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Manuel Vargas evalúa los 11 años de la revista de cuentos Correveidile

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“Vender revistas de cuento no es como vender comida”
Por: Claudia Daza Durán

Para su primer número, en el año 1996, se invirtieron alrededor de 900 dólares, y para las últimas publicaciones, un monto de 550 dólares. Eso es lo que cobra una imprenta por 1.000 ejemplares de 64 páginas llenas de cuento boliviano. El resultado: La revista Correveidile, que ha cumplido con la publicación de su número 30 once años de vida.
Manuel Vargas vende y distribuye la revista, siempre carga los últimos ejemplares en su cartera de cuero y alguna que otra vez me los ha vendido sacados del horno. Me los muestra cuando puede con orgullo, comentando los cuentos, pidiendo opinión sobre las ilustraciones e incluso sobre el título de la selección.
Los lectores nos encontramos entre sus páginas con autores novísimos, con cuentos escritos por mujeres, para niños, eróticos, de la ciudad, de tierra adentro, de tradición oral, de la colonia, de la Guerra del Chaco, de la dictadura, de la Guerrilla, de la modernidad y hasta con los primeros cuentos bolivianos de los siglos XVIII y XIX. Pero no se trata solamente de escoger cuentos al azar. Se trata, sobre todo, de un trabajo editorial que ha movido y conmovido a varios escritores que fueron parte de Correveidile.
Manuel Vargas recalca el trabajo de Adolfo Cárdenas y Marcela Gutiérrez, que de cierta manera son los padres de la revista. También destaca la participación de Virginia Ayllón y Elvis Vargas. Pero de manera especial recuerda a aquellos que se acoplaron y se quedaron con la idea de trabajar permanentemente. En ese sentido, para Vargas, hay que reconocer el trabajo de Germán Araúz y Edgar Arandia, actuales miembros del Consejo de Redacción.
Al no tener publicidad, Correveidile se ha mantenido gracias al lector y al capital pequeño que ha ido acumulando la misma revista. Manuel Vargas cuenta que las revistas se venden, pero lentamente, y que terminan agotándose porque al final van llegando a los lectores como gotas de agua.
–¿Qué faltó? ¿qué retos no se cumplieron con la revista?
En la antología para niños, me hubiera gustado publicar un cuento de Oscar Alfaro, pero sé de antemano ya, que sus parientes se niegan sistemáticamente a dar permiso. Entonces, no nos metemos.
Lo que no hemos podido publicar es el cuento de terror. Juntamos un buen material, pero no era exactamente terror. Tuvimos que buscarle un nombre un poco especial. Lo llamamos “Cuentos crueles y extraños”, pero no tenemos un número exclusivamente de terror ni tampoco cuento fantástico. Hay muchas ideas, cuentos de animales, cuentos en verso, policiales… siempre hay cosas pendientes.
–De todos los números de la revista ¿cuáles son sus cuentos favoritos?
Yo me guío por los comentarios de la gente. A muchos lectores les ha gustado el número 12 y 13 de “Los olvidados”, de autores no conocidos que no han estado en antologías; escritores como Neftalí Morón o Arturo Borda, que son un poco ajenos al ámbito del cuento. Otro número que ha recibido buenos comentarios es el 30, que son los “Primeros cuentos bolivianos”. Otro más es el de cuentos costumbristas, para el que se escogió lo mejorcito.
