Donaciones

Ayudanos a difundir libros gratuitos

Los Jóvenes también contamos

w3.jpg

Sangre nueva para la literatura Paola Andrea Luna (15) y Tiffany Areco (16), ganadoras del premio
Por: Darwin Pinto

Ella, cuando por fin pudo escapar a las garras del insomnio, soñó que “eso”estaba ahí. Varias veces habló en dormida pidiendo que “aquello” se fuera. Incluso, cuando creció, le contaron que una noche la encontraron abrazada a su muñeca favorita, con temor por esa presencia.
De modo que algunos años después, cuando Tiffany Areco Erazo (16) escribió El choboreca del Tajibo, narración corta con la que ganó el primer lugar en la categoría de cuento en el concurso Los jóvenes también contamos, describió casi una experiencia personal, apoyada con investigación sobre esa leyenda oriental.
La poesía de Paola Andrea Luna (15) también es un asunto personal. Tanto es así que obtuvo el primer lugar en su categoría en el mismo concurso con su obra Nosé. Esta montereña, nacida en La Paz, ha hallado en este género de brevedad metafórica tallada en papel, el idioma necesario para expresar, en su total magnitud, lo que la palabra dicha al viento no puede hacer.
Hay veces en que los autores deben justificar por qué escriben lo que escriben, sobre todo, cuando algún periodista se los pregunta: “Siempre me ha gustado escribir, porque imaginariamente puedes visitar nuevos lugares. Empecé a hacerlo desde que tenía 11 años. Escribía cosas muy breves que se quedaban archivadas en casa. Ésta es la primera vez que participo en un concurso”, dice Areco Erazo y agrega que El choboreca del tajibo lo escribió en 48 horas, sólo para participar de esta competencia organizada por EL DEBER y la Mesa Departamental de Concertación por la Lectura y Escritura.
“…A lo lejos, la luna brillaba y cerca del yatí, una sombra espesa se arrastraba con muecas de dolor. La mujer agarró a la niña y entró a su cuarto. La abrazó fuertemente y no la dejó en toda la noche, sintiendo su respiración más calmada. Al día siguiente, junto con los rayos de sol, el árbol del tayí se elevaba majestuosamente, mostrando unas flores tan blancas como las estrellas. La mujer se sentó a observar el nuevo día que comenzaba, cuando una suave voz le habló desde atrás:
-Creo que ya se fue.
La mujer giró para ver a su hija, y con voz pausada preguntó como si hablara con el viento
-¿Cómo sabes?
-Porque pude soñar con flores…”.
En ese fragmento del cuento ganador se descubren ciertas influencias de maestros reconocidos por la autora. Pese a su final netamente garcíamarquiano, se ve también la mano de Allan Poe, Baudelaire y Kafka.
“Me gusta el cuento porque la poesía la relaciono con la felicidad y ese no es un aspecto que me interese. Mis temas se relacionan con mi estado de ánimo, con un sentimiento hasta doloroso, porque mis padres son veterinarios y alguna vez he visto la muerte ahí con algunos animales. Por eso leo la poesía de Baudelaire, es otra cara de ese género. Allan Poe cultiva un estilo de terror elegante, no como el de las películas que de niña yo miraba y me condenaban al insomnio”, afirma esta ex practicante de artes marciales que decidió renunciar al idioma francés porque el inglés la llamaba con más fuerza.
El primer cuento que escribió esta muchacha, que pretende profesionalizarse en ingeniería electrónica, fue a los ocho años para una tarea de la escuela. Hasta ahora ha escrito como 20, de los cuales algunos se han perdido.
En el caso de Paola Andrea Luna, además de poesía, cultiva el cuento, la fábula y sueña con escribir alguna vez una novela. Después del premio, afirma que desea seguir escribiendo y profesionalizarse en ello si es posible, aunque también tiene claro que si no puede encarar la literatura profesionalmente, igual jamás dejará de escribir. Para ella, la poesía atrapa al momento determinado que la inspira.
“Me gusta la poesía clásica, la de Lidia Parada o la de mi abuelo, Aldo Luna, cuyo trabajo figura en una antología poética. A los 13 años leí un poema titulado Homo non Sapiens. Desde entonces escribo para expresar mis emociones, mis ideas, como por ejemplo: sobre la amistad o sobre sentimientos encontrados o darte cuenta cómo la vida va cambiando y no sabés si estarás contento con esos cambios”, dice la ganadora que quedó impresionada con el libro La lista de Schindler, que quiere estudiar comunicación social o psicología, y que en sus ratos libres juega al tenis. Así escribe Luna:
También nosé/ si en un futuro
todo lo que viviré/ me dará frutos
(…) Pero si así fuese
tal vez me dañará
por eso lo único que sé
cuando se cierra una puerta
se abre otra o cuando hay un final existe un comienzo
(fragmento del poema Nose)
Luna agrega que ha escrito cuentos para el colegio y que le gustaría profesionalizarse en la poesía buscando una mayor intensidad y mejor estructura, aunque la ganadora de la categoría de cuento, Areco, agrega que teme estudiar literatura, porque podría cambiarle tal vez su modo de percibir las cosas y de escribirlas.
Así el exceso de TV, el hechizo del Play Station, el MP4 y la Internet, aún no han llegado al territorio mental de algunos adolescentes y jóvenes, como Luna y Areco. Ellas mantienen la capacidad de entender lo que leen, pueden mirarse por dentro, imaginar una historia y plasmar aquello que les bulle en el alma en forma de literatura. Pero sobre todo, tienen muchísimo tiempo para pulir esas habilidades y seguir un paso adelante de los muchos que empiezan la carrera de escribir, de los cuales, la mayoría caerán en el intento.
(Fuente: www.eldeber.com.bo)


