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	<title>Ecdotica &#187; Novela</title>
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	<description>Noticias literarias, descarga de libros gratuitos, selección de cuentos de manera mensual</description>
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		<title>Reseña inédita a La caja mecánica</title>
		<link>http://www.ecdotica.com/2010/07/23/resena-inedita-a-la-caja-mecanica/</link>
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		<pubDate>Fri, 23 Jul 2010 14:12:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Novela]]></category>
		<category><![CDATA[Nuevo Milenio]]></category>
		<category><![CDATA[Reseña]]></category>

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		<description><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/07/la-caja-mecanica.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/07/la-caja-mecanica.jpg" alt="" title="la caja mecanica" width="225" height="326" class="aligncenter size-full wp-image-3105" /></a></center><br />
<strong>La tensión de una caja mecánica<br />
Por: Christian J. Kanahuaty </strong></p>
<p>Miguel Ángel Gálvez ganó el 2000 el primer Premio Nacional de Primera Novela Nuevo Milenio, con la novela <strong>La Caja Mecánica</strong>. Eso me atrajo, debo confesarlo, a la novela &#8211;lo que no garantizaba que la lectura iba a ser placentera, como realmente lo fue&#8211;, pero comento lo que llamó mi atención: </p>
<p>La lectura de la novela me generó, desde el inicio, una gran tensión y esto se debió a que a medida que la trama se va desarrollando el autor logra un cierto nivel comunicativo intertextual. Me explico: la novela narrada en primera persona tiene el aliento de novelas emblemáticas del terror y del suspenso clásico. Hay cierto ánimo que nos hace recuerdo a <strong>Las aventuras de Arthur Gordon Pym</strong> de Edgar Allan Poe, pero también en cuanto a su manejo del miedo y de lo latente no visto, se acerca a, por ejemplo, <strong>El Terror de Dumwish</strong> y <strong>El que asecha en el oscuridad</strong> de Lovecraft; porque si bien hay algo que se planta como misterio desde el inicio y luego se revela como artefacto del mal: la caja mecánica, ella, <em>La Caja</em>, nunca se pierde de vista, es el centro de toda la narración. </p>
<p>Y aquí es cuando la novela no sólo reconstruye el género de terror o misterio, sino que se adentra en un pasaje aún más profundo al dialogar con cierta tradición narrativa que a decir de Italo Calvino, <em>“diremos que desde que un objeto aparece en una narración, se carga de una fuerza especial, se convierte en algo como el polo de un campo magnético, un nudo de una red de relaciones invisibles. El simbolismo puede ser más o menos explícito, pero existe siempre. Podríamos decir que en una narración un objeto es siempre un objeto mágico”(*)</em>. En el caso de la novela de Gálvez, es justo esto lo que pasa, el objeto que nos convoca a la reunión en el departamento de Arturo (personaje central de la novela) es la caja mecánica, y es ella la que luego desplegará sus poderes hacia todo lo que la rodea. Al principio pensamos que Beto, el sobrino de Arturo, puede ser mucho más importante que la caja misma y que la caja es sólo una distracción y que el peso de la narración caerá sobre él en cualquier momento, pero no, es sólo un artilugio más. </p>
<p>Y puede que en ese sentido se encuentre el otro aspecto importante de la novela. El hecho de que el mismo autor va construyendo la novela de a poco, sin premeditación; él mismo disfruta de la historia que se está contando a sí mismo. No conoce el final, no conoce el nudo, pero quiere contarlo. Por ello tal vez muchas de las entradas al diario que hacen de capítulos, empiecen de la misma forma, y bajo el mismo aliento. Si uno fuera quisquilloso, desecharía la novela por ésta extraña imperfección, pero si uno sigue leyendo, se dará cuenta que esa aparente imperfección está gobernada por el estado de animo del narrador de la historia y no del autor de la novela. Pues hay que saber dividir estas dos personas para poder estar plenamente dentro de la novela: el autor no es el narrador de <strong>La caja mecánica</strong>, el narrador de La caja es Arturo, el personaje central de la novela. </p>
<p>Cuando Calvino nos dice que el objeto mágico aparece para convertirse en el centro mismo de la narración no está haciendo otra cosa que dar su punto de vista, surgido a partir, en principio de su actividad como lector, y luego como narrador, porque para decir eso, recuerda una leyenda medieval que tiene como protagonista a Carlomagno. Doy ese rodeo porque creo que Gálvez, tal vez, sin proponérselo, hace su propio camino dentro de la narrativa boliviana. Su novela es algo completamente nuevo en nuestro espectro y quizá los únicos antecedentes de algo semejante sean <strong>La piedra imán</strong> de Jaime Saenz y <strong>La muerte mágica</strong> de Oscar Cerruto. </p>
<p>En la novela hay un gran despliegue de situaciones a cuarto cerrado, no ocurre nada concreto en el exterior del departamento donde está situado el narrador, salvo claro uno de los pasajes finales y violentos de la novela. Todo es un ir y venir a través de los recuerdos y las pesadillas de Arturo, nos movemos con él, como quien se mueve con alguien a través de un campo cubierto de bruma, en medio del amanecer. Los objetos inanimados, son vividamente retratados y tienen, por supuesto, cierta influencia en nosotros, como lectores. No es que sean imágenes, son cosas vivas que se mueven, por eso decía que todo en la novela de Gálvez oculta y encubre algo latente; algo que desde el principio está mal, o si no lo esta, al menos está descompuesto, averiado y es interesante que sean éstos adjetivos los que use, porque después de todo, la novela trata de una caja mecánica que empieza a sufrir ciertos cambios en su funcionamiento. </p>
<p>La novela se podría leer en claves de la modernidad, pero también en claves de mecanicista. Pero esas notas que uno podría sacar de la novela, quizá sólo encubran aún más lo que la novela intenta contar y no quiero decir que sea leída con un armazón culturalista. No, lo que digo es que la novela se juegue la trama por su propio tema. Porque su propio acercamiento al tema. Porque en última instancia si <em>todos</em> los temas ya han sido trabajados, lo que nos queda es dar un nuevo sentido y organizarlos de una forma no sólo novedosa sino intrépida y eso es lo que Gálvez logra con <em>La caja</em>, y a mi juicio eso es lo que lo hace un buen narrador: tiene un punto de vista propio, intimo y es capaz de exponerlo y seducirnos con él. </p>
<p>Finalmente, la novela no deja puntos rotos, se cierra sobre sí misma, hay sí un final abierto que presumiblemente desencadene en unos hechos, por decirlo de alguna manera, más vertiginosos que los que hemos presenciado hasta ese momento, pero, eso ya no es cosa del autor, sino de los lectores. Y puede, entonces, que las únicas preguntas sean ¿qué pasó con Gálvez? ¿Dónde se encuentra? ¿Por qué no publicó nada más después de <strong>La Caja mecánica</strong>, o es que yo no me enterado que ha publicado algo nuevo? Y si no publicado nada más tras <em>La caja</em>, ¿por qué algunos narradores sólo necesitan de una (muy) buena primera novela para poder desaparecer?  </p>
<p><strong>NOTAS</strong></p>
<p>(*) Italo Calvino, Seis propuestas para el próximo milenio. Editorial Siruela, 2001, España.  Pág. 47. </p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/07/la-caja-mecanica.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/07/la-caja-mecanica.jpg" alt="" title="la caja mecanica" width="225" height="326" class="aligncenter size-full wp-image-3105" /></a></center><br />
<strong>La tensión de una caja mecánica<br />
Por: Christian J. Kanahuaty </strong></p>
<p>Miguel Ángel Gálvez ganó el 2000 el primer Premio Nacional de Primera Novela Nuevo Milenio, con la novela <strong>La Caja Mecánica</strong>. Eso me atrajo, debo confesarlo, a la novela &#8211;lo que no garantizaba que la lectura iba a ser placentera, como realmente lo fue&#8211;, pero comento lo que llamó mi atención: </p>
<p>La lectura de la novela me generó, desde el inicio, una gran tensión y esto se debió a que a medida que la trama se va desarrollando el autor logra un cierto nivel comunicativo intertextual. Me explico: la novela narrada en primera persona tiene el aliento de novelas emblemáticas del terror y del suspenso clásico. Hay cierto ánimo que nos hace recuerdo a <strong>Las aventuras de Arthur Gordon Pym</strong> de Edgar Allan Poe, pero también en cuanto a su manejo del miedo y de lo latente no visto, se acerca a, por ejemplo, <strong>El Terror de Dumwish</strong> y <strong>El que asecha en el oscuridad</strong> de Lovecraft; porque si bien hay algo que se planta como misterio desde el inicio y luego se revela como artefacto del mal: la caja mecánica, ella, <em>La Caja</em>, nunca se pierde de vista, es el centro de toda la narración. </p>
<p>Y aquí es cuando la novela no sólo reconstruye el género de terror o misterio, sino que se adentra en un pasaje aún más profundo al dialogar con cierta tradición narrativa que a decir de Italo Calvino, <em>“diremos que desde que un objeto aparece en una narración, se carga de una fuerza especial, se convierte en algo como el polo de un campo magnético, un nudo de una red de relaciones invisibles. El simbolismo puede ser más o menos explícito, pero existe siempre. Podríamos decir que en una narración un objeto es siempre un objeto mágico”(*)</em>. En el caso de la novela de Gálvez, es justo esto lo que pasa, el objeto que nos convoca a la reunión en el departamento de Arturo (personaje central de la novela) es la caja mecánica, y es ella la que luego desplegará sus poderes hacia todo lo que la rodea. Al principio pensamos que Beto, el sobrino de Arturo, puede ser mucho más importante que la caja misma y que la caja es sólo una distracción y que el peso de la narración caerá sobre él en cualquier momento, pero no, es sólo un artilugio más. </p>
<p>Y puede que en ese sentido se encuentre el otro aspecto importante de la novela. El hecho de que el mismo autor va construyendo la novela de a poco, sin premeditación; él mismo disfruta de la historia que se está contando a sí mismo. No conoce el final, no conoce el nudo, pero quiere contarlo. Por ello tal vez muchas de las entradas al diario que hacen de capítulos, empiecen de la misma forma, y bajo el mismo aliento. Si uno fuera quisquilloso, desecharía la novela por ésta extraña imperfección, pero si uno sigue leyendo, se dará cuenta que esa aparente imperfección está gobernada por el estado de animo del narrador de la historia y no del autor de la novela. Pues hay que saber dividir estas dos personas para poder estar plenamente dentro de la novela: el autor no es el narrador de <strong>La caja mecánica</strong>, el narrador de La caja es Arturo, el personaje central de la novela. </p>
<p>Cuando Calvino nos dice que el objeto mágico aparece para convertirse en el centro mismo de la narración no está haciendo otra cosa que dar su punto de vista, surgido a partir, en principio de su actividad como lector, y luego como narrador, porque para decir eso, recuerda una leyenda medieval que tiene como protagonista a Carlomagno. Doy ese rodeo porque creo que Gálvez, tal vez, sin proponérselo, hace su propio camino dentro de la narrativa boliviana. Su novela es algo completamente nuevo en nuestro espectro y quizá los únicos antecedentes de algo semejante sean <strong>La piedra imán</strong> de Jaime Saenz y <strong>La muerte mágica</strong> de Oscar Cerruto. </p>
<p>En la novela hay un gran despliegue de situaciones a cuarto cerrado, no ocurre nada concreto en el exterior del departamento donde está situado el narrador, salvo claro uno de los pasajes finales y violentos de la novela. Todo es un ir y venir a través de los recuerdos y las pesadillas de Arturo, nos movemos con él, como quien se mueve con alguien a través de un campo cubierto de bruma, en medio del amanecer. Los objetos inanimados, son vividamente retratados y tienen, por supuesto, cierta influencia en nosotros, como lectores. No es que sean imágenes, son cosas vivas que se mueven, por eso decía que todo en la novela de Gálvez oculta y encubre algo latente; algo que desde el principio está mal, o si no lo esta, al menos está descompuesto, averiado y es interesante que sean éstos adjetivos los que use, porque después de todo, la novela trata de una caja mecánica que empieza a sufrir ciertos cambios en su funcionamiento. </p>
<p>La novela se podría leer en claves de la modernidad, pero también en claves de mecanicista. Pero esas notas que uno podría sacar de la novela, quizá sólo encubran aún más lo que la novela intenta contar y no quiero decir que sea leída con un armazón culturalista. No, lo que digo es que la novela se juegue la trama por su propio tema. Porque su propio acercamiento al tema. Porque en última instancia si <em>todos</em> los temas ya han sido trabajados, lo que nos queda es dar un nuevo sentido y organizarlos de una forma no sólo novedosa sino intrépida y eso es lo que Gálvez logra con <em>La caja</em>, y a mi juicio eso es lo que lo hace un buen narrador: tiene un punto de vista propio, intimo y es capaz de exponerlo y seducirnos con él. </p>
<p>Finalmente, la novela no deja puntos rotos, se cierra sobre sí misma, hay sí un final abierto que presumiblemente desencadene en unos hechos, por decirlo de alguna manera, más vertiginosos que los que hemos presenciado hasta ese momento, pero, eso ya no es cosa del autor, sino de los lectores. Y puede, entonces, que las únicas preguntas sean ¿qué pasó con Gálvez? ¿Dónde se encuentra? ¿Por qué no publicó nada más después de <strong>La Caja mecánica</strong>, o es que yo no me enterado que ha publicado algo nuevo? Y si no publicado nada más tras <em>La caja</em>, ¿por qué algunos narradores sólo necesitan de una (muy) buena primera novela para poder desaparecer?  </p>
<p><strong>NOTAS</strong></p>
<p>(*) Italo Calvino, Seis propuestas para el próximo milenio. Editorial Siruela, 2001, España.  Pág. 47. </p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
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		<title>Sabayoneses de Darwin Pinto</title>
		<link>http://www.ecdotica.com/2010/07/06/sabayoneses-de-darwin-pinto/</link>
		<comments>http://www.ecdotica.com/2010/07/06/sabayoneses-de-darwin-pinto/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 06 Jul 2010 14:37:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Alejandría]]></category>
		<category><![CDATA[Novela]]></category>

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		<description><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/07/sabayoneses.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/07/sabayoneses.jpg" alt="" title="sabayoneses" width="207" height="290" class="aligncenter size-full wp-image-3064" /></a></center><br />
<strong>Sabayoneses<br />
Por: Wolfango Montes</strong></p>