Entre los círculos literarios siempre comento el cuento de “La Miski Simi”. El común de los lectores no ha leído este cuento, y te estoy hablando de la gente que le gusta leer. Otros números especiales y muy queridos son el de cuentos escritos por mujeres y “La Torre de Babel”, donde los cuentos fueron traducidos a idiomas muy diversos: Quechua, aymará, francés, sueco, alemán e incluso esperanto. Ese número es una rareza.
–¿Cómo es la acogida en el exterior?
El cuento boliviano debe ser una cosa rarísima en otras partes, pues cuando los extranjeros lo ven aprovechan y se lo llevan. Yo he estado en ferias de Miami por ejemplo, he llevado colecciones completas de Correveidile y he visto a tres lectores que miraron y se compraron todos los números. En el exterior no he tenido una distribución formal, pero aprovecho cualquier situación de viaje para mandar, para regalar o vender.
–Después de once años de trabajo, ¿qué viene?
Lo que tenemos claro es que de alguna manera hemos cerrado un círculo, hemos completado un panorama, porque por un lado están cuentos de autores nuevos y por otro lado una selección de autores clásicos.
Hemos dado una vuelta, pero podemos renovar, no está todo claro, vamos a tratar de darle un nuevo diseño, un nuevo impulso. Hay mucha gente que dice que esto tiene que seguir. De todas maneras, es a veces difícil, ¿no? Si bien hay lectores, esto no se vende pues fácilmente, las revistas van saliendo poco a poco. Esto no es pues como vender comida. Las revistas se guardan nomás y se van distribuyendo lentamente. La idea es renovar, para hacer una segunda etapa de la revista Correveidile.
–¿Cómo se siente Manuel Vargas al concluir esta etapa de Correveidile?
Yo me siento doblemente contento, porque es lo que me gusta hacer. Un escritor, no sólo en Bolivia, es un trabajador de la cultura. Entonces, distribuye, lleva sus libros, da conferencias, va a charlas, regala sus libros, difunde. Es importante que se difunda la literatura boliviana. La experiencia de editar cosas que no son mías, es igualmente un placer, y yo me siento realizado y feliz cuando sale un libro de Elvis Vargas, de Adolfo Cáceres y otros porque para ellos yo he dado mi trabajo y mi tiempo.
Por otro lado, yo siempre apelo al lector, al no especializado, al lector joven, que es el que da vida a este tipo de publicaciones. La intención de la revista más que ser perfecta y con un gran nivel estético es invitar al lector para que él mismo se interese y decida si le gusta o no le gusta. Crear un público lector, eso es lo que más nos interesa.
La búsqueda de más cuentos bolivianos no termina. Las joyas viejas y las aún no descubiertas seguirán conformando la pasión de la editorial Correveidile. Las últimas muestras, en el número 30, nos llenan de realidad, humor, fantasía y anécdotas. Cerrar esta primera etapa con Bartolomé Arzán Orzua y Vela, Pedro B. Calderón, Ricardo Jaimes Freyre, Alfredo Ascarrunz, Daniel Pérez Velasco y otros constituye verdaderamente la unión de los extremos del tiempo, donde podemos apreciar ya el modernismo literario con finales como el siguiente: “Tal vez se realizaría la predicción del hechicero. Quizá desde que le ciñeron el cuello aquélla, Feliciano es ya feliz…”. Por supuesto, no comento de qué cuento se trata, eso averígüenlo, corran, vayan y díganle a Manuel Vargas que les venda el último número de la revista o si no busquen en cualquier librería que se haya abierto a la aventura de vender revistas de literatura boliviana.
Lo demás es puro cuento.
(Fuente: pulso)