Informe

poesia-en-bolivia.jpg
Los poetas ven al oficio como una necesidad libre de su entorno
Por: Martín Zelaya Sánchez

El crítico literario estadounidense Harold Bloom dice que los poemas pueden ayudarnos a hablar más plena y claramente con nosotros mismos, y a oír esa conversación. La poetisa boliviana María Soledad Quiroga escribe poesía “porque necesito hacerlo, porque esa es la manera que tengo de expresarme, de ser yo misma; escribir un poema es intentar descifrar la realidad y descifrarse a uno mismo”.
¿Cuál es el sentido de hacer poesía en Bolivia, qué implicancias tiene y cuáles son las condiciones y retos del vate boliviano? Con estas interrogantes como eje, decenas de escritores convergieron hace unos días en el tercer Festival de Poesía al Aire Libre.
“El sentido de escribir poesía en Bolivia es el mismo que en cualquier otra parte, en tanto —dice Quiroga— responde a una necesidad personal. Yo no creo en eso del compromiso de la literatura, no creo que pueda ni deba ser vehículo de denuncia social, no creo en la instrumentalización de la literatura”. En ello la autora coincide con gran parte de los participantes de este encuentro
Benjamín Chávez, Premio Nacional de Poesía 2006, considera que “el sentido acá y en cualquier parte del mundo, es la manifestación de aspectos cognitivos, emocionales, estéticos, desde un modesto, pero propio punto de vista”.
Otros factores
Pero, ¿y los factores externos, la coyuntura, la idiosincrasia que intervienen, determinan e influyen en este oficio?
El pequeño universo de lectores y el reducido mercado editorial de la poesía es, a diferencia de otros géneros, común en Bolivia y en casi todas partes del mundo, por lo que, salvadas las diferencias en cuanto a tradición y volumen poblacional, la realidad internacional de los vates no dista mucho.
Silvio Mignano, escritor italiano, actual embajador de su país en Bolivia, señala que “en Italia y Europa, incluso más que en Bolivia y América Latina, el público de la poesía es reducido, pero esto, paradójicamente, puede dar un sentido de mayor libertad: sabes bien que cuando escribes poemas te estás dirigiendo a un grupo de lectores que te van a entender, que están comprometidos con la literatura, que esperan de ti una voz auténtica. No puedes fallar, suele ser un lector más exigente”.
“Es cierto que en Bolivia los lectores son muy pocos, especialmente los de poesía; podría decirse incluso que los únicos que leen poesía son los poetas. Estamos lejos de la situación de algunos autores chilenos, como Neruda, que fueron verdaderos fenómenos de masas, y muy lejos de casos como el de Medellín, donde se congregan multitudes a escuchar lecturas”, comenta Quiroga al respecto.
Aristas
El encuentro, que reunió a poetas reconocidos como Humberto Quino, Jorge Campero o Jaime Nisttahuz, y a autores emergentes como Osmar Filipovich, Pamela Romano o Montserrat Fernández, se dividió en cuatro mesas temáticas. Después de leer su producción, los participantes debatieron en cada una de ellas sobre los siguientes tópicos: la poesía emergente, la generación contestataria, el eje La Paz-Santa Cruz y la producción en el interior, y el Premio Nacional de Poesía Yolanda Bedregal.
En esta última mesa estuvo Chávez, quien considera que “todo concurso es un apoyo a la creación, pues al otorgar dinero se está pagando por un trabajo realizado. Pero el Yolanda Bedregal es además un concurso que contribuye a la circulación del libro, al publicarlo.
Así, también apoya a la industria editorial y al consumo (lector). En cuanto a la valoración de la obra literaria que todo concurso presupone, ésta no es ni puede ser infalible, pero sí atendible de validar o desechar”.
María Soledad Quiroga cierra este tópico. “En el caso de un Premio Nacional habría que ser más cuidadoso y tal vez premiar una trayectoria poética y no un libro. Se han dado algunos casos de premios inmerecidos, sobre todo porque las bases de los concursos obligan a otorgar los galardones anualmente, aunque el nivel de los concursantes no sea bueno, creo que habría que modificar esto para evitar que se vaya devaluando”.
