquis destrozada. Sin embargo, en <strong>Los vivos y los muertos</strong> la zona oscura e inmoral norteamericana no estaba directamente vinculada con la presencia incómoda, protésica, digamos, de un migrante hispano o latino, y es precisamente este vínculo el corazón abyecto de esta novela con el súpercapitalizado título de <strong>Norte</strong>. </p>
<p>Hace poco leí una entrevista en la que Edmundo se reconocía como un escritor latino que escribe literatura norteamericana. Esto que parece un espejismo de la identidad inevitablemente esquizoide de los migrantes, al fin y al cabo siempre extranjero, es, sin embargo, un saludable síntoma de lucidez respecto a cómo un escritor decide vivir su experiencia histórica y volverla arte, literatura. <strong>Norte</strong> se atreve a ese compromiso político, un compromiso que no pasa por la narración proselitista de un determinado sistema de valores y las consecuencias de su transgresión, sino por el desnudamiento de las contradicciones, las ironías y los costos de ese sistema. Si prestamos  un poco de atención a las novelas o relatos que se escribieron durante la segunda mitad del siglo XX entorno a la migración hispana y/o latina hacia Estados Unidos tendremos que el exotismo costumbrista es el común denominador. La figura del migrante en esas narrativas se asentaba en núcleos semánticos positivos; abundaban pues protagonistas que respondían al perfil del migrante pobre trabajador”, “el migrante esperanzado que buscaba una vida mejor”, “el migrante que se adaptaba al sistema y tomaba de él su esencia más positiva, dando de sí lo mejor”. Sin embargo, desde los umbrales del siglo XXI, comienza a emerger la necesidad de caracterizar al sujeto migrante desde su lado más oscuro, tal vez respondiendo al imperativo de tensionar la reflexión sobre su estatus siempre inestable, siempre cambiante, en relación a un sistema que insiste en su expulsión, pero que al mismo tiempo lo necesita como factor antagónico en un momento histórico en que los antagonismos vuelven a ser corporales, raciales, étnicos, y como prueba contundente tenemos, claro, la controversial ley de Arizona.</p>
<p>Esta nueva lectura sobre el fenómeno de la migración latinoamericana hacia Estados Unidos comenzó a ser registrada en novelas como <strong>Missing</strong> (2010) del chileno Alberto Fuguet, en la que, por ejemplo, el sujeto migrante no alcanza ningún éxito sino el olvido total, la negación como autodefensa, la absoluta desconexión respecto a cualquier dinámica social, una especie de flecha retroactiva hacia un primitivismo posthumano. Con <strong>Norte</strong> alcanzamos, sin embargo, un epítome de ese amor-odio que el imperio ha ejercido sobre las comunidades del tercer mundo. El núcleo dramático de <strong>Norte</strong> se condensa en la figura de Jesús, un psicópata que encarna el doble juego patológico de esa imparable pulsión-repulsión.</p>
<p>Pero, ¿de qué va <strong>Norte</strong> con ese título polar, jugando a la lejanía? <strong>Norte</strong> fluye en tres historias que corren paralelas: La primera comienza, en efecto, con la historia del Jesús, un adolescente mexicano que se inicia como psicópata con un crimen accidental en la frontera, al mismo tiempo que comienza a trabajar transportando vehículos robados de un lado a otro. De modo que ilegalidad y psicopatía constituyen una trenza que Jesús sabrá tejer cada vez mejor a medida que conoce los lados <em>sissie</em> (blandengues) del sistema, los límites de corruptibilidad de las instituciones del orden y los hábitos de la enormísima y anónima sociedad <em>clasemediera</em> norteamericana. Viajando escondido en el tren, en cada estación Jesús asesina a un sinnúmero de mujeres con <em>modus operandi</em> cada vez más violentos y sexuales. El paso de Jesús por la cárcel es el relato de la reeducación del individuo, con sus métodos poco ortodoxos, claro, hasta convertirlo en un fanático, no importa de qué ideología, de qué religión, secta o deporte, el imperio necesita fanáticos. De modo que hacia el final de <strong>Norte</strong>, previa saga de argumentos judiciales en pro y contra e infaltables manifestaciones callejeras de los más progresistas, Jesús llega a rozar la popularidad de un <em>rockstar</em>, a tal punto que los cueros de los callos de sus pies también tienen precio. En paralelo, la historia de una joven