Correveidile

Correveidile lanza cinco nuevas obras
Una de las más importantes editoriales paceñas, Correveidile, trae a la I Feria Internacional del Libro de Cochabamba novedades en diversos géneros editoriales.
El escritor Adolfo Cáceres Romero presento el domingo 14, su más riente novela breve, Octubre Negro.
El autor ofrece una extraña simbiosis estética: lo lírico y lo trágico, en los versos de Edmundo Camargo, que animan la solidez de un momento crucial de la historia boliviana actual.
Por otro lado, se tendrá a la venta uno de los éxitos editoriales de la pasada Feria del Libro de La Paz: Ch’aqui fulero. Los cuadernos perdidos de Víctor Hugo, libro póstumo del paceño Víctor Hugo Viscarra, autor de Borracho estaba, pero me acuerdo, fallecido el 2006.
Se trata de relatos y cuentos, además de algunos textos más personales de Viscarra, junto a anotaciones sueltas, que logran conformar un libro de 150 páginas, formato de bolsillo y con tapa de cartulina.
Se comercializará, asimismo, En Madrid se vive en Oruro de Medardo Fraile, selección de diecisiete cuentos, algunos inéditos.
El autor, honrado por un comentario de Augusto Monterroso, nació en Madrid el año 1925 y, actualmente, vive en Glasgow, Escocia.
Entre otros títulos, el público podrá, también, adquirir Historia de Bolivia de Manuel Vargas, una edición popular para jóvenes y niños de 130 páginas. La obra abarca desde la época del Tiwanaku hasta inicios del gobierno de Evo Morales. “Más que en las fechas y administraciones de presidentes, el libro se tiene en los procesos y trasfondos de la formación social boliviana, en héroes populares y con un sentido crítico y equilibrado, especialmente, de los últimos veinte años de historia”, afirma el autor.
Finalmente, la editorial presentará el número 30 de la revista Correveidile, ahora dedicada a “Los primeros cuentos bolivianos”.
Se incluye una selección de cuentos bolivianos de los siglos XVIII y XIX, con ilustraciones de Max Aruquipa.
(Fuente: www.opinion.com.bo)


Miguel Esquirol en Revista Narrativas

Revista Narrativas
Por: Miguel Esquirol

La Revista de Narrativas es una excelente publicación bimensual llevada a cabo por Magda Díaz y Morales - Carlos Manzano desde hace ya un año.
Acaba de salir el número siete de esta publicación, y tengo la fortuna de haber sido invitado para publicar un ensayo: “Roberto Bolaño: La parte de los crímenes”, que trata sobre la representación de la violencia en la novela 2666, así como en Estrella distante, sus similitudes y diferencias.
Así que ya saben, descargarse el ejemplar gratuito de la revista y a leer este y otros textos muy interesantes de una variedad de autores.
[Fuente: http://elforastero.blogalia.com/historias/52540]
[Descarga de revista: http://www.revistanarrativas.com/]


La Mariposa continúa su vuelo

Un nuevo número de La Mariposa Mundial
Por: Randal Machaca

Toda revista rompe el solipsismo en el que suele encerrarse la literatura de un país. De ahí que una edad de oro hemerográfica sea ese momento en que imaginación e innovación avancen en sabroso desparpajo y empuje hacia algo que muchas veces suele desconocerse.
La historia o historias de una revista son cosa compleja y al mismo tiempo cosa apasionante. Decía Panbière: “las revistas son trenes. Sistema de cruzamientos y alternativas, salidas y llegadas, que comprimen la historia de la literatura y hasta la suplantan”. Pero no sólo eso, las revistas están ahí para llenar los intersticios entre los libros, como veía Alfonso Reyes. Y no se crea que solamente para llenar un vacío —esto suele suponerse mucho—, sino al contrario, muchas veces para vaciar un llenado, que es cuando se tornan adversas, incisivas y fundadoras de algo nuevo.
Una revista inventa su historia eslabonándose con ella misma (cada número dialoga con los anteriores, con los por venir) y también con otras revistas y libros y generaciones de escritores. Una revista es un acontecimiento y un surcado distinto en la forma. Como diría Sheridan, estos híbridos son nuestros preciados puentes de papel.
En Bolivia muy pocos pasean por estos puentes, aunque muchos se hayan dedicado a construirlos a lo largo del tiempo. Prueba de ello es la grata aparición del número 16/17 de la revista de literatura La Mariposa Mundial. Dicen que se la vio remontar hacia Cochabamba, luego a Lima, luego a Quito y más allá. Dicen que es un número que hay que leer de pe a pa y con decoro. Dicen que hay poco escritor boliviano, en buena hora, y que por sus páginas se mueven a sus anchas los escritos de Roger Munier, Simone Weil, Danielle Serréra, Djuna Barnes, Denisse Levertov, Bram van Velde, Eavan Boland, Celan, entre otros, y para colmo una no menos sugerente Separata sobre un cuaderno desconocido de James Joyce.
[Tomado de www: http://www.laprensa.com.bo/fondonegro]