<p>Perspicaz periodista y novelista de opulenta imaginación, Darwin Pinto nos trae en su segunda obra de ficción la saga de la familia Drake. No es una novela para mojigatos y sensibleros. Para recorrer sus páginas debemos soportar el espectáculo de la violencia, del machismo sin frenos, del sexo energúmeno.  Pero su lectura no es gratuita, nos lleva a las entrañas del poder y del comportamiento de los poderosos. El personaje central es el coronel Drake, un hombre de apetitos colosales y de voluntad titánica. Alcides Arguedas lo describiría como un caudillo bárbaro. En conversaciones con un fantasma recuerda la historia de su vida, que es la crónica de su nación, que es la leyenda de tantos caudillos barbaros que dominaron nuestra patria. Llega a las librerías en un momento en que necesitamos reflexionar sobre nuestro pasado, sobre todo porque se imbrica en el presente y se adhiere a nuestra piel como una sarna, de la que no podemos librarnos. La violencia, la concupiscencia, el alarde y la locura se repiten en <strong>Sabayoneses</strong> como si se tratara de un Eterno Retorno de la insensatez universal.  Nos prende la respiración con su tonalidad airada, y cuando la historia parece haberse acabado, aparece el último vástago de la familia Drake, gordo y diferente de sus hermanos; no nos engañemos, entramos ya en la era capitalista, los caudillos bárbaros ahora se disfrazan de ciudadanos comunes. </p>
<p><em>Fuente: Ecdótica tomado de la contratapa del libro </em></p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/07/sabayoneses.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/07/sabayoneses.jpg" alt="" title="sabayoneses" width="207" height="290" class="aligncenter size-full wp-image-3064" /></a></center><br />
<strong>Sabayoneses<br />
Por: Wolfango Montes</strong></p>
<p>Perspicaz periodista y novelista de opulenta imaginación, Darwin Pinto nos trae en su segunda obra de ficción la saga de la familia Drake. No es una novela para mojigatos y sensibleros. Para recorrer sus páginas debemos soportar el espectáculo de la violencia, del machismo sin frenos, del sexo energúmeno.  Pero su lectura no es gratuita, nos lleva a las entrañas del poder y del comportamiento de los poderosos. El personaje central es el coronel Drake, un hombre de apetitos colosales y de voluntad titánica. Alcides Arguedas lo describiría como un caudillo bárbaro. En conversaciones con un fantasma recuerda la historia de su vida, que es la crónica de su nación, que es la leyenda de tantos caudillos barbaros que dominaron nuestra patria. Llega a las librerías en un momento en que necesitamos reflexionar sobre nuestro pasado, sobre todo porque se imbrica en el presente y se adhiere a nuestra piel como una sarna, de la que no podemos librarnos. La violencia, la concupiscencia, el alarde y la locura se repiten en <strong>Sabayoneses</strong> como si se tratara de un Eterno Retorno de la insensatez universal.  Nos prende la respiración con su tonalidad airada, y cuando la historia parece haberse acabado, aparece el último vástago de la familia Drake, gordo y diferente de sus hermanos; no nos engañemos, entramos ya en la era capitalista, los caudillos bárbaros ahora se disfrazan de ciudadanos comunes. </p>
<p><em>Fuente: Ecdótica tomado de la contratapa del libro </em></p>
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		<title>Revisitando a Caicedo, esta vez con música</title>
		<link>http://www.ecdotica.com/2010/06/02/revisitando-a-caicedo-esta-vez-con-musica/</link>
		<comments>http://www.ecdotica.com/2010/06/02/revisitando-a-caicedo-esta-vez-con-musica/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 02 Jun 2010 20:28:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículo]]></category>
		<category><![CDATA[Autores]]></category>
		<category><![CDATA[Novela]]></category>

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		<description><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/06/que-viva-la-música.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/06/que-viva-la-música.jpg" alt="" title="que viva la música" width="229" height="389" class="aligncenter size-full wp-image-2981" /></a></center><br />
<strong>Revisitando a Caicedo, esta vez con música<br />
Por: Christian J. Kanahuaty </strong></p>
<p><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Andr%C3%A9s_Caicedo">Caicedo</a> es inigualable, escribe la novela <strong><a href="http://www.ecdotica.com/biblioteca/caicedo,%20andres%20-%20que%20viva%20la%20musica.pdf">¡Que viva la música!</a></strong> de marzo de 1973 a diciembre de 1974 la que a mi gusto se convierte en aguas silenciosas, o mejor, en una bomba de tiempo que estallará sin que nadie se dé mucha cuenta de ello. </p>
<p>Escribí en una nota anterior de Caicedo al referirnos al libro que montó<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Alberto_Fuguet"> Alberto Fuguet</a> alrededor de sus cartas y sus notas sobre cine, pero ahora nos ocupa para reflexionar sobre algunos puntos de su escritura y de su propuesta. Para empezar, habrá que decir que la novela <strong>¡Que viva la música! </strong> está narrada por una mujer, un personaje femenino bastante explosivo, una chica que sólo quiere divertirse, pasar la noche en una sala de baile y no importa si ésta es de un salón concurrido o en las cuatro paredes de una casa oscura ubicada en algún lugar remoto de la ciudad. Ahí radica todo: en el espacio, porque Caicedo se preocupa de otros detalles, no se establece el espacio de por sí, sino a partir de ciertas acciones de sus personajes, es decir, que la ciudad que él crea es el lugar donde pertenecen sus creaciones lo que se va armando poco a poco, a medida que ingresan en ella, se podría decir incluso que los mismos personajes no conocen a ciencia cierta la ciudad dónde están entrando. </p>
<p>Otro detalle es el audio, no sólo las referencias musicales, que oscilan desde el rock hasta la salsa, el merengue o el ballenato, sino la oralidad de sus personajes, se entiende al instante que sí son colombianos, pero influenciados por la música y el inglés, aparecen a momentos ciertas palabras que hacen una suerte de <em><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Spanglish">spanglish</a></em> socializador y catalizador. El lenguaje y las referencias musicales son lugares que configurarán la identidad de éstos jóvenes. </p>
<p>Y así uno podría leer que la novela está construida en tono de ajusticiamientos contra los sistemas culturales o los medios de comunicación o la gran maquinaria que nos da cosas materiales y objetos culturales pop para sentirnos parte de un mundo que somos incapaces de (re)conocer. Un mundo que sólo se entiende a partir de lo que se puede consumir, o de lo que se espera consumir. Pero no, porque la música, las radiograbadora o los dicos de vinil son sólo el decorado, pienso que Caicedo está poniendo esos objetos ahí como ahora lo haríamos con un ipod, o un DVD, o una camisa estampada con la cara de Leonard Cohen, es decir, son objetos, símbolos que representan más que las palabras a quienes se quiere representar: los personajes. Ellos y sólo ellos poseen la verdad en Caicedo, por eso la voz de la narradora es importante, por eso la dosis extra de que sea mujer y su “sensibilidad” sea, por decirlo de alguna manera, dócil y a la vez aguerrida y sumamente juguetona. Cosa que no sucedería con una voz masculina, aunque claro que ha habido casos posteriores, ciertos cuentos de Rodrigo Fresán, o algunos pasajes de novelas como <strong>Mala Onda</strong> o <strong>Por Favor, rebobinar</strong>, o pasajes de <strong>Río Fugitivo</strong> e incluso momentos en que hay una tónica que nos recuerda Vargas Llosa y Donoso, claro que sólo éstos dos últimos podrían de alguna manera definirse como contemporáneos a Caicedo.  </p>
<p>La narrativa versaba en otros temas ya que eran tiempos de dictaduras y de compromiso político, de ideologías y de historicidad en la literatura. La literatura al servicio de la sociedad más, incluso, que el periodismo o más incluso que la misma historia o las sociologías existentes fue la narrativa de los países latinoaméricanos la que funcionó como un sistema de interpelación en muchos casos, bastante sólido, hacia los regimenes totalitarios. Pero Caicedo se desmarca de todo eso y escribe la novela urbana que nosotros, hoy, en pleno 2010, deseamos leer y escribir. Lo hace bajo una sola consigna, entregarlo todo en ese manuscrito, no quiere ser total, no estará TODA la ciudad en su novela, pero sí la que él entiende como suya. </p>
<p>Y ahí radica su apuesta mayor. Es un rompe aguas dijimos con anterioridad y se debe también a ésta apuesta que mueve el punto de mira y pide que se ponga atención a esas otras cosas que estaban pasando en una ciudad como <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cali">Cali</a> que ahí sí se convierte en el microcosmos ejemplar de lo que podía estar pasando en las ciudades que no eran la capital del país o el centro del poder político. El peso de la periferia es importante porque le permite pensarse de una forma nueva y radicalmente despojada de imposturas políticas, lo que no hay en Caicedo es política, hay aires nuevos de descubridor de una época que se siente está cambiando, pero que al mismo tiempo, no se pretende entenderla, sino sumergirse en ella, ser parte de los tiempos que van cambiando. </p>
<p>Ese Caicedo es importante, es un detonador capaz de adelantarse en el tiempo y poner por escrito los debates que se tendrán en Bolivia, Perú, Argentina y Chile con respecto a los “nuevos” escritores latinoamericanos y su rol dentro de sus países. O la forma que tendrá su compromiso político dentro de sus escritos. Ese debate que nos cuestiona sobre el terreno de la literatura y sus temas, Caicedo ya lo resolvió sin hacerse tanto problema. Caicedo la única preocupación que tenía era la de dejar una obra antes de partir, o sea, de matarse luego de cumplir los 25 años. Su apuesta y su vida giran sobre esto, dejar una obra y escribirla y escribirla y escribirla, sin importa cómo, pero hacerlo, porque sólo así podría dejar un testimonio de su paso por éstas tierras. Y al mismo tiempo quería entender su condición de joven, tartamudo, tímido, lúcido y diferente dentro de sus textos, de las películas que veía y de los libros que fue leyendo y analizando. </p>
<p>Y quizá en ese espacio radica su imperfección. El apresuramiento, que muchos de nosotros sentimos por publicar, más y más, para que nos lean y conozcan fue también un signo de Caicedo; hay pasajes en <strong>¡Que viva la música!</strong> que son de una belleza incalculable y de una fuerza visual fortísima, pero se pueden leer otros que hubieran podido ser mejores, como si el manuscrito descansando un poco habría tenido el chance de madurar más y convertirse en algo mejor, pero eso, lo sabemos bien, en literatura y más que todo, en la novela, es también ser demasiado especulador; porque nunca lo podremos saber y mucho menos comprobar. Lo que tenemos es lo que hay y punto. Y sí, por supuesto habrán quienes nos digan que a veces la imperfección es un acto conciente del escritor, porque no desea entregarnos una novela perfecta, sino una novela honesta, real y si eso depende de sus imperfecciones y cuestiones irresueltas, pues el precio es menos del que se pensó. No importan las imperfecciones a la larga, lo relevante es lo que esa novela es capaz de hacer: que se la lea. No es cuestión de estilo o de uso del lenguaje, es lo que se dice. Y lo que Caicedo dice en esos momentos es sorprendente. </p>
<p>En www.ecdotica.com y en el suplemento Fondo Negro leí que también Liliana Colanzi estaba visitando la obra de Caicedo y me parece mucha coincidencia, de esas que me hacen pensar “que no se está razonando fuera del recipiente”, Colanzi decía que Caicedo se parece mucho a algunos de los personajes de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/J._D._Salinger">J. D. Salinger </a>por estar al margen, sentirse excluido y tomar la decisión de matarse. Y sí el símil me parece interesante, no estoy tan de acuerdo en su apreciación.  En principio su lúcides no es como la de los hermanos Glass, incluso Seymour es diferente a Caicedo, ni que decir de Franny o Zooey, que son niños cuando los conocemos y que disfrutan mucho de participar en programas de televisión donde prueban su inteligencia. A Caicedo eso no le hubiera interesado, no era cuestión de probar su inteligencia, ni de divertirse sabiendo cosas, por lo que sabemos de él a través de las cartas que dejó y que recogió Fuguet y las notas que están en El libro negro, podemos inferir que a él su inteligencia le pesaba y quería más que todo distribuir el conocimiento antes que jactarse de él. Pero volviendo al tema, Seymour y los antes mencionados deciden vivir en el mundo, acomodarse a él, sin muchas pretensiones, sin esperar dar mucho de sí porque simplemente están hartos. Me recuerda una secuencia de Antes del atardecer, cuando Céline le dice a Jessy que “las personas que tienen mayores habilidades y capacidades para hacer que las cosas mejores son justamente aquellas que no tienen la ambición de hacerlo, porque no quieren el reconocimiento, quieren hacer cosas pequeñas”; es un poca esa la salida de los hermanos Glass. Para Caicedo esa no es la salida, hubiera continuado con su revista Ojo al cine, o el videoclub o los trabajos de corresponsalía cultural para los periódicos en los cuales ya estaba trabajando y de alguna forma, forjándose un nombre, pero su destino o lo que él entendía cómo su destino, era otro. </p>
<p>Ni si quiera el personaje emblemático de Salinger, Holden Caulfield, es capaz de resolver las cosas a la manera de Caicedo. <strong>En el guardián en el centeno</strong>, Caulfield, luego de algunas peripecias, en el parque central o preguntándose adónde van los patos en invierno o frente a la prostituta, está irremediablemente a terminar mal, contándonos lo que fue de él desde un centro psiquiátrico y es como si él mismo hubiera precipitado su final, hay, o mejor dicho, subyace una decisión/apuesta por la autodestrucción única que en el caso de Caicedo es aparentemente así, pero no, bueno, sabemos que Caicedo terminó en una oportunidad en un psiquiátrico, no por locura, sino por desintoxicación. Luego sabemos que Caicedo adoraba la música y la escritura, cosas que a Caulfield no parecen impórtale demasiado, a Caicedo le apasionan las mujeres, su amor con Patricia será inenarrable incluso para él, y Holden bueno, él, las detesta. A los demás miembros de la familia Glass salvo algunas cosas de música clásica o de cierto tipo de jazz o ciertas filosofías orientales nada parece importarles mucho, ni siquiera el dinero, posee, un miramiento extraño a quien tiene mucho dinero y cree además que gracias a él puede llegar a ser feliz. En Caicedo y en sus personajes no hay eso, el dinero, sólo es una forma más por las cuales la vida y las relaciones adquieren denominación, no es un medio ni es un fin, quizá tan sólo un accesorio. Pero ya en la vida el peso del dinero es importante para Caicedo es por él que saca a flote su revista y el cine club y el viaje a Los Ángeles. Caicedo y sus personajes se metan más a la droga que a la reflexión sobre su sociedad, no hay ese desencanto que posee Caulfield, hay un cierto sentido de que sólo importa el momento, el ahora y lo demás tras la resaca ya se verá cómo es. </p>