doctorante enamorada de un profesor disfuncional, incapaz de alcanzar una posición <em>tenure</em> en su departamento de literatura debido a profundas depresiones narcisísticas, se cruzará solo accidentalmente con la del psicópata y con la figura de un pintor mexicano de los años treinta, un artista con retraso mental obsesionado con pintar trenes, ese otro símbolo del flujo natural entre dos países que son norteamericanos, como Estados Unidos y México, pero que parecen las antípodas de un mapa renacentista. El relato del artista sirve, tal vez, como fondo foucaltiano para entender cómo la sociedad norteamericana ha sido ambivalente en la medicación y reconocimiento de sus patologías sociales. Pero, si algo realmente une estas tres historias es la situación de migrancia en que se hallan todos los personajes, algunos en la ilegalidad, otros, como el profesor bipolar, protegidos por la comunidad académica en la que los valores estadounidenses parecen estar mejor contenidos y metaforizados como un correlato de los valores políticos que hoy por hoy se han radicalizado en ambos bandos, en demócratas, republicanos, con resultados sorpresivos como el <em><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Tea_Party_Movement">Tea Party</a></em>.</p>
<p>Pero, ¿qué hace tan violento este <em>thriller</em>? Creo que Edmundo escogió la opción más difícil, aquella que parece renunciar a la metáfora para acercarse a la realidad, pero que justamente por esa densidad alcanza la categoría de un símbolo al caracterizar al inmigrante ilegal como un psicópata Edmundo Paz Soldán desnuda las anomalías de un proteccionismo compulsivo impuesto en la frontera y “eufemizado” hasta el cinismo al interior del imperio. Al llevar a su extremo semántico y patológico la naturaleza desconocida del extranjero, la tarea política de la novela triunfa pues se aparta de las antiguas negociaciones felices que tanto explotaban las novelas de viaje, aquellos <em>bildungsroman</em> en los que el migrante se adapta, reproduce el modelo y muere casi estéril en su agencia política en esa nueva patria.</p>
<p>Inmaculada Jáuregui, en su ensayo <strong>Ideología, psicopatía y sociedad</strong> dice, por ejemplo, que uno de los grandes delirios o falacias de la modernidad ha consistido en creer que la realidad es una, uniforme, inmutable y no vulnerable a la vida interior del sujeto. “El delirio es de tal magnitud que resulta imposible apreciar la confusión producida entre el mapa y la realidad. Y cuanto más se persiste en este error, más profunda se hace la confusión entre ideología y enfermedad mental y más se impregna la enfermedad mental de ideología” (2). Jáuregui revisa la figura del psicópata hipermoderno, en efecto, bajo un prisma foucaltiano subrayando el hecho de que toda enfermedad es nomás una convención de los valores que rigen en un momento histórico en una sociedad y por ese motivo el psicópata que recrea Edmundo encarnaría la colisión de las más altas aspiraciones y los más profundos temores de Estados Unidos y lo que esta está dispuesto a hacer en los ámbitos institucionales y privados para defenderse ante esta nueva colonización bárbara.</p>
<p>Jesús es un psicópata al estilo clásico, cuya imposibilidad para sentir culpa o catalizar y sublimar los malos sentimientos en creaciones cotidianas lo suficientemente flexibles para sumarse a la infraestructura del producto interno bruto le obliga a convertir su participación en el sistema en un flujo catártico de destrucción literal, incapaz de la metáfora. En otras palabras, participa matando, que es sin duda un modo inolvidable de protagonismo.</p>
<p>Bien, pero ¿qué conductas o actitudes sociales condujeron a la aparición de un <em>Mexican Psycho</em>, para decirlo metaliterariamente, en la narrativa de Edmundo Paz Soldán? Si seguimos la taxonomía sugerida por Jáuregui, tendríamos que el protagonista de <strong>Norte</strong> es sin duda uno de los últimos psicópatas clásicos de la imaginería finisecular anglosajona. El más emblemático es, claro, el <strong>American Psycho</strong> (1991) de Bret Easton Ellis, y tal vez el que respira a través de la actuación de Javier Bardem en la adaptación de la novela de Comarc McCarthy, <strong>No Country for Old Men</strong> (2005), psicópatas ambos que se vuelcan contra la propia cultura que los engendró. La variante, en este sentido, es que el Mexican Psycho de Edmundo Paz Soldán emerge desde la periferia, la ilegalidad más precaria y el más sucio de los anonimatos para atacar una cultura ajena que lo expulsa y atrae. Podría afirmarse también que el psicópata mexicano es fruto de la tensión fronteriza y no el hijo semibastardo de una sola cultura. Por lo pronto, esa identidad mutante debe desplegar energías negativas, malditas, ya que la identidad del sujeto ilegal reside aún en “lo innombrable”, de ahí que no es gratuito que Jesús dedique todos sus crímenes al Innombrable, una especie de dios satánico que avala sus iracundas performances.</p>