Un ensayo de Cachín Antezana sobre la Revista Mariposa Mundial

Los vuelos de una mariposa
Por:Luis H. Antezana

Una revista literaria es un foro o, si se prefiere, un corrillo. Como su nombre lo indica, una revista es (fue), sobre todo, un espacio de lecturas (“revisiones”) compartidas. Hay innumerables formatos de revistas, pero, a la larga, eso de pasarle revista a lo que sucedió o sucede parece ser la característica dominante de este tipo de publicaciones. Pero, hay revisiones y revisiones. Algunas revisiones pueden, a veces, inaugurar visiones.
La Mariposa Mundial es una revista literaria y, antes, fue un bar -estilo El Averno que inaugura la película Cuestión de fe de Marcos Loayza. Revista o bar, de todas maneras, un espacio circunstancialmente compartido y, después de unos tragos (unas lecturas), una manera de perderse en los caminos… de la literatura boliviana, en particular, y de la universal, en general.
Por lo de revista o bar, los espacios compartidos no son, necesariamente, lugares de encuentro, a veces, son más pasadizos que estancias. Por su oferta, La Mariposa Mundial está llena de pasadizos y, felizmente, tiende a dispersar a sus adeptos y/o a los curiosos. Localmente, ofrece otros (lejanos) o nuevos (cercanos) horizontes de literatura y, a los ajenos -que quizá ya frecuentan los lejanos- les lleva o trae -aquí no importa la dirección (también llamada «sentido»)- la literatura boliviana.
Quizá, una revista literaria es, como La Mariposa Mundial, un vehículo, quizá; pero, un vehículo de esos que sólo aceptan pasajeros que embarcan con “[u]n pasaje de ida a ninguna parte” -como decía una definición del blues deslizada en Black, Brown and Beige de Duke Ellington. No es arbitrario que, junto a algunos «clásicos», la Global Lepidoptera -como la rebautizaron Johnson y Gander-, frecuente insectos raros de la literatura, esos, precisamente, que con su obra fueron a cualquier parte, en general, para mejor no volver. Para los lectores lejanos, esa «ninguna o cualquier parte» a la que pueden llegar es, seguramente y vía La Mariposa, la mencionada literatura boliviana y ahí, con ella y en ella, podrán encontrar, sobre todo, también sus bichos raros.
De hecho, como revista y editorial, La Mariposa Mundial no deja de renovar -revisar- esa literatura, subrayando sus olvidos u omisiones, frecuentando sus otros caminos. Y, muy probablemente, uno de los aportes de esta revista a la literatura boliviana sea su capacidad de vincular las zonas marginales de la literatura boliviana con las de la universal -salvo, reitero “algunos clásicos”; a los que dicho sea de paso, a su manera, también se encarga de marginalizar, sea por contagio. Así, el bar -perdón: la revista- entreteje marginalidades locales y universales como, en rigor, es lo que hace todo bar -perdón: toda revista- que se respete.
Ahora bien, por sus peculiaridades, la literatura boliviana en general es, casi a priori, marginal. Dicho sea explícitamente: se la conoce muy poco; obviamente, menos fuera que dentro. Quizá, sea por ahí, frecuentando fronteras, donde esa literatura (local) encuentre su globalidad: no es tan absurdo pensar que un aparapita podría frecuentar, por ejemplo, un Merzbau o dialogar con Malausseneen Villeneuve. Pero, dejemos las cosas ahí, porque nos podríamos meter en honduras comparativas que, mejor, las exploren los (nuevos) lectores, cada uno por los caminos que prefiere recorrer.
Para irme, subrayaría esto último: en eso que llamamos “literatura”, habrían muchos ríos que no van a dar al mar. La Mariposa Mundial gusta de frecuentar ese estuario, articulando lo local (Bolivia) con lo universal.
PS: Recordaba, pensando en mariposas, que, camino a Bermejo, en una caída de agua que tuvimos que atravesar a pie (por si el carro se resbalaba), encontré un montón de mariposas, diría, ahogadas. Entre ellas, había una cuyas alas tenían una calavera a la Saenz. La tengo todavía, entre las páginas de Felipe Delgado. Se las puede ver entre las mariposas difundidas en una colección de estampillas (bolivianas) dedicadas a la especie: las calaveritas en las alas son inconfundibles (el contraste es, desde ya, blanco y negro).
[Este texto fue publicado en el número 15 de La Mariposa Mundial].