Azar acrobático y malabarista
Pamela Romano (Estudiante de Literatura)
Llegar a la poesía desde un sentido escritural —creería— no es una elección; parecería, más bien, ser un azar y no por eso ser una faena improvisada —quizás malabarista, acrobática, pero siempre ejercitada a la mira cuidadosa de jugar sobre/ con un vacío. Escribir desde ahí (desde la conciencia de ese lugar sin lugar, al que se ha llegado quién sabe por qué) posibilita que considere la escritura poética como un oficio —como lo hago; que pueda rebatir y cuestionar siempre una voz confesional, ante la cual, pensaría, el poeta debiera alejarse como si fuera una enfermedad. Resumiendo, escribo para sentirme más incómoda: me gusta pensar que la poesía es el oficio de esa incomodidad, de saber que lo mejor sería dejar de escribir y sin embargo se sigue escribiendo. ¿Qué implicancia tiene todo esto en el contexto boliviano? Yo no sé. Creería que ninguna en un sentido práctico; quizás sólo plástico (que es lo que importa). Como premio nacional y desde una mirada optimista, el Premio Yolanda Bedregal tendría que generar algo así como un “canon” o referencia de la poesía boliviana actual. Parece esto imposible siendo que la calidad de las obras galardonadas es dispareja (en rigor, nunca se pensarán iguales las escrituras de Urioste y Chávez, por ejemplo. De ahí que el Premio de Poesía sea un lugar “dudoso” y, creería, le falten todavía años para ser entendido como un aporte eficaz al panorama poético.
La poesía es ancestral; el acto de escribirla, contemporáneo
Montserrat Fernández es una joven poetisa paceña que participó por primera vez en el festival en la mesa de jóvenes, o nuevos poetas. Cavila, en este espacio, brevemente, sobre los ejes del debate planteado
— ¿Por qué escribes poesía?
— Barthes dijo: “preguntarse por qué se escribe ya es un progreso respecto a la bendita inconsciencia de los “inspirados” pero es un progreso desesperado, no hay respuesta.”Escribir, pues, no tiene causas, más sí efectos. Particularmente, escribir poesía es decir el mundo por primera vez. No se confunda, pues, decir con descubrir, ya que uno simplemente es improbable y absoluto; el otro es dogmático. Pero, al final, escribir poesía es indudablemente un efecto… variable.
— ¿Cuál es el sentido de escribir poesía en Bolivia? ¿Implica algún compromiso, necesidad o razón? ¿Afecta el hecho de que sea muy pequeño el universo de lectores y el mercado editorial?
— En Bolivia la poesía es ancestral; sólo el acto de escribirla es contemporáneo. Por eso, nuestra poesía contiene una complejidad original, pues conforme se escribe —se busca la palabra para decir cómo sentimos un tiempo y un espacio— nos acercamos a la compresión de la tierra boliviana, de nuestro tiempo y nuestro espacio.
—Entonces, la palabra se presenta innecesaria, pues sólo queda contemplar la inmensidad del sonido, en silencio. Tal inmensidad—aquella que construye y reconstruye el significado— sea, tal vez, el sentido de escribir poesía en Bolivia. Queda, sin embargo, la posibilidad de que la poesía sea una moda, pues están aquellos que buscan la reciprocidad de la literatura: escribo, soy intelectual.
— ¿Qué opinas del Premio de Poesía Yolanda Bedregal? ¿Qué fines cumple y qué aporte da el catálogo de ganadores al panorama poético nacional?
— El premio de poesía Yolanda Bedregal se presenta como espacio único de incentivo para los jóvenes poetas. Su aporte no se reduce al descubrimiento de nuevos talentos, pues el reconocimiento proporciona al crítico literario la ampliación de su campo de estudio y, por tanto, la necesidad de la apertura.
El espléndido vicio del verso
Silvio Mignano (Escritor y diplomático italiano)