<p>Pero además, desde la biopolítica, Jean Baudrillard dice que “No es casualidad que hoy se hable tanto de inmunidad, de anticuerpo, de transplante y de rechazo. En una fase de penuria nos preocupamos de absorber y de asimilar. En una fase pletórica el problema consiste en rechazar y en expulsar” (54). La migración, en ese sentido, no escapa a un diagnóstico biopolítico, especialmente si se trata de ilegales, es decir, solo cuerpos, organismos no deseados que ingresan a la comunidad legítima para parasitar de ella.</p>
<p><em>Ya había pasado la época en que la misión de la policía era calmar los ánimos exaltados de la población, ofrecer la seguridad de que el orden volvería a ser restaurado. Corrían tiempos histéricos en los que la policía, para ganar la partida, debía azuzar los ánimos de la gente; hacerles ver su inseguridad, motivarlos a denunciar al sospechoso que merodeaba por su vecindario, despertar en ellos el fervor de la turba dispuesta a linchar a un extraño por el solo hecho de ser un extraño (89)</em></p>
<p>El núcleo dramático articulado por Jesús, el psicópata, objetiviza eso que, por otra parte, Slavoj Zizek llama el “antagonismo soterrado”, puesto que una constante en <strong>Norte</strong> es el tipo de víctima que cataliza sexualmente la rabia del ilegal. Se trata de mujeres, rubias en su mayoría, de la clase media norteamericana, o si son morenas, se suponen mexicanas o centroamericanas y se han aculturado a tal punto que el español apenas les sirve para pedir piedad. Así, cuando el psicópata ingresa en las viviendas de esa comunidad ya inoperante para violar y acuchillar en los ojos a las mujeres y luego arrastrar sus vísceras, su primera pulsión es la de la suplantación, la de la teatralización de una vida posible, legítima y luego abyecta en el corazón de la sociedad gringa:</p>
<p><em>No le costó nada saltar la barda, cruzar el jardín, llegar a la ventana. La abrió por completo y se encontró en una sala con sillones antiguos y un piano cubierto por una funda de plástico. Hojeó las revistas sobre una mesita al lado de un sofá –People, AARP Magazine–, y por un momento se imaginó con una vida prestada en ese país que no era el suyo, recibiendo amigos durante las noches, cortando el césped los sábados por la mañana, viendo televisión con su mujer e hijos los domingos por la noche, un perro o un gato a sus faldas. Le dio asco esa fantasía, tener esa vida. (82)</em></p>
<p>Y, en efecto, Jesús no forma parte de ningún proyecto, los proyectos políticos, a decir de Baudrillard, ya no son posibles en la hipermodernidad, solo es posible, real y vital la repugnancia. Jesús, sin embargo, conoce perfectamente el sistema y es hábil a la hora de crearse falsas tarjetas de seguridad social, seguros médicos, licencias de conducir, sabiendo que es la nominalidad lo que funciona en el sistema, mientras simultáneamente se permite, desde las entrañas de la cárcel la libertad y el derecho de opinar y simpatizar u odiar a los líderes patrios:</p>
<p><em>Ése era el viaje que había iniciado cuando lo metieron a la cárcel nuevamente, debía terminarlo. Clinton acababa de ser reelegido, eso lo tenía de mal humor. Habría más Wacos y más bombas sobre Sarajevo. (160)</em></p>
<p><em>Seguía las noticias y se enteró de la guerra en Afganistán y se alegró porque Bush no podía encontrar a Bin Laden. Había mujeres que le escribían y cazadores de autógrafos. Vendía su firma por cincuenta dólares. Vendía mechones de su cabello. Llegó a vender los callos de sus pies. Pinches gringos, estaban retelocos. (272)</em></p>