Ensayo

Luis Camnitzer: un palíndromo frente al espejo
Por: Adriano Corrales Arias

Invitado amablemente por el Museo de Diseño y Arte Contemporáneo (MADC) para realizar un análisis sobre la exposición retrospectiva de Luis Camnitzer, inicié por preguntarme acerca del valor de mi limitado intento. El valor real, no conceptual. Pero, debido a mi timidez, es decir, a mi incapacidad de preguntar cuánto me pagarían por ello, he debido quedarme en lo conceptual. Todavía a esta edad me parece corrupto cobrar por el honor de exponer mis consideraciones acerca de la propuesta de un artista de la talla de Camnitzer. ¿Cómo podría dejar pasar esta oportunidad? Y sin embargo, no dejo de cuestionarme: ¿por qué no cobrar? Escuchar, o leer, sin pagar, es robar. No obstante, mantengo mi ambivalencia e ingenuidad, por ello, posiblemente, este “análisis” carezca de validez.
A sabiendas de que “el objeto de arte es un objeto comercial”, decidí asomarme al espejo del “cinismo ético” con la resuelta disposición de recibir alguna paga por la próxima ponencia que me soliciten. (Ya casi expongo una razón de mayor peso para no cobrar en esta ocasión). Porque, vuelvo a interrogarme: ¿si el objeto artístico es una mercancía, el producto del trabajo intelectual también lo sería? El asunto es cómo mantener las ideas puras sin contaminarlas de la vulgaridad que nos propone el mercado. Si la cultura es un proceso colectivo y el trabajo artístico e intelectual apenas incidentes en la biografía del autor, entonces con mucha mayor razón debo exigir un emolumento por mi esfuerzo. Por supuesto, la administración del museo, y ustedes como público, podrían exigirme un rango de “calidad” en esta ponencia. Pero, ¿quién determina la escala de valores de la calidad, el ISO artístico/intelectual?
Cuando ingresé por primera vez a observar la exposición, luego de mirar detenidamente y de tomar algunas notas, decidí abrirme a la siguiente sala del museo. La impresión del cambio fue brusca, por no decir violenta. Al encontrarme en medio de una tienda con la coquetería y el desparpajo de los mercados de artesanía, cafetería - aunque sin café - incluida, se multiplicó el complicado dilema del centro y la periferia. Pasar de Camnitzer a la tienda no es fácil, mejor dicho, lo sería si existiese una buena transición, especialmente luego de mirar la cuadratura del círculo. Pero, bien mirado, de algún modo, y según su propuesta, también es algo “natural”. La cuadratura del círculo. Del arte global al arte local. Autoservicio. “La adquisición es cultura”. Miro-admiro-mío.
Controlado el asombro me dirigí a la funcionaria responsable que cómodamente leía un libro en un escritorio y le balbuceé mis opiniones. Ella me respondió: “bueno, es que todos los museos del mundo poseen una tienda y, además, con la situación económica del museo…”. Esa fue la razón de peso que me inhibió para reclamar un pago por mis servicios intelectuales.
Lo que nos plantea de entrada Camnitzer es un diálogo, un debate, una polémica con nosotros mismos. La ambivalencia entre mercado y revolución, estética y ética, individuo y colectividad, realidad y apariencia, obsolescencia de la palabra y ambigüedad de la imagen, pasado y presente, simulacro e historia, centro y periferia, hegemonía y marginalidad, son las claves de su compleja propuesta que parte de la concatenación de elementos, de la yuxtaposición de significados. Todo ello siempre dispuesto en las coordenadas, o rejillas, del poder.
Así, lo que nos entrega Camnitzer es un isomorfismo, o una mezcla de lenguajes verbales e icónicos, donde el intercambio de mensajes entre esos sistemas, y la transformación de los mismos en el proceso de traslado, nos ofrecen un sistema dialógico, es decir, un diálogo permanente entre los significados de sistemas que aparentemente eran contrarios o contradictorios. Y ya lo sabemos: la comunicación dialógica es la base de la formación de sentido.