<p>Caicedo podría haberse retirado lúcidamente del juego y decir, “bueno, yo me conformo con estar aquí en un periódico y sacar mi revista y publicar un libro de cuando en cuando”, pero no, esa salida a él no le sirve, no es un tipo que puede seguir las reglas de juego ni de la sociedad ni del mercado, como lo hacen algunos de los personajes de Salinger. Caicedo prefiere sustraerse del mundo. No vivir en su margen. Ya conoció el margen y lo narró y lo convirtió además en un centro. Eso es suficiente, entonces, debía hacer algo verdaderamente importante: eliminarse. </p>
<p>No ver nada, a pesar de haberlo visto casi todo. Los personajes de Salinger se van a resistir a dejar de ver, son tentados, pero al final es mejor para ellos tener una mirada crítica, irónica y desencantada de lo que les rodea que no ver nada. </p>
<p>Habría que seguir estudiando el caso de Caicedo, no como antropología literaria, sino como un antecedente inmediato de lo que estamos viviendo en términos de narratividad en nuestro continente. Ver hasta qué punto el silencio del cuál gozó la obra de Caicedo hizo que la búsqueda de la “nueva generación” de narradores pase por esa misma propuesta: la de Caicedo, el silencioso. Creo que más que cerrar el umbral sobre el cuál se podría hablar de Caicedo habría que abrirlo y modificar un poco los parámetros, preguntarnos si no habrán habido más Andrés(es) Caicedo(s) por ahí, olvidados. Redescubrirlos, revisitarlos. Entendernos a través de ellos y reconocernos como parte de algo ya no boom o McOndo, sino sustancialmente diferente no sólo por precursor sino por la mirada que se ha planteado Caicedo desplegar a lo largo de sus cartas, artículos, novelas y apuntes que realizaba en su libro negro. </p>
<p>Finalmente, que sea él quien nos diga lo que se propuso: “lo único que yo quiero es dejar un testimonio, primero a mí de mí, luego a dos o tres personas que me hayan conocido y quieran divertirse con las historias que yo cuento, aunque sean familiares míos, no importa, pero trabajar, escribir aunque sea mal, aunque lo que escriba no sirva de nada, que si sirve para salir de este infierno (ja, ja) por el que voy bajando, que sea esa la razón verdadera por la que he existido, por la que me ha tocado conocer (aunque de lejitos) a la gente que he conocido”. Gracias y hasta pronto. </p>
<p>Para leer la novela de Andrés Caicedo <strong>Que viva la música</strong> pulse <a href="http://www.ecdotica.com/biblioteca/caicedo,%20andres%20-%20que%20viva%20la%20musica.pdf">aquí</a><br />
<em>Fuente: Ecdótica</em></p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/06/que-viva-la-música.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/06/que-viva-la-música.jpg" alt="" title="que viva la música" width="229" height="389" class="aligncenter size-full wp-image-2981" /></a></center><br />
<strong>Revisitando a Caicedo, esta vez con música<br />
Por: Christian J. Kanahuaty </strong></p>
<p><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Andr%C3%A9s_Caicedo">Caicedo</a> es inigualable, escribe la novela <strong><a href="http://www.ecdotica.com/biblioteca/caicedo,%20andres%20-%20que%20viva%20la%20musica.pdf">¡Que viva la música!</a></strong> de marzo de 1973 a diciembre de 1974 la que a mi gusto se convierte en aguas silenciosas, o mejor, en una bomba de tiempo que estallará sin que nadie se dé mucha cuenta de ello. </p>
<p>Escribí en una nota anterior de Caicedo al referirnos al libro que montó<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Alberto_Fuguet"> Alberto Fuguet</a> alrededor de sus cartas y sus notas sobre cine, pero ahora nos ocupa para reflexionar sobre algunos puntos de su escritura y de su propuesta. Para empezar, habrá que decir que la novela <strong>¡Que viva la música! </strong> está narrada por una mujer, un personaje femenino bastante explosivo, una chica que sólo quiere divertirse, pasar la noche en una sala de baile y no importa si ésta es de un salón concurrido o en las cuatro paredes de una casa oscura ubicada en algún lugar remoto de la ciudad. Ahí radica todo: en el espacio, porque Caicedo se preocupa de otros detalles, no se establece el espacio de por sí, sino a partir de ciertas acciones de sus personajes, es decir, que la ciudad que él crea es el lugar donde pertenecen sus creaciones lo que se va armando poco a poco, a medida que ingresan en ella, se podría decir incluso que los mismos personajes no conocen a ciencia cierta la ciudad dónde están entrando. </p>
<p>Otro detalle es el audio, no sólo las referencias musicales, que oscilan desde el rock hasta la salsa, el merengue o el ballenato, sino la oralidad de sus personajes, se entiende al instante que sí son colombianos, pero influenciados por la música y el inglés, aparecen a momentos ciertas palabras que hacen una suerte de <em><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Spanglish">spanglish</a></em> socializador y catalizador. El lenguaje y las referencias musicales son lugares que configurarán la identidad de éstos jóvenes. </p>
<p>Y así uno podría leer que la novela está construida en tono de ajusticiamientos contra los sistemas culturales o los medios de comunicación o la gran maquinaria que nos da cosas materiales y objetos culturales pop para sentirnos parte de un mundo que somos incapaces de (re)conocer. Un mundo que sólo se entiende a partir de lo que se puede consumir, o de lo que se espera consumir. Pero no, porque la música, las radiograbadora o los dicos de vinil son sólo el decorado, pienso que Caicedo está poniendo esos objetos ahí como ahora lo haríamos con un ipod, o un DVD, o una camisa estampada con la cara de Leonard Cohen, es decir, son objetos, símbolos que representan más que las palabras a quienes se quiere representar: los personajes. Ellos y sólo ellos poseen la verdad en Caicedo, por eso la voz de la narradora es importante, por eso la dosis extra de que sea mujer y su “sensibilidad” sea, por decirlo de alguna manera, dócil y a la vez aguerrida y sumamente juguetona. Cosa que no sucedería con una voz masculina, aunque claro que ha habido casos posteriores, ciertos cuentos de Rodrigo Fresán, o algunos pasajes de novelas como <strong>Mala Onda</strong> o <strong>Por Favor, rebobinar</strong>, o pasajes de <strong>Río Fugitivo</strong> e incluso momentos en que hay una tónica que nos recuerda Vargas Llosa y Donoso, claro que sólo éstos dos últimos podrían de alguna manera definirse como contemporáneos a Caicedo.  </p>
<p>La narrativa versaba en otros temas ya que eran tiempos de dictaduras y de compromiso político, de ideologías y de historicidad en la literatura. La literatura al servicio de la sociedad más, incluso, que el periodismo o más incluso que la misma historia o las sociologías existentes fue la narrativa de los países latinoaméricanos la que funcionó como un sistema de interpelación en muchos casos, bastante sólido, hacia los regimenes totalitarios. Pero Caicedo se desmarca de todo eso y escribe la novela urbana que nosotros, hoy, en pleno 2010, deseamos leer y escribir. Lo hace bajo una sola consigna, entregarlo todo en ese manuscrito, no quiere ser total, no estará TODA la ciudad en su novela, pero sí la que él entiende como suya. </p>
<p>Y ahí radica su apuesta mayor. Es un rompe aguas dijimos con anterioridad y se debe también a ésta apuesta que mueve el punto de mira y pide que se ponga atención a esas otras cosas que estaban pasando en una ciudad como <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cali">Cali</a> que ahí sí se convierte en el microcosmos ejemplar de lo que podía estar pasando en las ciudades que no eran la capital del país o el centro del poder político. El peso de la periferia es importante porque le permite pensarse de una forma nueva y radicalmente despojada de imposturas políticas, lo que no hay en Caicedo es política, hay aires nuevos de descubridor de una época que se siente está cambiando, pero que al mismo tiempo, no se pretende entenderla, sino sumergirse en ella, ser parte de los tiempos que van cambiando. </p>
<p>Ese Caicedo es importante, es un detonador capaz de adelantarse en el tiempo y poner por escrito los debates que se tendrán en Bolivia, Perú, Argentina y Chile con respecto a los “nuevos” escritores latinoamericanos y su rol dentro de sus países. O la forma que tendrá su compromiso político dentro de sus escritos. Ese debate que nos cuestiona sobre el terreno de la literatura y sus temas, Caicedo ya lo resolvió sin hacerse tanto problema. Caicedo la única preocupación que tenía era la de dejar una obra antes de partir, o sea, de matarse luego de cumplir los 25 años. Su apuesta y su vida giran sobre esto, dejar una obra y escribirla y escribirla y escribirla, sin importa cómo, pero hacerlo, porque sólo así podría dejar un testimonio de su paso por éstas tierras. Y al mismo tiempo quería entender su condición de joven, tartamudo, tímido, lúcido y diferente dentro de sus textos, de las películas que veía y de los libros que fue leyendo y analizando. </p>
<p>Y quizá en ese espacio radica su imperfección. El apresuramiento, que muchos de nosotros sentimos por publicar, más y más, para que nos lean y conozcan fue también un signo de Caicedo; hay pasajes en <strong>¡Que viva la música!</strong> que son de una belleza incalculable y de una fuerza visual fortísima, pero se pueden leer otros que hubieran podido ser mejores, como si el manuscrito descansando un poco habría tenido el chance de madurar más y convertirse en algo mejor, pero eso, lo sabemos bien, en literatura y más que todo, en la novela, es también ser demasiado especulador; porque nunca lo podremos saber y mucho menos comprobar. Lo que tenemos es lo que hay y punto. Y sí, por supuesto habrán quienes nos digan que a veces la imperfección es un acto conciente del escritor, porque no desea entregarnos una novela perfecta, sino una novela honesta, real y si eso depende de sus imperfecciones y cuestiones irresueltas, pues el precio es menos del que se pensó. No importan las imperfecciones a la larga, lo relevante es lo que esa novela es capaz de hacer: que se la lea. No es cuestión de estilo o de uso del lenguaje, es lo que se dice. Y lo que Caicedo dice en esos momentos es sorprendente. </p>
<p>En www.ecdotica.com y en el suplemento Fondo Negro leí que también Liliana Colanzi estaba visitando la obra de Caicedo y me parece mucha coincidencia, de esas que me hacen pensar “que no se está razonando fuera del recipiente”, Colanzi decía que Caicedo se parece mucho a algunos de los personajes de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/J._D._Salinger">J. D. Salinger </a>por estar al margen, sentirse excluido y tomar la decisión de matarse. Y sí el símil me parece interesante, no estoy tan de acuerdo en su apreciación.  En principio su lúcides no es como la de los hermanos Glass, incluso Seymour es diferente a Caicedo, ni que decir de Franny o Zooey, que son niños cuando los conocemos y que disfrutan mucho de participar en programas de televisión donde prueban su inteligencia. A Caicedo eso no le hubiera interesado, no era cuestión de probar su inteligencia, ni de divertirse sabiendo cosas, por lo que sabemos de él a través de las cartas que dejó y que recogió Fuguet y las notas que están en El libro negro, podemos inferir que a él su inteligencia le pesaba y quería más que todo distribuir el conocimiento antes que jactarse de él. Pero volviendo al tema, Seymour y los antes mencionados deciden vivir en el mundo, acomodarse a él, sin muchas pretensiones, sin esperar dar mucho de sí porque simplemente están hartos. Me recuerda una secuencia de Antes del atardecer, cuando Céline le dice a Jessy que “las personas que tienen mayores habilidades y capacidades para hacer que las cosas mejores son justamente aquellas que no tienen la ambición de hacerlo, porque no quieren el reconocimiento, quieren hacer cosas pequeñas”; es un poca esa la salida de los hermanos Glass. Para Caicedo esa no es la salida, hubiera continuado con su revista Ojo al cine, o el videoclub o los trabajos de corresponsalía cultural para los periódicos en los cuales ya estaba trabajando y de alguna forma, forjándose un nombre, pero su destino o lo que él entendía cómo su destino, era otro. </p>
<p>Ni si quiera el personaje emblemático de Salinger, Holden Caulfield, es capaz de resolver las cosas a la manera de Caicedo. <strong>En el guardián en el centeno</strong>, Caulfield, luego de algunas peripecias, en el parque central o preguntándose adónde van los patos en invierno o frente a la prostituta, está irremediablemente a terminar mal, contándonos lo que fue de él desde un centro psiquiátrico y es como si él mismo hubiera precipitado su final, hay, o mejor dicho, subyace una decisión/apuesta por la autodestrucción única que en el caso de Caicedo es aparentemente así, pero no, bueno, sabemos que Caicedo terminó en una oportunidad en un psiquiátrico, no por locura, sino por desintoxicación. Luego sabemos que Caicedo adoraba la música y la escritura, cosas que a Caulfield no parecen impórtale demasiado, a Caicedo le apasionan las mujeres, su amor con Patricia será inenarrable incluso para él, y Holden bueno, él, las detesta. A los demás miembros de la familia Glass salvo algunas cosas de música clásica o de cierto tipo de jazz o ciertas filosofías orientales nada parece importarles mucho, ni siquiera el dinero, posee, un miramiento extraño a quien tiene mucho dinero y cree además que gracias a él puede llegar a ser feliz. En Caicedo y en sus personajes no hay eso, el dinero, sólo es una forma más por las cuales la vida y las relaciones adquieren denominación, no es un medio ni es un fin, quizá tan sólo un accesorio. Pero ya en la vida el peso del dinero es importante para Caicedo es por él que saca a flote su revista y el cine club y el viaje a Los Ángeles. Caicedo y sus personajes se metan más a la droga que a la reflexión sobre su sociedad, no hay ese desencanto que posee Caulfield, hay un cierto sentido de que sólo importa el momento, el ahora y lo demás tras la resaca ya se verá cómo es. </p>
<p>Caicedo podría haberse retirado lúcidamente del juego y decir, “bueno, yo me conformo con estar aquí en un periódico y sacar mi revista y publicar un libro de cuando en cuando”, pero no, esa salida a él no le sirve, no es un tipo que puede seguir las reglas de juego ni de la sociedad ni del mercado, como lo hacen algunos de los personajes de Salinger. Caicedo prefiere sustraerse del mundo. No vivir en su margen. Ya conoció el margen y lo narró y lo convirtió además en un centro. Eso es suficiente, entonces, debía hacer algo verdaderamente importante: eliminarse. </p>
<p>No ver nada, a pesar de haberlo visto casi todo. Los personajes de Salinger se van a resistir a dejar de ver, son tentados, pero al final es mejor para ellos tener una mirada crítica, irónica y desencantada de lo que les rodea que no ver nada. </p>
<p>Habría que seguir estudiando el caso de Caicedo, no como antropología literaria, sino como un antecedente inmediato de lo que estamos viviendo en términos de narratividad en nuestro continente. Ver hasta qué punto el silencio del cuál gozó la obra de Caicedo hizo que la búsqueda de la “nueva generación” de narradores pase por esa misma propuesta: la de Caicedo, el silencioso. Creo que más que cerrar el umbral sobre el cuál se podría hablar de Caicedo habría que abrirlo y modificar un poco los parámetros, preguntarnos si no habrán habido más Andrés(es) Caicedo(s) por ahí, olvidados. Redescubrirlos, revisitarlos. Entendernos a través de ellos y reconocernos como parte de algo ya no boom o McOndo, sino sustancialmente diferente no sólo por precursor sino por la mirada que se ha planteado Caicedo desplegar a lo largo de sus cartas, artículos, novelas y apuntes que realizaba en su libro negro. </p>
