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2200 personas ya han visto Justo en lo mejor de mi vida

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Escudriñando los motivos del éxito. Casateatro
Por: Fanny Luz Rizo Avellaneda

Escribir sobre teatro no es cosa fácil. Sin embargo, hablar de la gente hacedora de teatro, aunque tampoco sea sencillo, es algo diferente. Aquí, precisamente en este punto en el que es posible encarar este tema, desde una posición restricta, si se quiere personalizada, está permitida cierta licencia, a fin de valorizar un aspecto riquísimo, desde una posición crítica.
“No podía esperarse otra cosa de ti”, fueron mis palabras definidoras de la magistral dirección evidenciada por René Hohenstein en la puesta en escena de Justo en lo mejor de mi vida.
La comedia citada, de la dramaturga argentina Alicia Muñoz, fue laureada con premios importantes por su temática creativa. La trama argumental de su obra permite la adaptabilidad del libreto a cualquier medio o lugar del planeta.
Precisamente, esa virtud creativa de Muñoz ha sido genialmente utilizada por Hohenstein, quien ha sabido capitalizar la cualidad plástica de la pieza teatral, cuyo conflicto, sustentador de la obra, permite la adecuación localista del argumento por su temática universal. Dicha temática se plantea en un plano real y, a la vez, virtual, en tanto valores de inmanencia y trascendencia del ser humano. Esos valores, revestidos de seriedad por su connotación, magníficamente llevados al plano del género de la comedia, son mostrados en el desempeño actoral de cada uno de los integrantes del elenco teatral.
Los actores y actrices realizan su papel con absoluta libertad creadora de la imagen escénica. Paralelamente, es posible precisar las pautas clave del desplazamiento dentro del plano escenográfico. Dichas pautas, visiblemente captadas como una jerarquía de acciones, indudablemente están prefijadas por Hohenstein, en el marco de un preciso logro. En su conjunto, la puesta en escena de la obra denota una perfecta sincronización entre las distintas maneras de interacción del elenco teatral. En tal sentido, los planos escenográficos, de ubicación y desplazamiento de los personajes, marcado por el director, armonizan con el plano subjetivo genialmente manejado por los actores y actrices del elenco.
Es precisamente el plano intraindividual de cada uno de los personajes el que trasluce la fuerza, la intensidad orgánica, plenamente subjetiva de cada intérprete, dando como resultado una suerte de armonización grupal.
Carlos Valverde, debutante como actor, nos demuestra una genuina condición, privilegio de pocos. Pone en juego principalmente la acción interior, o sea el manejo de la emocionalidad plena. Esa emocionalidad, elaborada en concordancia con el sentir de su personaje de ficción, tiene una genuina procedencia. No es otra cosa que la capacidad de manejar algo conocido y experimentado por todo ser humano, el sentimiento de temor, de miedo, de frustración, de duda y tantos más.
Si el manejo diferenciado entre el sentimiento real y el sentimiento ficcional, al momento de encarnar un personaje o ubicarse en una situación escénica, consiste en saber aflorar cualquier tipo de experiencia emocional propia, Valverde posee la virtud de todo actor genuino: la capacidad tanto de sentir como la de transmitir un sentimiento. Es un verdadero armonizador en tanto realiza de forma coherente el gesto y la acción, el sentimiento y la actitud corporal.
El gran genio rector de Stanislavsky transmitió principios fundamentales, cuya vigencia no pierde ni perderá fuerza. Consideraba, entre otros principios, la importancia del desplazamiento de la emoción a la acción física. Ése sería el camino más seguro para penetrar en la esencia del personaje. De esta manera, las auténticas emociones del actor hallarían su estímulo.
Es así como en la actuación individual de cada uno de los demás artistas integrantes del elenco, Arturo Lora, Jorge Urquidi, Cindy Ruiz y Sandra Elías, puede apreciarse un trabajo orgánico de auténtica calidad. Principalmente Arturo Lora, que posee la virtud del actor consubstanciado con el mundo escénico y con el trabajo de su personaje. Además tiene el aplomo y la seguridad tanto en el manejo de la acción como en la intencionalidad comunicativa. Su experiencia teatral le otorga la facilidad de improvisación para cubrir los baches impredecibles, propios del mundo teatral. Se trata de una capacidad de respuesta muy necesaria para agilizar el curso de los parlamentos, sin que el público lo advierta.
Finalmente, cabe distinguir la calidad de actuación tanto del elenco teatral de esta obra como de la excelente dirección de René Hohenstein.
Justo en lo mejor de mi vida permanece en cartelera desde octubre de 2007 en la sala de Casateatro, ubicada en la calle Junín, al frente de Correos. Hasta la fecha, 2.200 personas han visto la obra.
Fuente: www.eldeber.com