Esa dialogía es también una dialéctica que se desconstruye y se eslabona intercambiando significados: lo antiético es lo estético, lo vendible es lo validado como artístico, lo políticamente incorrecto es lo correcto, la víctima puede ser el victimario. Hay una cooptación y un traslape de contenidos y significados que interroga a la realidad mientras el mismo autor se interroga sobre la validez de los objetos producidos, que a su vez nos interrogan como posibles interlocutores de las ideas propuestas: “Desgraciadamente lo único que te queda es la ética”. “Vos explicás y yo no entiendo tu dogma”. “Desgraciadamente yo tengo las balas, aunque no debiera”. “Vos tenés las balas y yo muero”.
Vista así, la realidad es una difracción, un reflejo imperfecto de algo que no sabemos si es real. Nos asomamos al espejo pero en el fondo quien se mira es otro. La opacidad del azogue nos confunde y nos convierte casi en un holograma, en la vaguedad de una frase. No sabemos si somos reales o si somos un simulacro de lo real. Tal vez solamente el argumento de un libreto que alguien ha dispuesto en el entramado de una realidad absolutamente ajena porque no la controlamos. Somos como un libro que nadie escribió. “Las memorias del agua”, “El libro del tiempo”.
El elemento central de la propuesta de Camnitzer (para tratar de ubicarlo en su cronotopo, porque es un centro descentrado) es la argumentación entre centro y periferia, pero siempre en la dinámica del intercambio de significados. Así, la oposición entre centro-periferia también es la oposición entre el ayer y el hoy, “el pasado de las ideas y las ideas del pasado”, donde el centro (el núcleo) se convierte en periferia y viceversa. El artista se propone destruir esa dualidad, o la reconstrucción del todo semiótico por una parte de él, a partir de la creación de un nuevo lenguaje o, mejor dicho, lenguajes. La destrucción de esa totalidad semiótica provoca un proceso acelerado de “recordación” que se sustenta con la firma, por ejemplo.
En el centro están los sistemas semióticos dominantes: autodescripción, metalenguajes, gramáticas. Pero esto cambia cuando la descripción la hace un sujeto externo, o desde la periferia, como el mismo Camnitzer. Porque todo depende del observador. “De la oposición de un observador depende por dónde pasa la frontera de una cultura dada” nos dice Iori Lotman, en quien me apoyo teóricamente para continuar el análisis. (Lotman, Iori M. La semiosfera. I. Semiótica de la cultura y del texto. Ediciones Cátedra, Madrid, 1996).
La interconexión de los elementos del espacio semiótico no es una metáfora sino una realidad. La metáfora consiste en que todo es real y lo real existe porque se metaforiza, se convierte en un simulacro, en un espectáculo. Dicho de otra manera, lo real se deshistoriza y la historia se metaforiza. Así, el dinero es la gran metáfora de la posmodernidad: no existe (lo que hay son rectangulitos de plástico codificados, o cifras cibernéticas), pero, como Dios, está presente en todo lugar, porque todo se vende y se compra a través de esa compleja metáfora del capital. De tal manera que el diálogo deja de ser comunicación y se convierte en transacción. La asimetría coopta al diálogo y lo convierte en un monólogo de la hegemonía: “la estética vende, la ética derrocha”.
He allí la semiosis de la globalización neoliberal: lo que nos es intercambiable como transacción, como intercambio de mercancías, no existe, incluida la institución arte: “el espíritu del arte habita en la firma”. Y quien no consume tampoco existe. Por eso el arte no está concebido para exhibirse públicamente, sino para archivarse en colecciones privadas con el objetivo de que adquiera plusvalía. Y las colecciones están en el centro, o tienden hacia el centro. En otras palabras, la periferia solamente existe para el centro si ésta consume o produce mercancías para consumir, preferiblemente a bajo costo. La periferia es deshechable si no ingresa a las rígidas leyes del mercado.