<p>Finalmente, que sea él quien nos diga lo que se propuso: “lo único que yo quiero es dejar un testimonio, primero a mí de mí, luego a dos o tres personas que me hayan conocido y quieran divertirse con las historias que yo cuento, aunque sean familiares míos, no importa, pero trabajar, escribir aunque sea mal, aunque lo que escriba no sirva de nada, que si sirve para salir de este infierno (ja, ja) por el que voy bajando, que sea esa la razón verdadera por la que he existido, por la que me ha tocado conocer (aunque de lejitos) a la gente que he conocido”. Gracias y hasta pronto. </p>
<p>Para leer la novela de Andrés Caicedo <strong>Que viva la música</strong> pulse <a href="http://www.ecdotica.com/biblioteca/caicedo,%20andres%20-%20que%20viva%20la%20musica.pdf">aquí</a><br />
<em>Fuente: Ecdótica</em></p>
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		</item>
		<item>
		<title>Que viva la música! de Andrés Caicedo en la biblioteca de Ecdótica</title>
		<link>http://www.ecdotica.com/2010/05/18/que-viva-la-musica-de-andres-caicedo-en-la-biblioteca-de-ecdotica/</link>
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		<pubDate>Tue, 18 May 2010 22:41:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Autores]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Novela]]></category>

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		<description><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/05/que-viva-la-música.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/05/que-viva-la-música.jpg" alt="" title="que viva la música" width="229" height="389" class="aligncenter size-full wp-image-2929" /></a></center><br />
<strong>Que viva la música de Andrés Caicedo en la biblioteca de Ecdótica</strong></p>
<p>Andrés Caicedo se había propuesto morir joven y dejar obra: así lo hizo. <strong><a href="http://www.ecdotica.com/biblioteca/caicedo,%20andres%20-%20que%20viva%20la%20musica.pdf">Que viva la música!</a></strong> fue la única novela que concluyó y es, quizá, su mejor obra literaria, sorprendente por su consistencia narrativa y ritmo desbordante. Cuenta la historia de María del Carmen Huerta, una joven proveniente de una familia acomodada de Cali que conoce los barrios populares y reniega de los valores sociales establecidos para entregarse a los excesos y al delirio. Ella, como Caicedo, sigue despertando fascinación y asombro entre los lectores de todas las edades como símbolo de la trasgresión y el frenesí.</p>
<p>Para descargar la novela <strong>Que viva la música!</strong> de Andrés Caicedo pulse <a href="http://www.ecdotica.com/biblioteca/caicedo,%20andres%20-%20que%20viva%20la%20musica.pdf">aqui</a> o visite nuestra biblioteca gratuita</p>
<p>Fuente: Ecdótica</p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/05/que-viva-la-música.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/05/que-viva-la-música.jpg" alt="" title="que viva la música" width="229" height="389" class="aligncenter size-full wp-image-2929" /></a></center><br />
<strong>Que viva la música de Andrés Caicedo en la biblioteca de Ecdótica</strong></p>
<p>Andrés Caicedo se había propuesto morir joven y dejar obra: así lo hizo. <strong><a href="http://www.ecdotica.com/biblioteca/caicedo,%20andres%20-%20que%20viva%20la%20musica.pdf">Que viva la música!</a></strong> fue la única novela que concluyó y es, quizá, su mejor obra literaria, sorprendente por su consistencia narrativa y ritmo desbordante. Cuenta la historia de María del Carmen Huerta, una joven proveniente de una familia acomodada de Cali que conoce los barrios populares y reniega de los valores sociales establecidos para entregarse a los excesos y al delirio. Ella, como Caicedo, sigue despertando fascinación y asombro entre los lectores de todas las edades como símbolo de la trasgresión y el frenesí.</p>
<p>Para descargar la novela <strong>Que viva la música!</strong> de Andrés Caicedo pulse <a href="http://www.ecdotica.com/biblioteca/caicedo,%20andres%20-%20que%20viva%20la%20musica.pdf">aqui</a> o visite nuestra biblioteca gratuita</p>
<p>Fuente: Ecdótica</p>
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		</item>
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		<title>Invierno: Las estaciones de la memoria</title>
		<link>http://www.ecdotica.com/2010/05/13/invierno-las-estaciones-de-la-memoria/</link>
		<comments>http://www.ecdotica.com/2010/05/13/invierno-las-estaciones-de-la-memoria/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 13 May 2010 15:01:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículo]]></category>
		<category><![CDATA[Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Novela]]></category>

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		<description><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/05/Invierno.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/05/Invierno.jpg" alt="" title="Invierno" width="243" height="335" class="aligncenter size-full wp-image-2892" /></a></center><br />
<strong>Invierno: Las estaciones de la memoria<br />
Por: Lourdes Saavedra Berbetty (*)</strong></p>
<p><em>&#8220;Saber meter la cabeza en lo oscuro, saber saltar al vacío,<br />
saber que la literatura básicamente es un oficio peligroso&#8221;</em><br />
<strong>Roberto Bolaño</strong></p>
<p><strong>Invierno </strong>es una novela que no ha escogido un lugar como Itaca o Tirinea, ni un tiempo específico, no hablamos de octubre o abril, Christhian Jimenez Kanahuaty ha elegido narrarnos una estación, como un imán de vivencias que descubren un sentido introspectivo, desolador y el eterno retorno a uno mismo.</p>
<p>Pablo Martinez Robles, conjuga su atmósfera emocional desde la fría mirada de un escritor que contempla rítmicamente la nieve, escuchando la consonancia de los recuerdos de una infancia imperfecta, la adolescencia no solicitada, la ausencia del padre, un divorcio inminente, pequeños destellos de luz al nombrar a su hija y el desgaste de Andrea, Katia, Eliana, musas que circulan por su cama como cuerpos sin historia. Si Christian estoy de acuerdo con tu protagonista “la edad no es más que una palabra inventada para guardar distancia”, pero ¿Qué distancia es la que quiere mantener este escritor en el ocaso de su vida? ¿Será capaz de ser un midas bizarro que termine una novela como quien termina aceptando el pasado? ¿Qué futuro le espera a escritor que parece estar condenado a la automutilación de la ficción? Estas preguntas son respondidas de manera imperfectamente lúcida en las 103 páginas que compone la novela, sin capítulos, sin pausas, sin piedad.</p>
<p>Quizás muera inédito, quizás este texto sea un pre-texto, que ampara la intención confesional del personaje central, quien no sólo vive atormentado por los fantasmas de inviernos pasados, más bien creo que logra invocar una galería de personas, que ya no están en el nombre de su novela, que al igual que su vida se sigue escribiendo como un texto infinito. Las palabras son cicatrices que marcan la historia, su historia, con la honestidad despiadada del ser escritor y como diría Barthes sentir la muerte en cada palabra.</p>
<p>Las marcadas referencias a Jack London, o Kevin Carter conforman referentes necesarios para comprender, que el escritor prefiere ver las cosas desde afuera, sumergirse en el pantano de los días, nombrando silencios y al igual que Kevin Carter cuando fotografía un buitre acechando un niño desvalido, el narrador acecha la vida con la rapiña necesaria que le exige la palabra, aunque el precio como diría el protagonista sea comprender que la literatura y el amor están envueltos por el mismo terciopelo: la soledad. Y la vida como celebró Bolaño es la mejor lección de escritura.</p>
<p><em>(*) Este texto se leyó en la presentación del libro <strong>Invierno</strong> en el mArtadero el 31 de abril de 2010.<br />
</em><br />
<em>Fuente: Ecdótica</em></p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/05/Invierno.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/05/Invierno.jpg" alt="" title="Invierno" width="243" height="335" class="aligncenter size-full wp-image-2892" /></a></center><br />
<strong>Invierno: Las estaciones de la memoria<br />
Por: Lourdes Saavedra Berbetty (*)</strong></p>
<p><em>&#8220;Saber meter la cabeza en lo oscuro, saber saltar al vacío,<br />
saber que la literatura básicamente es un oficio peligroso&#8221;</em><br />
<strong>Roberto Bolaño</strong></p>
<p><strong>Invierno </strong>es una novela que no ha escogido un lugar como Itaca o Tirinea, ni un tiempo específico, no hablamos de octubre o abril, Christhian Jimenez Kanahuaty ha elegido narrarnos una estación, como un imán de vivencias que descubren un sentido introspectivo, desolador y el eterno retorno a uno mismo.</p>
<p>Pablo Martinez Robles, conjuga su atmósfera emocional desde la fría mirada de un escritor que contempla rítmicamente la nieve, escuchando la consonancia de los recuerdos de una infancia imperfecta, la adolescencia no solicitada, la ausencia del padre, un divorcio inminente, pequeños destellos de luz al nombrar a su hija y el desgaste de Andrea, Katia, Eliana, musas que circulan por su cama como cuerpos sin historia. Si Christian estoy de acuerdo con tu protagonista “la edad no es más que una palabra inventada para guardar distancia”, pero ¿Qué distancia es la que quiere mantener este escritor en el ocaso de su vida? ¿Será capaz de ser un midas bizarro que termine una novela como quien termina aceptando el pasado? ¿Qué futuro le espera a escritor que parece estar condenado a la automutilación de la ficción? Estas preguntas son respondidas de manera imperfectamente lúcida en las 103 páginas que compone la novela, sin capítulos, sin pausas, sin piedad.</p>
<p>Quizás muera inédito, quizás este texto sea un pre-texto, que ampara la intención confesional del personaje central, quien no sólo vive atormentado por los fantasmas de inviernos pasados, más bien creo que logra invocar una galería de personas, que ya no están en el nombre de su novela, que al igual que su vida se sigue escribiendo como un texto infinito. Las palabras son cicatrices que marcan la historia, su historia, con la honestidad despiadada del ser escritor y como diría Barthes sentir la muerte en cada palabra.</p>
<p>Las marcadas referencias a Jack London, o Kevin Carter conforman referentes necesarios para comprender, que el escritor prefiere ver las cosas desde afuera, sumergirse en el pantano de los días, nombrando silencios y al igual que Kevin Carter cuando fotografía un buitre acechando un niño desvalido, el narrador acecha la vida con la rapiña necesaria que le exige la palabra, aunque el precio como diría el protagonista sea comprender que la literatura y el amor están envueltos por el mismo terciopelo: la soledad. Y la vida como celebró Bolaño es la mejor lección de escritura.</p>
<p><em>(*) Este texto se leyó en la presentación del libro <strong>Invierno</strong> en el mArtadero el 31 de abril de 2010.<br />
</em><br />
<em>Fuente: Ecdótica</em></p>
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		<title>El charangista de Boquerón de Cáceres Romero</title>
		<link>http://www.ecdotica.com/2010/05/07/el-charangista-de-boqueron-de-caceres-romero/</link>
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		<pubDate>Fri, 07 May 2010 21:04:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Novela]]></category>
		<category><![CDATA[premio]]></category>

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		<description><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/05/el-charanguista-de-boqueron.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/05/el-charanguista-de-boqueron.jpg" alt="" title="el charanguista de boqueron" width="236" height="295" class="aligncenter size-full wp-image-2869" /></a></center><br />
<strong>El charanguista de Boquerón<br />
Por: Marcelo Paz Soldán</strong></p>
<p><em>“Hay que salvar, con sereno valor, la única senda que es del boliviano honor”</em><br />
<strong>Marcha de los Colorados de Bolivia</strong></p>
<p>El día de ayer se entregó el primer premio del Concurso nacional de Novela “Marcelo Quiroga Santa Cruz 2009” que es auspiciado por el Honorable Gobierno Municipal de Cochabamba – Oficialía Superior de Cultura, el que recayó en manos del reconocido escritor orureño radicado en Cochabamba, Adolfo Cáceres Romero (momentos antes su sobrino Fernando Cáceres recibió el primer premio del “Concurso de Cuento Adela Zamudio 2009”). </p>
<p>Adolfo Cáceres destacó que se trata de una novela histórica con muchos pasajes tomadas de la vida real de algunos de los caídos en la Guerra del Chaco (1932 – 1935), contienda bélica que libraron bolivianos y paraguayos. A pesar de ser una novela histórica, Cáceres Romero no dejó de lado sus licencias literarias para construirle a sus personajes vidas ficcionales. </p>
<p>Un sastre diría: “para muestra un botón”. Nosotros diríamos algo así como: “para muestra un párrafo”:</p>
<p><strong>Boquerón abandonado</strong><br />
Víctor acaba de templar su charango. Tenía un caluyo en la cabeza y las notas se resistían a salir, en medio del trepitar de las armas, especialmente de las ametralladoras. Estaba en el galpón de sanidad, afectado por una fuerte disentería. Al no haber agua, corría el riesgo de deshidratarse; espera ser evacuado en cualquier instante, aunque no sabía quién se animaría a romper el cerco de los pilas. Había llegado a Boquerón castigado por confraternizar con el enemigo. Era el séptimo día de ese encierro, cuando se le aproximó el cabo Chiparani, que era chiquitano, para decirle que se alistara, probablemente saldrían muy de mañana por el sector de Yujra, al mando del subteniente Alberto Taborga. ¡Albricias!, se puso de pie. Tomó el charango y una vez más hizo vibrar las cuerdas con las notas de la Marcha de los Colorados. Ayes y lamentos enmudecieron; sólo las cuerdas del charango llenaban el ambiente; era como si un bando de golondrinas las sacudieran, ágiles los dedos, atentos los oídos. Más repuesto y radiante se lo veía al charanguista. </p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/05/el-charanguista-de-boqueron.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/05/el-charanguista-de-boqueron.jpg" alt="" title="el charanguista de boqueron" width="236" height="295" class="aligncenter size-full wp-image-2869" /></a></center><br />
<strong>El charanguista de Boquerón<br />
Por: Marcelo Paz Soldán</strong></p>
<p><em>“Hay que salvar, con sereno valor, la única senda que es del boliviano honor”</em><br />
<strong>Marcha de los Colorados de Bolivia</strong></p>
<p>El día de ayer se entregó el primer premio del Concurso nacional de Novela “Marcelo Quiroga Santa Cruz 2009” que es auspiciado por el Honorable Gobierno Municipal de Cochabamba – Oficialía Superior de Cultura, el que recayó en manos del reconocido escritor orureño radicado en Cochabamba, Adolfo Cáceres Romero (momentos antes su sobrino Fernando Cáceres recibió el primer premio del “Concurso de Cuento Adela Zamudio 2009”). </p>