Dos obras literarias para el teatro boliviano

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El teatro boliviano se concreta en dos libros
Quipus, nudos para una dramaturgia boliviana y la revista cultural de la UCB recogen lo nuevo de la escritura nacional.
No hay teatro sin texto. A pesar de la contundente afirmación previa, las distintas formas de entender la escritura teatral han derivado en la minimización la importancia de la palabra, en el desconocimiento de la estructura teatral o en la consideración que el texto dramatúrgico se debe sólo a la puesta en escena.
Ante esto, Utopos (unidad de organización para las artes escénicas) se propuso fomentar la escritura teatral. ´Fue un proceso que comenzó en el año 2001 y que estuvo relacionado desde el principio a una necesidad manifestada por jóvenes que iniciaban su quehacer teatral´, explica la teatrista Marta Monzón.
Así, con integrantes de Zig Zag Teatro de La Paz, se participó del proyecto ´Tintas Frescas´ de la AFFA (Asociación Francesa de Formación Artística), marcado por la llegada del director y dramaturgo Hubert Colas.
A partir de esta actividad se desarrollaron escrituras y creación de obras, residencias de autor en Francia y de postulación de becas de estudio en España, obtenidas por jóvenes que querían seguir aprendiendo la teoría y la técnica de la dramaturgia.
Este “auge” motivó la creación del primer sitio web de dramaturgia boliviana, con 49 obras publicadas en utopos.org (2002). Y desde 2003 se siguió el proyecto con el apoyo del Espacio Simón I. Patiño y el Departamento de Teatro del Ministerio de Educación y Cultura de Chile. Se posibilitó la llegada de los dramaturgos chilenos Ramón Griffero, Juan Claudio Burgos e Inés Stranger. Siguieron los talleres ´Escritorio desencadenado´, de Marcos Malavia; los de César Brie, Percy Jiménez y Marta Monzón; el de la canadiense Suzanne Lebeau, el del argentino Hugo Men y el curso ´La desobediencia esencial´, de Eduardo Calla. De estas vertientes nace Quipus, nudos para una dramaturgia boliviana, obra que publica textos gestados durante o partir de los talleres citados.
El libro —que se presentará con la revista de la UCB— incluye obras de Antonio Peredo, Claudia Eid, Claudia Peña, Cristian Mercado, Eduardo Calla, Franchesco Díaz, Marta Monzón, Karmen Saavedra, Diego Aramburo, Sergio Ríos, Isabel del Granado y Selma Baldiviezo.
¿Por qué quipus? Marta Monzón responde. ´Pretende ser un testimonio de lo acontecido en esta escritura boliviana, en estos primeros años de este nuevo siglo. Las obras presentan historias, temas, conflictos, estructuras dramáticas diversas y 11 de ellas fueron puestas en escena. Estos \’nudos\’ grafican la forma de expresar integralmente una situación específica y, al mismo tiempo, hacer presente el pensamiento y sentimiento de la cultura´.
Las ediciones
El libro Quipus, nudos para una dramaturgia boliviana trae 20 obras escritas en o partir de los talleres organizados por Utopos. Esta obra, al igual que la revista de la UCB, se presentó el jueves 10 de abril en el Fitaz 2008.
La revista Ciencia y Cultura del Departamento de Cultura de la Universidad Católica Boliviana San Pablo, reúne siete obras de Omar Rocha, Mariana Requena, Mariana Vargas, Benjamín Chávez, entre otros. Incluye artículos sobre experiencias en el teatro boliviano, tanto históricos como contemporáneos.
Algunas obras
Desaparecidos • Una obra escrita y dirigida por Claudia Eid, puesta en escena por Kikinteatro de Cochabamba. La pieza explora el tema del peso de la figura paterna, de los recuerdos de la infancia y de los, a veces, inexplicables lazos familiares. Se estrenó en marzo del 2005, con temporadas en el mARTadero de Cochabamba, invitada al Festival Internacional de Teatro de La Paz, Fitaz 2006 y se presentó en Teatremos Juntos el 2007.
En Cueros… • Estrenada el 2004 por el grupo de Teatro La Oveja Negra, la obra de creación colectiva muestra los entretelones que sazonan la vida de un teatrista boliviano, en clave de humor y sátira desencarnada. Cristian Mercado la dirigió con Miguel Ángel Estellano y Alejandro Molina en la actuación. Hasta ahora se han realizado más de 100 representaciones con giras en Bolivia, Argentina y Brasil. La obra además se vio en el Festival Internacional de Londrina (Brasil), en el Festival Internacional de Curitiba (Brasil), en el Festival Internacional de Teatro de Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) y participó en el Festival Internacional de Teatro de La Paz Fitaz (Bolivia).
Fragmentos líquidos • De Diego Aramburo y traducido al francés por Christilla Vasserot, tuvo un preestreno en marzo del 2005 en el Espace Montevideo, Marseille (Francia). Actuaron Florence Coudurier, Anne Lévy y Fanny Avram. El 2006, el texto sirvió de base para que Blick Danza, de Córdoba, Argentina, montara un espectáculo.
Di cosas cosas bien • Una obra de Eduardo Calla. Los textos iniciales de Felipe, Ella y la Dama de la Nación surgieron el 2004, así como los del sicólogo y algunos del doctor. Lo restante y la construcción dramatúrgica se hicieron entre La Paz y Madrid. (2005- 2006). Participó el XV Festival Internacional de Teatro Santiago a Mil (2008); VI Festival Internacional de Teatro de La Paz (2006); VI Festival Internacional de Teatro de Santa Cruz (2007).
Un momento antes… • Escrita y dirigida por Antonio Peredo Gonzales en La Paz, Bolivia, fue puesta en escena por el grupo El Reciclaje, con la participación de los actores Claudia Zegarra y Galo Coca. Vania de Lucca trabajó en el diseño plástico y la escenografía. ´Un momento antes…´ se estrenó el 27 de septiembre de 2003 en El Búnker II, espacio alternativo. La pieza lleva hasta ahora seis funciones, aunque ha participado en festivales realizados en La Paz: ´Miradas al teatro´ (noviembre 2003), festival en el que participaron grupos jóvenes; ´Julio de la Vega´, festival de teatro popular (diciembre 2003) y el Festival Internacional de Teatro de La Paz (Fitaz 2004).
Ese cuento de amor • Escrita y dirigida por Diego Aramburo, Kikinteatro estrenó la obra inspirada en la leyenda del Manchaypuytu en junio del 2003 en el Centro Simón I. Patiño de Cochabamba. Actuaron Glenda Rodríguez, Claudia Eid y Diego Aramburo. Participaron de varias giras y festivales internacionales en Bolivia, Chile y Argentina.
Fuente: www.la-razon.com
Fuente fotografía: http://criticateatral.wordpress.com/xxv-festival-de-teatro-de-occidente/