He nacido como poeta, luego me he convertido esencialmente en narrador. Sin embargo, nunca he dejado de sentir una atracción casi prepotente hacia los versos. Me doy cuenta que cuando escribo novelas tengo una mayor capacidad de esconderme, de jugar: los personajes, que finalmente son los que más me interesan, construyen una suerte de pantalla que me permite actuar y mezclar distintos aspectos de mi personalidad. En cambio, cuando escribo poemas me siento al desnudo, más auténtico, y posiblemente detrás del estímulo a seguir dedicándome a este género se encuentre justamente la necesidad de expresar mi propio ego.
En el tiempo que vivo en este país, he podido percibir que la poesía es un elemento fuerte dentro de la literatura y en general de la cultura boliviana. Es suficiente pensar en una voz poderosa como la de Franz Tamayo, pero también en Jaime Saenz, un gran poeta que escribió una extraordinaria novela, algo parecido a José Lezama Lima en Cuba. En el panorama actual, sigue viéndose un profundo compromiso de los autores bolivianos hacia la poesía: Benjamín Chávez, por ejemplo, es una voz madura, conciente y completa, un poeta ya de nivel internacional. Otro caso es Rodolfo Ortiz, un experimentador genial, con una intensidad que muy pocas veces he visto, incluso en otros países. Hay un gran movimiento juvenil, hay revistas especializadas, como la Mariposa Mundial, y en fin, un humus muy favorable a la cultivación de ese esplendido vicio que es el verso.
(Fuente: www.laprensa.com.bo)