<p>Adolfo Cáceres destacó que se trata de una novela histórica con muchos pasajes tomadas de la vida real de algunos de los caídos en la Guerra del Chaco (1932 – 1935), contienda bélica que libraron bolivianos y paraguayos. A pesar de ser una novela histórica, Cáceres Romero no dejó de lado sus licencias literarias para construirle a sus personajes vidas ficcionales. </p>
<p>Un sastre diría: “para muestra un botón”. Nosotros diríamos algo así como: “para muestra un párrafo”:</p>
<p><strong>Boquerón abandonado</strong><br />
Víctor acaba de templar su charango. Tenía un caluyo en la cabeza y las notas se resistían a salir, en medio del trepitar de las armas, especialmente de las ametralladoras. Estaba en el galpón de sanidad, afectado por una fuerte disentería. Al no haber agua, corría el riesgo de deshidratarse; espera ser evacuado en cualquier instante, aunque no sabía quién se animaría a romper el cerco de los pilas. Había llegado a Boquerón castigado por confraternizar con el enemigo. Era el séptimo día de ese encierro, cuando se le aproximó el cabo Chiparani, que era chiquitano, para decirle que se alistara, probablemente saldrían muy de mañana por el sector de Yujra, al mando del subteniente Alberto Taborga. ¡Albricias!, se puso de pie. Tomó el charango y una vez más hizo vibrar las cuerdas con las notas de la Marcha de los Colorados. Ayes y lamentos enmudecieron; sólo las cuerdas del charango llenaban el ambiente; era como si un bando de golondrinas las sacudieran, ágiles los dedos, atentos los oídos. Más repuesto y radiante se lo veía al charanguista. </p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
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		<title>El árbol de los recuerdos de Homero Carvalho</title>
		<link>http://www.ecdotica.com/2010/04/21/el-arbol-de-los-recuerdos-de-homero-carvalho/</link>
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		<pubDate>Wed, 21 Apr 2010 14:49:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Novela]]></category>

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		<description><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/04/el-árbol-de-los-recuerdos-1.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/04/el-árbol-de-los-recuerdos-1.jpg" alt="" title="el árbol de los recuerdos 1" width="212" height="298" class="aligncenter size-full wp-image-2796" /></a></center><br />
<strong>Homero entre las aguas<br />
Por: Pablo Javier Deheza</strong></p>
<p><em>Nadie se baña en el río dos veces<br />
porque todo cambia en el río<br />
y en el que se baña</em><br />
<strong>Heráclito de Éfeso</strong></p>
<p>Homero Carvalho nos entrega en ésta su nueva novela, <strong>El Árbol de los Recuerdos</strong>, un regalo de humanidad. Esta es una novela acerca de la condición humana, la autenticidad, la sinceridad, los demonios y los ángeles que nos habitan, la enfermedad, la amistad, la miseria humana, la literatura, el café, la vida de café, la palabra, los premios y las penas, la esperanza, la redención y la partida. Es una novela, por sobre todas las cosas, honesta. Es una novela para vernos, para encontrarnos en ella y está talentosamente muy bien escrita.</p>
<p>Muchas cosas, muchos mundos, muchas voces, confluyen en <strong>El Árbol de los Recuerdos</strong>. En sí, la figura misma del árbol de los recuerdos de la novela indica el signo de la obra. Verídicamente la novela es ese árbol en el cual se han colgado los recuerdo de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Andr%C3%A9s_Caicedo">Andrés Caicedo</a> y de Homero para que puedan de ese modo encontrar su salvación de ataque del olvido; esa vorágine que lo devora todo. En ese trayecto es en la literatura donde acabará obrándose la magia de la salvación.</p>
<p>Un rasgo central para tener en cuenta al leer la novela es el hecho de que se trata de una obra hecha desde la sinceridad. Todo lo que está dicho en la novela es verdad; hasta las mentiras no mienten y terminan revelando la verdad. Se trata de que más allá de las palabras, más allá del estilo y de las formas, lo importante reside en lo que está dicho. Por supuesto que las palabras y las formas están bien cuidadas. Homero Carvalho nos entrega una obra madura de un autor maduro en pleno despliegue de su sapiencia de escritor. ¿Está demás decir que no hay página que no encierre algo deslumbrante y placentero para quienes son amantes de las palabras?</p>
<p><strong>El Árbol y el río</strong></p>
<p>El <strong>Árbol de los Recuerdos</strong> conforma un delta en el derrotero literario de Homero. No es casual esta figura. En la novela, Andrés le explica a Homero que el pez del cuadro que pintó Romaneth Zárate –el que es ahora la portada de la novela-, tiene sentido porque el pez es agua y ellos vienen de los Reinos del Agua. El agua acompaña desde hace mucho la obra de Homero y son muchos los ríos de la vida se han juntado para dar lugar a éste árbol de palabras. Muchos hilos de vivencias que necesariamente implican maduración y transformación. A su vez, la obra misma se constituye en un río literario del cual el lector emergerá siendo otro. El arte de la novela boliviana también se verá transformada por <strong>El Árbol de los Recuerdos</strong>. Pasa que Homero nos aporta en la misma con una mirada sincera y necesaria al mundo de los literatos bolivianos, rescatando del mismo esas hermosas complicidades y hermandades que ahí se encuentran y se celebran, pero también nos muestra su hemisferio oscuro, ese que está hecho de miserias, envidias y silencios.</p>
<p><strong>El río de la palabra</strong></p>
<p><strong>El Árbol de los Recuerdos</strong> es una novela que está escrita dentro de los cánones del Boom. La oración precisa, los tiempos verbales sencillos y claros, puntuación disciplinada, espacio para el juego lúdico y la salida poética e ideas bien expuestas. Homero declara que la novela tiene también orígenes en la poesía confesional iniciada por <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Robert_Lowell">Robert Lowell</a> y <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/William_De_Witt_Snodgrass">William De Witt Snodgrass</a>, luego continuada por <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Sylvia_Plath">Sylvia Plath</a>. También existe en la novela elementos que hacen a la dangerous writting o escritura peligrosa de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Tom_Spanbauer">Tom Spanbauer</a>. Bajo esta aproximación, el autor escribe sobre temas que le causan miedo o vergüenza para poder explorar los mismos y enfrentarlos; quedará la palabra escrita como un testimonio inacabado y crudo acerca de sí mismo. Es esa aproximación a la palabra la que ha de determinar una relación central entre lo que se cuenta y lo que es. La palabra es verdad y <strong>El Árbol de los Recuerdos</strong> es una novela de verdad.</p>
<p>En <strong>El Árbol de los Recuerdos</strong> la palabra es tratada con un amor bondadoso y sereno. Eso le permite al autor tejer hermosos giros poéticos y juegos con el lenguaje que acompañan al lector a lo largo del relato. Homero transita con madurez entre las formas de la precisión y las formas lúdicas sin caer en exageraciones y creando un clima gentil para la verdad. Esa es la maestría del autor en una exhibición de madurez con las palabras y también de sí mismo. </p>
<p>El aporte de <strong>El Árbol de los Recuerdos</strong>, en tanto narrativa, pasa por su aproximación a la forma del relato, su trabajo amable con la sintaxis y la honestidad puesta en la obra. Nos presenta otra manera de encarar la novela que no es desde afuera del autor, sino desde adentro de sí mismo; desde sus lugares más vedados pero, por eso y a la vez, sus lugares más humanos. Esta novela se sale de los cánones costumbristas y de los lugares comunes para llevarnos en un viaje de palabras al interior del autor y, con ello, al interior de nosotros y de nuestra sociedad.</p>
<p><strong>El río de la locura y los recuerdos</strong></p>
<p>Homero indica que lo que lo motivó a escribir la novela fue la condición humana, reflexionar acerca de las enfermedades mentales, de la locura. A su vez y a través de la misma locura Homero nos retrata una sociedad, nuestra sociedad, con sus carencias y su necesidad urgente de terapia mental colectiva; una lobotomía democrática y sobre la marcha para todos. </p>
<p>Andrés Caicedo le encomienda a Homero el rescate de sus recuerdos por medio de su escritura; esos recuerdos que el olvido se los está arrebatando. A partir de ese intento por rescatar la memoria del olvido, de la disociación del ser, de la locura, es que Homero nos presenta a la realidad en desfile ante nuestros ojos. El árbol es el lugar donde, a partir de los recuerdos y las palabras, han de ser invocados todos: la familia, los compañeros, los amigos, los solidarios, las voces, los indiferentes, los miserables, los envidiosos, los malaleches, los ruines, los locos, los etcétera. </p>
<p>Se nos aparece también la crueldad y la enfermedad de lo socialmente normal. Andrés Caicedo es de lejos un ser mucho más humano que muchos que vemos pasar en la novela. En una sociedad demente como la nuestra, algunos tienen permisos ocasionales para realizar actos que puedan afectar negativamente a otros y lo llamamos locura; pero de muchos seres normales se espera que al final del día hayan afectado negativamente a muchos otros seres y llamamos a eso éxito. La indiferencia y las miserias no pertenecen al mundo de la locura, pero son la moneda corriente del mundo; constituyen su normalidad.</p>
<p>La esperanza es que existen seres como Andrés; la esperanza es que aún queda lugar para la sinceridad y la solidaridad. Como lo dice el mismo Andrés en la novela: ¡Qué país! Tener que recurrir a un loco para que explique, significa que no estamos en una crisis política sino de conciencia nacional.</p>
<p><strong>El río de las voces</strong></p>
<p>Otras aguas que discurren a lo largo de la novela son las del mundo literario boliviano. Por la novela se verá pasar a más de una generación de escritores bolivianos; muchos con sus luces y que aparecen con su nombre, muchos con sus sombras y cuyos nombres son velados con un generoso silencio. <strong>El Árbol de los Recuerdos</strong> nos presenta un retrato necesario del mundo literario boliviano. Muchos creerán que las coincidencias son casuales: no lo son y dense por aludidos. Era necesario que alguien cuente las cosas que Homero nos relata en la novela. Nos hace bien nombrarlas, verlas escritas, verlas interpelarnos desde la página, nos hace bien asumirlas porque solo así podremos trascenderlas. Nadie se baña dos veces en el mismo río. Nadie que se sumerja en esta novela saldrá igual.</p>
<p>La temática de la novela es un aporte a la narrativa boliviana porque toca aspectos centrales de la experiencia humana que no habían sido tocados en nuestra literatura. Milan Kundera dice que la novela que no descubre una parte hasta entonces desconocida de la existencia es inmoral; el conocimiento es la única moral de la novela. Entonces <strong>El Árbol de los Recuerdos</strong> es una novela sobradamente justificada porque nos muestra lados de nosotros, de nuestro país y su gente –especialmente la del mundo literario-, que no habían sido mostrados antes y al hacerlo nos permite entendernos y trabajar sobre nosotros mismos.</p>
<p><strong>La condición humana</strong></p>
<p>El <strong>Árbol de los Recuerdos</strong> es una novela donde no pasa nada pero pasa todo y pasan todos; como nuestro país, o sea que no quedan dudas de que se trata de una novela boliviana. Homero nos plantea reflexionar sobre la condición humana a partir de muchas voces. Las voces del mundo y también las voces interiores. La esquizofrenia está presente en la novela, tanto como una condición del individuo, así como un estigma entre la sociedad. Homero nos muestra que la esquizofrenia es también parte de la experiencia humana; que la humanidad, la sensibilidad y la belleza existen también en lo que funciona diferente. A partir de sus diálogos con Andrés, el autor nos enseña que la lucidez, la poesía, la fraternidad y la divina humanidad que existen en el alma y la psiquis de cada uno siguen estando ahí, más allá de los prejuicios y las taras sociales. <strong>El Árbol de los Recuerdos</strong> es una afirmación de la vida, una celebración del espíritu, un elogio de la amistad y una voz de esperanza. En un mundo y un país que parecen salidos del otro lado del espejo, quizás alguna voz interior eligió apropiadamente este título para Andrés y Homero, y no por sus recuerdos, sino porque ambos dos son los únicos que están re-cuerdos y esta novela es su árbol.</p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/04/el-árbol-de-los-recuerdos-1.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/04/el-árbol-de-los-recuerdos-1.jpg" alt="" title="el árbol de los recuerdos 1" width="212" height="298" class="aligncenter size-full wp-image-2796" /></a></center><br />
<strong>Homero entre las aguas<br />
Por: Pablo Javier Deheza</strong></p>
<p><em>Nadie se baña en el río dos veces<br />
porque todo cambia en el río<br />
y en el que se baña</em><br />
<strong>Heráclito de Éfeso</strong></p>
<p>Homero Carvalho nos entrega en ésta su nueva novela, <strong>El Árbol de los Recuerdos</strong>, un regalo de humanidad. Esta es una novela acerca de la condición humana, la autenticidad, la sinceridad, los demonios y los ángeles que nos habitan, la enfermedad, la amistad, la miseria humana, la literatura, el café, la vida de café, la palabra, los premios y las penas, la esperanza, la redención y la partida. Es una novela, por sobre todas las cosas, honesta. Es una novela para vernos, para encontrarnos en ella y está talentosamente muy bien escrita.</p>
<p>Muchas cosas, muchos mundos, muchas voces, confluyen en <strong>El Árbol de los Recuerdos</strong>. En sí, la figura misma del árbol de los recuerdos de la novela indica el signo de la obra. Verídicamente la novela es ese árbol en el cual se han colgado los recuerdo de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Andr%C3%A9s_Caicedo">Andrés Caicedo</a> y de Homero para que puedan de ese modo encontrar su salvación de ataque del olvido; esa vorágine que lo devora todo. En ese trayecto es en la literatura donde acabará obrándose la magia de la salvación.</p>
<p>Un rasgo central para tener en cuenta al leer la novela es el hecho de que se trata de una obra hecha desde la sinceridad. Todo lo que está dicho en la novela es verdad; hasta las mentiras no mienten y terminan revelando la verdad. Se trata de que más allá de las palabras, más allá del estilo y de las formas, lo importante reside en lo que está dicho. Por supuesto que las palabras y las formas están bien cuidadas. Homero Carvalho nos entrega una obra madura de un autor maduro en pleno despliegue de su sapiencia de escritor. ¿Está demás decir que no hay página que no encierre algo deslumbrante y placentero para quienes son amantes de las palabras?</p>
<p><strong>El Árbol y el río</strong></p>