Se viene el Fitaz

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Humor y reflexión en “La partida del Petra”
Por:Michel Zelada Cabrera

La partida de Petra, del grupo teatral El Masticadero, es la única obra que representa a Cochabamba en el Festival Internacional de Teatro de la Paz (Fitaz) que se realiza en esa ciudad del 9 al 20 de abril y estará en escena los días 12 y 13 en el Teatro de Cámara.
La obra, escrita y dirigida por Claudia Eid y en la que participan Daniela Gabela, Daniela Elías y Alejandro Marañón fue galardonada en la versión 2007 del Festival de Teatro “Bertolt Brecht” en diciembre en Cochabamba.
En el marco de ese Festival, la obra fue merecedora de reconocimientos como dirección destacada, dramaturgia destacada y mejor actor, gracias a la interpretación de Marañón, uno de los protagonistas de la pieza que, junto a las actrices citadas, dan vida a la historia de una mujer que migra hacia el primer mundo en busca de nuevas experiencias, una vida mejor y de su propia libertad.
Un interrogatorio de parte de dos agentes a una postulante a inmigrante marca el inicio de la obra cuyo ameno y acelerado desarrollo no permite al espectador ni un segundo de distracción.
La reflexión sobre la sociedad, los problemas de pareja, la maternidad, la migración, la conflictiva condición boliviana de “tercermundista” y el racismo son algunos de los temas que dan consistencia al guión, pero no en tono de lamento, sino con las armas del humor y el sarcasmo, donde también interviene, de forma agresiva, permanente y prolongada, nada más y nada menos que… el jazz.
Petra no quiere tener hijos y está hastiada de su entorno local y sus perseguidores quieren un óvulo de ella, para reproducirse y tener su preciado hijo, pero ella no cede.
Petra transita en un mundo que desconoce pero que disfruta estando en él. Con una pila de sillas que mueven los actores y siguiendo el incesante piano a ritmo de jazz, Petra viaja del aeropuerto al café, del café a la discoteca y de la discoteca a la prisión.
“Necesitábamos darle a la trama una sensación de transición y como el jazz tiene una cuestión caótica entonces por ahí ha empezado a funcionar perfectamente”, comenta la directora, Claudia Eid.
Los movimientos rápidos que hacen los actores recuerdan al cine mudo, como recurso para imprimir sensación de rapidez y paso del tiempo.
Petra, la protagonista encarnada por la actriz Daniela Gabela desarrolla con total soltura su personaje. “El entrar en ella me resultó muchos más ligero porque lo hice casi inmediatamente luego de estar en otro más complejo”.
Para Gabela el proceso que más trabajo les costó fue el entender entre líneas lo que dice el personaje; por qué lo dice; con qué énfasis lo hace; por qué reacciona y cómo reacciona ante las diversas situaciones que se le presentan.
Cuenta cómo se prepara para una actuación: “Primero leemos varias veces el texto en grupo hasta entenderlo perfectamente y luego empezamos a aprenderlo”.
La protagonista de “La partida de Petra” cuenta que su participación en el Fitaz es una experiencia que la vive por primera vez, “si bien asistí a otros festivales nacionales, a un festival internacional es la primera vez”.
Ella debuta con esta obra en El masticadero y esta experiencia de participar en el Fitaz es una sorpresa, un reto y una alegría enormes.
Los golpes
¿Y los golpes que le das en la mejilla a tu pareja en la obra, son verdaderos? Le preguntamos a Daniela Elías, actriz de “La partida de Petra” y que interpreta a una mujer policía de un país extranjero.
“Todos me preguntan eso, creo que voy a pegarte más fuerte para que no haya dudas (le dice la actriz a Alejandro Marañon soltando luego una sonrisa).
Elías representa a una mujer de carácter fuerte, dominante y a momento impaciente y colérica. Para ella la selección para participar en el Fitaz es importante por que les permite trascender al ámbito nacional.
“Es un buen principio para el grupo porque el estar en el festival te abre puertas a reconocimientos, a demostrar tu trabajo y a compartir e intercambiar criterios artísticos con otros elencos”, asegura.
La actriz explica que le ha costado encarnar a su personaje porque es difícil de afrontar. “Creo que yo he trabajado sobre mis defectos, sobre las cosas que incluso me cuesta manejar y que no son cosas que me agraden mucho de mi personalidad, claro que en la obra están llevadas al extremo”, explica.
Marañon cuenta sobre la dinámica de trabajo que tiene el grupo: “es agradable porque hay bastante confianza y libertad para expresarse y acercarse a la directora porque en muchos casos el directos es caja cerrada. En cambio Claudia no. Nosotros podemos decirle esto no nos parece y ella está muy abierta a recibir sugerencias”.
Y como trabajo actoral, Marañon explica que la directora les propone improvisar y desenvolverse, sin esquematizarlos en ciertas cosas, “no da pautas y guías de por dónde se debe empezar y que cosas no se deben hacer”, finalizó.
El Masticadero nació en 2003 como un colectivo artístico, en 2006 empezó a tomar más forma y se consolidó como el grupo de teatro dirigido por Eid, en el que participan jóvenes actores cochabambinos, comenta la directora.
Su principal objetivo es producir textos propios y ponerlos en escena con una visión contemporánea, en la que la principal herramienta son los actores en escena.
Eid es actriz, directora y dramaturga, actualmente dirige El Masticadero y el Taller de Teatro de la Universidad Privada Boliviana.
Sobre los proyectos futuros, Eid explicó por el momento, luego de las presentaciones en el Fitaz, continuarán con la gira de presentaciones de la “Partida de Petra” todo lo que se pueda.
Luego trabajarán la obra El feo, en septiembre. A este trabajo se incluye el también integrante de El masticadero, Jorge Alaniz, además de otro actor de la Escuela de Teatro de Santa Cruz Marcelo Sosa.
Indonesia inaugura la fiesta
Con la actuación de Purbo Asmoro, famosa figura del Teatro de Sombras de Indonesia, el miércoles 9 de abril comenzará en La Paz la sexta versión del Festival Internacional de Teatro de La Paz (Fitaz 2008). El festival está dirigido por Maritza Wilde, creadora del evento.
Participarán del Fitaz 36 elencos de 15 países que actuarán en nueve escenarios de la ciudad, “a lo que hay que sumarle algunos espectáculos callejeros”. El Fitaz cerrará el domingo 20 con el espectáculo Al borde de la vida del grupo Sorous de Francia, dirigido por Marcos Malavia.
“Por lo pronto es segura la presencia de Argentina y Chile, que traerán dos obras cada uno, y con una obra, compañías de Brasil, Paraguay, Perú, México, Suiza, Italia, Holanda España y Francia”. También llegarán elencos de India, Indonesia y Japón, pues este año el continente asiático es el invitado de honor.
Bolivia participará con 20 grupos —15 de La Paz, uno de Cochabamba, dos de Sucre y uno de Santa Cruz.
Fuente: www.lostiempos.com


Carlos Valverde, actor de teatro en Justo en lo mejor de mi vida

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En lo mejor de su vida. Carlos, el actor
Por: Juan Pablo Rodríguez