En la ética del mercado todo se vale. El fin justifica los medios. Hablamos de las ganancias. La economía no importa, pero sí las finanzas. Todo se pone patas arriba, y arriba siempre voy yo. Lo contrario significa lo mismo y lo mismo siempre soy yo. Ética del individualismo feroz. Individualismo de la ética privada o anónima. La comunidad es una masa, el tercer mundo un agujero. Y lo que usted diga puede ser usado en su contra.
Porque la realidad se escribe de una forma pero se lee de otra manera, mejor dicho, de múltiples maneras. Como el palíndromo, que no es que carece de sentido, sino que posee muchos sentidos: en la lectura “normal” el texto es identificado con la esfera “abierta” de la cultura, y en la inversa como la esotérica. Lo esotérico es lo mágico, lo que se nos escapa, lo que no vemos. Es decir, el truco del jugador, del fabulador, del artista. Por eso el artista está en la frontera, entre cielo y tierra, entre la realidad y la irrealidad. Y juega con ella. Y con ella usufructúa.
Como el palíndromo pero en el espejo: es el reflejo de la lectura en dirección opuesta, lo que activa el mecanismo del otro hemisferio cerebral: el reflejo contrario, el texto en la imagen y la imagen en el texto. Una asimetría funcional que “funciona”. Lo correcto deviene en incorrecto y viceversa. Pero el truco está concebido dentro del gran juego conocido como arte, que es una de las salas del Gran Casino de la Cultura. Allí la apuesta ya no es por la recompensa solamente, sino, además, por el reconocimiento. Porque para ingresar al Gran Casino se precisa de la invitación de su Gerencia. Y solamente se invita a los elegidos. Entonces el artista invitado es el gran prestidigitador que a partir de sus cartas, las parejas simétricas y asimétricas, nos invoca y convoca, nos deslumbra y nos provoca, nos interroga y nos golpea, nos juzga y nos babosea. Aunque deba comisionar su trabajo a otros asalariados.
El Gran Casino se mueve por los principios de economía de la semiosis y de semiosis de la economía: un principio invariante de los procesos comunicativos: simetría-asimetría es un mecanismo especular que forma las parejas simétrico-asimétricas y que, al parecer, y según Lotman, está ampliamente difundido en los mecanismos generales de sentido que podríamos decir, es universal. Es lo que el teórico estonio denomina la “Ley de simetría especular”: “Los objetos que se reflejan tienen en su estructura interna planos de simetría y asimetría… los planos de simetría se neutralizan y no se manifiestan en nada, y los de asimetría devienen el rasgo distintivo estructural fundamental”. Esa es la base estructural de la relación, o la comunicación, dialógica.
Lo que no se intercambia no existe. Y si la ética del capital es cínica lo cínico puede ser ético. Es la ética del cinismo o el cinismo de la ética. La pregunta es: ¿Cómo puede producirse arte sin corromperse? O, ¿cómo puedo usar la corrupción sin corromperme? La curvatura del círculo. Preguntas sin respuestas, respuestas sin preguntas. Estamos en la frontera. Lección de óptica. Las barajas son nombres, los nombres fosas comunes. Escuchar sin pagar es robar. La estética vende… ¿Cómo interpretar a Camnitzer sin traicionarlo ni traicionarme? ¿Cómo hacerlo sin contaminarme? ¿Y quién reconoce el esfuerzo? ¿Quién cubre los gastos? Definitivamente este texto no existe. Nadie lo remunera.
[Tomado de http://www.revista.agulha.nom.br/ag59camnitzer.htm. Revista de cultura # 59. Fortaleza, San Pablo. Septiembre / Octubre de 2007]