<p>El <strong>Árbol de los Recuerdos</strong> conforma un delta en el derrotero literario de Homero. No es casual esta figura. En la novela, Andrés le explica a Homero que el pez del cuadro que pintó Romaneth Zárate –el que es ahora la portada de la novela-, tiene sentido porque el pez es agua y ellos vienen de los Reinos del Agua. El agua acompaña desde hace mucho la obra de Homero y son muchos los ríos de la vida se han juntado para dar lugar a éste árbol de palabras. Muchos hilos de vivencias que necesariamente implican maduración y transformación. A su vez, la obra misma se constituye en un río literario del cual el lector emergerá siendo otro. El arte de la novela boliviana también se verá transformada por <strong>El Árbol de los Recuerdos</strong>. Pasa que Homero nos aporta en la misma con una mirada sincera y necesaria al mundo de los literatos bolivianos, rescatando del mismo esas hermosas complicidades y hermandades que ahí se encuentran y se celebran, pero también nos muestra su hemisferio oscuro, ese que está hecho de miserias, envidias y silencios.</p>
<p><strong>El río de la palabra</strong></p>
<p><strong>El Árbol de los Recuerdos</strong> es una novela que está escrita dentro de los cánones del Boom. La oración precisa, los tiempos verbales sencillos y claros, puntuación disciplinada, espacio para el juego lúdico y la salida poética e ideas bien expuestas. Homero declara que la novela tiene también orígenes en la poesía confesional iniciada por <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Robert_Lowell">Robert Lowell</a> y <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/William_De_Witt_Snodgrass">William De Witt Snodgrass</a>, luego continuada por <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Sylvia_Plath">Sylvia Plath</a>. También existe en la novela elementos que hacen a la dangerous writting o escritura peligrosa de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Tom_Spanbauer">Tom Spanbauer</a>. Bajo esta aproximación, el autor escribe sobre temas que le causan miedo o vergüenza para poder explorar los mismos y enfrentarlos; quedará la palabra escrita como un testimonio inacabado y crudo acerca de sí mismo. Es esa aproximación a la palabra la que ha de determinar una relación central entre lo que se cuenta y lo que es. La palabra es verdad y <strong>El Árbol de los Recuerdos</strong> es una novela de verdad.</p>
<p>En <strong>El Árbol de los Recuerdos</strong> la palabra es tratada con un amor bondadoso y sereno. Eso le permite al autor tejer hermosos giros poéticos y juegos con el lenguaje que acompañan al lector a lo largo del relato. Homero transita con madurez entre las formas de la precisión y las formas lúdicas sin caer en exageraciones y creando un clima gentil para la verdad. Esa es la maestría del autor en una exhibición de madurez con las palabras y también de sí mismo. </p>
<p>El aporte de <strong>El Árbol de los Recuerdos</strong>, en tanto narrativa, pasa por su aproximación a la forma del relato, su trabajo amable con la sintaxis y la honestidad puesta en la obra. Nos presenta otra manera de encarar la novela que no es desde afuera del autor, sino desde adentro de sí mismo; desde sus lugares más vedados pero, por eso y a la vez, sus lugares más humanos. Esta novela se sale de los cánones costumbristas y de los lugares comunes para llevarnos en un viaje de palabras al interior del autor y, con ello, al interior de nosotros y de nuestra sociedad.</p>
<p><strong>El río de la locura y los recuerdos</strong></p>
<p>Homero indica que lo que lo motivó a escribir la novela fue la condición humana, reflexionar acerca de las enfermedades mentales, de la locura. A su vez y a través de la misma locura Homero nos retrata una sociedad, nuestra sociedad, con sus carencias y su necesidad urgente de terapia mental colectiva; una lobotomía democrática y sobre la marcha para todos. </p>
<p>Andrés Caicedo le encomienda a Homero el rescate de sus recuerdos por medio de su escritura; esos recuerdos que el olvido se los está arrebatando. A partir de ese intento por rescatar la memoria del olvido, de la disociación del ser, de la locura, es que Homero nos presenta a la realidad en desfile ante nuestros ojos. El árbol es el lugar donde, a partir de los recuerdos y las palabras, han de ser invocados todos: la familia, los compañeros, los amigos, los solidarios, las voces, los indiferentes, los miserables, los envidiosos, los malaleches, los ruines, los locos, los etcétera. </p>
<p>Se nos aparece también la crueldad y la enfermedad de lo socialmente normal. Andrés Caicedo es de lejos un ser mucho más humano que muchos que vemos pasar en la novela. En una sociedad demente como la nuestra, algunos tienen permisos ocasionales para realizar actos que puedan afectar negativamente a otros y lo llamamos locura; pero de muchos seres normales se espera que al final del día hayan afectado negativamente a muchos otros seres y llamamos a eso éxito. La indiferencia y las miserias no pertenecen al mundo de la locura, pero son la moneda corriente del mundo; constituyen su normalidad.</p>
<p>La esperanza es que existen seres como Andrés; la esperanza es que aún queda lugar para la sinceridad y la solidaridad. Como lo dice el mismo Andrés en la novela: ¡Qué país! Tener que recurrir a un loco para que explique, significa que no estamos en una crisis política sino de conciencia nacional.</p>
<p><strong>El río de las voces</strong></p>
<p>Otras aguas que discurren a lo largo de la novela son las del mundo literario boliviano. Por la novela se verá pasar a más de una generación de escritores bolivianos; muchos con sus luces y que aparecen con su nombre, muchos con sus sombras y cuyos nombres son velados con un generoso silencio. <strong>El Árbol de los Recuerdos</strong> nos presenta un retrato necesario del mundo literario boliviano. Muchos creerán que las coincidencias son casuales: no lo son y dense por aludidos. Era necesario que alguien cuente las cosas que Homero nos relata en la novela. Nos hace bien nombrarlas, verlas escritas, verlas interpelarnos desde la página, nos hace bien asumirlas porque solo así podremos trascenderlas. Nadie se baña dos veces en el mismo río. Nadie que se sumerja en esta novela saldrá igual.</p>
<p>La temática de la novela es un aporte a la narrativa boliviana porque toca aspectos centrales de la experiencia humana que no habían sido tocados en nuestra literatura. Milan Kundera dice que la novela que no descubre una parte hasta entonces desconocida de la existencia es inmoral; el conocimiento es la única moral de la novela. Entonces <strong>El Árbol de los Recuerdos</strong> es una novela sobradamente justificada porque nos muestra lados de nosotros, de nuestro país y su gente –especialmente la del mundo literario-, que no habían sido mostrados antes y al hacerlo nos permite entendernos y trabajar sobre nosotros mismos.</p>
<p><strong>La condición humana</strong></p>
<p>El <strong>Árbol de los Recuerdos</strong> es una novela donde no pasa nada pero pasa todo y pasan todos; como nuestro país, o sea que no quedan dudas de que se trata de una novela boliviana. Homero nos plantea reflexionar sobre la condición humana a partir de muchas voces. Las voces del mundo y también las voces interiores. La esquizofrenia está presente en la novela, tanto como una condición del individuo, así como un estigma entre la sociedad. Homero nos muestra que la esquizofrenia es también parte de la experiencia humana; que la humanidad, la sensibilidad y la belleza existen también en lo que funciona diferente. A partir de sus diálogos con Andrés, el autor nos enseña que la lucidez, la poesía, la fraternidad y la divina humanidad que existen en el alma y la psiquis de cada uno siguen estando ahí, más allá de los prejuicios y las taras sociales. <strong>El Árbol de los Recuerdos</strong> es una afirmación de la vida, una celebración del espíritu, un elogio de la amistad y una voz de esperanza. En un mundo y un país que parecen salidos del otro lado del espejo, quizás alguna voz interior eligió apropiadamente este título para Andrés y Homero, y no por sus recuerdos, sino porque ambos dos son los únicos que están re-cuerdos y esta novela es su árbol.</p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
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		<title>Invierno de Christian J. Kanahuaty</title>
		<link>http://www.ecdotica.com/2010/03/16/invierno-de-christian-j-kanahuaty/</link>
		<comments>http://www.ecdotica.com/2010/03/16/invierno-de-christian-j-kanahuaty/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 16 Mar 2010 22:14:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículo]]></category>
		<category><![CDATA[Autores]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Novela]]></category>

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		<description><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/03/Invierno.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/03/Invierno.jpg" alt="" title="Invierno" width="243" height="335" class="aligncenter size-full wp-image-2701" /></a></center><br />
<strong>Invierno de Christian J. Kanahuaty<br />
Por: Claudio Ferrufino-Coqueugniot</strong></p>
<p><em><strong>Invierno</strong> se presentará el día jueves 18 de marzo en La Paz, en el espacio patiño de la calle ecuador, a las 19 y el comentario será de Oscar vega C. y en Cochabamba la presentación se realizará el 31 de marzo en la sala de lectura de la Biblioteca Simon I Patiño a horas 19 y el comentario estará a cargo de Elena Ferrufino. </em></p>
<p>Tal vez la mujer sea, en Christian Jiménez Kanahuaty, la novela. O la novela la mujer. Tal vez pretexto, no ambiguo sin embargo, como en Borges, para la creación del texto literario. En <strong>Invierno</strong> pareciera que el autor se busca a sí mismo, pero la búsqueda pasa por un segundo ¿un tercero? que viene a ser el amor en dualidad de sexo y literatura.</p>
<p>Nadie está tan solo como cuando escribe, así las páginas que produce tengan un público, supuesto las más de las veces, que, en teoría, acompaña al escritor.</p>
<p>&#8220;El sueño es esquivo y equívoco&#8221;, afirma el autor. Se podría calcar la definición refiriéndonos al femenino y al literario. Las piernas tanto como las letras son esquivas y equívocas, pero bellas a pesar de que en el trashumar en pos de ellas, la carencia de fortaleza anímica vocee desastre, cuando en realidad la voz habla de grande y terrible satisfacción.</p>
<p><strong>Fragmento de la novela Invierno:</strong></p>
<p>Quizás muera inédito. Quizás todo lo que escribí no sea lo que deseé escribir. Quizás me recuerden por esas páginas de las que hoy tanto dudo.</p>
<p>Tengo un rostro ausente de éxito y colmado de excesos.</p>
<p>Hace un momento hablé con Katia. Me contó aún que sigue durmiendo con su marido. Dice que ya no hablan y que desde hace tres días está metida en su casa. Dijo que se irá a vivir con su hermana, piensa que no será por mucho tiempo.</p>
<p>Una noche antes de San Juan visité un prostíbulo. Nunca antes había estado en un lugar así. Quise conocerlo. Nadie dijo nada al verme entrar. Creo que ni me miraron. Yo era uno más. Un rostro prematuramente viejo y fácil de olvidar. Estuve esa noche con una mujer mayor. Algo gorda y muy velluda. No duré mucho pero me chupó todo el cuerpo antes de abrirse a mí. Las viejas son raras, quieren otro trato y dan órdenes con mayor facilidad. Ella tenía el cabello corto y ondulado. Estaba teñido de borgoña. Olía a cigarrillo y tenía estrías en las nalgas. No recuerdo cómo se llamaba y supongo que se lo pregunté porque siempre lo hago. No me interesa si me mienten o no, lo que pasa es que yo necesito de nombres. Sólo el cuerpo no me llama la atención.</p>
<p>Quien no tiene nombre no tiene historia y mucho menos historias que contar. Tremenda frase, ¿no? nuestros nombres son nuestra cruz y nuestras cicatrices. En especial si llevamos el nombre de nuestros padres o el nombre de algún familiar muerto. Pero de estas intuiciones no puedo escribir.  </p>
<p>Ha dejado de llover. Quiero salir a caminar.</p>
<p>No logré caminar mucho.</p>
<p>Oriné en una esquina y una niña de diez años me vio, no sé por qué pero sentí vergüenza. Quizás porque estaba todo arrugado.  </p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/03/Invierno.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/03/Invierno.jpg" alt="" title="Invierno" width="243" height="335" class="aligncenter size-full wp-image-2701" /></a></center><br />
<strong>Invierno de Christian J. Kanahuaty<br />
Por: Claudio Ferrufino-Coqueugniot</strong></p>
<p><em><strong>Invierno</strong> se presentará el día jueves 18 de marzo en La Paz, en el espacio patiño de la calle ecuador, a las 19 y el comentario será de Oscar vega C. y en Cochabamba la presentación se realizará el 31 de marzo en la sala de lectura de la Biblioteca Simon I Patiño a horas 19 y el comentario estará a cargo de Elena Ferrufino. </em></p>
<p>Tal vez la mujer sea, en Christian Jiménez Kanahuaty, la novela. O la novela la mujer. Tal vez pretexto, no ambiguo sin embargo, como en Borges, para la creación del texto literario. En <strong>Invierno</strong> pareciera que el autor se busca a sí mismo, pero la búsqueda pasa por un segundo ¿un tercero? que viene a ser el amor en dualidad de sexo y literatura.</p>
<p>Nadie está tan solo como cuando escribe, así las páginas que produce tengan un público, supuesto las más de las veces, que, en teoría, acompaña al escritor.</p>
<p>&#8220;El sueño es esquivo y equívoco&#8221;, afirma el autor. Se podría calcar la definición refiriéndonos al femenino y al literario. Las piernas tanto como las letras son esquivas y equívocas, pero bellas a pesar de que en el trashumar en pos de ellas, la carencia de fortaleza anímica vocee desastre, cuando en realidad la voz habla de grande y terrible satisfacción.</p>
<p><strong>Fragmento de la novela Invierno:</strong></p>
<p>Quizás muera inédito. Quizás todo lo que escribí no sea lo que deseé escribir. Quizás me recuerden por esas páginas de las que hoy tanto dudo.</p>
<p>Tengo un rostro ausente de éxito y colmado de excesos.</p>
<p>Hace un momento hablé con Katia. Me contó aún que sigue durmiendo con su marido. Dice que ya no hablan y que desde hace tres días está metida en su casa. Dijo que se irá a vivir con su hermana, piensa que no será por mucho tiempo.</p>
<p>Una noche antes de San Juan visité un prostíbulo. Nunca antes había estado en un lugar así. Quise conocerlo. Nadie dijo nada al verme entrar. Creo que ni me miraron. Yo era uno más. Un rostro prematuramente viejo y fácil de olvidar. Estuve esa noche con una mujer mayor. Algo gorda y muy velluda. No duré mucho pero me chupó todo el cuerpo antes de abrirse a mí. Las viejas son raras, quieren otro trato y dan órdenes con mayor facilidad. Ella tenía el cabello corto y ondulado. Estaba teñido de borgoña. Olía a cigarrillo y tenía estrías en las nalgas. No recuerdo cómo se llamaba y supongo que se lo pregunté porque siempre lo hago. No me interesa si me mienten o no, lo que pasa es que yo necesito de nombres. Sólo el cuerpo no me llama la atención.</p>