<p>Finalmente, la novela de Paz Soldán juega a la re-estabilización del imperio cuando le devuelve a la figura del policía la capacidad del control social: “Recordó la letra de un corrido: <em>Decía Gregorio Cortéz / con su pistola en la mano: / No corran, rinches cobardes. / con un solo mexicano.</em> Qué irónico que ahora él fuera un rinche que perseguía a un mexicano cobarde” (203). De todos modos, este juego es aparente en tanto que Jesús ha conquistado una singularidad que lo diferencia de manera rotunda de la masa ilegal y de los psicópatas civilizados que, en lugar de rebelarse contra el sistema, lo confirman al asumir en sí mismos los residuos emocionales de una comunidad aterrada, como es el caso del académico depresivo que Edmundo pinta como un personaje débil, víctima de su propio ego y al que el fenómeno de la migración ha terminado de enajenar, quizás porque, dicho sea de paso, el discurso y pensamiento académico es sordo y está lejos de la agencia negativa del <em>serial killer</em> fronterizo que en cambio conquista su identidad, horrorosa sí, pero suya, en base a batallas corporales, al contacto total de los cuerpos, ilegales contra legítimos. De ahí que <strong>Norte</strong> me haga pensar tanto en la película del directo Simon Rumley, Red, White and Blue, que muestra a un psicópata en la zona de Texas, cuyo uniforme para torturar y asesinar es nada más y nada menos que una chaqueta de jean con la bandera de estados unidos en la espalda. Jesús también se pone su chaqueta imaginaria, pero en la suya hay dos banderas, o tres, o cuatro, las banderas de una hispanidad abyecta que no puede arrancarse a Estados Unidos del corazón, porque Estados Unidos ya no será el American Dream de antes, pero sigue siendo un sueno húmedo.</p>
<p>Edmundo ha sido muy arriesgado e inteligente al plantear con <strong>Norte</strong> una necesaria crítica: diferenciar el tráfico de la migración, diferenciar la ley de la compulsión de poder, diferenciar el derecho soberano a la protección de la post-humana xenofobia cruda. Y, fundamentalmente, pintar el doloroso desamparo del ilegal en el Mal de la psicopatía, que es otra forma de migración. De ahí que el sujeto migrante esté enfermo de desarraigo, como cuando se describe en <strong>Norte</strong>:</p>
<p><em>Había hecho intentos desesperados de arraigarse a algo, pero siempre, inevitable, regresaba el deseo de partir. Pocas veces se había sentido tan protegido como cuando cruzaba el río y se montaba en los trenes de carga y se tiraba en el suelo del vagón vacío o asomaba su cabeza por la puerta entreabierta del compartimiento y una brisa fresca hacía contacto con sus mejillas y la camisa se le pegaba al cuerpo y desfilaban a su lado los desiertos, los campos de maíz y tabaco, los pueblos y las ciudades. (219)<br />
</em><br />
En definitiva, <strong>Norte</strong> sí es una novela norteamericana narrada por un escritor ampliamente latinoamericano, que reinventa ese Norte deseado en un tropo de tensión, subvirtiendo el sueño americano del siglo XX en el purgatorio de la confrontación posnacional, batalla que el sujeto del siglo XXI debe encarar para encontrar su lugar en el mundo, un lugar diferido, dislocado, transhumano, a la intemperie de todo proyecto político, pero suyo por conquista. Felicidades, querido Edmundo, por este <em>thriller</em> que se nos hacía urgente cuando, queramos o no, ya hemos cruzado la primera década del siglo XXI y una muerte en México o en Tijuana, debe ser sentida como una muerte en casa. Es lo que nos ha tocado y vos te atrevés a encararlo.</p>
<p><em>Fuente: Editorial Nuevo Milenio</em></p>
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		<title>Norte: narrativa de frontera</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Jul 2011 22:36:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Novela]]></category>
		<category><![CDATA[Reseña]]></category>

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<strong>Norte: narrativa de frontera<br />
Por: Roberto Laserna</strong></p>
<p>Edmundo Paz Soldán acaba de publicar <strong>Norte</strong>, abriendo con ese libro su relación con la prestigiosa casa editorial Mondadori (y renovándola con la no menos exigente Nuevo Milenio). </p>
<p>Como es frecuente, los lectores pueden encontrar que el título no es un indicador suficientemente claro del contenido. En efecto, la novela ha sido presentada como un entramado de historias de migrantes que se pierden buscando un nuevo futuro en el norte, cuando en los hechos tenemos tres historias que apenas se tocan entre sí y que, más que tratar de la búsqueda del norte, ocurren en la frontera. </p>