La pasión con la que Carlos Valverde habla sobre Justo en lo mejor de mi vida es auténtica. Sus grandes ojos verdes, su potente voz y su típica manera de narrar las cosas, se concentran para convencerme de que está feliz con lo que hace. “A veces me digo: y si no voy un viernes a la tele, pero fijate vos que nunca he pensado en faltar al teatro”, dice, mientras se balancea libremente en el sillón de su oficina, con la misma coreografía que utiliza en su programa de televisión.
Y es que Valverde, desde hace cinco meses, ha encontrado un nuevo romance: el teatro, aunque todavía es cauteloso con declararse enamorado. “Me decidí a actuar porque la obra es excepcionalmente buena, no existe otra motivación, si René (Hohenstein, el director) me hubiera invitado para interpretar otra obra, tal vez no lo hubiera hecho”, afirma Valverde, visiblemente conmovido.
No es para menos, ya que Justo en lo mejor de mi vida ha sobrepasado las 40 presentaciones, con un récord en la asistencia del público: 2.200 personas en cinco meses en cartelera. Todo un logro para un género que por mucho tiempo ha permanecido marginado del interés colectivo.
Cuando se le pregunta a qué le atribuye el éxito, no duda en responder: “Yo diría que van por Carlos Valverde, hoy en día mi nombre es un gancho y está bien que así sea, pero al final, el público se queda con la obra”. Es conciente de que ha creado una figura llamativa y hasta cierto punto, comercial. Sin embargo, no es mezquino a la hora de rendirle elogios al argumento de la argentina Alicia Muñoz (no confundir con la ex ministra de Gobierno). “La obra es mucho más que Carlos Valverde o que la actuación de Carlos Valverde”, agrega.
En la trama, el analista representa a Enzo, un hombre de mediana edad, esposo y padre de una típica familia latinoamericana de clase media, que en un momento especial se ve forzado a reflexionar y cuestionarse sobre muchos aspectos de su vida, ya que puede observar desde afuera los efectos que su comportamiento han ocasionado en sus seres queridos.
“Son cosas muy cotidianas las que posee la historia, todavía me emociono en algunas escenas. Hay momentos en los que pienso en mis hijas y soy capaz de llorar”, afirma Valverde, que a sus 50 años se dio el lujo de debutar en el teatro.
“No soy actor, pero vivo las cosas que hago y seguramente eso le da cierto valor a mi actuación”, sostiene.
El multifacético radialista vio Justo en lo mejor de mi vida en Mar del Plata (Argentina) hace cuatro años. “Me impactó, me gustó mucho. Recuerdo que actuaba Luis Brandoni, un actorazo, y Daniel Miglioranza, es decir, con muy buenos actores argentinos”, recuerda.
“Yo llegué acá (Santa Cruz) y lo encontré a René y le dije: ¿Sabés qué? Tenés que hacer esa obra, es espectacular”. Durante un año y medio lo ‘jodía’ cada vez que me lo encontraba. Hasta que le dije, búscala y si hay que poner plata para comprar los derechos, yo me asocio con vos y los compramos. El teatro aquí no es rentable, nadie gana plata con eso, pero había que traer esa obra. Y cuando la encontró me dijo: quiero que vos actués”.
Fue así que Valverde, sin habérselo propuesto antes, decide incursionar en el teatro. “Primero le dije que no, ¿cómo se te ocurre? pero en 20 segundos le dije: probame. Nunca había actuado antes, pero la obra me convocaba”, señala.
La primera vez que subió al escenario, lo hizo frente a personas que el elenco invitó para que lo criticaran. “Hicimos cuatro presentaciones gratuitas. Cuando terminabámos había un silencio que después se transformaba en un aplauso muy tímido y luego se convirtió en uno mucho más fuerte. Entonces dijimos: oye, nos está saliendo bien”.
¿Cómo no creerle si lo dice con convicción? Valverde es exactamente como lo vemos en la tele o como lo escuchamos en la radio. Es de esas personas que te impresiona con su personalidad y no cambia en lo más mínimo, esté donde esté o haga lo que haga. “La naturalidad en el escenario me la permitió René y los actores que están conmigo. Cuando quiero cambiar alguna cosita, pido permiso para realizarlo. Ellos son más actores que yo, los respeto mucho. Ellos me han incentivado para que yo haga mis propias adaptaciones”, comenta, refiriéndose a Jorge Urquidi, Cindy Ruiz, Sandra Elías y Arturo Lora, sus compañeros del elenco de la compañía Casateatro, dirigidos por René Hohenstein.
Con toda la pasión con la que Valverde comenta sobre su experiencia en el teatro, es difícil reprimir las ganas de ir a verlo. El tipo le pone ganas, además, no lo olvidemos, el tipo es Carlos Valverde.
Fuente: www.eldeber.com.bo


Kikin teatro gana el Bertolt Brecht de teatro

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El Kikin de Diego Aramburo
Por: Mabel Franco