<p>Quien no tiene nombre no tiene historia y mucho menos historias que contar. Tremenda frase, ¿no? nuestros nombres son nuestra cruz y nuestras cicatrices. En especial si llevamos el nombre de nuestros padres o el nombre de algún familiar muerto. Pero de estas intuiciones no puedo escribir.  </p>
<p>Ha dejado de llover. Quiero salir a caminar.</p>
<p>No logré caminar mucho.</p>
<p>Oriné en una esquina y una niña de diez años me vio, no sé por qué pero sentí vergüenza. Quizás porque estaba todo arrugado.  </p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
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		<title>Stieg Larsson y su trilogía Milenium</title>
		<link>http://www.ecdotica.com/2010/02/19/stieg-larsson-y-su-trilogia-milenium/</link>
		<comments>http://www.ecdotica.com/2010/02/19/stieg-larsson-y-su-trilogia-milenium/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 19 Feb 2010 20:34:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Autores]]></category>
		<category><![CDATA[Ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura policial]]></category>
		<category><![CDATA[Novela]]></category>

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		<description><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/02/stieg-larsson-1.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/02/stieg-larsson-1.jpg" alt="" title="stieg larsson 1" width="119" height="101" class="aligncenter size-full wp-image-2601" /></a></center><br />
<strong>El mundo que nos dejó Larsson<br />
Por: Ernesto Contreras Garrett</strong></p>
<p><em>&#8220;Se había convertido en un acontecimiento anual. Hoy el destinatario de la flor cumplía ochenta y dos años. Al llegar el paquete, lo abrió y le quito el papel de regalo. Acto seguido, cogió el teléfono y marcó el número de un excomisiario de la policía criminal que, tras jubilarse, se había ido a vivir a orillas del lago Siljan&#8230;&#8221;</em></p>
<p>La vida está plagada de historias inconclusas o con finales tristes. Esta es la historia de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Stieg_Larsson">Stieg Larsson</a> (1954 &#8211; 2004), periodista sueco, conocido en su país por investigar a sectas nazis ocultas (aún vigentes en el país nórdico), y llevadas a la opinión pública a través de la revista Expo, en la cual trabajaba como editor en jefe.</p>
<p>Asocio la tristeza con la vida de Larsson, porque murió a los cincuenta años, producto de un ataque al corazón. Después de haber entregado a su editor el borrador de su tercera novela y a escasas semanas de la publicación de la primera.</p>
<p>Las personas que lo conocieron afirman sin dudar, que Larsson jamás hubiera imaginado que su trilogía vendería alrededor del globo más de quince millones de libros. Para ser honestos, ni siquiera la editorial se imagino un existo a este nivel.</p>
<p>Hasta hace unas décadas los <em>thrillers</em> o novelas policíacas, no eran aceptados por los críticos y tampoco por los lectores de edad. Es más, muchos dudaban inclusive de su autenticidad como novelas y menospreciaban a sus autores. Hoy contra toda expectativa &#8211; para esas personas &#8211; el <em>thriller</em> es el género literario más vendido y aceptado por los lectores del mundo. Hay quienes afirman inclusive, que si no fuera por este género, tanto autores como editoriales y librerías se irían a la bancarrota, ya que este género no sólo hace agradable a la lectura sino que es además el motor iniciador en todas aquellas personas que no sienten pasión por la lectura.</p>
<p>Por eso este género es tan importante, porque consigue aquello que otros tipos de novela no pueden, que es iniciar a la gente. Podría decirse que hace el &#8220;trabajo sucio&#8221; por ellos.</p>
<p>Y qué mejor manera de rendirle un homenaje que hablando del boom de los últimos cinco años, la Trilogía Millenium y los libros que la componen: <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Los_hombres_que_no_amaban_a_las_mujeres">Los hombres que no amaban a las mujeres</a>, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/La_chica_que_so%C3%B1aba_con_una_cerilla_y_un_bid%C3%B3n_de_gasolina">La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina</a> y <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/La_reina_en_el_palacio_de_las_corrientes_de_aire">La reina en el palacio de las corrientes de aire</a>. Historia que rompe con cualquier esquema. </p>
<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/02/stieg-larsson.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/02/stieg-larsson.jpg" alt="" title="stieg larsson" width="85" height="129" class="aligncenter size-full wp-image-2603" /></a></center><br />
<strong>Comencemos por los títulos.</strong></p>
<p>Extensos, pero a la vez divertidos y sugestivos, hacen que sientas curiosidad por ellos. A este hecho debemos sumar además, el diseño de las tapas &#8211; que varían según el país, pero que mantienen la misma idea en todos -. En otras palabras, los libros te atrapan desde el primer momento que los ves.</p>
<p>La trilogía tiene lugar en la Suecia de nuestro tiempo &#8211; que gracias al autor ha despertado la curiosidad de muchos y ha levantado el turismo -. Teniendo como principales protagonistas a Mikael Blomkvist (periodista) y Lisbeth Salander (sólo Lisbeth).</p>
<p>El primer libro está más centrado en la figura de Mikael, propietario y editor en jefe de una revista llamada Millenium, que se ocupa de destapar grandes escándalos por parte de empresas o personajes de la alta sociedad sueca. Blomkvist es el elegido para ser la figura y el personaje estelar de la trilogía; correcto, incorruptible, justo, soñador y requerido por las mujeres (que alegan no saber por qué quieren estar con él). En otras palabras es aburrido y hasta un poco predecible, porque la perseverancia y paciencia que posee hacen que a la larga, casi todo le salga bien.</p>
<p>El éxito de estos libros se centra en el otro personaje, Lisbeth Salander (el verdadero legado de Stieg Larsson). Lisbeth se convierte en la heroína de la trilogía, aunque “a simple vista” pueda ser la antítesis de cualquier héroe.</p>
<p>Lisbeth es bajita, fría, odia a la gente, se viste como gótica y además es delgada, pero sin ningún problema de alimentación. El autor explica y recalca por medio de sus personajes durante los tres libros que Lisbeth, no es anoréxica. </p>
<p>¿Donde recae la verdadera fuerza de Lisbeth?</p>
<p>Como habrás podido notar, la fuerza de Lisbeth no radica en la parte física, sino en la intelectual. Lisbeth es extremadamente inteligente -convertida por mérito propio en una las hackers más importantes del mundo-. Por más que parezca dispersa, es una chica con las ideas claras, que se rige por sus propias reglas y tiene un criterio acerca de la ética bastante interesante y particular. </p>
<p>No es agresiva, simplemente pide que nadie la moleste. Ella es la que toma las decisiones y no piensa dos veces cuando tiene que actuar. Este tipo de actitud se debe a una infancia traumática, de la cuál prefiere no hablar, pero que la motiva a hacer justicia &#8211; con todos aquellos que le hicieron daño &#8211; y buscar la felicidad (a su manera).</p>
<p>Lisbeth, por medio de su carácter y actitud, representa aquello a lo que todos quisieran llegar, pero no se animan. Es la fuerza de actuar y vivir como si no se tuviera nada que perder, dejando de lado las posibles consecuencias, pero siempre viviendo de acuerdo a la propia concepción de vida, sin sentirse avergonzado o intimidado por ello y – por supuesto– dejando de lado la opinión del resto.</p>
<p>Si bien en el primer libro, los personajes tardan en conocerse y no llega a apreciarse del todo la verdadera fuerza de Lisbeth. Ella cobra muchísima importancia en el segundo tomo y se &#8220;roba&#8221; la obra en el tercero, haciendo que inclusive sientas pena porque ya no la “verás” más en otra novela.</p>
<p>Esta Trilogía puede -y debe- ser leída por todos. Es posible que sea un poco más difícil para la gente de edad (que odiaba a los thrilles) debido a que el autor recurre a muchos elementos tecnológicos, que tal vez cuesten ser imaginados. Pero vale la pena, porque en este libro se encuentra uno de esos personajes que no olvidaremos jamás. Lisbeth Salander.</p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/02/stieg-larsson-1.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/02/stieg-larsson-1.jpg" alt="" title="stieg larsson 1" width="119" height="101" class="aligncenter size-full wp-image-2601" /></a></center><br />
<strong>El mundo que nos dejó Larsson<br />
Por: Ernesto Contreras Garrett</strong></p>
<p><em>&#8220;Se había convertido en un acontecimiento anual. Hoy el destinatario de la flor cumplía ochenta y dos años. Al llegar el paquete, lo abrió y le quito el papel de regalo. Acto seguido, cogió el teléfono y marcó el número de un excomisiario de la policía criminal que, tras jubilarse, se había ido a vivir a orillas del lago Siljan&#8230;&#8221;</em></p>
<p>La vida está plagada de historias inconclusas o con finales tristes. Esta es la historia de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Stieg_Larsson">Stieg Larsson</a> (1954 &#8211; 2004), periodista sueco, conocido en su país por investigar a sectas nazis ocultas (aún vigentes en el país nórdico), y llevadas a la opinión pública a través de la revista Expo, en la cual trabajaba como editor en jefe.</p>
<p>Asocio la tristeza con la vida de Larsson, porque murió a los cincuenta años, producto de un ataque al corazón. Después de haber entregado a su editor el borrador de su tercera novela y a escasas semanas de la publicación de la primera.</p>
<p>Las personas que lo conocieron afirman sin dudar, que Larsson jamás hubiera imaginado que su trilogía vendería alrededor del globo más de quince millones de libros. Para ser honestos, ni siquiera la editorial se imagino un existo a este nivel.</p>
<p>Hasta hace unas décadas los <em>thrillers</em> o novelas policíacas, no eran aceptados por los críticos y tampoco por los lectores de edad. Es más, muchos dudaban inclusive de su autenticidad como novelas y menospreciaban a sus autores. Hoy contra toda expectativa &#8211; para esas personas &#8211; el <em>thriller</em> es el género literario más vendido y aceptado por los lectores del mundo. Hay quienes afirman inclusive, que si no fuera por este género, tanto autores como editoriales y librerías se irían a la bancarrota, ya que este género no sólo hace agradable a la lectura sino que es además el motor iniciador en todas aquellas personas que no sienten pasión por la lectura.</p>
<p>Por eso este género es tan importante, porque consigue aquello que otros tipos de novela no pueden, que es iniciar a la gente. Podría decirse que hace el &#8220;trabajo sucio&#8221; por ellos.</p>
<p>Y qué mejor manera de rendirle un homenaje que hablando del boom de los últimos cinco años, la Trilogía Millenium y los libros que la componen: <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Los_hombres_que_no_amaban_a_las_mujeres">Los hombres que no amaban a las mujeres</a>, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/La_chica_que_so%C3%B1aba_con_una_cerilla_y_un_bid%C3%B3n_de_gasolina">La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina</a> y <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/La_reina_en_el_palacio_de_las_corrientes_de_aire">La reina en el palacio de las corrientes de aire</a>. Historia que rompe con cualquier esquema. </p>
<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/02/stieg-larsson.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/02/stieg-larsson.jpg" alt="" title="stieg larsson" width="85" height="129" class="aligncenter size-full wp-image-2603" /></a></center><br />
<strong>Comencemos por los títulos.</strong></p>
<p>Extensos, pero a la vez divertidos y sugestivos, hacen que sientas curiosidad por ellos. A este hecho debemos sumar además, el diseño de las tapas &#8211; que varían según el país, pero que mantienen la misma idea en todos -. En otras palabras, los libros te atrapan desde el primer momento que los ves.</p>
<p>La trilogía tiene lugar en la Suecia de nuestro tiempo &#8211; que gracias al autor ha despertado la curiosidad de muchos y ha levantado el turismo -. Teniendo como principales protagonistas a Mikael Blomkvist (periodista) y Lisbeth Salander (sólo Lisbeth).</p>
<p>El primer libro está más centrado en la figura de Mikael, propietario y editor en jefe de una revista llamada Millenium, que se ocupa de destapar grandes escándalos por parte de empresas o personajes de la alta sociedad sueca. Blomkvist es el elegido para ser la figura y el personaje estelar de la trilogía; correcto, incorruptible, justo, soñador y requerido por las mujeres (que alegan no saber por qué quieren estar con él). En otras palabras es aburrido y hasta un poco predecible, porque la perseverancia y paciencia que posee hacen que a la larga, casi todo le salga bien.</p>
<p>El éxito de estos libros se centra en el otro personaje, Lisbeth Salander (el verdadero legado de Stieg Larsson). Lisbeth se convierte en la heroína de la trilogía, aunque “a simple vista” pueda ser la antítesis de cualquier héroe.</p>
<p>Lisbeth es bajita, fría, odia a la gente, se viste como gótica y además es delgada, pero sin ningún problema de alimentación. El autor explica y recalca por medio de sus personajes durante los tres libros que Lisbeth, no es anoréxica. </p>
<p>¿Donde recae la verdadera fuerza de Lisbeth?</p>
<p>Como habrás podido notar, la fuerza de Lisbeth no radica en la parte física, sino en la intelectual. Lisbeth es extremadamente inteligente -convertida por mérito propio en una las hackers más importantes del mundo-. Por más que parezca dispersa, es una chica con las ideas claras, que se rige por sus propias reglas y tiene un criterio acerca de la ética bastante interesante y particular. </p>
<p>No es agresiva, simplemente pide que nadie la moleste. Ella es la que toma las decisiones y no piensa dos veces cuando tiene que actuar. Este tipo de actitud se debe a una infancia traumática, de la cuál prefiere no hablar, pero que la motiva a hacer justicia &#8211; con todos aquellos que le hicieron daño &#8211; y buscar la felicidad (a su manera).</p>
<p>Lisbeth, por medio de su carácter y actitud, representa aquello a lo que todos quisieran llegar, pero no se animan. Es la fuerza de actuar y vivir como si no se tuviera nada que perder, dejando de lado las posibles consecuencias, pero siempre viviendo de acuerdo a la propia concepción de vida, sin sentirse avergonzado o intimidado por ello y – por supuesto– dejando de lado la opinión del resto.</p>
<p>Si bien en el primer libro, los personajes tardan en conocerse y no llega a apreciarse del todo la verdadera fuerza de Lisbeth. Ella cobra muchísima importancia en el segundo tomo y se &#8220;roba&#8221; la obra en el tercero, haciendo que inclusive sientas pena porque ya no la “verás” más en otra novela.</p>
<p>Esta Trilogía puede -y debe- ser leída por todos. Es posible que sea un poco más difícil para la gente de edad (que odiaba a los thrilles) debido a que el autor recurre a muchos elementos tecnológicos, que tal vez cuesten ser imaginados. Pero vale la pena, porque en este libro se encuentra uno de esos personajes que no olvidaremos jamás. Lisbeth Salander.</p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