<p>De las tres historias la que arma la novela es la de un asesino múltiple que durante años usa el tren para desplazarse en busca de negocios fáciles y, al hacerlo, asesina al azar y con terrible crueldad. Está basada en una historia real pero Paz Soldán se libera de ella al cambiar algunos nombres de personas y lugares. La historia es cruda y está narrada con la frialdad de Roberto Bolaños en su agobiante <a href="http://www.time.com/time/arts/article/0,8599,1857951,00.html">2666</a>. Es inevitable recordar esa novela por la narrativa brutal, directa y de cirujano, que se emplea en la descripción de los crímenes. A diferencia de Bolaños, sin embargo, esta parte de la novela desarrolla más la perspectiva del asesino que la de las víctimas o de los policías, acercándose a la narrativa de Cormac McCarthy, que es probablemente el novelista que más ha descubierto su creatividad literaria en la frontera. </p>
<p>La segunda historia parece aliviar en algo la anterior presentando un extraño triángulo amoroso que tiene en un vértice a Michelle, una estudiante que quiere producir novelas gráficas, y en los otros a un profesor cuyo efímero genio se agotó, y a un estudiante que espera los retornos de Michelle a la cordura del estudio. </p>
<p>La tercera historia, posiblemente la más breve de las tres, narra la biografía del pintor esquizofrénico Martín Ramírez, un verdadero genio de la plástica que adquirió esa capacidad expresiva en los manicomios luego de haber trabajado como laborero temporal en California. La historia de Ramírez es fascinante y es en ella que Paz Soldán alcanza, a mi parecer, su mayor fuerza narrativa. Se trata, en verdad, de una pequeña joya, ya que en las restricciones de una apurada biografía despliega una narrativa convincente a pesar de ubicarse en el punto de vista del pintor loco. </p>
<p>Dos de las tres historias están basadas en hechos reales y en personajes más o menos conocidos, sobre los que se ocuparon la prensa y otros autores. Este hecho configura un desafío muy grande para un narrador, pues debe trabajar dentro de las limitaciones de historias sabidas y tratando de dar vida a personajes que no conoció pero que tampoco puede inventar. Muchos escritores han naufragado en ese tipo de esfuerzos. Paz Soldán no. Al contrario, él logra dar energía vital a los personajes y hace que sus historias sean verosímiles, demostrando con ello profesionalismo de escritor.<br />
La historia de Michelle y sus amores imperfectos, para recordar un libro de cuentos del mismo autor, no pasa de ser para mi gusto un relleno prescindible aunque, quién sabe, sin ella serían insoportables la crueldad y la tragedia de las otras. </p>
<p>En cuanto al contenido, tengo la impresión de que <strong>Norte</strong> contribuye a la comprensión de la frontera no como una línea que separa dos entidades políticas o sociales, sino más bien como una bruma en la que se encuentran y fusionan las periferias. Dos de las historias ocurren en la frontera física entre México y Estados Unidos y la otra en la frontera mental entre la memoria y la locura. En esa bruma se disuelven las vigilancias y los mecanismos de control, lo que facilita las transgresiones. Algunos no pueden resistir ese descubrimiento y se precipitan en los excesos, como el asesino del ferrocarril. Otros, al no poder volver, pierden la razón al tratar obsesivamente de salvaguardar la memoria, como podría ser el caso de Martín Ramírez. Y otros, finalmente, intentarán salvarse en el amor, el sexo y la creación artística, como parece intentarlo Michelle. Pero se trata de casos extremos entre los cuales, seguramente, se encuentra la mayoría de quienes viven en esa bruma que es la frontera. </p>
<p>Lo anterior resume lo que dije en la presentación de <strong>Norte</strong> en Cochabamba. Al salir del auditorio se me acercó una persona y me preguntó de frente: Y al final, ¿le gustó o no? </p>
<p>Como supuse que quería reservarse mi nombre como posible culpable, lo que hice fue mostrarle mi copia que acababa de comprar. Esto es literatura, pensé decirle, mucho más que cuestión de gustos. Y la dejé buscando el autógrafo que agregaría valor a su ejemplar.</p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
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