(El grupo cochabambino acaba de imponerse en el concurso nacional Bertolt Brecht de teatro.)
Kikinteatro va dejando una impronta en la actividad escénica de Cochabamba. Si se habla de teatro en esa capital, ahí está, en primer lugar, el grupo cuyo nombre apela a una partícula quechua —kikin— para describir la amplitud de conceptos que maneja su director, Diego Aramburo. ´Dependiendo del contexto en el que se use la palabra, kikinteatro puede significar como el teatro o el teatro mismo´, explica el llajtamasi radicado en La Paz.
Si en los inicios del proyecto kikin, en los 90, la primera acepción tranquilizaba a Aramburo —´pues yo quería hacer cine desde que estaba en el colegio´—, hoy, él y sus actores optan claramente por la segunda. ´Estamos haciendo teatro, aunque con la certeza de que las fronteras con las otras artes no son rígidas´ y se pueden traspasar.
El Kikinteatro acaba de ganar el X Festival nacional Bertolt Brecht que se organiza en Cochabamba, con la obra Romeo y Julieta, una adaptación libre del clásico de Shakespeare.
La noticia se dio a conocer el anterior domingo, apenas unos días después del preestreno que se hizo en Patiño de La Paz y en pleno ajuste de la relación de la obra con el espectador. Porque la cercanía de ambos es vital para la puesta que ahonda en el ser adolescente de los personajes. Algo que permite a Aramburo dramaturgo hallar similitudes con una Bolivia también adolescente, según él la ve, sumida en una confrontación tan inútil como destructiva.
Aramburo empezó a hacer teatro en la escuela y con grupos de amigos. Como adolescente, se acercó a Peter Travesí e integró el elenco juvenil de Tra-la-la. Pero lo que quería hacer era audiovisuales. Así que envió su solicitud a Cuba antes de salir bachiller. No obtuvo la beca, porque el 89 fue un año difícil para la isla, luego de la caída del muro de Berlín y otros cambios mundiales.
Mientras esperaba, escribió una obra y la montó con aficionados. ´Como no sabía nada de teatro, era más fácil hacerlo´, bromea. Al mismo tiempo, postuló a otra beca en la Alianza Francesa y esta entidad le puso en contacto con actores nacionales y extranjeros. Así, ´la gente y la vida me fueron llevando al teatro´.
Lo propio pasaría en Sao Paulo (Brasil) a donde fue a estudiar cine y terminó en el escenario, con beca incluida. Desde allí envió una carta a Grotowski, que aún vivía, sin sospechar que desde la escuela de este maestro, en Italia, le responderían invitándole a acudir a probar suerte.
Con estas señales, el joven Aramburo decidió asumir el teatro como profesión. Y nació Kikinteatro, un espacio para la experimentación de donde han salido actores y actrices, como Glenda Rodríguez, y una dramaturga como Claudia Eid (El masticadero, premio Dirección destacada del Bertolt Brecht por La partida de Petra y Bodas de sangre). Lo que no es poco decir.
Aramburo ha viajado mucho. ´Moverse te permite abrir la cabeza´, dice. Estuvo becado en Canadá y se fue a Francia —donde hizo de director asistente de Hubert Colas en la obra Macbeth—. ´Esto es parte de lo que me ha dado el teatro: poder hablar de Bolivia´ allí donde no se sabía nada o se tenía una imagen romántica y hasta folklórica.
Otra recompensa que reconoce el teatrista es la satisfacción de sentir que la gente, el público, de Cochabamba y de los festivales de Santa Cruz y La Paz, ha aceptado seguir las propuestas, a veces muy conceptuales, como fue el caso de Cuento del amor, con una consecuencia no siempre a la par de la crítica nacional.
La prueba del reconocimiento está en que siete de sus obras han sido premiadas en el país. Una de ellas, Crudo, ha recorrido Latinoamérica con excelente crítica de los especialistas de diarios como Página 12 de Buenos Aires y El Tiempo de Bogotá.
Pero, ¿qué le ha dado Aramburo al teatro? ´Creo, espero, estar aportando a una visión boliviana de entender las artes. Bolivia desborda cultura y por eso se da poca atención a la producción artística. A este debate me interesa aportar: cómo es producir, pensar el arte, consumirlo´. Y, ´a estas alturas en que se ha logrado una madurez en la técnica, lo prioritario es el concepto, esto me preocupa´.
Otro aporte ´es la construcción de una obra a través de muchos montajes, una identidad detrás de toda la producción´. Lo que, podría añadirse, le ha dado identidad a Kikinteatro. Sus obras pueden ser, para el punto de vista de la crítica, una muy buena y otra no tanto. Pero es un hecho que hay un sello propio. Este año, Aramburo ha confirmado la solvencia de su mirada y factura con dos obras. La primera, una puesta de Happy Days, de Samuel Beckett (agosto, La Paz), con una impresionante actuación de Patricia García, y la segunda, con la puesta en marcha de Romeo y Julieta, actuada por Lía Michel (premio de actuación) y Jorge Alanis.
Sobre esta última obra, el jurado del Bertolt Brecht ha destacado la ´búsqueda continua de una interpelación al público, la propuesta escénica y los códigos y elementos utilizados, la adaptación a un contexto contemporáneo y la dirección de actores´. Y ha ponderado la coherencia de la propuesta dramatúrgica entre el texto y la puesta en escena, destacándose la construcción estética con una adecuada utilización de los elementos plásticos´, así como ´el nivel de compromiso de los actores con sus roles´.
El premio consiste en el auspicio de una gira por las principales ciudades del país. Así que la historia de los amantes adolescentes, con su carga de obsesiones, excesos, caprichos y contradicciones que les ha aportado la mirada de Aramburo, estará en La Paz, seguramente también en el marco del Festival Internacional de Teatro (Fitaz) que se realizará el 2008.
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Romeo y Julieta • Primer lugar. Reconocimiento a la actriz Lía Michel y menciones por su escenografía y adaptación de la obra (Diego Aramburo).
Otros • Dirección destacada, Claudia Eid (La partida de Petra y Bodas de sangre); actor, Alejandro Marañón; escenografía (Bodas de Sangre); Dramaturgia (La partida de Petra). Menciones: Saúl Alí (actor de Macabro, La Paz), Cynthia Díaz (actriz de Usted me obligó a hacerlo, La Paz).
Fuente: La Razón


Teatro: La saga de los vampiros

Teatro de la La casa del perro, ICBA y el mARTadero presentan en Cochabamba:
La saga de los vampiros (Obra ganadora del 8vo festival de teatro Bertolt Brecht)