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		<title>Written On The Body</title>
		<link>http://www.ecdotica.com/2010/02/15/written-on-the-body/</link>
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		<pubDate>Mon, 15 Feb 2010 13:31:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Novela]]></category>

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		<description><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/02/escrito-en-el-agua.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/02/escrito-en-el-agua.jpg" alt="" title="escrito en el agua" width="289" height="382" class="aligncenter size-full wp-image-2595" /></a></center><br />
<strong>Las novelas ocultas<br />
Por: Christian J. Kanahuaty</strong> </p>
<p>En mi última visita relámpago a La Paz para participar como lector en el festival Internacional de Poesía me llevé en la mochila una novela que acababa de comprar tarde antes, una que siendo de Anagrama ya presagiaba algo interesante y no es que ésta editorial sólo publique textos buenos, sino que en gran medida encontrar y leer un libro depende en mucho del estado de animo del lector. Leía el nombre: <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jeanette_Winterson">Jeanette Winterson</a>, el nombre no me decía nada, luego el título: <a href="http://books.google.com.bo/books?id=8C_1AQAACAAJ&#038;dq=escrito+en+el+cuerpo+de+jeanette+winterson&#038;ei=YEZ5S4S4HpfCM7aTtNcE&#038;cd=1">Escrito en el cuerpo</a> <em>(Written on the Body)</em> y aquí ya se abrieron las puertas o se trataba de una novela erótica o de una novela más dentro del canon romántico que a veces tienen mucho que ver con las quejas y los llantos de la culpa. </p>
<p>No quise en ese momento leer la contratapa y no saber a lo que me atenía, quise solamente en ese momento entrar en la novela y ver qué pasaba conmigo y con la historia, pero claro, eso no pudo ser porque esa misma noche subía a un bus y encaminaba mi vida hacia La Paz. Cuando llegué al hotel empecé a leerla y me produjo una gran satisfacción darme cuenta que desde el inicio ya no se anclaba en supuestos, sino que si bien iba a contarme una historia de amor con rupturas, encuentros y desasosiegos, el narrador no era ni hombre ni mujer y sólo nos preguntaba una cosa, o buenos dos: ¿Por qué la ausencia es la medida del amor? y ¿Por qué las cosas que más necesitamos escuchar son las que menos se dicen? </p>
<p>Si uno deja sueltas éstas preguntas ya puede armarse una historia trágica. Pero la habilidad de la autora no es quedarse en la conmoción, sino más bien sacarnos fácilmente de ella y llevarnos a ver qué pasó en la vida de la persona que nos cuenta su historia. ¿Qué pasó para llegar al punto de formularse esas preguntas? ¿Dónde y en qué momento dejó que la historia de su amor fuera superior a todas sus fuerzas? Me parece que hábilmente ésta respuesta no se encuentra en el libro explícitamente, sino que cada uno de nosotros lectores iremos sacando una, porque cada uno de nosotros encontraremos en la ausencia y en la frustración de no tener a quién amamos una salida a nuestros propios remordimientos porque haber dejado ir a la persona que supuestamente amábamos con el argumento de que así le estábamos haciendo un bien. </p>
<p>Sin querer Winterson ha escrito la contracara de la historia del héroe de las novelas románticas que bien podrían arrancar con <strong><a href="http://books.google.com.bo/books?id=uDs6lwF5AN4C&#038;printsec=frontcover&#038;dq=rojo+y+negro&#038;ei=GEp5S_TgHIi0zQSlmrjZBA&#038;cd=1#v=onepage&#038;q=&#038;f=false">El rojo y el Negro</a></strong> de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Stendhal">Sthendal</a> pero la autora a través de su narrador sin género definido nos va diciendo es que el amor a veces es sólo una leyenda que tiene una cifra en su reverso. </p>
<p>La novela reconstruye el cuerpo, lo nombra, casi escatológicamente, lo resignifica y lo envuelve en tul para ella misma, para la narradora, porque hay también un punto ciego donde el amor obnubila los sentidos y todo es pasión y recuerdo y reconstrucción y vigilia. Así la novela se divide en las partes: “Las células, tejidos, sistemas y cavidades del cuerpo”, “La piel”, “El esqueleto”, “los sentidos especiales”. Si la novela se llama escrito en el cuerpo, tenemos que ver que hablamos de éste cuerpo y no de un cuerpo ideal o metafísico. Hablamos de un cuerpo concreto, de una amante reconocible porque su piel es nuestra. Porque en nuestro ojos y mente se ha gravado sobre el frío y el hielo los contornos de ese cuerpo que ahora nos encargamos de evocar página tras página. </p>
<p>Winterson no entrega esta novela de pasión, de las preguntas sin respuesta: ¿Por qué la ausencia es la medida del amor? y ¿Por qué las cosas que más necesitamos escuchar son las que menos se dicen? Éste es el momento para nombrar a la segunda novela que quiero comentarles, también escrita por una mujer, si la anterior estuvo escrita por una inglesa esta es francesa. Recomendación expresa de don Jaime Nisthaus, se llama: <strong>Los Plátanos</strong> y su autora es Monique Lange. De algún modo ésta novela también retoma y formula las preguntas que nos dejó Winterson. La novela está narrada en tercera persona, pero en muchos de sus capítulos sólo acontecen diálogos y descripciones del paisaje estival francés simplemente necesarias, no exageradas, su manejo del lenguaje es exacto, justo, evocador y por demás elocuente. </p>
<p>Lange nos mete en un viaje, un auto, dos personajes y un tercer personaje del cuál en todo momento se habla. </p>
<p>Un hombre va en auto acompañado de su ex amante y ahora amiga, pensando en ella, la mujer que se ha ido a buscar nuevos horizontes, nuevos destinos y tal vez nuevos amores. Pero él no la puede olvidar y es tanto su impulso por verla y estar a su lado que su ahora amiga y ex amante lo seduce, lo ama, lo acompaña y lo conforta a los largo de dos días y en dos ocasiones hacen el amor y él no puede dejar de pensar en ella. </p>
<p>Aquí Lange nos muestra otro tipo de personaje menos patético de lo que parece, simplemente es un tipo que no puede cambiar de sintonía de amor, no es tan fácil como cambiarse de sombrero. Pero también sabe que debe ir, que lo importante es formular la pregunta y no esperar si quiera una respuesta porque se conoce y entiende que ha sido en gran medida por culpa suya que esa mujer se ha marchado. </p>
<p>Él reconstruye sus errores, los toma como lo que son: recuerdos, pero no puede desprenderse de ellos, no puede tampoco dejar de quererla a su lado y no está dispuesto a dejarla de amar, incluso el contacto con otro cuerpo es sólo circunstancial porque el cuerpo de la mujer ausente es más fuerte que ha logrado entrar a donde su ex amante jamás llegará; aquí de nuevo el cuerpo, ese que Winterson ya nos había descrito exhaustivamente. En el amor al parecer sólo hay cuerpos en medio del amor. Eso nos dicen ellas, Winterson y Lange, es el cuerpo lo que se quiere y todo lo que emana de él. </p>
<p>Estas dos novelas indagan el amor, el cuerpo, la ausencia y las palabras que se esperan y nunca se dicen. Las palabras con las que están hechas las historias que intentó reseñar y contar son como casi siempre insuficientes, lo mejor será, entonces, buscar y leerlas. Estoy seguro que el final de ambas les despertará nuevas imágenes, algunas sensaciones y quizás algún gesto.</p>
<p>Para descargar <strong>Rojo y negro</strong> (<em>Le Rouge et le Noir</em>), novela que Henri Beyle, más conocido por su seudónimo Stendhal, publicó a mediados de noviembre de 1830 siga el siguiente <a href="http://books.google.com.bo/books?id=uDs6lwF5AN4C&#038;printsec=frontcover&#038;dq=rojo+y+negro&#038;ei=GEp5S_TgHIi0zQSlmrjZBA&#038;cd=1#v=onepage&#038;q=&#038;f=false">enlace</a>.</p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/02/escrito-en-el-agua.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/02/escrito-en-el-agua.jpg" alt="" title="escrito en el agua" width="289" height="382" class="aligncenter size-full wp-image-2595" /></a></center><br />
<strong>Las novelas ocultas<br />
Por: Christian J. Kanahuaty</strong> </p>
<p>En mi última visita relámpago a La Paz para participar como lector en el festival Internacional de Poesía me llevé en la mochila una novela que acababa de comprar tarde antes, una que siendo de Anagrama ya presagiaba algo interesante y no es que ésta editorial sólo publique textos buenos, sino que en gran medida encontrar y leer un libro depende en mucho del estado de animo del lector. Leía el nombre: <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jeanette_Winterson">Jeanette Winterson</a>, el nombre no me decía nada, luego el título: <a href="http://books.google.com.bo/books?id=8C_1AQAACAAJ&#038;dq=escrito+en+el+cuerpo+de+jeanette+winterson&#038;ei=YEZ5S4S4HpfCM7aTtNcE&#038;cd=1">Escrito en el cuerpo</a> <em>(Written on the Body)</em> y aquí ya se abrieron las puertas o se trataba de una novela erótica o de una novela más dentro del canon romántico que a veces tienen mucho que ver con las quejas y los llantos de la culpa. </p>
<p>No quise en ese momento leer la contratapa y no saber a lo que me atenía, quise solamente en ese momento entrar en la novela y ver qué pasaba conmigo y con la historia, pero claro, eso no pudo ser porque esa misma noche subía a un bus y encaminaba mi vida hacia La Paz. Cuando llegué al hotel empecé a leerla y me produjo una gran satisfacción darme cuenta que desde el inicio ya no se anclaba en supuestos, sino que si bien iba a contarme una historia de amor con rupturas, encuentros y desasosiegos, el narrador no era ni hombre ni mujer y sólo nos preguntaba una cosa, o buenos dos: ¿Por qué la ausencia es la medida del amor? y ¿Por qué las cosas que más necesitamos escuchar son las que menos se dicen? </p>
<p>Si uno deja sueltas éstas preguntas ya puede armarse una historia trágica. Pero la habilidad de la autora no es quedarse en la conmoción, sino más bien sacarnos fácilmente de ella y llevarnos a ver qué pasó en la vida de la persona que nos cuenta su historia. ¿Qué pasó para llegar al punto de formularse esas preguntas? ¿Dónde y en qué momento dejó que la historia de su amor fuera superior a todas sus fuerzas? Me parece que hábilmente ésta respuesta no se encuentra en el libro explícitamente, sino que cada uno de nosotros lectores iremos sacando una, porque cada uno de nosotros encontraremos en la ausencia y en la frustración de no tener a quién amamos una salida a nuestros propios remordimientos porque haber dejado ir a la persona que supuestamente amábamos con el argumento de que así le estábamos haciendo un bien. </p>
<p>Sin querer Winterson ha escrito la contracara de la historia del héroe de las novelas románticas que bien podrían arrancar con <strong><a href="http://books.google.com.bo/books?id=uDs6lwF5AN4C&#038;printsec=frontcover&#038;dq=rojo+y+negro&#038;ei=GEp5S_TgHIi0zQSlmrjZBA&#038;cd=1#v=onepage&#038;q=&#038;f=false">El rojo y el Negro</a></strong> de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Stendhal">Sthendal</a> pero la autora a través de su narrador sin género definido nos va diciendo es que el amor a veces es sólo una leyenda que tiene una cifra en su reverso. </p>
<p>La novela reconstruye el cuerpo, lo nombra, casi escatológicamente, lo resignifica y lo envuelve en tul para ella misma, para la narradora, porque hay también un punto ciego donde el amor obnubila los sentidos y todo es pasión y recuerdo y reconstrucción y vigilia. Así la novela se divide en las partes: “Las células, tejidos, sistemas y cavidades del cuerpo”, “La piel”, “El esqueleto”, “los sentidos especiales”. Si la novela se llama escrito en el cuerpo, tenemos que ver que hablamos de éste cuerpo y no de un cuerpo ideal o metafísico. Hablamos de un cuerpo concreto, de una amante reconocible porque su piel es nuestra. Porque en nuestro ojos y mente se ha gravado sobre el frío y el hielo los contornos de ese cuerpo que ahora nos encargamos de evocar página tras página. </p>
<p>Winterson no entrega esta novela de pasión, de las preguntas sin respuesta: ¿Por qué la ausencia es la medida del amor? y ¿Por qué las cosas que más necesitamos escuchar son las que menos se dicen? Éste es el momento para nombrar a la segunda novela que quiero comentarles, también escrita por una mujer, si la anterior estuvo escrita por una inglesa esta es francesa. Recomendación expresa de don Jaime Nisthaus, se llama: <strong>Los Plátanos</strong> y su autora es Monique Lange. De algún modo ésta novela también retoma y formula las preguntas que nos dejó Winterson. La novela está narrada en tercera persona, pero en muchos de sus capítulos sólo acontecen diálogos y descripciones del paisaje estival francés simplemente necesarias, no exageradas, su manejo del lenguaje es exacto, justo, evocador y por demás elocuente. </p>
<p>Lange nos mete en un viaje, un auto, dos personajes y un tercer personaje del cuál en todo momento se habla. </p>
<p>Un hombre va en auto acompañado de su ex amante y ahora amiga, pensando en ella, la mujer que se ha ido a buscar nuevos horizontes, nuevos destinos y tal vez nuevos amores. Pero él no la puede olvidar y es tanto su impulso por verla y estar a su lado que su ahora amiga y ex amante lo seduce, lo ama, lo acompaña y lo conforta a los largo de dos días y en dos ocasiones hacen el amor y él no puede dejar de pensar en ella. </p>
<p>Aquí Lange nos muestra otro tipo de personaje menos patético de lo que parece, simplemente es un tipo que no puede cambiar de sintonía de amor, no es tan fácil como cambiarse de sombrero. Pero también sabe que debe ir, que lo importante es formular la pregunta y no esperar si quiera una respuesta porque se conoce y entiende que ha sido en gran medida por culpa suya que esa mujer se ha marchado. </p>
<p>Él reconstruye sus errores, los toma como lo que son: recuerdos, pero no puede desprenderse de ellos, no puede tampoco dejar de quererla a su lado y no está dispuesto a dejarla de amar, incluso el contacto con otro cuerpo es sólo circunstancial porque el cuerpo de la mujer ausente es más fuerte que ha logrado entrar a donde su ex amante jamás llegará; aquí de nuevo el cuerpo, ese que Winterson ya nos había descrito exhaustivamente. En el amor al parecer sólo hay cuerpos en medio del amor. Eso nos dicen ellas, Winterson y Lange, es el cuerpo lo que se quiere y todo lo que emana de él. </p>
<p>Estas dos novelas indagan el amor, el cuerpo, la ausencia y las palabras que se esperan y nunca se dicen. Las palabras con las que están hechas las historias que intentó reseñar y contar son como casi siempre insuficientes, lo mejor será, entonces, buscar y leerlas. Estoy seguro que el final de ambas les despertará nuevas imágenes, algunas sensaciones y quizás algún gesto.</p>
<p>Para descargar <strong>Rojo y negro</strong> (<em>Le Rouge et le Noir</em>), novela que Henri Beyle, más conocido por su seudónimo Stendhal, publicó a mediados de noviembre de 1830 siga el siguiente <a href="http://books.google.com.bo/books?id=uDs6lwF5AN4C&#038;printsec=frontcover&#038;dq=rojo+y+negro&#038;ei=GEp5S_TgHIi0zQSlmrjZBA&#038;cd=1#v=onepage&#038;q=&#038;f=false">enlace</a>.</p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
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