Revista PROA en las Letras y en las Artes

En septiembre las actividades cívicas y regionales de Santa Cruz de la Sierra, son importantes y trascendentes.
La agenda cultural de septiembre incluye un evento de relevante magnitud para la literatura de esta ciudad: la Revista PROA en las Letras y en Las Artes, publicará en su próxima edición (Nº 70), una sección especial dedicada a la Literatura y el Arte de Santa Cruz de la Sierra, con textos de quince escritores de la región.
PROA, fundada en 1922 por Jorge Luís Borges, Macedonio Fernández, Ricardo Güiraldes, entre otros, se ha convertido en esta, su Tercera Época, en una de las más emblemáticas y especializadas revistas de la literatura hispanoamericana; su prestigio ha trascendido las fronteras de nuestra lengua y hoy constituye un documento referencial para los estudiosos de la literatura universal.
ARTE POÉTICA e INTEGRACIÓN©, representante de PROA en Bolivia, tiene el objetivo de incrementar los vínculos entre escritores y lectores, actuando como enlace entre diferentes organizaciones, esta entidad sin fines de lucro nace con la inquietud de promover tal intercambio.
PROA no ha cesado de difundir y apoyar en todos estos años a las artes y las letras. Cuenta en sus archivos con un gran número de escritores que, habiendo sido incorporados desde sus primeros trabajos, en el devenir del tiempo han integrado su obra en la historia de la literatura.
Llama a la atención de propios y extraños la intensa producción literaria de esta ciudad de Santa Cruz de la Sierra y la continua presentación de libros durante el año, alcanzando su momento mas intenso durante la VIII Feria Internacional del Libro (mayo, 2007). Esto constituye una clara prueba de que la capital del oriente boliviano está en un proceso importante de su vida literaria. Aquí reside la importancia de esta publicación para los escritores de Santa Cruz de la Sierra, y considerando que el tiraje de 15 mil ejemplares se distribuirá mas allá de nuestras fronteras, es posible imaginar el alto volumen de lectores que alcanzarán quienes publican en esta particular edición.
La presentación se llevará a cabo el día 19 de setiembre próximo, a las 20 horas, en la sede del Centro Cultural Franco Alemán.


Noticias

Woody Allen será portada del primer número de la revista Esquire en español
El director de cine Woody Allen será portada del primer número en español de la revista americana Esquire, la más antigua dirigida a los hombres y que saldrá a la venta el próximo 20 de septiembre, según informó hoy a Efe su director y editor, Angel Rodríguez.
La nueva publicación, según Rodríguez, ‘refleja todas las cosas que les interesan a los hombres como el poder, la política, las relaciones, la economía o los negocios’.
No obstante, la revista no está enfocada a ‘todos’ sino a los de ‘alta gama y alto poder adquisitivo’, que podrán encontrar los ‘mejores contenidos de las ediciones internacionales, de la que España es el número catorce, y artículos propios’.
El director de la revista dijo que su principal competidor será la publicación masculina GQ, que ha desarrollado un mercado que ellos podrán aprovechar, aunque el director de Esquire opina que la ‘fórmula’ de las revistas masculinas del mercado español, basadas en ’sexo y consumo’, ‘está gastada’ y es necesario ‘un nuevo estilo’.
Rodríguez quiso dejar claro que el papel de las mujeres en la publicación no será el de ‘reclamo’, sino que tendrán su propia voz.
En las páginas de la edición americana de Esquire han escrito literatos como Ernest Hemingway, Tom Wolfe o Truman Capote.
Según puede leerse en su web, la palabra ‘Esquire’ es en inglés una forma de tratamiento equivalente al ‘don’ en español.
[Tomado de www.abc.es]




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