Fechas: 16-17-18 de noviembre. 19:30 Hrs
Entre los elementos que el jurado del Festival Nacional de Teatro “Bertolt Brecht” destacó al premiar el trabajo “La saga de los vampiros”, fue el que la obra presenta una notable armonía entre forma y contenido “logrando una propuesta del texto que sobresale por su excelente capacidad narrativa”. (Periódico Los Tiempos).
Los invitamos al mundo de CIRO y EFESTOS. Dos vampiros compañeros desde los inmemoriales tiempos de Grecia, que pasarán por el imperio Romano, el oscurantismo, la revolución francesa, la guerra del Pacífico y muchos otros momentos. Sedientos de sangre, con poca suerte y una serie de problemas acumulados a lo largo de la historia de la humanidad.
La obra nace de un estudio extensivo sobre vampirismo. Se trabaja con una marioneta que representa al ser humano. Y se constituye en una propuesta en teatro de objetos donde el objeto adquiere muchos valores más que aquellos asignados a su uso normal.
El teatro de la Casa del Perro está integrado por Javier Soria, Luís Caballero, Tatiana Azeñas y Estefanía Rada y tiene actividad teatral constante.
Javier Soria y Luís Caballero son los autores de la obra y los dos vampiros que verán en escena.
Tatiana Azeñas y Estefanía Rada son las encargadas de la luz y la música en el espectáculo.


No le digas de David Mondacca

Un viaje al alma a través de No le digas
por David Mondacca

La noche que conocí a Jaime Sáenz en 1985 en la carrera de Literatura de la UMSA, el tiempo se detuvo; el poeta era poseedor de otra realidad e impregnaba todo su espacio de ese halo misterioso del cual era absoluto dueño. El curso de Literatura Creativa, con más presencia femenina, estaba estremecido. Sólo atiné a cruzar los brazos protegiéndome de no se que… Por la noche tuve un sueño lúcido, ví a Saenz cubriendo la entrada de una casa, llevaba una camisa leñadora, en el interior de la misma divisé a varias compañeras del curso; alguien se me acercó y me susurró al oído: Scowanes…
De principio intuí que Jaime Saenz habitaba en dos espacios indescriptibles: Algunos de sus relatos son testimonio de esa transición entre ambos mundos.
Durante la experiencia del curso, fiel a mi alma de actor, buscaba imitar su voz, parafraseando los textos de Felipe Delgado. Luego el poeta enfermó y falleció dejándome un gran vacío que con los años he tratado de llenar representándolo a él y a algunos de sus textos.
La primera vez que puse en escena un texto de Jaime Sáenz fue en el Paraninfo Universitario, como invitado en el homenaje que le tributo Blanca Wietüchter y Alberto Villalpando.
Después de algún tiempo, Freddy Terrazas, por entonces Director de la Sinfónica Nacional, me dijo: ¿Te animas a actuar un texto de Sáenz en un concierto en el Club de La Paz? Asistirán autoridades y embajadores, así conocerán al más grande poeta boliviano. Acepté el desafío y el día señalado, en medio del concierto, Freddy [Terrazas] detiene abruptamente la música y yo, que me encuentro en medio del público, me levanto y le cuento a la gran cantidad de espectadores la historia de “Juan José Lillo”. La gente se desconcertó al principio –no se estilan cosas así–, pero terminó en un prolongado aplauso.
Luego grabé en el programa “Bumerang”, dirigido por Paolo Agazzi, la historia de “Juan José Lillo” en cinco capítulos cada una en distinto color, los televidentes seguían semana a semana las desventuras del hombre que olía a misterio y a humo. Después realizamos el video Los Habitantes de la ciudad de Blanca [Wietüchter], obra en la que los objetos que aparecen son los del mismo poeta.
Así fue tomando cuerpo una serie de imágenes escénicas, atmósferas, texturas, sensaciones, recuerdos y sentimientos que impregnados con los escritos de Jaime [Saenz] y esto a su vez gestó No le Digas: Una ceremonia escénica que evoca la vida y la figura de Sáenz.