Sobre los Reinos dorados de Homero Carvalho

“LOS REINOS DORADOS” DE HOMERO CARVALHO
Por. Alcides Parejas Moreno

Creo que no es aventurado afirmar que estamos viviendo una de las etapas más convulsionadas de la historia del país. Todos los días y en toda la geografía nacional hay varios conflictos que en su gran mayoría son provocados por el mismo gobierno en su afán de enfrentarnos a los bolivianos. Los conflictos se multiplican porque nuestro presidente no hace gestión, sino que se dedica a viajar para hacerse vitorear y cuando está en el país ocupa una buena parte de sus esfuerzos a enfrentarse a sus “opositores”, especialmente a los cruceños. Todo esto hace que los bolivianos vivamos cabreados y que estemos perdiendo la esperanza porque el fututo es cada vez más incierto. En medio de esta desagradable situación me he encontrado con algo que me ha devuelto la esperanza y que hoy quiero compartir con ustedes, porque creo que vale la pena.
La semana pasada mi amigo Homero Carvalho me llevó de regalo su último libro, un poemario. Cuando lo tuve en mis manos empecé a experimentar una reacción en cadena. Después de mirar la tapa y hojearlo ligeramente, la belleza me invadió. Es un libro bellamente editado con ilustraciones de Valia Carvalho. El título –Los Reinos Dorados-me encantó. Creo firmemente, como dice Homero a lo largo de su poemario, que todos habitamos los reinos dorados; que todos somos parte de los reinos dorados; que los reinos dorados somos nosotros. El título fue mucho más que una invitación, fue una incitación a su lectura. Siempre he dicho que soy sordo para la poesía, que no se leer poesía. El libro me abrió los oídos! El resultado es un enamoramiento total. Enamoramiento de una bella pieza literaria que, además, es un luminoso homenaje a Antonio, el padre del autor, el que hablaba “con la misma pasión / con que se habla / de las mujeres amadas”; el que le aconsejó que escriba lo que le contó, “porque al escribirlo estarás marcando el camino”.
El poemario de Homero Carvalho es un canto al mestizaje; un “canto a la sangre”, como dice Ruber Carvalho. Un mestizaje altivo que, al contrario de otras culturas, tiene una relación amorosa con la naturaleza (“En los Reinos Dorados/ los hombres y la selva éramos uno”). Un mestizaje diverso en la inmensa geografía americana, pero que tiene un denominador común (“En los Reinos Dorados/ nacíamos con el don del entendimiento / cada nación hablaba su propia lengua / pero todos sabíamos que cuando / alguien decía Amarumayu / se refería al Río de las Serpientes”.). Un mestizaje que estuvo mucho tiempo aislado del mundo, protegido de todos los males por el Arco Iris, pero que sin embargo tiene conciencia de la vecindad del mundo (“ De vez en cuando / llegaba el viento del sur / recordándonos que no muy lejos / de nuestros límites estaba el frío”). Un mestizaje que a pesar del aislamiento siempre ha sido universal (“Mi padre habla nuevamente / para recordar que los Reinos Dorados / limitan con todos los reinos / y su capital no estaba en ninguna parte. / Nosotros lo sabemos / pero jamás lo diremos / me dice sonriendo y se sirve /un sorbo de refresco de achachairú / luego toma un puñado de almendras /y las va masticando sin prisa una a una”). Un mestizaje que, a pesar de los pesares y sin renegar de su pasado, antes al contrario asumiéndolo, es esperanzado (“Y el mundo sigue naciendo / en los territorios de los Reinos Dorados / en los bosques, sabanas, ríos y arroyos /germinan nuevas orquídeas, libélulas azules /etores escarlata, bejucos lluvia de fuego. / En los territorios / de los Reinos Dorados/ el mundo sigue naciendo / sin pasado que nos gobierne /
ni tristeza que nos condene / el mundo es hoy y nosotros / los amantes de este nuevo tiempo”).Un mestizaje que nos muestra de manera luminosa el camino (“Nos dejaron sus palabras / y su sangre que como los ríos / se unen en alguna parte y / van a un solo destino”).
Gracias, querido Homero, por tan bello libro que deberíamos leer todos los bolivianos para hacer reverdecer la esperanza.
[Fuente: www.columnistas.net]


Poemas ganadores

Jóvenes con corazón de poeta

Dentro de la categoría de poemas del concurso organizado por la Mesa Departamental de Concertación por la Lectura y Escritura (MDC-LEE) y el diario EL DEBER participaron más de 300 obras de jóvenes entre los 12 y los 18 años. El jurado determinó que los ganadores fueran Paola Andrea Luna, Jorge Rodrigo Calero y Mariana Ferreira Ichazo.
A continuación publicamos sus trabajos:

Nosé
Autora: Paola Andrea Luna

Nosé si mis pensamientos
y mis sentimientos
tengan un lugar
entre la realidad y los sueños

Es igual que nosé
al mirar el cielo
si todo lo que tengo
permanecerá con el tiempo

Nosé si algún día
cambiará mi comportamiento
y si eso pasa sólo espero
que no sea tarde para dar remedio

Nosé si los resentimientos
y el mal sentir
se apoderaran de la gente
que más quiero

También nosé
si en un futuro
todo lo que viviré
me dará buenos frutos

O lo inmaterial que me han ofrecido
se quedara a pesar de los obstáculos
que puedan impedir sinceros deseos

Pero si así fuese
tal vez me dañara
por eso lo único que sé
cuando se cierra una puerta se abre otra
o cuando hay un final existe un comienzo

VEO
Autor: Jorge Rodrigo Calero

Veo tus ojos, potentes de fuego
cual si fueran estrellas del firmamento
que hacen de mi vida un juego
un juego peligroso
el cual presiento que me asesinará
que me destrozará en pedazos
que me destruirá y me desaparecerá
y de mí no quedará ni un trazo.
Veo tu rostro, y tu cabello volando al viento
como ave volando al infinito,
pero un volar calmado y lento
como un lánguido y parsimonioso rito.
Veo tu caminar remotamente,
tu figura reflejándose ante mi vista
distante, lejanamente
pero sincera y realista
dirigiéndote hacia mí
dejando a la luna opaca
por tus ojos de curucusí
y tu sonrisa formando una hamaca
en la cual descansarán mis penas
de la cual despertó el amor
de la cual fluyó en mis venas
la inspiración de trovador.
Llegas hasta mí y en tu cara albina
unas lágrimas aguadas de tristezas
sutiles, tenues, finas
recorren tu rostro
atiborrado de belleza.
Caigo en cuenta
porque vienes a mí
porque él te hizo llorar
por eso estás aquí
pero a mí no me ha de importar
y trataré de hacerte olvidar,
de que relegues ese desliz
de lograr tanta pasión de amar
y poderte hacer feliz.

Sin nombre
Autora: Mariana Ferreira

Está en medio de la nada.
No piensa, no habla,
sólo espera ahí sentada.

Lleva puesta una peluca,
su rostro maquillado,
altas botas de recluta
y cigarro en una mano.

La pobreza la detiene,
y por algo de dinero
a los hombres entretiene.

Invita en su empleo
a desnudar su humilde piel,
vender su cuerpo entero
y que le paguen por placer.

Mira su reloj,
ya es de madrugada.
Espera muchas horas
y no consigue nada.

Está preocupada,
no sabe qué hacer.
si no llegan clientes
no tendrá para comer.

Una lágrima negra
adorna sus ojos.
y el viento despeina
sus cabellos rojos.

Todo está tranquilo
el silencio se disputa.
De repente alguien grita:
¿Cuánto cobras, puta?

Levanta la mirada,
su mundo se ilumina,
y observa sonriente,
que al fin llegó un cliente.

Rápidamente,
la mujer sube al carro.
No piensa,
su cuerpo no le importa
solo piensa en su pago,
y en ganar otra derrota.

[Fuente: www.eldeber.com.bo]


Análisis de Eduardo Mitre a A un comensal, poema de Juan Cristóbal McLean

La pasante de Baudelaire en un poema de MacLean
Por:Eduardo Mitre

El tema de mi exposición es muy concreto: un poema de Juan Cristóbal MacLean cuya obra poética comprende hasta el presente dos libros de poemas: Paran los clarines (1999) y Por el ojo de una espina (2005), a los cuales hay que añadir tanto sus artículos recopilados en Transectos (2000) como sus textos en prosa poética y poemas en prosa aún no recogidos en libro. Otro dato relevante en relación con el autor es su notable labor de traductor de poetas de lengua inglesa y francesa.
El poema, titulado A una comensal, perteneciente a su segundo poemario, alterna la traducción textual con la inserción de algunos versos e imágenes del poema modelo (nada menos que A une pasante, de Charles Baudelaire) así como variaciones de otros regidas por la ironía. He aquí A una comensal:

Ensordecedores, alrededor mío, gritaban parroquianos.
Alta, delgada, de negro ceñida, con recatado paso.
Una mujer llegó, de sandalia muy desnuda
elevando, equilibrando el talón, la pantorrilla.
Dubitativa y común, con su pierna de estatua.
Yo almorzaba extravagante como ante un arroz.
En su mirada, cielo tímido en que afloraba el divorcio,
la dulzura que se agota, el placer que desespera.
¡Un camarero… luego el menú! Fugitiva vecina
cuya mirada me declaró otro apetito
¿volveré a verte en otra parte?
En mi cuarto, tan cerca de aquí. Mañana tal vez
Aunque ignoro lo que comes, tú no sabes lo que bebo.
¡Oh tú que podría devorar, oh tú que acaricias el mantel!

Formalmente, el poema sigue la clásica división del soneto en dos cuartetos y dos tercetos, aunque, a diferencia de su modelo —compuesto en versos alejandrinos— no se ajusta a ninguna estructura métrica fija, sino que opta por la polimetría sin rima en la que predominan los versos de catorce y dieciséis sílabas.
Tal flexibilidad formal se aviene bien con el tono desenfadado, desenvuelto, opuesto al rigor formal y al tono patético del modelo. Para apreciar el grado de inflexión que la parodia opera vale la pena recorrerla puntualmente. El espacio no es un exterior (la calle o avenida en Baudelaire), sino un interior delimitado: el comedor de un restaurante o, acaso, de una pensión; incluso nada nos impide añadirle un toponímico y decir que se trata de un restaurante o una pensión cochabambina o paceña.
Segunda inflexión: el hablante se encuentra sentado y rodeado de parroquianos, es decir de personas más o menos conocidas, razón por la que la multitud (la foule), ese componente siempre implícita o explícitamente presente en Baudelaire se halla más bien ausente en el texto que analizamos. En consecuencia, el ruido ensordecedor de la muchedumbre es sustituido por un bullicio parlero, más personalizado, humanizado, producido por los parroquianos.
En ese escenario sucede la aparición de la comensal cuya descripción física es, en parte, una traducción o copia de la fisonomía de la pasante y, al mismo tiempo, una variación y aun su negación. En efecto, como la intempestiva musa baudeleriana, la comensal es “alta, delgada y va de negro ceñida”. En el primer hemistiquio del segundo cuarteto, compuesto por dos adjetivos, la comparación cesa y la caracterización de la comensal es de signo descendente: se trata de una mujer “común y dubitativa”.
Estos dos adjetivos nos dan un perfil más claro de este personaje femenino, y digo personaje porque el poema, como el de Baudelaire, como el cuento de Julio Cortázar, y el poema de Eugenio Montejo, citados y comentados antes, comporta un escenario, una puesta en escena, una trama y un desenlace, aunque éste consista más bien en la desaparición de los personajes, en la disolución del escenario y de la trama montados por un instante.
Pero sigamos con el perfil de la comensal: el adjetivo “dubitativa” aplicado a ella trasunta su inseguridad, la cual contrasta con la modelo cuyo dolor majestuoso al par que su porte ágil y noble le confieren una presencia imponente. Asimismo, el adjetivo “común” nos sugiere una doble connotación: estética y social: por lo primero, la comensal, pese a sus piernas de estatua, no es particularmente hermosa; por lo segundo, no es una aristócrata sino que pertenece más bien a una clase media, o tal vez a una clase suburbana en ascenso.
Dicho de otro modo y para entendernos mejor: la comensal de MacLean no pertenece a la clase social ni a la época del presidente que se fugó del país, de modo que podemos imaginarla proveniente más bien de esa clase media que apoyó al actual.
[Fuente: www.laprensa.com.bo]




Close
E-mail It