En 1998, para el aniversario de La Paz, decidí darle toda la dimensión teatral a No le Digas. En las Fiestas Julianas estrené la obra. En el ensayo general recién advertí que duraba cerca de tres horas, sacrifiqué varias escenas y acorté la pieza a hora y treinta minutos. La primera temporada duró tres días. El Municipio solicitó una nueva presentación por que el estreno de No le digas había tenido muy buenos comentarios.
Fue en septiembre de ese año que la directora de cine Mela Márquez asiste al teatro y de ahí nace la idea de llevar No le digas al cine, idea que tardaría en cristalizarse cerca a nueve años; su estreno se espera para el primer semestre del 2007.
Comprendí que retratar el complejo mundo de Jaime Saenz sería una labor de largo aliento y que sólo una trilogía podría intentar develarme el universo saenziano; es así que al unipersonal No le digas le siguen las adaptaciones escénicas de Santiago de Machaca y Los cuartos, obras con mayor número de actores.
De ahí en adelante No le digas empezó a caminar sola: vendría su participación en el festival Peter Travesí Canedo de Cochabamba en la que obtuve el primer premio. Representaciones en toda Bolivia, Perú, Uruguay, Chile, habiendo cosechado inmejorables críticas.
Cuando Luis H. Antezana J. (Cachín), destacado crítico boliviano, vio No le digas, me dijo si tenía el libreto; sólo atiné a sonreírle y él se dio cuenta que todo estaba en mi cabeza, por lo que el texto estaba en constante cambio y no de manera definitiva.
El mayor elogio que recibí representando a Jaime Sáenz en No le digas fue cuando una señora al final de la obra me dijo: ¡Esto no es teatro, es brujería! ¿Qué puedo decir? Y es que Jaime Saenz toco mi alma. Así nomás es y ahora lo confieso.
En Santa Cruz, durante el Festival Internacional de Teatro, el aplauso fue el más largo que recibí en mis hasta ahora 34 años como actor; el público me aplaudía de pie por un tiempo, así lo sentí entonces, indefinido.
Lo mismo me pasó en el Festival de Teatro “Zico Sur” Antofagasta- Chile y en Puerto Montt en el Sur de Chile. La obra fue representada en Arequipa y Cuzco, Perú, en Montevideo, Uruguay y en muchos escenarios en el interior de Bolivia. Hasta la fecha tiene cuarenta representaciones y esperamos seguir sumando, o que otros actores se animen a tomar la posta.
En Sucre, Capital de Bolivia, paseando en el mercado de esa ciudad, se me acercó un anciano que vestía ropas andrajosas y cuando me disponía a sacar unas monedas, me detuvo y dijo: ¡llegue de Monteagudo sólo para ver al actor que hace fragmentos del Felipe delgado!
Donde presenté No le digas tenía espectadores que quedaban estremecidos por la obra; incluso algunos se me acercaban para averiguar sobre la figura del poeta Jaime Saenz. La mayoría de mis espectadores en Bolivia no habían escuchado hablar de él y estaban maravillados por la vida de este poeta. Sólo espero que a través de No le digas haya logrado que alguna gente lo lea y difunda su lectura.
Otra de mis anécdotas fue cuando una señora de edad me espero a la salida del teatro. Llovía copiosamente y, como una aparecida, me dejo mudo cuando me toco el hombro a la salida del teatro y exclamó: ¡No era un ciego, eran tres! Se refería al personaje de La Piedra Imán que tocaba el piano con “el alma”.
En los escenarios internacionales donde presenté No le digas la respuesta del público siempre fue de inmensa emoción.
En Montevideo, al recoger la escenografía para llevarla al aeropuerto, el chofer del remix me reconoció ya que tres días antes me entrevistaron en un programa muy visto en la televisión local y me dijo que él y su esposa, viéndome citar algunos textos de Jaime Saenz, habían quedado impactados por la fuerza y el misterio que emanaban esas historias. El localismo en Sáenz –que algunos señalan– no fue obstáculo para sentir al poeta, sin duda porque para mí su obra es universal, llena de fuertes sentimientos.
Agradezco a Jaime Saenz por haberme elegido, sin que quizá él lo sepa, como difusor de fragmentos de su obra; confieso que ha impregnado mi vida de asombro y verdadera magia que permanecerá a lo largo de mi existencia ya que son nueve años representándolo e interpretando, como yo siento, algunos de sus textos


Mondacca Teatro con No le digas

Mondacca difunde la poesía de Saenz por todos los medios
Teatro. El monólogo No le digas retorna a las tablas cruceñas después de 8 años
Por Natalie Iriarte

Trascender el carácter efímero del teatro”, es la intención de David Mondacca, al llevar la obra No le digas a todos los medios posibles. Además de ver la obra, esta noche y mañana en el escenario de la AECI (20:00), el público podrá adquirir un libro con el texto y un disco compacto que contiene la interpretación del monólogo, basado en el poema del paceño Jaime Saenz. Las dos producciones serán presentadas el sábado en la Feria Internacional del Libro.
Ése no es el único soporte que utiliza el dramaturgo paceño para inmortalizar la obra de Saenz, porque muy pronto No le digas también llegará a la pantalla grande. “La película ya está terminada y Mela Márquez (la directora) nos dijo que el estreno será entre septiembre y octubre”, comentó el actor y director.
Mondacca presenta esta puesta en escena por segunda vez en la capital cruceña. Esto comprueba el curioso e interrumpido trayecto de la obra, que, a nueve años de su estreno, no ha llegado a las 40 presentaciones, pero que tiene renombre nacional e internacional.
“Es tiempo de llegar a la gente y dejar de lado los grandes escenarios y el público selecto”, argumentó el paceño, de 51 años, refiriéndose a que las presentaciones teatrales serán más continuas y en todo tipo de escenarios.
La inspiración es el poema del paceño Jaime Saenz, un autor boliviano que viviendo entre el alcohol y la noche logró marcar el rumbo de la literatura nacional y que, además, ya es un recurrente en la obra de David Mondacca.




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